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El libro electrónico de Project Gutenberg titulado La poesía de la ciencia; o, Estudios de los fenómenos físicos de la naturaleza. Este libro electrónico está destinado a ser utilizado por cualquier persona en cualquier lugar de los Estados Unidos y en la mayoría de las demás partes del mundo, sin costo alguno y casi sin ninguna restricción. Puede copiarse, regalarse o reutilizarse según los términos de la Licencia de Project Gutenberg incluida con este libro electrónico o disponible en línea en www.gutenberg.org. Si no se encuentra en los Estados Unidos, deberá consultar las leyes del país donde se encuentra antes de utilizar este libro electrónico.
Título: La poesía de la ciencia; o, Estudios de los fenómenos físicos de la naturaleza
Autor: Robert Hunt
Fecha de publicación: 30 de abril de 2016 [Libro electrónico n.º 51897]
Última actualización: 23 de octubre de 2024
Idioma: Inglés
Otra información y formatos: www.gutenberg.org/ebooks/51897
Agradecimientos: Producido por Emmanuel Ackerman y el equipo de corrección distribuida en línea en http://www.pgdp.net (Este archivo fue creado a partir de imágenes puestas generosamente a disposición por The Internet Archive/Canadian Libraries).
*** INICIO DEL LIBRO ELECTRÓNICO DE PROJECT GUTENBERG: LA POESÍA DE LA CIENCIA; O, ESTUDIOS DE LOS FENÓMENOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA ***
Título: La poesía de la ciencia; o, Estudios de los fenómenos físicos de la naturaleza
Autor: Robert Hunt
Fecha de publicación: 30 de abril de 2016 [Libro electrónico n.º 51897]
Última actualización: 23 de octubre de 2024
Idioma: Inglés
Otra información y formatos: www.gutenberg.org/ebooks/51897
Agradecimientos: Producido por Emmanuel Ackerman y el equipo de corrección distribuida en línea en http://www.pgdp.net (Este archivo fue creado a partir de imágenes puestas generosamente a disposición por The Internet Archive/Canadian Libraries).
*** INICIO DEL LIBRO ELECTRÓNICO DE PROJECT GUTENBERG: LA POESÍA DE LA CIENCIA; O, ESTUDIOS DE LOS FENÓMENOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA ***
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LA POESÍA DE LA CIENCIA;
O,
ESTUDIOS
DE LOS
FENÓMENOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA.
DE
ROBERT HUNT,
AUTOR DE
“INVESTIGACIONES SOBRE LA LUZ”; “FÍSICA ELEMENTAL”; “PANTEA, O EL ESPÍRITU
DE LA NATURALEZA”, ETC.
PROFESOR DE FÍSICA, ESCUELA METROPOLITANA DE CIENCIAS, ETC., ETC.
TERCERA EDICIÓN, REVISADA Y AMPLIADA.
LONDRES:
HENRY G. BOHN, CALLE YORK, COVENT GARDEN.
MDCCCLIV.
O,
ESTUDIOS
DE LOS
FENÓMENOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA.
DE
ROBERT HUNT,
AUTOR DE
“INVESTIGACIONES SOBRE LA LUZ”; “FÍSICA ELEMENTAL”; “PANTEA, O EL ESPÍRITU
DE LA NATURALEZA”, ETC.
PROFESOR DE FÍSICA, ESCUELA METROPOLITANA DE CIENCIAS, ETC., ETC.
TERCERA EDICIÓN, REVISADA Y AMPLIADA.
LONDRES:
HENRY G. BOHN, CALLE YORK, COVENT GARDEN.
MDCCCLIV.
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De Shakespeare a Platón: del poeta filósofo al filósofo poético, la transición es sencilla, y el camino está repleto de ejemplos que ilustran nuestro tema actual.
¿Alguna vez has elevado tu mente a la consideración de la existencia, en sí misma y por sí misma, como el mero acto de existir? ¿Alguna vez te has dicho, con reflexión, “¡Es así!”, sin prestar atención, en ese momento, a si se trataba de un hombre ante ti, o de una flor, o de un grano de arena; en resumen, sin hacer referencia a este u otro modo o forma específica de existencia? Si realmente has llegado a esto, habrás sentido la presencia de un misterio que seguramente ha llenado tu espíritu de temor y asombro.
Coleridge.
Londres:
Wilson and Ogilvy,
57, Skinner Street.
¿Alguna vez has elevado tu mente a la consideración de la existencia, en sí misma y por sí misma, como el mero acto de existir? ¿Alguna vez te has dicho, con reflexión, “¡Es así!”, sin prestar atención, en ese momento, a si se trataba de un hombre ante ti, o de una flor, o de un grano de arena; en resumen, sin hacer referencia a este u otro modo o forma específica de existencia? Si realmente has llegado a esto, habrás sentido la presencia de un misterio que seguramente ha llenado tu espíritu de temor y asombro.
Coleridge.
Londres:
Wilson and Ogilvy,
57, Skinner Street.
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PRÓLOGO.
Desde 1848, cuando se presentó por primera vez al público la “Poética de la Ciencia”, ya se han agotado dos ediciones. Esto, de ser necesarias pruebas, demostraría por sí mismo que existe un amplio círculo de lectores para quienes las deducciones de la ciencia tienen un interés constante. Además, ello transmite la certeza de que toda verdad, por abstracta que parezca, tiene un gran valor popular si se estudia en sus relaciones con esas generalidades que abarcan los grandes fenómenos naturales. Con esta convicción, la tercera edición de la “Poética de la Ciencia” ha sido ampliada para incluir todos los descubrimientos importantes realizados en Filosofía Natural hasta finales del año 1853. Ahora se presenta al mundo en una forma nueva y más económica, con la esperanza de que, con la expansión de su difusión, pueda despertarse, en círculos aún más amplios, un interés profundo y saludable por las ciencias de las que trata este volumen.
R. H.
Edimburgo, 7 de marzo de 1854.
Desde 1848, cuando se presentó por primera vez al público la “Poética de la Ciencia”, ya se han agotado dos ediciones. Esto, de ser necesarias pruebas, demostraría por sí mismo que existe un amplio círculo de lectores para quienes las deducciones de la ciencia tienen un interés constante. Además, ello transmite la certeza de que toda verdad, por abstracta que parezca, tiene un gran valor popular si se estudia en sus relaciones con esas generalidades que abarcan los grandes fenómenos naturales. Con esta convicción, la tercera edición de la “Poética de la Ciencia” ha sido ampliada para incluir todos los descubrimientos importantes realizados en Filosofía Natural hasta finales del año 1853. Ahora se presenta al mundo en una forma nueva y más económica, con la esperanza de que, con la expansión de su difusión, pueda despertarse, en círculos aún más amplios, un interés profundo y saludable por las ciencias de las que trata este volumen.
R. H.
Edimburgo, 7 de marzo de 1854.
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ÍNDICE.
Página
PREÁMBULO. iii
Página
PREÁMBULO. iii
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ÍNDICE. v
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INTRODUCCIÓN. ix
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CAPÍTULO I.
Page 13
CONDICIONES GENERALES DE LA MATERIA.
Sus diversos caracteres y
cambio constante de
forma externa—El grano de polvo, sus
propiedades y poderes—
Combinaciones en masas inorgánicas y
en creaciones organizadas—
Nuestro conocimiento de la
Materia—Teoría de los átomos
últimos—Las fuerzas físicas que actúan
sobre la composición de las masas—
La certeza del ejercicio de principios sutiles,
que están más allá del alcance de la
ciencia experimental 1
CAPÍTULO II.
Sus diversos caracteres y
cambio constante de
forma externa—El grano de polvo, sus
propiedades y poderes—
Combinaciones en masas inorgánicas y
en creaciones organizadas—
Nuestro conocimiento de la
Materia—Teoría de los átomos
últimos—Las fuerzas físicas que actúan
sobre la composición de las masas—
La certeza del ejercicio de principios sutiles,
que están más allá del alcance de la
ciencia experimental 1
CAPÍTULO II.
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MOVIMIENTO.
¿Son las fuerzas físicas modos de movimiento? — Definición del movimiento — Visiones filosóficas del movimiento y los principios a los que se ha referido — Movimientos de la Tierra y del sistema solar — Pruebas visibles del movimiento de la Tierra sobre su eje — Influencia de los movimientos propios de la Tierra en las condiciones de la materia — Teoría de la conversión del movimiento en calor, etc. — Las fuerzas físicas consideradas como principios independientes del movimiento, aunque sean su causa y, a menudo, aparentemente sus efectos.
CAPÍTULO III.
¿Son las fuerzas físicas modos de movimiento? — Definición del movimiento — Visiones filosóficas del movimiento y los principios a los que se ha referido — Movimientos de la Tierra y del sistema solar — Pruebas visibles del movimiento de la Tierra sobre su eje — Influencia de los movimientos propios de la Tierra en las condiciones de la materia — Teoría de la conversión del movimiento en calor, etc. — Las fuerzas físicas consideradas como principios independientes del movimiento, aunque sean su causa y, a menudo, aparentemente sus efectos.
CAPÍTULO III.
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GRACIA.
Las formas de la materia—
Forma de la Tierra—
Probabilidad de que la masa que formó este planeta haya existido en estado nebuloso—
Luces zodiacales—
Cometas—
Volatilización de la materia sólida por medios artificiales—El principio de la gravedad—Su influencia a través del espacio y dentro de los límites más pequeños—
Poderes gravitatorios de los planetas—Densidad de la Tierra—
Certidumbre de la ley de Newton del cuadrado inverso—Descubrimiento de Neptuno—Estado de un cuerpo liberado de la gravedad—
Experimento que explica los anillos de Saturno, etc.—
Inferencia general 21
CAPÍTULO IV.
Las formas de la materia—
Forma de la Tierra—
Probabilidad de que la masa que formó este planeta haya existido en estado nebuloso—
Luces zodiacales—
Cometas—
Volatilización de la materia sólida por medios artificiales—El principio de la gravedad—Su influencia a través del espacio y dentro de los límites más pequeños—
Poderes gravitatorios de los planetas—Densidad de la Tierra—
Certidumbre de la ley de Newton del cuadrado inverso—Descubrimiento de Neptuno—Estado de un cuerpo liberado de la gravedad—
Experimento que explica los anillos de Saturno, etc.—
Inferencia general 21
CAPÍTULO IV.
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FORTALEZAS MOLECULARES.
Condiciones de la materia—
Variedad de formas organizadas—Formas inorgánicas—Toda la materia puede reducirse a las condiciones más simples—
La transmutación, un proceso natural—Principios elementales químicos—
Divisibilidad de la materia—Átomo—Moléculas—Partículas—
La fuerza molecular incluye varios agentes; se ejemplifica en la acción del calor sobre los cuerpos—Todos los cuerpos son porosos—Solución—Mezcla—Combinación—Centros de fuerza—Diferentes estados de la materia (condiciones alotrópicas)—Teorías de Franklin, Äpinus y Coulomb—Agentes eléctricos y magnéticos—Conceptos antiguos—Atracción cohesiva, etc. 35
CAPÍTULO V.
Condiciones de la materia—
Variedad de formas organizadas—Formas inorgánicas—Toda la materia puede reducirse a las condiciones más simples—
La transmutación, un proceso natural—Principios elementales químicos—
Divisibilidad de la materia—Átomo—Moléculas—Partículas—
La fuerza molecular incluye varios agentes; se ejemplifica en la acción del calor sobre los cuerpos—Todos los cuerpos son porosos—Solución—Mezcla—Combinación—Centros de fuerza—Diferentes estados de la materia (condiciones alotrópicas)—Teorías de Franklin, Äpinus y Coulomb—Agentes eléctricos y magnéticos—Conceptos antiguos—Atracción cohesiva, etc. 35
CAPÍTULO V.
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FORTALEZAS CRYSTALOGENÉTICAS.
Cristalización y
Fuerza Molecular
distinguidas—
Prueba experimental—
Polaridad de las partículas
que forman un cristal—
Diferencia entre
formas orgánicas e inorgánicas—
Descomposición de
cristales en la naturaleza—
Sustitución de
partículas en los cristales—
Pseudomorfismo—
La forma cristalina no depende de
la naturaleza química—
Isomorfismo—
Dimorfismo—
Teorías de la
atracción cristalogenética—Influencia
de la electricidad y
el magnetismo—
Fenómenos durante
la cristalización—¿Puede producirse un cambio de forma en los átomos primitivos?—Ejemplo ilustrativo de
cristalización 50
CAPÍTULO VI.
Cristalización y
Fuerza Molecular
distinguidas—
Prueba experimental—
Polaridad de las partículas
que forman un cristal—
Diferencia entre
formas orgánicas e inorgánicas—
Descomposición de
cristales en la naturaleza—
Sustitución de
partículas en los cristales—
Pseudomorfismo—
La forma cristalina no depende de
la naturaleza química—
Isomorfismo—
Dimorfismo—
Teorías de la
atracción cristalogenética—Influencia
de la electricidad y
el magnetismo—
Fenómenos durante
la cristalización—¿Puede producirse un cambio de forma en los átomos primitivos?—Ejemplo ilustrativo de
cristalización 50
CAPÍTULO VI.
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CALOR: SOLAR Y TERRESTRE.
Calor solar y terrestre 62
—Posición de la Tierra en el Sistema Solar—Calor y luz asociados en el rayo solar—Transparencia de los cuerpos al calor—Poderes calóricos de los rayos coloreados del espectro—Teoría ondulatoria—Propiedad conductora de la corteza terrestre—Convección—Radiación—Acción de la atmósfera sobre los rayos de calor—Rayos de calor peculiares—Absorción y radiación del calor por cuerpos diferentes—Cambios en la constitución del rayo solar—Diferencias entre el calor solar transmitido y el reflejado—Fenómenos del rocío—Acción del calor solar en el océano—Circulación del calor por la atmósfera y el océano—Calor de la Tierra—Temperatura media—Central
Calor solar y terrestre 62
—Posición de la Tierra en el Sistema Solar—Calor y luz asociados en el rayo solar—Transparencia de los cuerpos al calor—Poderes calóricos de los rayos coloreados del espectro—Teoría ondulatoria—Propiedad conductora de la corteza terrestre—Convección—Radiación—Acción de la atmósfera sobre los rayos de calor—Rayos de calor peculiares—Absorción y radiación del calor por cuerpos diferentes—Cambios en la constitución del rayo solar—Diferencias entre el calor solar transmitido y el reflejado—Fenómenos del rocío—Acción del calor solar en el océano—Circulación del calor por la atmósfera y el océano—Calor de la Tierra—Temperatura media—Central
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Calor—Constante
Radiación del calor
Rayos de todos los cuerpos
—Termografía—
Acción del calor sobre
las disposiciones moleculares—
Fuentes de calor terrestre—Calor latente de
los cuerpos—Calor animal
—Eremacausis—
Estado esferoidal del frío
—Condensación—
Congelación—Teorías sobre
el calor—Fenómenos naturales del calor—
Conclusión filosófica
CAPÍTULO VII.
Radiación del calor
Rayos de todos los cuerpos
—Termografía—
Acción del calor sobre
las disposiciones moleculares—
Fuentes de calor terrestre—Calor latente de
los cuerpos—Calor animal
—Eremacausis—
Estado esferoidal del frío
—Condensación—
Congelación—Teorías sobre
el calor—Fenómenos naturales del calor—
Conclusión filosófica
CAPÍTULO VII.
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LUZ.
Teorías sobre la naturaleza de la luz—Hipótesis de Newton y Huygens—Fuentes de luz—El Sol—Velocidad de la luz—Transparencia—Líneas oscuras del espectro—Absorción de la luz—Color—Análisis prismático—Rayos del espectro—Arcoíris—Difracción—Interferencia—Teoría de Goethe—Polarización—Magnetización de la luz—Visión—El ojo—Analogía—Sonido y luz—Influencia de la luz en animales y plantas—Fosforescencia que surge por varias causas—Luz artificial—Su color depende de la materia 118
CAPÍTULO VIII.
Teorías sobre la naturaleza de la luz—Hipótesis de Newton y Huygens—Fuentes de luz—El Sol—Velocidad de la luz—Transparencia—Líneas oscuras del espectro—Absorción de la luz—Color—Análisis prismático—Rayos del espectro—Arcoíris—Difracción—Interferencia—Teoría de Goethe—Polarización—Magnetización de la luz—Visión—El ojo—Analogía—Sonido y luz—Influencia de la luz en animales y plantas—Fosforescencia que surge por varias causas—Luz artificial—Su color depende de la materia 118
CAPÍTULO VIII.
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Actinismo químico: radiaciones.
Los rayos solares y sus propiedades:
– Oscurecimiento de los cuernos.
La plata: el descubrimiento de Niepce; el espectro prismático.
Refractabilidad de la luz, del calor y del actinismo; el descubrimiento de Daguerre.
Fotografía: efectos químicos producidos por las radiaciones solares.
Absorción del actinismo.
Fenómenos relacionados con el daguerrotipo.
Cambios químicos que ocurren en todos los cuerpos.
La capacidad de la materia para recuperar su estado original.
La luz protege contra los cambios químicos.
Fotografías tomadas en la oscuridad.
Efectos químicos de la luz sobre las formas organizadas.
Efectos químicos del calor solar.
Influencia del actinismo en la electricidad.
Radiaciones en la oscuridad: los descubrimientos de Moser, etc. 166
Los rayos solares y sus propiedades:
– Oscurecimiento de los cuernos.
La plata: el descubrimiento de Niepce; el espectro prismático.
Refractabilidad de la luz, del calor y del actinismo; el descubrimiento de Daguerre.
Fotografía: efectos químicos producidos por las radiaciones solares.
Absorción del actinismo.
Fenómenos relacionados con el daguerrotipo.
Cambios químicos que ocurren en todos los cuerpos.
La capacidad de la materia para recuperar su estado original.
La luz protege contra los cambios químicos.
Fotografías tomadas en la oscuridad.
Efectos químicos de la luz sobre las formas organizadas.
Efectos químicos del calor solar.
Influencia del actinismo en la electricidad.
Radiaciones en la oscuridad: los descubrimientos de Moser, etc. 166
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CAPÍTULO IX.
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ELÉCTRICA.
Descubrimiento de la fuerza eléctrica 193
Difundida por toda la materia—
¿Qué es la electricidad?—
Teorías—Electricidad por fricción—
Capacidad conductora de los cuerpos—Hipótesis de los dos fluidos—
Imágenes eléctricas—Electricidad galvánica—
Efectos en los animales—Química de la batería galvánica—Electricidad de una gota de agua—
Acción electroquímica—Corrientes eléctricas—Termoeléctrica—Electricidad animal—
Gymnotus—Torpedo—Electricidad atmosférica—Relámpago—
Conductores—Magnetismo terrestre debido a las corrientes eléctricas—
Influencia en la vitalidad—Desarrollo animal y vegetal—
Corrientes terrestres—Electricidad de las vetas minerales—Electrotipo—
Influencia del calor, la luz y el actinismo
Descubrimiento de la fuerza eléctrica 193
Difundida por toda la materia—
¿Qué es la electricidad?—
Teorías—Electricidad por fricción—
Capacidad conductora de los cuerpos—Hipótesis de los dos fluidos—
Imágenes eléctricas—Electricidad galvánica—
Efectos en los animales—Química de la batería galvánica—Electricidad de una gota de agua—
Acción electroquímica—Corrientes eléctricas—Termoeléctrica—Electricidad animal—
Gymnotus—Torpedo—Electricidad atmosférica—Relámpago—
Conductores—Magnetismo terrestre debido a las corrientes eléctricas—
Influencia en la vitalidad—Desarrollo animal y vegetal—
Corrientes terrestres—Electricidad de las vetas minerales—Electrotipo—
Influencia del calor, la luz y el actinismo
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Sobre los fenómenos eléctricos
CAPÍTULO X.
CAPÍTULO X.
Page 25
MAGNETISMO.
Hierro magnético—
Conocimiento del mismo por los antiguos—Imanes artificiales—Imanes eléctricos—El magnetismo—Magnetoelectricidad—Teorías sobre el magnetismo—La fuerza magnética del hierro y acero blandos—Influencia del calor en el magnetismo—Magnetismo terrestre—Declinación de la aguja de la brújula—Variación del magnetismo terrestre—Polos magnéticos—Especulaciones de Hansteen—Variación mensual y diurna—Inclinación e intensidad—Termomagnetismo—Aurora boreal—Tormentas magnéticas—Condiciones magnéticas de la materia—Diamagnetismo, etc. 235
CAPÍTULO XI.
Hierro magnético—
Conocimiento del mismo por los antiguos—Imanes artificiales—Imanes eléctricos—El magnetismo—Magnetoelectricidad—Teorías sobre el magnetismo—La fuerza magnética del hierro y acero blandos—Influencia del calor en el magnetismo—Magnetismo terrestre—Declinación de la aguja de la brújula—Variación del magnetismo terrestre—Polos magnéticos—Especulaciones de Hansteen—Variación mensual y diurna—Inclinación e intensidad—Termomagnetismo—Aurora boreal—Tormentas magnéticas—Condiciones magnéticas de la materia—Diamagnetismo, etc. 235
CAPÍTULO XI.
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FORTZAS QUÍMICAS.
Química de la naturaleza—
Cambios producidos por
Combinación química—
Constitución atómica de los cuerpos—Leyes de
combinación—
Equivalentes de combinación—Afinitad electiva—Descomposición química—
Carácter compuesto de los fenómenos químicos—
Catalisis o acción de la presencia—
Transformación de los cuerpos orgánicos—
Química orgánica—
Constancia de las proporciones de combinación—La ley de los volúmenes, la ley de las sustituciones, estados isoméricos, etc. 270
CAPÍTULO XII.
Química de la naturaleza—
Cambios producidos por
Combinación química—
Constitución atómica de los cuerpos—Leyes de
combinación—
Equivalentes de combinación—Afinitad electiva—Descomposición química—
Carácter compuesto de los fenómenos químicos—
Catalisis o acción de la presencia—
Transformación de los cuerpos orgánicos—
Química orgánica—
Constancia de las proporciones de combinación—La ley de los volúmenes, la ley de las sustituciones, estados isoméricos, etc. 270
CAPÍTULO XII.
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FENÓMENOS QUÍMICOS.
Agua: Sus componentes—
Oxígeno—Hidrógeno—
Peróxido de hidrógeno
—Propiedades físicas del agua—Hielo—Agua de mar—
Cloro—Ácido muriático—Yodo—
Bromo—
Compuestos del hidrógeno con el carbono—Quemadura—
Llama—Lámpara de seguridad—Respiración—
Calor animal—La atmósfera—
Ácido carbónico—
Influencia de las plantas en el aire—Fenómenos químicos de la vegetación—
Compuestos del nitrógeno—Reino mineral, etc. etc. 295
CAPÍTULO XIII.
Agua: Sus componentes—
Oxígeno—Hidrógeno—
Peróxido de hidrógeno
—Propiedades físicas del agua—Hielo—Agua de mar—
Cloro—Ácido muriático—Yodo—
Bromo—
Compuestos del hidrógeno con el carbono—Quemadura—
Llama—Lámpara de seguridad—Respiración—
Calor animal—La atmósfera—
Ácido carbónico—
Influencia de las plantas en el aire—Fenómenos químicos de la vegetación—
Compuestos del nitrógeno—Reino mineral, etc. etc. 295
CAPÍTULO XIII.
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TIEMPO.—FENÓMENOS GEOLÓGICOS.
El tiempo, un elemento en las operaciones de la Naturaleza—La Ciencia Geológica—Sus hechos e inferencias—La hipótesis nebular aplicada—Formaciones primarias—Rocas plutónicas y metamórficas—Serie de transición—Rocas paleozóicas—Comienzo de los arreglos orgánicos—Existencia de ácido fosfórico en las rocas plutónicas—Restos fósiles—Formación del carbón—Piedras areniscas—Formaciones terciarias—Formaciones eocénicas, miocénicas y pliocénicas—Cambios progresivos ahora aparentes—Conclusiones generales—La física aplicada en la explicación 332
CAPÍTULO XIV.
El tiempo, un elemento en las operaciones de la Naturaleza—La Ciencia Geológica—Sus hechos e inferencias—La hipótesis nebular aplicada—Formaciones primarias—Rocas plutónicas y metamórficas—Serie de transición—Rocas paleozóicas—Comienzo de los arreglos orgánicos—Existencia de ácido fosfórico en las rocas plutónicas—Restos fósiles—Formación del carbón—Piedras areniscas—Formaciones terciarias—Formaciones eocénicas, miocénicas y pliocénicas—Cambios progresivos ahora aparentes—Conclusiones generales—La física aplicada en la explicación 332
CAPÍTULO XIV.
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FENÓMENOS DE LA VIDA VEGETAL.
Psicología de las flores—
Progreso de la materia hacia la organización
—Fuerza vital—
Generación espontánea—La célula vegetal—
El desarrollo más simple de la organización—El cristal y la célula—
Germen primitivo—
Progreso de la vegetación
—influencia de la luz
—Morfología—
Germinación—
Producción de fibra leñosa—Hojas—
Clorofila—
Descomposición del ácido carbónico—
Influencia de la luz, el calor y el actinismo en los fenómenos de la vida vegetal—Flores y frutos—Etiolación—Cambios en los rayos solares con las estaciones—Distribución de las plantas—Poderes eléctricos y físicos combinados 357
CAPÍTULO XV.
Psicología de las flores—
Progreso de la materia hacia la organización
—Fuerza vital—
Generación espontánea—La célula vegetal—
El desarrollo más simple de la organización—El cristal y la célula—
Germen primitivo—
Progreso de la vegetación
—influencia de la luz
—Morfología—
Germinación—
Producción de fibra leñosa—Hojas—
Clorofila—
Descomposición del ácido carbónico—
Influencia de la luz, el calor y el actinismo en los fenómenos de la vida vegetal—Flores y frutos—Etiolación—Cambios en los rayos solares con las estaciones—Distribución de las plantas—Poderes eléctricos y físicos combinados 357
CAPÍTULO XV.
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FENÓMENOS DE LA VIDA ANIMAL.
Diferenciación entre los reinos de la naturaleza
—Progreso de la vida animal—Esponjas—
Pólipos—Infusorios—
Animalculas—Animales fosforescentes—Anélidos—
—Miariópodos—Metamorfosis animales—
Peces—Aves—Mamíferos—Sistema nervioso—Electricidad animal—Influencias químicas—Influencia de la luz en la vida animal—Calor animal—Acción mecánica—Excitación nerviosa—El hombre y las razas animales, etc. 383
CAPÍTULO XVI.
Diferenciación entre los reinos de la naturaleza
—Progreso de la vida animal—Esponjas—
Pólipos—Infusorios—
Animalculas—Animales fosforescentes—Anélidos—
—Miariópodos—Metamorfosis animales—
Peces—Aves—Mamíferos—Sistema nervioso—Electricidad animal—Influencias químicas—Influencia de la luz en la vida animal—Calor animal—Acción mecánica—Excitación nerviosa—El hombre y las razas animales, etc. 383
CAPÍTULO XVI.
Page 31
GENERAL
CONCLUSIONES.
Los cambios producidos en
los fenómenos físicos
por el movimiento del
sistema solar
considerados: acción de las fuerzas físicas
a través de los espacios celestes—el equilibrio de poderes—variedades de materia—extensión de la materia—teoría de la no entidad—una creación material es un hecho indiscutible—ventajas del estudio de la ciencia—conclusión 403
ÍNDICE. 413
CONCLUSIONES.
Los cambios producidos en
los fenómenos físicos
por el movimiento del
sistema solar
considerados: acción de las fuerzas físicas
a través de los espacios celestes—el equilibrio de poderes—variedades de materia—extensión de la materia—teoría de la no entidad—una creación material es un hecho indiscutible—ventajas del estudio de la ciencia—conclusión 403
ÍNDICE. 413
Page 32
LIBROS DE BONN.
Page 33
NOTA DEL TRANSCRIPIENTE.
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Page 35
Page 36
INTRODUCCIÓN.
Lo Verdadero es lo Bello. Cada vez que esto se hace evidente para nuestros sentidos, sus influencias tienen un carácter elevador del alma. Lo bello, ya sea percibido en las formas externas de la materia, asociado en las armonías de la luz y el color, apreciado en las modulaciones de los sonidos dulces, o mezclado con aquellas influencias que, como vida interior de la creación, siempre atraen al alma a través de la envoltura que cubre todas las cosas, es el tema natural del poeta y el estudio elegido por el filósofo.
Pero, se preguntará, ¿cuál es la relación entre los arduos trabajos de la ciencia y el sistema etéreo que constituye la poesía? Los vapores del laboratorio, sus álcalis y ácidos, los aparatos mecánicos del observatorio, sus espejos y lentes, no parecen adecuados para ocupar un lugar en los encantadores rincones de las Musas. Sin embargo, de los trabajos del químico en su laboratorio, de las numerosas observaciones del astrónomo desde su torre, surgen verdades que el filósofo utiliza para interpretar los misterios de la naturaleza, y que brindan al alma del poeta aquellas realidades a las que aspira en sus altas fantasías.
La ciencia busca, mediante la investigación inductiva, desarrollar sus principios elementales y las leyes a las que estos obedecen, dentro del mundo material. La filosofía se esfuerza por aplicar los hechos descubiertos a los grandes fenómenos del ser, por deducir grandes generalidades a partir de los descubrimientos fragmentarios obtenidos mediante la inducción rigurosa, y así ascender desde la materia y sus propiedades hasta aquellos impulsos que mueven todo, flotando, por así decirlo, en los límites de los sentidos, e indicando, aunque de forma vaga, aquellas fuerzas superiores que, más relacionadas con el infinito, se manifiestan misteriosamente en los fenómenos de la mente. La poesía toma los hechos de una y las teorías de la otra; las une mediante un pensamiento agradable, que apela a la verdad incluso ante el alma menos reflexiva, y guía al intelecto reflexivo hacia ejercicios cada vez más elevados; conecta los fenómenos comunes con ideas sublimes; y, aplicando sus poderes más sagrados, investe la mente humana con la fuerza soberana de lo Verdadero.
Lo Verdadero es lo Bello. Cada vez que esto se hace evidente para nuestros sentidos, sus influencias tienen un carácter elevador del alma. Lo bello, ya sea percibido en las formas externas de la materia, asociado en las armonías de la luz y el color, apreciado en las modulaciones de los sonidos dulces, o mezclado con aquellas influencias que, como vida interior de la creación, siempre atraen al alma a través de la envoltura que cubre todas las cosas, es el tema natural del poeta y el estudio elegido por el filósofo.
Pero, se preguntará, ¿cuál es la relación entre los arduos trabajos de la ciencia y el sistema etéreo que constituye la poesía? Los vapores del laboratorio, sus álcalis y ácidos, los aparatos mecánicos del observatorio, sus espejos y lentes, no parecen adecuados para ocupar un lugar en los encantadores rincones de las Musas. Sin embargo, de los trabajos del químico en su laboratorio, de las numerosas observaciones del astrónomo desde su torre, surgen verdades que el filósofo utiliza para interpretar los misterios de la naturaleza, y que brindan al alma del poeta aquellas realidades a las que aspira en sus altas fantasías.
La ciencia busca, mediante la investigación inductiva, desarrollar sus principios elementales y las leyes a las que estos obedecen, dentro del mundo material. La filosofía se esfuerza por aplicar los hechos descubiertos a los grandes fenómenos del ser, por deducir grandes generalidades a partir de los descubrimientos fragmentarios obtenidos mediante la inducción rigurosa, y así ascender desde la materia y sus propiedades hasta aquellos impulsos que mueven todo, flotando, por así decirlo, en los límites de los sentidos, e indicando, aunque de forma vaga, aquellas fuerzas superiores que, más relacionadas con el infinito, se manifiestan misteriosamente en los fenómenos de la mente. La poesía toma los hechos de una y las teorías de la otra; las une mediante un pensamiento agradable, que apela a la verdad incluso ante el alma menos reflexiva, y guía al intelecto reflexivo hacia ejercicios cada vez más elevados; conecta los fenómenos comunes con ideas sublimes; y, aplicando sus poderes más sagrados, investe la mente humana con la fuerza soberana de lo Verdadero.
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La verdad es el alma del pensamiento del poeta; la verdad es la recompensa del esfuerzo del filósofo; y sus obras, portadoras de este sello, viven entre los hombres a través de todos los tiempos. La ciencia, en la actualidad, se regocija por su contribución a las necesidades de una civilización en desarrollo, y se conforma con recibir la recompensa que se le da a aquellas aplicaciones que aumentan las comodidades de la vida o añaden lujos a ella. Cada mejora en las artes o en la industria, más allá de incrementar los beneficios para la sociedad, tiene la tendencia a elevar a la raza humana. La ciencia es siempre útil en los días laborables de nuestra semana, pero no debe ser descuidada en nuestro día de descanso: entonces, al reposar de nuestros trabajos, resulta agradable contemplar las pocas verdades permitidas a nuestro conocimiento, y así entrar en comunión, en la medida en que lo permiten los seres finitos, con aquellas influencias que envuelven e impregnan la tierra, dándole a todas las cosas Vida, Belleza y Divinidad.
La mente humana se deleita naturalmente con el descubrimiento de la verdad; e incluso cuando está distorsionada por las constantes influencias de los errores predominantes, un atisbo de lo Real llega hasta ella como la sonrisa de la luz diurna para el prisionero afligido en alguna prisión oscura. Los esfuerzos del espíritu por poner a prueba el alma del hombre y elevarla consisten en buscar la verdad bajo los misterios que rodean la creación: en recoger amarantos que brillan con los colores del cielo, en llanuras sobre las cuales cuelgan, oscuras y pesadas, las brumas terrenales. El poeta puede saldar la deuda con la naturaleza; el filósofo puede regresar al seno de nuestra madre común; incluso sus nombres se desvanecen con el paso del tiempo, como planetas que desaparecen del cielo, pero las verdades que revelaron al hombre arden para siempre con un brillo inextinguible. La verdad no puede morir; pasa de una mente a otra, difundiendo luz en su camino y renovando constantemente su propio brillo durante su propagación. Lo Verdadero es lo Bello; y las verdades reveladas a la mente nos capacitan para percibir nuevas bellezas en la tierra. La alegría de la verdad es como la voz resonante de un niño feliz, y los rincones más remotos resuenan con ese sonido alegre. Ser siempre verdadero es la Ciencia de la Poesía; la revelación de la verdad es la Poesía de la Ciencia.
El hombre, una creación dotada de poderosas facultades, pero un misterio para sí mismo, se encuentra en medio de un mundo maravilloso, donde surge una infinidad de fenómenos de formas extrañas y disposiciones mágicas, como los fantasmas de una noche inquieta. La roca sólida obedece a una fuerza que transforma sus conjuntos de átomos en mil formas, cada una de ellas perfectamente geométrica. Su cubierta vegetal, en
La mente humana se deleita naturalmente con el descubrimiento de la verdad; e incluso cuando está distorsionada por las constantes influencias de los errores predominantes, un atisbo de lo Real llega hasta ella como la sonrisa de la luz diurna para el prisionero afligido en alguna prisión oscura. Los esfuerzos del espíritu por poner a prueba el alma del hombre y elevarla consisten en buscar la verdad bajo los misterios que rodean la creación: en recoger amarantos que brillan con los colores del cielo, en llanuras sobre las cuales cuelgan, oscuras y pesadas, las brumas terrenales. El poeta puede saldar la deuda con la naturaleza; el filósofo puede regresar al seno de nuestra madre común; incluso sus nombres se desvanecen con el paso del tiempo, como planetas que desaparecen del cielo, pero las verdades que revelaron al hombre arden para siempre con un brillo inextinguible. La verdad no puede morir; pasa de una mente a otra, difundiendo luz en su camino y renovando constantemente su propio brillo durante su propagación. Lo Verdadero es lo Bello; y las verdades reveladas a la mente nos capacitan para percibir nuevas bellezas en la tierra. La alegría de la verdad es como la voz resonante de un niño feliz, y los rincones más remotos resuenan con ese sonido alegre. Ser siempre verdadero es la Ciencia de la Poesía; la revelación de la verdad es la Poesía de la Ciencia.
El hombre, una creación dotada de poderosas facultades, pero un misterio para sí mismo, se encuentra en medio de un mundo maravilloso, donde surge una infinidad de fenómenos de formas extrañas y disposiciones mágicas, como los fantasmas de una noche inquieta. La roca sólida obedece a una fuerza que transforma sus conjuntos de átomos en mil formas, cada una de ellas perfectamente geométrica. Su cubierta vegetal, en
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La obediencia a alguna estimulación externa se desarrolla en una curiosa diversidad de formas, desde lo exquisitamente elegante hasta lo singularmente grotesco, y exhibe propiedades aún más variadas y opuestas. El organismo animal, impulsado por impulsos superiores —fuerzas que actúan en su interior y modifican la influencia de las fuerzas externas— presenta, desde la Mónada hasta el Mamut, y a través de todas las fases del ser hasta el Hombre, una serie aún más maravillosa de combinaciones y características aún más extrañamente contrastadas.
Al elevar nuestra mirada hacia el espacio inmensurable más allá de nuestra Tierra, encontramos planetas unidos a otros planetas, y sistemas encadenados entre sí, todos impulsados por una fuerza universal a girar con regularidad y orden alrededor de un centro común. Las oscilaciones de la estrella más remota se transmiten a través de ese vínculo invisible; y nuestro mundo, que se mece, obedece a ese impulso misterioso a través de todas aquellas fuerzas que regulan las combinaciones inorgánicas de esta Tierra, y ante las cuales su creación orgánica se ve irremediablemente obligada a someterse.
El glorioso sol durante el día, y la luna y las estrellas en el silencio y misterio de la noche, parecen influir en toda la naturaleza material, manteniendo a la gran Tierra atada por una cuerda de múltiples hilos que no puede romperse. La marea del vasto océano, con su variedad de vida animal y vegetal, la atmósfera, brillante con luz, oscurecida por las nubes de tormenta, atravesada por el arcoíris o desgarrada por las explosiones de fuego eléctrico, son testimonio del poder de estos vínculos elementales.
Estos son solo algunos de los grandes fenómenos que tienen lugar en nuestro planeta, provocando asombro en los hombres o sacudiéndolos de terror.
La mente humana, en su avance hacia su destino más elevado, tiene como tarea el estudio de la Tierra física como un problema que, dentro de los límites de una vida, debe esforzarse por resolver. El espíritu intelectual es capaz de abarcar todas las cosas finitas. El hombre está dotado de capacidades para estudiar todo el ámbito de la creación visible; y, con la formación adecuada, es capaz de examinar gran parte de los mecanismos secretos que mueven todo el universo.
Bajo sombras tenues, los primeros poetas de la Tierra, a partir de la belleza de la naturaleza exterior, evocaron hermosas espiritualizaciones. Para ellos, los bosques sombríos estaban repletos de seres celestiales; las fuentes burbujeantes se llenaban de espíritus fantásticos; las cataratas saltarinas brillaban con tonos translúcidos; las colinas cavernosas eran morada de genios; y el océano que rodeaba la Tierra estaba protegido por…
Al elevar nuestra mirada hacia el espacio inmensurable más allá de nuestra Tierra, encontramos planetas unidos a otros planetas, y sistemas encadenados entre sí, todos impulsados por una fuerza universal a girar con regularidad y orden alrededor de un centro común. Las oscilaciones de la estrella más remota se transmiten a través de ese vínculo invisible; y nuestro mundo, que se mece, obedece a ese impulso misterioso a través de todas aquellas fuerzas que regulan las combinaciones inorgánicas de esta Tierra, y ante las cuales su creación orgánica se ve irremediablemente obligada a someterse.
El glorioso sol durante el día, y la luna y las estrellas en el silencio y misterio de la noche, parecen influir en toda la naturaleza material, manteniendo a la gran Tierra atada por una cuerda de múltiples hilos que no puede romperse. La marea del vasto océano, con su variedad de vida animal y vegetal, la atmósfera, brillante con luz, oscurecida por las nubes de tormenta, atravesada por el arcoíris o desgarrada por las explosiones de fuego eléctrico, son testimonio del poder de estos vínculos elementales.
Estos son solo algunos de los grandes fenómenos que tienen lugar en nuestro planeta, provocando asombro en los hombres o sacudiéndolos de terror.
La mente humana, en su avance hacia su destino más elevado, tiene como tarea el estudio de la Tierra física como un problema que, dentro de los límites de una vida, debe esforzarse por resolver. El espíritu intelectual es capaz de abarcar todas las cosas finitas. El hombre está dotado de capacidades para estudiar todo el ámbito de la creación visible; y, con la formación adecuada, es capaz de examinar gran parte de los mecanismos secretos que mueven todo el universo.
Bajo sombras tenues, los primeros poetas de la Tierra, a partir de la belleza de la naturaleza exterior, evocaron hermosas espiritualizaciones. Para ellos, los bosques sombríos estaban repletos de seres celestiales; las fuentes burbujeantes se llenaban de espíritus fantásticos; las cataratas saltarinas brillaban con tonos translúcidos; las colinas cavernosas eran morada de genios; y el océano que rodeaba la Tierra estaba protegido por…
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Formas misteriosas. Tales fueron las creaciones de la mente inquisitiva en su conciencia inicial de la existencia de poderes invisibles. El filósofo abrióse paso por el oscuro y laberíntico camino, entre efectos y causas, y acercándose lentamente hacia la luz, reunió semblanzas de la gran Realidad, como una mirage, hermosa y verdadera, aunque aún no fuera más que un reflejo en una nube del vasto Invisible. Así es como la mente humana avanza desde lo Ideal hasta lo Real, y cómo el poeta se convierte en filósofo, y el filósofo asciende a poeta; pero al mismo tiempo que progresamos de la fábula al hecho, gran parte del sentimiento espiritual que hizo sagrado al romanticismo y dio un tono noble a toda aspiración, se funde con demasiada frecuencia en una filosofía desoladora que se aferra a la tierra y reduce la mente a una condición mecánica, deleitándose en la acumulación de hechos, sin importar las grandes leyes que los regulan y que aseguran la armonía de todas las combinaciones terrestres. En la ciencia encontramos los elementos de la poesía más sublime; y en los misteriosos mecanismos de las fuerzas físicas descubrimos conexiones con el mundo ilimitado del pensamiento, en el cual las mentes poderosas se complacen en poner a prueba sus facultades, tan extrañamente complicado y tan maravillosamente ordenado como en los fenómenos psicológicos que han sido, casi exclusivamente, objeto de sus estudios. En el aspecto de la naturaleza visible, con su maravillosa diversidad de formas y su encanto cromático, encontramos lo Bello; y en las operaciones de estos principios, siempre activos para producir y mantener las condiciones existentes de la materia, descubrimos lo Sublime. La forma y el color de una flor pueden despertar nuestra admiración; pero cuando examinamos todos los fenómenos que se combinan para producir esa simetría y ese hermoso matiz, para conocer la disposición fisiológica de sus partes estructurales, las acciones químicas mediante las cuales se generan sus fibras leñosas y sus jugos, e investigamos las leyes que regulan la capacidad de devolver los rayos blancos del sol desde su superficie en colores, nuestra admiración se transforma en un sentimiento más profundo de asombro ante la perfección de esos procesos y en reverencia hacia su gran Creador. De hecho, “hay lenguas en los árboles”; pero solo la ciencia puede interpretar sus misteriosos susurros, y en eso consiste su poesía.
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Contentarse con la mera enunciación de una verdad significa haber realizado solo la mitad de una tarea. Así como cada átomo de la materia está envuelto en una atmósfera de propiedades y poderes que lo unen a toda masa del universo, así también cada verdad, por más común que sea, está rodeada de impulsos que, al ser despertados, pasan de alma en alma como ondas musicales, y que se repetirán a través de los ecos del espacio y perdurarán por toda la eternidad. La poesía que surge de la contemplación de los mecanismos que intervienen activamente en la transformación de la materia, y que se basa en las verdades desarrolladas con la ayuda de la ciencia, no debería ser en modo alguno inferior a aquella que ha sido inspirada por la belleza de las formas individuales de la materia y por el carácter agradable de sus combinaciones. La visión imaginativa del hombre y su mundo —las creaciones de la mente romántica— han sido, y siempre serán, objeto de una pasión que absorbe el alma. El misterio de nuestro ser y el misterio de nuestro dejar de existir, actuando sobre inteligencias que siempre se esfuerzan por comprender el enigma de sí mismas, conducen, por un proceso natural, al amor por lo Ideal. El descubrimiento de aquellas verdades que llevan a la mente humana hacia ese punto de conocimiento al que tienden todos sus anhelos secretos debería despertar un sentimiento más profundo que cualquier mera creación de la fantasía, por hermosa que sea. Los fenómenos de la Realidad son más sorprendentes que los fantasmas del Ideal. La verdad es más extraña que la ficción. Ciertamente, muchos de los descubrimientos de la ciencia relacionados con las combinaciones de la materia, y que muestran resultados que no habríamos osado esperar mediante ningún razonamiento previo, resultados que revelan el admirable equilibrio de las fuerzas de la naturaleza y la potencia de su poder descontrolado, ofrecen a nuestros sentidos temas de contemplación verdaderamente poéticos en su carácter. Temblamos cuando las nubes tormentosas estallan con furia sobre nuestras cabezas. El poeta aprovecha los terrores de la tormenta para añadir interés a sus versos. La fantasía dibuja a un rey de las tormentas, y el genio del romanticismo viste a sus demonios con relámpagos, y estos son anunciados por truenos. Estas imaginaciones salvajes han sido el deleite de la humanidad; hay motivos de asombro en ellas. Pero, ¿acaso hay algo menos maravilloso que el hecho bien comprobado de que la gota de rocío que brilla en la flor, o la lágrima que tiembla en el párpado, contenga encerrada en sus células transparentes una cantidad de fuego eléctrico igual a la que se descarga durante una tormenta desde una nube tormentosa?
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En estos estudios de los efectos que se presentan continuamente al ojo observador, y de los fenómenos causales, en la medida en que son revelados por la Ciencia en su búsqueda de la Tierra física, se demostrará que bajo el hermoso manto del mundo exterior existe, como su alma vivificadora, una fuerza omnipresente que adopta los aspectos más variados, otorgando a todo su vida y belleza, y vinculando cada parte de esta masa material con un principio universal superior a nuestro conocimiento. Si, mediante el perfeccionamiento de las capacidades de la mente humana, el hombre podrá algún día abarcar dentro de su conocimiento las leyes que rigen estos principios remotos, no estamos lo suficientemente avanzados en inteligencia como para determinarlo. Pero incluso si se nos permitiera una percepción clara de esa Fuerza teórica que consideramos reguladora de las fuerzas conocidas, aún tendríamos que reconocer la existencia de un agente desconocido más allá de nosotros, que solo puede atribuirse a la voluntad del Creador.
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LA POESÍA DE LA CIENCIA.
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CAPÍTULO I.
CONDICIONES GENERALES DE LA MATERIA.
Sus diversos caracteres y el cambio constante de su forma externa—El grano de polvo, sus propiedades y poderes—Combinaciones en masas inorgánicas y en criaturas organizadas—Nuestro conocimiento de la materia—Teoría de los átomos últimos—Las fuerzas físicas que actúan sobre la composición de las masas—La certeza del ejercicio de principios sutiles, que están más allá del alcance de la ciencia experimental.
La Tierra física nos presenta, en toda forma de materia orgánica e inorgánica, una infinidad de fenómenos. Si seleccionamos ejemplares de rocas, ya sean cristalinas o estratificadas; de metales en cualquiera de sus diversas combinaciones con oxígeno, azufre y otros cuerpos; de gemas que brillan con luz y resplandecen con color; si examinamos las diversas formas y tonalidades del mundo vegetal o las criaturas animales más misteriosas, inevitablemente llegaremos a la conclusión, ya proclamada desde hace tiempo, de que todo es polvo y al polvo debe volver. Cualquier permanencia que se le pueda dar a la materia, es cierto que su forma está siempre en estado de cambio. La superficie de las “Colinas Eternas” se desgasta por las lluvias suaves que caen para fertilizarla, y de sus restos, transportados por las aguas hacia el océano, se están formando nuevos continentes. Las mutaciones de la antigua Tierra pueden leerse en sus rocas y montañas, y estos registros de cambios pasados nos revelan la verdad infalible de que, a medida que el presente pasa al futuro, también la forma de la Tierra experimentará un cambio importante. Las mismas fuerzas que levantaron los Andes y el Himalaya siguen actuando, y de las partículas de materia llevadas por los ríos desde las tierras actuales hacia el mar, donde se hunden en masas estratificadas, surgirán en el gran futuro nuevos mundos, sobre los cuales continuará el proceso de la vida y sobre los cuales se extenderá una vasta Inteligencia.
Si consideramos las condiciones de la hermosa y variada cubierta orgánica de la Tierra, la certeza y la constancia del cambio están siempre ante nuestros ojos.
CONDICIONES GENERALES DE LA MATERIA.
Sus diversos caracteres y el cambio constante de su forma externa—El grano de polvo, sus propiedades y poderes—Combinaciones en masas inorgánicas y en criaturas organizadas—Nuestro conocimiento de la materia—Teoría de los átomos últimos—Las fuerzas físicas que actúan sobre la composición de las masas—La certeza del ejercicio de principios sutiles, que están más allá del alcance de la ciencia experimental.
La Tierra física nos presenta, en toda forma de materia orgánica e inorgánica, una infinidad de fenómenos. Si seleccionamos ejemplares de rocas, ya sean cristalinas o estratificadas; de metales en cualquiera de sus diversas combinaciones con oxígeno, azufre y otros cuerpos; de gemas que brillan con luz y resplandecen con color; si examinamos las diversas formas y tonalidades del mundo vegetal o las criaturas animales más misteriosas, inevitablemente llegaremos a la conclusión, ya proclamada desde hace tiempo, de que todo es polvo y al polvo debe volver. Cualquier permanencia que se le pueda dar a la materia, es cierto que su forma está siempre en estado de cambio. La superficie de las “Colinas Eternas” se desgasta por las lluvias suaves que caen para fertilizarla, y de sus restos, transportados por las aguas hacia el océano, se están formando nuevos continentes. Las mutaciones de la antigua Tierra pueden leerse en sus rocas y montañas, y estos registros de cambios pasados nos revelan la verdad infalible de que, a medida que el presente pasa al futuro, también la forma de la Tierra experimentará un cambio importante. Las mismas fuerzas que levantaron los Andes y el Himalaya siguen actuando, y de las partículas de materia llevadas por los ríos desde las tierras actuales hacia el mar, donde se hunden en masas estratificadas, surgirán en el gran futuro nuevos mundos, sobre los cuales continuará el proceso de la vida y sobre los cuales se extenderá una vasta Inteligencia.
Si consideramos las condiciones de la hermosa y variada cubierta orgánica de la Tierra, la certeza y la constancia del cambio están siempre ante nuestros ojos.
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La vida vegetal pasa a la forma animal, y ambas perecen para alimentar a la planta futura. El hombre, hoy monarca de un pueblo poderoso, en pocos años vuelve a su simple masa primitiva; esa combinación de átomos elementales, que está investida con el círculo de la soberanía y la túnica púrpura, después de un tiempo puede encontrarse entre la hierba de los campos o en las humildes flores del valle.
Tenemos, pues, esta certeza: todas las cosas visibles a nuestro alrededor no son más que agregados de átomos. De partículas de polvo, que bajo el microscopio apenas se pueden distinguir unas de otras, se crean todas las formas variadas de la naturaleza. Este grano de polvo, esta partícula de arena, posee propiedades y poderes extraños. La ciencia ha descubierto algunas verdades, pero aún hay muchas más ocultas dentro de esta irregular molécula de materia que ahora observamos, de las que aún han quedado en el ámbito de los sueños de nuestra filosofía. Qué extrañamente obedece a los impulsos del calor; misteriosas son las influencias de la luz sobre ella; la electricidad la estimula maravillosamente; y aún más curioso es el modo en que obedece a la magia de la fuerza química. Estos son fenómenos que hemos visto; los conocemos y podemos reproducirlos a voluntad. Hemos avanzado un poco en los secretos de la naturaleza, y desde el punto en que nos encontramos miramos hacia adelante con una visión algo iluminada por nuestra tarea; pero descubrimos tanto que aún es desconocido, que aprendemos otra verdad: nuestra vasta ignorancia acerca de muchas cosas relacionadas con este grano de polvo.
Este grano reúne a su alrededor otras partículas; estas se adhieren entre sí, cada una actuando sobre las demás, y todas se organizan alrededor de ese pequeño centro según alguna ley, dando como resultado un hermoso cristal, cuya perfección geométrica es fuente de admiración. Ejerce otros poderes también; el átomo, unido al átomo, obedeciendo a las influencias de numerosas fuerzas externas, experimenta cambios inexplicables. Ese mismo polvo que forma el diamante se agrega para formar el majestuoso árbol; se mezcla para producir la flor elegante, perfumada y ricamente coloreada; y se combina para dar lugar al fruto de lujo. Cobra vida con energías aún no descubiertas; se mueve con vida: el polvo es agitado por la misteriosa excitación de la fuerza vital; y de él surgen la sangre y los huesos, los nervios y los músculos. Fuerzas que no podemos detectar, incluso con los mayores refinamientos de nuestra filosofía, dirigen todo esto, y del mismo polvo que…
Tenemos, pues, esta certeza: todas las cosas visibles a nuestro alrededor no son más que agregados de átomos. De partículas de polvo, que bajo el microscopio apenas se pueden distinguir unas de otras, se crean todas las formas variadas de la naturaleza. Este grano de polvo, esta partícula de arena, posee propiedades y poderes extraños. La ciencia ha descubierto algunas verdades, pero aún hay muchas más ocultas dentro de esta irregular molécula de materia que ahora observamos, de las que aún han quedado en el ámbito de los sueños de nuestra filosofía. Qué extrañamente obedece a los impulsos del calor; misteriosas son las influencias de la luz sobre ella; la electricidad la estimula maravillosamente; y aún más curioso es el modo en que obedece a la magia de la fuerza química. Estos son fenómenos que hemos visto; los conocemos y podemos reproducirlos a voluntad. Hemos avanzado un poco en los secretos de la naturaleza, y desde el punto en que nos encontramos miramos hacia adelante con una visión algo iluminada por nuestra tarea; pero descubrimos tanto que aún es desconocido, que aprendemos otra verdad: nuestra vasta ignorancia acerca de muchas cosas relacionadas con este grano de polvo.
Este grano reúne a su alrededor otras partículas; estas se adhieren entre sí, cada una actuando sobre las demás, y todas se organizan alrededor de ese pequeño centro según alguna ley, dando como resultado un hermoso cristal, cuya perfección geométrica es fuente de admiración. Ejerce otros poderes también; el átomo, unido al átomo, obedeciendo a las influencias de numerosas fuerzas externas, experimenta cambios inexplicables. Ese mismo polvo que forma el diamante se agrega para formar el majestuoso árbol; se mezcla para producir la flor elegante, perfumada y ricamente coloreada; y se combina para dar lugar al fruto de lujo. Cobra vida con energías aún no descubiertas; se mueve con vida: el polvo es agitado por la misteriosa excitación de la fuerza vital; y de él surgen la sangre y los huesos, los nervios y los músculos. Fuerzas que no podemos detectar, incluso con los mayores refinamientos de nuestra filosofía, dirigen todo esto, y del mismo polvo que…
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Formaron la roca y crecieron en el árbol; de ello surgió algo vivo y que respira, capaz de recibir una iluminación divina, de llevar en su nuevo estado la alegría y la gloria de un alma.
Estas consideraciones nos llevan a reflexionar sobre el alcance de nuestro conocimiento. Nos vemos obligados a preguntarnos: ¿qué sabemos? Sabemos que el mundo, con toda su variedad, está compuesto por ciertos átomos materiales, los cuales, aunque se presentan ante nosotros en una gran diversidad de formas, probablemente no difieren mucho entre sí en lo esencial.
Sabemos que esos átomos obedecen a ciertas condiciones que parecen depender de las influencias del movimiento, la gravedad, el calor, la luz, la electricidad y la fuerza química. Estas fuerzas solo nos son conocidas por sus efectos; solo detectamos su acción a través de sus efectos sobre la materia. Y aunque consideramos los diversos fenómenos que hemos descubierto como manifestaciones de principios diferentes, es posible que no sean más que modificaciones de alguna fuerza universal, de la cual estos son solo algunos de sus modos de acción.
Por lo tanto, al examinar las verdades que la ciencia nos ha revelado, es conveniente, con el fin de concentrar la mente en el tema, suponer ciertas condiciones como verdaderas. Estas pueden expresarse en unas pocas frases; luego, sin perder tiempo en esas sutilezas metafísicas que de vez en cuando han confundido a la ciencia y han obstaculizado el progreso de la verdad, procederemos a examinar nuestro conocimiento de los fenómenos que ocurren constantemente a nuestro alrededor.
Toda forma, ya sea inorgánica u orgánica, que podamos descubrir dentro de los límites de la búsqueda humana, está compuesta por átomos, los cuales son capaces de adoptar, bajo la influencia de ciertas fuerzas físicas, condiciones esenciales para el estado físico de ese cuerpo del cual forman parte.[1]
Las fuerzas conocidas, que actúan para producir estas condiciones, son los modos de movimiento; la gravedad y la agregación, el calor, la luz; y asociadas a estas, el actinismo o radiación química; la electricidad, en todas sus formas, ya sea estática o dinámica; y la afinidad química, considerada como resultado de un principio elemental separado.
Estas fuerzas deben considerarse como poderes capaces de actuar con total independencia entre sí. Es posible que sean modificaciones de un mismo principio; pero esta visión es una hipótesis, que hasta ahora solo…
Estas consideraciones nos llevan a reflexionar sobre el alcance de nuestro conocimiento. Nos vemos obligados a preguntarnos: ¿qué sabemos? Sabemos que el mundo, con toda su variedad, está compuesto por ciertos átomos materiales, los cuales, aunque se presentan ante nosotros en una gran diversidad de formas, probablemente no difieren mucho entre sí en lo esencial.
Sabemos que esos átomos obedecen a ciertas condiciones que parecen depender de las influencias del movimiento, la gravedad, el calor, la luz, la electricidad y la fuerza química. Estas fuerzas solo nos son conocidas por sus efectos; solo detectamos su acción a través de sus efectos sobre la materia. Y aunque consideramos los diversos fenómenos que hemos descubierto como manifestaciones de principios diferentes, es posible que no sean más que modificaciones de alguna fuerza universal, de la cual estos son solo algunos de sus modos de acción.
Por lo tanto, al examinar las verdades que la ciencia nos ha revelado, es conveniente, con el fin de concentrar la mente en el tema, suponer ciertas condiciones como verdaderas. Estas pueden expresarse en unas pocas frases; luego, sin perder tiempo en esas sutilezas metafísicas que de vez en cuando han confundido a la ciencia y han obstaculizado el progreso de la verdad, procederemos a examinar nuestro conocimiento de los fenómenos que ocurren constantemente a nuestro alrededor.
Toda forma, ya sea inorgánica u orgánica, que podamos descubrir dentro de los límites de la búsqueda humana, está compuesta por átomos, los cuales son capaces de adoptar, bajo la influencia de ciertas fuerzas físicas, condiciones esenciales para el estado físico de ese cuerpo del cual forman parte.[1]
Las fuerzas conocidas, que actúan para producir estas condiciones, son los modos de movimiento; la gravedad y la agregación, el calor, la luz; y asociadas a estas, el actinismo o radiación química; la electricidad, en todas sus formas, ya sea estática o dinámica; y la afinidad química, considerada como resultado de un principio elemental separado.
Estas fuerzas deben considerarse como poderes capaces de actuar con total independencia entre sí. Es posible que sean modificaciones de un mismo principio; pero esta visión es una hipótesis, que hasta ahora solo…
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Sostenido por analogías poco sólidas, no puede ser aceptado, sin riesgo, en ninguna explicación que pretenda abordar únicamente las verdades de la ciencia. No podemos examinar los diversos fenómenos de la naturaleza sin sentir que deben existir otros principios, más activos y de orden superior a cualquiera detectado por la ciencia, a los cuales pertenecen las operaciones esenciales de la vitalidad, ya sea que se manifiesten en las plantas o en los animales. Al tratar estos temas, aunque no se puede evitar completamente la especulación, esta solo se empleará en la medida en que ayude a relacionar los fenómenos entre sí. Debemos ocuparnos de los agentes activos que dan forma y características a la naturaleza, que regulan la armonía, la belleza y la vitalidad de la vida, y de los cuales dependen esos grandes cambios en las condiciones de la materia, cambios que deben convencernos de que la muerte no es más que el comienzo de un nuevo estado de ser.
NOTAS AL PIE:
[1] Sir Isaac Newton suponía que la materia estaba compuesta por átomos duros, impenetrables y perfectamente inelásticos. Boscovich consideraba de manera diferente la constitución de la materia. Para él, el átomo último era un punto rodeado por fuerzas de elasticidad infinita. (Véase la obra Mechanical Philosophy del Dr. Robinson para una explicación completa de la teoría de Boscovich.) Merece atención la opinión del Dr. Faraday, que se puede comprender a partir de uno o dos breves extractos de su valioso y sugestivo artículo: “Si se asume como correcta la visión ya mencionada sobre la constitución de la materia —y se me permite hablar de las partículas de la materia y del espacio entre ellas (en el agua, o en el vapor de agua, por ejemplo), como de dos cosas diferentes—, entonces el espacio debe considerarse como la única parte continua, ya que las partículas se consideran separadas unas de otras por el espacio. El espacio penetrará todas las masas de materia en todas direcciones, como una red; solo que, en lugar de mallas, formará células que aislarán cada átomo de sus vecinos, siendo él mismo el único continuo”. Al examinar la cuestión de la capacidad conductora de los diferentes cuerpos, y observando que, dado que el espacio es la única parte continua, según la visión tradicional de la materia, el espacio debe ser, en algunos casos, un conductor y, en otros, un aislante, se señala: “Parecería, por lo tanto, que, al aceptar la teoría atómica habitual, se podría demostrar que el espacio es un aislante en los cuerpos aislantes y un conductor en los cuerpos conductores; pero este razonamiento conduce a la subversión de dicha teoría”.
NOTAS AL PIE:
[1] Sir Isaac Newton suponía que la materia estaba compuesta por átomos duros, impenetrables y perfectamente inelásticos. Boscovich consideraba de manera diferente la constitución de la materia. Para él, el átomo último era un punto rodeado por fuerzas de elasticidad infinita. (Véase la obra Mechanical Philosophy del Dr. Robinson para una explicación completa de la teoría de Boscovich.) Merece atención la opinión del Dr. Faraday, que se puede comprender a partir de uno o dos breves extractos de su valioso y sugestivo artículo: “Si se asume como correcta la visión ya mencionada sobre la constitución de la materia —y se me permite hablar de las partículas de la materia y del espacio entre ellas (en el agua, o en el vapor de agua, por ejemplo), como de dos cosas diferentes—, entonces el espacio debe considerarse como la única parte continua, ya que las partículas se consideran separadas unas de otras por el espacio. El espacio penetrará todas las masas de materia en todas direcciones, como una red; solo que, en lugar de mallas, formará células que aislarán cada átomo de sus vecinos, siendo él mismo el único continuo”. Al examinar la cuestión de la capacidad conductora de los diferentes cuerpos, y observando que, dado que el espacio es la única parte continua, según la visión tradicional de la materia, el espacio debe ser, en algunos casos, un conductor y, en otros, un aislante, se señala: “Parecería, por lo tanto, que, al aceptar la teoría atómica habitual, se podría demostrar que el espacio es un aislante en los cuerpos aislantes y un conductor en los cuerpos conductores; pero este razonamiento conduce a la subversión de dicha teoría”.
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En conjunto; pues, si el espacio es un aislante, no puede existir en los cuerpos conductores; y si es un conductor, no puede existir en los cuerpos aislantes.” —Una especulación sobre la conducción eléctrica y la naturaleza de la materia: por Michael Faraday, D.C.L., F.R.S., etc.: Philosophical Magazine, vol. xxiv. Tercera serie. Véase también Wollaston, Sobre el alcance finito de la atmósfera.—Phil. Trans. 1822. Young, Sobre las propiedades esenciales de la materia.—Conferencias sobre filosofía natural. Mossotti, Sobre la acción molecular.—Memorias científicas, vol. i, p. 448.
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CAPÍTULO II.
MOVIMIENTO.
¿Son las fuerzas físicas modos de movimiento? — Definición del movimiento —
Visiones filosóficas del movimiento y los principios a los que se ha referido — Movimientos de la Tierra y del sistema solar — Pruebas visibles del movimiento de la Tierra sobre su eje —
Influencia de los movimientos propios de la Tierra en las condiciones de la materia — Teoría de la conversión del movimiento en calor, etc. — Las fuerzas físicas consideradas como principios independientes del movimiento, aunque sean su causa y, a menudo, aparentemente sus efectos.
Muchos de los pensadores más eminentes de nuestros días tienden a considerar todos los principios activos de la naturaleza como “modos de movimiento”; ven la luz, el calor, la electricidad e incluso la fuerza vital como fenómenos que resultan de un “cambio de lugar” entre las partículas de la materia; este cambio, perturbación o movimiento depende de algún motor indefinido.[2]
La costumbre de dejar el examen puramente inductivo a los encantos engañosos de la hipótesis —de considerar el mundo material como un conjunto metafísico de propiedades esenciales y nada más— ha llevado a algunos filósofos destacados a esforzarse por demostrar que todas las maravillosas manifestaciones de las grandes fuerzas físicas del universo no son más que modificaciones del movimiento, sin la evidencia de ninguna fuerza anterior.[3]
Las opiniones de los metafísicos respecto al movimiento involucran muchas consideraciones sutiles que por el momento no necesitan detenernos. Solo podemos considerar el movimiento como un cambio de lugar en una masa determinada de materia. Ahora bien, la materia no puede realizar esto por sí misma, ya que ningún cambio de lugar es posible sin un motor; y, en consecuencia, el movimiento no puede ser una propiedad de la materia, en el sentido estricto en que ese término debería aceptarse.[4]
MOVIMIENTO.
¿Son las fuerzas físicas modos de movimiento? — Definición del movimiento —
Visiones filosóficas del movimiento y los principios a los que se ha referido — Movimientos de la Tierra y del sistema solar — Pruebas visibles del movimiento de la Tierra sobre su eje —
Influencia de los movimientos propios de la Tierra en las condiciones de la materia — Teoría de la conversión del movimiento en calor, etc. — Las fuerzas físicas consideradas como principios independientes del movimiento, aunque sean su causa y, a menudo, aparentemente sus efectos.
Muchos de los pensadores más eminentes de nuestros días tienden a considerar todos los principios activos de la naturaleza como “modos de movimiento”; ven la luz, el calor, la electricidad e incluso la fuerza vital como fenómenos que resultan de un “cambio de lugar” entre las partículas de la materia; este cambio, perturbación o movimiento depende de algún motor indefinido.[2]
La costumbre de dejar el examen puramente inductivo a los encantos engañosos de la hipótesis —de considerar el mundo material como un conjunto metafísico de propiedades esenciales y nada más— ha llevado a algunos filósofos destacados a esforzarse por demostrar que todas las maravillosas manifestaciones de las grandes fuerzas físicas del universo no son más que modificaciones del movimiento, sin la evidencia de ninguna fuerza anterior.[3]
Las opiniones de los metafísicos respecto al movimiento involucran muchas consideraciones sutiles que por el momento no necesitan detenernos. Solo podemos considerar el movimiento como un cambio de lugar en una masa determinada de materia. Ahora bien, la materia no puede realizar esto por sí misma, ya que ningún cambio de lugar es posible sin un motor; y, en consecuencia, el movimiento no puede ser una propiedad de la materia, en el sentido estricto en que ese término debería aceptarse.[4]
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El movimiento depende de ciertas fuerzas externas perturbadoras y directrices que actúan sobre toda la materia; y, en consecuencia, como todo modo de acción está determinado por alguna excitación externa al cuerpo que se mueve, el movimiento no puede, filosóficamente, considerarse de otra manera que como una afeción peculiar de la materia bajo condiciones determinables. “Encontramos”, dice sir Isaac Newton, “muy poco movimiento en el mundo, salvo aquel que proviene claramente ya sea de los principios activos de la naturaleza o de la voluntad del que ordena”.[5] Platón, Aristóteles y los pitagóricos supusieron que en toda la naturaleza estaba difundido un principio activo, del cual dependían todas las propiedades que exhibía la materia. Esto es lo mismo que la “naturaleza plástica” de Cudworth,[6] el “fuego intelectual y artificial” del obispo Berkeley;[7] y a todos estos se atribuían todos los modos de movimiento. Sir Isaac Newton también considera que el universo material y sus fenómenos dependen de “principios activos”: por ejemplo, la causa de la gravedad, gracias a la cual los planetas y cometas mantienen su movimiento en sus órbitas, y todos los cuerpos adquieren un grado de movimiento al caer; y la causa de la fermentación, gracias a la cual el corazón y la sangre de los animales mantienen un calor y movimiento perpétuos, las partes internas de la tierra se mantienen constantemente calientes, muchos cuerpos arden y brillan, y el sol mismo arde y brilla, y con su luz calienta y alegra todas las cosas.
La tierra gira sobre su eje a una velocidad de más de 1.000 millas por hora, y recorre su órbita alrededor del sol a una velocidad de más de 68.000 millas en el mismo tiempo.[8] La tierra y los otros planetas de nuestro sistema se mueven en elipses alrededor de un centro común; por lo tanto, su movimiento no pudo haber sido originariamente transmitido únicamente por la fuerza de proyección. Deben haber actuado al menos dos fuerzas: una que hace que los planetas se dirijan directamente hacia el centro, y otra que los impulsa a desplazarse tangencialmente a la curva que describen. Aquí tenemos un sistema de esferas, sostenidas por alguna fuerza ante una gran masa central, alrededor de la cual giran a una velocidad vertiginosa. Y eso no es todo: el propio Sistema Solar, unido por esa misma cadena mística a un centro aún no descubierto, se mueve hacia un punto en el espacio a una velocidad de 33.550.000 millas geográficas, mientras nuestra tierra realiza una revolución alrededor del sol.[9]
La evidencia del movimiento de la Tierra alrededor de su eje, tal como se observa en el balanceo de un péndulo o en la rotación de una esfera, es demasiado interesante como para ser ignorada.
La tierra gira sobre su eje a una velocidad de más de 1.000 millas por hora, y recorre su órbita alrededor del sol a una velocidad de más de 68.000 millas en el mismo tiempo.[8] La tierra y los otros planetas de nuestro sistema se mueven en elipses alrededor de un centro común; por lo tanto, su movimiento no pudo haber sido originariamente transmitido únicamente por la fuerza de proyección. Deben haber actuado al menos dos fuerzas: una que hace que los planetas se dirijan directamente hacia el centro, y otra que los impulsa a desplazarse tangencialmente a la curva que describen. Aquí tenemos un sistema de esferas, sostenidas por alguna fuerza ante una gran masa central, alrededor de la cual giran a una velocidad vertiginosa. Y eso no es todo: el propio Sistema Solar, unido por esa misma cadena mística a un centro aún no descubierto, se mueve hacia un punto en el espacio a una velocidad de 33.550.000 millas geográficas, mientras nuestra tierra realiza una revolución alrededor del sol.[9]
La evidencia del movimiento de la Tierra alrededor de su eje, tal como se observa en el balanceo de un péndulo o en la rotación de una esfera, es demasiado interesante como para ser ignorada.
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Omitido. En la filosofía mecánica, tenemos dos términos con el mismo significado general: la conservación del plano de vibración y la conservación del eje de rotación. Para el lector no científico, estos términos requieren explicación, y al intentar simplificarlo tanto como sea posible, debemos pedir la indulgencia del filósofo mecánico. Fijemos en el centro de una pequeña mesa redonda una barra vertical, que tiene un brazo que se extiende desde su parte superior, al cual podemos colgar un peso bastante pesado atado a una cuerda. Este es nuestro aparato: sobre la mesa dibujemos una línea de tiza, a lo largo de la cual pretendemos que oscile nuestro péndulo, y continuando esta línea en el suelo o mediante una marca en la pared, nuestra configuración está completa. Levantemos lentamente el péndulo y démosle libertad, de modo que su plano de vibración esté a lo largo de la línea marcada. Mientras el péndulo oscila firmemente a lo largo de esta línea, giramos lentamente y de forma constante la mesa. Entonces se verá que el péndulo seguirá vibrando en la dirección de la línea que hemos extendido hasta la pared, pero que la línea en la mesa se aleja gradualmente de ella. Si no tuviéramos esa barra vertical, podríamos girar completamente la mesa sin alterar en lo más mínimo la línea a lo largo de la cual el péndulo realiza sus oscilaciones. Ahora, si desde algún punto elevado, por ejemplo, desde el centro de la cúpula de San Pablo, se suspende un péndulo largo y pesado, y si en el suelo marcamos la línea a lo largo de la cual dejamos que el péndulo vibre libremente, se verá, como en el experimento con la mesa, que la línea marcada se aleja de debajo del péndulo. Éste continúa vibrando en el plano que describió inicialmente, aunque la línea en la superficie terrestre sigue moviéndose hacia adelante debido a la rotación diurna alrededor del eje. Similar a esto es la ley de la conservación del eje de rotación. Si un trompo común, cuyo eje de rotación es su huso, se hace girar de forma oblicua, se verá que el eje seguirá apuntando a lo largo de la línea que tomó al inicio del movimiento. Al colocar una esfera pesada en un torno, apoyando sus puntos axiales que sobresalen en algunos cojinetes móviles, y luego poner la esfera en movimiento extremadamente rápido, se puede retirar uno de los cojinetes sin que la masa caiga al suelo. La rapidez del movimiento cambia de forma tan constante y rápida la posición de las partículas que tienen tendencia a caer, que tenemos un movimiento equilibrado contra la fuerza de la gravedad de manera sorprendente; y de este experimento aprendemos la explicación de las masas planetarias y estelares que giran sobre su eje a una velocidad suficiente para mantenerse en el espacio sin soporte alguno. Una masa de materia, ya sea una esfera o un disco, cuidadosamente equilibrada, se fija en equilibristas como los que utilizamos
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Se emplea para ajustar las agujas de nuestra brújula, y está accionado por algún dispositivo mecánico que provoca su rotación rápida. La posición del eje de rotación permanece inalterada, aunque la Tierra se mueve; y así, mediante este instrumento —llamado giroscopio— podemos determinar, al igual que con el péndulo, el movimiento de la Tierra alrededor de su eje; y comprendemos por qué, durante su movimiento alrededor del Sol, su eje apunta invariablemente hacia un punto en el espacio, marcado en nuestros cielos como la Estrella Polar.
Además de estas grandes rotaciones, la Tierra está sujeta a otros movimientos, como la precesión de los equinoccios y la nutación de su eje. Al balancearse regularmente sobre un punto alrededor del cual gira rápidamente, mientras avanza en su órbita, como una enorme peonza que gira temblorosamente sobre la cubierta de una inmensa nave aérea que se desliza velozmente por el espacio, la Tierra cumple su papel en la gran ley del movimiento.
La rapidez de estos impulsos, suponiendo que las fuerzas físicas se suspendieran por un instante, sería suficiente para dispersar la masa de nuestro planeta por el espacio como simple polvo estelar.
Limitando, en la medida de lo posible, la visión que se abre en nuestra mente al contemplar los mecanismos mediante los cuales esta gran máquina, nuestro sistema, se mantiene en todo su orden y belleza, olvidemos el gran movimiento del conjunto a través del espacio e intentemos considerar los efectos de aquellos movimientos que están directamente relacionados con la Tierra, como miembro de un pequeño grupo de mundos.
No podemos dudar ni por un momento, aunque no contemos con ninguna prueba experimental, de que los movimientos propios de la Tierra influyen materialmente en las condiciones de la materia de la cual está formada. Cada par de átomos está, como una balanza, delicadamente suspendido, bajo la lucha constante que surge de la tendencia a separarse, inducida por una clase de fuerzas —la fuerza centrífuga—, y los esfuerzos de otras, como la gravedad y la cohesión, por unirlos. La resorte alcanza su estado más alto de tensión: un temblor más y se destruiría.
No podemos, mediante ninguna comparación con el trabajo del artesano humano más hábil, transmitir una idea de la exquisita perfección de la mecánica planetaria, incluso en la medida en que ha sido descubierta gracias al esfuerzo de la ciencia; y debemos admitir que nuestra comprensión de esta vasta maquinaria ha sido muy limitada.
Además de estas grandes rotaciones, la Tierra está sujeta a otros movimientos, como la precesión de los equinoccios y la nutación de su eje. Al balancearse regularmente sobre un punto alrededor del cual gira rápidamente, mientras avanza en su órbita, como una enorme peonza que gira temblorosamente sobre la cubierta de una inmensa nave aérea que se desliza velozmente por el espacio, la Tierra cumple su papel en la gran ley del movimiento.
La rapidez de estos impulsos, suponiendo que las fuerzas físicas se suspendieran por un instante, sería suficiente para dispersar la masa de nuestro planeta por el espacio como simple polvo estelar.
Limitando, en la medida de lo posible, la visión que se abre en nuestra mente al contemplar los mecanismos mediante los cuales esta gran máquina, nuestro sistema, se mantiene en todo su orden y belleza, olvidemos el gran movimiento del conjunto a través del espacio e intentemos considerar los efectos de aquellos movimientos que están directamente relacionados con la Tierra, como miembro de un pequeño grupo de mundos.
No podemos dudar ni por un momento, aunque no contemos con ninguna prueba experimental, de que los movimientos propios de la Tierra influyen materialmente en las condiciones de la materia de la cual está formada. Cada par de átomos está, como una balanza, delicadamente suspendido, bajo la lucha constante que surge de la tendencia a separarse, inducida por una clase de fuerzas —la fuerza centrífuga—, y los esfuerzos de otras, como la gravedad y la cohesión, por unirlos. La resorte alcanza su estado más alto de tensión: un temblor más y se destruiría.
No podemos, mediante ninguna comparación con el trabajo del artesano humano más hábil, transmitir una idea de la exquisita perfección de la mecánica planetaria, incluso en la medida en que ha sido descubierta gracias al esfuerzo de la ciencia; y debemos admitir que nuestra comprensión de esta vasta maquinaria ha sido muy limitada.
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Todo lo que sabemos es el hecho de que este planeta se mueve en un orden determinado y a una velocidad fija, y que esa velocidad es suficiente por sí sola para desgarrar las rocas más duras; sin embargo, la delicada pelusa que descansa tan ligeramente sobre la flor permanece intacta. Es, por lo tanto, evidente que la materia está dotada de poderes mediante los cuales la masa queda unida a otra masa y el átomo al átomo; estos poderes no son el resultado de ninguno de los movimientos que hemos examinado, sino que, actuando en oposición a ellos, mantienen a nuestro globo en su forma actual. ¿Existen otros movimientos a los que puedan referirse estos poderes? No conocemos ninguno. Es probable que el reposo absoluto no pueda existir entre las partículas de la materia. La acción eléctrica, la fuerza química, la agregación cristalina, la fuerza expansiva del calor y muchos otros agentes conocidos actúan constantemente para impedirlo. Sin embargo, hay que recordar que cada uno de los átomos que constituyen una masa puede encontrarse suspendido entre fuerzas equilibradas, de modo que pueda considerarse relativamente en reposo.
La teoría imagina que el movimiento produce fuerza: un cuerpo se mueve y su simple cambio mecánico de lugar se considera como generador de calor; de ahí que los avances de la ciencia moderna hayan llevado a la conclusión de que el movimiento y el calor son intercambiables. Aun admitiendo que los átomos materiales que componen este mundo nunca están en estado de quietud, no podemos suponer que ninguna partícula considerable sea capaz de moverse por sí misma; pero una vez puesta en movimiento, puede convertirse en la causa secundaria del movimiento en otras partículas.[10] Las dificultades del caso parecen ser las siguientes: ¿Son el calor, la luz, la electricidad, etc., cuerpos materiales? Si son cuerpos materiales —y el calor, por ejemplo, es la causa del movimiento—, ¿no debería la sustancia calorífica moverse por sí misma? O, si no se mueve por sí misma, ¿por qué se mueve? Si el calor es material y la causa primaria del movimiento, entonces la materia debe tener un poder innato para moverse; puede convertirse en fuerza activa, o ser al mismo tiempo causa y efecto, lo cual difícilmente puede considerarse una deducción lógica.
Movemos una partícula de materia y aparece el calor; al continuar la fuerza, surgen la luz, la electricidad y la acción química; todo ello, según una visión limitada de los fenómenos, proviene de la fuerza mecánica aplicada a la partícula que se movió primero.[11] Hay que recordar que esta fuerza mecánica es externa al cuerpo que se mueve y, con toda probabilidad, es generada por el movimiento de un músculo, actuado por nervios, bajo la influencia de la voluntad.
La teoría imagina que el movimiento produce fuerza: un cuerpo se mueve y su simple cambio mecánico de lugar se considera como generador de calor; de ahí que los avances de la ciencia moderna hayan llevado a la conclusión de que el movimiento y el calor son intercambiables. Aun admitiendo que los átomos materiales que componen este mundo nunca están en estado de quietud, no podemos suponer que ninguna partícula considerable sea capaz de moverse por sí misma; pero una vez puesta en movimiento, puede convertirse en la causa secundaria del movimiento en otras partículas.[10] Las dificultades del caso parecen ser las siguientes: ¿Son el calor, la luz, la electricidad, etc., cuerpos materiales? Si son cuerpos materiales —y el calor, por ejemplo, es la causa del movimiento—, ¿no debería la sustancia calorífica moverse por sí misma? O, si no se mueve por sí misma, ¿por qué se mueve? Si el calor es material y la causa primaria del movimiento, entonces la materia debe tener un poder innato para moverse; puede convertirse en fuerza activa, o ser al mismo tiempo causa y efecto, lo cual difícilmente puede considerarse una deducción lógica.
Movemos una partícula de materia y aparece el calor; al continuar la fuerza, surgen la luz, la electricidad y la acción química; todo ello, según una visión limitada de los fenómenos, proviene de la fuerza mecánica aplicada a la partícula que se movió primero.[11] Hay que recordar que esta fuerza mecánica es externa al cuerpo que se mueve y, con toda probabilidad, es generada por el movimiento de un músculo, actuado por nervios, bajo la influencia de la voluntad.
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La serie de fenómenos que hemos supuesto que surgen admite una explicación libre de la hipótesis del movimiento, y así evitamos el terreno peligroso de la especulación metafísica y las sutilezas de esa lógica que se basa en la inmaterialidad de toda la creación. Esta explicación, se admite abiertamente, es incompleta: no podemos correlacionar claramente cada característica de los fenómenos, combinar un eslabón con otro y formar así una cadena perfecta; pero es lo suficientemente clara como para mostrar lo que sí sabemos, dejando lo desconocido abierto a una investigación imparcial.
Cada partícula, cada átomo de aquello que transmite a nuestros sentidos las únicas ideas que tenemos de los objetos naturales —la materia ponderable— está involucrado o interpenetrado por esos principios que llamamos calor y electricidad, y probablemente por muchos otros que nos son desconocidos; y aunque estos principios o fuerzas, según alguna ley, se encuentran en equilibrio estático con la materia inerte, se desarrollan libremente bajo la acción de una excitación externa, y la perturbación de cualquiera de ellos, al alterar el equilibrio, deja a la otra fuerza igualmente libre para ser puesta al conocimiento de los sentidos humanos a través de sus efectos.
Cuando examinemos las influencias ejercidas por estas fuerzas sobre la Tierra física, se considerará más a fondo la posición de que deben ser vistas como causas del movimiento y no como sus efectos. Por ahora, basta con exponer de forma general las opiniones que tenemos sobre las condiciones de la materia en relación con las fuerzas imponderables y las potencias mecánicas. La conversión, como se ha llamado, del movimiento en calor, en los experimentos del conde Rumford y del señor Joule,[12] son solo evidencias de que existe cierta uniformidad entre la fuerza mecánica aplicada y la cantidad de calor liberada. No parece que tengamos ninguna prueba de la conversión del movimiento en potencia física.
Es necesario, para una contemplación satisfactoria de las maravillosas propiedades de la materia y de las fuerzas que regulan las formas de toda la creación, que nos contentemos con considerar los cuerpos elementales de los que nos habla la química como átomos tangibles y ponderables, dotados de propiedades específicas y distintivas. Que, en la medida en que sea posible para mentes finitas, nos esforcemos por concebir las fuerzas o potencias —la gravedad, la atracción molecular, la electricidad, el calor, la luz y el principio que determina todos los fenómenos químicos— como manifestaciones de agentes que ocupan un lugar entre la forma más sutil de la materia y lo oculto.
Cada partícula, cada átomo de aquello que transmite a nuestros sentidos las únicas ideas que tenemos de los objetos naturales —la materia ponderable— está involucrado o interpenetrado por esos principios que llamamos calor y electricidad, y probablemente por muchos otros que nos son desconocidos; y aunque estos principios o fuerzas, según alguna ley, se encuentran en equilibrio estático con la materia inerte, se desarrollan libremente bajo la acción de una excitación externa, y la perturbación de cualquiera de ellos, al alterar el equilibrio, deja a la otra fuerza igualmente libre para ser puesta al conocimiento de los sentidos humanos a través de sus efectos.
Cuando examinemos las influencias ejercidas por estas fuerzas sobre la Tierra física, se considerará más a fondo la posición de que deben ser vistas como causas del movimiento y no como sus efectos. Por ahora, basta con exponer de forma general las opiniones que tenemos sobre las condiciones de la materia en relación con las fuerzas imponderables y las potencias mecánicas. La conversión, como se ha llamado, del movimiento en calor, en los experimentos del conde Rumford y del señor Joule,[12] son solo evidencias de que existe cierta uniformidad entre la fuerza mecánica aplicada y la cantidad de calor liberada. No parece que tengamos ninguna prueba de la conversión del movimiento en potencia física.
Es necesario, para una contemplación satisfactoria de las maravillosas propiedades de la materia y de las fuerzas que regulan las formas de toda la creación, que nos contentemos con considerar los cuerpos elementales de los que nos habla la química como átomos tangibles y ponderables, dotados de propiedades específicas y distintivas. Que, en la medida en que sea posible para mentes finitas, nos esforcemos por concebir las fuerzas o potencias —la gravedad, la atracción molecular, la electricidad, el calor, la luz y el principio que determina todos los fenómenos químicos— como manifestaciones de agentes que ocupan un lugar entre la forma más sutil de la materia y lo oculto.
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principios de vitalidad, que sigue siendo enormemente inferior al estado espiritual,
que se revela vagamente en los fenómenos psicológicos y alcanza su
sublimidad en el Dios del universo.
NOTAS AL PIE:
[2] “El movimiento, por lo tanto, es un cambio en la distancia rectilínea entre dos puntos. Si se tiene en cuenta la precisión de esta definición, parece necesario que existan dos puntos para que haya movimiento; que, en todos los casos, cuando nos preguntamos si algún cuerpo o punto está en movimiento o no, debemos recurrir a otro punto con el que poder compararlo; y que, si un solo átomo existiera solo en el universo, no se podría decir ni que estuviera en movimiento ni que estuviera en reposo. El espacio que llamamos quieto es, en general, la superficie terrestre; sin embargo, sabemos bien, por consideraciones astronómicas, que cada punto de la superficie terrestre está en movimiento constante, y eso en direcciones muy diversas. Tampoco existen objetos materiales a los que nuestros sentidos puedan acceder y que podamos considerar como absolutamente inmóviles, o incluso como inmóviles entre sí; ya que la continua variación de temperatura a la que están sujetos todos los cuerpos, y las pequeñas perturbaciones que surgen del movimiento de otros cuerpos con los que están conectados, siempre tenderán a producir algunos cambios imperceptibles en sus distancias”. —Lectures on Natural Philosophy, etc., de Thomas Young, M.D. Editado por el Rev. P. Kelland. 1845.
[3] “La posición que busco establecer en este ensayo es que las diversas fuerzas imponderables, o las propiedades de la materia que constituyen los principales objetos de la física experimental, es decir, el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo, la afinidad química y el movimiento, son todas correlativas, o tienen una dependencia recíproca; que ninguna de ellas, tomada de forma abstracta, puede considerarse como la causa esencial o directa de las demás; pero que cualquiera de ellas puede, como fuerza, generar o convertirse en la otra: así, el calor puede generar eléctricidad de forma directa o indirecta, la electricidad puede generar calor, y lo mismo ocurre con las demás... Aunque tengo una fuerte inclinación a creer que las otras cinco propiedades de la materia, que he mencionado anteriormente, son, y eventualmente serán, formas de movimiento, sería ir demasiado lejos suponer su identidad con el movimiento. Por lo tanto, uso el término ‘fuerza’ en referencia a ellas, entendiendo por ello esa fuerza activa inseparable de la materia, que induce sus diversos cambios”. —On the Correlation of Physical Forces, de W. R. Grove, Esq., M.A., F.R.S.
[4] Al discutir la hipótesis de Hobbes —de que ningún cuerpo puede ser movido sino por un cuerpo contiguo y en movimiento— Boyle pregunta: “Pregunto cómo surge el movimiento local en el mundo. O bien todas las partes de la materia que componen el universo tienen un movimiento inherente a su naturaleza, algo que los epicúreos afirmaban respecto a sus átomos, o bien algunas partes de la materia tienen esta capacidad motriz y otras no, o quizás ninguna de ellas la tenga; pero todas ellas carecen naturalmente de movimiento. Si se admite que el movimiento existe…”
que se revela vagamente en los fenómenos psicológicos y alcanza su
sublimidad en el Dios del universo.
NOTAS AL PIE:
[2] “El movimiento, por lo tanto, es un cambio en la distancia rectilínea entre dos puntos. Si se tiene en cuenta la precisión de esta definición, parece necesario que existan dos puntos para que haya movimiento; que, en todos los casos, cuando nos preguntamos si algún cuerpo o punto está en movimiento o no, debemos recurrir a otro punto con el que poder compararlo; y que, si un solo átomo existiera solo en el universo, no se podría decir ni que estuviera en movimiento ni que estuviera en reposo. El espacio que llamamos quieto es, en general, la superficie terrestre; sin embargo, sabemos bien, por consideraciones astronómicas, que cada punto de la superficie terrestre está en movimiento constante, y eso en direcciones muy diversas. Tampoco existen objetos materiales a los que nuestros sentidos puedan acceder y que podamos considerar como absolutamente inmóviles, o incluso como inmóviles entre sí; ya que la continua variación de temperatura a la que están sujetos todos los cuerpos, y las pequeñas perturbaciones que surgen del movimiento de otros cuerpos con los que están conectados, siempre tenderán a producir algunos cambios imperceptibles en sus distancias”. —Lectures on Natural Philosophy, etc., de Thomas Young, M.D. Editado por el Rev. P. Kelland. 1845.
[3] “La posición que busco establecer en este ensayo es que las diversas fuerzas imponderables, o las propiedades de la materia que constituyen los principales objetos de la física experimental, es decir, el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo, la afinidad química y el movimiento, son todas correlativas, o tienen una dependencia recíproca; que ninguna de ellas, tomada de forma abstracta, puede considerarse como la causa esencial o directa de las demás; pero que cualquiera de ellas puede, como fuerza, generar o convertirse en la otra: así, el calor puede generar eléctricidad de forma directa o indirecta, la electricidad puede generar calor, y lo mismo ocurre con las demás... Aunque tengo una fuerte inclinación a creer que las otras cinco propiedades de la materia, que he mencionado anteriormente, son, y eventualmente serán, formas de movimiento, sería ir demasiado lejos suponer su identidad con el movimiento. Por lo tanto, uso el término ‘fuerza’ en referencia a ellas, entendiendo por ello esa fuerza activa inseparable de la materia, que induce sus diversos cambios”. —On the Correlation of Physical Forces, de W. R. Grove, Esq., M.A., F.R.S.
[4] Al discutir la hipótesis de Hobbes —de que ningún cuerpo puede ser movido sino por un cuerpo contiguo y en movimiento— Boyle pregunta: “Pregunto cómo surge el movimiento local en el mundo. O bien todas las partes de la materia que componen el universo tienen un movimiento inherente a su naturaleza, algo que los epicúreos afirmaban respecto a sus átomos, o bien algunas partes de la materia tienen esta capacidad motriz y otras no, o quizás ninguna de ellas la tenga; pero todas ellas carecen naturalmente de movimiento. Si se admite que el movimiento existe…”
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Pertenecen naturalmente a todas las partes de la materia; por lo tanto, la disputa ha terminado. La concesión hace que la hipótesis quede completamente refutada.
“Si el señor Hobbes respondiera que el movimiento es impreso en cualquiera de las partes de la materia por Dios, diría algo que yo estoy dispuesto a admitir como cierto; pero eso no serviría a sus propósitos, si quisiera hablar de manera coherente con su propia hipótesis. Pues yo pregunto: ¿es ese Ser Supremo al que recurren tales afirmaciones una sustancia corporal o inmaterial? Si es esta última, y sin embargo es la causa eficiente del movimiento en los cuerpos, entonces no será cierto en todos los casos que todo cuerpo que se mueve lo haga por medio de otro cuerpo contiguo y en movimiento. Porque, según nuestra suposición, los cuerpos que Dios mueve, ya sea directamente o por medio de la intervención de algún otro ser inmaterial, no son movidos por un cuerpo contiguo, sino por un espíritu inmaterial”. —Algunas consideraciones sobre la compatibilidad entre la razón y la religión: Boyle, vol. III, p. 520.
[5] Boyle tiene algunas especulaciones ingeniosas al respecto: “Que existe movimiento local en muchas partes de la materia es algo evidente para los sentidos; pero cómo adquirió la materia este movimiento ha sido, y sigue siendo, objeto de intensas discusiones. Los antiguos filósofos corpuscularistas (cuya doctrina, en la mayoría de los puntos, aunque no en todos, nos parece la más aceptable) no reconocían un creador del universo; por lo tanto, se vieron obligados a considerar que el movimiento es inherente a la materia, y por ende, coetáneo con ella. Pero como el movimiento local, o al menos el intento de moverse, no forma parte de la naturaleza de la materia –la cual sigue siendo materia tanto cuando está en reposo como cuando se mueve–, y como vemos que la misma porción de materia puede pasar del estado de movimiento al de reposo, y después de permanecer en reposo mientras otros cuerpos no la sacan de ese estado, puede volver a ponerse en movimiento por medio de agentes externos; yo, que no considero que alguien sea un peor naturalista solo porque no sea ateo, no dudaré en decir, junto con un eminente filósofo de la antigüedad, a quien encuentro entre los griegos quien planteó esa opinión (que luego fue retomada por Descartes), que el origen del movimiento en la materia proviene de Dios. Y no solo eso: creo además que es absurdo pensar que la materia, una vez puesta en movimiento y dejada a sí misma, pueda crear por casualidad este mundo tan hermoso y ordenado. Creo también que el sabio Creador, al establecer las leyes del movimiento entre los cuerpos y al guiar los primeros movimientos de las pequeñas partículas de la materia, las hizo reunirse de la manera necesaria para formar el mundo. Además, creó esos mecanismos curiosos y complejos que son los cuerpos de los seres vivos, dotando a la mayoría de ellos de la capacidad de reproducir su especie”. —Consideraciones y experimentos sobre el origen de las formas y cualidades: Obras de Boyle, vol. II, p. 460. Edimburgo, 1744.
[6] El sistema intelectual de Cudworth.
[7] “Según los pitagóricos y platónicos, existe una vida que permea todas las cosas… un fuego intelectual y artificial; un principio interno, espíritu animal o vida natural, que produce o forma algo en el interior, tal como lo hace el arte en el exterior. Este principio regula, modera y armoniza los diversos movimientos, cualidades y partes del sistema mundano. Gracias a esta vida, las masas grandes se mantienen unidas en su curso normal, al igual que las partículas más pequeñas, que se mueven según las leyes de la atracción, la gravedad, la electricidad, el magnetismo, etc. Es esto lo que da instintos, lo que enseña a la araña a tejer su red y a la abeja a producir miel; es esto también lo que hace que las raíces de las plantas extraigan jugo de la tierra, y que las hojas y los vasos corticales separen y atraigan ese jugo”.
“Si el señor Hobbes respondiera que el movimiento es impreso en cualquiera de las partes de la materia por Dios, diría algo que yo estoy dispuesto a admitir como cierto; pero eso no serviría a sus propósitos, si quisiera hablar de manera coherente con su propia hipótesis. Pues yo pregunto: ¿es ese Ser Supremo al que recurren tales afirmaciones una sustancia corporal o inmaterial? Si es esta última, y sin embargo es la causa eficiente del movimiento en los cuerpos, entonces no será cierto en todos los casos que todo cuerpo que se mueve lo haga por medio de otro cuerpo contiguo y en movimiento. Porque, según nuestra suposición, los cuerpos que Dios mueve, ya sea directamente o por medio de la intervención de algún otro ser inmaterial, no son movidos por un cuerpo contiguo, sino por un espíritu inmaterial”. —Algunas consideraciones sobre la compatibilidad entre la razón y la religión: Boyle, vol. III, p. 520.
[5] Boyle tiene algunas especulaciones ingeniosas al respecto: “Que existe movimiento local en muchas partes de la materia es algo evidente para los sentidos; pero cómo adquirió la materia este movimiento ha sido, y sigue siendo, objeto de intensas discusiones. Los antiguos filósofos corpuscularistas (cuya doctrina, en la mayoría de los puntos, aunque no en todos, nos parece la más aceptable) no reconocían un creador del universo; por lo tanto, se vieron obligados a considerar que el movimiento es inherente a la materia, y por ende, coetáneo con ella. Pero como el movimiento local, o al menos el intento de moverse, no forma parte de la naturaleza de la materia –la cual sigue siendo materia tanto cuando está en reposo como cuando se mueve–, y como vemos que la misma porción de materia puede pasar del estado de movimiento al de reposo, y después de permanecer en reposo mientras otros cuerpos no la sacan de ese estado, puede volver a ponerse en movimiento por medio de agentes externos; yo, que no considero que alguien sea un peor naturalista solo porque no sea ateo, no dudaré en decir, junto con un eminente filósofo de la antigüedad, a quien encuentro entre los griegos quien planteó esa opinión (que luego fue retomada por Descartes), que el origen del movimiento en la materia proviene de Dios. Y no solo eso: creo además que es absurdo pensar que la materia, una vez puesta en movimiento y dejada a sí misma, pueda crear por casualidad este mundo tan hermoso y ordenado. Creo también que el sabio Creador, al establecer las leyes del movimiento entre los cuerpos y al guiar los primeros movimientos de las pequeñas partículas de la materia, las hizo reunirse de la manera necesaria para formar el mundo. Además, creó esos mecanismos curiosos y complejos que son los cuerpos de los seres vivos, dotando a la mayoría de ellos de la capacidad de reproducir su especie”. —Consideraciones y experimentos sobre el origen de las formas y cualidades: Obras de Boyle, vol. II, p. 460. Edimburgo, 1744.
[6] El sistema intelectual de Cudworth.
[7] “Según los pitagóricos y platónicos, existe una vida que permea todas las cosas… un fuego intelectual y artificial; un principio interno, espíritu animal o vida natural, que produce o forma algo en el interior, tal como lo hace el arte en el exterior. Este principio regula, modera y armoniza los diversos movimientos, cualidades y partes del sistema mundano. Gracias a esta vida, las masas grandes se mantienen unidas en su curso normal, al igual que las partículas más pequeñas, que se mueven según las leyes de la atracción, la gravedad, la electricidad, el magnetismo, etc. Es esto lo que da instintos, lo que enseña a la araña a tejer su red y a la abeja a producir miel; es esto también lo que hace que las raíces de las plantas extraigan jugo de la tierra, y que las hojas y los vasos corticales separen y atraigan ese jugo”.
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“Partículas de aire y fuego elemental, según se adecúe a sus respectivas naturalezas”. —Obispo Berkeley, Siris, n.º 277.
[8] “La revolución de la Tierra se produce en un día natural, o, más precisamente, una vez cada 23 h 56’ 4”; como su circunferencia media es de 24,871 millas, se deduce que cualquier punto de su superficie ecuatorial tiene un movimiento de rotación de más de 1,000 millas por hora. Esta velocidad debe disminuir gradualmente hasta llegar a cero en los polos. Mientras la Tierra gira sobre su eje, también realiza un movimiento progresivo en su órbita. Si consideramos la longitud de la órbita terrestre en 630,000,000 millas, su movimiento por el espacio debe superar las 68,490 millas por hora”. —Enc. Brit. art. Geografía Física.
[9] “Aquí tenemos, pues, el espléndido resultado de los estudios conjuntos de los señores Argelander, O. Struve y Peters, basados en observaciones realizadas en los tres observatorios de Dorpat, Abo y Pulkova; dicho resultado se expresa en la siguiente tesis: El movimiento del sistema solar en el espacio está dirigido hacia un punto de la bóveda celeste situado en la línea recta que une las dos estrellas π y μ de Hércules, a una cuarta parte de la distancia aparente entre estas estrellas, contando desde π de Hércules. La velocidad de este movimiento es tal que el Sol, junto con todos los cuerpos que dependen de él, avanza anualmente en dicha dirección 1,623 veces el radio de la órbita terrestre, es decir, 33,550,000 millas geográficas. El posible error de esta última cifra asciende a 1,733,000 millas geográficas, lo que equivale a una séptima parte del valor total. Podemos, entonces, apostar 400,000 a 1 a que el Sol tiene un movimiento progresivo real, y 1 a 1 a que su distancia se encuentra entre treinta y ocho y veintinueve millones de millas geográficas”. —Etudes d’Astronomie Stellaire: Sur la Voie Lactée et sur les Distances des Étoiles Fixes: M. F. W. G. Struve. [Un informe dirigido a Su Excelencia el señor conde Ouvaroff, Ministro de Instrucción Pública y presidente de la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo.]
[10] “El primer gran agente que el análisis de los fenómenos naturales nos presenta para su consideración, con mayor frecuencia y destacación que cualquier otro, es la fuerza. Sus efectos son, primero, contrarrestar la acción de una fuerza opuesta, manteniendo así el equilibrio; o, segundo, producir movimiento en la materia. La materia, o sea, aquello de lo que están compuestos todos los objetos de la naturaleza que se manifiestan directamente a nuestros sentidos, nos presenta dos cualidades generales que, a primera vista, parecen estar en contradicción entre sí: la actividad y la inercia. Su actividad se demuestra por su capacidad de poner en movimiento espontáneamente otra materia, y de obedecer al impulso mutuo de estas, moviéndose bajo la influencia de su propia fuerza y de la de otras materias; la inercia, en cambio, se manifiesta en su negativa a moverse a menos que sea forzada por una fuerza externa o por una fuerza ejercida mutuamente entre ella y otras materias, y en su persistencia en su estado de movimiento o reposo a menos que sea perturbada por alguna causa externa. Sin embargo, en realidad, esta contradicción es solo aparente. Dado que la fuerza es la causa y el movimiento el efecto que produce en la materia, decir que la materia es inerte, o tiene inercia, como se denomina, no es más que afirmar que la causa se consume al producir su efecto, y que esa misma causa no puede (sin renovarse) producir el doble o el triple de su propio efecto. Desde este punto de vista, el equilibrio puede concebirse como una producción continua de dos efectos opuestos, cada uno de los cuales anula en cada instante lo que ha hecho el otro”. —Véase la continuación del argumento en el Discurso de Herschel sobre el estudio de la filosofía natural, página 223.
[8] “La revolución de la Tierra se produce en un día natural, o, más precisamente, una vez cada 23 h 56’ 4”; como su circunferencia media es de 24,871 millas, se deduce que cualquier punto de su superficie ecuatorial tiene un movimiento de rotación de más de 1,000 millas por hora. Esta velocidad debe disminuir gradualmente hasta llegar a cero en los polos. Mientras la Tierra gira sobre su eje, también realiza un movimiento progresivo en su órbita. Si consideramos la longitud de la órbita terrestre en 630,000,000 millas, su movimiento por el espacio debe superar las 68,490 millas por hora”. —Enc. Brit. art. Geografía Física.
[9] “Aquí tenemos, pues, el espléndido resultado de los estudios conjuntos de los señores Argelander, O. Struve y Peters, basados en observaciones realizadas en los tres observatorios de Dorpat, Abo y Pulkova; dicho resultado se expresa en la siguiente tesis: El movimiento del sistema solar en el espacio está dirigido hacia un punto de la bóveda celeste situado en la línea recta que une las dos estrellas π y μ de Hércules, a una cuarta parte de la distancia aparente entre estas estrellas, contando desde π de Hércules. La velocidad de este movimiento es tal que el Sol, junto con todos los cuerpos que dependen de él, avanza anualmente en dicha dirección 1,623 veces el radio de la órbita terrestre, es decir, 33,550,000 millas geográficas. El posible error de esta última cifra asciende a 1,733,000 millas geográficas, lo que equivale a una séptima parte del valor total. Podemos, entonces, apostar 400,000 a 1 a que el Sol tiene un movimiento progresivo real, y 1 a 1 a que su distancia se encuentra entre treinta y ocho y veintinueve millones de millas geográficas”. —Etudes d’Astronomie Stellaire: Sur la Voie Lactée et sur les Distances des Étoiles Fixes: M. F. W. G. Struve. [Un informe dirigido a Su Excelencia el señor conde Ouvaroff, Ministro de Instrucción Pública y presidente de la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo.]
[10] “El primer gran agente que el análisis de los fenómenos naturales nos presenta para su consideración, con mayor frecuencia y destacación que cualquier otro, es la fuerza. Sus efectos son, primero, contrarrestar la acción de una fuerza opuesta, manteniendo así el equilibrio; o, segundo, producir movimiento en la materia. La materia, o sea, aquello de lo que están compuestos todos los objetos de la naturaleza que se manifiestan directamente a nuestros sentidos, nos presenta dos cualidades generales que, a primera vista, parecen estar en contradicción entre sí: la actividad y la inercia. Su actividad se demuestra por su capacidad de poner en movimiento espontáneamente otra materia, y de obedecer al impulso mutuo de estas, moviéndose bajo la influencia de su propia fuerza y de la de otras materias; la inercia, en cambio, se manifiesta en su negativa a moverse a menos que sea forzada por una fuerza externa o por una fuerza ejercida mutuamente entre ella y otras materias, y en su persistencia en su estado de movimiento o reposo a menos que sea perturbada por alguna causa externa. Sin embargo, en realidad, esta contradicción es solo aparente. Dado que la fuerza es la causa y el movimiento el efecto que produce en la materia, decir que la materia es inerte, o tiene inercia, como se denomina, no es más que afirmar que la causa se consume al producir su efecto, y que esa misma causa no puede (sin renovarse) producir el doble o el triple de su propio efecto. Desde este punto de vista, el equilibrio puede concebirse como una producción continua de dos efectos opuestos, cada uno de los cuales anula en cada instante lo que ha hecho el otro”. —Véase la continuación del argumento en el Discurso de Herschel sobre el estudio de la filosofía natural, página 223.
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En la Edinburgh New Philosophical Journal, volumen xlv., se encuentra un artículo del Dr. Robert Brown titulado “Sobre las fuentes de los movimientos en la Tierra y sobre los medios por los cuales se mantienen”, el cual merece ser leído con atención, ya que señala una clase de investigación de la más alta calidad y contiene deducciones de carácter sumamente filosófico.
[11] Es bien sabido que la fricción genera calor; al frotar rápidamente dos palos entre sí, el indio logra su encendido, ya que tanto el calor como la luz se manifiestan. Bajo cualquier perturbación mecánica se pueden detectar cambios eléctricos, y la acción del calor en la combustión de la madera es un fenómeno químico.
[12] El experimento del conde Rumford consistió en colocar una masa de metal dentro de una caja con agua a una temperatura conocida, y, mediante el uso de un aparato para taladrar, determinar con precisión el aumento de calor después de un número determinado de revoluciones. Así describe su experimento más satisfactorio:
“Una vez todo listo, procedí a realizar el experimento que había planeado, de la siguiente manera. El cilindro hueco fue previamente limpiado, y su interior se secó con una toalla limpia hasta que quedó completamente seco. Luego se colocó la barra de hierro cuadrada, con el taladro de acero en su extremo, en su lugar; al mismo tiempo, la abertura del cilindro se cerró mediante un pistón circular a través del cual pasaba la barra de hierro. Una vez hecho esto, la caja se colocó en su sitio; las uniones de la barra de hierro y del cuello del cilindro con los dos extremos de la caja se hicieron estancas mediante collares de cuero engrasado. La caja se llenó de agua fría (a una temperatura de 60°) y la máquina se puso en marcha. El resultado de este hermoso experimento fue muy sorprendente; la satisfacción que me causó compensó ampliamente todo el esfuerzo que había invertido en diseñar y montar la compleja maquinaria necesaria para llevarlo a cabo. El cilindro, que giraba a una velocidad de unas treinta y dos veces por minuto, estuvo en movimiento solo durante poco tiempo, cuando percibí, al meter mi mano en el agua y tocar la superficie exterior del cilindro, que se generaba calor. No pasó mucho tiempo antes de que el agua que rodeaba al cilindro se volviera perceptiblemente caliente. Al final de una hora, al sumergir un termómetro en el agua de la caja (cuya cantidad era de 18,77 libras avoirdupois, o 2-1/4 galones de vino), descubrí que su temperatura había aumentado en nada menos que 47°; ahora era de 107° según la escala de Fahrenheit. Después de otros treinta minutos, es decir, una hora y treinta minutos después de que la máquina se pusiera en marcha, la temperatura del agua en la caja era de 142°. Al final de dos horas, desde el inicio del experimento, la temperatura del agua había subido a 178°. A las dos horas y veinte minutos, era de 200°; y a las dos horas y treinta minutos, realmente hervía.” — Inquiry concerning the Source of the Heat excited by Friction: Philosophical Transactions, volumen lxxxviii, año 1798.
“El Sr. Joule presentó una comunicación sobre el mismo tema ante la British Association en Cambridge; posteriormente fue publicada en la Philosophical Magazine. De dicha revista se extraen las siguientes notas:
“El aparato exhibido ante la asociación consistía en una rueda de paletas de bronce, que funcionaba horizontalmente dentro de un recipiente con agua. Se podía transmitir movimiento a estas paletas mediante pesas, poleas, etc. Las paletas se movían con gran resistencia dentro del recipiente con agua, de modo que las pesas (cada una de cuatro libras) descendían a una velocidad lenta de aproximadamente un pie por segundo. La altura de…”
[11] Es bien sabido que la fricción genera calor; al frotar rápidamente dos palos entre sí, el indio logra su encendido, ya que tanto el calor como la luz se manifiestan. Bajo cualquier perturbación mecánica se pueden detectar cambios eléctricos, y la acción del calor en la combustión de la madera es un fenómeno químico.
[12] El experimento del conde Rumford consistió en colocar una masa de metal dentro de una caja con agua a una temperatura conocida, y, mediante el uso de un aparato para taladrar, determinar con precisión el aumento de calor después de un número determinado de revoluciones. Así describe su experimento más satisfactorio:
“Una vez todo listo, procedí a realizar el experimento que había planeado, de la siguiente manera. El cilindro hueco fue previamente limpiado, y su interior se secó con una toalla limpia hasta que quedó completamente seco. Luego se colocó la barra de hierro cuadrada, con el taladro de acero en su extremo, en su lugar; al mismo tiempo, la abertura del cilindro se cerró mediante un pistón circular a través del cual pasaba la barra de hierro. Una vez hecho esto, la caja se colocó en su sitio; las uniones de la barra de hierro y del cuello del cilindro con los dos extremos de la caja se hicieron estancas mediante collares de cuero engrasado. La caja se llenó de agua fría (a una temperatura de 60°) y la máquina se puso en marcha. El resultado de este hermoso experimento fue muy sorprendente; la satisfacción que me causó compensó ampliamente todo el esfuerzo que había invertido en diseñar y montar la compleja maquinaria necesaria para llevarlo a cabo. El cilindro, que giraba a una velocidad de unas treinta y dos veces por minuto, estuvo en movimiento solo durante poco tiempo, cuando percibí, al meter mi mano en el agua y tocar la superficie exterior del cilindro, que se generaba calor. No pasó mucho tiempo antes de que el agua que rodeaba al cilindro se volviera perceptiblemente caliente. Al final de una hora, al sumergir un termómetro en el agua de la caja (cuya cantidad era de 18,77 libras avoirdupois, o 2-1/4 galones de vino), descubrí que su temperatura había aumentado en nada menos que 47°; ahora era de 107° según la escala de Fahrenheit. Después de otros treinta minutos, es decir, una hora y treinta minutos después de que la máquina se pusiera en marcha, la temperatura del agua en la caja era de 142°. Al final de dos horas, desde el inicio del experimento, la temperatura del agua había subido a 178°. A las dos horas y veinte minutos, era de 200°; y a las dos horas y treinta minutos, realmente hervía.” — Inquiry concerning the Source of the Heat excited by Friction: Philosophical Transactions, volumen lxxxviii, año 1798.
“El Sr. Joule presentó una comunicación sobre el mismo tema ante la British Association en Cambridge; posteriormente fue publicada en la Philosophical Magazine. De dicha revista se extraen las siguientes notas:
“El aparato exhibido ante la asociación consistía en una rueda de paletas de bronce, que funcionaba horizontalmente dentro de un recipiente con agua. Se podía transmitir movimiento a estas paletas mediante pesas, poleas, etc. Las paletas se movían con gran resistencia dentro del recipiente con agua, de modo que las pesas (cada una de cuatro libras) descendían a una velocidad lenta de aproximadamente un pie por segundo. La altura de…”
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La distancia desde el suelo hasta los poleas era de doce yardas; por lo tanto, cuando los pesos habían descendido esa distancia, había que volver a enrollarlos para reanudar el movimiento de la paleta. Después de que esta operación se repitió dieciséis veces, se determinó el aumento de la temperatura del agua mediante un termómetro muy sensible y preciso.
“Se realizó una serie de nueve experimentos de la manera mencionada anteriormente, y se llevaron a cabo nueve experimentos más con el fin de eliminar los efectos de enfriamiento o calentamiento de la atmósfera. Al reducir el resultado a la capacidad calorífica de una libra de agua, resultó que, por cada grado de calor generado por la fricción del agua, se había empleado una potencia mecánica equivalente a la que puede elevar un peso de 890 libras a una altura de un pie.
“Cualquiera de sus lectores que tenga la suerte de vivir en los paisajes románticos de Gales o Escocia podría, sin duda, confirmar mis experimentos midiendo la temperatura del agua en la parte superior e inferior de una cascada. Si mis conclusiones son correctas, una caída de 817 pies generará, por supuesto, un grado de calor, y la temperatura del río Niágara aumentará aproximadamente en una quinta parte de grado debido a su caída de 160 pies”. —Relación entre el calor y la potencia mecánica: Philosoph. Mag., vol. xxvii, 1845.
“Se realizó una serie de nueve experimentos de la manera mencionada anteriormente, y se llevaron a cabo nueve experimentos más con el fin de eliminar los efectos de enfriamiento o calentamiento de la atmósfera. Al reducir el resultado a la capacidad calorífica de una libra de agua, resultó que, por cada grado de calor generado por la fricción del agua, se había empleado una potencia mecánica equivalente a la que puede elevar un peso de 890 libras a una altura de un pie.
“Cualquiera de sus lectores que tenga la suerte de vivir en los paisajes románticos de Gales o Escocia podría, sin duda, confirmar mis experimentos midiendo la temperatura del agua en la parte superior e inferior de una cascada. Si mis conclusiones son correctas, una caída de 817 pies generará, por supuesto, un grado de calor, y la temperatura del río Niágara aumentará aproximadamente en una quinta parte de grado debido a su caída de 160 pies”. —Relación entre el calor y la potencia mecánica: Philosoph. Mag., vol. xxvii, 1845.
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CAPÍTULO III.
LA GRAVITACIÓN.
Las formas de la materia—Forma de la Tierra—Probabilidad de que la masa que forma este planeta haya existido en un estado nebuloso—Luces zodiacales—Cometas—Vaporización de la materia sólida por medios artificiales—El principio de la gravedad—Su influencia a través del espacio y dentro de los límites más reducidos—Poderes gravitatorios de los planetas—Densidad de la Tierra—Certidumbre de la ley de Newton de la inversa del cuadrado—Descubrimiento de Neptuno—Estado de un cuerpo liberado de la gravedad—Experimento que explica los anillos de Saturno, etc.—Conclusión general.
Supongamos que la Tierra, compuesta por tres estados de la materia: el sólido, el líquido y el gaseoso, quedara libre de esa fuerza que la mantiene en su forma actual de esferoide aplanado en los polos, pero aún sujeta a las influencias de sus rotaciones diurnas y anuales. De acuerdo con la ley que regula las condiciones de todos los cuerpos que se mueven a altas velocidades, la consecuencia de tal estado sería que nuestro planeta se extendería instantáneamente sobre una enorme área. Las aguas e incluso las masas sólidas de este globo, con toda probabilidad, aparecerían entre los demás fenómenos del espacio en un estado altamente atenuado, girando en órbita alrededor del sol como una banda de materia nebulosa, que a veces podría hacerse visible a simple vista al seguir reflejando la luz solar o mediante la condensación en forma de estrellas fugaces.[13]
Esto puede ilustrarse con un experimento. Si sobre un disco que gira rápidamente colocamos una bola de polvo, esta se dispersará casi de inmediato, y sus partículas se organizarán en una serie de curvas regulares, que varían según la velocidad del movimiento. Además de la desintegración que surgiría de la tendencia de los átomos a alejarse del centro, el movimiento en el espacio de la masa planetaria provocaría naturalmente una expansión, y el único grado de uniformidad que este cuerpo podría tener, bajo estas condiciones imaginarias…
LA GRAVITACIÓN.
Las formas de la materia—Forma de la Tierra—Probabilidad de que la masa que forma este planeta haya existido en un estado nebuloso—Luces zodiacales—Cometas—Vaporización de la materia sólida por medios artificiales—El principio de la gravedad—Su influencia a través del espacio y dentro de los límites más reducidos—Poderes gravitatorios de los planetas—Densidad de la Tierra—Certidumbre de la ley de Newton de la inversa del cuadrado—Descubrimiento de Neptuno—Estado de un cuerpo liberado de la gravedad—Experimento que explica los anillos de Saturno, etc.—Conclusión general.
Supongamos que la Tierra, compuesta por tres estados de la materia: el sólido, el líquido y el gaseoso, quedara libre de esa fuerza que la mantiene en su forma actual de esferoide aplanado en los polos, pero aún sujeta a las influencias de sus rotaciones diurnas y anuales. De acuerdo con la ley que regula las condiciones de todos los cuerpos que se mueven a altas velocidades, la consecuencia de tal estado sería que nuestro planeta se extendería instantáneamente sobre una enorme área. Las aguas e incluso las masas sólidas de este globo, con toda probabilidad, aparecerían entre los demás fenómenos del espacio en un estado altamente atenuado, girando en órbita alrededor del sol como una banda de materia nebulosa, que a veces podría hacerse visible a simple vista al seguir reflejando la luz solar o mediante la condensación en forma de estrellas fugaces.[13]
Esto puede ilustrarse con un experimento. Si sobre un disco que gira rápidamente colocamos una bola de polvo, esta se dispersará casi de inmediato, y sus partículas se organizarán en una serie de curvas regulares, que varían según la velocidad del movimiento. Además de la desintegración que surgiría de la tendencia de los átomos a alejarse del centro, el movimiento en el espacio de la masa planetaria provocaría naturalmente una expansión, y el único grado de uniformidad que este cuerpo podría tener, bajo estas condiciones imaginarias…
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Las condiciones, posiblemente presentes, derivarían de los efectos combinados de movimientos en diferentes direcciones. Entre las estrellas más lejanas, se descubrieron algunas apariciones notablemente similares a nubes. Estas nebulosas, que para el ojo del observador solo presentan una luz brillante, como si proviniera de algún vapor fosforescente, fueron durante mucho tiempo consideradas indicios de una condición similar a la que acabamos de analizar. Los astrónomos vieron en esas misteriosas nebulosas una confirmación de sus opiniones, según las cuales todos los cuerpos celestes habían sido en su momento finas capas de vapor, que gradualmente, debido a cuerpos irregulares que recorrían el espacio, se habían condensado lentamente alrededor de un centro y quedado bajo la acción de fuerzas de agregación, hasta que, tras el paso de los eones, se convirtieron en estrellas esféricas que se mueven armoniosamente entre el brillante conjunto de cuerpos celestes.[14] Los geólogos adoptaron con entusiasmo esas ideas, ya que confirmaban conclusiones teóricas extraídas del estudio de la estructura misma de la Tierra, y con ellas explicaban la acumulación gradual de átomos para formar rocas cristalinas a partir de una masa en enfriamiento. Sin embargo, las investigaciones de los astrónomos modernos, ayudados por los magníficos instrumentos del lord Rosse,[15] han demostrado que muchas de las nebulosas más notables son simplemente cúmulos de estrellas; tan lejanas de nosotros que la luz que emiten parece mezclarse en una sola capa difusa o película luminosa. No obstante, existen las nubes de Magallanes y otras manchas de luz singulares que presentan cambios que solo pueden explicarse mediante la teoría de su lenta condensación. No hay pruebas que desmientan la idea de que la formación de mundos aún pueda estar en curso; de que una acumulación lenta y gradual de partículas, bajo la influencia de leyes que conocemos, pueda estar ocurriendo constantemente, hasta llegar finalmente a la formación de una esfera. ¿No podríamos considerar la luz zodiacal como los restos de una atmósfera luminiscente solar que en su momento envolvía todo el sistema del cual es el centro?[16] ¿Acaso los extraños cambios que se han observado en los cuerpos cometarios, incluso mientras pasaban cerca de la Tierra —como la división del cometa de Biela y la formación final de un segundo núcleo a partir de la parte separada— no tenderán fuertemente a respaldar la probabilidad de que la materia atenuada, con el paso del tiempo, se haya condensado en masas sólidas, y que las nubes nebulosas sigan existiendo en todo estado de tenue densidad en las regiones del espacio infinito,[17], las cuales, en lo misterioso
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¿Los procesos de formación del mundo se convertirán, con el tiempo, en estrellas, y reflejarán, en la inmensidad azul del cielo, con su brillo, esa luz que es el agente necesario para la organización y todas las manifestaciones de la belleza? Las conclusiones extraídas de un estudio cuidadoso de la condición de nuestro propio planeta favorecen la hipótesis de la existencia de materia nebulosa. Mediante los procesos del arte y la manufactura, por medio de esas fuerzas de las cuales dependen la organización y la vida, la materia sólida se desprende constantemente en un estado tal que no puede ser detectada como materia por ninguno de los sentidos humanos. Sin embargo, miles de resultados, que se acumulan día tras día y hora tras hora como verdades a nuestro alrededor, demuestran que los metales sólidos, las tierras más densas y los componentes de la vida animal y vegetal desaparecen invisibles para nosotros y se convierten en “aire ligero”. Sabemos que, flotando a nuestro alrededor, estos cuerpos volatilizados existen en alguna forma material, y numerosos experimentos químicos tienen como objetivo convencernos de que el aire más tenue es capaz, con un ligero cambio de circunstancias, de transformarse en masas sólidas. El gas hidrógeno, el más ligero y etéreo de los elementos químicos, disuelve hierro y zinc, arsénico, azufre y carbono; y de las combinaciones transparentes que así se forman, podemos separar fácilmente esos cuerpos pesados. Dichas sustancias deben existir en nuestra propia atmósfera; ¿por qué no también en las regiones del espacio? Si este planeta alguna vez estuvo rodeado por una masa de materia nebulosa, conocida únicamente por su luz tenue y difusa, o si atravesó el espacio como un cometa con una órbita muy excéntrica, son preguntas a las que solo pueden responder las mentes especulativas. Si la Tierra y los otros miembros del Sistema Solar formaron parte en algún momento de un Sol Central[18], y fueron expulsados de él por alguna convulsión poderosa, aunque ahora giren junto con todas las demás masas alrededor de ese astro, encadenados en sus órbitas por alguna fuerza infinita, está más allá de las capacidades de la ciencia para descubrirlo. No obstante, esta hipótesis, en su concepción sublime, es digna de la mente genial que la concibió. Todo lo que sabemos es que nuestra Tierra es una esfera achatada, que, debido a los efectos de su rotación alrededor de un eje, se ensancha ligeramente en el ecuador y se achata en los polos; que mantiene su curso regular alrededor del sol gracias a la acción de dos fuerzas: una de ellas, al actuar constantemente, acabaría atrayéndola hacia el propio cuerpo del sol; pero esa fuerza es contrarrestada por la otra, la fuerza centrífuga, y por el momento cinético variable de la masa en rotación; que la misma fuerza que actúa desde el centro de la Tierra
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En sí misma, y desde el centro de cada partícula de su sustancia, el todo se transforma en una forma globular.
El principio de la gravedad[19] es esa fuerza que reside en toda forma de materia, por medio de la cual una partícula es atraída por otra, y una masa por otra, la menor hacia la mayor. Qué puede ser esto, apenas nos atrevemos a especular. En la vasta área de su acción, que se abre ante los ojos de la mente, vemos un poder que abarca todo el espacio y que une a todas esas miríadas de mundos que adornan el manto del Infinito; y somos obligados a detenernos. ¿Es este principio de gravedad una propiedad de la materia, o es un poder superior a las fuerzas más tangibles? Esa es la pregunta que obsesiona a la mente. Si lo consideramos como un principio sutil que permea todo el espacio, nos vemos obligados a buscar más allá de él otro poder aún más refinado; y no podemos detenernos hasta que, ascendiendo desde lo limitado a lo ilimitado, reduzcamos la gravedad y sus influencias al centro de todo poder: la voluntad del Creador eterno.
La ciencia ha descubierto esta gran verdad: es mediante la acción de esta fuerza omnipresente que la Tierra permanece en su órbita; que la gota de rocío que brilla en la hoja se mantiene unida; que los escombros que flotan en el lago se acumulan en una sola masa; que el mar presenta los fenómenos de las mareas; y que el “océano aéreo” muestra sus cambios barométricos. En todas las cosas, esta fuerza está activa, y en toda la naturaleza está siempre presente. Nuestro conocimiento de las leyes que rigen su acción nos permite concluir que el Sol y los planetas distantes son masas similares a la Tierra. Descubrimos que también ellos poseen fuerza gravitatoria, y al comparar esta influencia con la ejercida por la Tierra, podemos determinar la masa de un planeta en relación con la de otro. En la balanza del astrónomo, es tan fácil pesar una estrella lejana como para el ingeniero calcular el peso del túnel de hierro del Estrecho de Menai, o cualquier otra estructura mecánica. Así, en todo el universo, el equilibrio de la fuerza gravitatoria se mantiene de manera infalible. Si alguna de esas gemas de luz, que parpadean a medianoche en la oscura distancia del firmamento estrellado, fuera removida de su lugar por algún poder, la perturbación en estos delicadamente equilibrados sistemas mundiales se sentiría en todos ellos.
De la peculiaridad de las leyes que sigue esta fuerza llamada gravedad, se ha deducido que actúa desde centros de fuerza; está demostrado que su poder disminuye en proporción inversa al cuadrado de la distancia.
El principio de la gravedad[19] es esa fuerza que reside en toda forma de materia, por medio de la cual una partícula es atraída por otra, y una masa por otra, la menor hacia la mayor. Qué puede ser esto, apenas nos atrevemos a especular. En la vasta área de su acción, que se abre ante los ojos de la mente, vemos un poder que abarca todo el espacio y que une a todas esas miríadas de mundos que adornan el manto del Infinito; y somos obligados a detenernos. ¿Es este principio de gravedad una propiedad de la materia, o es un poder superior a las fuerzas más tangibles? Esa es la pregunta que obsesiona a la mente. Si lo consideramos como un principio sutil que permea todo el espacio, nos vemos obligados a buscar más allá de él otro poder aún más refinado; y no podemos detenernos hasta que, ascendiendo desde lo limitado a lo ilimitado, reduzcamos la gravedad y sus influencias al centro de todo poder: la voluntad del Creador eterno.
La ciencia ha descubierto esta gran verdad: es mediante la acción de esta fuerza omnipresente que la Tierra permanece en su órbita; que la gota de rocío que brilla en la hoja se mantiene unida; que los escombros que flotan en el lago se acumulan en una sola masa; que el mar presenta los fenómenos de las mareas; y que el “océano aéreo” muestra sus cambios barométricos. En todas las cosas, esta fuerza está activa, y en toda la naturaleza está siempre presente. Nuestro conocimiento de las leyes que rigen su acción nos permite concluir que el Sol y los planetas distantes son masas similares a la Tierra. Descubrimos que también ellos poseen fuerza gravitatoria, y al comparar esta influencia con la ejercida por la Tierra, podemos determinar la masa de un planeta en relación con la de otro. En la balanza del astrónomo, es tan fácil pesar una estrella lejana como para el ingeniero calcular el peso del túnel de hierro del Estrecho de Menai, o cualquier otra estructura mecánica. Así, en todo el universo, el equilibrio de la fuerza gravitatoria se mantiene de manera infalible. Si alguna de esas gemas de luz, que parpadean a medianoche en la oscura distancia del firmamento estrellado, fuera removida de su lugar por algún poder, la perturbación en estos delicadamente equilibrados sistemas mundiales se sentiría en todos ellos.
De la peculiaridad de las leyes que sigue esta fuerza llamada gravedad, se ha deducido que actúa desde centros de fuerza; está demostrado que su poder disminuye en proporción inversa al cuadrado de la distancia.
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La fuerza de gravedad de todo cuerpo material está en proporción directa con su masa. En los cálculos astronómicos primero debemos conocer la masa de nuestra Tierra. Los experimentos nos indican que la densidad de nuestra roca más dura no supera los 2,8; pero, debido a la enorme presión a la que debe estar sometida la materia a grandes profundidades bajo la superficie, y al hecho de que el peso de la masa superior aumenta constantemente, es completamente seguro que la densidad de la Tierra debe ser mucho mayor que esto. Maskelyne determinó la atracción de masas grandes mediante un plomazo y una cuerda en el monte Schehallion.[20] Cavendish, con un aparato extremadamente delicado, observó la atracción entre masas de peso y tamaño conocidos. Aplicando los métodos de cálculo aritmético y los datos obtenidos de los pequeños experimentos a fenómenos más grandes, Maskelyne determinó que la densidad media de la Tierra era de 4,71, mientras que Cavendish la calculó en 5,48; sin embargo, las investigaciones más recientes realizadas por Baily determinaron que es de 5,67.[21]
A partir de datos obtenidos mediante experimentos inductivos rigurosos y análisis matemáticos, el astrónomo, al observar las desviaciones de una estrella distante, puede determinar la influencia de esos cuerpos estelares cercanos por los cuales pasa, y así calcular sus magnitudes relativas. De esta manera, la precisión de esta ley se pone a prueba de la forma más estricta, y la exactitud de las predicciones astronómicas constituye la prueba más contundente de su universalidad y verdad.
Mientras sigue su solitario camino en la inmensidad de nuestro sistema solar, el planeta Urano fue descubierto por el anciano Herschel; su distancia era tan grande que su luz atenuada apenas podía ser detectada incluso con los telescopios más potentes. Pero desde su descubrimiento, su trayectoria ha sido vigilada cuidadosamente, y se han observado algunas irregularidades. La mayoría de estas perturbaciones se debían a causas conocidas; pero se observó un ligero cambio en su velocidad de movimiento cuando el planeta se encontraba en una parte de su vasta órbita, lo cual no tenía explicación. Convencido de la validez de la ley de Newton, y habiendo determinado que la atracción de masas conocidas no era suficiente para producir esa perturbación, estas desviaciones se atribuyeron a la influencia gravitatoria de una masa situada más allá de los límites conocidos de nuestro Sistema Solar. Gracias a las investigaciones de Adams en Inglaterra[22] y Le Verrier en Francia[23], se determinó la ubicación de esa masa hipotética y se calculó su tamaño. Esto constituye una gran confirmación de esta gran ley, y un homenaje a esas dos mentes perspicaces que han aportado tanto a la ciencia.
A partir de datos obtenidos mediante experimentos inductivos rigurosos y análisis matemáticos, el astrónomo, al observar las desviaciones de una estrella distante, puede determinar la influencia de esos cuerpos estelares cercanos por los cuales pasa, y así calcular sus magnitudes relativas. De esta manera, la precisión de esta ley se pone a prueba de la forma más estricta, y la exactitud de las predicciones astronómicas constituye la prueba más contundente de su universalidad y verdad.
Mientras sigue su solitario camino en la inmensidad de nuestro sistema solar, el planeta Urano fue descubierto por el anciano Herschel; su distancia era tan grande que su luz atenuada apenas podía ser detectada incluso con los telescopios más potentes. Pero desde su descubrimiento, su trayectoria ha sido vigilada cuidadosamente, y se han observado algunas irregularidades. La mayoría de estas perturbaciones se debían a causas conocidas; pero se observó un ligero cambio en su velocidad de movimiento cuando el planeta se encontraba en una parte de su vasta órbita, lo cual no tenía explicación. Convencido de la validez de la ley de Newton, y habiendo determinado que la atracción de masas conocidas no era suficiente para producir esa perturbación, estas desviaciones se atribuyeron a la influencia gravitatoria de una masa situada más allá de los límites conocidos de nuestro Sistema Solar. Gracias a las investigaciones de Adams en Inglaterra[22] y Le Verrier en Francia[23], se determinó la ubicación de esa masa hipotética y se calculó su tamaño. Esto constituye una gran confirmación de esta gran ley, y un homenaje a esas dos mentes perspicaces que han aportado tanto a la ciencia.
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Según sus respectivos países y su edad, la hipótesis se convirtió en realidad con el descubrimiento del planeta Neptuno en el lugar determinado por cálculos rigurosos. La astronomía ofrece otros ejemplos de la sublime verdad de la ley de la gravedad, más allá de los cuales la ciencia no puede ofrecer poesía más elevada. Toda la naturaleza está tan completamente ligada por los vínculos de este poder infinito, que no es una exageración poética afirmar que el impulso que desgarra cualquier masa terrestre se transmite mediante impulsos sucesivos a cada una de las miríadas de órbitas, que incluso están demasiado lejos como para ser vistas con un telescopio. Un experimento ilustrativo debe cerrar nuestra consideración de las operaciones relativas de rotación y gravedad. Sabemos bien que un cuerpo en estado líquido, si estuviera suspendido sobre la Tierra y al mismo tiempo pudiera adoptar cualquier forma, naturalmente adoptaría la de un esferoide achatado, debido a la acción de la masa terrestre sobre él; mientras que la fuerza de atracción cohesiva, actuando igualmente desde todos los lados de un centro, produciría necesariamente una esfera perfecta si no estuviera influenciada por nada. El mejor método para demostrar que así sería es el siguiente: hay que mezclar alcohol y agua hasta que el líquido tenga la misma densidad que el aceite de oliva. Si, una vez logrado esto, dejamos caer gotas de aceite en el líquido mezclado, se observará que adoptan una forma circular; y, por supuesto, en este experimento el poder de la influencia gravitatoria de la Tierra queda neutralizado. Las mismas gotas de aceite, en cualquier otra condición, quedarían achatadas. Por simple que sea esta ilustración, revela mucho sobre el maravilloso secreto de esas fuerzas de cohesión y gravedad tan bien equilibradas; y a partir de este hecho prosaico ascendemos a una gran verdad filosófica. Nuestro experimento puede llevarnos aún más lejos en la ilustración de fenómenos conocidos. Si pasamos un alambre de acero a través de una de esas esferas flotantes de aceite e hicimos que gire rápidamente y de manera constante, imitando así el movimiento de un planeta alrededor de su eje, el aceite se extiende y obtenemos la forma esferoide de nuestra Tierra. Si aumentamos la rapidez de esta rotación, y cuando se alcanza una cierta velocidad, el aceite se ensancha formando un disco; un anillo se separa del globo central y, a cierta distancia de él, sigue girando alrededor de él.[24] Aquí tenemos una representación en miniatura del anillo de Saturno. Este es un experimento sugestivo; su repetición por parte de mentes reflexivas no dejará de conducir a deducciones importantes. Están involucrados los fenómenos de cohesión, de movimiento y de gravedad; y obtenemos resultados que, de manera sorprendente, se asemejan a las condiciones que prevalecen en los espacios planetarios, bajo
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La influencia de las mismas fuerzas. Si tomamos una esfera de vidrio y la llenamos con un fluido de la densidad adecuada, y luego dejamos caer en ella glóbulos de aceite, grandes y pequeños, podemos crear una representación ilustrativa del firmamento estelar, con sus hermosas esferas de luz que giran en sus respectivas órbitas; y aunque sus trayectorias se cruzan, siguen moviéndose obedeciendo a las fuerzas de atracción y repulsión, en perfecta armonía.
Desde el centro de nuestra Tierra hasta los confines más lejanos del universo, desde lo infinitamente pequeño hasta lo inmensamente vasto, la gravedad ejerce su fuerza. En todos lados se encuentra con fuerzas físicas que actúan en oposición a ella, pero, como un espíritu dominante, las contiene en sus actitudes más salvajes.
El más pequeño grano de polvo que flota con el viento lleva esta fuerte huella de la Mente Eterna. Alrededor de él, fuerzas sutiles actúan en misterio; y la gravedad une y guía todo. En cada grano de arena, antes de ser arrojado por la tormenta, están encerradas las fuerzas que regulan un mundo. Y desde cada átomo, el pensamiento humano puede elevarse con fuerza para penetrar los misterios del cielo, para examinar cada fuerza que rige este gran plan, ya sea el movimiento de los planetas o la respiración del hombre; y de las maravillas ocultas de cada elemento, extraer las verdades y conocer el poder de Dios.
NOTAS AL PIE:
[13] Se pueden utilizar tres hipótesis para explicar este fenómeno tan curioso.
1ª. El cuerpo brilla por su propia luz y luego explota como un cohete, desintegrándose en fragmentos tan pequeños que ya no son visibles a simple vista.
2ª. Tal cuerpo, después de haber brillado por su propia luz, deja de ser luminoso de repente. “Las estrellas fugaces y otros meteoros ardientes que se ven con frecuencia a gran altura en la atmósfera, y que han recibido diferentes nombres según la variedad de su forma y tamaño, provienen de…”
Desde el centro de nuestra Tierra hasta los confines más lejanos del universo, desde lo infinitamente pequeño hasta lo inmensamente vasto, la gravedad ejerce su fuerza. En todos lados se encuentra con fuerzas físicas que actúan en oposición a ella, pero, como un espíritu dominante, las contiene en sus actitudes más salvajes.
El más pequeño grano de polvo que flota con el viento lleva esta fuerte huella de la Mente Eterna. Alrededor de él, fuerzas sutiles actúan en misterio; y la gravedad une y guía todo. En cada grano de arena, antes de ser arrojado por la tormenta, están encerradas las fuerzas que regulan un mundo. Y desde cada átomo, el pensamiento humano puede elevarse con fuerza para penetrar los misterios del cielo, para examinar cada fuerza que rige este gran plan, ya sea el movimiento de los planetas o la respiración del hombre; y de las maravillas ocultas de cada elemento, extraer las verdades y conocer el poder de Dios.
NOTAS AL PIE:
[13] Se pueden utilizar tres hipótesis para explicar este fenómeno tan curioso.
1ª. El cuerpo brilla por su propia luz y luego explota como un cohete, desintegrándose en fragmentos tan pequeños que ya no son visibles a simple vista.
2ª. Tal cuerpo, después de haber brillado por su propia luz, deja de ser luminoso de repente. “Las estrellas fugaces y otros meteoros ardientes que se ven con frecuencia a gran altura en la atmósfera, y que han recibido diferentes nombres según la variedad de su forma y tamaño, provienen de…”
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fermentación de los efluvios de cuerpos ácidos y alcalinos que flotan en la atmósfera. Cuando las partes más sutiles de esos efluvios se queman, las partes viscosas y terrosas se vuelven demasiado pesadas para que el aire las sostenga, y por su gravedad caen a la tierra”. —Keith’s Use of the Globes. Según Sir Humphry Davy, en las Philosophical Transactions de 1847, “las apariciones luminosas de las estrellas fugaces y los meteoros no pueden deberse a ninguna inflamación de fluidos elásticos, sino que deben depender de la ignición de cuerpos sólidos”.
3. El cuerpo brilla por la luz reflejada del sol, y deja de ser visible al entrar en la sombra de la tierra, o, en otras palabras, es eclipsado. Sobre las dos primeras suposiciones, el hecho de la desaparición de la estrella no nos proporciona conocimiento alguno sobre su posición ni sobre su distancia de la tierra; y todo lo que se puede decir es que, si se trata de un satélite de la tierra, la gran rapidez de su movimiento implica que debe encontrarse a poca distancia de la superficie terrestre, mucho más cerca que la luna; mientras que la resistencia que encontraría al atravesar el aire sería tan grande que probablemente esté fuera de los límites de nuestra atmósfera. Sir J. W. Lubbock se inclina por la tercera hipótesis. —Sir J. W. Lubbock, On Shooting Stars: Phil. Mag. N.º 213, p. 81.
Sir J. Lubbock también publicó un artículo complementario sobre el mismo tema, en el N.º 214, p. 170.
El Sr. J. P. Joule propone una hipótesis respecto a las estrellas fugaces similar a la defendida por Chladni para explicar las piedras meteoríticas, y considera que la ignición de estos minúsculos cuerpos planetarios debido a su colisión violenta con nuestra atmósfera es una ilustración notable de la doctrina de la equivalencia entre el calor y la energía mecánica, o vis viva.
Si suponemos que una piedra meteorítica del tamaño de un cubo de seis pulgadas entra en nuestra atmósfera a una velocidad de dieciocho millas por segundo, siendo la densidad de la atmósfera en la superficie terrestre 1/100 de su densidad normal, la resistencia que se opondrá al movimiento de la piedra será al menos de 51.600 libras; y si la piedra recorre veinte millas con esa cantidad de resistencia, se generará suficiente calor como para elevar en 1° Fahrenheit la temperatura de 6.967.980 libras de agua. Por supuesto, la mayor parte de este calor irá a parar al aire desplazado, cada partícula del cual sufrirá el impacto, mientras solo la superficie de la piedra chocará violentamente con la atmósfera. Por lo tanto, la piedra puede considerarse como si estuviera sumergida en una ráfaga de aire intensamente caliente, siendo el calor transmitido desde la superficie hacia el centro por conducción. Solo una pequeña parte del calor generado será absorbida por la piedra; pero si estimamos esa proporción en solo 1/100, seguirá siendo igual a 1° Fahrenheit por cada 69.679 libras de agua, una cantidad suficiente para derretir y disipar cualquier material del que esté compuesta. —Sr. J. P. Joule, On Shooting Stars: Phil. Mag. N.º 216, p. 348.
[14] “Laplace conjetura que, en la condición original del sistema solar, el sol giraba sobre su eje, rodeado por una atmósfera que, debido a un calor excesivo, se extendía mucho más allá de las órbitas de todos los planetas, los cuales aún no existían. El calor disminuyó gradualmente, y a medida que la atmósfera solar se contraía por enfriamiento, la rapidez de su rotación aumentó según las leyes del movimiento rotatorio; y una zona exterior de vapor se separó del resto, ya que la atracción central ya no podía superar la fuerza centrífuga cada vez mayor. Esta zona de vapor podría, en algunos casos, mantener su forma, como vemos en los anillos de Saturno; pero más a menudo el anillo de vapor se rompería en
3. El cuerpo brilla por la luz reflejada del sol, y deja de ser visible al entrar en la sombra de la tierra, o, en otras palabras, es eclipsado. Sobre las dos primeras suposiciones, el hecho de la desaparición de la estrella no nos proporciona conocimiento alguno sobre su posición ni sobre su distancia de la tierra; y todo lo que se puede decir es que, si se trata de un satélite de la tierra, la gran rapidez de su movimiento implica que debe encontrarse a poca distancia de la superficie terrestre, mucho más cerca que la luna; mientras que la resistencia que encontraría al atravesar el aire sería tan grande que probablemente esté fuera de los límites de nuestra atmósfera. Sir J. W. Lubbock se inclina por la tercera hipótesis. —Sir J. W. Lubbock, On Shooting Stars: Phil. Mag. N.º 213, p. 81.
Sir J. Lubbock también publicó un artículo complementario sobre el mismo tema, en el N.º 214, p. 170.
El Sr. J. P. Joule propone una hipótesis respecto a las estrellas fugaces similar a la defendida por Chladni para explicar las piedras meteoríticas, y considera que la ignición de estos minúsculos cuerpos planetarios debido a su colisión violenta con nuestra atmósfera es una ilustración notable de la doctrina de la equivalencia entre el calor y la energía mecánica, o vis viva.
Si suponemos que una piedra meteorítica del tamaño de un cubo de seis pulgadas entra en nuestra atmósfera a una velocidad de dieciocho millas por segundo, siendo la densidad de la atmósfera en la superficie terrestre 1/100 de su densidad normal, la resistencia que se opondrá al movimiento de la piedra será al menos de 51.600 libras; y si la piedra recorre veinte millas con esa cantidad de resistencia, se generará suficiente calor como para elevar en 1° Fahrenheit la temperatura de 6.967.980 libras de agua. Por supuesto, la mayor parte de este calor irá a parar al aire desplazado, cada partícula del cual sufrirá el impacto, mientras solo la superficie de la piedra chocará violentamente con la atmósfera. Por lo tanto, la piedra puede considerarse como si estuviera sumergida en una ráfaga de aire intensamente caliente, siendo el calor transmitido desde la superficie hacia el centro por conducción. Solo una pequeña parte del calor generado será absorbida por la piedra; pero si estimamos esa proporción en solo 1/100, seguirá siendo igual a 1° Fahrenheit por cada 69.679 libras de agua, una cantidad suficiente para derretir y disipar cualquier material del que esté compuesta. —Sr. J. P. Joule, On Shooting Stars: Phil. Mag. N.º 216, p. 348.
[14] “Laplace conjetura que, en la condición original del sistema solar, el sol giraba sobre su eje, rodeado por una atmósfera que, debido a un calor excesivo, se extendía mucho más allá de las órbitas de todos los planetas, los cuales aún no existían. El calor disminuyó gradualmente, y a medida que la atmósfera solar se contraía por enfriamiento, la rapidez de su rotación aumentó según las leyes del movimiento rotatorio; y una zona exterior de vapor se separó del resto, ya que la atracción central ya no podía superar la fuerza centrífuga cada vez mayor. Esta zona de vapor podría, en algunos casos, mantener su forma, como vemos en los anillos de Saturno; pero más a menudo el anillo de vapor se rompería en
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“Varias masas, y estas generalmente se unirían en una sola masa, la cual giraría alrededor del sol”, —Tratado de Bridgewater de Whewell.
El siguiente pasaje es traducción del mismo autor de Laplace:—
“El estado anterior (un estado de brillo difuso) estuvo a su vez precedido por otros estados, en los cuales la materia nebulosa era cada vez más difusa, y el núcleo cada vez menos luminoso. De esta manera llegamos a una nebulosidad tan difusa que apenas se podría sospechar su existencia. Ese es, de hecho, el primer estado de la nebulosa que Herschel observó cuidadosamente mediante su telescopio”.
Sir William Herschel tiene las siguientes observaciones sobre estas masas notables:—
“La naturaleza de las nebulosas planetarias, que hasta ahora estuvo envuelta en gran oscuridad, ahora puede explicarse con cierto grado de satisfacción, ya que el brillo uniforme y muy considerable de su disco aparente concuerda notablemente bien con un fluido luminoso muy condensado; mientras que suponer que están formadas por estrellas agrupadas no explica completamente el tono lechoso o suave de su luz, para producirlo sería necesario que la condensación de las estrellas alcanzara un grado de acumulación casi inconcebible.
“Hasta qué punto la luz que se emite continuamente desde millones de soles puede estar relacionada con este fluido brillante, sería presuntuoso intentar determinarlo; pero a pesar de la increíble sutileza de las partículas de luz, cuando el número de cuerpos emisores es casi infinitamente grande y el tiempo de emisión continua es indefinidamente largo, la cantidad de partículas emitidas puede ser suficiente para constituir un fluido brillante o una materia luminosa, siempre y cuando se encuentre una causa que impida que estas partículas se dispersen o que se reúnan”. —Observaciones sobre las estrellas nebulosas: Philosophical Transactions, vol. lxxxi, año 1791.
Además, los siguientes memorandos sobre el mismo tema, de Sir William Herschel, han sido publicados en Philosophical Transactions:— Catálogo de 1000 nebulosas y cúmulos de estrellas, vol. lxxvi; Catálogo de otras 1000, con observaciones sobre los cielos, vol. lxxix; Catálogo de 500 más, con observaciones similares, vol. xcii; Sobre aquellas que tienen aspecto de cometas, vol. ci; Sobre las nebulosas planetarias, ibíd.; Sobre las nebulosas estelares, ibíd.; Sobre la parte estelar de los cielos y su relación con las nebulosas, vol. civ; Sobre las distancias relativas de los cúmulos de estrellas nebulosas, vol. cviii.
[15] Los hermosos telescopios de Lord Rosse fueron construidos según principios que parecen abarcar las mejores condiciones posibles para obtener una superficie reflectora capaz de reflejar la mayor cantidad posible de luz, manteniendo esa propiedad prácticamente intacta durante un largo tiempo. La aleación utilizada para este fin consiste en estaño y cobre en proporciones atómicas, es decir, un átomo de estaño por cuatro átomos de cobre, o en términos de peso, 58,9 a 126,4. —Sobre la construcción de grandes telescopios reflectantes: por Lord Rosse. Informe de la decimocuarta reunión de la Asociación Británica, 1844, p. 79.
[16] La mejor descripción de la Luz Zodiacal se encuentra en una carta enviada por Sir John Herschel al periódico Times en marzo de 1843:— “La Luz Zodiacal, como su nombre indica, aparece invariablemente en el zodiaco, o, para ser más precisos, en el plano del ecuador solar, que está inclinado 7° con respecto al zodiaco, y que…”
El siguiente pasaje es traducción del mismo autor de Laplace:—
“El estado anterior (un estado de brillo difuso) estuvo a su vez precedido por otros estados, en los cuales la materia nebulosa era cada vez más difusa, y el núcleo cada vez menos luminoso. De esta manera llegamos a una nebulosidad tan difusa que apenas se podría sospechar su existencia. Ese es, de hecho, el primer estado de la nebulosa que Herschel observó cuidadosamente mediante su telescopio”.
Sir William Herschel tiene las siguientes observaciones sobre estas masas notables:—
“La naturaleza de las nebulosas planetarias, que hasta ahora estuvo envuelta en gran oscuridad, ahora puede explicarse con cierto grado de satisfacción, ya que el brillo uniforme y muy considerable de su disco aparente concuerda notablemente bien con un fluido luminoso muy condensado; mientras que suponer que están formadas por estrellas agrupadas no explica completamente el tono lechoso o suave de su luz, para producirlo sería necesario que la condensación de las estrellas alcanzara un grado de acumulación casi inconcebible.
“Hasta qué punto la luz que se emite continuamente desde millones de soles puede estar relacionada con este fluido brillante, sería presuntuoso intentar determinarlo; pero a pesar de la increíble sutileza de las partículas de luz, cuando el número de cuerpos emisores es casi infinitamente grande y el tiempo de emisión continua es indefinidamente largo, la cantidad de partículas emitidas puede ser suficiente para constituir un fluido brillante o una materia luminosa, siempre y cuando se encuentre una causa que impida que estas partículas se dispersen o que se reúnan”. —Observaciones sobre las estrellas nebulosas: Philosophical Transactions, vol. lxxxi, año 1791.
Además, los siguientes memorandos sobre el mismo tema, de Sir William Herschel, han sido publicados en Philosophical Transactions:— Catálogo de 1000 nebulosas y cúmulos de estrellas, vol. lxxvi; Catálogo de otras 1000, con observaciones sobre los cielos, vol. lxxix; Catálogo de 500 más, con observaciones similares, vol. xcii; Sobre aquellas que tienen aspecto de cometas, vol. ci; Sobre las nebulosas planetarias, ibíd.; Sobre las nebulosas estelares, ibíd.; Sobre la parte estelar de los cielos y su relación con las nebulosas, vol. civ; Sobre las distancias relativas de los cúmulos de estrellas nebulosas, vol. cviii.
[15] Los hermosos telescopios de Lord Rosse fueron construidos según principios que parecen abarcar las mejores condiciones posibles para obtener una superficie reflectora capaz de reflejar la mayor cantidad posible de luz, manteniendo esa propiedad prácticamente intacta durante un largo tiempo. La aleación utilizada para este fin consiste en estaño y cobre en proporciones atómicas, es decir, un átomo de estaño por cuatro átomos de cobre, o en términos de peso, 58,9 a 126,4. —Sobre la construcción de grandes telescopios reflectantes: por Lord Rosse. Informe de la decimocuarta reunión de la Asociación Británica, 1844, p. 79.
[16] La mejor descripción de la Luz Zodiacal se encuentra en una carta enviada por Sir John Herschel al periódico Times en marzo de 1843:— “La Luz Zodiacal, como su nombre indica, aparece invariablemente en el zodiaco, o, para ser más precisos, en el plano del ecuador solar, que está inclinado 7° con respecto al zodiaco, y que…”
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El plano, visto desde el Sol, interseca la eclíptica en longitudes de 78° y 258°, es decir, bastante por delante de los puntos de equinoccio; en consecuencia, se observa de la mejor manera durante o poco después de los equinoccios; después del atardecer, en el equinoccio de primavera, y antes del amanecer, en el equinoccio de otoño. Esto se debe no solo a que la dirección de su eje aparente está en esos momentos más cercana a la perpendicular al horizonte, sino también a que en esas épocas nos acercamos a la situación en la que se puede observar de forma más completa en sección.
“En el equinoccio de primavera, la luz zodiacal tiene la apariencia de un cuerpo luminoso bastante amplio, piramidal o más bien lenticular, que comienza a ser visible tan pronto como disminuye el crepúsculo. Es muy brillante en su parte inferior o más ancha, cerca del horizonte; y, si hay nubes dispersas, a menudo parece el resplandor de una conflagración lejana o de la luna en ascenso, solo que menos rojo. En resumen, se trata de masas de luz amorfas, similares a las que uno de sus corresponsales consideró posiblemente relacionadas con el cometa. A mayores altitudes, su luz se atenúa gradualmente, y rara vez se puede detectar más allá de las Pléyades, que, sin embargo, suele alcanzar y envolver. Y (lo que es más importante para mis propósitos actuales), su eje en el equinoccio de primavera siempre está inclinado (hacia el norte del ecuador) en un ángulo de entre 60° y 70° con respecto al horizonte. Es más luminosa en su base, donde reposa sobre el horizonte, y allí también es más ancha, ocupando, de hecho, una amplitud angular de unos 10° o 12° en condiciones meteorológicas normales y claras.”
[17] “La suposición de que el extensión del firmamento estrellado es literalmente infinita fue planteada por uno de los más grandes astrónomos, el difunto Dr. Olbers. Esta suposición sirvió de base para concluir que los espacios celestes carecen, hasta cierto punto, de transparencia; por lo tanto, todo lo que está más allá de una cierta distancia permanece, y siempre permanecerá, invisible. La progresión geométrica de la extinción de la luz supera con creces el efecto de cualquier aumento imaginable en la potencia de nuestros telescopios. De no ser así, se argumenta, cada parte del espacio celeste debería brillar con la misma intensidad que el disco solar, ya que ningún rayo visual podría dirigirse de tal manera que, en algún punto de su longitud infinita, no chocara con dicho disco.” — Edinburgh Review, p. 185, enero de 1848; Etudes d’Astronomie Stellaire.
[18] En las Astronomische Nachrichten de julio de 1846 apareció un memorando de M. Mädler, titulado Die Centralsonne. Las conclusiones a las que llegó Mädler pueden entenderse a partir de la siguiente cita de una traducción al francés realizada por M. A. Gautier, publicada en las Archives des Sciences Physiques et Naturelles en octubre de 1846: “Aunque de lo anterior se deduce que la región del cielo que he elegido cumple con todas las condiciones mencionadas anteriormente, sigue siendo conveniente someterla a todas las pruebas posibles. Varios intentos de combinar diferentes opciones me han convencido de que no se podría encontrar ningún otro punto en el cielo que pudiera sustituir, aunque sea de forma aproximada, al que he elegido. Ahora podrían plantearse objeciones como que, si la región del cielo donde se encuentra el centro de gravedad de nuestro sistema de estrellas fijas está determinada por lo anterior dentro de ciertos límites, eso no implica necesariamente que Alcione deba ser elegida como ese centro, ya que podría encontrarse en otra estrella situada dentro del grupo o en sus inmediaciones. Pero además de que es precisamente allí donde se encuentra el grupo más brillante y rico en estrellas de todo el cielo, y de que aquí no se trata de un punto arbitrario situado en una zona poco visible y sin ninguna característica distintiva, no existe en ningún lugar, ni siquiera en la región vecina, una coincidencia tan exacta en los movimientos”.
“En el equinoccio de primavera, la luz zodiacal tiene la apariencia de un cuerpo luminoso bastante amplio, piramidal o más bien lenticular, que comienza a ser visible tan pronto como disminuye el crepúsculo. Es muy brillante en su parte inferior o más ancha, cerca del horizonte; y, si hay nubes dispersas, a menudo parece el resplandor de una conflagración lejana o de la luna en ascenso, solo que menos rojo. En resumen, se trata de masas de luz amorfas, similares a las que uno de sus corresponsales consideró posiblemente relacionadas con el cometa. A mayores altitudes, su luz se atenúa gradualmente, y rara vez se puede detectar más allá de las Pléyades, que, sin embargo, suele alcanzar y envolver. Y (lo que es más importante para mis propósitos actuales), su eje en el equinoccio de primavera siempre está inclinado (hacia el norte del ecuador) en un ángulo de entre 60° y 70° con respecto al horizonte. Es más luminosa en su base, donde reposa sobre el horizonte, y allí también es más ancha, ocupando, de hecho, una amplitud angular de unos 10° o 12° en condiciones meteorológicas normales y claras.”
[17] “La suposición de que el extensión del firmamento estrellado es literalmente infinita fue planteada por uno de los más grandes astrónomos, el difunto Dr. Olbers. Esta suposición sirvió de base para concluir que los espacios celestes carecen, hasta cierto punto, de transparencia; por lo tanto, todo lo que está más allá de una cierta distancia permanece, y siempre permanecerá, invisible. La progresión geométrica de la extinción de la luz supera con creces el efecto de cualquier aumento imaginable en la potencia de nuestros telescopios. De no ser así, se argumenta, cada parte del espacio celeste debería brillar con la misma intensidad que el disco solar, ya que ningún rayo visual podría dirigirse de tal manera que, en algún punto de su longitud infinita, no chocara con dicho disco.” — Edinburgh Review, p. 185, enero de 1848; Etudes d’Astronomie Stellaire.
[18] En las Astronomische Nachrichten de julio de 1846 apareció un memorando de M. Mädler, titulado Die Centralsonne. Las conclusiones a las que llegó Mädler pueden entenderse a partir de la siguiente cita de una traducción al francés realizada por M. A. Gautier, publicada en las Archives des Sciences Physiques et Naturelles en octubre de 1846: “Aunque de lo anterior se deduce que la región del cielo que he elegido cumple con todas las condiciones mencionadas anteriormente, sigue siendo conveniente someterla a todas las pruebas posibles. Varios intentos de combinar diferentes opciones me han convencido de que no se podría encontrar ningún otro punto en el cielo que pudiera sustituir, aunque sea de forma aproximada, al que he elegido. Ahora podrían plantearse objeciones como que, si la región del cielo donde se encuentra el centro de gravedad de nuestro sistema de estrellas fijas está determinada por lo anterior dentro de ciertos límites, eso no implica necesariamente que Alcione deba ser elegida como ese centro, ya que podría encontrarse en otra estrella situada dentro del grupo o en sus inmediaciones. Pero además de que es precisamente allí donde se encuentra el grupo más brillante y rico en estrellas de todo el cielo, y de que aquí no se trata de un punto arbitrario situado en una zona poco visible y sin ninguna característica distintiva, no existe en ningún lugar, ni siquiera en la región vecina, una coincidencia tan exacta en los movimientos”.
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Movimientos propios únicos de este grupo, y estos movimientos se corresponden mejor que todos los demás con las condiciones establecidas anteriormente. Ahora bien, si hay que considerar este grupo central, entre estrellas igualmente distantes, podemos suponer que la más brillante de todas presenta la mayor masa. Además, Alción, considerada desde el punto de vista óptico, se encuentra en el centro del grupo de las Pléyades; y su movimiento propio, determinado por Bessel, está más exactamente en consonancia con la media de los movimientos de las demás Pléyades, así como de las estrellas de esa región hasta una distancia de 10°. Por lo tanto, puedo concluir, como consecuencia de todo lo anterior, que el grupo de las Pléyades es el grupo central de todo el sistema de estrellas fijas, hasta los límites exteriores determinados por la Vía Láctea; y que Alción es la estrella de este grupo que, con toda probabilidad, es el verdadero Sol central.
[19] Véase el artículo “Sobre la gravedad”, de la Penny Cyclopædia, escrito por el Astrónomo Real.
[20] Delambre sitúa el inicio de la observación astronómica moderna en su forma más perfecta en Maskelyne, quien fue el primero en elaborar lo que hoy se denomina un catálogo estándar de estrellas (año 1790); es decir, un conjunto de estrellas observadas con tanta frecuencia y precisión que sus posiciones sirven como puntos de referencia en el cielo. Su sugerencia relativa al Almanaque Náutico, y su supervisión de dicho almanaque hasta el final de su vida, desde su primera publicación en 1767, se mencionan en el Almanaque (volumen I, página 364); su experimento sobre la atracción, en el volumen III, página 69; y las características de sus observaciones en el Observatorio de Greenwich, en el volumen II, página 442.
[21] Experimentos para determinar la densidad de la Tierra. De Henry Cavendish, Esq., F.R.S. y F.A.S. — Philosophical Transactions, 1798.
[22] Adams: Explicación de las irregularidades observadas en el movimiento de Urano, basada en la hipótesis de una perturbación causada por un planeta más distante. — Apéndice al Almanaque Náutico para el año 1851.
[23] Le Verrier: Primer memorando sobre la teoría de Urano, Comptes Rendus, volumen XXI; Sobre el planeta que produce las anomalías observadas en el movimiento de Urano. — Ibíd., volumen XXIII.
[24] El experimento al que se hace referencia es uno de una serie realizada por el Sr. Plateau, quien describe así su método para manejar el fluido: “Comenzamos preparando una mezcla de alcohol y agua destilada, con un exceso de alcohol, de modo que, al someterla a pruebas, permite que la pequeña esfera de aceite caiga rápidamente al fondo. Una vez logrado esto, todo se coloca en filtros, procurando cubrir los embudos que contienen el aceite con placas de vidrio; esta precaución se toma para evitar, en la medida de lo posible, la evaporación del alcohol. El líquido alcohólico pasa primero por los filtros, llevando consigo cierto número de esferulitas de aceite muy pequeñas. Cuando la mayor parte del líquido ya ha pasado, las esferulitas se vuelven más numerosas; lo que queda en los filtros, es decir, el aceite y un residuo de líquido alcohólico, se coloca entonces en un único filtro situado en un frasco nuevo. Esta última filtración tiene lugar mucho más lentamente que la primera, debido a la viscosidad del aceite; se acelera considerablemente al renovar el filtro una o dos veces durante la operación. Si el embudo se ha cubierto adecuadamente, el aceite se acumulará en una sola masa en el fondo del frasco, debajo de una capa de líquido alcohólico”. — Sobre los fenómenos presentados por una masa líquida libre extraída de su entorno.
[19] Véase el artículo “Sobre la gravedad”, de la Penny Cyclopædia, escrito por el Astrónomo Real.
[20] Delambre sitúa el inicio de la observación astronómica moderna en su forma más perfecta en Maskelyne, quien fue el primero en elaborar lo que hoy se denomina un catálogo estándar de estrellas (año 1790); es decir, un conjunto de estrellas observadas con tanta frecuencia y precisión que sus posiciones sirven como puntos de referencia en el cielo. Su sugerencia relativa al Almanaque Náutico, y su supervisión de dicho almanaque hasta el final de su vida, desde su primera publicación en 1767, se mencionan en el Almanaque (volumen I, página 364); su experimento sobre la atracción, en el volumen III, página 69; y las características de sus observaciones en el Observatorio de Greenwich, en el volumen II, página 442.
[21] Experimentos para determinar la densidad de la Tierra. De Henry Cavendish, Esq., F.R.S. y F.A.S. — Philosophical Transactions, 1798.
[22] Adams: Explicación de las irregularidades observadas en el movimiento de Urano, basada en la hipótesis de una perturbación causada por un planeta más distante. — Apéndice al Almanaque Náutico para el año 1851.
[23] Le Verrier: Primer memorando sobre la teoría de Urano, Comptes Rendus, volumen XXI; Sobre el planeta que produce las anomalías observadas en el movimiento de Urano. — Ibíd., volumen XXIII.
[24] El experimento al que se hace referencia es uno de una serie realizada por el Sr. Plateau, quien describe así su método para manejar el fluido: “Comenzamos preparando una mezcla de alcohol y agua destilada, con un exceso de alcohol, de modo que, al someterla a pruebas, permite que la pequeña esfera de aceite caiga rápidamente al fondo. Una vez logrado esto, todo se coloca en filtros, procurando cubrir los embudos que contienen el aceite con placas de vidrio; esta precaución se toma para evitar, en la medida de lo posible, la evaporación del alcohol. El líquido alcohólico pasa primero por los filtros, llevando consigo cierto número de esferulitas de aceite muy pequeñas. Cuando la mayor parte del líquido ya ha pasado, las esferulitas se vuelven más numerosas; lo que queda en los filtros, es decir, el aceite y un residuo de líquido alcohólico, se coloca entonces en un único filtro situado en un frasco nuevo. Esta última filtración tiene lugar mucho más lentamente que la primera, debido a la viscosidad del aceite; se acelera considerablemente al renovar el filtro una o dos veces durante la operación. Si el embudo se ha cubierto adecuadamente, el aceite se acumulará en una sola masa en el fondo del frasco, debajo de una capa de líquido alcohólico”. — Sobre los fenómenos presentados por una masa líquida libre extraída de su entorno.
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de la Gravedad. Por el profesor Plateau, de la Universidad de Gante. Traducido de las Memorias de la Real Academia de Bruselas, tomo XVI; en las Memorias Científicas, tomo IV, parte 13.
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CAPÍTULO IV.
FORTALEZAS MOLECULARES.
Condiciones de la materia—Variedad de formas organizadas—Formas inorgánicas—Toda materia reducible a las condiciones más simples—Transmutación, una operación natural—Principios elementales químicos—Divisibilidad de la materia—Átomos—Moléculas—Partículas—La fuerza molecular incluye varios agentes—Ejemplificado en la acción del calor sobre los cuerpos—Todos los cuerpos son porosos—Solución—Mezcla—Combinación—Centros de fuerza—Diferentes estados de la materia (condiciones alotrópicas)—Teorías de Franklin, Äpinus y Coulomb—Agentes eléctricos y magnéticos—Conceptos antiguos—Atracción cohesiva, etc.
Al contemplar las obras de la naturaleza, no podemos dejar de observar, con sentimientos de admiración religiosa, la infinita variedad de formas bajo las cuales la materia se presenta a nuestros sentidos. Por doquier se exhibe la mayor diversidad; en todas las cosas percibimos el orden más perfecto; y sobre todo se difunde el encanto de la belleza. Solo los ignorantes o los depravados encuentran deformidades en las creaciones que nos rodean.
Las tres condiciones de la materia son: el sólido, el líquido y el gaseoso; y estas pertenecen por igual al mundo orgánico y al inorgánico. En la naturaleza orgánica tenemos una variedad casi infinita de formas animales, que presentan desarrollos muy diferentes entre sí, pero en todos los casos adecuados a las circunstancias requeridas por la posición que ocupa la criatura en la escala de la existencia. A lo largo de toda la serie, desde el pólipo hasta los animales de orden superior, e incluso hasta el hombre, encontramos una uniformidad en el progreso hacia la perfección y una continuidad en la serie, lo cual revela el gran secreto de que el misterio de la vida es el mismo en todos: una esencia espiritual omnipresente asociada a la materia, y que la modifica mediante el mecanismo maestro de una Mente Infinita.
FORTALEZAS MOLECULARES.
Condiciones de la materia—Variedad de formas organizadas—Formas inorgánicas—Toda materia reducible a las condiciones más simples—Transmutación, una operación natural—Principios elementales químicos—Divisibilidad de la materia—Átomos—Moléculas—Partículas—La fuerza molecular incluye varios agentes—Ejemplificado en la acción del calor sobre los cuerpos—Todos los cuerpos son porosos—Solución—Mezcla—Combinación—Centros de fuerza—Diferentes estados de la materia (condiciones alotrópicas)—Teorías de Franklin, Äpinus y Coulomb—Agentes eléctricos y magnéticos—Conceptos antiguos—Atracción cohesiva, etc.
Al contemplar las obras de la naturaleza, no podemos dejar de observar, con sentimientos de admiración religiosa, la infinita variedad de formas bajo las cuales la materia se presenta a nuestros sentidos. Por doquier se exhibe la mayor diversidad; en todas las cosas percibimos el orden más perfecto; y sobre todo se difunde el encanto de la belleza. Solo los ignorantes o los depravados encuentran deformidades en las creaciones que nos rodean.
Las tres condiciones de la materia son: el sólido, el líquido y el gaseoso; y estas pertenecen por igual al mundo orgánico y al inorgánico. En la naturaleza orgánica tenemos una variedad casi infinita de formas animales, que presentan desarrollos muy diferentes entre sí, pero en todos los casos adecuados a las circunstancias requeridas por la posición que ocupa la criatura en la escala de la existencia. A lo largo de toda la serie, desde el pólipo hasta los animales de orden superior, e incluso hasta el hombre, encontramos una uniformidad en el progreso hacia la perfección y una continuidad en la serie, lo cual revela el gran secreto de que el misterio de la vida es el mismo en todos: una esencia espiritual omnipresente asociada a la materia, y que la modifica mediante el mecanismo maestro de una Mente Infinita.
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En la vegetación que cubre la superficie de la Tierra, lo cual la hace apta para ser habitada por hombres y animales —desde las algas de estanques estancados o el líquen de las rocas azotadas por el viento, hasta el majestuoso roble o la imponente palmera—, se presenta ante la mente contemplativa una cadena de seres singularmente hermosa, y no podemos evitar observar la elevación gradual en la escala de organización. En el mundo inorgánico, donde faltan los grandes fenómenos de la vida, hemos constatado constantemente la acción de fuerzas de una complejidad extraña. La disposición simétrica de los cristales, las características diversas de las formaciones minerales, las agregaciones sistemáticas de partículas que forman masas con propiedades de naturaleza peculiar y sorprendente: todo ello demuestra que existen agentes, que la ciencia, con todos sus avances, aún no ha detectado, que actúan sin cesar. El calor, la electricidad, la fuerza química —sea lo que sea— y las fuerzas de cohesión son conocidas por estar involucradas en la formación de las estructuras que observamos; pero la contemplación lleva pronto a la convicción de que estas fuerzas están subordinadas a otras de las cuales no tenemos conocimiento. Solo conocemos las cosas que pertenecen a la superficie de nuestro planeta, y eso solo de forma superficial. El geólogo sigue las formaciones rocosas que se suceden unas a otras (desde los estratos primarios que no contienen rastros de formas organizadas, pasando por la serie paleozoica, en la cual, paso a paso, se registra la historia de la vida animal, hasta las formaciones más recientes, repletas de restos que, aunque relacionados con algunos tipos de animales aún existentes, suelen ser de aquellos que ya han desaparecido). El naturalista busca en la tierra, en las aguas y en el aire a los seres vivos; y la diversidad de formas, la variedad de condiciones y la perfección de organización que descubre como propias de nuestra época —diferentes, de hecho, y solo ligeramente relacionadas con aquellas que marcan las mutaciones de la Tierra— muestran, de manera muy llamativa, la infinita variedad de caracteres que la materia puede adoptar. Estamos tan acostumbrados a todos estos fenómenos de la materia que nos cuesta algo esforzarnos en estudiar las condiciones más simples en las que esta existe. Las cortezas sólidas de esta esfera terrestre —las aguas y la atmósfera—, las estructuras diversas del reino vegetal, y las estructuras aún más complejas de los hombres y los animales, no son más que la agregación de partículas diminutas según ciertas leyes fijas. Por medios mecánicos, todo tipo de materia puede reducirse a polvo, cuyas partículas finas no parecerían muy diferentes entre sí, pero cada una…
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El átomo posee propiedades propias de él mismo, las cuales el hombre no tiene poder para cambiar. Solo a la naturaleza le pertenece la misteriosa propiedad de la transmutación. El alquimista entusiasta, mediante fuerzas físicas, disipa un metal en vapor; pero sigue siendo un metal, el mismo metal. Mediante el arte hermético, rompe la combinación de las masas; pero no puede alterar los principios de ninguno de los elementos que forman esa masa sobre la cual se pone a prueba su habilidad. Cada átomo está dotado de propiedades propias de toda su clase; y cada uno posee poderes a cuya obediencia silenciosa está obligado, poderes mediante los cuales estas propiedades se modifican y el carácter de la materia varía. ¿Cuáles son esas propiedades? ¿Sabemos algo acerca de esos poderes? La tierra, por lo que sabemos, está compuesta por unos sesenta principios, a los que llamamos elementales. Estos son los estados más simples a los que podemos reducir la materia, y de ellos provienen todas las formas de creación examinadas hasta ahora por el químico. Estos principios elementales, algunos de ellos, permanecen en estado gaseoso a la temperatura ordinaria, mientras que otros existen como masas sólidas; la diferencia entre estas dos condiciones parece estar regulada por las fuerzas opuestas del calor y la atracción cohesiva. Algunos han considerado que la materia es infinitamente divisible; pero las condiciones conocidas de las combinaciones químicas llevan a la conclusión de que existen límites más allá de los cuales la materia no puede dividirse.[25] La teoría de los átomos, que poseen características definidas y formas simétricas, ciertamente tiene la ventaja de ofrecer a la mente humana un punto de partida, una especie de base desde la cual puede dirigir el estudio de los fenómenos cósmicos. La hipótesis metafísica, que reduce toda la materia a propiedades y remite todas las cosas a ideas, deja a la mente en un estado de incertidumbre y confusión. Adaptando las ideas de Dumas, con algunas modificaciones,[26] resultará más satisfactorio considerar los átomos últimos de la materia como puntos fuera del alcance de nuestro examen; estos, según una ley determinada por las influencias de las llamadas fuerzas imponderables, se unen para formar moléculas. A su vez, estas moléculas se combinan para formar las partículas de la masa, que podemos considerar como el límite de la división mecánica. Las partículas de los cuerpos sólidos
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Los de los cuerpos sólidos son sólidos, los de los fluidos son fluidos, y los de los cuerpos gaseosos son ellos mismos aéreos; pero de eso no se deduce que las moléculas de cualquier cuerpo deban ser necesariamente sólidas, fluidas o aéreas, solo por el hecho de haber formado las partículas de un cuerpo en uno de estos estados. Así como este planeta —una molécula en el espacio— está formado por átomos agregados y envuelto por sus propias fuerzas físicas, y como está influenciado por las influencias infinitamente extensas de otras moléculas planetarias, formando así parte de un sistema, de la misma manera las moléculas de cualquier masa se agrupan en un sistema o partícula que posee las principales características del todo. En un cuerpo aéreo, las partículas se encuentran en un estado de extrema delgadez; las moléculas, bajo la acción de alguna fuerza repulsiva, están justo en el umbral donde la cohesión ejerce su poder disolvente. En los cuerpos fluidos, la atenuación de las partículas es menor; las partículas y también las moléculas están más cerca unas de otras. En cambio, en el cuerpo sólido, las fuerzas de cohesión actúan con mayor intensidad, y todas las condiciones moleculares se ponen en acción de forma más potente. Bajo el término “fuerza molecular” incluimos varias fuerzas, que no son similares en los fenómenos que presentan, pero que son poderosas para producir las características generales de los cuerpos. Estas requieren un examen algo detallado. Todas las partículas, incluso de una masa sólida, pueden ser puestas en condiciones en las que puedan moverse libremente. Con el calor podemos aumentar la longitud y el grosor de una barra de hierro o de cualquier otro metal, hasta llegar finalmente al estado fluido: un metal fundido fluye tan libremente como el agua en un arroyo. Los fluidos y los gases, de igual manera, obedecen a la influencia dispersiva del calor. De estos y otros resultados análogos aprendemos que todos los cuerpos tienen un grado mayor o menor de porosidad. La distancia a la que se mantienen las partículas de los cuerpos fluidos queda claramente demostrada por el hecho de que las sales hidratadas disueltas en agua ocupan no más espacio del que corresponde al agua contenida en el cuerpo cristalino; mientras que las sales anhidras se disuelven sin aumentar en absoluto el volumen del fluido. En estos casos, toda la materia sólida de la sal debe, al parecer, llenar los espacios intersticiales que suponemos existen en el líquido.[27] Las condiciones que regulan la solubilidad de los cuerpos, y la capacidad de disolución, ya sea considerada como un proceso mecánico o químico, son muy poco claras. Podríamos llegar a suponer que aquellos cuerpos que poseen…
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La mayor cantidad de espacio no ocupado era capaz de contener la mayor cantidad de sustancia soluble disuelta. Sin embargo, esto está lejos de ser cierto, ya que los fluidos más densos suelen tener el mayor poder disolvente. La forma peculiar en que el gas hidrógeno parece disolver sustancias sólidas —como el hierro, el potasio, el sodio, el azufre, el fósforo, el selenio y el arsénico— puede explicarse considerando los resultados como una manifestación de las fuerzas de afinidad química sobre las formas de los cuerpos. De manera similar, la solución de sal en agua o la mezcla de alcohol en ese líquido pueden verse como fenómenos químicos, aunque por lo general se consideran casos simples de solución o mezcla: cambios de temperatura y otros cambios físicos que ocurren en ambos. Si se funden y combinan dos masas de metal —por ejemplo, estaño y cobre—, la masa resultante no será igual a la suma de las dos masas originales. Si se mezclan una pinta de aceite de vitriolo con una cantidad igual de agua, los fluidos resultantes no llenarán una medida de dos pintas.[28]
En estos casos, se genera una gran cantidad de calor, como si este hubiera sido expulsado por la fuerza con la que las partículas se combinaron, desde los intersticios que estaban repletos de lo que podríamos llamar una “atmósfera de calor”. Por lo tanto, concluimos que, entre las influencias que determinan la constitución molecular de un cuerpo, el calor desempeña un papel importante. Todos estos hechos demuestran que los átomos que forman el cuerpo compuesto, sea cual sea su naturaleza, funcionan como centros de fuerza que actúan entre sí mediante influencias de carácter peculiar. Es seguro que estas influencias dependen de fuerzas físicas conocidas; pero las leyes según las cuales se modifican las propiedades del átomo elemental siguen siendo desconocidas.
En las grandes operaciones de la naturaleza se producen cambios que no podemos comprender, y ciertamente ocurren variaciones en las condiciones, las cuales pueden considerarse como ejemplos de transmutación. Entre otros, podemos mencionar los diferentes estados en los que sabemos que existe el carbono. Tenemos el diamante, con su hermosa propiedad de refracción de la luz, su dureza y su alto peso específico; también puede convertirse en grafito y coque.[29] El carbón, el grafito y el diamante son completamente diferentes entre sí, sin embargo sabemos que cada uno está compuesto por los mismos átomos. El carbón es una sustancia negra e irregular, ligera y fácilmente inflamable.
En estos casos, se genera una gran cantidad de calor, como si este hubiera sido expulsado por la fuerza con la que las partículas se combinaron, desde los intersticios que estaban repletos de lo que podríamos llamar una “atmósfera de calor”. Por lo tanto, concluimos que, entre las influencias que determinan la constitución molecular de un cuerpo, el calor desempeña un papel importante. Todos estos hechos demuestran que los átomos que forman el cuerpo compuesto, sea cual sea su naturaleza, funcionan como centros de fuerza que actúan entre sí mediante influencias de carácter peculiar. Es seguro que estas influencias dependen de fuerzas físicas conocidas; pero las leyes según las cuales se modifican las propiedades del átomo elemental siguen siendo desconocidas.
En las grandes operaciones de la naturaleza se producen cambios que no podemos comprender, y ciertamente ocurren variaciones en las condiciones, las cuales pueden considerarse como ejemplos de transmutación. Entre otros, podemos mencionar los diferentes estados en los que sabemos que existe el carbono. Tenemos el diamante, con su hermosa propiedad de refracción de la luz, su dureza y su alto peso específico; también puede convertirse en grafito y coque.[29] El carbón, el grafito y el diamante son completamente diferentes entre sí, sin embargo sabemos que cada uno está compuesto por los mismos átomos. El carbón es una sustancia negra e irregular, ligera y fácilmente inflamable.
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El grafito es cristalizable; pero las formas de sus cristales no pueden compararse con las del diamante, y arde con dificultad. El diamante se presenta en las formas más regulares y hermosamente transparentes; y solo puede ser quemado a las temperaturas artificiales más elevadas. Sin embargo, estamos convencidos, por experimentos, de que esta gema brillante y transparente está compuesta por los mismos átomos que aquellos que forman la masa negra y opaca del carbón. De los diamantes, como ya se ha dicho, se ha obtenido coque mediante el calor de la batería voltaica, y experimentos recientes han demostrado que el carbono volatilizado que sale constantemente de uno de los polos de una batería lo suficientemente potente se deposita en un polvo cristalino que posee la mayoría de las propiedades, en cuanto a dureza, etc., del verdadero polvo de diamante. ¿Cuál es el misterio de esto? No lo sabemos. Las condiciones particulares que dan lugar a esto han sido objeto de estudio intensivo; pero la ciencia aún no ha logrado aclarar este misterio. Es cierto que a menudo se induce un estado diferente —se le ha llamado estado alótropo— en la misma clase de átomos; y de ahí la variedad de compuestos que se forman. Para continuar con nuestras ilustraciones sobre el carbono: ¿acaso sus combinaciones, en proporciones uniformes con oxígeno e hidrógeno, no deben sus diferencias a algún cambio alótropo en los átomos fundamentales de este elemento? Sabemos que el silicio —la base metálica de la sílex— es capaz de adoptar dos o más estados diferentes; y que el azufre, el selenio, el fósforo y el arsénico son susceptibles de estos cambios notables en los cuales, sin la más mínima variación en su carácter químico, se produce un cambio completo en su condición física. Se sabe que el cobre, el hierro, el estaño y el manganeso existen al menos en dos estados físicamente distintos, y muchos de los metales más raros presentan la misma característica. Por lo tanto, ¿no podemos inferir que algunas de esas sustancias, que ahora denominamos elementales, no son más que estados modificados del mismo elemento? La similitud entre muchos de esos cuerpos refuerza esta suposición. El iridio y el platino, el hierro y el níquel, el cloro, el bromo, el yodo y probablemente el flúor, son buenos ejemplos de estas similitudes, aunque todos estos cuerpos se distinguen por diferencias físicas y químicas. La gema que refracta la luz, que brilla en el cuello de las mujeres y cuyo valor radica en su transparencia, solo difiere del tosco trozo de coque en su disposición molecular. La química nos enseña que podemos hacerlo, sin provocar ningún desorden en las afinidades, simplemente estableciendo…
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Alteración molecular: los efectos determinan los cambios, como se muestra claramente en el color del yoduro de mercurio, que pasa de rojo a amarillo bajo ligeras influencias térmicas, y vuelve a ser rojo por una suave perturbación mecánica. Mediante un cambio leve, meramente molecular, el hierro puede hacerse similar al platino en sus propiedades físicas.[32] Un alambre de hierro sumergido en ácido nítrico es atacado violentamente por el ácido; pero si se calienta uno de sus extremos en la llama de una lámpara de alcohol, se produce un cambio de estado en toda la longitud del alambre, de tal manera que, al sumergirlo nuevamente en ácido nítrico, no se produce ningún efecto en él. Al estudiar esta cuestión, encontramos buenas razones para suponer que los cuerpos que, aunque físicamente diferentes, se parecen entre sí en algunas de sus propiedades —yodo, bromo, etc.— son el resultado de diferentes condiciones alotrópicas impresas en los átomos elementales, similares a las observadas en las sustancias mencionadas. Esta hipótesis parece estar más en consonancia con los grandes principios que debemos concebir como guía de la labor de una Mente Infinita, que aquella que supone una gran cantidad de creaciones individuales. Se verá más adelante que la luz, el calor, la electricidad y la acción química tienen el poder de producir cambios aún más sorprendentes en las formas de los cuerpos. ¿No es probable que, según las acciones de estos agentes, ya sea combinados o separados, actuando durante diferentes intervalos de tiempo y en circunstancias variables en relación con las fuerzas moleculares, puedan producirse todos esos estados alotrópicos? Por lo tanto, pueden descubrirse cuerpos que, debido a las imperfecciones de la ciencia y a su resistencia a nuestros métodos de análisis, deben considerarse, por el momento, como nuevos elementos, cuando en realidad podrían ser solo estados alterados de la misma sustancia.
Los experimentos de Faraday y de Plücker demuestran que toda la materia existe en ciertas condiciones polares, poseyendo poderes de atracción y repulsión mutua.[33]
¿Deben las llamadas fuerzas moleculares atribuirse a alguno de esos poderes que están incluidos en el término general de polaridad magnética? ¿No serán probablemente el resultado de algún principio fundamental del cual estas propiedades no son más que manifestaciones modificadas? Estas preguntas recibirán ahora respuestas generalmente a favor del magnetismo; pero, dada nuestra ignorancia, deberíamos detenernos; la próxima generación sin duda encontrará otra solución para este problema.
Franklin supuso que los átomos elementales de los cuerpos estaban rodeados por un fluido sutil o éter, sobre el cual tenían el poder de condensarse.
Los experimentos de Faraday y de Plücker demuestran que toda la materia existe en ciertas condiciones polares, poseyendo poderes de atracción y repulsión mutua.[33]
¿Deben las llamadas fuerzas moleculares atribuirse a alguno de esos poderes que están incluidos en el término general de polaridad magnética? ¿No serán probablemente el resultado de algún principio fundamental del cual estas propiedades no son más que manifestaciones modificadas? Estas preguntas recibirán ahora respuestas generalmente a favor del magnetismo; pero, dada nuestra ignorancia, deberíamos detenernos; la próxima generación sin duda encontrará otra solución para este problema.
Franklin supuso que los átomos elementales de los cuerpos estaban rodeados por un fluido sutil o éter, sobre el cual tenían el poder de condensarse.
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chocan con gran fuerza —y tenemos experimentos que demuestran que esto es probable[34]—, mientras que él consideraba que los átomos del éter mismo se repelían mutuamente, estableciendo así un equilibrio de fuerzas. Äpinus redujo la hipótesis de Franklin a una teoría matemática; y Coulomb demostró que la fuerza con la que se produce la repulsión de los átomos etéreos y la atracción de las moléculas materiales es, al igual que la atracción universal —sea cual sea la potencia a la que se deba—, regulada por la ley de la inversa proporcional al cuadrado de la distancia. Estas ideas, tras un examen minucioso, resultan ser verdaderas respecto a los fenómenos con los que la ciencia inductiva nos ha familiarizado; y la sorprendente forma en que, sometidas a las rigurosas investigaciones de los geométricos, coinciden con las condiciones conocidas de la electricidad, parece ciertamente favorecer la opinión de que esta potencia puede estar conectada materialmente con estos arreglos moleculares. Muchos de los fenómenos relacionados con las influencias magnéticas también influyen de manera notable en esta investigación. Pero, sin la prueba necesaria de evidencia experimental directa, sería tan poco filosófico atribuir la unión de las moléculas de la materia a la acción de la electricidad como adoptar la teoría de los átomos con ganchos de Epicuro, o el sueño astrológico de las simpatías de la materia.[35] Sin embargo, la ciencia nos permite deducir con seguridad que las fuerzas mecánicas que regulan la constitución de un cubo de mármol o de una montaña de granito son de orden similar a aquellas que determinan la relación de la Tierra con los otros planetas del sistema solar, y que ese sistema solar mismo constituye una unidad, en la inmensidad del espacio, entre las miríadas de soles que adornan el firmamento estrellado. En resumen, la cohesión, o la atracción de agregación, es una fuerza que sirve para unir partícula con partícula. A la cohesión se le opone el calor como fuerza repulsiva; y las misteriosas operaciones de esos fenómenos eléctricos, generalmente denominados fuerzas polares, interfieren constantemente, es seguro, con sus efectos. Además, hemos visto que en la naturaleza existe una fuerza capaz de cambiar la constitución de los átomos elementales, dando así variedad a cada masa resultante. Qué puede ser esta fuerza, nuestra ciencia no puede decírnoslo; pero nuestra razón nos lleva, con firme convicción, a creer que se trata de un principio cuyas sutiles influencias son igualmente universales y que parece superar a todos los demás.
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a la gravedad; y que, como una espiritualidad, hace vislumbrar a nuestras concepciones limitadas la inmensidad del poder divino del Creador omnisciente. Las fuerzas moleculares implican una consideración de todas las fuerzas físicas conocidas, cuyo estudio, en sus efectos sobre la materia, ocupará nuestra atención. Pero es agradable saber, a medida que avanzamos paso a paso en el examen de los fenómenos de la creación, que podemos estudiar lo grandioso en aquello que externamente parece simple, y aprender, en los misterios de una partícula, las altas verdades que la ciencia tiene que decirnos sobre un planeta. Puede parecer que las fuerzas de gravedad y cohesión se consideran idénticas. Muchos fenómenos, a los que podemos acceder gracias a los perfeccionamientos de la investigación inductiva, ciertamente nos presentan una sorprendente similitud en las leyes que regulan el funcionamiento de estas fuerzas; pero hay que recordar que su identidad no está establecida. Por el contrario, conocemos la ley de la fuerza gravitatoria. Newton determinó con una precisión sorprendente que la acción de esta fuerza disminuye con la distancia al cuadrado, pero la fuerza cohesiva solo se ejerce a tales distancias que es imposible determinar si está sujeta o no a la misma ley. Para citar las palabras de Young: “Toda nuestra investigación respecto a la naturaleza íntima de las fuerzas de cualquier tipo debe considerarse meramente como entretenimientos especulativos, que no tienen otra utilidad que la de ampliar nuestros conocimientos y ayudar en nuestras investigaciones experimentales”.[36]
NOTAS AL PIE:
[25] “La divisibilidad de la materia es enorme, más allá de la capacidad de imaginación, pero no tenemos razón para afirmar que sea infinita; pues las demostraciones que a veces se han aducido en favor de esta opinión son obviamente aplicables únicamente al espacio. La divisibilidad infinita del espacio parece ser esencial para la concepción que tenemos de su naturaleza, y se puede demostrar rigurosamente que es matemáticamente posible trazar un número infinito de círculos entre cualquier círculo dado y su tangente, ninguno de los cuales tocará ninguno de ellos salvo en el punto de contacto general; y que una nave que siga siempre la misma ruta oblicua con respecto al meridiano —por ejemplo, navegando hacia el noreste— seguiría acercándose perpetuamente al polo sin llegar nunca a alcanzarlo por completo. Pero cuando investigamos la veracidad de la antigua máxima escolástica de que toda materia es infinitamente divisible, no somos capaces de decidirlo de forma tan categórica. Newton observa que es dudoso que cualquier medio humano pueda…”
NOTAS AL PIE:
[25] “La divisibilidad de la materia es enorme, más allá de la capacidad de imaginación, pero no tenemos razón para afirmar que sea infinita; pues las demostraciones que a veces se han aducido en favor de esta opinión son obviamente aplicables únicamente al espacio. La divisibilidad infinita del espacio parece ser esencial para la concepción que tenemos de su naturaleza, y se puede demostrar rigurosamente que es matemáticamente posible trazar un número infinito de círculos entre cualquier círculo dado y su tangente, ninguno de los cuales tocará ninguno de ellos salvo en el punto de contacto general; y que una nave que siga siempre la misma ruta oblicua con respecto al meridiano —por ejemplo, navegando hacia el noreste— seguiría acercándose perpetuamente al polo sin llegar nunca a alcanzarlo por completo. Pero cuando investigamos la veracidad de la antigua máxima escolástica de que toda materia es infinitamente divisible, no somos capaces de decidirlo de forma tan categórica. Newton observa que es dudoso que cualquier medio humano pueda…”
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será suficiente para separar las partículas de la materia más allá de un cierto límite; y no es imposible que exista alguna constitución de átomos, o corpúsculos individuales, de los cuales dependan sus propiedades como materia, y que serían destruidos si dichas unidades se dividieran aún más; pero parece más probable que no existan tales átomos, y aun cuando existan, es casi seguro que la materia nunca sea aniquilada de esta manera en el curso normal de las cosas.”—Las propiedades esenciales de la materia: Filosofía natural de Young; ed. por el Rev. P. Kelland.
[26] “Se han formulado dos hipótesis muy diferentes para explicar la naturaleza de la materia, o el modo de su formación; una conocida como teoría atómica, y la otra, la dinámica. El fundador de la primera y más antigua fue Leucipo: él consideraba que la base de todos los cuerpos eran partículas extremadamente finas, diferentes en forma y naturaleza, las cuales suponía dispersas por el espacio, y a las cuales su seguidor Epicuro les dio por primera vez el nombre de átomos. A estos átomos les atribuyó un movimiento rectilíneo, como consecuencia del cual los homogéneos se unían, mientras que los más ligeros quedaban dispersos por el espacio. El autor de la segunda hipótesis fue el famoso Kant. Él imaginó que toda la materia existía, o se originaba, por medio de dos principios antagónicos y mutuamente contrarios, a los que llamó atracción y repulsión, y a todos sus predicados los relacionó con el movimiento. La mayoría de los filósofos modernos, y entre ellos destacan Ampère y Poisson, han adoptado una hipótesis que combina las características de ambas anteriores. Consideraron los átomos como datos, cuyo origen se derivaba de la Deidad como causa primera, y consideraron su fuerza atractiva e repulsiva innata como una condición necesaria para su combinación en cuerpos. Las principales características de esta hipótesis son tomadas de Aristóteles, ya que él suponía que la base de todos los cuerpos eran los cuatro elementos conocidos por los antiguos, cuyas partículas, dotadas de ciertos poderes, constituían los cuerpos. Según Ampère, todos los cuerpos están compuestos por partículas iguales, y estas a su vez por moléculas que, hasta cierta distancia, se atraen mutuamente. Supuso que su distancia entre sí estaba regulada por la intensidad de las fuerzas atractivas y repulsivas, siendo esta última la que prevalece.”—Elementos de física de Peschel; traducido por E. West, 1845.
[27] Esto fue demostrado por primera vez mediante las investigaciones del Dr. Dalton: el tema será mencionado nuevamente al tratar sobre los volúmenes atómicos.
[28] Estos fenómenos peculiares pueden estudiarse de manera útil en las obras de la mayoría de los destacados químicos europeos. En nuestro propio idioma, se remite al lector al libro Outline of the Sciences of Heat and Electricity, 2ª edición, del Dr. Thompson; al Manual de Química de Brande —artículo sobre calor específico; a los Elementos de Química de Graham; y a la Introducción al estudio de la filosofía química de Daniell.
[29] La conversión del diamante en grafito y coque se logró por primera vez mediante el arco galvánico de llama, por parte del Sr. Jaquelini, y fue comunicada a la Academia de Ciencias en 1847, en un memorando titulado De l’action calorifique de la pile de Bunsen, du chalumeau à gaz oxygène et hydrogène sur le carbon pur, artificiel et naturel. Véase Comptes Rendus, 1847, vol. xxiv, p. 1050; también el Informe de la Asociación Británica correspondiente a 1847, (Transactions of Sections), p. 50.
[30] “En el informe anual sobre los avances de la química, presentado a la Real Academia de Estocolmo en marzo de 1840, propuse designar con el término estado alotrópico esa condición diferente que se observa en ciertos elementos, y cuyos ejemplos conocidos desde hace tiempo se encuentran en las diferentes formas de carbono, como el grafito y el diamante.”
[26] “Se han formulado dos hipótesis muy diferentes para explicar la naturaleza de la materia, o el modo de su formación; una conocida como teoría atómica, y la otra, la dinámica. El fundador de la primera y más antigua fue Leucipo: él consideraba que la base de todos los cuerpos eran partículas extremadamente finas, diferentes en forma y naturaleza, las cuales suponía dispersas por el espacio, y a las cuales su seguidor Epicuro les dio por primera vez el nombre de átomos. A estos átomos les atribuyó un movimiento rectilíneo, como consecuencia del cual los homogéneos se unían, mientras que los más ligeros quedaban dispersos por el espacio. El autor de la segunda hipótesis fue el famoso Kant. Él imaginó que toda la materia existía, o se originaba, por medio de dos principios antagónicos y mutuamente contrarios, a los que llamó atracción y repulsión, y a todos sus predicados los relacionó con el movimiento. La mayoría de los filósofos modernos, y entre ellos destacan Ampère y Poisson, han adoptado una hipótesis que combina las características de ambas anteriores. Consideraron los átomos como datos, cuyo origen se derivaba de la Deidad como causa primera, y consideraron su fuerza atractiva e repulsiva innata como una condición necesaria para su combinación en cuerpos. Las principales características de esta hipótesis son tomadas de Aristóteles, ya que él suponía que la base de todos los cuerpos eran los cuatro elementos conocidos por los antiguos, cuyas partículas, dotadas de ciertos poderes, constituían los cuerpos. Según Ampère, todos los cuerpos están compuestos por partículas iguales, y estas a su vez por moléculas que, hasta cierta distancia, se atraen mutuamente. Supuso que su distancia entre sí estaba regulada por la intensidad de las fuerzas atractivas y repulsivas, siendo esta última la que prevalece.”—Elementos de física de Peschel; traducido por E. West, 1845.
[27] Esto fue demostrado por primera vez mediante las investigaciones del Dr. Dalton: el tema será mencionado nuevamente al tratar sobre los volúmenes atómicos.
[28] Estos fenómenos peculiares pueden estudiarse de manera útil en las obras de la mayoría de los destacados químicos europeos. En nuestro propio idioma, se remite al lector al libro Outline of the Sciences of Heat and Electricity, 2ª edición, del Dr. Thompson; al Manual de Química de Brande —artículo sobre calor específico; a los Elementos de Química de Graham; y a la Introducción al estudio de la filosofía química de Daniell.
[29] La conversión del diamante en grafito y coque se logró por primera vez mediante el arco galvánico de llama, por parte del Sr. Jaquelini, y fue comunicada a la Academia de Ciencias en 1847, en un memorando titulado De l’action calorifique de la pile de Bunsen, du chalumeau à gaz oxygène et hydrogène sur le carbon pur, artificiel et naturel. Véase Comptes Rendus, 1847, vol. xxiv, p. 1050; también el Informe de la Asociación Británica correspondiente a 1847, (Transactions of Sections), p. 50.
[30] “En el informe anual sobre los avances de la química, presentado a la Real Academia de Estocolmo en marzo de 1840, propuse designar con el término estado alotrópico esa condición diferente que se observa en ciertos elementos, y cuyos ejemplos conocidos desde hace tiempo se encuentran en las diferentes formas de carbono, como el grafito y el diamante.”
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“Aunque estas condiciones diferentes, que aquí he denominado alotrópicas, han atraído la atención desde hace tiempo en uno o dos elementos, aún se han considerado como excepciones a la regla general. Mi objetivo actual es demostrar que no son tan raras; que probablemente sea una propiedad general de los elementos aparecer en diferentes estados alotrópicos; y que, aunque hasta ahora no hemos podido obtener varios elementos en sus estados alotrópicos sin combinarlos, sus compuestos lo indican con suficiente claridad.” —Berzelius sobre la alotropía de los cuerpos elementales, etc.: Poggendorff’s Annalen, 1844. Scientific Memoirs, vol. IV, p. 240.
[31] “El cobre, cuando se reduce con hidrógeno a una temperatura inferior a la necesaria para su encendimiento, se convierte rápidamente en su totalidad en protóxido al exponerse al aire; y cuando se tritura durante algún tiempo con una cantidad equivalente de azufre, se combina con él según los experimentos de Böttcher, produciendo llama y formando sulfuro de cobre. Sin embargo, si el cobre se reduce con hidrógeno a una temperatura elevada, pero aún considerablemente inferior a la temperatura a la cual se ablanda y comienza a derretirse, permanece inalterado durante años al exponerse al aire, y no puede combinarse con azufre sin la aplicación de calor. El hierro, el cobalto y el níquel, cuando se reducen con hidrógeno a una temperatura inferior a la necesaria para su encendimiento, se inflaman después de enfriarse si se exponen al aire; y si se colocan inmediatamente en agua para evitar que prendan fuego, se inflaman nuevamente cuando se sacan del agua, ya que estarán casi secos. Si comparamos este comportamiento con el del hierro reducido por calor, y con el hierro en ese estado en el que funciona como conductor de una corriente galvánica sin oxidarse, parecería que estas peculiaridades dependen de algo más que de una diferencia en las condiciones mecánicas.” —Berzelius sobre la alotropía de los cuerpos elementales. Véase también “Sobre las condiciones isoméricas del peróxido de estaño”, del profesor H. Rose: Chemical Gazette, octubre de 1848.
[32] Sobre este curioso tema y su historia, véase la disertación de Bergman “De Phlog. quantitate in Metallis”, 1764. Kirwan, “Sobre las fuerzas atractivas de los ácidos minerales”: Philosophical Transactions. Los experimentos y observaciones de Kier sobre la disolución de metales en ácidos: Phil. Trans., 1790. De estos valiosos trabajos se puede ver que los estados peculiares del hierro ya habían llamado la atención, en particular aquellas “condiciones inactivas” mencionadas en “Note sur la Manière d’agir de l’Acide nitrique sur le Fer”, de J. F. W. Herschel, agosto de 1833; y anteriormente indicadas por M. H. Braconnot en “Sur quelques Propriétés de l’Acide nitrique”, Annales de Chimie, vol. LII, p. 54. También cabe hacer referencia a las memorias de Sir John Herschel, “Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre los colores vegetales”, etc.: Phil. Trans., vol. CXXXIII, p. 221; y “Sobre la separación del hierro de otros metales”: Phil. Trans., vol. CXI, p. 293; además de varios artículos de Schönbein publicados en Philosophical Magazine a partir de 1837.
[33] Faraday, en sus memorias “Sobre nuevas acciones magnéticas y sobre las condiciones magnéticas de toda materia”, dice: “Gracias a la acción de esta nueva forma de fuerza, el cuerpo en movimiento puede desplazarse ya sea a lo largo de las líneas magnéticas o a través de ellas, y puede moverse en cualquier dirección, de modo que dos porciones de materia sometidas simultáneamente a esta fuerza pueden acercarse entre sí como si estuvieran mutuamente atraídas, o alejarse como si estuvieran mutuamente repelidas. Todos los fenómenos se reducen a esto: una porción de dicha materia, cuando está bajo acción magnética, tiende a moverse desde lugares o puntos más fuertes hacia lugares o puntos más débiles”.
[31] “El cobre, cuando se reduce con hidrógeno a una temperatura inferior a la necesaria para su encendimiento, se convierte rápidamente en su totalidad en protóxido al exponerse al aire; y cuando se tritura durante algún tiempo con una cantidad equivalente de azufre, se combina con él según los experimentos de Böttcher, produciendo llama y formando sulfuro de cobre. Sin embargo, si el cobre se reduce con hidrógeno a una temperatura elevada, pero aún considerablemente inferior a la temperatura a la cual se ablanda y comienza a derretirse, permanece inalterado durante años al exponerse al aire, y no puede combinarse con azufre sin la aplicación de calor. El hierro, el cobalto y el níquel, cuando se reducen con hidrógeno a una temperatura inferior a la necesaria para su encendimiento, se inflaman después de enfriarse si se exponen al aire; y si se colocan inmediatamente en agua para evitar que prendan fuego, se inflaman nuevamente cuando se sacan del agua, ya que estarán casi secos. Si comparamos este comportamiento con el del hierro reducido por calor, y con el hierro en ese estado en el que funciona como conductor de una corriente galvánica sin oxidarse, parecería que estas peculiaridades dependen de algo más que de una diferencia en las condiciones mecánicas.” —Berzelius sobre la alotropía de los cuerpos elementales. Véase también “Sobre las condiciones isoméricas del peróxido de estaño”, del profesor H. Rose: Chemical Gazette, octubre de 1848.
[32] Sobre este curioso tema y su historia, véase la disertación de Bergman “De Phlog. quantitate in Metallis”, 1764. Kirwan, “Sobre las fuerzas atractivas de los ácidos minerales”: Philosophical Transactions. Los experimentos y observaciones de Kier sobre la disolución de metales en ácidos: Phil. Trans., 1790. De estos valiosos trabajos se puede ver que los estados peculiares del hierro ya habían llamado la atención, en particular aquellas “condiciones inactivas” mencionadas en “Note sur la Manière d’agir de l’Acide nitrique sur le Fer”, de J. F. W. Herschel, agosto de 1833; y anteriormente indicadas por M. H. Braconnot en “Sur quelques Propriétés de l’Acide nitrique”, Annales de Chimie, vol. LII, p. 54. También cabe hacer referencia a las memorias de Sir John Herschel, “Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre los colores vegetales”, etc.: Phil. Trans., vol. CXXXIII, p. 221; y “Sobre la separación del hierro de otros metales”: Phil. Trans., vol. CXI, p. 293; además de varios artículos de Schönbein publicados en Philosophical Magazine a partir de 1837.
[33] Faraday, en sus memorias “Sobre nuevas acciones magnéticas y sobre las condiciones magnéticas de toda materia”, dice: “Gracias a la acción de esta nueva forma de fuerza, el cuerpo en movimiento puede desplazarse ya sea a lo largo de las líneas magnéticas o a través de ellas, y puede moverse en cualquier dirección, de modo que dos porciones de materia sometidas simultáneamente a esta fuerza pueden acercarse entre sí como si estuvieran mutuamente atraídas, o alejarse como si estuvieran mutuamente repelidas. Todos los fenómenos se reducen a esto: una porción de dicha materia, cuando está bajo acción magnética, tiende a moverse desde lugares o puntos más fuertes hacia lugares o puntos más débiles”.
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de fuerza. Cuando la sustancia está rodeada por líneas de fuerza magnética de igual intensidad por todos lados, no tiende a moverse, y entonces se encuentra en marcada contradicción con una corriente eléctrica lineal bajo las mismas circunstancias.”—Phil. Trans. for 1846, vol. cxxxvii.
[34] Nuevos experimentos y observaciones sobre la electricidad realizados en Filadelfia, en América.—Dirigido al Sr. Collinson, de 1747 a 1754. Por Benjamin Franklin. Sobre estos, Priestley comenta:—“No es fácil decir si nos complace más la sencillez y claridad con que el autor plantea cada una de sus propias hipótesis, o la noble franqueza con que relata sus errores, cuando fueron corregidos por experimentos posteriores.”
[35] “La filosofía atómica de Epicuro, en su mera contemplación física, solo admite la materia y el espacio, los cuales son igualmente infinitos e ilimitados, han existido igualmente desde toda la eternidad, y de diferentes combinaciones de ellos se crea toda forma visible. Estos principios elementales no tienen ninguna propiedad común entre sí; pues lo que sea la materia, eso es lo opuesto al espacio; y lo que sea el espacio, la materia es lo contrario a él. La parte sólida real de todos los cuerpos, por lo tanto, es materia; sus poros reales son espacio; y las partes que no son completamente sólidas, sino una mezcla de solidez y poro, son espacio y materia combinados.
“Los grupos infinitos de átomos, que vuelan a través del tiempo y el espacio en diferentes direcciones y bajo leyes distintas, han probado e exhibido alternativamente todo modo posible de encuentro: a veces se repelen mutuamente por impacto, y otras veces se adhieren entre sí debido a su propia estructura dentada o puntiaguda, o a los espacios ocasionales que dos o más átomos conectados deben producir, y que pueden adaptarse perfectamente a los de otras formas, como globulares, ovales o cuadradas. De aquí proviene el origen de los cuerpos compuestos y visibles; de aquí proviene el origen de grandes masas de materia; y, finalmente, de aquí proviene el origen del propio mundo.”—El libro de la naturaleza del Dr. Good.
[36] Conferencias de Young sobre filosofía natural y artes mecánicas. Conferencia 49, Sobre las propiedades esenciales de la materia.
[34] Nuevos experimentos y observaciones sobre la electricidad realizados en Filadelfia, en América.—Dirigido al Sr. Collinson, de 1747 a 1754. Por Benjamin Franklin. Sobre estos, Priestley comenta:—“No es fácil decir si nos complace más la sencillez y claridad con que el autor plantea cada una de sus propias hipótesis, o la noble franqueza con que relata sus errores, cuando fueron corregidos por experimentos posteriores.”
[35] “La filosofía atómica de Epicuro, en su mera contemplación física, solo admite la materia y el espacio, los cuales son igualmente infinitos e ilimitados, han existido igualmente desde toda la eternidad, y de diferentes combinaciones de ellos se crea toda forma visible. Estos principios elementales no tienen ninguna propiedad común entre sí; pues lo que sea la materia, eso es lo opuesto al espacio; y lo que sea el espacio, la materia es lo contrario a él. La parte sólida real de todos los cuerpos, por lo tanto, es materia; sus poros reales son espacio; y las partes que no son completamente sólidas, sino una mezcla de solidez y poro, son espacio y materia combinados.
“Los grupos infinitos de átomos, que vuelan a través del tiempo y el espacio en diferentes direcciones y bajo leyes distintas, han probado e exhibido alternativamente todo modo posible de encuentro: a veces se repelen mutuamente por impacto, y otras veces se adhieren entre sí debido a su propia estructura dentada o puntiaguda, o a los espacios ocasionales que dos o más átomos conectados deben producir, y que pueden adaptarse perfectamente a los de otras formas, como globulares, ovales o cuadradas. De aquí proviene el origen de los cuerpos compuestos y visibles; de aquí proviene el origen de grandes masas de materia; y, finalmente, de aquí proviene el origen del propio mundo.”—El libro de la naturaleza del Dr. Good.
[36] Conferencias de Young sobre filosofía natural y artes mecánicas. Conferencia 49, Sobre las propiedades esenciales de la materia.
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CAPÍTULO V.
FORTALEZAS CRISTALOGÉNICAS.
Diferenciación entre cristalización y fuerza molecular—Prueba experimental—Polaridad de las partículas que forman un cristal—Diferencia entre formas orgánicas e inorgánicas—Descomposición de los cristales en la naturaleza—Sustitución de partículas en los cristales—Pseudomorfismo—La forma cristalina no depende de la naturaleza química—Isomorfismo—Dimorfismo—Teorías de la atracción cristalogénica—Influencia de la electricidad y el magnetismo—Fenómenos durante la cristalización—¿Puede producirse un cambio de forma en los átomos primitivos?—Ejemplo ilustrativo de cristalización.
“La cristalización es una obra peculiar y sumamente admirable de la geometría de la naturaleza, digna de ser estudiada con toda la capacidad del genio y toda la energía de la mente, no por el placer que siempre acompaña al conocimiento de las maravillas, sino por su enorme importancia para revelarnos los secretos de la naturaleza; pues aquí ella, por así decirlo, se descubre a sí misma y, dejando de lado todo disfraz, nos permite contemplar no solo los resultados de sus operaciones, sino los propios procesos.”—Así habla un filósofo italiano, Gulielmini; y es la notable peculiaridad de observar el proceso de formación de las figuras geométricas regulares de los cristales, la acumulación gradual de partícula en partícula, lo que nos induce a separar la cristalización de la mera agregación molecular. Sin duda, la formación de un cristal y la producción de un bloque amorfo se deben a fuerzas que presentan una gran similitud en muchos aspectos; pero existen diferencias notables en otros. Tomemos un caso sencillo como ilustración. En agua tranquila tenemos materia muy finamente dividida en suspensión, y materia en estado de solución. La primera se precipita lentamente y, con el tiempo, se consolida en una masa dura en el fondo, sin presentar características particulares, a menos que se encuentre en ciertas condiciones físicas especiales; entonces, como en la naturaleza, obtenemos una forma regular.
FORTALEZAS CRISTALOGÉNICAS.
Diferenciación entre cristalización y fuerza molecular—Prueba experimental—Polaridad de las partículas que forman un cristal—Diferencia entre formas orgánicas e inorgánicas—Descomposición de los cristales en la naturaleza—Sustitución de partículas en los cristales—Pseudomorfismo—La forma cristalina no depende de la naturaleza química—Isomorfismo—Dimorfismo—Teorías de la atracción cristalogénica—Influencia de la electricidad y el magnetismo—Fenómenos durante la cristalización—¿Puede producirse un cambio de forma en los átomos primitivos?—Ejemplo ilustrativo de cristalización.
“La cristalización es una obra peculiar y sumamente admirable de la geometría de la naturaleza, digna de ser estudiada con toda la capacidad del genio y toda la energía de la mente, no por el placer que siempre acompaña al conocimiento de las maravillas, sino por su enorme importancia para revelarnos los secretos de la naturaleza; pues aquí ella, por así decirlo, se descubre a sí misma y, dejando de lado todo disfraz, nos permite contemplar no solo los resultados de sus operaciones, sino los propios procesos.”—Así habla un filósofo italiano, Gulielmini; y es la notable peculiaridad de observar el proceso de formación de las figuras geométricas regulares de los cristales, la acumulación gradual de partícula en partícula, lo que nos induce a separar la cristalización de la mera agregación molecular. Sin duda, la formación de un cristal y la producción de un bloque amorfo se deben a fuerzas que presentan una gran similitud en muchos aspectos; pero existen diferencias notables en otros. Tomemos un caso sencillo como ilustración. En agua tranquila tenemos materia muy finamente dividida en suspensión, y materia en estado de solución. La primera se precipita lentamente y, con el tiempo, se consolida en una masa dura en el fondo, sin presentar características particulares, a menos que se encuentre en ciertas condiciones físicas especiales; entonces, como en la naturaleza, obtenemos una forma regular.
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El material que está interseccionado por líneas de laminación o de clivaje puede, según los experimentos, atribuirse a la influencia de la electricidad. En segundo lugar, la materia en solución también se deposita lentamente; pero se acumula sobre núcleos que poseen ciertas capacidades especiales de organización, y cada partícula se une mediante una superficie específica, lo que da como resultado una figura angular de carácter muy perfecto. Muchos experimentos interesantes parecen demostrar que la electricidad desempeña un papel importante en el proceso de cristalización; pero es evidente que este efecto debe producirse bajo condiciones especialmente modificadas, si es que realmente tiene alguna acción directa.
Las mismas sustancias siempre se cristalizan de las mismas formas, a menos que cambien las condiciones del cuerpo que se está cristalizando. Se ha supuesto que cada partícula de una masa cristalina tiene ciertos puntos o polos que poseen propiedades definidas, y que la cohesión ocurre únicamente a lo largo de líneas relacionadas con las fuerzas de atracción o repulsión de estos polos. Con el tiempo tendremos que considerar resultados que parecen demostrar que el magnetismo tiene una influencia universal, y que esta polaridad de las partículas de la materia puede atribuirse a él.
Sea cual sea la causa de la cristalización, ésta nos presenta, en apariencia, una similitud en la naturaleza inorgánica con algunas de las condiciones especiales del crecimiento en la creación organizada. En uno de estos casos, tenemos la producción gradual de partes y la formación de estructuras gracias a capacidades especiales de asimilación, manteniendo cada individuo todas sus características distintivas; y en el otro caso, tenemos un orden regular de cohesión que ocurre bajo la influencia de una fuerza que atrae lo similar y organiza todo en una forma hermosa.
Este parece ser el lugar adecuado para corregir un error muy frecuente, relativo a la formación de cristales y al desarrollo de las células, así como la falsedad aún más grave de atribuir los grandes fenómenos de la vida a alguna de las fuerzas físicas que conocemos.
Las formas cristalinas se forman por la acumulación de partículas unas sobre otras, a lo largo de líneas determinadas por alguna fuerza aún desconocida. No hay cambio en el carácter de ninguna partícula: lo similar se une a lo similar; el primer átomo y el último de la serie son idénticos en carácter.
Las mismas sustancias siempre se cristalizan de las mismas formas, a menos que cambien las condiciones del cuerpo que se está cristalizando. Se ha supuesto que cada partícula de una masa cristalina tiene ciertos puntos o polos que poseen propiedades definidas, y que la cohesión ocurre únicamente a lo largo de líneas relacionadas con las fuerzas de atracción o repulsión de estos polos. Con el tiempo tendremos que considerar resultados que parecen demostrar que el magnetismo tiene una influencia universal, y que esta polaridad de las partículas de la materia puede atribuirse a él.
Sea cual sea la causa de la cristalización, ésta nos presenta, en apariencia, una similitud en la naturaleza inorgánica con algunas de las condiciones especiales del crecimiento en la creación organizada. En uno de estos casos, tenemos la producción gradual de partes y la formación de estructuras gracias a capacidades especiales de asimilación, manteniendo cada individuo todas sus características distintivas; y en el otro caso, tenemos un orden regular de cohesión que ocurre bajo la influencia de una fuerza que atrae lo similar y organiza todo en una forma hermosa.
Este parece ser el lugar adecuado para corregir un error muy frecuente, relativo a la formación de cristales y al desarrollo de las células, así como la falsedad aún más grave de atribuir los grandes fenómenos de la vida a alguna de las fuerzas físicas que conocemos.
Las formas cristalinas se forman por la acumulación de partículas unas sobre otras, a lo largo de líneas determinadas por alguna fuerza aún desconocida. No hay cambio en el carácter de ninguna partícula: lo similar se une a lo similar; el primer átomo y el último de la serie son idénticos en carácter.
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La planta crece, no por la acumulación de partículas similares de materia, sino por la absorción de una partícula compuesta: aquella que debe considerarse como el átomo o célula nuclear primaria. Tras esta absorción —en virtud de una fuerza que llamamos vida, activada por la luz— la partícula compuesta se descompone; uno de sus componentes se conserva para permitir la formación de una nueva célula, mientras que el otro se libera en forma de aire invisible. Aquí tenemos, pues, un cambio en la constitución química; y esto ocurre durante todo el período de crecimiento vegetal, desde el desarrollo de la plúmula hasta la formación de la última hoja en la rama más alta del árbol más imponente.
Se ha relacionado la vida con la electricidad y con la fuerza química, como efecto de una causa conocida. Sin duda, durante las operaciones vitales, todas las fuerzas físicas son necesarias para producir todos los fenómenos de crecimiento en el mundo vegetal y animal. Pero estas fuerzas son siempre secundarias a la fuerza vital, y son como espíritus auxiliares encadenados para cumplir las órdenes de un hechicero.
La vida es una fuerza fuera del alcance de la investigación humana; aquel que cree haber comprendido el principio que produce los fenómenos biológicos se embarca en una búsqueda tan absurda como aquel que intenta capturar imprudentemente un meteoro.
Por sutiles que sean las fuerzas de la luz, el calor y la electricidad, la fuerza de la vida, la vitalidad, es infinitamente más refinada, y siempre eludirá la búsqueda del filósofo.
Al hombre se le permite probar y examinar todas las cosas creadas, y aplicar a fines útiles los descubrimientos que pueda hacer. Pero el hombre nunca podrá convertirse en creador; y aquel que intente dar sentido a una masa inerte de materia mediante la electricidad, el calor o la luz demostrará ser tan ignorante de la verdad de la naturaleza como esa masa sin vida sobre la cual trabaja.
“Hasta aquí llegarás, y no más allá”, se dijo tanto a la gran ola del intelecto humano como a la poderosa marea del océano que rodea la tierra. No hay que olvidar que existe una diferencia notable entre los productos de los reinos mineral y de los demás reinos de la naturaleza. Los animales y las plantas alcanzan la madurez mediante un desarrollo sucesivo y crecen mediante la asimilación de sustancias, teniendo la capacidad de producir lo más…
Se ha relacionado la vida con la electricidad y con la fuerza química, como efecto de una causa conocida. Sin duda, durante las operaciones vitales, todas las fuerzas físicas son necesarias para producir todos los fenómenos de crecimiento en el mundo vegetal y animal. Pero estas fuerzas son siempre secundarias a la fuerza vital, y son como espíritus auxiliares encadenados para cumplir las órdenes de un hechicero.
La vida es una fuerza fuera del alcance de la investigación humana; aquel que cree haber comprendido el principio que produce los fenómenos biológicos se embarca en una búsqueda tan absurda como aquel que intenta capturar imprudentemente un meteoro.
Por sutiles que sean las fuerzas de la luz, el calor y la electricidad, la fuerza de la vida, la vitalidad, es infinitamente más refinada, y siempre eludirá la búsqueda del filósofo.
Al hombre se le permite probar y examinar todas las cosas creadas, y aplicar a fines útiles los descubrimientos que pueda hacer. Pero el hombre nunca podrá convertirse en creador; y aquel que intente dar sentido a una masa inerte de materia mediante la electricidad, el calor o la luz demostrará ser tan ignorante de la verdad de la naturaleza como esa masa sin vida sobre la cual trabaja.
“Hasta aquí llegarás, y no más allá”, se dijo tanto a la gran ola del intelecto humano como a la poderosa marea del océano que rodea la tierra. No hay que olvidar que existe una diferencia notable entre los productos de los reinos mineral y de los demás reinos de la naturaleza. Los animales y las plantas alcanzan la madurez mediante un desarrollo sucesivo y crecen mediante la asimilación de sustancias, teniendo la capacidad de producir lo más…
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Se producen importantes cambios químicos en aquellos materiales que quedan dentro del alcance de su influencia; pero los minerales son igualmente perfectos en las primeras etapas de su formación, y solo aumentan, como ya se dijo, por la adición de partículas, sin que experimenten ningún cambio.
Las formas animales y vegetales dejan de desempeñar las funciones vitales: sigue la muerte y tiene lugar una completa desorganización; pero esto no ocurre en el mundo mineral: el cristal, al ser el resultado de una fuerza que actúa constantemente, no está necesariamente sujeto a la descomposición.
No obstante, a veces encontramos en la naturaleza que los cristales, después de alcanzar lo que se podría considerar, de alguna manera, su madurez, se descomponen gradualmente debido a un cambio en las condiciones bajo las cuales se formaron. En nuestras minas descubrimos esqueletos de cristales, y dentro de la concha hueca así formada, otros cristales de constitución y forma diferentes encuentran núcleos y las condiciones necesarias para su desarrollo. Otra vez, para dar un ejemplo llamativo, los cristales de feldespato de las formaciones graníticas son susceptibles de descomposición de una manera algo peculiar. Al descomponerse, estos cristales dejan moldes de sus propias formas características, y no es infrecuente que, en las regiones estanníferas de Cornualles, el óxido de estaño llene gradualmente estos moldes, y así obtenemos este mineral metálico en forma de su variedad terrosa. Entonces tenemos los curiosos casos de cuerpos que se cristalizan en una forma falsa ante un cambio de circunstancias. Encontramos, por ejemplo, el pseudomorfismo (o forma falsa), como se denomina a esta clase de fenómenos, que ocurre cuando se eliminan los átomos constituyentes de un cristal, mientras otro conjunto —que naturalmente adopta una forma diferente— toma su lugar, conservando aún así la forma original. A menudo ocurre que las piritas de cobre, de esta manera, presentan los ángulos de una variedad ordinaria de carbonato de hierro cristalizado. Estos curiosos cambios pueden hacerse comprensibles si imaginamos una hermosa estatua de oro, de la cual algún mecánico hábil elimina partícula por partícula, sustituyendo con gran habilidad cada grano de oro por uno de latón, de modo que la pérdida del metal precioso no puede detectarse mediante un simple examen de su forma.
La forma cristalina no depende estrictamente de la naturaleza química de las partes que forman el cristal. El mismo número de átomos, dispuestos de la misma manera, produce la misma forma. Sustancias muy distintas entre sí pueden adoptar la misma disposición cristalina. La magnesia, la cal, el óxido de cadmio, los protóxidos de hierro, níquel y cobalto, combinados con…
Las formas animales y vegetales dejan de desempeñar las funciones vitales: sigue la muerte y tiene lugar una completa desorganización; pero esto no ocurre en el mundo mineral: el cristal, al ser el resultado de una fuerza que actúa constantemente, no está necesariamente sujeto a la descomposición.
No obstante, a veces encontramos en la naturaleza que los cristales, después de alcanzar lo que se podría considerar, de alguna manera, su madurez, se descomponen gradualmente debido a un cambio en las condiciones bajo las cuales se formaron. En nuestras minas descubrimos esqueletos de cristales, y dentro de la concha hueca así formada, otros cristales de constitución y forma diferentes encuentran núcleos y las condiciones necesarias para su desarrollo. Otra vez, para dar un ejemplo llamativo, los cristales de feldespato de las formaciones graníticas son susceptibles de descomposición de una manera algo peculiar. Al descomponerse, estos cristales dejan moldes de sus propias formas características, y no es infrecuente que, en las regiones estanníferas de Cornualles, el óxido de estaño llene gradualmente estos moldes, y así obtenemos este mineral metálico en forma de su variedad terrosa. Entonces tenemos los curiosos casos de cuerpos que se cristalizan en una forma falsa ante un cambio de circunstancias. Encontramos, por ejemplo, el pseudomorfismo (o forma falsa), como se denomina a esta clase de fenómenos, que ocurre cuando se eliminan los átomos constituyentes de un cristal, mientras otro conjunto —que naturalmente adopta una forma diferente— toma su lugar, conservando aún así la forma original. A menudo ocurre que las piritas de cobre, de esta manera, presentan los ángulos de una variedad ordinaria de carbonato de hierro cristalizado. Estos curiosos cambios pueden hacerse comprensibles si imaginamos una hermosa estatua de oro, de la cual algún mecánico hábil elimina partícula por partícula, sustituyendo con gran habilidad cada grano de oro por uno de latón, de modo que la pérdida del metal precioso no puede detectarse mediante un simple examen de su forma.
La forma cristalina no depende estrictamente de la naturaleza química de las partes que forman el cristal. El mismo número de átomos, dispuestos de la misma manera, produce la misma forma. Sustancias muy distintas entre sí pueden adoptar la misma disposición cristalina. La magnesia, la cal, el óxido de cadmio, los protóxidos de hierro, níquel y cobalto, combinados con…
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El mismo ácido da lugar a cuerpos de forma similar. Estas peculiaridades isomórficas son extremadamente comunes, y el descubridor de estos fenómenos, Mitscherlich, anunció la ley mencionada. Sin embargo, no puede considerarse como una expresión filosófica de este hecho, ya que los elementos químicos de carácter diferente pueden seguir la misma ley de agregación y, por lo tanto, producir la misma forma, sin tener ninguna relación con el número de átomos.
También encontramos compuestos que poseen dos sistemas de cristalización distintos. Esta propiedad, llamada dimorfismo, se observa de manera muy evidente en el carbonato de cal, que aparece en forma de romboedros, en la calcita y en prismas romboidales en el aragonito. No obstante, las disposiciones moleculares aquí no son igualmente estables; una forma se impone claramente sobre la otra y esta última es abandonada ante la más mínima perturbación. Cuando se calienta un prisma de aragonito, se descompone en rombos de calcita común, a una temperatura mucho menor que la necesaria para descomponer el carbonato de cal; pero ningún cambio de temperatura puede transformar la calcita en aragonito.
Los cristales se encuentran en el tamaño más microscópico, así como en tamaños extremadamente grandes. Un cristal de cuarzo en Milán mide tres pies y un cuarto de largo y cinco pies y medio de circunferencia; su peso es de 870 libras. También se han encontrado berilos en Nuevo Hampshire con una longitud de cuatro pies.[38]
En las profundidades oscuras de la Tierra, donde dejan de actuar las fuerzas que generan organización y vida, un espíritu creativo continúa con su tarea interminable de dar forma a la materia.
La ciencia de la cristalografía,[39] que abarca las cuestiones teóricas y prácticas relacionadas con las causas que dan origen a estas formas geométricas, ha intentado de diversas maneras explicar las leyes según las cuales las moléculas se organizan en perfecto orden, dando lugar a un sistema arquitectónico rigurosamente estructurado. Pero no se puede decir que alguna de las teorías propuestas hasta ahora sea lo suficientemente precisa como para abarcar todos los fenómenos conocidos. Las preguntas —¿Qué es la atracción cristalogénica y cuál es la naturaleza física de las partículas elementales de la materia?— siguen abiertas para ser investigadas por aquellos genios que disfrutan desentrañando los secretos de la naturaleza.
El gran Epicuro especuló sobre la “naturaleza plástica” de los átomos, atribuyendo a esta naturaleza la capacidad que tienen los átomos de organizarse entre sí.
También encontramos compuestos que poseen dos sistemas de cristalización distintos. Esta propiedad, llamada dimorfismo, se observa de manera muy evidente en el carbonato de cal, que aparece en forma de romboedros, en la calcita y en prismas romboidales en el aragonito. No obstante, las disposiciones moleculares aquí no son igualmente estables; una forma se impone claramente sobre la otra y esta última es abandonada ante la más mínima perturbación. Cuando se calienta un prisma de aragonito, se descompone en rombos de calcita común, a una temperatura mucho menor que la necesaria para descomponer el carbonato de cal; pero ningún cambio de temperatura puede transformar la calcita en aragonito.
Los cristales se encuentran en el tamaño más microscópico, así como en tamaños extremadamente grandes. Un cristal de cuarzo en Milán mide tres pies y un cuarto de largo y cinco pies y medio de circunferencia; su peso es de 870 libras. También se han encontrado berilos en Nuevo Hampshire con una longitud de cuatro pies.[38]
En las profundidades oscuras de la Tierra, donde dejan de actuar las fuerzas que generan organización y vida, un espíritu creativo continúa con su tarea interminable de dar forma a la materia.
La ciencia de la cristalografía,[39] que abarca las cuestiones teóricas y prácticas relacionadas con las causas que dan origen a estas formas geométricas, ha intentado de diversas maneras explicar las leyes según las cuales las moléculas se organizan en perfecto orden, dando lugar a un sistema arquitectónico rigurosamente estructurado. Pero no se puede decir que alguna de las teorías propuestas hasta ahora sea lo suficientemente precisa como para abarcar todos los fenómenos conocidos. Las preguntas —¿Qué es la atracción cristalogénica y cuál es la naturaleza física de las partículas elementales de la materia?— siguen abiertas para ser investigadas por aquellos genios que disfrutan desentrañando los secretos de la naturaleza.
El gran Epicuro especuló sobre la “naturaleza plástica” de los átomos, atribuyendo a esta naturaleza la capacidad que tienen los átomos de organizarse entre sí.
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Formas simétricas. Los filósofos modernos se conforman con la atracción y, razonando por analogía, imaginan que cada átomo posee un sistema polar. La electricidad, la luz y el calor ejercen poderes extraordinarios, acelerando o retardando la cristalización según las condiciones en las que estas fuerzas actúan sobre la masa que se está cristalizando. Recientemente hemos obtenido pruebas que parecen demostrar que alguna forma de magnetismo tiene una influencia activa en la determinación de las formas naturales de los cristales, y descubrimos que el magnetismo ejerce una influencia peculiar en relación con los ejes ópticos de los cristales, influencia que no se manifiesta en líneas perpendiculares a ellos. La electricidad parece acelerar el proceso de agregación cristalina: reúne más fácilmente aquellos átomos que buscan combinarse, llevándolos todos dentro de los límites de esa influencia mediante la cual se determinan sus formas simétricas; y ahora existen pruebas contundentes a favor de la teoría de la polaridad magnética, gracias a las investigaciones precisas de Faraday y Plücker, las cuales demuestran que el magnetismo tiene una influencia directiva sobre los cuerpos cristalinos.[40]
Se ha descubierto que los cristales de sulfato de hierro, que se forman lentamente a partir de una solución sometida a una fuerza magnética suficientemente potente, se disponen a lo largo de ciertas curvas magnéticas, como las que se forman alrededor de un imán con virutas de acero; mientras que los cristales del Arbor Dianæ, o árbol plateado, que se forman bajo las mismas circunstancias, adoptan una posición casi perpendicular a esas curvas. En la naturaleza se han encontrado ciertos grupos de cristales que, por su posición, parecen indicar que el magnetismo terrestre ha sido el responsable de los fenómenos que exhiben; de hecho, casi todas nuestras formaciones minerales muestran la influencia de este o de algún otro poder similar.[41]
Durante la cristalización rápida, algunos sales —como el sulfato de sosa, el ácido bórico y el ácido arsénico que se cristalizan en ácido muriático— presentan claras señales de excitación eléctrica; se emite luz en destellos. Tenemos pruebas de que los cristales tienden a moverse hacia la luz, y de que la cristalización ocurre más fácilmente y con mayor actividad bajo la luz solar que a la sombra. El profesor Plücker ha determinado recientemente que ciertos cristales —en particular el cianita— “apuntan muy bien hacia el norte, únicamente gracias al poder magnético de la Tierra. Es como una verdadera aguja de brújula; e incluso se puede determinar su declinación”. Debemos recordar que este cristal, el cianita, es solo un compuesto de sílice y alúmina.
Se ha descubierto que los cristales de sulfato de hierro, que se forman lentamente a partir de una solución sometida a una fuerza magnética suficientemente potente, se disponen a lo largo de ciertas curvas magnéticas, como las que se forman alrededor de un imán con virutas de acero; mientras que los cristales del Arbor Dianæ, o árbol plateado, que se forman bajo las mismas circunstancias, adoptan una posición casi perpendicular a esas curvas. En la naturaleza se han encontrado ciertos grupos de cristales que, por su posición, parecen indicar que el magnetismo terrestre ha sido el responsable de los fenómenos que exhiben; de hecho, casi todas nuestras formaciones minerales muestran la influencia de este o de algún otro poder similar.[41]
Durante la cristalización rápida, algunos sales —como el sulfato de sosa, el ácido bórico y el ácido arsénico que se cristalizan en ácido muriático— presentan claras señales de excitación eléctrica; se emite luz en destellos. Tenemos pruebas de que los cristales tienden a moverse hacia la luz, y de que la cristalización ocurre más fácilmente y con mayor actividad bajo la luz solar que a la sombra. El profesor Plücker ha determinado recientemente que ciertos cristales —en particular el cianita— “apuntan muy bien hacia el norte, únicamente gracias al poder magnético de la Tierra. Es como una verdadera aguja de brújula; e incluso se puede determinar su declinación”. Debemos recordar que este cristal, el cianita, es solo un compuesto de sílice y alúmina.
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Es la cantidad de evidencia experimental que la ciencia ha proporcionado para explicar las condiciones bajo las cuales la naturaleza lleva a cabo su maravilloso proceso de formación de cristales. Vemos suficiente de este proceso como para estar convencidos de que la estrella luminosa que brilla en el firmamento y la gema oculta en las cuevas son, tanto una como otra, resultado de fuerzas que solo conocemos en algunas de sus variantes.
Toda sustancia, cuando se encuentra en condiciones que permiten el movimiento libre de sus moléculas, tiende a cristalizarse. Todos los metales pueden, al enfriarse lentamente desde su estado fundido, presentar una estructura cristalina. De los minerales metálicos y terrosos, la naturaleza nos ofrece una variedad casi infinita de cristales, y, mediante la reducción de la temperatura, cuerpos aún más simples adoptan las formas más simétricas.
El agua, en las condiciones de hielo y nieve, es un ejemplo familiar y hermoso; y, con grados extremos de frío producidos artificialmente, muchos de los gases muestran tendencia a adoptar un estado cristalino. ¿Acaso los átomos elementales sólidos no pueden ser susceptibles de cambios de forma bajo diferentes influencias? ¿No podrían los diferentes estados en los que se encuentran los mismos cuerpos —como, por ejemplo, la sílice, el carbono y el hierro— deberse únicamente a un cambio en la forma del átomo primitivo?
Si admitimos la posibilidad de esto, entonces vemos fácilmente que la molécula central, formada por la agregación de tales átomos unidos por superficies específicas, presentaría una forma determinada; y que el cristal resultante, una masa de tales moléculas que se cohesionan según una ley determinada, a ciertos ángulos, presentaría aquellas figuras geométricas que encontramos en la naturaleza o que producimos en nuestros laboratorios cuando utilizamos procesos que la naturaleza nos ha enseñado.
Si tomamos una partícula de mármol y la colocamos en una gran cantidad de agua acidificada con ácido sulfúrico, esta se disuelve y se forma un nuevo compuesto. El mármol desaparece: el ojo no puede detectarlo ni por su forma ni por su color; el ácido también ha cambiado de apariencia: el sabor no revela nada ácido en el líquido. Tenemos, combinados con el agua, cal y ácido sulfúrico; pero esa combinación, a los ojos, no difiere en nada del agua misma. Es incolora y perfectamente transparente, aunque contiene una masa de materia sólida que anteriormente no habría permitido la penetración de un rayo de luz.
Expongamos este líquido a tales condiciones que el agua se enfríe lentamente.
Toda sustancia, cuando se encuentra en condiciones que permiten el movimiento libre de sus moléculas, tiende a cristalizarse. Todos los metales pueden, al enfriarse lentamente desde su estado fundido, presentar una estructura cristalina. De los minerales metálicos y terrosos, la naturaleza nos ofrece una variedad casi infinita de cristales, y, mediante la reducción de la temperatura, cuerpos aún más simples adoptan las formas más simétricas.
El agua, en las condiciones de hielo y nieve, es un ejemplo familiar y hermoso; y, con grados extremos de frío producidos artificialmente, muchos de los gases muestran tendencia a adoptar un estado cristalino. ¿Acaso los átomos elementales sólidos no pueden ser susceptibles de cambios de forma bajo diferentes influencias? ¿No podrían los diferentes estados en los que se encuentran los mismos cuerpos —como, por ejemplo, la sílice, el carbono y el hierro— deberse únicamente a un cambio en la forma del átomo primitivo?
Si admitimos la posibilidad de esto, entonces vemos fácilmente que la molécula central, formada por la agregación de tales átomos unidos por superficies específicas, presentaría una forma determinada; y que el cristal resultante, una masa de tales moléculas que se cohesionan según una ley determinada, a ciertos ángulos, presentaría aquellas figuras geométricas que encontramos en la naturaleza o que producimos en nuestros laboratorios cuando utilizamos procesos que la naturaleza nos ha enseñado.
Si tomamos una partícula de mármol y la colocamos en una gran cantidad de agua acidificada con ácido sulfúrico, esta se disuelve y se forma un nuevo compuesto. El mármol desaparece: el ojo no puede detectarlo ni por su forma ni por su color; el ácido también ha cambiado de apariencia: el sabor no revela nada ácido en el líquido. Tenemos, combinados con el agua, cal y ácido sulfúrico; pero esa combinación, a los ojos, no difiere en nada del agua misma. Es incolora y perfectamente transparente, aunque contiene una masa de materia sólida que anteriormente no habría permitido la penetración de un rayo de luz.
Expongamos este líquido a tales condiciones que el agua se enfríe lentamente.
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Se evaporan, y con el tiempo encontraremos que se forman en ellas partículas microscópicas de materia sólida que refracta la luz. Estas partículas aumentan gradualmente de tamaño, y podemos observar su crecimiento hasta que finalmente obtenemos una figura simétrica y bellamente formada, cuya forma primaria es un prisma romboidal recto. Así, en la naturaleza, probablemente debido a la acción de la materia vegetal sobre los sulfatos disueltos en el agua de los grandes ríos y del océano —ayudada por nuestra atmósfera oxidante— se produce ácido sulfúrico para actuar sobre las formaciones calcáreas; de esta combinación resultaría el conocido yeso o gesso de París, que normalmente existe como una masa amorfa, pero a menudo se encuentra en forma cristalina.[42]
Esta es una ilustración muy perfecta del maravilloso proceso que hemos estado considerando, y en el cual, aunque parezca simple, hemos puesto en acción una gran proporción de los elementos físicos conocidos del universo. Al estudiar adecuadamente el resultado que podemos obtener en un microscopio, podemos avanzar en nuestro conocimiento de fenómenos gigantescos que tienen lugar en el fondo del océano, o de las maravillosas fuerzas que están en acción, produciendo gemas que refractan la luz en los recovecos secretos de la corteza rocosa de nuestro planeta.
La fuerza de la cristalización es un tema digno de mucha consideración. Si examinamos nuestras rocas pizarrosas, a través de las cuales se extienden pequeñas vetas llenas de cristales de cuarzo, veremos que la fuerza mecánica ejercida durante la formación de estos cristales ha sido capaz de partir esas rocas en todas direcciones. Esas fisuras formadas por el primer sistema de vetas cristalinas, con el paso del tiempo, son rellenadas por otro conjunto de cuerpos cristalinos, que ejercen igualmente su fuerza mecánica, produciendo así esas curiosas intersecciones y desplazamientos que durante mucho tiempo fueron un enigma para los geólogos.
La fuerza más simple, actuando lentamente y de manera constante durante un largo período de tiempo, puede llegar a ser suficiente, eventualmente, para partir los Andes de base a cima, o para elevar un nuevo continente por encima de las aguas del océano.
NOTAS AL PIE:
Esta es una ilustración muy perfecta del maravilloso proceso que hemos estado considerando, y en el cual, aunque parezca simple, hemos puesto en acción una gran proporción de los elementos físicos conocidos del universo. Al estudiar adecuadamente el resultado que podemos obtener en un microscopio, podemos avanzar en nuestro conocimiento de fenómenos gigantescos que tienen lugar en el fondo del océano, o de las maravillosas fuerzas que están en acción, produciendo gemas que refractan la luz en los recovecos secretos de la corteza rocosa de nuestro planeta.
La fuerza de la cristalización es un tema digno de mucha consideración. Si examinamos nuestras rocas pizarrosas, a través de las cuales se extienden pequeñas vetas llenas de cristales de cuarzo, veremos que la fuerza mecánica ejercida durante la formación de estos cristales ha sido capaz de partir esas rocas en todas direcciones. Esas fisuras formadas por el primer sistema de vetas cristalinas, con el paso del tiempo, son rellenadas por otro conjunto de cuerpos cristalinos, que ejercen igualmente su fuerza mecánica, produciendo así esas curiosas intersecciones y desplazamientos que durante mucho tiempo fueron un enigma para los geólogos.
La fuerza más simple, actuando lentamente y de manera constante durante un largo período de tiempo, puede llegar a ser suficiente, eventualmente, para partir los Andes de base a cima, o para elevar un nuevo continente por encima de las aguas del océano.
NOTAS AL PIE:
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[37] “Gay Lussac fue el primero en señalar que un cristal de alumbre potásico, tras ser transferido a una solución de alumbre amoniacal, seguía creciendo sin que su forma se modificara, y por lo tanto podía quedar recubierto por capas alternas de los dos alumbres, conservando así su regularidad y su forma cristalina adecuada. Más tarde, el Sr. Beudant observó que otros cuerpos, como los sulfatos de hierro y cobre, podían presentarse en cristales de la misma forma y ángulos, aunque dicha forma no era tan simple como la del alumbre. Pero fue el Sr. Mitscherlich quien primero reconoció esta correspondencia en un número suficiente de casos para demostrar que se trataba de una consecuencia general de la similitud en la composición de diferentes cuerpos.” —Elementos de Química de Graham (1842), p. 136.
Las siguientes observaciones provienen de un artículo del Dr. Hermann Kopp, Sobre el volumen atómico y la condición cristalina de los cuerpos, etc., publicado en la Philosophical Magazine en 1841: “La doctrina del isomorfismo nos muestra que existen muchos cuerpos que poseen una constitución análoga y la misma forma cristalina. Por lo tanto, nuestra idea del volumen (o, en otras palabras, de la forma cristalina) de estos cuerpos debe ser la misma. De esto se deduce que su peso específico está relacionado con la masa contenida en el mismo volumen. A partir de estas consideraciones se puede deducir la siguiente ley: el peso específico de los cuerpos isomórficos es proporcional a su peso atómico, o sea, los cuerpos isomórficos poseen el mismo volumen atómico.” —página 255. Existe una traducción en la Cavendish Society, extraída de Química de Otto, sobre el isomorfismo, que puede consultarse con provecho. Véase también un artículo del Sr. Rose, traducido de las Actas de la Real Academia de Berlín para la Chemical Gazette, octubre de 1848, titulado “Sobre las condiciones isoméricas del peróxido de estaño”.
[38] Un sistema de mineralogía, que incluye los descubrimientos más recientes, de James D. Dana, A.M., Nueva York, 1844.
[39] Cristalogénesis, o la formación de cristales, es el término empleado por Dana en su admirable obra citada anteriormente; sus observaciones sobre Cristalogénesis teórica, p. 71, merecen toda la atención.
[40] Sobre las relaciones magnéticas entre los ejes ópticos positivo y negativo de los cristales, del profesor Plücker, de Bonn. —Philosophical Magazine, n.º 231 (3ª serie), p. 450. Investigaciones experimentales sobre la electricidad; Sobre la polaridad cristalina del bismuto y otros cuerpos, y sobre su relación con la forma magnética de la fuerza: de Michael Faraday, Esq., F.R.S. —Transactions of the Royal Society para 1848.
[41] En las Memorias del Servicio Geológico del Reino Unido y del Museo de Geología Económica, volumen I, 1846, se encuentra un artículo del autor de este volumen, Sobre las influencias del magnetismo en la cristalización y otras condiciones de la materia, en el cual el tema se examina con mucho cuidado. Véase también Magnétisme polaire d’une montagne de Chlorite schisteuse et de Serpentine: Annales de Chimie, volumen XXV, p. 327; Influence du Magnétisme sur les actions chimiques, del Abbé Rendus; así como una descripción de los experimentos de Ritter y Hansteen, “Analysées par M. Ørsted”; además, Effets du Magnétisme terrestre sur la précipitation de l’Argent, observés par M. Muschman: Annales de Chimie, volumen XXXVIII, págs. 196–201.
[42] Las variedades transparentes del sulfato de cal se distinguen con el nombre de selenita; y las variedades masivas y finas se denominan alabastro. El yeso forma yacimientos muy extensos en países secundarios, y se encuentra en depósitos terciarios.
Las siguientes observaciones provienen de un artículo del Dr. Hermann Kopp, Sobre el volumen atómico y la condición cristalina de los cuerpos, etc., publicado en la Philosophical Magazine en 1841: “La doctrina del isomorfismo nos muestra que existen muchos cuerpos que poseen una constitución análoga y la misma forma cristalina. Por lo tanto, nuestra idea del volumen (o, en otras palabras, de la forma cristalina) de estos cuerpos debe ser la misma. De esto se deduce que su peso específico está relacionado con la masa contenida en el mismo volumen. A partir de estas consideraciones se puede deducir la siguiente ley: el peso específico de los cuerpos isomórficos es proporcional a su peso atómico, o sea, los cuerpos isomórficos poseen el mismo volumen atómico.” —página 255. Existe una traducción en la Cavendish Society, extraída de Química de Otto, sobre el isomorfismo, que puede consultarse con provecho. Véase también un artículo del Sr. Rose, traducido de las Actas de la Real Academia de Berlín para la Chemical Gazette, octubre de 1848, titulado “Sobre las condiciones isoméricas del peróxido de estaño”.
[38] Un sistema de mineralogía, que incluye los descubrimientos más recientes, de James D. Dana, A.M., Nueva York, 1844.
[39] Cristalogénesis, o la formación de cristales, es el término empleado por Dana en su admirable obra citada anteriormente; sus observaciones sobre Cristalogénesis teórica, p. 71, merecen toda la atención.
[40] Sobre las relaciones magnéticas entre los ejes ópticos positivo y negativo de los cristales, del profesor Plücker, de Bonn. —Philosophical Magazine, n.º 231 (3ª serie), p. 450. Investigaciones experimentales sobre la electricidad; Sobre la polaridad cristalina del bismuto y otros cuerpos, y sobre su relación con la forma magnética de la fuerza: de Michael Faraday, Esq., F.R.S. —Transactions of the Royal Society para 1848.
[41] En las Memorias del Servicio Geológico del Reino Unido y del Museo de Geología Económica, volumen I, 1846, se encuentra un artículo del autor de este volumen, Sobre las influencias del magnetismo en la cristalización y otras condiciones de la materia, en el cual el tema se examina con mucho cuidado. Véase también Magnétisme polaire d’une montagne de Chlorite schisteuse et de Serpentine: Annales de Chimie, volumen XXV, p. 327; Influence du Magnétisme sur les actions chimiques, del Abbé Rendus; así como una descripción de los experimentos de Ritter y Hansteen, “Analysées par M. Ørsted”; además, Effets du Magnétisme terrestre sur la précipitation de l’Argent, observés par M. Muschman: Annales de Chimie, volumen XXXVIII, págs. 196–201.
[42] Las variedades transparentes del sulfato de cal se distinguen con el nombre de selenita; y las variedades masivas y finas se denominan alabastro. El yeso forma yacimientos muy extensos en países secundarios, y se encuentra en depósitos terciarios.
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Ocasionalmente, en rocas primitivas; también es un producto de los volcanes. Los mejores ejemplares extranjeros se encuentran en las minas de sal de Bex, en Suiza; en Hall, en el Tirol; en las minas de azufre de Sicilia; y en las formaciones de yeso cerca de Ocana, en España. En Inglaterra, la arcilla de Shotover Hill, cerca de Oxford, produce los cristales más grandes. —Véase Mineralogía de Dana, segunda edición, p. 241.
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CAPÍTULO VI.
CALOR: SOLAR Y TERRESTRE.
Calor solar y terrestre—Posición de la Tierra en el Sistema Solar—Calor y luz asociados en el rayo solar—Transparencia de los cuerpos al calor—Poderes calóricos de los rayos coloreados del espectro—Teoría ondulatoria—Propiedad conductora de la corteza terrestre—Convección—Radiación—Acción de la atmósfera sobre los rayos calóricos—Rayos calóricos peculiares—Absorción y radiación del calor por cuerpos diferentes—Cambios en la constitución del rayo solar—Diferencias entre el calor solar transmitido y el reflejado—Fenómenos del rocío—Acción del calor solar sobre el océano—Circulación del calor por la atmósfera y el océano—Calor de la Tierra—Temperatura media—Calor central—Radiación constante de rayos calóricos por todos los cuerpos—Termografía—Acción del calor sobre los arreglos moleculares—Fuentes de calor terrestre—Calor latente de los cuerpos—Calor animal—Eremacausis—Estado esférico del frío—Condensación—Congelación—Teorías del calor—Fenómenos naturales—y conclusión filosófica.
Recibimos calor del sol, asociado a la luz; y tenemos la capacidad de desarrollar este importante principio mediante estimulación física, mecánica y química, a partir de todo tipo de materia. Nuestras convicciones son que el elemento calorífico, ya sea de origen solar o terrestre, no presenta diferencia esencial en sus características físicas; pero como existen algunas particularidades notables en los fenómenos que surgen de uno u otro origen, nos ayudará a comprender este gran principio si lo consideramos bajo estos dos aspectos.
El hombre inculto encuentra salud y alegría en el calor y la luz del sol; erige un altar rudimentario y inclina su alma en oración ante el principio del fuego, que en su ignorancia considera como el dador y sostén de la vida. El
CALOR: SOLAR Y TERRESTRE.
Calor solar y terrestre—Posición de la Tierra en el Sistema Solar—Calor y luz asociados en el rayo solar—Transparencia de los cuerpos al calor—Poderes calóricos de los rayos coloreados del espectro—Teoría ondulatoria—Propiedad conductora de la corteza terrestre—Convección—Radiación—Acción de la atmósfera sobre los rayos calóricos—Rayos calóricos peculiares—Absorción y radiación del calor por cuerpos diferentes—Cambios en la constitución del rayo solar—Diferencias entre el calor solar transmitido y el reflejado—Fenómenos del rocío—Acción del calor solar sobre el océano—Circulación del calor por la atmósfera y el océano—Calor de la Tierra—Temperatura media—Calor central—Radiación constante de rayos calóricos por todos los cuerpos—Termografía—Acción del calor sobre los arreglos moleculares—Fuentes de calor terrestre—Calor latente de los cuerpos—Calor animal—Eremacausis—Estado esférico del frío—Condensación—Congelación—Teorías del calor—Fenómenos naturales—y conclusión filosófica.
Recibimos calor del sol, asociado a la luz; y tenemos la capacidad de desarrollar este importante principio mediante estimulación física, mecánica y química, a partir de todo tipo de materia. Nuestras convicciones son que el elemento calorífico, ya sea de origen solar o terrestre, no presenta diferencia esencial en sus características físicas; pero como existen algunas particularidades notables en los fenómenos que surgen de uno u otro origen, nos ayudará a comprender este gran principio si lo consideramos bajo estos dos aspectos.
El hombre inculto encuentra salud y alegría en el calor y la luz del sol; erige un altar rudimentario y inclina su alma en oración ante el principio del fuego, que en su ignorancia considera como el dador y sostén de la vida. El
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El filósofo considera que la vida y la organización dependen de las fuerzas combinadas en los rayos solares; y, al examinar los fenómenos de esta maravillosa banda de fuerzas, se ve obligado a reconocer que la llama sobre el altar, en las colinas persas, era en verdad una tenue sombra de la sabiduría infinita que reside detrás del velo.
La condición actual de nuestra Tierra depende directamente de la cantidad de calor que recibimos del Sol. Se ha dicho con frecuencia que, si fuera posible acercar este planeta tanto a ese astro que aumentara la cantidad de calor, las condiciones de la vida cambiarían necesariamente de tal manera que todas las razas animales actuales perecerían; y que ocurriría el mismo resultado si nos alejáramos aún más de nuestra luz central, ya que, debido al frío extremo y a la oscuridad abrumadora, todos los seres vivos dejarían de poder mantener su organización.
Acercar o alejar la Tierra del Sol es imposible; pero se ha argumentado que aquellos planetas que están cerca del Sol deben poseer una temperatura capaz de derretir nuestras rocas sólidas y vaporizar los océanos, mientras que Urano y Neptuno, debido a su distancia de la fuente de calor, deben tener una cantidad tan escasa de calor que el agua se volvería sólida como la roca, y que una atmósfera similar a la terrestre existiría como un líquido denso.
Se demostrará que, según las condiciones físicas de las sustancias materiales, así se regulan sus capacidades para absorber y retener el calor que incide sobre sus superficies en forma de energía radiante. Los rayos de calor, al pasar a través del medio atenuado del espacio planetario, no pierden nada de su potencia; esto lo sabemos por el hecho de que incluso la región superior menos densa de la atmósfera terrestre recibe de los rayos solares solo una cantidad extremadamente pequeña de calor. Por lo tanto, sea que un rayo de calor solar atraviese un millón o cien millones de millas de espacio, sigue conservando su capacidad para transmitir calor a la materia sólida por la cual es interceptado.
No existe ninguna ley de variación inversamente proporcional al cuadrado de la distancia de esas fuerzas radiantes. En consecuencia, no hay razón por la cual las condiciones físicas, tanto de los cuerpos planetarios más cercanos como de los más lejanos, no puedan ajustarse de tal manera que todos disfruten de esa temperatura favorable a la vida que existe en la Tierra.
La condición actual de nuestra Tierra depende directamente de la cantidad de calor que recibimos del Sol. Se ha dicho con frecuencia que, si fuera posible acercar este planeta tanto a ese astro que aumentara la cantidad de calor, las condiciones de la vida cambiarían necesariamente de tal manera que todas las razas animales actuales perecerían; y que ocurriría el mismo resultado si nos alejáramos aún más de nuestra luz central, ya que, debido al frío extremo y a la oscuridad abrumadora, todos los seres vivos dejarían de poder mantener su organización.
Acercar o alejar la Tierra del Sol es imposible; pero se ha argumentado que aquellos planetas que están cerca del Sol deben poseer una temperatura capaz de derretir nuestras rocas sólidas y vaporizar los océanos, mientras que Urano y Neptuno, debido a su distancia de la fuente de calor, deben tener una cantidad tan escasa de calor que el agua se volvería sólida como la roca, y que una atmósfera similar a la terrestre existiría como un líquido denso.
Se demostrará que, según las condiciones físicas de las sustancias materiales, así se regulan sus capacidades para absorber y retener el calor que incide sobre sus superficies en forma de energía radiante. Los rayos de calor, al pasar a través del medio atenuado del espacio planetario, no pierden nada de su potencia; esto lo sabemos por el hecho de que incluso la región superior menos densa de la atmósfera terrestre recibe de los rayos solares solo una cantidad extremadamente pequeña de calor. Por lo tanto, sea que un rayo de calor solar atraviese un millón o cien millones de millas de espacio, sigue conservando su capacidad para transmitir calor a la materia sólida por la cual es interceptado.
No existe ninguna ley de variación inversamente proporcional al cuadrado de la distancia de esas fuerzas radiantes. En consecuencia, no hay razón por la cual las condiciones físicas, tanto de los cuerpos planetarios más cercanos como de los más lejanos, no puedan ajustarse de tal manera que todos disfruten de esa temperatura favorable a la vida que existe en la Tierra.
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Todos los objetos que nos rodean están adaptados a las circunstancias de la posición de la Tierra en relación con el Sol, a lo cual estamos ligados por el principio de la gravedad; en contraposición a esa fuerza centrífuga que tiende constantemente a alejar la masa planetaria en movimiento del centro de atracción. El equilibrio mantiene su perfecta armonía, aunque existe una fuerza que tira constantemente de la Tierra hacia el Sol, y otra que se esfuerza constantemente por llevarla al espacio en línea tangente a la órbita en la que se mueve el planeta. En nuestro análisis descubriremos que existe un sistema común de armonía que permea todos los fenómenos cósmicos, y gracias al cual se produce todo lo que es tan hermoso y alegre en este mundo. El calor y los demás principios radiantes elementales suelen combinarse como causa común de los efectos que perciben nuestros sentidos. Sin embargo, el calor de los rayos solares y su influencia lumínica no suelen asociarse en la mente como resultados de una sola causa. Solo cuando examinamos los fenómenos físicos relacionados con estas radiaciones descubrimos la complejidad de esta investigación. Y precisamente a partir de estos estudios sumamente sutiles extraemos las verdades más refinadas. Las conclusiones profundas a las que nos lleva el análisis de los agentes sutiles de la creación convierten a la ciencia, practicada con espíritu de verdad, en un gran sistema de instrucción religiosa. Aunque no tememos que el calor y la luz puedan confundirse en la mente —tan diferentes son sus fenómenos— existen rayos de calor provenientes de hierro caliente y oscuro que no emiten luz, mientras que en la intensa luz de los rayos lunares el calor apenas puede ser detectado incluso con los instrumentos más delicados; no obstante, es importante mostrar hasta qué punto estos dos principios han sido separados uno del otro. Los cuerpos transparentes tienen capacidades variables de transparencia calorífica o transcalcescencia: algunos obstaculizan casi por completo el calor emitido por cuerpos de las temperaturas más altas, incluso en las capas más delgadas; mientras que otros permiten que el calor de la mano pase a través de capas de varios centímetros de grosor. El cloruro líquido de azufre, de color rojo intenso, permite que pasen 63 de cada 100 rayos de calor, y una solución de carmín en amoníaco, o vidrio teñido con óxidos de oro o cobre, permite que pasen aún más; sin embargo, estos medios transparentes también obstaculizan una gran cantidad de luz. Los medios incoloros, que apenas obstaculizan la luz, por el contrario, impiden el paso de los rayos caloríficos. De cada cien rayos, el aceite de trementina solo transmite 31, el éter sulfúrico 21, el ácido sulfúrico 17, y el agua destilada solo 11. El vidrio puro, sin embargo, permite que pasen 67 de cada cien rayos.
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El vidrio corona transmite el 49 por ciento de los rayos térmicos, mientras que el vidrio común lo hace en un 51 por ciento. El cuerpo que posee la mayor transparencia para los rayos de calor es la roca salina diáfana, la cual transmite el 92 por ciento de dichos rayos; en cambio, el alumbre, igualmente translúcido, permite el paso de solo el 12 por ciento.[43] La mica negra, la obsidiana y el vidrio negro son casi opacos a la luz, pero permiten que pase el 90 por ciento del calor radiante; mientras que un vidrio de color verde pálido, teñido con óxido de cobre,[44] cubierto con una capa de agua o con una lámina muy delgada de alumbre, aunque sea perfectamente transparente a la luz, obstruirá casi por completo la penetración de los rayos térmicos. Así, llegamos a la conclusión de que el calor y la luz pueden separarse uno del otro; y si examinamos el haz solar mediante el análisis que permite el prisma, descubriremos que no existe correspondencia entre la luz intensa y el calor intenso. Mediante observaciones cuidadosas, se ha demostrado que, cuando la temperatura en el rayo amarillo es de 62° F., este rayo tiene la mayor capacidad iluminante; por debajo del rayo rojo, fuera del rango de la luz visible, la temperatura es de 79°, mientras que en el otro extremo del espectro, en el rayo azul, es de 56°, y en el extremo del rayo violeta no se puede detectar ninguna acción térmica.[45] Dado que, por medios artificiales, podemos elevar la temperatura de cualquier cuerpo y generar calor intenso, una vez alcanzado cierto nivel de elevación térmica, se produce una manifestación de luz.[46] Se ha concluido, de forma algo apresurada, que el calor y la luz difieren entre sí únicamente en la rapidez de las ondulaciones de un éter hipotético. Hay que admitir que las demostraciones matemáticas de muchos de los fenómenos relacionados con la energía calorífica y lumínica son lo suficientemente contundentes como para convencernos de que existe un movimiento ondulatorio común tanto al calor como a la luz. Sin embargo, la teoría ondulatoria requiere la aceptación de tantas premisas de las cuales no tenemos prueba alguna; sus postulados son, de hecho, en muchos casos tan arbitrarios, que, a pesar del talento demostrado por quienes la defienden, no debemos dejarnos engañar por sus deducciones ni deslumbrar por el brillo de sus demostraciones eruditas. El calor radiante parece moverse en ondas; pero el hecho de que los efectos caloríficos en los cuerpos materiales se produzcan mediante algún sistema de ondulación es una deducción sin fundamento.
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Prueba; y los fenómenos térmicos de la materia se explican igualmente fácilmente mediante la hipótesis de un fluido sutil difusivo. Sin embargo, no tenemos que demostrar la corrección de ninguna de las visiones opuestas; de hecho, se reconoce que muchos fenómenos requieren, para su explicación, condiciones que ninguna de las teorías indica. La Tierra recibe su calor del sol; una parte de él se transmite de partícula en partícula hacia el interior de la corteza rocosa. Otra parte produce calor en la atmósfera que nos rodea, por convección, es decir, por la circulación de partículas; aquellas que se calientan al entrar en contacto con la superficie se vuelven más ligeras y ascienden, dejando lugar a las más frías y pesadas. Una tercera parte se irradia al espacio, según leyes que aún no han sido suficientemente investigadas, pero que dependen del color, de la composición química y de la estructura mecánica de la superficie. No deja de ser instructivo contemplar las indicaciones de que todo lo bello en la Tierra depende de las radiaciones de calor y luz que recibimos del sol. Esforcémonos por comprender algunos de los efectos que surgen incluso de la privación temporal del calor solar. Es invierno: el mundo vegetal parece helado hasta su centro. Los árboles, excepto unos pocos coníferos resistentes, están sin hojas, y al extender sus ramas hacia el aire frío, parecen esqueletos vegetales. Las plantas de los setos y las hierbas de los campos muestran que su fuerza vital está reducida al mínimo grado de actividad, apenas algo más allá de la muerte. La vida del arroyo se detiene: queda envuelto en “hielo grueso y costilludo”, y las aguas ya no emiten su alegre música al viento suave. Incluso dentro de los límites templados de nuestra propia tierra, la imagen del invierno convence al observador común de que la pérdida de calor ha provocado una disminución en la actividad de las fuerzas vitales; y el filósofo descubre que la menor energía de la luz solar y la acción más débil del calor radiante han contribuido a producir ese estado de reposo que es algo más que sueño, y algo menos que muerte. Es noche e invierno: la Tierra renuncia a su calor. Con la ausencia de luz, hay una pérdida aún mayor de vigor, una disminución aún mayor de las fuerzas vitales. Incluso las especies animales, sostenidas por influencias vitales de tipo más elevado, sucumben ante la privación temporal de los rayos solares.
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Un descanso monótono, melancólico. Todos los animales experimentan diferentes grados de hibernación, y cada uno, en su refugio invernal, mantiene su vitalidad al alimentarse de sí mismo. El mundo está envuelto en un negro luto; no hay juego de colores que armonice el espíritu humano enviando sus pulsaciones etéreas a la vista humana, y solo es la conciencia de que, cuando la noche está en su punto más oscuro, el día está más cerca, lo que permite que incluso el alma del hombre se mantenga firme frente a las influencias depresivas de la ausencia del sol.
Las condiciones que debemos observar en nuestro propio entorno no dejan de transmitir, incluso a la mente menos imaginativa, la convicción de que una prolongación algo mayor de la oscuridad, con el consiguiente aumento del frío, sería fatal para la existencia del mundo orgánico.
El sol ha entrado en Aries: es primavera. La duración del día y de la noche es igual; las fuerzas de la luz y de la oscuridad están ahora perfectamente equilibradas, y la luz, como el Arcángel, triunfa sobre el espíritu sombrío. El mundo orgánico despierta. Comienza la acción química en la semilla; la chispa vital se enciende en el embrión, y bajo la fuerza impulsora de algunas radiaciones solares, la planta lucha por alcanzar la luz y la vida. La misma fuerza revitalizadora impulsa la circulación de la savia a través de los tubos capilares de los árboles del bosque, hasta que la rama más alta tiembla con el nuevo flujo de vida. Los brotes se convierten en hojas, y una cubierta fresca y vibrante se extiende sobre esas ramas que, en su desnudez, apenas podían distinguirse de las muertas.
Las razas animales también son conscientes de esta nueva influencia que se difunde a su alrededor. Las aves vuelan alegremente con la brisa y ofrecen al cielo sus cantos de alabanza. Las bestias salen de las grietas de las rocas y de los escondites enmarañados de los bosques, y juegan con toda la energía que les brinda su renovada vitalidad. El hombre, incluso el hombre, habitante de las ciudades, entrenado y adaptado a un estado artificial, despierta en una mañana de primavera con una conciencia mental más plena y un sentido más profundo y satisfactorio de su inteligencia, que cuando las nieblas y la oscuridad del invierno cubrían todo como un manto mágico. Ahora, la poesía dormida del hombre busca expresión. Así como se dice que el sol matutino despertó las ondas musicales de la estatua de Memnón, así el sol de la mañana primaveral produce en la mente del ser más terrenal las débiles pulsaciones de esa música celestial, que ni el pecado ni la tristeza pueden destruir por completo. El psicólogo, al estudiar los fenómenos propios de la mente humana, debe…
Las condiciones que debemos observar en nuestro propio entorno no dejan de transmitir, incluso a la mente menos imaginativa, la convicción de que una prolongación algo mayor de la oscuridad, con el consiguiente aumento del frío, sería fatal para la existencia del mundo orgánico.
El sol ha entrado en Aries: es primavera. La duración del día y de la noche es igual; las fuerzas de la luz y de la oscuridad están ahora perfectamente equilibradas, y la luz, como el Arcángel, triunfa sobre el espíritu sombrío. El mundo orgánico despierta. Comienza la acción química en la semilla; la chispa vital se enciende en el embrión, y bajo la fuerza impulsora de algunas radiaciones solares, la planta lucha por alcanzar la luz y la vida. La misma fuerza revitalizadora impulsa la circulación de la savia a través de los tubos capilares de los árboles del bosque, hasta que la rama más alta tiembla con el nuevo flujo de vida. Los brotes se convierten en hojas, y una cubierta fresca y vibrante se extiende sobre esas ramas que, en su desnudez, apenas podían distinguirse de las muertas.
Las razas animales también son conscientes de esta nueva influencia que se difunde a su alrededor. Las aves vuelan alegremente con la brisa y ofrecen al cielo sus cantos de alabanza. Las bestias salen de las grietas de las rocas y de los escondites enmarañados de los bosques, y juegan con toda la energía que les brinda su renovada vitalidad. El hombre, incluso el hombre, habitante de las ciudades, entrenado y adaptado a un estado artificial, despierta en una mañana de primavera con una conciencia mental más plena y un sentido más profundo y satisfactorio de su inteligencia, que cuando las nieblas y la oscuridad del invierno cubrían todo como un manto mágico. Ahora, la poesía dormida del hombre busca expresión. Así como se dice que el sol matutino despertó las ondas musicales de la estatua de Memnón, así el sol de la mañana primaveral produce en la mente del ser más terrenal las débiles pulsaciones de esa música celestial, que ni el pecado ni la tristeza pueden destruir por completo. El psicólogo, al estudiar los fenómenos propios de la mente humana, debe…
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Asóciese con el filósofo natural y aprenda a apreciar la influencia de las causas físicas en la determinación de los efectos que nuestros filósofos antiguos y los poetas de todas las épocas han atribuido a fuerzas espirituales.
El verano, con su mayor calor y luz, reina sobre la tierra. La actividad vital está ahora en su punto máximo, y toda energía se acelera en toda la creación orgánica. Las leyes de la naturaleza se basan en el principio de fuerzas antagonistas; la lucha constante por mantenerlas en equilibrio constituye los fenómenos sensibles de la existencia. El calor y la luz, junto con la fuerza química y la electricidad, han acelerado ese principio desconocido de la vida, hasta que este se agota en la producción de nuevas partes —en el extraño fenómeno del crecimiento—, en la formación de materia organizada a partir de los recursos inorgánicos de la creación.
Llega el otoño, con su luz solar atemperada; pero en ese resplandor solar descubrimos nuevas fuerzas, y bajo su influencia nacen la flor y el fruto. El reservorio de una nueva vida se concentra en la semilla, y aunque la hoja cae y la flor se marchita, se producen nuevos organismos, gracias a los cuales se asegura la continuidad de la especie.
Que cualquier persona se examine a sí misma a medida que cambian las estaciones, y pronto se convencerá de que cada alternancia de luz y oscuridad, de calor y su ausencia, produce nuevas series de influencias tanto en la mente como en el cuerpo, mostrando la total dependencia de los reinos animal y vegetal de aquellas causas que parecen provenir del centro de nuestro sistema planetario.
Los fenómenos relacionados con los cambios de estación no pueden dejar de convencer al pensador más superficial de que existe una conexión íntima entre el sol y la tierra que merece nuestra atención detallada.
De hecho, si examinamos las historias más antiguas, encontramos un hecho fundamental en la base de todas sus filosofías. Moisés relaciona la oscuridad con un vacío y una tierra sin forma, y la luz con la creación de armonía y vida. Menes canta de un mundo temible “rodeado por mucha oscuridad formada”, y vincula la idea de una “divinidad que da vida” con el despertar de la luz en las cosas creadas. La egipcia Isis, el griego Apolo, quien…
El verano, con su mayor calor y luz, reina sobre la tierra. La actividad vital está ahora en su punto máximo, y toda energía se acelera en toda la creación orgánica. Las leyes de la naturaleza se basan en el principio de fuerzas antagonistas; la lucha constante por mantenerlas en equilibrio constituye los fenómenos sensibles de la existencia. El calor y la luz, junto con la fuerza química y la electricidad, han acelerado ese principio desconocido de la vida, hasta que este se agota en la producción de nuevas partes —en el extraño fenómeno del crecimiento—, en la formación de materia organizada a partir de los recursos inorgánicos de la creación.
Llega el otoño, con su luz solar atemperada; pero en ese resplandor solar descubrimos nuevas fuerzas, y bajo su influencia nacen la flor y el fruto. El reservorio de una nueva vida se concentra en la semilla, y aunque la hoja cae y la flor se marchita, se producen nuevos organismos, gracias a los cuales se asegura la continuidad de la especie.
Que cualquier persona se examine a sí misma a medida que cambian las estaciones, y pronto se convencerá de que cada alternancia de luz y oscuridad, de calor y su ausencia, produce nuevas series de influencias tanto en la mente como en el cuerpo, mostrando la total dependencia de los reinos animal y vegetal de aquellas causas que parecen provenir del centro de nuestro sistema planetario.
Los fenómenos relacionados con los cambios de estación no pueden dejar de convencer al pensador más superficial de que existe una conexión íntima entre el sol y la tierra que merece nuestra atención detallada.
De hecho, si examinamos las historias más antiguas, encontramos un hecho fundamental en la base de todas sus filosofías. Moisés relaciona la oscuridad con un vacío y una tierra sin forma, y la luz con la creación de armonía y vida. Menes canta de un mundo temible “rodeado por mucha oscuridad formada”, y vincula la idea de una “divinidad que da vida” con el despertar de la luz en las cosas creadas. La egipcia Isis, el griego Apolo, quien…
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El Señor de la luz ilimitada
Ascende con calma sobre las velas del éter,
y con diez mil haces velan su terrible belleza.
El adorador del fuego de las colinas persas y el dios sol de las montañas peruanas demuestran, a través del tiempo y el espacio, la plena conciencia del ser humano ante las influencias de la luz y el calor solares en las creaciones orgánicas, de las cuales él mismo es el principal ejemplo.
Las investigaciones de los filósofos modernos han extendido estas influencias a las masas inorgánicas que constituyen el planeta Tierra: ahora sabemos que las fuerzas físicas, siempre activas para determinar la condición química y las relaciones eléctricas de la materia, son influenciadas directamente por las radiaciones solares.
Pocas cosas dentro del ámbito de nuestra investigación son más sorprendentes que los fenómenos de radiación y absorción calorífica. Ellos muestran de manera perfecta el sistema más refinado de orden, y evidencian de forma notable la admirable adaptación de cada formación a sus condiciones particulares y a su papel en la gran economía del ser; por ello, exigen con fuerza el estudio de todos aquellos que busquen descubrir una poesía en las deducciones de la ciencia.
Debido a la naturaleza de nuestra atmósfera, estamos protegidos de la influencia del intenso calor solar. La absorción de calor por parte del aire se ha calculado en aproximadamente una quinta parte del total al pasar a través de una columna de 6.000 pies. Esta estimación se hace, por supuesto, cerca de la superficie terrestre; pero, al conocer la creciente rarefacción en las capas superiores de nuestra envoltura gaseosa, donde la absorción disminuye constantemente, podemos demostrar que aproximadamente un tercio del calor solar se pierde por transmisión vertical a través de toda la atmósfera.[47]
La experiencia ha demostrado que las condiciones de los rayos solares no son siempre las mismas; y hay pocas personas que no hayan observado que, en ciertas condiciones atmosféricas, predomina una influencia abrasadora superior a la habitual. Esto también se evidencia en los efectos que se producen en las hojas de los árboles, los cuales, aunque a menudo se atribuyen a la electricidad, son evidentemente causados por el calor. Un examen de las radiaciones solares, tal como se manifiestan en el espectro prismático, ha demostrado la existencia de una clase de rayos caloríficos.
Ascende con calma sobre las velas del éter,
y con diez mil haces velan su terrible belleza.
El adorador del fuego de las colinas persas y el dios sol de las montañas peruanas demuestran, a través del tiempo y el espacio, la plena conciencia del ser humano ante las influencias de la luz y el calor solares en las creaciones orgánicas, de las cuales él mismo es el principal ejemplo.
Las investigaciones de los filósofos modernos han extendido estas influencias a las masas inorgánicas que constituyen el planeta Tierra: ahora sabemos que las fuerzas físicas, siempre activas para determinar la condición química y las relaciones eléctricas de la materia, son influenciadas directamente por las radiaciones solares.
Pocas cosas dentro del ámbito de nuestra investigación son más sorprendentes que los fenómenos de radiación y absorción calorífica. Ellos muestran de manera perfecta el sistema más refinado de orden, y evidencian de forma notable la admirable adaptación de cada formación a sus condiciones particulares y a su papel en la gran economía del ser; por ello, exigen con fuerza el estudio de todos aquellos que busquen descubrir una poesía en las deducciones de la ciencia.
Debido a la naturaleza de nuestra atmósfera, estamos protegidos de la influencia del intenso calor solar. La absorción de calor por parte del aire se ha calculado en aproximadamente una quinta parte del total al pasar a través de una columna de 6.000 pies. Esta estimación se hace, por supuesto, cerca de la superficie terrestre; pero, al conocer la creciente rarefacción en las capas superiores de nuestra envoltura gaseosa, donde la absorción disminuye constantemente, podemos demostrar que aproximadamente un tercio del calor solar se pierde por transmisión vertical a través de toda la atmósfera.[47]
La experiencia ha demostrado que las condiciones de los rayos solares no son siempre las mismas; y hay pocas personas que no hayan observado que, en ciertas condiciones atmosféricas, predomina una influencia abrasadora superior a la habitual. Esto también se evidencia en los efectos que se producen en las hojas de los árboles, los cuales, aunque a menudo se atribuyen a la electricidad, son evidentemente causados por el calor. Un examen de las radiaciones solares, tal como se manifiestan en el espectro prismático, ha demostrado la existencia de una clase de rayos caloríficos.
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por un poder desoxidante muy peculiar, bastante independiente de sus propiedades calóricas, al cual se le ha dado el nombre de rayos paratermicos.[48] Estamos protegidos de los efectos severos de estos rayos por el estado ordinario del medio a través del cual pasa el calor solar. Nuestra atmósfera es una mezcla de gases y vapor acuoso; y se ha descubierto, como ya se ha mencionado, que incluso una fina capa de agua, por más transparente que sea, impide el paso de muchas radiaciones caloríficas, y los rayos retrasados son, en su mayor parte, de esa clase que posee este peculiar poder calcinante. El aire es, de esta manera, el gran igualador del calor solar, haciendo que la tierra sea adecuada para todos los animales, quienes, de no ser por este medio absorbente tan especial, tendrían que soportar, incluso en nuestro clima templado, los rayos abrasadores de un sol más africano aún.
La superficie de la tierra, durante el sol —y, aunque en menor medida, incluso cuando el sol está oculto por nubes— recibe constantemente calor; pero la tasa de su absorción varía. Benjamin Franklin demostró, mediante una serie de experimentos simples pero sumamente concluyentes, que un trozo de tela negra se calentaba mucho más rápido que uno de color más claro;[49] y sabemos, por observaciones de tipo similar, que la tierra desnuda y marrón absorbe el calor con mayor facilidad que la brillante alfombra verde de hierba que cubre la tierra. En consecuencia, durante la temporada invernal, en relación con la cantidad de calor que proviene de su fuente, más calor penetra en la tierra sin cobertura que durante la primavera o el verano.
Existe una tendencia constante hacia el equilibrio; y, durante la noche, la superficie pierde más calor debido al aire más frío que durante el día; ya que, cuando la tierra no recibe calor, lo irradia constantemente de vuelta al espacio. Incluso en estos procesos de convección y radiación, rige una ley similar a la que se descubre al estudiar la tasa de absorción calorífica.
Cada árbol que extiende sus hojas verdes al sol, o que expone sus ramas marrones al aire; cada flor que aporta su belleza a la tierra, posee diferentes capacidades de absorción y radiación. La copa en forma de cáliz del lirio blanco puro que flota en el lago; el tulipán moteado; la brillante anémona; la delicada rosa; y la peonía o dalia de colores intensos, cada una posee capacidades propias para absorber la cálida corriente vital del sol y para irradiarla de nuevo hacia la atmósfera sedienta. Estas no son fantasías de un soñador científico; son la
La superficie de la tierra, durante el sol —y, aunque en menor medida, incluso cuando el sol está oculto por nubes— recibe constantemente calor; pero la tasa de su absorción varía. Benjamin Franklin demostró, mediante una serie de experimentos simples pero sumamente concluyentes, que un trozo de tela negra se calentaba mucho más rápido que uno de color más claro;[49] y sabemos, por observaciones de tipo similar, que la tierra desnuda y marrón absorbe el calor con mayor facilidad que la brillante alfombra verde de hierba que cubre la tierra. En consecuencia, durante la temporada invernal, en relación con la cantidad de calor que proviene de su fuente, más calor penetra en la tierra sin cobertura que durante la primavera o el verano.
Existe una tendencia constante hacia el equilibrio; y, durante la noche, la superficie pierde más calor debido al aire más frío que durante el día; ya que, cuando la tierra no recibe calor, lo irradia constantemente de vuelta al espacio. Incluso en estos procesos de convección y radiación, rige una ley similar a la que se descubre al estudiar la tasa de absorción calorífica.
Cada árbol que extiende sus hojas verdes al sol, o que expone sus ramas marrones al aire; cada flor que aporta su belleza a la tierra, posee diferentes capacidades de absorción y radiación. La copa en forma de cáliz del lirio blanco puro que flota en el lago; el tulipán moteado; la brillante anémona; la delicada rosa; y la peonía o dalia de colores intensos, cada una posee capacidades propias para absorber la cálida corriente vital del sol y para irradiarla de nuevo hacia la atmósfera sedienta. Estas no son fantasías de un soñador científico; son la
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Las verdades de la inducción directa; y, mediante experimentos de carácter sencillo, pueden someterse a una prueba rigurosa.[50] Un examen termométrico de las diversas flores de colores, al colocar un termómetro delicado entre sus hojas, permitirá establecer fácilmente la corrección de una de ellas; y gracias a un descubrimiento reciente relacionado con la radiación calorífica, que debe describirse en detalle más adelante, podemos, con igual facilidad y certeza, comprobar la veracidad de la otra;[51] la absorción y radiación del calor están directamente reguladas por los colores de las superficies sobre las cuales caen los rayos solares. Como consecuencia natural de la posición del sol, en relación con cualquier punto específico de la Tierra en un momento dado, la cantidad de calor varía constantemente a lo largo del año. Esta variación regula las estaciones. Cuando se tiene en cuenta que la Tierra, en invierno, está casi tres millones de millas más cerca del sol que en verano, se necesita alguna explicación para justificar el hecho de que suframos más frío cuando estamos más cerca de la fuente de calor que cuando estamos a la mayor distancia. La Tierra describe una elipse en su órbita alrededor del sol, siendo el sol uno de sus focos. De acuerdo con la ley ya descrita de conservación del eje de rotación, el eje de la Tierra apunta constantemente hacia la estrella de la constelación del Oso Menor. Teniendo esto en cuenta, así como los dos hechos de que un cuerpo sólido denso absorbe el calor más fácilmente que uno líquido, y de que la radiación desde la superficie continúa sin cesar cuando no hay absorción, sigamos a la Tierra en su órbita. Es el equinoccio de primavera: tenemos igual cantidad de día que de noche; por lo tanto, los períodos de absorción y radiación de calor son similares. Pero en esta época del año, el hemisferio sur está frente al sol, por lo que el grado de absorción por parte de los vastos océanos es bajo. Es el solsticio de verano: tenemos dieciséis horas de luz diurna, durante las cuales se produce la absorción de calor, y solo ocho horas de noche, durante las cuales el calor se disipa. Ahora el hemisferio norte está orientado hacia el sol, y como aquí tenemos la mayor parte de tierras secas, las capacidades de absorción están en su máximo. Ha llegado el equinoccio de otoño, con su igualdad entre día y noche, como en primavera, pero ahora todo el hemisferio norte está frente al sol; por lo tanto,
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Según las leyes ya explicadas, podemos ver las causas del aumento del calor en la temporada otoñal. Ha llegado el solsticio de invierno, con sus largas noches y días más cortos. El tiempo durante el cual tiene lugar la radiación es casi el doble que el tiempo en que ocurre la absorción, y la Tierra se encuentra en su peor posición para recibir calor, ya que esa mitad que posee la mayor superficie de agua está orientada hacia el sol. Estas son las causas que dan lugar a las variaciones estacionales, y a través de ellas comprendemos por qué hace más frío cuando estamos cerca del sol que a una distancia considerablemente mayor. Un análisis del espectro nos muestra que hay cambios regulares en el estado de los rayos solares, cambios que no se pueden atribuir únicamente a cambios de posición. Se puede inferir, a partir de observaciones prolongadas, que las tres clases de fenómenos —luz, calor y fuerza química, denominados actinismo— que detectamos en los rayos solares, están cambiando constantemente sus proporciones relativas. En primavera predomina el agente químico; en verano, el principio luminoso es el más poderoso; y en otoño, las fuerzas caloríficas se encuentran en un estado de máxima actividad.[52] La importancia de estas variaciones para el funcionamiento de la vida vegetal se hará evidente cuando examinemos los fenómenos relacionados con la organización de las plantas. Ocurre un cambio notable en el carácter del calor cuando este es reflejado por sustancias materiales. En la naturaleza vemos con frecuencia este hecho ilustrado de manera curiosa: la nieve que se encuentra cerca de los troncos de los árboles o postes de madera se derrite mucho más rápido que la que está alejada de ellos, aunque el sol ilumine igualmente ambos lugares; la licuación comienza en el lado orientado hacia el sol y se extiende gradualmente. Por lo tanto, vemos que los rayos directos del calor solar tienen menos efecto sobre la nieve que aquellos que provienen de superficies coloreadas. Mediante numerosos experimentos, se ha demostrado que estas radiaciones secundarias son absorbidas en mayor medida por la nieve o los cuerpos blancos que los propios rayos solares directos. Este es uno de los muchos ejemplos muy curiosos que la ciencia nos muestra de la estrecha conexión entre las formas más etéreas y las más densas de la materia. El calor, al tocar la Tierra, se vuelve más similar a ella. El principio sutil que, al igual que el espíritu de la superstición, tiene la capacidad de pasar desapercibido a través de las masas cristalinas, pierde su fuerza al entrar en contacto con las cosas terrenales.
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Aunque aún conserva las huellas de su origen refinado, sus movimientos están limitados como si estuvieran atados por un peso de arcilla, y sus alas son pesadas debido al polvo de esta esfera en constante movimiento. Sin embargo, ha adquirido nuevas propiedades que lo adaptan a las exigencias de la creación, y gracias a ellas se facilitan sus grandes tareas. La materia y el calor se unen mediante un vínculo común, y, al cumplir de manera armónica las necesidades de alguna ley universal, el resultado es la aparición de hermosas formas en todos los reinos de la naturaleza.
Un experimento sencillo ilustra de manera clara este notable cambio. Si se coloca una tarjeta ennegrecida sobre la nieve o el hielo bajo la luz del sol, la masa congelada debajo de ella se derretirá gradualmente, y la tarjeta se hundirá en ella, mientras que la zona que la rodea, aunque está expuesta a toda la fuerza del calor solar, apenas se ve afectada. Pero si reflejamos los rayos del sol desde una superficie metálica, ocurre un resultado exactamente opuesto: las partes no cubiertas son las primeras en derretirse, y la tarjeta ennegrecida permanece elevada por encima de la zona circundante.
Todas las pruebas científicas indican que el sol es la fuente, no solo del calor que recibimos directamente a través de nuestra atmósfera, sino también de aquel que ha sido almacenado por nuestro planeta y que podemos extraer mediante varios métodos. No tenemos que preguntarnos si la Tierra fue alguna vez una esfera intensamente caliente; eso no concierne a nuestra pregunta. Incluso si esto fuera cierto, seguiríamos teniendo que especular sobre el origen, la fuente primaria de ese calor.
Sin embargo, antes de pasar a examinar los fenómenos relacionados con el calor terrestre, debemos prestar atención a algunos de los principales resultados de las leyes de radiación y convección.
Casi todo el calor que el sol envía al océano se utiliza para convertir su agua en vapor en la propia superficie, o bien se irradia de vuelta, cumpliendo así la importante función de generar aquellas influencias que afectan la atmósfera y que son esenciales para mantener las condiciones saludables del gran manto atmosférico en el que vivimos.
Las corrientes de aire se deben, en general, a las diferencias en los grados de calentamiento de la atmósfera. El calor, al expandirse, aumenta la elasticidad y disminuye la densidad de una masa determinada. Por lo tanto, el aire calentado por las altas temperaturas de las zonas tropicales asciende cargado de vapores de agua, mientras que el aire más frío de las zonas templadas y frías fluye hacia…
Un experimento sencillo ilustra de manera clara este notable cambio. Si se coloca una tarjeta ennegrecida sobre la nieve o el hielo bajo la luz del sol, la masa congelada debajo de ella se derretirá gradualmente, y la tarjeta se hundirá en ella, mientras que la zona que la rodea, aunque está expuesta a toda la fuerza del calor solar, apenas se ve afectada. Pero si reflejamos los rayos del sol desde una superficie metálica, ocurre un resultado exactamente opuesto: las partes no cubiertas son las primeras en derretirse, y la tarjeta ennegrecida permanece elevada por encima de la zona circundante.
Todas las pruebas científicas indican que el sol es la fuente, no solo del calor que recibimos directamente a través de nuestra atmósfera, sino también de aquel que ha sido almacenado por nuestro planeta y que podemos extraer mediante varios métodos. No tenemos que preguntarnos si la Tierra fue alguna vez una esfera intensamente caliente; eso no concierne a nuestra pregunta. Incluso si esto fuera cierto, seguiríamos teniendo que especular sobre el origen, la fuente primaria de ese calor.
Sin embargo, antes de pasar a examinar los fenómenos relacionados con el calor terrestre, debemos prestar atención a algunos de los principales resultados de las leyes de radiación y convección.
Casi todo el calor que el sol envía al océano se utiliza para convertir su agua en vapor en la propia superficie, o bien se irradia de vuelta, cumpliendo así la importante función de generar aquellas influencias que afectan la atmósfera y que son esenciales para mantener las condiciones saludables del gran manto atmosférico en el que vivimos.
Las corrientes de aire se deben, en general, a las diferencias en los grados de calentamiento de la atmósfera. El calor, al expandirse, aumenta la elasticidad y disminuye la densidad de una masa determinada. Por lo tanto, el aire calentado por las altas temperaturas de las zonas tropicales asciende cargado de vapores de agua, mientras que el aire más frío de las zonas templadas y frías fluye hacia…
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El ecuador ocupa su lugar en este proceso. Estas grandes corrientes de la atmósfera, independientes de las perturbaciones menores causadas por factores locales, fluyen constantemente y, gracias a ellas, se logra una uniformidad de temperatura que de otra manera no podría alcanzarse. También son estas corrientes las que permiten la igualación de los componentes del “aliento vital”, y el oxígeno más puro del “país del sur soleado” se difunde en brisas saludables sobre las regiones más frías del norte. Las aguas que se evaporan en el gran Océano Atlántico central o en el lejano Pacífico también son transportadas así a través de los vastos continentes, y caen como lluvias fertilizantes sobre tierras distantes. ¡Qué magníficas son las operaciones de la naturaleza! El aire no se calienta mucho debido a las radiaciones caloríficas que van del sol a la tierra; pero el suelo superficial se calienta por su capacidad para absorber estos rayos. La temperatura del aire cerca de la tierra aumenta, y así se produce la circulación de esas corrientes beneficiosas que son tan regularmente reguladas por los vientos alisios. El aire calentado en los trópicos ascendería directamente hacia los polos si la tierra estuviera en reposo; pero, al estar en movimiento, se generan esas grandes corrientes aéreas: los vientos alisios. Las monzones periódicas también se deben a la misma causa. Una circulación similar, completamente independiente del movimiento de marea habitual, tiene lugar también en los océanos que rodean la tierra. El agua, calentada por convección desde la superficie caliente de las tierras tropicales, se dirige hacia el Atlántico desde el Golfo de México; y, bajo la influencia de las dos fuerzas —la gravedad y el movimiento—, sigue un camino diagonal hasta llegar a nuestras costas. Las influencias benéficas de la corriente del Golfo producen ese clima templado que caracteriza a nuestro hogar insular. Aquí tenemos dos influencias enormes, producto de una misma fuerza, que hacen habitables y fértiles esas partes de la tierra que, de no ser por estos efectos, estarían sumidas en la tristeza de un invierno eterno. El hermoso fenómeno de la formación del rocío también está estrechamente relacionado con las propiedades especiales que hemos estado estudiando. Cuando, desde el brillante cielo azul, las constelaciones desprenden su luz suave sobre la tierra, las flores del jardín y las hojas del bosque se humedecen con un líquido de extrema transparencia. No es de extrañar que los antiguos imaginaran que el rocío provenía realmente de las estrellas; y los alquimistas y médicos de la Edad Media creían que esta pura destilación de la noche poseía poderes sutiles y penetrantes que iban más allá…
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La mayoría de las demás cosas; y las damas de aquellos tiempos antiguos se esfuerzan por preservar su encanto en la perfección de su belleza juvenil gracias a los efectos de los lavados obtenidos de una fuente tan pura.[53] La ciencia ha retirado el velo de misterio con el que la superstición había envuelto la formación del rocío; y, al mostrarnos que se trata de una condensación de vapor sobre los cuerpos según una ley fija de radiación, también ha revelado muchos hechos notables relacionados con las características de las creaciones materiales, de modo que se abre para la mente un orden mucho más elevado de poesía que aquel que, aunque hermoso, nacía únicamente de la imaginación. De la radiación del calor depende la formación del rocío, y los cuerpos deben volverse más fríos que la atmósfera antes de que este se deposite sobre ellos. Sea cual sea la temperatura del aire, este está cargado hasta la saturación con vapor de agua, siendo la cantidad que contiene uniformemente proporcional a la temperatura. Suponiendo que la temperatura del aire sea de 70° F., y que se coloque en él una botella de agua a 60°, el aire alrededor de la botella se enfriará y depositará sobre el vidrio exactamente esa cantidad de humedad que corresponde a la diferencia entre las temperaturas de los dos cuerpos. Diferentes sustancias, independientemente de su color, tienen la propiedad de desprender calor de sus superficies a diferentes ritmos. Las superficies ásperas y porosas irradian calor más rápidamente que las lisas, y por lo tanto disminuyen de temperatura; y, si quedan expuestas, se cubren de rocío antes que aquellas que son lisas y densas. El césped brilla por el rocío, mientras que el camino duro y pedregoso permanece sin humedad.[54] El vidrio incoloro se impregna muy fácilmente de humedad, pero los metales pulidos no lo hacen, incluso cuando hay una gran concentración de rocío en otros cuerpos. Para comprender plenamente los fenómenos de formación del rocío, debemos recordar que toda la superficie de la Tierra irradia constantemente calor al espacio; y que, como por la noche no hay absorción alguna, naturalmente se enfría.[55] A medida que las sustancias que cubren la Tierra se vuelven más frías que el aire, adquieren la capacidad de condensar el vapor con el que la atmósfera está siempre cargada. Los cuerpos que recubren este globo están constituidos de manera muy diferente; poseen capacidades de radiación distintas y, por consiguiente, presentan, al ser medidos con termómetros delicados, grados variables de temperatura. Gracias a las investigaciones del Dr. Wells,[56], que pueden ser
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Se menciona como ejemplo de la mejor categoría de experimentos inductivos que, a las siete de la tarde, se observaron las siguientes diferencias en el calor sensible:
El aire a cuatro pies por encima del césped: 60–3/4;
La lana sobre una tabla elevada: 54–1/2;
Swandown en la misma superficie: 53;
La superficie de la tabla elevada: 57;
El césped en sí: 51.
La escarcha se deposita en mayor cantidad en noches claras y tranquilas, durante las cuales la radiación proveniente de la superficie terrestre no se ve interrumpida. Es bien sabido que el frío en tales noches es mayor que en aquellas cubiertas por nubes. Se ha demostrado que las nubes actúan de la misma manera que las pantallas utilizadas por los jardineros para proteger sus plantas jóvenes de las heladas de principios de primavera; estas pantallas impiden la radiación y, muy probablemente, reflejan una pequeña cantidad de calor de vuelta a la tierra.
No es improbable que el aumento observado en el crecimiento del césped, cuando este está cubierto con ramas de árboles o cualquier tipo de sombra, se deba a una causa similar.[57]
Existen muchos resultados sorprendentes que dependen exclusivamente de los colores de los cuerpos, y que no pueden explicarse mediante la idea de diferencias en su estructura mecánica. Sabemos que los diferentes colores están determinados por la capacidad de las estructuras para absorber y reflejar la luz; por lo tanto, una superficie azul debe tener un orden molecular diferente al de una superficie roja. Pero existen también algunas peculiaridades físicas que influyen en la radiación térmica, de forma independiente de estas condiciones de la superficie. Si tomamos piezas de vidrio rojo, negro, verde y amarillo y las exponemos mientras se condensa la escarcha, observaremos que la humedad aparecerá primero en el vidrio amarillo, luego en el verde, y finalmente en los vidrios negro o rojo. Lo mismo ocurre si exponemos líquidos de color en botellas o recipientes de vidrio blanco, en cuyo caso todas las superficies son iguales. Si colocamos, contra una lámina de vidrio sobre la cual la humedad se ha congelado ligeramente, vidrios de colores similares a los ya descritos, veremos que los rayos de calor calentarán primero los vidrios rojos y negros, hasta derretir el hielo.
El aire a cuatro pies por encima del césped: 60–3/4;
La lana sobre una tabla elevada: 54–1/2;
Swandown en la misma superficie: 53;
La superficie de la tabla elevada: 57;
El césped en sí: 51.
La escarcha se deposita en mayor cantidad en noches claras y tranquilas, durante las cuales la radiación proveniente de la superficie terrestre no se ve interrumpida. Es bien sabido que el frío en tales noches es mayor que en aquellas cubiertas por nubes. Se ha demostrado que las nubes actúan de la misma manera que las pantallas utilizadas por los jardineros para proteger sus plantas jóvenes de las heladas de principios de primavera; estas pantallas impiden la radiación y, muy probablemente, reflejan una pequeña cantidad de calor de vuelta a la tierra.
No es improbable que el aumento observado en el crecimiento del césped, cuando este está cubierto con ramas de árboles o cualquier tipo de sombra, se deba a una causa similar.[57]
Existen muchos resultados sorprendentes que dependen exclusivamente de los colores de los cuerpos, y que no pueden explicarse mediante la idea de diferencias en su estructura mecánica. Sabemos que los diferentes colores están determinados por la capacidad de las estructuras para absorber y reflejar la luz; por lo tanto, una superficie azul debe tener un orden molecular diferente al de una superficie roja. Pero existen también algunas peculiaridades físicas que influyen en la radiación térmica, de forma independiente de estas condiciones de la superficie. Si tomamos piezas de vidrio rojo, negro, verde y amarillo y las exponemos mientras se condensa la escarcha, observaremos que la humedad aparecerá primero en el vidrio amarillo, luego en el verde, y finalmente en los vidrios negro o rojo. Lo mismo ocurre si exponemos líquidos de color en botellas o recipientes de vidrio blanco, en cuyo caso todas las superficies son iguales. Si colocamos, contra una lámina de vidrio sobre la cual la humedad se ha congelado ligeramente, vidrios de colores similares a los ya descritos, veremos que los rayos de calor calentarán primero los vidrios rojos y negros, hasta derretir el hielo.
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Por el contrario, mucho antes de que se observe cualquier cambio en la película congelada cubierta por los otros colores. La orden en la que el calor penetra en los medios coloreados, como ya se ha demostrado, coincide casi por completo con sus capacidades de radiación. Estos resultados muy curiosos han captado la atención de Melloni, a cuyas investigaciones debemos tanto; y a partir del orden peculiar de las radiaciones, que presentan fenómenos de carácter análogo a los de los rayos de luz coloreada obtenidos por él a partir de cuerpos de colores diferentes, llegó a imaginar la existencia de una “coloración térmica”. Es decir, se supone que los rayos de calor poseen propiedades similares a las del color luminoso, aunque sean invisibles; y, en consecuencia, que una superficie azul tiene una fuerte afinidad por los rayos de calor azules, una superficie roja por los rojos, y así sucesivamente a lo largo de la escala. La ingeniosidad de esta hipótesis le ha valido mucha atención; pero ahora, cuando la hipótesis newtoniana sobre la refractabilidad de la luz está a punto de ser refutada, no debemos, basándonos únicamente en la analogía, llegar rápidamente a la conclusión de que los rayos de calor tienen diferentes grados de refractabilidad, algo que exige la hipótesis de Melloni.[58] ¿Puede haber algo más capaz de impresionar la mente con la conciencia de la alta perfección de los fenómenos naturales que el hecho de que el color de un cuerpo influya poderosamente en la transmisión de un principio que se difunde por toda la naturaleza, y también determine la velocidad con la que este abandona su superficie? Algunos experimentos recientes nos han puesto al corriente de otros hechos relacionados con estas radiaciones térmicas, y del poder del calor, influenciado por los rayos caloríficos, para producir cambios moleculares en los cuerpos, lo cual es de suma importancia para nuestro tema. Si proyectamos sobre una placa de metal pulido un espectro prismático (desprovisto, en la medida de lo posible, de su poder químico, al pasar por una solución amarilla intensa —que posee esta propiedad de manera muy notable, como se explicará cuando analicemos la acción química de los rayos solares)—, descubriremos que, si posteriormente expusimos la placa a la acción de vapor extraído muy lentamente del mercurio, el espacio ocupado por los rayos rojos y aquellos que se encuentran por debajo del espectro se encargarán de condensar el vapor en gran medida, mientras que la parte correspondiente a los demás rayos quedará sin afectar. Esto nos proporciona evidencia del poder del calor solar para producir, con gran facilidad, un cambio en…
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estructura molecular de los cuerpos sólidos. Si permitimos que los rayos del sol penetren a través de vidrios de color y luego caigan sobre una superficie metálica pulida, el resultado, al exponer la placa a la vaporización, será similar al que acabamos de describir. Bajo vidrios amarillos y verdes no se condensará ningún vapor; pero en el espacio donde caen los rayos que penetran a través de un vidrio rojo, o incluso de uno ennegrecido, se formará un depósito muy abundante de vapor que marcará con claridad los espacios cubiertos por estos vidrios. Aún más notable es el hecho de que, si estos u otros cuerpos de color se colocan dentro de una caja y se suspende una placa metálica pulida a pocos centímetros por encima de ellos, manteniendo todo en completa oscuridad durante unas horas, tiene lugar exactamente el mismo efecto que cuando el conjunto está expuesto a los rayos directos del sol. Aquí tenemos evidencia del calor radiado por los cuerpos, el cual produce, incluso en la oscuridad, los mismos fenómenos que los rayos térmicos transmitidos por el sol. Sin embargo, debemos volver a examinar algunas de estas y otras influencias análogas bajo el título de actinocquímica. De estos curiosos descubrimientos derivados de la investigación inductiva aprendemos algunas verdades fundamentales. Asociada a la luz —obedeciendo muchas de las mismas leyes— y moviéndose de manera similar, recibimos una fuerza que es esencial para la constitución de nuestro planeta. Esta fuerza se manifiesta a menudo en una combinación tan estrecha con el principio luminoso de los rayos solares, que se ha sospechado que no sea más que otra forma de esa misma fuerza. No obstante, aunque podemos mostrar los fenómenos de una sin producir aquellos que caracterizan a la otra, estamos obligados a considerar el calor como algo distinto de la luz. Es cierto que parecemos estar avanzando hacia algún punto de prueba en relación con este problema; pero no estamos en condiciones de declarar que sean formas de una misma fuerza común, o “soluciones particulares de una gran ecuación física”.[59] En muchos casos, ciertamente parecería que una de estas fuerzas era directamente necesaria para la producción de la otra; pero también existen numerosos ejemplos en los que no existe tal correlación entre ellas. A partir de los hechos científicos que hemos estado discutiendo, aprendemos algunos de los secretos de la magia natural. En su relación con el calor, cada flor, ya sea la que embellece los parajes silvestres de la naturaleza o el jardín cuidadosamente cultivado por el florista, posee un poder propio;
“Lirio del valle, parecido a una náyade”,
“Lirio del valle, parecido a una náyade”,
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Y:
“—Las flores de colores variados, y los tulipanes altos;
y los narcisos, los más hermosos de todos ellos—”
debido a sus diferentes colores, no pueden tener nunca las mismas temperaturas bajo la misma luz solar. Cada planta lleva en sí misma la medida del calor necesario para su bienestar, y está dotada de funciones que determinan silenciosamente la cantidad relativa de rocío que humedecerá sus hojas de color. Algunos de los fenómenos terrestres relacionados con este principio notable ilustrarán aún más el título de este volumen.
Para comenzar con las ilustraciones más familiares, consideremos las consecuencias de los cambios de temperatura. Por leve que sea el calor adicional al que está sometido un cuerpo, este se expande bajo su influencia; por lo tanto, cada átomo que forma la masa de la Tierra se mueve bajo esa excitación, y el primer rayo de calor de la mañana que toca la superficie terrestre genera una vibración que continúa como un temblor hasta su propio centro. Las diferencias entre la temperatura de día y de noche son considerables; por eso, todos los cuerpos se expanden bajo la influencia de la temperatura más alta y se contraen bajo la de la más baja. Durante el día, cualquier nube que oculte el sol provoca, en todo cuerpo sólido, líquido o gaseoso dentro del alcance de la influencia solar, una contracción: las partículas que se habían estado expandiendo bajo la fuerza del calor de repente se contraen. Así, durante las horas de sol debe haber necesariamente una tendencia en todos los cuerpos a dilatarse, y durante las horas de noche deben volver a sus condiciones originales.
No solo los cuerpos diferentes irradian calor en grados distintos, sino que también lo conducen a velocidades constantemente variables. El calor pasa fácilmente por la plata o el cobre, en comparación con su avance a través del platino. Se conduce lentamente por el vidrio, y aún más lentamente por la madera y el carbón. Recibimos algunas indicaciones importantes sobre la estructura molecular de la materia a partir de esos experimentos que demuestran que el calor se conduce más fácilmente por ciertas direcciones que por otras. En algunos planos, la madera y otras sustancias son mejores conductores que en otros. Los óxidos metálicos o tierras son malos conductores.
“—Las flores de colores variados, y los tulipanes altos;
y los narcisos, los más hermosos de todos ellos—”
debido a sus diferentes colores, no pueden tener nunca las mismas temperaturas bajo la misma luz solar. Cada planta lleva en sí misma la medida del calor necesario para su bienestar, y está dotada de funciones que determinan silenciosamente la cantidad relativa de rocío que humedecerá sus hojas de color. Algunos de los fenómenos terrestres relacionados con este principio notable ilustrarán aún más el título de este volumen.
Para comenzar con las ilustraciones más familiares, consideremos las consecuencias de los cambios de temperatura. Por leve que sea el calor adicional al que está sometido un cuerpo, este se expande bajo su influencia; por lo tanto, cada átomo que forma la masa de la Tierra se mueve bajo esa excitación, y el primer rayo de calor de la mañana que toca la superficie terrestre genera una vibración que continúa como un temblor hasta su propio centro. Las diferencias entre la temperatura de día y de noche son considerables; por eso, todos los cuerpos se expanden bajo la influencia de la temperatura más alta y se contraen bajo la de la más baja. Durante el día, cualquier nube que oculte el sol provoca, en todo cuerpo sólido, líquido o gaseoso dentro del alcance de la influencia solar, una contracción: las partículas que se habían estado expandiendo bajo la fuerza del calor de repente se contraen. Así, durante las horas de sol debe haber necesariamente una tendencia en todos los cuerpos a dilatarse, y durante las horas de noche deben volver a sus condiciones originales.
No solo los cuerpos diferentes irradian calor en grados distintos, sino que también lo conducen a velocidades constantemente variables. El calor pasa fácilmente por la plata o el cobre, en comparación con su avance a través del platino. Se conduce lentamente por el vidrio, y aún más lentamente por la madera y el carbón. Recibimos algunas indicaciones importantes sobre la estructura molecular de la materia a partir de esos experimentos que demuestran que el calor se conduce más fácilmente por ciertas direcciones que por otras. En algunos planos, la madera y otras sustancias son mejores conductores que en otros. Los óxidos metálicos o tierras son malos conductores.
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Conductores de calor, gracias a los cuales el calor absorbido por los rayos del sol no se lleva lejos de la superficie de este planeta con tanta rapidez como ocurriría si fuera de metal, sino que se retiene en la corteza superficial para producir la temperatura adecuada para una germinación saludable y el crecimiento de las plantas. La lana y el pelo de los animales son conductores aún inferiores, y así, ante cambios climáticos y estacionales, las bestias salvajes quedan protegidas de esas transiciones bruscas del calor al frío que serían fatales para ellas. El pelo es un mejor conductor que la lana: por lo tanto, gracias a la “alquimia” de la naturaleza, en algunos países el pelo se transforma en lana al acercarse el invierno, y las plumas en plumón.
Es evidente, entonces, que la velocidad a la que el calor solar se transmite hacia la corteza terrestre debe variar según las condiciones de la superficie sobre la cual cae. Se ha comprobado que la capacidad de conducción de todas las rocas examinadas varía hasta cierto punto.[60]
Como consecuencia natural de la posición del sol con respecto a la Tierra, las zonas cercanas al ecuador se calientan más que aquellas alejadas de él. A medida que este calor se transmite hacia el interior de la Tierra, tiende a dirigirse hacia las partes más frías, de modo que el calor absorbido en el ecuador fluye hacia los polos, y desde allí es llevado por la atmósfera o radiado al espacio. Debido a esto, existe una cierta profundidad bajo la superficie de nuestro planeta donde prevalece una temperatura constante; esta profundidad aumenta a medida que nos desplazamos hacia el norte o el sur desde el ecuador, y sigue el contorno de la superficie terrestre, descendiendo en los valles y elevándose en las colinas.[61]
Una cuestión de gran interés, desde un punto de vista científico, es la temperatura del centro de la Tierra. Por supuesto, no contamos con los medios para resolver este problema; pero podemos avanzar un poco en nuestra investigación mediante un examen cuidadoso de la temperatura subterránea en las profundidades a las que la capacidad humana nos permite llegar. Estas investigaciones nos muestran que, cuando la temperatura promedio del clima es de 50°, la temperatura de la roca a 59 brazas de profundidad es de 60°; a 132 brazas, es de 70°; y a 239 brazas, es de 80°. Es decir, hay un aumento de 10° a 59 brazas de profundidad, o 1° cada 35,4 pies; otro aumento de 10° a 73 brazas de profundidad, o 1° cada 43,8 pies; y otro aumento de 10° a 114 brazas de profundidad, o 1° cada 64,2 pies.[62]
Es evidente, entonces, que la velocidad a la que el calor solar se transmite hacia la corteza terrestre debe variar según las condiciones de la superficie sobre la cual cae. Se ha comprobado que la capacidad de conducción de todas las rocas examinadas varía hasta cierto punto.[60]
Como consecuencia natural de la posición del sol con respecto a la Tierra, las zonas cercanas al ecuador se calientan más que aquellas alejadas de él. A medida que este calor se transmite hacia el interior de la Tierra, tiende a dirigirse hacia las partes más frías, de modo que el calor absorbido en el ecuador fluye hacia los polos, y desde allí es llevado por la atmósfera o radiado al espacio. Debido a esto, existe una cierta profundidad bajo la superficie de nuestro planeta donde prevalece una temperatura constante; esta profundidad aumenta a medida que nos desplazamos hacia el norte o el sur desde el ecuador, y sigue el contorno de la superficie terrestre, descendiendo en los valles y elevándose en las colinas.[61]
Una cuestión de gran interés, desde un punto de vista científico, es la temperatura del centro de la Tierra. Por supuesto, no contamos con los medios para resolver este problema; pero podemos avanzar un poco en nuestra investigación mediante un examen cuidadoso de la temperatura subterránea en las profundidades a las que la capacidad humana nos permite llegar. Estas investigaciones nos muestran que, cuando la temperatura promedio del clima es de 50°, la temperatura de la roca a 59 brazas de profundidad es de 60°; a 132 brazas, es de 70°; y a 239 brazas, es de 80°. Es decir, hay un aumento de 10° a 59 brazas de profundidad, o 1° cada 35,4 pies; otro aumento de 10° a 73 brazas de profundidad, o 1° cada 43,8 pies; y otro aumento de 10° a 114 brazas de profundidad, o 1° cada 64,2 pies.[62]
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Aunque esto indicaría un aumento de aproximadamente un grado a cierta profundidad cada cincuenta pies, parece que la tasa de aumento disminuye con la profundidad. Por lo tanto, es probable que el calor de la Tierra, en la medida en que el hombre puede examinarlo, se deba a la absorción de los rayos solares por la superficie. No se pueden negar las pruebas de una intensa actividad ígnea a gran profundidad, pero la doctrina de una masa en enfriamiento y de la existencia de una masa incandescente en el centro de la Tierra sigue siendo solo una de esas conjeturas que gustan a las mentes activas. La temperatura media anual de este planeta está sujeta a variaciones que probablemente dependen de algunos cambios físicos en el propio Sol o en la envoltura atmosférica que rodea a ese astro. Las variaciones en la superficie terrestre son grandes. En el ecuador podemos considerar que la temperatura es uniformemente de 80°, mientras que en los polos está por debajo del punto de congelación del agua; y, según las observaciones realizadas, las temperaturas subterráneas guardan una estrecha relación con las condiciones térmicas del clima en la superficie. La circulación del agua a través de fallas o fisuras en los estratos es, sin duda, un medio para transportar el calor hacia abajo mucho más rápido de lo que ocurriría por conducción a través de las propias rocas. Sin embargo, no se ha constatado que la cantidad de agua aumente con la profundidad. En las minas de Cornualles, salvo donde el suelo es muy blando, los mineros descubren que, después de unos 150 brazas (900 pies), la cantidad de agua disminuye rápidamente. Es seguro que ese agua debe ascender desde profundidades mucho mayores, dadas las altas temperaturas a las que brotan muchas fuentes en la superficie. En las Minas Unidas de Cornualles, el agua surge de una parte de la veta a 90°; y uno de los niveles de estas minas es tan caliente que, a pesar de que se introduce deliberadamente un chorro de agua fría para reducir la temperatura, los mineros trabajan casi desnudos y se bañan en agua a 80° para refrescarse. En el fondo de la mina Tresavean, en el mismo condado, a unos 320 brazas de la superficie, la temperatura es de 100°.
Una causa del intenso calor en muchas de nuestras minas profundas, que parece haber sido completamente pasada por alto, es la acción química que tiene lugar sobre grandes masas de materia pirítica en sus proximidades. El calor, tan opresivo en las Minas Unidas, se debe, sin duda, a la descomposición de enormes cantidades de sulfuros de hierro y cobre que se sabe se encuentran en ese estado a poca distancia de estas explotaciones mineras.
Una causa del intenso calor en muchas de nuestras minas profundas, que parece haber sido completamente pasada por alto, es la acción química que tiene lugar sobre grandes masas de materia pirítica en sus proximidades. El calor, tan opresivo en las Minas Unidas, se debe, sin duda, a la descomposición de enormes cantidades de sulfuros de hierro y cobre que se sabe se encuentran en ese estado a poca distancia de estas explotaciones mineras.
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El calor que el hombre puede medir debajo de la superficie terrestre parece deberse únicamente a las propiedades conductoras de las rocas mismas; se ha observado que la línea de igual temperatura sigue, en la medida de lo posible, las elevaciones y depresiones que existen en la superficie, y la tasa decreciente de aumento más allá de esta línea es, sin duda, la que surgiría si todo el calor medido fuera resultado del paso del calor por conducción a través de la corteza rocosa.
Si las bandas subterráneas de igual calor tienen o no alguna relación estricta, a gran escala, con las líneas isotérmicas trazadas en la mayor parte de nuestro planeta, es un punto que aún no ha sido determinado de manera satisfactoria como para permitir deducciones generales.
El narrador oriental convierte el mundo interior en un lugar de rara belleza: un templo cavernoso, adornado con gemas autoluminiscentes, en el cual residen los seres espirituales a quienes se confía la dirección del mundo inorgánico.
El filósofo, en la cúspide de su conocimiento, ha tenido sueños tan absurdos como este; y entre las fantasías de la ciencia no se encuentran visiones más extrañas que aquellas relacionadas con el centro de nuestro planeta. Al mismo tiempo, debe admitirse que muchos de los fenómenos peculiares que las investigaciones geológicas modernas han puesto de manifiesto se explican mejor bajo la hipótesis de una esfera en enfriamiento, lo cual implica necesariamente la existencia de una temperatura muy alta hacia el centro.
Ya hemos señalado algunas diferencias notables entre el calor solar y el terrestre; pero existe una clase de observaciones realizadas por Delaroche[63] que aún requiere nuestra atención. El calor solar pasa libremente a través del vidrio incoloro, mientras que las radiaciones provenientes de un fuego intenso o de una masa de metal incandescente son completamente bloqueadas por este medio. Si colocamos una lámpara o una bola de metal caliente frente a un reflector metálico, pronto se descubre el foco de calor acumulado; pero si se utiliza un espejo de vidrio, la luz se refleja, pero no el calor; en cambio, con los rayos solares apenas se detecta diferencia, ya sea que se utilicen reflectores vítreos o metálicos. Es bien sabido que las lentes de vidrio refractan tanto la luz como el calor del sol, y se les conoce comúnmente como lentes ardientes: el calor acumulado en su punto focal es de la mayor intensidad. Si, en lugar del haz solar, utilizamos en nuestros experimentos un calor intenso producido por medios artificiales, su paso se ve obstaculizado, y los termómetros más delicados permanecen sin cambios en el
Si las bandas subterráneas de igual calor tienen o no alguna relación estricta, a gran escala, con las líneas isotérmicas trazadas en la mayor parte de nuestro planeta, es un punto que aún no ha sido determinado de manera satisfactoria como para permitir deducciones generales.
El narrador oriental convierte el mundo interior en un lugar de rara belleza: un templo cavernoso, adornado con gemas autoluminiscentes, en el cual residen los seres espirituales a quienes se confía la dirección del mundo inorgánico.
El filósofo, en la cúspide de su conocimiento, ha tenido sueños tan absurdos como este; y entre las fantasías de la ciencia no se encuentran visiones más extrañas que aquellas relacionadas con el centro de nuestro planeta. Al mismo tiempo, debe admitirse que muchos de los fenómenos peculiares que las investigaciones geológicas modernas han puesto de manifiesto se explican mejor bajo la hipótesis de una esfera en enfriamiento, lo cual implica necesariamente la existencia de una temperatura muy alta hacia el centro.
Ya hemos señalado algunas diferencias notables entre el calor solar y el terrestre; pero existe una clase de observaciones realizadas por Delaroche[63] que aún requiere nuestra atención. El calor solar pasa libremente a través del vidrio incoloro, mientras que las radiaciones provenientes de un fuego intenso o de una masa de metal incandescente son completamente bloqueadas por este medio. Si colocamos una lámpara o una bola de metal caliente frente a un reflector metálico, pronto se descubre el foco de calor acumulado; pero si se utiliza un espejo de vidrio, la luz se refleja, pero no el calor; en cambio, con los rayos solares apenas se detecta diferencia, ya sea que se utilicen reflectores vítreos o metálicos. Es bien sabido que las lentes de vidrio refractan tanto la luz como el calor del sol, y se les conoce comúnmente como lentes ardientes: el calor acumulado en su punto focal es de la mayor intensidad. Si, en lugar del haz solar, utilizamos en nuestros experimentos un calor intenso producido por medios artificiales, su paso se ve obstaculizado, y los termómetros más delicados permanecen sin cambios en el
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Enfoque de la lente. El vidrio expuesto frente al fuego se calienta, y por conducción el calor pasa a través de él, produciéndose una radiación secundaria desde el lado opuesto.[64] Se ha descubierto que el vidrio es transcalescente, o diátermico, para algunos rayos del calor terrestre, y adiátmico, u opaco al calor, para otros[65]: que la capacidad de penetrar el vidrio aumenta con la temperatura del cuerpo encendido, y que los rayos que han pasado por una pantalla lo atraviesan más fácilmente por una segunda. Sin embargo, parece que se necesita algo más que un simple aumento de temperatura para que las radiaciones térmicas terrestres tengan la capacidad de pasar a través de pantallas de vidrio, o, en otras palabras, para adquirir las propiedades del calor solar.
Para dar un ejemplo: el calor de la llama de oxígeno-hidrógeno es muy intenso, pero el vidrio lo obstaculiza, aunque puede ser ayudado por un reflector parabólico. Si esta llama incide sobre una bola de cal, lo cual produce una luz muy intensa, el calor, que en realidad no ha aumentado, adquiere la capacidad de ser refractado por una lente de vidrio, y los cuerpos combustibles pueden ser encendidos en su foco.
Ciertamente, estos resultados demuestran que la hipótesis ondulatoria es cierta, en lo que respecta al movimiento de la energía calorífica. A una cierta velocidad, las vibraciones son rechazadas o detenidas por el cuerpo opuesto, mientras que en un estado de mayor excitación, moviéndose con mayor rapidez, penetran en la pantalla.[66] Esto, de hecho, no contradice la teoría refinada de Prévost,[67], que supone un intercambio mutuo e igual de calor entre todos los cuerpos.
El efecto más general del calor es la expansión de la materia; los sólidos, los líquidos y los gases se expanden todos bajo su influencia. Si una barra de metal se expone a la acción calorífica, aumenta de tamaño, ya que sus partículas se separan más unas de otras. Al continuar esta influencia, después de cierto tiempo la cohesión de la masa se reduce tanto que se derrite o se vuelve líquida, y, bajo la acción de una temperatura aún mayor, este metal fundido puede disiparse en vapor. Parecería que, bajo la acción del calor aplicado a un cuerpo, sus átomos se expanden, hasta que finalmente, debido a la delgadez de la capa externa o envoltura de cada átomo, pueden moverse libremente unos sobre otros o penetrarse sin dificultad. Que el calor realmente provoca una perturbación considerable en la disposición corpuscular de los cuerpos puede demostrarse mediante un experimento muy interesante. Una barra calentada…
Para dar un ejemplo: el calor de la llama de oxígeno-hidrógeno es muy intenso, pero el vidrio lo obstaculiza, aunque puede ser ayudado por un reflector parabólico. Si esta llama incide sobre una bola de cal, lo cual produce una luz muy intensa, el calor, que en realidad no ha aumentado, adquiere la capacidad de ser refractado por una lente de vidrio, y los cuerpos combustibles pueden ser encendidos en su foco.
Ciertamente, estos resultados demuestran que la hipótesis ondulatoria es cierta, en lo que respecta al movimiento de la energía calorífica. A una cierta velocidad, las vibraciones son rechazadas o detenidas por el cuerpo opuesto, mientras que en un estado de mayor excitación, moviéndose con mayor rapidez, penetran en la pantalla.[66] Esto, de hecho, no contradice la teoría refinada de Prévost,[67], que supone un intercambio mutuo e igual de calor entre todos los cuerpos.
El efecto más general del calor es la expansión de la materia; los sólidos, los líquidos y los gases se expanden todos bajo su influencia. Si una barra de metal se expone a la acción calorífica, aumenta de tamaño, ya que sus partículas se separan más unas de otras. Al continuar esta influencia, después de cierto tiempo la cohesión de la masa se reduce tanto que se derrite o se vuelve líquida, y, bajo la acción de una temperatura aún mayor, este metal fundido puede disiparse en vapor. Parecería que, bajo la acción del calor aplicado a un cuerpo, sus átomos se expanden, hasta que finalmente, debido a la delgadez de la capa externa o envoltura de cada átomo, pueden moverse libremente unos sobre otros o penetrarse sin dificultad. Que el calor realmente provoca una perturbación considerable en la disposición corpuscular de los cuerpos puede demostrarse mediante un experimento muy interesante. Una barra calentada…
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El metal se coloca para que se enfríe, con un extremo apoyado sobre una cuña o un anillo de otro metal y el otro extremo reposando en el suelo. Durante el enfriamiento, se emite un sonido musical distinto, debido a la acción vibratoria que se produce entre las partículas de la materia a medida que la temperatura disminuye.[68]
El calor se difunde por todos los cuerpos de la naturaleza y, como veremos más adelante, puede generarse de muchas maneras diferentes. Por lo tanto, podemos deducir que al convertir una esfera de hielo en agua, y luego esta en vapor, no hemos hecho más que infiltrar mayor cantidad de calor en la masa, lo que hace que sus átomos estén más separados entre sí y, así, sus moléculas puedan moverse libremente unas respecto a otras. De este modo, el agua pasa del estado sólido al líquido; y luego, si se continúa aplicando fuerza expansiva, se convierte en un vapor invisible. Si estas limites son superados por efectos térmicos muy intensos, la consecuencia natural será la separación de los átomos entre sí, hasta tal punto que la molécula se destruye y tiene lugar la descomposición química.
Gracias a la electricidad de la batería voláica, podemos generar el calor más intenso que conocemos. Mediante un arreglo especialmente ingenioso, el señor Grove ha logrado descomponer el agua, únicamente mediante el calor, en sus elementos constitutivos: los gases oxígeno e hidrógeno. Se demostró posteriormente que esta descomposición no se debía a la corriente voláica, sino al calor que esta generaba, utilizando platino calentado con llama de oxígeno-hidrógeno.[69]
Este interesante tema ha sido examinado con gran cuidado por el Dr. Robinson de Armagh, quien demostró que, a medida que aumenta la temperatura del agua, disminuye la afinidad de sus elementos, hasta que, en un punto determinado, estos terminan destruyéndose. Este hecho nuevo y sorprendente parece poco coherente con nuestro conocimiento de que un cuerpo calentado hasta el punto de emitir luz tiene la capacidad de provocar la combinación de los elementos del agua con violencia explosiva.[70] Pero este agudo filósofo experimental pregunta, de manera algo audaz pero aún así muy razonable: “¿No es probable que, si no es la luz, alguna otra fuerza actínica (como aquella que acompaña a la luz en el espectro y que se nos revela a través de sus efectos químicos en los procesos fotográficos) sea generada por el calor, y que, aunque invisible, junto con la afinidad, determine ese cambio atómico que transforma los tres volúmenes de oxígeno e hidrógeno en dos de vapor?”[71]
El calor se difunde por todos los cuerpos de la naturaleza y, como veremos más adelante, puede generarse de muchas maneras diferentes. Por lo tanto, podemos deducir que al convertir una esfera de hielo en agua, y luego esta en vapor, no hemos hecho más que infiltrar mayor cantidad de calor en la masa, lo que hace que sus átomos estén más separados entre sí y, así, sus moléculas puedan moverse libremente unas respecto a otras. De este modo, el agua pasa del estado sólido al líquido; y luego, si se continúa aplicando fuerza expansiva, se convierte en un vapor invisible. Si estas limites son superados por efectos térmicos muy intensos, la consecuencia natural será la separación de los átomos entre sí, hasta tal punto que la molécula se destruye y tiene lugar la descomposición química.
Gracias a la electricidad de la batería voláica, podemos generar el calor más intenso que conocemos. Mediante un arreglo especialmente ingenioso, el señor Grove ha logrado descomponer el agua, únicamente mediante el calor, en sus elementos constitutivos: los gases oxígeno e hidrógeno. Se demostró posteriormente que esta descomposición no se debía a la corriente voláica, sino al calor que esta generaba, utilizando platino calentado con llama de oxígeno-hidrógeno.[69]
Este interesante tema ha sido examinado con gran cuidado por el Dr. Robinson de Armagh, quien demostró que, a medida que aumenta la temperatura del agua, disminuye la afinidad de sus elementos, hasta que, en un punto determinado, estos terminan destruyéndose. Este hecho nuevo y sorprendente parece poco coherente con nuestro conocimiento de que un cuerpo calentado hasta el punto de emitir luz tiene la capacidad de provocar la combinación de los elementos del agua con violencia explosiva.[70] Pero este agudo filósofo experimental pregunta, de manera algo audaz pero aún así muy razonable: “¿No es probable que, si no es la luz, alguna otra fuerza actínica (como aquella que acompaña a la luz en el espectro y que se nos revela a través de sus efectos químicos en los procesos fotográficos) sea generada por el calor, y que, aunque invisible, junto con la afinidad, determine ese cambio atómico que transforma los tres volúmenes de oxígeno e hidrógeno en dos de vapor?”[71]
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Esta especulación explica, de una manera muy satisfactoria, algunos resultados que fueron obtenidos por el conde Rumford en 1798. En una serie de experimentos realizados con el fin de examinar “esas propiedades químicas de la luz que se le han atribuido”, demostró que muchos casos de descomposición química ocurren en completa oscuridad, bajo la influencia del calor, y que estos son precisamente similares a aquellos producidos por la exposición a los rayos del sol.[72] Sin embargo, hay que recordar que tanto la luz solar como el calor a veces actúan en oposición directa a la fuerza actínica, y que los cambios químicos más marcados se producen por aquellos rayos en los que no se puede detectar ni calor ni luz. Los fenómenos más notables de esta clase serán explicados bajo el concepto de actinismo.
Una de las relaciones más curiosas que hasta ahora se han descubierto entre la luz y el calor es que la temperatura a la cual todos los cuerpos se vuelven incandescentes, excepto aquellos que son fosforescentes, es uniforme. El punto en el termómetro (escala Fahrenheit) en el que el ojo, en completo reposo, puede detectar la primera influencia luminosa probablemente sea, o esté muy cerca de, 1000°. Daniel fijó este punto en 980°, Wedgwood en 947°, y Draper en 977°.[73] El Dr. Robinson y el Dr. Draper, mediante observaciones independientes, llegaron ambos a la conclusión de que el primer destello de luz que aparece en la platina calentada no es rojo, sino de un gris lavanda, del mismo carácter cromático que el detectado por Sir John Herschel entre los rayos más refractables del espectro solar.[74]
Hay que admitir que la cuestión de la identidad, o no, de la luz y el calor radiante está llena de dificultades. Muchos de sus fenómenos son muy similares; muchos de sus modos de acción son iguales: a menudo se les considera agentes relacionados; pero con frecuencia también muestran una extrema diversidad de acción, y pueden separarse el uno del otro.
Hemos examinado ahora las condiciones físicas y propiedades de este elemento tan importante, y debemos pasar a conocer algo sobre los medios mediante los cuales puede ser generado, independientemente de su fuente solar. Este principio extraordinario existe en estado latente en todos los cuerpos, y puede ser extraído de ellos. El herrero golpea un clavo hasta que se calienta mucho, y con él enciende la cerilla con la que prende el fuego de su forja. El hierro, mediante este proceso, se vuelve más denso, y la percusión ya no producirá incandescencia hasta que la barra haya sido expuesta al fuego.
Una de las relaciones más curiosas que hasta ahora se han descubierto entre la luz y el calor es que la temperatura a la cual todos los cuerpos se vuelven incandescentes, excepto aquellos que son fosforescentes, es uniforme. El punto en el termómetro (escala Fahrenheit) en el que el ojo, en completo reposo, puede detectar la primera influencia luminosa probablemente sea, o esté muy cerca de, 1000°. Daniel fijó este punto en 980°, Wedgwood en 947°, y Draper en 977°.[73] El Dr. Robinson y el Dr. Draper, mediante observaciones independientes, llegaron ambos a la conclusión de que el primer destello de luz que aparece en la platina calentada no es rojo, sino de un gris lavanda, del mismo carácter cromático que el detectado por Sir John Herschel entre los rayos más refractables del espectro solar.[74]
Hay que admitir que la cuestión de la identidad, o no, de la luz y el calor radiante está llena de dificultades. Muchos de sus fenómenos son muy similares; muchos de sus modos de acción son iguales: a menudo se les considera agentes relacionados; pero con frecuencia también muestran una extrema diversidad de acción, y pueden separarse el uno del otro.
Hemos examinado ahora las condiciones físicas y propiedades de este elemento tan importante, y debemos pasar a conocer algo sobre los medios mediante los cuales puede ser generado, independientemente de su fuente solar. Este principio extraordinario existe en estado latente en todos los cuerpos, y puede ser extraído de ellos. El herrero golpea un clavo hasta que se calienta mucho, y con él enciende la cerilla con la que prende el fuego de su forja. El hierro, mediante este proceso, se vuelve más denso, y la percusión ya no producirá incandescencia hasta que la barra haya sido expuesta al fuego.
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Calor intenso. La única conclusión que podemos extraer de este resultado es que, al golpear, las partículas se han acercado unas a otras y el calor se ha expulsado; ahora, seguir golpeando no hará que los átomos se acerquen más, y por lo tanto no se puede generar una cantidad adicional de calor. El hierro se calienta en el fuego, absorbe calor, las partículas vuelven a su estado anterior, y ahora podemos volver a generar calor y luz mediante el golpeteo. El indio produce chispas por la fricción de dos trozos de madera. Por fricción, dos trozos de hielo pueden hacerse fundir mutuamente; y si pudiéramos, mediante presión mecánica, forzar al agua a pasar al estado sólido, se liberaría una enorme cantidad de calor. Por la condensación de los gases de hidrógeno y oxígeno, el platino en polvo se volverá rojo brillante, y, con ciertas precauciones, incluso el propio metal compacto, el platino; el calor proviene de los gases, cuya unión ha provocado dicho fenómeno. Un cuerpo que pasa del estado sólido al líquido absorbe calor de todas las sustancias circundantes, y por lo tanto se genera un grado de frío. El calor que así se elimina no se destruye; permanece combinado con el líquido; existe en un estado latente. Los líquidos, al pasar a forma gaseosa, también arrebatan a todos los cuerpos circundantes una cantidad de calor necesaria para mantener su estado gaseoso. Del aire o del líquido, este calor puede ser extraído nuevamente, como ya hemos mostrado. Encerrado en una medida de un cuarto de galón de aire, existe suficiente calor para calentar varios pulgadas cuadradas de metal hasta hacerlo rojo brillante. Esto puede demostrarse mediante la compresión del aire atmosférico, y con una pequeña jeringa condensadora se puede liberar una cantidad suficiente de calor para encender el Boletus igniarius, que, impregnado de nitrato, se conoce como amadou. Conocemos diversas fuentes a partir de las cuales se puede generar calor con fines artificiales: el pedernal y el acero son un ejemplo de la generación de calor por fuerza mecánica, y el fósforo moderno, de la acción combinada de la fricción y la afinidad química. Estos temas por sí solos permitirían un discurso extenso; pero es necesario que examinemos cuidadosamente algunos de los fenómenos menos conocidos relacionados con el calor bajo la influencia de cambios en las condiciones químicas. Si se mezclan alcohol y agua, se libera una cantidad considerable de calor, y al mezclar ácido sulfúrico y agua, una cantidad aún mayor. Si se mezclan de repente ácido sulfúrico (aceite de vitriolo) y alcohol, o ácido nítrico (acqua fortis) y alcohol de trementina, a temperaturas normales, se libera tanta calor que puede encender el alcohol. En cada uno de estos casos hay una condensación del líquido. En casi todos los casos…
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La solución es que el frío se produce por la absorción del calor necesario para mantener la sal en estado líquido; pero cuando el potasio se disuelve en agua, se libera calor, hecho que aún no podemos explicar. Si se coloca potasio sobre el agua, este absorbe el oxígeno del agua e incendia el gas hidrógeno liberado por el calor generado en el cambio de estado. El antimonio y muchos otros metales arrojados al gas cloro se encienden y arden con gran intensidad: el mismo fenómeno ocurre en los vapores de yodo o bromo. Muchas combinaciones químicas, como el cloruro de potasio y el azufre, explotan con un solo impacto; mientras que la más mínima fricción provoca la detonación de las sales fulminantes de plata, mercurio y oro. Los compuestos de nitrógeno y cloro, o yodo, están aún más sensibles a los cambios: los primeros explotan con terrible violencia al entrar en contacto con cualquier cuerpo oleoso, y los segundos con el más leve aumento de temperatura; ambos destruyen los recipientes en los que pueden encontrarse.
El algodón de pólvora presenta algunos fenómenos peculiares que merecen una breve atención. Este compuesto especial se prepara mediante la acción del ácido nítrico sobre la fibra de algodón. La apariencia general del algodón no cambia, pero se produce un notable cambio físico: ahora es soluble en éter y forma un compuesto gelatinoso; explota violentamente a una temperatura que resulta insuficiente para la combustión de la pólvora. De hecho, debido a las ligeras perturbaciones eléctricas que parecen producirse dentro del propio algodón de pólvora, este a menudo explota espontáneamente. Estas terribles perturbaciones de las fuerzas que mantienen unidos los cuerpos son difíciles de explicar. ¿No sería posible que una enorme cantidad de principios caloríficos y químicos esté en estado de extrema tensión alrededor de las partículas del compuesto, y que, al romperse ese equilibrio, todo se desarrolle con una rapidez destructiva?
El hecho de que se genere mucho calor durante la conversión de un cuerpo de estado sólido a estado gaseoso, como en la explosión de la pólvora o el algodón de pólvora, constituye una excepción notable a la ley del calor latente, tal como rige en la mayoría de los casos, y no admite una explicación más satisfactoria.
Así como la fuerza mecánica produce excitación calorífica, también observamos que todo movimiento de la savia en las plantas, así como del sangre y de los fluidos en el organismo animal, provoca un aumento sensible de calor. Los procesos químicos que ocurren constantemente en plantas y animales son otra fuente de calor; además de esto, la energía nerviosa y el movimiento muscular también contribuyen.
El algodón de pólvora presenta algunos fenómenos peculiares que merecen una breve atención. Este compuesto especial se prepara mediante la acción del ácido nítrico sobre la fibra de algodón. La apariencia general del algodón no cambia, pero se produce un notable cambio físico: ahora es soluble en éter y forma un compuesto gelatinoso; explota violentamente a una temperatura que resulta insuficiente para la combustión de la pólvora. De hecho, debido a las ligeras perturbaciones eléctricas que parecen producirse dentro del propio algodón de pólvora, este a menudo explota espontáneamente. Estas terribles perturbaciones de las fuerzas que mantienen unidos los cuerpos son difíciles de explicar. ¿No sería posible que una enorme cantidad de principios caloríficos y químicos esté en estado de extrema tensión alrededor de las partículas del compuesto, y que, al romperse ese equilibrio, todo se desarrolle con una rapidez destructiva?
El hecho de que se genere mucho calor durante la conversión de un cuerpo de estado sólido a estado gaseoso, como en la explosión de la pólvora o el algodón de pólvora, constituye una excepción notable a la ley del calor latente, tal como rige en la mayoría de los casos, y no admite una explicación más satisfactoria.
Así como la fuerza mecánica produce excitación calorífica, también observamos que todo movimiento de la savia en las plantas, así como del sangre y de los fluidos en el organismo animal, provoca un aumento sensible de calor. Los procesos químicos que ocurren constantemente en plantas y animales son otra fuente de calor; además de esto, la energía nerviosa y el movimiento muscular también contribuyen.
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Se considera que produce las calorías esenciales para la salud y la vida de estos últimos. La digestión ha sido vista como un proceso de combustión; la acción entre los elementos de los alimentos y el oxígeno transportado por la circulación sanguínea a todas las partes del cuerpo se considera la fuente del calor animal; y, sin duda, es una gran fuente, aunque apenas puede considerarse la única.[75]
La vis vitæ, o fuerza vital, influye en el delicado y hermoso sistema nervioso; y como la vida (una esencia de orden muy raro y sutil, con una influencia difusa) fluye a través de ellos, desde el cerebro hasta las extremidades del cuerpo, hace que esos delicados hilos vibren rápidamente, generando calor. Gracias a esta acción se produce la circulación sanguínea; el músculo se mantiene en un estado elástico, listo para cumplir las funciones impuestas por la voluntad; y a través de estos mecanismos, la sangre caliente y líquida está preparada para recibir sus sustancias químicas restauradoras en los pulmones, y el estómago para soportar los cambios para los cuales está diseñado —también de naturaleza química—, lo que genera aún más calor. Si la digestión —Eremacausis, como se denomina a la lenta combustión producida por la combinación con el oxígeno— fuera la única fuente de calor animal, ¿por qué la lesión de un solo nervio haría que un miembro del cuerpo quedara para siempre en un estado de frío extremo? ¿O por qué, si la acción química continúa de forma muy activa después de una muerte violenta, gracias a la acción de los jugos gástricos sobre los tejidos animales, el calor animal no se mantendría durante mucho más tiempo del que ocurre después de que cesa la respiración?[76]
Al estudiar las influencias de las calorías en las condiciones de la materia, debemos tener en cuenta los efectos del calor extremo, así como de los grados más altos de frío que se han logrado.
Existen una serie de experimentos realizados por el barón Cagniard de la Tour, que parecen tener una importancia crucial para algunas condiciones que podrían darse en la naturaleza, especialmente si adoptamos la idea de una temperatura en constante aumento hacia el centro de la Tierra. Si se coloca agua, alcohol o éter en un tubo de vidrio resistente de pequeño diámetro, con los extremos herméticamente sellados, y todo se expone a un calor intenso, el líquido desaparece, transformándose en un gas transparente; pero al enfriarse, vuelve a condensarse, sin pérdidas, a su estado líquido original.[77] En este experimento, los cuerpos líquidos se han convertido en gases transparentes y elásticos, con solo un ligero cambio de volumen, bajo la presión de ellos mismos.
La vis vitæ, o fuerza vital, influye en el delicado y hermoso sistema nervioso; y como la vida (una esencia de orden muy raro y sutil, con una influencia difusa) fluye a través de ellos, desde el cerebro hasta las extremidades del cuerpo, hace que esos delicados hilos vibren rápidamente, generando calor. Gracias a esta acción se produce la circulación sanguínea; el músculo se mantiene en un estado elástico, listo para cumplir las funciones impuestas por la voluntad; y a través de estos mecanismos, la sangre caliente y líquida está preparada para recibir sus sustancias químicas restauradoras en los pulmones, y el estómago para soportar los cambios para los cuales está diseñado —también de naturaleza química—, lo que genera aún más calor. Si la digestión —Eremacausis, como se denomina a la lenta combustión producida por la combinación con el oxígeno— fuera la única fuente de calor animal, ¿por qué la lesión de un solo nervio haría que un miembro del cuerpo quedara para siempre en un estado de frío extremo? ¿O por qué, si la acción química continúa de forma muy activa después de una muerte violenta, gracias a la acción de los jugos gástricos sobre los tejidos animales, el calor animal no se mantendría durante mucho más tiempo del que ocurre después de que cesa la respiración?[76]
Al estudiar las influencias de las calorías en las condiciones de la materia, debemos tener en cuenta los efectos del calor extremo, así como de los grados más altos de frío que se han logrado.
Existen una serie de experimentos realizados por el barón Cagniard de la Tour, que parecen tener una importancia crucial para algunas condiciones que podrían darse en la naturaleza, especialmente si adoptamos la idea de una temperatura en constante aumento hacia el centro de la Tierra. Si se coloca agua, alcohol o éter en un tubo de vidrio resistente de pequeño diámetro, con los extremos herméticamente sellados, y todo se expone a un calor intenso, el líquido desaparece, transformándose en un gas transparente; pero al enfriarse, vuelve a condensarse, sin pérdidas, a su estado líquido original.[77] En este experimento, los cuerpos líquidos se han convertido en gases transparentes y elásticos, con solo un ligero cambio de volumen, bajo la presión de ellos mismos.
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atmósferas. Podemos concebir fácilmente que un resultado similar ocurra a una escala mucho más extensa. En las regiones volcánicas, a grandes profundidades y, por consiguiente, bajo la presión de la masa que se encuentra encima, las rocas silíceas o incluso los metales pueden, debido a la acción del intenso calor, pasar a un estado líquido o incluso gaseoso, sin ningún cambio de volumen, ya que la fuerza elástica del calor es contrarrestada por la resistencia rígida de la presión de las rocas circundantes. Algunos experimentos muy interesantes realizados por el Sr. Hopkins, de Cambridge, han demostrado que la temperatura necesaria para fundir un cuerpo debe elevarse considerablemente a medida que aumenta la presión mecánica a la que está sometido. Directamente relacionados con los resultados de Cagniard de la Tour hay otro conjunto aún más notable de fenómenos, que han sido investigados por el Sr. Boutigny[78] y que son conocidos generalmente como el “estado esferoidal” de los cuerpos. Si se proyecta agua sobre un metal muy caliente, este adquiere instantáneamente una forma esferoidal; se puede observar un movimiento interno de sus partículas, gira rápidamente y se evapora muy lentamente. Si una cápsula de plata o platino, cuando se calienta hasta un color rojo brillante, se llena de agua fría, toda la masa adopta el estado esferoidal; la temperatura del fluido permanece considerablemente por debajo del punto de ebullición, mientras se mantenga ese calor rojo. Si dejamos que el recipiente se enfríe por debajo del color rojo en la oscuridad, el agua entra en ebullición activa y se disipa en vapor con una violencia casi explosiva. Si se proyecta una cantidad igual de agua en dos recipientes similares, uno frío y el otro al rojo vivo, se observará que el agua del recipiente frío hervirá y se evaporará mucho antes que la del recipiente al rojo vivo. Otra forma de este experimento es sumamente instructiva. Si se sumerge de repente una masa de metal blanco caliente en un recipiente con agua fría, la incandescencia no se apaga; el metal brilla con una luz blanca intensa, y se puede ver cómo el agua circula alrededor, pero a cierta distancia de la masa incandescente, siendo en realidad rechazada por la energía calorífica. Finalmente, cuando el metal se enfría, el agua entra en contacto con él y hierve con gran intensidad. Un resultado similar fue observado por Perkins, pero su exactitud fue puesta en duda de manera injustificada. Después de fabricar una carcasa de hierro que contenía agua y sellarla cuidadosamente, y calentarla hasta estar al rojo blanco, se descubrió que el vapor nunca ejercía suficiente fuerza para hacer estallar el recipiente, como se esperaba. Hizo perforar un agujero en el fondo de la carcasa al rojo blanco y se sorprendió al comprobar que no fluía agua a través del orificio, hasta que el hierro…
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Considerablemente enfriado, cuando emana con violencia en forma de vapor. Aquí tenemos que primero se produce el estado esferoidal inducido por Cagniard de la Tour, y posteriormente surge la repulsión calorífica del estado esferoidal. Si se vierte agua sobre un tamiz de hierro cuyos alambres están al rojo vivo, esta no penetrará en él; pero al enfriarse, fluye rápidamente a través de él. El Sr. Boutigny, al continuar esta curiosa investigación, ha demostrado recientemente que la humedad presente en la piel es suficiente para protegerla de la desorganización, si el brazo se sumerge en baños de metal fundido. La resistencia de las superficies es tan grande que apenas se experimenta un aumento de temperatura.[79] El profesor Plücker, de Bonn, ha afirmado que al lavar el brazo con éter antes de sumergirlo en metal fundido, la sensación que se experimenta dentro de la masa fundida es la de un frío glacial.
Hemos visto ahora que el calor, en diferentes grados de intensidad, parece producir una composición química: descompone los elementos combinados, altera las condiciones de los cuerpos y mantiene de hecho una fuerza repulsiva tan poderosa que los fluidos no pueden tocar el cuerpo calentado. Más aún, ejerce una influencia antagónica muy poderosa sobre todas las relaciones químicas. Si, por dar un ejemplo, se coloca el elemento volátil yodo en una cápsula al rojo vivo, este se transforma inmediatamente en una forma esferoidal. El potasio se combina rápidamente con el yodo; pero si se arroja un trozo de este álcali sobre él dentro de la cápsula, también adopta forma esferoidal, y ambos cuerpos giran de manera independiente entre sí, ya que sus afinidades químicas quedan completamente suspendidas; pero si se deja enfriar la cápsula, se combinan inmediatamente.
La ciencia nos enseña que se puede producir una temperatura tan elevada como para no quemar los cuerpos orgánicos, y nos señala este hecho notable: los límites destructivos del calor se miden entre ciertos grados; más allá de ellos, el fuego, debido a su intensidad, deja de generar calor. ¿En qué fuerza radiante se transforma este principio?
Los experimentos de Cagniard de la Tour y de Boutigny (d’Evreux) se relacionan de manera sorprendente con los de el Sr. Grove y el Dr. Robinson; y nos enseñan que incluso un cambio muy leve en las proporciones del principio calorífico presente en este planeta cambiaría por completo el carácter de cada sustancia material de la cual está compuesto, a menos que hubiera un cambio en las condiciones físicas de los propios elementos.
Hemos visto ahora que el calor, en diferentes grados de intensidad, parece producir una composición química: descompone los elementos combinados, altera las condiciones de los cuerpos y mantiene de hecho una fuerza repulsiva tan poderosa que los fluidos no pueden tocar el cuerpo calentado. Más aún, ejerce una influencia antagónica muy poderosa sobre todas las relaciones químicas. Si, por dar un ejemplo, se coloca el elemento volátil yodo en una cápsula al rojo vivo, este se transforma inmediatamente en una forma esferoidal. El potasio se combina rápidamente con el yodo; pero si se arroja un trozo de este álcali sobre él dentro de la cápsula, también adopta forma esferoidal, y ambos cuerpos giran de manera independiente entre sí, ya que sus afinidades químicas quedan completamente suspendidas; pero si se deja enfriar la cápsula, se combinan inmediatamente.
La ciencia nos enseña que se puede producir una temperatura tan elevada como para no quemar los cuerpos orgánicos, y nos señala este hecho notable: los límites destructivos del calor se miden entre ciertos grados; más allá de ellos, el fuego, debido a su intensidad, deja de generar calor. ¿En qué fuerza radiante se transforma este principio?
Los experimentos de Cagniard de la Tour y de Boutigny (d’Evreux) se relacionan de manera sorprendente con los de el Sr. Grove y el Dr. Robinson; y nos enseñan que incluso un cambio muy leve en las proporciones del principio calorífico presente en este planeta cambiaría por completo el carácter de cada sustancia material de la cual está compuesto, a menos que hubiera un cambio en las condiciones físicas de los propios elementos.
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Suponiendo que la prueba de purificación por fuego tenga lugar en esta tierra, estos experimentos parecen indicar los enormes cambios que de ello resultarían. No habría aniquilación, sino que todo se transformaría desde el centro del globo hasta los límites de su atmósfera: las cosas antiguas desaparecerían, todo se volvería nuevo, y el hermoso mito del fénix se haría realidad en la nueva creación. Las deducciones que se pueden extraer de los resultados obtenidos al extraer calor de los cuerpos son igualmente instructivas. Aprovechando el enfriamiento producido por la rápida disolución de sales de varios tipos en agua, se puede lograr un grado intenso de frío.[80] De hecho, la absorción de calor por licuefacción puede demostrarse utilizando únicamente cuerpos metálicos. Si se funden plomo, estaño y bismuto juntos, se convierten en un polvo grueso al verterse en agua, y luego esa aleación se disuelve en una gran cantidad de mercurio, el termómetro bajará casi 50 grados. Una cantidad intensa de frío se obtiene al mezclar cloruro de cal con nieve, lo cual produce una temperatura de 50° por debajo del cero Fahrenheit, o 82° por debajo del punto de congelación del agua. Con una mezcla tan fría como esta, el mercurio se vuelve sólido. Sin embargo, recientemente se ha logrado un grado de frío mucho mayor mediante el uso de ácido carbónico sólido y éter.[81] El ácido carbónico sólido se obtiene a partir del gas licuado bajo presión; ese líquido, al escapar al aire, se evapora tan rápidamente que una gran cantidad de él se congela al perder su calor combinado debido a la parte que se evapora. Cuando este ácido sólido se combina con éter, se forma un baño en el cual el ácido carbónico permanece sólido durante veinte o treinta minutos. Mediante una mezcla de este tipo, colocada bajo el receptor de una bomba de aire, manteniéndose una buena extracción de aire, se logra un grado de frío de 166° por debajo del cero. Gracias a este frío intenso, muchos de los cuerpos que hasta ahora solo nos eran conocidos en estado gaseoso se han condensado en líquidos y sólidos. El gas olefínico, un compuesto de hidrógeno y carbono, se convirtió en estado líquido. Los ácidos hidriídrico e hidrobromídico pudieron condensarse en estado líquido o sólido. El hidrógeno fosforado, un gas que se inflama espontáneamente al entrar en contacto con el aire u oxígeno, se convirtió en un líquido transparente con esta gran reducción de temperatura. El ácido sulfúrico puede condensarse, mediante presión y reducción de temperatura, en un líquido que hierve a 14° Fahrenheit, pero con el baño de ácido carbónico se convierte en un cuerpo sólido, transparente y
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sin color. El gas de hidrógeno sulfuroso se solidifica a 122 grados bajo cero, formando una sustancia blanca que se asemeja a una masa de cristales de sal marina. Una combinación de los dos gases, cloro y oxígeno, se solidifica a -75°, y el protóxido de nitrógeno a -150°. El cianógeno, un compuesto de carbono y nitrógeno —base del ácido prúsico—, se solidifica a 30 grados por debajo del cero de nuestra escala termométrica. El conocido compuesto picante, el amoníaco, extremadamente volátil a temperaturas normales, se convierte en una sustancia cristalina, translúcida y blanca a la temperatura de -103°. Las dificultades que inevitablemente surgen al exponer un cuerpo al frío extremo y a una gran presión al mismo tiempo parecen ser el único obstáculo para la condensación de los gases oxígeno, hidrógeno y nitrógeno. Sin embargo, el Dr. Faraday logró obtener una cantidad suficiente de condensación como para llegar a la conclusión, también respaldada por otras pruebas, de que el hidrógeno, el más ligero de los cuerpos ponderables, tiene propiedades propias de un metal.[82] Durante la solidificación del agua por congelación, se pueden observar algunos hechos notables. El agua, al enfriarse, se condensa gradualmente en volumen hasta alcanzar los 40° Fahrenheit, que parece ser el punto de mayor densidad. Desde esta temperatura hasta los 32°, punto en el que comienza a solidificarse, su volumen permanece inalterado.[82] Al comenzar la cristalización (congelación), el volumen aumenta, la masa se vuelve específicamente más ligera y flota sobre la superficie del fluido. De 40° a 32°, las partículas de agua deben adoptar esa nueva posición esencial para la formación del sólido: el hielo; y mientras esto ocurre, toda sustancia que estuviera disuelta en el agua es rechazada. Si mezclamos con el agua la sustancia colorante más intensa —el ácido más fuerte o el veneno más picante—, todas ellas son rechazadas durante el proceso de congelación. Y si el agua se mantiene en estado de agitación durante este proceso, de modo que las partículas liberadas no se enreden mecánicamente, el hielo será transparente, incoloro, insípido e inerte; las sustancias rechazadas se acumulan en el centro de la masa congelada en un estado de intensa concentración. De igual manera, incluso el aire atmosférico, que siempre está disuelto en el agua, es rechazado; de ahí la razón por la cual todo el hielo que se forma en estanques tranquilos está lleno de burbujas de aire, mientras que el hielo producido en agua agitada está completamente libre de ellas. Esto en sí mismo es un
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En condiciones extraordinarias, cuyo funcionamiento completo no se comprende claramente; pero se ha descubierto un hecho aún más singular en estrecha relación con la eliminación de toda materia de una solución congelada. El agua, al quedar así completamente libre de aire, no hierve a 212° F., que es el punto de ebullición normal del agua. Si una masa de hielo formada de la manera descrita se coloca en un recipiente y se cubre ligeramente con una capa de aceite para evitar la absorción de aire, y luego se derrite sobre una lámpara o fuego, manteniendo el calor, en lugar de convertirse en vapor a 212°, seguirá aumentando de temperatura hasta alcanzar los 270° o más, y entonces entrarará en ebullición con tal violencia explosiva que destrozará el recipiente en el que se encuentra. De este experimento aprendemos que si el agua existiera en cualquier otra condición distinta a la que actualmente tiene —incluso con la aparentemente sencilla diferencia de no contener aire— no sería seguro utilizarla en ninguna operación culinaria o industrial, ya que su uso provocaría explosiones tan peligrosas como las de la pólvora. Investigaciones como estas nos demuestran la admirable adaptación de todas las cosas a sus propósitos específicos: el hermoso equilibrio de fuerzas en toda la creación. Las reflexiones de la filosofía griega, sin la ayuda de la ciencia inductiva, ya percibían que la apariencia externa de la naturaleza ocultaba una serie de mecanismos misteriosos a los cuales se debían directamente sus características. En su concepción de los cuatro elementos, el fuego, forma externa y visible del calor, era considerado la causa de la vitalidad y el agente que determinaba todo estado organizado o desorganizado de la materia. Sus ideales adoptaron otra forma, pero las investigaciones de la ciencia moderna solo han confirmado su universalidad y verdad. Los grandes agentes que actúan en la naturaleza —esos espíritus poderosos encargados de tareas interminables, que las llevan a cabo con esfuerzo incansable— tienen un carácter tan refinado que probablemente permanecerán para siempre desconocidos para nosotros. El gran invocador, con su varita de inducción, llama; pero la única respuesta a su llamado es la manifestación de ese poder a través de efectos sorprendentes. La ciencia prosigue sus investigaciones con celo y cuidado: intenta y somete a la naturaleza para obligarla a revelar sus secretos. Sin embargo, existen límites a los poderes de la búsqueda humana: quizás aún no hayamos llegado a esos límites dentro de los cuales podamos ser libres.
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Ejercitamos nuestra fuerza mental; pero, al alcanzar esos límites, encontraremos una región infinita más allá de nosotros, en la cual incluso la conjetura vaga sin rumbo ni dirección, como el cíclope ciego que tantea en su melancólica cueva.[83] Todo lo que sabemos sobre el calor es que produce efectos notables, los cuales medimos mediante la sensación y con instrumentos mediante los cuales hemos observado que se obtienen ciertos resultados bajo determinadas condiciones; de todo aquello que se acerque a la causa de estos efectos, somos completamente ignorantes. El agente misterioso que provoca algunos de los fenómenos más grandiosos de la naturaleza —que da salud al mundo orgánico y forma a las masas inorgánicas, que genera vientos beneficiosos y terribles tornados, terremotos y erupciones volcánicas, que contribuye a nuestro confort con el fuego doméstico y al progreso de la civilización con el poderoso horno, así como con las ingeniosas máquinas que extraen minerales o recorren nuestro país a velocidad similar a la de un pájaro—, con toda probabilidad, permanecerá para siempre desconocido para el hombre. El inmortal Newton, cuyas muchas conjeturas tienen un valor profético, se expresa así: “El calor consiste en un movimiento vibratorio mínimo en las partículas de los cuerpos, y este movimiento se transmite a través de un vacío aparente por medio de las ondulaciones de un medio elástico muy sutil, el cual también interviene en los fenómenos de la luz”. Nuestros trabajos experimentales e investigaciones matemáticas han avanzado considerablemente nuestro conocimiento desde la época de Newton; sin embargo, aún así cada teoría sobre el calor se parece extrañamente a la lámpara mística que los rosacruces consideraban como símbolo de la vida eterna: un símbolo tenue y parpadeante, en cuya llama en forma de lengua la imaginación, como un niño, puede evocar muchas formas. La teoría moderna considera el calor como una manifestación del movimiento, y los experimentos demuestran que un cuerpo que cae a través de un espacio determinado genera una cantidad definida de calor, mientras que las observaciones muestran que las aguas en la base de las Cataratas del Niágara tienen una temperatura 1° más alta que cuando primero descienden por el borde del acantilado. Este aumento de temperatura se debe a la fuerza mecánica generada por la caída, y no constituye una prueba de la conversión del movimiento en calor, al igual que el antiguo experimento de frotar un botón hasta que se calienta. En cualquier caso, el hecho de que una cantidad determinada de fuerza mecánica siempre produzca una cantidad equivalente de calor es aplicable también a la idea de un “medio elástico sutil”.
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que se difunde por toda la materia, según la hipótesis actualmente preferida.
Hasta tal punto se ha exagerado esta visión, que la temperatura de los planetas se ha relacionado con sus movimientos, y la especulación ha ayudado al matemático a determinar el cese del movimiento planetario, mediante su conversión en calor. Es cierto que otros teóricos han supuesto puntos en el espacio sobre los cuales este calor podría concentrarse y reflejarse nuevamente para generar movimiento.
Puede haber mucho elemento poético en tales especulaciones, pero pertenecen más bien al orden romántico que al real. Una especulación que tenga más verdad, y que, de hecho, sea demostrable, no dejará de impresionar a toda mente por su belleza y probable corrección.
En el crecimiento de un árbol, su madera y todos sus productos son el resultado de ciertas fuerzas externas que provocan cambios químicos. El ácido carbónico se descompone, el carbono se conserva y el oxígeno se libera; además, tienen lugar procesos de asimilación de carácter complejo que permiten la formación de los diversos compuestos de oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbono.
Toda condición de las formas organizadas se debe a la estimulación externa de la luz y el calor; en los cambios químicos que ocurren, un equivalente de estos principios o fuerzas —lo cual significa poco según el punto de vista desde el cual los consideremos— se absorbe y se mantiene como algo esencial para la condición de la materia formada. Limitemos nuestra atención a la madera, aunque esta situación se aplica igualmente a todo producto orgánico. Un pie cúbico de madera se forma por la descomposición de una cierta cantidad de ácido carbónico, gracias a la función vital de la planta, estimulada por los rayos solares, los cuales forman parte de la masa que la naturaleza ha creado mediante su “maravillosa alquimia”. Con el tiempo, este pie cúbico de madera es sometido a un proceso de cambio químico: la combustión, mediante la aplicación de una sola chispa; y en la desintegración de la madera, su carbono se combina con el oxígeno para formar ácido carbónico, su hidrógeno para formar agua, que vuelve al aire, y se produce una gran cantidad de luz y calor. Esto es exactamente equivalente a la cantidad que se invirtió en su formación. De hecho, la luz solar que cayó sobre las hojas del árbol del bosque, del cual formaba parte el tronco, fue acumulada, y ahora volvemos a obtenerla en su estado original de luz y calor.
Hasta tal punto se ha exagerado esta visión, que la temperatura de los planetas se ha relacionado con sus movimientos, y la especulación ha ayudado al matemático a determinar el cese del movimiento planetario, mediante su conversión en calor. Es cierto que otros teóricos han supuesto puntos en el espacio sobre los cuales este calor podría concentrarse y reflejarse nuevamente para generar movimiento.
Puede haber mucho elemento poético en tales especulaciones, pero pertenecen más bien al orden romántico que al real. Una especulación que tenga más verdad, y que, de hecho, sea demostrable, no dejará de impresionar a toda mente por su belleza y probable corrección.
En el crecimiento de un árbol, su madera y todos sus productos son el resultado de ciertas fuerzas externas que provocan cambios químicos. El ácido carbónico se descompone, el carbono se conserva y el oxígeno se libera; además, tienen lugar procesos de asimilación de carácter complejo que permiten la formación de los diversos compuestos de oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbono.
Toda condición de las formas organizadas se debe a la estimulación externa de la luz y el calor; en los cambios químicos que ocurren, un equivalente de estos principios o fuerzas —lo cual significa poco según el punto de vista desde el cual los consideremos— se absorbe y se mantiene como algo esencial para la condición de la materia formada. Limitemos nuestra atención a la madera, aunque esta situación se aplica igualmente a todo producto orgánico. Un pie cúbico de madera se forma por la descomposición de una cierta cantidad de ácido carbónico, gracias a la función vital de la planta, estimulada por los rayos solares, los cuales forman parte de la masa que la naturaleza ha creado mediante su “maravillosa alquimia”. Con el tiempo, este pie cúbico de madera es sometido a un proceso de cambio químico: la combustión, mediante la aplicación de una sola chispa; y en la desintegración de la madera, su carbono se combina con el oxígeno para formar ácido carbónico, su hidrógeno para formar agua, que vuelve al aire, y se produce una gran cantidad de luz y calor. Esto es exactamente equivalente a la cantidad que se invirtió en su formación. De hecho, la luz solar que cayó sobre las hojas del árbol del bosque, del cual formaba parte el tronco, fue acumulada, y ahora volvemos a obtenerla en su estado original de luz y calor.
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Los vastos yacimientos de carbón de Inglaterra se formaron por el rápido crecimiento y rápida descomposición de una clase peculiar de plantas bajo la influencia de un sol tropical. Han estado enterrados durante innumerables eras, bajo cientos de pies de roca arenosa. Gracias al esfuerzo del minero, el carbón vuelve a la superficie, y nosotros extraemos de él aquellas energías que dieron origen a su formación. En el fuego que brinda comodidad a nuestros hogares; en el horno que genera energía para fines industriales o para hacer funcionar las locomotoras y sus pesados trenes; en el gas con el cual iluminamos nuestras calles y alegramos nuestros apartamentos durante las largas noches de invierno, estamos aprovechando ese calor y esa luz que ya llegaron a la Tierra hace millones de años, con todas sus influencias beneficiosas, mucho antes de que el Creador diera existencia al ser humano, para cuyas necesidades fueron creadas estas maravillosas formaciones.
NOTAS AL PIE:
[43] La siguiente tabla de los rayos que penetran el vidrio coloreado fue proporcionada por Melloni en su memorando “Sobre la transmisión libre del calor radiante a través de diferentes cuerpos”:
Violeta oscuro: 53
Rojo amarillento (en escamas): 53
Rojo púrpura (en escamas): 51
Rojo intenso: 47
Violeta pálido: 45
Rojo anaranjado: 44
Azul claro: 42
Amarillo oscuro: 40
Amarillo brillante: 34
Amarillo dorado: 33
Azul oscuro: 33
Verde manzana: 26
Verde mineral: 23
Azul muy oscuro: 19
Traducido en Scientific Memoirs, vol. I, p. 30.
[44] “Las características físicas de este tipo de vidrio, que actúa de manera muy diferente a los otros tipos de vidrio coloreado en todos los fenómenos relacionados con el calor…”
NOTAS AL PIE:
[43] La siguiente tabla de los rayos que penetran el vidrio coloreado fue proporcionada por Melloni en su memorando “Sobre la transmisión libre del calor radiante a través de diferentes cuerpos”:
Violeta oscuro: 53
Rojo amarillento (en escamas): 53
Rojo púrpura (en escamas): 51
Rojo intenso: 47
Violeta pálido: 45
Rojo anaranjado: 44
Azul claro: 42
Amarillo oscuro: 40
Amarillo brillante: 34
Amarillo dorado: 33
Azul oscuro: 33
Verde manzana: 26
Verde mineral: 23
Azul muy oscuro: 19
Traducido en Scientific Memoirs, vol. I, p. 30.
[44] “Las características físicas de este tipo de vidrio, que actúa de manera muy diferente a los otros tipos de vidrio coloreado en todos los fenómenos relacionados con el calor…”
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La absorción se produce, en primer lugar, porque este material intercepta casi por completo los rayos que pasan a través de él; en segundo lugar, porque absorbe por completo los rayos rojos del espectro solar. Ya he señalado que su coloración es producida casi en su totalidad por el óxido de cobre.
“Así, las sustancias colorantes de los vidrios coloreados, aunque afectan de manera tan significativa las relaciones entre las diferentes longitudes de onda de la luz ordinaria, no ejercen ninguna acción selectiva sobre los rayos caloríficos que acompañan a dicha luz. Este curioso fenómeno resulta aún más notable si se tiene en cuenta que estas sustancias colorantes absorben casi siempre una parte muy considerable del calor transmitido naturalmente por el vidrio. A continuación se indican, de hecho, los valores de transmisión calorífica de los siete vidrios coloreados mencionados; la transmisión del vidrio común se representa como 100; vidrio rojo, 82,5; naranja, 72,5; amarillo, 55; verde azulado, 57,5; azul, 52,5; índigo, 30; violeta, 85. La cantidad de calor absorbida gracias a la acción de las sustancias colorantes es, por lo tanto, de 17,5 en el vidrio rojo, 27,5 en el naranja, 45 en el amarillo, 42,5 en el verde, 47,5 en el azul, 70 en el índigo y 15 en el violeta. Dado que estas absorciones eliminan una parte proporcional de cada uno de los rayos que constituyen el flujo calorífico transmitido por el vidrio común, pueden compararse, como ya dijimos, con la acción absorbente que ejercen sobre la luz las sustancias de color marrón o oscuro, cuando están sumergidas en agua u otro líquido incoloro que las disuelve pero no las afecta químicamente”. —Annales de Chimie et de Physique, tomo XL, p. 382.
Guiado por estos principios, el autor eligió el vidrio utilizado para acristalar la Royal Palm-House, en los Jardines Botánicos de Kew, donde se quería impedir el paso de aquellos rayos que tienen un efecto dañino especial. Se dio una descripción de este vidrio en la reunión de la British Association en Oxford, y dicha descripción aparece en las Actas de ese año. El resultado fue el deseado: no se registró ni un solo caso de daño durante los tres años transcurridos.
[45] En las Philosophical Transactions, volumen XC, se pueden consultar los siguientes artículos de Sir William Herschel:
Investigación sobre las capacidades de los colores prismáticos para calentar e iluminar objetos; con observaciones que demuestran la diferente refractabilidad del calor radiante. Se añade además un estudio sobre el método para observar el sol de manera óptima, utilizando telescopios de gran apertura y alta potencia de ampliación, p. 255.
Experimentos sobre la refractabilidad de los rayos invisibles del sol, p. 284.
Experimentos sobre los rayos solares y terrestres que causan calor; con una comparación de las leyes que rigen la luz y el calor, o más bien los rayos que los generan, con el fin de determinar si son iguales o diferentes, pp. 293, 437.
En relación con esta investigación, Sir William Herschel señala que, dado que un vidrio rojo bloquea nada menos que 692 de cada 1.000 rayos de la longitud de onda correspondiente a la luz roja, tenemos una prueba directa y sencilla de que, en el caso del vidrio rojo, los rayos de luz sí se transmiten, mientras que los rayos de calor son bloqueados. Por lo tanto, no tienen nada en común salvo un cierto grado igual de refractabilidad, lo cual, debido a las propiedades del vidrio, hace que estos rayos se reúnan en el lugar indicado por la visibilidad de los rayos de luz.
Sobre el mismo tema, se puede consultar un memorando de Sir Henry Englefield en el Journal of the Royal Institution de 1802, p. 202; así como Investigaciones sobre la luz.
“Así, las sustancias colorantes de los vidrios coloreados, aunque afectan de manera tan significativa las relaciones entre las diferentes longitudes de onda de la luz ordinaria, no ejercen ninguna acción selectiva sobre los rayos caloríficos que acompañan a dicha luz. Este curioso fenómeno resulta aún más notable si se tiene en cuenta que estas sustancias colorantes absorben casi siempre una parte muy considerable del calor transmitido naturalmente por el vidrio. A continuación se indican, de hecho, los valores de transmisión calorífica de los siete vidrios coloreados mencionados; la transmisión del vidrio común se representa como 100; vidrio rojo, 82,5; naranja, 72,5; amarillo, 55; verde azulado, 57,5; azul, 52,5; índigo, 30; violeta, 85. La cantidad de calor absorbida gracias a la acción de las sustancias colorantes es, por lo tanto, de 17,5 en el vidrio rojo, 27,5 en el naranja, 45 en el amarillo, 42,5 en el verde, 47,5 en el azul, 70 en el índigo y 15 en el violeta. Dado que estas absorciones eliminan una parte proporcional de cada uno de los rayos que constituyen el flujo calorífico transmitido por el vidrio común, pueden compararse, como ya dijimos, con la acción absorbente que ejercen sobre la luz las sustancias de color marrón o oscuro, cuando están sumergidas en agua u otro líquido incoloro que las disuelve pero no las afecta químicamente”. —Annales de Chimie et de Physique, tomo XL, p. 382.
Guiado por estos principios, el autor eligió el vidrio utilizado para acristalar la Royal Palm-House, en los Jardines Botánicos de Kew, donde se quería impedir el paso de aquellos rayos que tienen un efecto dañino especial. Se dio una descripción de este vidrio en la reunión de la British Association en Oxford, y dicha descripción aparece en las Actas de ese año. El resultado fue el deseado: no se registró ni un solo caso de daño durante los tres años transcurridos.
[45] En las Philosophical Transactions, volumen XC, se pueden consultar los siguientes artículos de Sir William Herschel:
Investigación sobre las capacidades de los colores prismáticos para calentar e iluminar objetos; con observaciones que demuestran la diferente refractabilidad del calor radiante. Se añade además un estudio sobre el método para observar el sol de manera óptima, utilizando telescopios de gran apertura y alta potencia de ampliación, p. 255.
Experimentos sobre la refractabilidad de los rayos invisibles del sol, p. 284.
Experimentos sobre los rayos solares y terrestres que causan calor; con una comparación de las leyes que rigen la luz y el calor, o más bien los rayos que los generan, con el fin de determinar si son iguales o diferentes, pp. 293, 437.
En relación con esta investigación, Sir William Herschel señala que, dado que un vidrio rojo bloquea nada menos que 692 de cada 1.000 rayos de la longitud de onda correspondiente a la luz roja, tenemos una prueba directa y sencilla de que, en el caso del vidrio rojo, los rayos de luz sí se transmiten, mientras que los rayos de calor son bloqueados. Por lo tanto, no tienen nada en común salvo un cierto grado igual de refractabilidad, lo cual, debido a las propiedades del vidrio, hace que estos rayos se reúnan en el lugar indicado por la visibilidad de los rayos de luz.
Sobre el mismo tema, se puede consultar un memorando de Sir Henry Englefield en el Journal of the Royal Institution de 1802, p. 202; así como Investigaciones sobre la luz.
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Por el autor.
[46] El Dr. Draper, en su artículo “Sobre la producción de luz por calor”, publicado en la Phil. Mag. en 1847, indica que la temperatura a la cual los cuerpos se vuelven autoluminiscentes es de 635°; Sir Humphry Davy la fija en 812°; el Sr. Wedgewood, en 947°; y el Sr. Daniell, en 980°. Por su parte, el Dr. Draper, basándose en sus experimentos, da un valor de 977°; mientras que el Dr. Robinson, 865°.
En una reseña del mencionado artículo realizada por Melloni, titulada “Investigaciones sobre las radiaciones de los cuerpos incandescentes y sobre los colores elementales del espectro solar”, traducida para la revista Silliman’s Journal en agosto de 1847, él señala: “Diría que estos fenómenos conducen, al igual que otros ya conocidos relacionados con la luz y el calor radiante, a una analogía perfecta entre las leyes generales que rigen estos dos grandes agentes de la naturaleza. Agregaré que considero que la teoría de su identidad es la única admisible según las reglas de la filosofía; y me siento obligado a adoptarla, hasta que se demuestre que es necesario recurrir a dos principios diferentes para explicar una serie de fenómenos que actualmente parecen pertenecer a un único agente”.
También cabe mencionar un artículo del Dr. Robinson, “Sobre los efectos del calor en la disminución de las afinidades de los elementos del agua”, publicado en las Transactions of the Royal Irish Academy en 1848. En él dice que “cuando un alambre de platino es atravesado por una corriente cuya intensidad aumenta gradualmente hasta provocar la ignición, el primer destello que aparece no es rojo, sino de un color que, cuando lo vi por primera vez, lo comparé con el ‘rayo lavanda’ descubierto por Sir John Herschel más allá del violeta. Me sorprendió ver que el tono de ese rayo, extremadamente refractario, apareciera antes que el del rayo menos refractario. Este tono es muy visible a unos 865°; y como la forma en que aparece no presenta nada brusco o discontinuo, parece probable que se trate simplemente de una transición desde rayos invisibles, generados a temperaturas más bajas, hacia la luz ordinaria”. —p. 310.
[47] En la conferencia Bakeriana de 1842, titulada “Sobre la transparencia de la atmósfera y la ley de extinción de los rayos solares al pasar a través de ella”, pronunciada por James D. Forbes, Esq., F.R.S., etc., se encuentra un estudio muy completo sobre este tema. La mayoría de los experimentos se realizaron en Suiza, utilizando el actinómetro de Sir John Herschel, y demuestran de manera satisfactoria que “la absorción de los rayos solares por las capas de aire a las que tenemos acceso directo es considerable, incluso en espesores moderados”.
[48] Después de referirse a varios experimentos curiosos e instructivos en los cuales se producen cambios químicos peculiares bajo la influencia del calor de los rayos solares, Sir John Herschel dice: “Estos rayos se distinguen de los rayos de luz por ser invisibles; también se distinguen de los rayos caloríficos puros que se encuentran más allá del espectro, por poseer propiedades (de carácter peculiar, mencionadas en artículos anteriores) que son exclusivas de los rayos caloríficos, o bien en un grado mucho mayor. Quizás no sea incorrecto considerar que mantienen la misma relación con el espectro calorífico que los rayos fotográficos con los rayos luminosos. Si la restricción del término ‘térmicos’, en contraste con ‘caloríficos’, no constituye una distinción suficiente (y creo que, de hecho, no lo es), propondría el término ‘rayos paratermicos’”.
[46] El Dr. Draper, en su artículo “Sobre la producción de luz por calor”, publicado en la Phil. Mag. en 1847, indica que la temperatura a la cual los cuerpos se vuelven autoluminiscentes es de 635°; Sir Humphry Davy la fija en 812°; el Sr. Wedgewood, en 947°; y el Sr. Daniell, en 980°. Por su parte, el Dr. Draper, basándose en sus experimentos, da un valor de 977°; mientras que el Dr. Robinson, 865°.
En una reseña del mencionado artículo realizada por Melloni, titulada “Investigaciones sobre las radiaciones de los cuerpos incandescentes y sobre los colores elementales del espectro solar”, traducida para la revista Silliman’s Journal en agosto de 1847, él señala: “Diría que estos fenómenos conducen, al igual que otros ya conocidos relacionados con la luz y el calor radiante, a una analogía perfecta entre las leyes generales que rigen estos dos grandes agentes de la naturaleza. Agregaré que considero que la teoría de su identidad es la única admisible según las reglas de la filosofía; y me siento obligado a adoptarla, hasta que se demuestre que es necesario recurrir a dos principios diferentes para explicar una serie de fenómenos que actualmente parecen pertenecer a un único agente”.
También cabe mencionar un artículo del Dr. Robinson, “Sobre los efectos del calor en la disminución de las afinidades de los elementos del agua”, publicado en las Transactions of the Royal Irish Academy en 1848. En él dice que “cuando un alambre de platino es atravesado por una corriente cuya intensidad aumenta gradualmente hasta provocar la ignición, el primer destello que aparece no es rojo, sino de un color que, cuando lo vi por primera vez, lo comparé con el ‘rayo lavanda’ descubierto por Sir John Herschel más allá del violeta. Me sorprendió ver que el tono de ese rayo, extremadamente refractario, apareciera antes que el del rayo menos refractario. Este tono es muy visible a unos 865°; y como la forma en que aparece no presenta nada brusco o discontinuo, parece probable que se trate simplemente de una transición desde rayos invisibles, generados a temperaturas más bajas, hacia la luz ordinaria”. —p. 310.
[47] En la conferencia Bakeriana de 1842, titulada “Sobre la transparencia de la atmósfera y la ley de extinción de los rayos solares al pasar a través de ella”, pronunciada por James D. Forbes, Esq., F.R.S., etc., se encuentra un estudio muy completo sobre este tema. La mayoría de los experimentos se realizaron en Suiza, utilizando el actinómetro de Sir John Herschel, y demuestran de manera satisfactoria que “la absorción de los rayos solares por las capas de aire a las que tenemos acceso directo es considerable, incluso en espesores moderados”.
[48] Después de referirse a varios experimentos curiosos e instructivos en los cuales se producen cambios químicos peculiares bajo la influencia del calor de los rayos solares, Sir John Herschel dice: “Estos rayos se distinguen de los rayos de luz por ser invisibles; también se distinguen de los rayos caloríficos puros que se encuentran más allá del espectro, por poseer propiedades (de carácter peculiar, mencionadas en artículos anteriores) que son exclusivas de los rayos caloríficos, o bien en un grado mucho mayor. Quizás no sea incorrecto considerar que mantienen la misma relación con el espectro calorífico que los rayos fotográficos con los rayos luminosos. Si la restricción del término ‘térmicos’, en contraste con ‘caloríficos’, no constituye una distinción suficiente (y creo que, de hecho, no lo es), propondría el término ‘rayos paratermicos’”.
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para designarlos. Estos son los rayos que considero activos en la producción de aquellas singulares afectaciones moleculares que determinan la precipitación de vapores en los experimentos de los señores Draper, Moser y Hunt, y que probablemente conducirán a descubrimientos importantes sobre la naturaleza íntima de esas fuerzas residentes en las superficies de los cuerpos, a las cuales el Sr. Dutrochet ha dado el nombre de fuerzas epipolares”. —Sobre ciertas mejoras en los procesos fotográficos, descritas en una comunicación anterior (Phil. Trans, vol. cxxxiii.); y Sobre los rayos paratermicos del espectro solar, Phil. Trans, vol. cxxxiv.
Los experimentos de la Sra. Somerville, Sobre la acción de los rayos del espectro en los jugos vegetales (Phil. Transactions, vol. cxxxvii.), parecen relacionarse de manera curiosa con esta clase particular de rayos.
[49] Los experimentos sobre la influencia del calor en cuerpos de diferentes colores fueron realizados por primera vez por el Dr. Hooke; y no fue hasta mucho después cuando Franklin llevó a cabo sus ingeniosos experimentos. Davy expuso al sol seis piezas iguales de cobre, pintadas de blanco, amarillo, rojo, verde, azul y negro, de tal manera que solo un lado quedaba iluminado. Al lado oscuro fijó un trozo de cerato, del cual se comprobó experimentalmente que se derretía a 700 grados. El cerato fijado al negro se volvió líquido primero, luego el azul, seguido del verde y el rojo, y finalmente el amarillo y el blanco. —Contribuciones de Beddoes al conocimiento físico, y obras completas de Sir Humphry Davy, vol. ii, p. 27.
[50] En referencia al Tratado sobre el calor, en la Enciclopædia Metropolitana, se encontrarán numerosos experimentos sugestivos, todos relacionados con este tema. También pueden consultarse con provecho los Elementos de Física de Peschel. De hecho, esto se demuestra sencillamente, como se indica en el texto, colocando los termómetros delicados de modo que queden completamente envueltos en los pétalos de las flores expuestas al sol, sombreando la parte superior del tallo del instrumento.
[51] Moser, Sobre la visión y sobre la acción de la luz en los cuerpos: y también Sobre la luz latente: Scientific Memoirs, vol. iii. Draper, Sobre ciertas apariciones espectrales y sobre el descubrimiento de la luz latente: Phil. Mag., noviembre de 1842.
[52] Un examen detallado de esta curiosa cuestión se encuentra en el informe del autor Sobre la influencia de los rayos solares en el crecimiento de las plantas: Informes de la Asociación Británica para 1847.
[53] Amiano Marcelino atribuye la longevidad y la buena salud de los montañeros a su exposición a las gotas de rocío nocturno. El rocío era utilizado por los alquimistas en sus experimentos para disolver el oro. Las damas de la antigüedad recolectaban el “baño celestial”, del cual creían que tenía la virtud de preservar sus hermosas formas, exponiendo montones de lana a las radiaciones nocturnas. Se suponía que las facciones delgadas de la langosta se debían a que ese insecto se alimentaba exclusivamente de rocío: “Dumque thymo pascentur apes, dum rore cicadæ”, Virgilio, Eclogas.
Véanse algunas observaciones curiosas de Boyle, Sobre el poder del rocío en la acción sobre los cuerpos sólidos: Obras del honorable R. Boyle, vol. v, p. 121, 1744.
[54] Véanse las Investigaciones sobre el calor, del profesor James Forbes, en las Transactions de la Real Sociedad de Edimburgo; también los artículos de Melloni sobre el mismo tema en los Annales de Chimie, algunos de los cuales han sido traducidos a los Scientific Memoirs, editados por el Sr. Richard Taylor.
Los experimentos de la Sra. Somerville, Sobre la acción de los rayos del espectro en los jugos vegetales (Phil. Transactions, vol. cxxxvii.), parecen relacionarse de manera curiosa con esta clase particular de rayos.
[49] Los experimentos sobre la influencia del calor en cuerpos de diferentes colores fueron realizados por primera vez por el Dr. Hooke; y no fue hasta mucho después cuando Franklin llevó a cabo sus ingeniosos experimentos. Davy expuso al sol seis piezas iguales de cobre, pintadas de blanco, amarillo, rojo, verde, azul y negro, de tal manera que solo un lado quedaba iluminado. Al lado oscuro fijó un trozo de cerato, del cual se comprobó experimentalmente que se derretía a 700 grados. El cerato fijado al negro se volvió líquido primero, luego el azul, seguido del verde y el rojo, y finalmente el amarillo y el blanco. —Contribuciones de Beddoes al conocimiento físico, y obras completas de Sir Humphry Davy, vol. ii, p. 27.
[50] En referencia al Tratado sobre el calor, en la Enciclopædia Metropolitana, se encontrarán numerosos experimentos sugestivos, todos relacionados con este tema. También pueden consultarse con provecho los Elementos de Física de Peschel. De hecho, esto se demuestra sencillamente, como se indica en el texto, colocando los termómetros delicados de modo que queden completamente envueltos en los pétalos de las flores expuestas al sol, sombreando la parte superior del tallo del instrumento.
[51] Moser, Sobre la visión y sobre la acción de la luz en los cuerpos: y también Sobre la luz latente: Scientific Memoirs, vol. iii. Draper, Sobre ciertas apariciones espectrales y sobre el descubrimiento de la luz latente: Phil. Mag., noviembre de 1842.
[52] Un examen detallado de esta curiosa cuestión se encuentra en el informe del autor Sobre la influencia de los rayos solares en el crecimiento de las plantas: Informes de la Asociación Británica para 1847.
[53] Amiano Marcelino atribuye la longevidad y la buena salud de los montañeros a su exposición a las gotas de rocío nocturno. El rocío era utilizado por los alquimistas en sus experimentos para disolver el oro. Las damas de la antigüedad recolectaban el “baño celestial”, del cual creían que tenía la virtud de preservar sus hermosas formas, exponiendo montones de lana a las radiaciones nocturnas. Se suponía que las facciones delgadas de la langosta se debían a que ese insecto se alimentaba exclusivamente de rocío: “Dumque thymo pascentur apes, dum rore cicadæ”, Virgilio, Eclogas.
Véanse algunas observaciones curiosas de Boyle, Sobre el poder del rocío en la acción sobre los cuerpos sólidos: Obras del honorable R. Boyle, vol. v, p. 121, 1744.
[54] Véanse las Investigaciones sobre el calor, del profesor James Forbes, en las Transactions de la Real Sociedad de Edimburgo; también los artículos de Melloni sobre el mismo tema en los Annales de Chimie, algunos de los cuales han sido traducidos a los Scientific Memoirs, editados por el Sr. Richard Taylor.
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[55] Los fenómenos del rocío han despertado constantemente la atención del hombre. Aristóteles, en su libro De Mundo, expone algunas ideas acertadas sobre su naturaleza. Casi siempre ha prevalecido la opinión de que el rocío cae. Gersten parece haber sido el primero en oponerse a esta idea. Le siguieron Musschenbroek y luego Du Fay. Las investigaciones de Leslie fueron de carácter mucho más preciso. El Dr. Wilson, en las Transactions of the Royal Society of Edinburgh, volumen 1, publicó un memorando sobre el escarcha muy interesante; pero las cuestiones involucradas permanecieron sin resolver hasta las investigaciones del Dr. Wells, publicadas en su Essay on Dew.
[56] De lejos, el conjunto más completo de experimentos sobre la radiación de calor desde la superficie durante la noche, publicados desde el memorando del Dr. Wells On Dew, son los del Sr. Glaisher, del Observatorio Real de Greenwich. Se emplearon instrumentos de la mayor perfección y las observaciones se realizaron con sumo cuidado. Los resultados se encuentran en un memorando titulado On the Amount of the Radiation of Heat, at night, from the Earth, and from various bodies placed on or near the Surface of the Earth, por James Glaisher, Esq., Philosophical Trans. para 1847, parte 2.
[57] El Dr. Wells observó el hecho práctico de que sombras muy tenues protegían a las plantas delicadas del helado, al impedir la radiación. El Sr. Goldsworthy Gurney realizó una serie de experimentos interesantes y cree que, al sombrear los prados con ramas de árboles o cualquier tipo de material ligero, se obtiene una cosecha más abundante. Este tema ha sido discutido en las revistas de la Royal Agricultural Society. ¿No podría el aumento aparente deberse únicamente al estado jugoso en el que siempre crece una planta a la sombra?
[58] Este artículo de Melloni se encuentra en la Bibliothèque Universelle de Genève, correspondiente a 1843. Las conclusiones son sumamente ingeniosas, pero se basan por completo en la analogía supuesta entre las relaciones del calor, al igual que de la luz, con los rayos coloreados del espectro. Cabe recordar que esto no es cierto, ya que incluso Sir William Herschel demostró que la luz roja puede existir con solo un mínimo de poder calórico, a pesar de que el rayo de calor máximo del espectro coincide con los rayos rojos.
[59] El Dr. Robinson, de Armagh, en su memorando On the Effects of Heat in lessening the Affinities of the Elements of Water.—Transactions of the Royal Irish Academy, volumen xxi, parte 2.
[60] Sobre este tema, consulte a Robert Were Fox, On the Temperature of the Mines of Cornwall.—Cornwall Geological Transactions, volumen ii; W. J. Henwood, sobre el mismo tema, Ib., volumen v; Reports of the British Association, 1840, p. 315; Edinburgh New Philosophical Journal, volumen xxiv, p. 140.
[61] Sobre las causas de la temperatura de las fuentes termales y calientes; y sobre la relación de este tema con la cuestión general relativa a la temperatura interna de la Tierra: por el profesor Gustav Bischoff, de Bonn.—Edinburgh New Philosophical Journal, volumen xx, p. 376; volumen xxiii, p. 330. Se pueden encontrar algunas informaciones interesantes sobre la temperatura del suelo en los Travels in Siberia de Erman, traducidos por W. D. Cooley, volumen i, p. 339; volumen ii, p. 366. Sur la Profondeur à laquelle se trouve la couche de Température invariable entre les Tropiques, por Boussingault: Annales de Chimie et de Physique, 1833, p. 225. También se puede hacer referencia al Cosmos de Humboldt, en la traducción de Otto; y al excelente artículo sobre meteorología de George Harvey, en…
[56] De lejos, el conjunto más completo de experimentos sobre la radiación de calor desde la superficie durante la noche, publicados desde el memorando del Dr. Wells On Dew, son los del Sr. Glaisher, del Observatorio Real de Greenwich. Se emplearon instrumentos de la mayor perfección y las observaciones se realizaron con sumo cuidado. Los resultados se encuentran en un memorando titulado On the Amount of the Radiation of Heat, at night, from the Earth, and from various bodies placed on or near the Surface of the Earth, por James Glaisher, Esq., Philosophical Trans. para 1847, parte 2.
[57] El Dr. Wells observó el hecho práctico de que sombras muy tenues protegían a las plantas delicadas del helado, al impedir la radiación. El Sr. Goldsworthy Gurney realizó una serie de experimentos interesantes y cree que, al sombrear los prados con ramas de árboles o cualquier tipo de material ligero, se obtiene una cosecha más abundante. Este tema ha sido discutido en las revistas de la Royal Agricultural Society. ¿No podría el aumento aparente deberse únicamente al estado jugoso en el que siempre crece una planta a la sombra?
[58] Este artículo de Melloni se encuentra en la Bibliothèque Universelle de Genève, correspondiente a 1843. Las conclusiones son sumamente ingeniosas, pero se basan por completo en la analogía supuesta entre las relaciones del calor, al igual que de la luz, con los rayos coloreados del espectro. Cabe recordar que esto no es cierto, ya que incluso Sir William Herschel demostró que la luz roja puede existir con solo un mínimo de poder calórico, a pesar de que el rayo de calor máximo del espectro coincide con los rayos rojos.
[59] El Dr. Robinson, de Armagh, en su memorando On the Effects of Heat in lessening the Affinities of the Elements of Water.—Transactions of the Royal Irish Academy, volumen xxi, parte 2.
[60] Sobre este tema, consulte a Robert Were Fox, On the Temperature of the Mines of Cornwall.—Cornwall Geological Transactions, volumen ii; W. J. Henwood, sobre el mismo tema, Ib., volumen v; Reports of the British Association, 1840, p. 315; Edinburgh New Philosophical Journal, volumen xxiv, p. 140.
[61] Sobre las causas de la temperatura de las fuentes termales y calientes; y sobre la relación de este tema con la cuestión general relativa a la temperatura interna de la Tierra: por el profesor Gustav Bischoff, de Bonn.—Edinburgh New Philosophical Journal, volumen xx, p. 376; volumen xxiii, p. 330. Se pueden encontrar algunas informaciones interesantes sobre la temperatura del suelo en los Travels in Siberia de Erman, traducidos por W. D. Cooley, volumen i, p. 339; volumen ii, p. 366. Sur la Profondeur à laquelle se trouve la couche de Température invariable entre les Tropiques, por Boussingault: Annales de Chimie et de Physique, 1833, p. 225. También se puede hacer referencia al Cosmos de Humboldt, en la traducción de Otto; y al excelente artículo sobre meteorología de George Harvey, en…
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Encyclopædia Metropolitana. Estas líneas ctón isotérmicas, como se les llama, han sido trazadas por Humboldt y otros en extensas regiones.
[62] Estos resultados se obtienen de las valiosas observaciones realizadas con gran cuidado por Robert Were Fox, Esq., en varias minas de Cornualles: “Informe sobre algunas observaciones sobre la temperatura subterránea”. — British Association Reports, vol. IX, p. 309; Philosophical Magazine, 1837, vol. II, p. 520.
[63] De sus experimentos, el Sr. Delaroche llegó a las siguientes conclusiones:
1. El calor radiante invisible puede, en ciertas circunstancias, pasar directamente a través del vidrio.
2. La cantidad de calor radiante que pasa directamente a través del vidrio es mucho mayor, en relación con todo el calor emitido en la misma dirección, cuanto más elevada es la temperatura de la fuente de calor.
3. Los rayos calóricos que ya han pasado a través de una pantalla de vidrio experimentan, al pasar por una segunda pantalla de vidrio de naturaleza similar, una disminución mucho menor en su intensidad que la que experimentaron al pasar por la primera pantalla.
4. Los rayos emitidos por un cuerpo caliente difieren entre sí en su capacidad para pasar a través del vidrio.
5. Un vidrio grueso, aunque sea tan permeable o más a la luz que un vidrio fino de peor calidad, permite que pase una cantidad mucho menor de calor radiante. La diferencia es aún menor cuanto más elevada es la temperatura de la fuente emisora.
6. La cantidad de calor que un cuerpo caliente emite en un tiempo dado, mediante radiación hacia un cuerpo frío situado a cierta distancia, aumenta, ceteris paribus, en una proporción mayor que el exceso de temperatura del primer cuerpo con respecto al segundo. — Journal de Physique, vol. LXXV.
[64] Sir David Brewster difiere de las conclusiones a las que llegó Delaroche. Así explica sus puntos de vista: “La incapacidad del calor radiante para pasar a través del vidrio puede considerarse como una consecuencia de su negativa a someterse a la fuerza de refracción; pues apenas podemos concebir que una partícula de materia radiante penetre libremente en un cuerpo sólido sin sufrir algún cambio en su velocidad y dirección. Los ingeniosos experimentos del Sr. Prévost, de Ginebra, y los más recientes del Sr. Delaroche, han sido considerados como pruebas de la permeabilidad del vidrio al calor radiante. El Sr. Prévost utilizó pantallas de vidrio móviles, renovándolas continuamente, para que el resultado obtenido no se atribuyera al calentamiento de la pantalla; pero tal es la rapidez con la que el calor se propaga a través de una placa fina de vidrio, que resulta extremadamente difícil, si no imposible, observar el estado del termómetro antes de que sea afectado por la radiación secundaria proveniente de la pantalla. El método empleado por el Sr. Delaroche, de observar la diferencia de efecto cuando una pantalla de vidrio ennegrecida y otra transparente interrumpían sucesivamente el paso del calor radiante, está sujeto a un error evidente. El calor radiante encontraría un paso más rápido a través de la pantalla transparente; por lo tanto, la diferencia de efecto no se debía al calor transmitido, sino al calor radiado desde la superficie anterior. La verdad contenida en la quinta proposición del Sr. Delaroche es casi una demostración de la falacia de todos aquellos…”
[62] Estos resultados se obtienen de las valiosas observaciones realizadas con gran cuidado por Robert Were Fox, Esq., en varias minas de Cornualles: “Informe sobre algunas observaciones sobre la temperatura subterránea”. — British Association Reports, vol. IX, p. 309; Philosophical Magazine, 1837, vol. II, p. 520.
[63] De sus experimentos, el Sr. Delaroche llegó a las siguientes conclusiones:
1. El calor radiante invisible puede, en ciertas circunstancias, pasar directamente a través del vidrio.
2. La cantidad de calor radiante que pasa directamente a través del vidrio es mucho mayor, en relación con todo el calor emitido en la misma dirección, cuanto más elevada es la temperatura de la fuente de calor.
3. Los rayos calóricos que ya han pasado a través de una pantalla de vidrio experimentan, al pasar por una segunda pantalla de vidrio de naturaleza similar, una disminución mucho menor en su intensidad que la que experimentaron al pasar por la primera pantalla.
4. Los rayos emitidos por un cuerpo caliente difieren entre sí en su capacidad para pasar a través del vidrio.
5. Un vidrio grueso, aunque sea tan permeable o más a la luz que un vidrio fino de peor calidad, permite que pase una cantidad mucho menor de calor radiante. La diferencia es aún menor cuanto más elevada es la temperatura de la fuente emisora.
6. La cantidad de calor que un cuerpo caliente emite en un tiempo dado, mediante radiación hacia un cuerpo frío situado a cierta distancia, aumenta, ceteris paribus, en una proporción mayor que el exceso de temperatura del primer cuerpo con respecto al segundo. — Journal de Physique, vol. LXXV.
[64] Sir David Brewster difiere de las conclusiones a las que llegó Delaroche. Así explica sus puntos de vista: “La incapacidad del calor radiante para pasar a través del vidrio puede considerarse como una consecuencia de su negativa a someterse a la fuerza de refracción; pues apenas podemos concebir que una partícula de materia radiante penetre libremente en un cuerpo sólido sin sufrir algún cambio en su velocidad y dirección. Los ingeniosos experimentos del Sr. Prévost, de Ginebra, y los más recientes del Sr. Delaroche, han sido considerados como pruebas de la permeabilidad del vidrio al calor radiante. El Sr. Prévost utilizó pantallas de vidrio móviles, renovándolas continuamente, para que el resultado obtenido no se atribuyera al calentamiento de la pantalla; pero tal es la rapidez con la que el calor se propaga a través de una placa fina de vidrio, que resulta extremadamente difícil, si no imposible, observar el estado del termómetro antes de que sea afectado por la radiación secundaria proveniente de la pantalla. El método empleado por el Sr. Delaroche, de observar la diferencia de efecto cuando una pantalla de vidrio ennegrecida y otra transparente interrumpían sucesivamente el paso del calor radiante, está sujeto a un error evidente. El calor radiante encontraría un paso más rápido a través de la pantalla transparente; por lo tanto, la diferencia de efecto no se debía al calor transmitido, sino al calor radiado desde la superficie anterior. La verdad contenida en la quinta proposición del Sr. Delaroche es casi una demostración de la falacia de todos aquellos…”
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lo que le precede. Descubrió que «una placa gruesa de vidrio, aunque tan permeable o más a la luz que un vidrio delgado de peor calidad, permitía que pasara una cantidad mucho menor de calor radiante». Si hubiera empleado placas muy gruesas de vidrio de sílex de la mayor pureza, o masas gruesas de fluidos capaces de transmitir abundantemente la luz, habría descubierto que ni una sola partícula de calor era capaz de pasar directamente a través de los medios transparentes». —Sir D. Brewster, Sobre las nuevas propiedades del calor tal como se manifiestan en su propagación a lo largo de placas de vidrio. Philosophical Transactions, vol. cvi, p. 107.
[65] Propuesta de una nueva nomenclatura para la ciencia de las radiaciones caloríficas, por M. Melloni. Bibliothèque Universelle de Genève, n.º 70. Scientific Memoirs, vol. iii, parte 12. Muchos de los términos, como Diatermancia, o transparencia para el calor; Adiatermancia, opacidad para el calor; Termocróico, coloreado para el calor, y otros, son valiosas sugerencias de formas de expresión necesarias para tratar estos fenómenos físicos.
[66] Para un examen detallado de las diversas teorías del calor, consulte el Curso de conferencias sobre filosofía natural del Dr. Young, etc., Conferencia 52, Sobre las medidas y la naturaleza del calor; también los excelentes informes de Powell sobre el calor radiante —Reports of the British Association, 1832, 1840. La visión trascendental a la que conduce la teoría inmaterial no puede ilustrarse mejor que con la siguiente cita de ese inexplicable sueño de un hombre talentoso, Elementos de Fisiofilosofía, de Lorenz Oken, M.D. (traducido para la Ray Society por Alfred Tulk):—
«El calor no es la materia misma, al igual que la luz tampoco lo es; sino que es solo el acto de movimiento en la materia primaria. Tanto en el calor como en la luz existe sin duda un sustrato material; sin embargo, este sustrato no emite calor ni luz; sino que solo el movimiento del sustrato emite calor, y solo la tensión del sustrato emite luz. No existe un cuerpo del calor; el nitrógeno es el cuerpo del calor, así como el oxígeno puede llamarse el cuerpo del fuego. El calor es el espacio universal; en él se han resuelto todas las formas, así como toda materialidad se ha resuelto en gravedad, y toda actividad, toda polaridad, en luz. El calor es la forma universal, y por tanto, la falta de forma».
[67] Mémoires de la Société Physique, etc., de Ginebra, tomo ii, artículo 2.
[68] Este curioso fenómeno fue observado por primera vez por el Sr. Trevelyan, cuya Nota sobre algunos experimentos relacionados con la vibración de metales calentados se encuentra en las Transactions of the Royal Society of Edinburgh, vol. xii, 1837. En un memorando del mismo volumen, titulado Investigaciones experimentales sobre ciertas vibraciones que tienen lugar entre masas metálicas con diferentes temperaturas, el profesor Forbes extrae las siguientes conclusiones:
1. «Las vibraciones nunca tienen lugar entre sustancias de la misma naturaleza».
2. «Ambas sustancias deben ser metálicas. (Ahora se ha demostrado que esto no es necesario).»
3. «Las vibraciones tienen lugar con una intensidad proporcional (dentro de ciertos límites) a la diferencia en las capacidades de conducción de los metales para el calor o la electricidad; el metal con menor capacidad de conducción es necesariamente el más frío».
4. «El tiempo de contacto entre dos puntos de los metales debe ser mayor que el de las partes intermedias».
[65] Propuesta de una nueva nomenclatura para la ciencia de las radiaciones caloríficas, por M. Melloni. Bibliothèque Universelle de Genève, n.º 70. Scientific Memoirs, vol. iii, parte 12. Muchos de los términos, como Diatermancia, o transparencia para el calor; Adiatermancia, opacidad para el calor; Termocróico, coloreado para el calor, y otros, son valiosas sugerencias de formas de expresión necesarias para tratar estos fenómenos físicos.
[66] Para un examen detallado de las diversas teorías del calor, consulte el Curso de conferencias sobre filosofía natural del Dr. Young, etc., Conferencia 52, Sobre las medidas y la naturaleza del calor; también los excelentes informes de Powell sobre el calor radiante —Reports of the British Association, 1832, 1840. La visión trascendental a la que conduce la teoría inmaterial no puede ilustrarse mejor que con la siguiente cita de ese inexplicable sueño de un hombre talentoso, Elementos de Fisiofilosofía, de Lorenz Oken, M.D. (traducido para la Ray Society por Alfred Tulk):—
«El calor no es la materia misma, al igual que la luz tampoco lo es; sino que es solo el acto de movimiento en la materia primaria. Tanto en el calor como en la luz existe sin duda un sustrato material; sin embargo, este sustrato no emite calor ni luz; sino que solo el movimiento del sustrato emite calor, y solo la tensión del sustrato emite luz. No existe un cuerpo del calor; el nitrógeno es el cuerpo del calor, así como el oxígeno puede llamarse el cuerpo del fuego. El calor es el espacio universal; en él se han resuelto todas las formas, así como toda materialidad se ha resuelto en gravedad, y toda actividad, toda polaridad, en luz. El calor es la forma universal, y por tanto, la falta de forma».
[67] Mémoires de la Société Physique, etc., de Ginebra, tomo ii, artículo 2.
[68] Este curioso fenómeno fue observado por primera vez por el Sr. Trevelyan, cuya Nota sobre algunos experimentos relacionados con la vibración de metales calentados se encuentra en las Transactions of the Royal Society of Edinburgh, vol. xii, 1837. En un memorando del mismo volumen, titulado Investigaciones experimentales sobre ciertas vibraciones que tienen lugar entre masas metálicas con diferentes temperaturas, el profesor Forbes extrae las siguientes conclusiones:
1. «Las vibraciones nunca tienen lugar entre sustancias de la misma naturaleza».
2. «Ambas sustancias deben ser metálicas. (Ahora se ha demostrado que esto no es necesario).»
3. «Las vibraciones tienen lugar con una intensidad proporcional (dentro de ciertos límites) a la diferencia en las capacidades de conducción de los metales para el calor o la electricidad; el metal con menor capacidad de conducción es necesariamente el más frío».
4. «El tiempo de contacto entre dos puntos de los metales debe ser mayor que el de las partes intermedias».
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5. “El impulso es recibido por un proceso distinto y separado en cada contacto entre la barra y el bloque, y en ningún caso es esencial la conexión metálica de los puntos de apoyo en la barra, ni la de los del bloque.”
6. “La intensidad de la vibración es (bajo ciertas excepciones) proporcional a la diferencia de temperatura de los metales.” —Transactions of the Royal Society of Edinburgh, vol. xii.
[69] La conferencia Bakeriana. Sobre ciertos fenómenos de ignición voltaica y la descomposición del agua en sus gases constituyentes por calor: por W. R. Grove, Esq. —Philosophical Transactions, 1847. Parte 1.
[70] Investigaciones de Davy sobre la llama. Obras, vol. vi. —Philosophical Transactions para 1817.
[71] Sobre el efecto del calor en la disminución de las afinidades de los elementos que componen el agua: por el reverendo Thomas Romney Robinson, D.D. —Transactions of the Royal Irish Academy, vol. xxi. parte 2.
[72] Una investigación sobre las propiedades químicas atribuidas a la luz: por Benjamin, conde de Rumford. —Philosophical Transactions, vol. lxxxviii, p. 449. Los resultados obtenidos por el conde Rumford probablemente se debieron a los rayos térmicos no luminosos —rayos paratermicos— que se sabe que emite el agua hirviendo.
[73] Para el artículo del Dr. Drapers, véase Philosophical Magazine de mayo de 1847, vol. xxx, 3ª serie.
[74] Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre los colores vegetales: por Sir J. F. W. Herschel, Bart.
La prueba de la continuación del espectro prismático visible más allá del violeta extremo puede observarse de la siguiente manera: “Un papel teñido con tintura de cúrcuma es de color amarillo; por lo tanto, el espectro proyectado sobre él, si se expone a la luz natural, se ve considerablemente afectado en sus colores aparentes: la parte azul aparece violeta, y el violeta, muy pálido y tenue. Pero más allá de la región ocupada por los rayos violeta, se puede observar claramente una ligera prolongación del espectro, terminada lateralmente, como el resto, por contornos rectos y nítidos; en este caso, produce en el ojo la sensación de un color amarillo pálido.” —Philosophical Transactions, p. 133.
[75] La exposición más completa de la teoría según la cual el calor animal proviene únicamente de la acción química se encuentra en Animal Chemistry, o Química en sus aplicaciones a la fisiología y la patología, de Justus Liebig; traducido por el Dr. Gregory. Las conclusiones a las que llega el autor, a pesar de su alto —y merecidamente alto— prestigio en la ciencia química, deben ser tomadas con gran precaución, ya que muchas de ellas se basan en premisas muy incorrectas, y sus generalizaciones son de carácter sumariamente precipitado e imperfecto. En la página 22 aparece el siguiente pasaje: “Si nos vistiéramos desnudos, como ciertas tribus salvajes, o si al cazar o pescar estuviéramos expuestos al mismo grado de frío que los samoyedos, podríamos consumir fácilmente diez libras de carne, y quizás incluso una docena de velas de sebo al día, tal como han relatado con asombro los viajeros bien abrigados acerca de estas personas. También podríamos tomar la misma cantidad de brandy o aceite de trenza sin efectos negativos, porque…”
6. “La intensidad de la vibración es (bajo ciertas excepciones) proporcional a la diferencia de temperatura de los metales.” —Transactions of the Royal Society of Edinburgh, vol. xii.
[69] La conferencia Bakeriana. Sobre ciertos fenómenos de ignición voltaica y la descomposición del agua en sus gases constituyentes por calor: por W. R. Grove, Esq. —Philosophical Transactions, 1847. Parte 1.
[70] Investigaciones de Davy sobre la llama. Obras, vol. vi. —Philosophical Transactions para 1817.
[71] Sobre el efecto del calor en la disminución de las afinidades de los elementos que componen el agua: por el reverendo Thomas Romney Robinson, D.D. —Transactions of the Royal Irish Academy, vol. xxi. parte 2.
[72] Una investigación sobre las propiedades químicas atribuidas a la luz: por Benjamin, conde de Rumford. —Philosophical Transactions, vol. lxxxviii, p. 449. Los resultados obtenidos por el conde Rumford probablemente se debieron a los rayos térmicos no luminosos —rayos paratermicos— que se sabe que emite el agua hirviendo.
[73] Para el artículo del Dr. Drapers, véase Philosophical Magazine de mayo de 1847, vol. xxx, 3ª serie.
[74] Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre los colores vegetales: por Sir J. F. W. Herschel, Bart.
La prueba de la continuación del espectro prismático visible más allá del violeta extremo puede observarse de la siguiente manera: “Un papel teñido con tintura de cúrcuma es de color amarillo; por lo tanto, el espectro proyectado sobre él, si se expone a la luz natural, se ve considerablemente afectado en sus colores aparentes: la parte azul aparece violeta, y el violeta, muy pálido y tenue. Pero más allá de la región ocupada por los rayos violeta, se puede observar claramente una ligera prolongación del espectro, terminada lateralmente, como el resto, por contornos rectos y nítidos; en este caso, produce en el ojo la sensación de un color amarillo pálido.” —Philosophical Transactions, p. 133.
[75] La exposición más completa de la teoría según la cual el calor animal proviene únicamente de la acción química se encuentra en Animal Chemistry, o Química en sus aplicaciones a la fisiología y la patología, de Justus Liebig; traducido por el Dr. Gregory. Las conclusiones a las que llega el autor, a pesar de su alto —y merecidamente alto— prestigio en la ciencia química, deben ser tomadas con gran precaución, ya que muchas de ellas se basan en premisas muy incorrectas, y sus generalizaciones son de carácter sumariamente precipitado e imperfecto. En la página 22 aparece el siguiente pasaje: “Si nos vistiéramos desnudos, como ciertas tribus salvajes, o si al cazar o pescar estuviéramos expuestos al mismo grado de frío que los samoyedos, podríamos consumir fácilmente diez libras de carne, y quizás incluso una docena de velas de sebo al día, tal como han relatado con asombro los viajeros bien abrigados acerca de estas personas. También podríamos tomar la misma cantidad de brandy o aceite de trenza sin efectos negativos, porque…”
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El carbono e hidrógeno de estas sustancias solo serían suficientes para mantener el equilibrio entre la temperatura externa y la de nuestros cuerpos”. Un breve examen revelará el error de esto. El análisis de la carne de res, realizado por D. Lyon Playfair, es el siguiente:
Carbono: 51,83
Hidrógeno: 7,57
Nitrógeno: 15,01
Oxígeno: 21,37
Cenizas: 4,23
Y lo siguiente fue proporcionado por Chevreul como composición de la grasa de cordero:
Carbono: 96
Hidrógeno: 16
Nitrógeno: 16
Oxígeno: 48
Se requiere aproximadamente tres veces más cantidad de oxígeno que de carbono para convertirlo en ácido carbónico; por lo tanto, el sami, al consumir materiales más altamente carbonizados, debe inhalar 288 onzas de oxígeno diariamente, casi ocho veces más que un “adulto normal”. A través de los pulmones, debe introducir en su cuerpo 2.304 pies cúbicos de aire, además de lo que será absorbido por la piel. Sus respiraciones deben acelerarse tanto que, según el cálculo más conservador, debe tener 500 pulsaciones por minuto. Bajo tales condiciones, es evidente que el ser humano no podría sobrevivir.
No hay dudas sobre el enorme apetito de estas personas; pero no toda la comida es eliminada del organismo en forma de gas de ácido carbónico.
[76] Un artículo interesante del Dr. Davy, “Sobre la temperatura del hombre”, se encuentra en las Philosophical Transactions, volumen cxxxvi, página 319. Sir Humphry Davy, en su obra Consolations in Travel, o Los últimos días de un filósofo, y en su cuarto diálogo, The Proteus, presenta varias especulaciones ingeniosas sobre este tema.
[77] Exposé de algunos resultados obtenidos por la acción combinada del calor y la compresión sobre ciertos líquidos, como el agua, el alcohol, el éter sulfúrico y la gasolina refinada: por el Sr. Barón Cagniard de la Tour. Se llegan a las siguientes conclusiones:
1. Que el alcohol a 36 grados, la gasolina refinada a 42 grados y el éter sulfúrico, sometidos a la acción del calor y la compresión, pueden reducirse completamente a vapor en un volumen ligeramente superior al doble del volumen original de cada líquido.
2. Que un aumento de presión, causado por la presencia de aire en varios de los experimentos mencionados, no supuso ningún obstáculo para la evaporación del líquido en el mismo espacio; simplemente hizo que su dilatación fuera más gradual y fácil de seguir, hasta el momento en que el líquido parece desaparecer de repente.
3. Que el agua, aunque sin duda puede reducirse a vapor muy comprimido, no pudo ser sometida a experimentos completos debido a la falta de medios adecuados.
Carbono: 51,83
Hidrógeno: 7,57
Nitrógeno: 15,01
Oxígeno: 21,37
Cenizas: 4,23
Y lo siguiente fue proporcionado por Chevreul como composición de la grasa de cordero:
Carbono: 96
Hidrógeno: 16
Nitrógeno: 16
Oxígeno: 48
Se requiere aproximadamente tres veces más cantidad de oxígeno que de carbono para convertirlo en ácido carbónico; por lo tanto, el sami, al consumir materiales más altamente carbonizados, debe inhalar 288 onzas de oxígeno diariamente, casi ocho veces más que un “adulto normal”. A través de los pulmones, debe introducir en su cuerpo 2.304 pies cúbicos de aire, además de lo que será absorbido por la piel. Sus respiraciones deben acelerarse tanto que, según el cálculo más conservador, debe tener 500 pulsaciones por minuto. Bajo tales condiciones, es evidente que el ser humano no podría sobrevivir.
No hay dudas sobre el enorme apetito de estas personas; pero no toda la comida es eliminada del organismo en forma de gas de ácido carbónico.
[76] Un artículo interesante del Dr. Davy, “Sobre la temperatura del hombre”, se encuentra en las Philosophical Transactions, volumen cxxxvi, página 319. Sir Humphry Davy, en su obra Consolations in Travel, o Los últimos días de un filósofo, y en su cuarto diálogo, The Proteus, presenta varias especulaciones ingeniosas sobre este tema.
[77] Exposé de algunos resultados obtenidos por la acción combinada del calor y la compresión sobre ciertos líquidos, como el agua, el alcohol, el éter sulfúrico y la gasolina refinada: por el Sr. Barón Cagniard de la Tour. Se llegan a las siguientes conclusiones:
1. Que el alcohol a 36 grados, la gasolina refinada a 42 grados y el éter sulfúrico, sometidos a la acción del calor y la compresión, pueden reducirse completamente a vapor en un volumen ligeramente superior al doble del volumen original de cada líquido.
2. Que un aumento de presión, causado por la presencia de aire en varios de los experimentos mencionados, no supuso ningún obstáculo para la evaporación del líquido en el mismo espacio; simplemente hizo que su dilatación fuera más gradual y fácil de seguir, hasta el momento en que el líquido parece desaparecer de repente.
3. Que el agua, aunque sin duda puede reducirse a vapor muy comprimido, no pudo ser sometida a experimentos completos debido a la falta de medios adecuados.
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suficientes para asegurar el cierre exacto de la olla de compresión, así como en los tubos de vidrio, cuya transparencia se ve alterada al absorber el álcali que forma parte de su composición.—Annales de Chimie, vol. xxi.
[78] Sobre los fenómenos que presentan los cuerpos proyectados sobre superficies calientes: por el Sr. Boutigny (de Evreux).—Annales de Chimie et de Physique, vol. xi, p. 16. Congelación del mercurio en tres segundos, gracias al estado esférico en un crisol incandescente: por el Sr. Faraday.—Ibid., vol. xix, p. 383.
Condición esférica de los cuerpos (Extracto de una nota del Sr. Boutigny de Evreux).
“Entre las propiedades de los cuerpos en estado esférico, hay cinco que me parecen características y fundamentales, y es sobre estas cinco propiedades que baso la definición que hoy someto al juicio de la Academia. Estas cinco propiedades son:
“1. La forma redondeada que adquiere la materia sobre una superficie calentada a una temperatura determinada.
“2. La distancia constante que existe entre el cuerpo en estado esférico y el cuerpo que lo hace adoptar esa forma.
“3. La propiedad de reflejar el calor radiante.
“4. La suspensión de la acción química.
“5. La estabilidad de la temperatura de los cuerpos en estado esférico.
“Dado esto, he aquí la definición que propongo: un cuerpo proyectado sobre una superficie caliente está en estado esférico cuando adopta una forma redondeada y se mantiene sobre dicha superficie más allá del radio de su esfera de actividad física y química; entonces refleja el calor radiante, y sus moléculas se encuentran, en cuanto al calor, en un estado de equilibrio estable; es decir, a una temperatura invariable, o que solo varía dentro de límites estrechos.”—Comptes Rendus, 6 de marzo de 1848.
[79] Algunos hechos relacionados con el estado esférico de los cuerpos, el hombre incombustible, etc.: por P. H. Boutigny (de Evreux), Philosophical Magazine, n.º 233 (tercera serie), p. 80; Comptes Rendus, 14 de mayo de 1849.
[80] La teoría de la congelación de mezclas se deriva de la doctrina del calor latente. Se trata de mezclas de sustancias salinas que, a la temperatura normal, debido a su acción química mutua, pasan rápidamente a estado líquido, o bien pueden disolverse rápidamente en agua; y, gracias a esta rápida transición a estado líquido, absorben calor y producen grados de frío más o menos intensos.—Rev. Francis Lunn, On Heat: Encyclopædia Metropolitana.
[81] Propiedades del ácido carbónico líquido, por el Sr. Thilorier, Annales de Chimie, vol. lx, p. 427. Solidificación del ácido carbónico: Ibid., p. 432.
[82] Sobre la licuefacción y solidificación de los cuerpos que generalmente existen en estado gaseoso, por Michael Faraday, D.C.L., F.R.S., etc.; Philosophical Transactions, vol. cxxxvi, p. 155.
[83] Burns, en una de sus cartas más naturales y patéticas.
[78] Sobre los fenómenos que presentan los cuerpos proyectados sobre superficies calientes: por el Sr. Boutigny (de Evreux).—Annales de Chimie et de Physique, vol. xi, p. 16. Congelación del mercurio en tres segundos, gracias al estado esférico en un crisol incandescente: por el Sr. Faraday.—Ibid., vol. xix, p. 383.
Condición esférica de los cuerpos (Extracto de una nota del Sr. Boutigny de Evreux).
“Entre las propiedades de los cuerpos en estado esférico, hay cinco que me parecen características y fundamentales, y es sobre estas cinco propiedades que baso la definición que hoy someto al juicio de la Academia. Estas cinco propiedades son:
“1. La forma redondeada que adquiere la materia sobre una superficie calentada a una temperatura determinada.
“2. La distancia constante que existe entre el cuerpo en estado esférico y el cuerpo que lo hace adoptar esa forma.
“3. La propiedad de reflejar el calor radiante.
“4. La suspensión de la acción química.
“5. La estabilidad de la temperatura de los cuerpos en estado esférico.
“Dado esto, he aquí la definición que propongo: un cuerpo proyectado sobre una superficie caliente está en estado esférico cuando adopta una forma redondeada y se mantiene sobre dicha superficie más allá del radio de su esfera de actividad física y química; entonces refleja el calor radiante, y sus moléculas se encuentran, en cuanto al calor, en un estado de equilibrio estable; es decir, a una temperatura invariable, o que solo varía dentro de límites estrechos.”—Comptes Rendus, 6 de marzo de 1848.
[79] Algunos hechos relacionados con el estado esférico de los cuerpos, el hombre incombustible, etc.: por P. H. Boutigny (de Evreux), Philosophical Magazine, n.º 233 (tercera serie), p. 80; Comptes Rendus, 14 de mayo de 1849.
[80] La teoría de la congelación de mezclas se deriva de la doctrina del calor latente. Se trata de mezclas de sustancias salinas que, a la temperatura normal, debido a su acción química mutua, pasan rápidamente a estado líquido, o bien pueden disolverse rápidamente en agua; y, gracias a esta rápida transición a estado líquido, absorben calor y producen grados de frío más o menos intensos.—Rev. Francis Lunn, On Heat: Encyclopædia Metropolitana.
[81] Propiedades del ácido carbónico líquido, por el Sr. Thilorier, Annales de Chimie, vol. lx, p. 427. Solidificación del ácido carbónico: Ibid., p. 432.
[82] Sobre la licuefacción y solidificación de los cuerpos que generalmente existen en estado gaseoso, por Michael Faraday, D.C.L., F.R.S., etc.; Philosophical Transactions, vol. cxxxvi, p. 155.
[83] Burns, en una de sus cartas más naturales y patéticas.
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CAPÍTULO VII.
LA LUZ.
Teorías sobre la naturaleza de la luz: hipótesis de Newton y Huygens. Fuentes de luz: el Sol. Velocidad de la luz. Transparencia. Líneas oscuras del espectro. Absorción de la luz. Color. Análisis prismático. Rayos del espectro. Arcoíris. Difracción. Interferencia. Teoría de Goethe. Polarización. Magnetización de la luz. La visión. El ojo. Analogía entre el sonido y la luz. Influencia de la luz en los animales y las plantas. Fosforescencia causada por diversos factores. Luz artificial. Su color depende de la materia.
La luz, primera creación, presenta al espíritu curioso una serie de fenómenos de carácter sumamente elevado. La luz del sol, que tiñe la tierra con todo el brillo de los colores y confiere al paisaje un encanto inigualable en cada grado de iluminación, desde la sombra gris hasta el resplandor dorado; la calma de la tarde, cuando, cansado del “exceso de esplendor”, el ojo puede descansar tranquilamente en las nubes del oeste, observando cómo los tonos dorados y rojizos se desvanecen lentamente en el tono azul de la noche; y el tenue resplandor de la luna, junto con el suave brillo de las estrellas iluminadas por el sol… Todo esto contribuye a hacer comprender al alma que, donde hay luz, existe organización y vida; más allá de su influencia, la muerte y el silencio tienen el dominio absoluto.[84] A lo largo de los tiempos, hemos tenido pruebas de que este ha sido el sentimiento predominante de la raza humana, derivado, por supuesto, de su observación de los fenómenos naturales relacionados con la luz. En los mitos de todos los países, abundan representaciones de la luz, y a ellas se atribuyen los misterios de la renovación perpetua de la vida en la superficie terrestre. Esta intuición de una verdad filosófica, en el caso de los poetas-sabios de Grecia, fue llevada al más alto grado de refinamiento.
LA LUZ.
Teorías sobre la naturaleza de la luz: hipótesis de Newton y Huygens. Fuentes de luz: el Sol. Velocidad de la luz. Transparencia. Líneas oscuras del espectro. Absorción de la luz. Color. Análisis prismático. Rayos del espectro. Arcoíris. Difracción. Interferencia. Teoría de Goethe. Polarización. Magnetización de la luz. La visión. El ojo. Analogía entre el sonido y la luz. Influencia de la luz en los animales y las plantas. Fosforescencia causada por diversos factores. Luz artificial. Su color depende de la materia.
La luz, primera creación, presenta al espíritu curioso una serie de fenómenos de carácter sumamente elevado. La luz del sol, que tiñe la tierra con todo el brillo de los colores y confiere al paisaje un encanto inigualable en cada grado de iluminación, desde la sombra gris hasta el resplandor dorado; la calma de la tarde, cuando, cansado del “exceso de esplendor”, el ojo puede descansar tranquilamente en las nubes del oeste, observando cómo los tonos dorados y rojizos se desvanecen lentamente en el tono azul de la noche; y el tenue resplandor de la luna, junto con el suave brillo de las estrellas iluminadas por el sol… Todo esto contribuye a hacer comprender al alma que, donde hay luz, existe organización y vida; más allá de su influencia, la muerte y el silencio tienen el dominio absoluto.[84] A lo largo de los tiempos, hemos tenido pruebas de que este ha sido el sentimiento predominante de la raza humana, derivado, por supuesto, de su observación de los fenómenos naturales relacionados con la luz. En los mitos de todos los países, abundan representaciones de la luz, y a ellas se atribuyen los misterios de la renovación perpetua de la vida en la superficie terrestre. Esta intuición de una verdad filosófica, en el caso de los poetas-sabios de Grecia, fue llevada al más alto grado de refinamiento.
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La sublime exclamación de Platón: “La luz es verdad, y Dios es luz”, se acerca casi a una revelación divina. Como medio de visión, como causa del color, como fuerza que influye de manera sorprendente en todas las formas de organización que nos rodean, la luz ha representado para las mentes inquisitivas de todas las épocas un tema de máximo interés. Los filósofos antiguos, aunque se perdían en las sutilezas metafísicas de sus escuelas, no pudieron dejar de descubrir en la luz un elemento de suma importancia en los procesos naturales. Los alquimistas consideraban el principio luminoso como un fluido sumamente sutil, capaz de penetrar y mezclarse con la materia bruta; se suponía que el oro se diferenciaba de los metales más vulgares únicamente por contener una mayor cantidad de esta esencia etérea.[85] La ciencia moderna, después de investigar con gran atención un mayor número de fenómenos relacionados con la luz, ha procurado ayudar en las indagaciones mediante hipótesis. Newton, en una teoría que demuestra el refinado carácter de la mente de ese gran filósofo, supone que partículas luminosas salen despedidas desde las superficies de los cuerpos en todas direcciones; que estas partículas infinitamente pequeñas son influenciadas por las fuerzas de atracción y repulsión de la materia, y por ello, en algunos casos, son devueltas o reflejadas desde sus superficies, mientras que en otros casos son absorbidas en sus espacios intersticiales. Huygens, por el contrario, supone que la luz es causada por ondas o vibraciones de un medio infinitamente elástico —el Éter— difundido por todo el espacio; estas ondas se propagan en todas direcciones desde el cuerpo luminoso. En la primera teoría, se supone que una partícula luminosa proviene realmente del sol hacia la tierra; en la otra, el sol solo provoca una perturbación en el éter, la cual se extiende con gran rapidez, de la misma manera que una ola se propaga sobre la superficie de un lago. Casi todos los hechos conocidos en la época de Newton, así como aquellos que él mismo descubrió, fueron explicados de manera muy satisfactoria mediante su hipótesis; pero se comprobó que también podían interpretarse como efectos de la ondulación, con la excepción de la producción del color por refracción prismática. Aunque muchos cerebros talentosos han dedicado su mayor esfuerzo a respaldar la teoría vibracional, este hecho sencillo aún no ha recibido ninguna explicación satisfactoria; además, existen numerosos descubrimientos relacionados con las perturbaciones moleculares y químicas provocadas por los rayos solares.
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que no parecen explicarse por la hipótesis de emisión o de ondulación.
En ambas teorías se admite un movimiento ondulatorio, y todo hecho hace probable que este modo de progresión se aplique no solo a la luz, sino también a las llamadas fuerzas imponderables en general. Por lo tanto, al admitir el movimiento ondulatorio de los rayos luminosos, no nos detendremos a considerar aquellos puntos de la discusión que ya han sido tratados con habilidad por Young, Laplace, Fresnel, Biot, Fraunhofer, Herschel, Brewster y otros, sino que pasaremos directamente a examinar las fuentes de luz y sus fenómenos más notables.[86]
El sol es el cuerpo permanentemente luminoso más grande que conocemos, y ese astro derrama continuamente luz desde su superficie en todas direcciones, a una velocidad de 192,000 millas por segundo, a través del medio resistente del espacio y de nuestra propia atmósfera. Sin embargo, se ha calculado que la luz se movería a través del vacío a una velocidad de 192,500 millas en el mismo período. Por lo tanto, sabemos que un rayo de luz necesita ocho minutos y trece segundos para llegar desde el sol hasta nosotros. Al viajar desde el lejano planeta Urano, se necesitan casi tres horas; y desde la estrella fija más cercana, cada rayo de luz requiere más de seis años para atravesar el espacio que hay entre ella y la tierra. Si llevamos la imaginación a las regiones de las nebulosas, descubriremos que cientos de años deben transcurrir durante el paso de sus radiaciones. En consecuencia, si una de esas masas de materia, o incluso una de las estrellas fijas más distantes, desapareciera hoy del cielo, varias generaciones de los habitantes finitos de este mundo desaparecerían con el tiempo antes de que el ser humano pudiera darse cuenta de esa desaparición. Aquí, la inmensidad del espacio nos ayuda en nuestra concepción, aunque sea limitada, de la eternidad.[87]
Todos los planetas de nuestro sistema brillan con luz reflejada, y la luna, nuestro satélite, también debe su brillo plateado a las radiaciones del sol. Las estrellas fijas son, con toda probabilidad, soles que brillan desde la gran distancia del espacio, con su propia luz emitida. Gracias a las investigaciones fotométricas del Dr. Wollaston, sabemos, sin embargo, que harían falta 20,000 millones de cuerpos como Sirio, la más brillante de las estrellas fijas, para producir tanta luz como la que obtenemos del sol. El mismo observador ha demostrado que el brillo más intenso de la luna llena es aún 801,072 veces menor que la potencia luminosa de nuestro centro solar.
En ambas teorías se admite un movimiento ondulatorio, y todo hecho hace probable que este modo de progresión se aplique no solo a la luz, sino también a las llamadas fuerzas imponderables en general. Por lo tanto, al admitir el movimiento ondulatorio de los rayos luminosos, no nos detendremos a considerar aquellos puntos de la discusión que ya han sido tratados con habilidad por Young, Laplace, Fresnel, Biot, Fraunhofer, Herschel, Brewster y otros, sino que pasaremos directamente a examinar las fuentes de luz y sus fenómenos más notables.[86]
El sol es el cuerpo permanentemente luminoso más grande que conocemos, y ese astro derrama continuamente luz desde su superficie en todas direcciones, a una velocidad de 192,000 millas por segundo, a través del medio resistente del espacio y de nuestra propia atmósfera. Sin embargo, se ha calculado que la luz se movería a través del vacío a una velocidad de 192,500 millas en el mismo período. Por lo tanto, sabemos que un rayo de luz necesita ocho minutos y trece segundos para llegar desde el sol hasta nosotros. Al viajar desde el lejano planeta Urano, se necesitan casi tres horas; y desde la estrella fija más cercana, cada rayo de luz requiere más de seis años para atravesar el espacio que hay entre ella y la tierra. Si llevamos la imaginación a las regiones de las nebulosas, descubriremos que cientos de años deben transcurrir durante el paso de sus radiaciones. En consecuencia, si una de esas masas de materia, o incluso una de las estrellas fijas más distantes, desapareciera hoy del cielo, varias generaciones de los habitantes finitos de este mundo desaparecerían con el tiempo antes de que el ser humano pudiera darse cuenta de esa desaparición. Aquí, la inmensidad del espacio nos ayuda en nuestra concepción, aunque sea limitada, de la eternidad.[87]
Todos los planetas de nuestro sistema brillan con luz reflejada, y la luna, nuestro satélite, también debe su brillo plateado a las radiaciones del sol. Las estrellas fijas son, con toda probabilidad, soles que brillan desde la gran distancia del espacio, con su propia luz emitida. Gracias a las investigaciones fotométricas del Dr. Wollaston, sabemos, sin embargo, que harían falta 20,000 millones de cuerpos como Sirio, la más brillante de las estrellas fijas, para producir tanta luz como la que obtenemos del sol. El mismo observador ha demostrado que el brillo más intenso de la luna llena es aún 801,072 veces menor que la potencia luminosa de nuestro centro solar.
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Los cultivadores de la ciencia moderna son una raza audaz; no contentos con esforzarse por comprender la Tierra física, se esfuerzan por entender la condición de la superficie solar. La mente humana puede penetrar profundamente en la naturaleza y, por así decirlo, explorar los misterios del espacio inexplorado. El astrónomo conoce una condición peculiar de la luz, llamada polarización, y a través de ella también descubre que puede determinar si la luz que proviene de un disco luminoso proviene de una masa sólida en estado de combustión intensa o de vapor en estado incandescente. Añade un aparato polarizador a sus telescopios y determina que la luz que recibimos del sol se debe a una envoltura de vapor, probablemente en estado de combustión, pero con mayor intensidad, al igual que el gas que utilizamos actualmente. Esta fotosfera —como la llamó el difunto filósofo francés Arago— está sujeta a perturbaciones violentas, y las manchas oscuras que se observan en el disco solar son ahora conocidas como aberturas en esta misteriosa envoltura de luz, que nos permiten mirar hacia el cuerpo oscuro del propio sol.
Los fenómenos luminosos pueden producirse por diversos medios: la acción química es una fuente de luz; y, en varias circunstancias en las que las leyes de afinidad actúan con fuerza, se produce un efecto luminoso muy intenso. Bajo este concepto se incluyen todos los fenómenos de combustión. En la chispa eléctrica tenemos el desarrollo de la luz; y el arco que se forma entre puntos de carbón en los polos de una potente batería voláica nos proporciona la iluminación artificial más intensa de la que tenemos conocimiento. Además de estos, existen los fenómenos peculiares de fosforescencia, que surgen de la excitación química, calorífica, eléctrica, actínica y vital; todos ellos deben ser examinados detenidamente.
Sea cual sea la fuente de la luz que obtengamos, su carácter es el mismo, diferenciándose únicamente en intensidad. En su acción sobre la materia, tenemos los fenómenos de transmisión, reflexión, refracción, color, polarización y visión, que merecen nuestra atención.
Un haz de luz blanca incide sobre una placa de vidrio incoloro y pasa libremente a través de ella, perdiendo solo una pequeña parte de su intensidad; la mayor parte se pierde por reflexión en la primera superficie sobre la que incide la luz. Si el vidrio se rugosa al ser pulido, perdemos más luz por absorción y por reflexión en las asperezas de la superficie rugosa; pero si cubrimos esa superficie con algún líquido oleaginoso, como por ejemplo la trementina, su transparencia…
Los fenómenos luminosos pueden producirse por diversos medios: la acción química es una fuente de luz; y, en varias circunstancias en las que las leyes de afinidad actúan con fuerza, se produce un efecto luminoso muy intenso. Bajo este concepto se incluyen todos los fenómenos de combustión. En la chispa eléctrica tenemos el desarrollo de la luz; y el arco que se forma entre puntos de carbón en los polos de una potente batería voláica nos proporciona la iluminación artificial más intensa de la que tenemos conocimiento. Además de estos, existen los fenómenos peculiares de fosforescencia, que surgen de la excitación química, calorífica, eléctrica, actínica y vital; todos ellos deben ser examinados detenidamente.
Sea cual sea la fuente de la luz que obtengamos, su carácter es el mismo, diferenciándose únicamente en intensidad. En su acción sobre la materia, tenemos los fenómenos de transmisión, reflexión, refracción, color, polarización y visión, que merecen nuestra atención.
Un haz de luz blanca incide sobre una placa de vidrio incoloro y pasa libremente a través de ella, perdiendo solo una pequeña parte de su intensidad; la mayor parte se pierde por reflexión en la primera superficie sobre la que incide la luz. Si el vidrio se rugosa al ser pulido, perdemos más luz por absorción y por reflexión en las asperezas de la superficie rugosa; pero si cubrimos esa superficie con algún líquido oleaginoso, como por ejemplo la trementina, su transparencia…
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se restaura. Por lo tanto, tenemos una prueba directa de que la transparencia a la luz se debe a la condición molecular. Esto puede demostrarse de manera muy llamativa mediante un interesante experimento de Sir David Brewster:—
Si se llena un tubo de vidrio con vapor de ácido nítrico, que tiene un color rojo apagado, este permite el paso libre de los rayos rojos y anaranjados, así como de algunos otros; y si se coloca verticalmente bajo la luz del sol, proyecta una sombra roja en el suelo. Al calentarlo suavemente con una lámpara de alcohol, mientras permanece en esa posición, adquiere un color mucho más oscuro y negro, y se vuelve casi impermeable a cualquier rayo de luz; pero al enfriarlo nuevamente recupera su transparencia.
El mismo experimentador precisó también que, al calentar un vidrio púrpura hasta alcanzar una temperatura elevada, su transparencia mejoraba, de modo que transmitía los rayos verdes, amarillos y rojos, que anteriormente absorbía; pero el vidrio recuperaba sus propiedades absorbentes al enfriarse. Un trozo de vidrio de color amarillento-verdoso perdía casi por completo su transparencia al ser calentado. El orpimento amarillo natural se vuelve de color rojo sangre al calentarse, ya que se absorben casi todos los rayos excepto los rojos; y el fósforo puro, que tiene un color amarillo pálido y transmite libremente todos los rayos coloreados cuando se derrite, se vuelve muy oscuro y ya no transmite luz alguna.
La química ofrece numerosos ejemplos de cómo un cambio muy leve en las condiciones de un fluido hace que este se vuelva completamente opaco, cuando anteriormente era diáfano.[88]
El carbón absorbe toda la luz que incide sobre él, pero en algunos de sus estados de combinación, y en el diamante, que es carbono puro, es altamente transparente. El oro y la plata, cuando se convierten en láminas delgadas, permiten el paso de los rayos verdes y azules, y los metales en combinación con ácidos son todos ellos más o menos transparentes. Qué ocurre con la luz que incide sobre los cuerpos y es absorbida por ellos es una pregunta a la que aún no podemos responder de manera satisfactoria, a pesar de las extensas observaciones realizadas por algunos de los hombres más talentosos. Con toda probabilidad, como ya se ha dicho, la luz queda retenida permanentemente dentro de sus sustancias; y muchos de los experimentos en los que se genera luz en cuerpos que se encuentran en completa oscuridad, mediante chispas eléctricas u otros medios, parecen respaldar la idea de que la luz se vuelve latente o oculta.
Ningún cuerpo es absolutamente transparente; algo de luz se pierde incluso al pasar a través del espacio etéreo, y aún más al atravesar nuestra atmósfera.
Si se llena un tubo de vidrio con vapor de ácido nítrico, que tiene un color rojo apagado, este permite el paso libre de los rayos rojos y anaranjados, así como de algunos otros; y si se coloca verticalmente bajo la luz del sol, proyecta una sombra roja en el suelo. Al calentarlo suavemente con una lámpara de alcohol, mientras permanece en esa posición, adquiere un color mucho más oscuro y negro, y se vuelve casi impermeable a cualquier rayo de luz; pero al enfriarlo nuevamente recupera su transparencia.
El mismo experimentador precisó también que, al calentar un vidrio púrpura hasta alcanzar una temperatura elevada, su transparencia mejoraba, de modo que transmitía los rayos verdes, amarillos y rojos, que anteriormente absorbía; pero el vidrio recuperaba sus propiedades absorbentes al enfriarse. Un trozo de vidrio de color amarillento-verdoso perdía casi por completo su transparencia al ser calentado. El orpimento amarillo natural se vuelve de color rojo sangre al calentarse, ya que se absorben casi todos los rayos excepto los rojos; y el fósforo puro, que tiene un color amarillo pálido y transmite libremente todos los rayos coloreados cuando se derrite, se vuelve muy oscuro y ya no transmite luz alguna.
La química ofrece numerosos ejemplos de cómo un cambio muy leve en las condiciones de un fluido hace que este se vuelva completamente opaco, cuando anteriormente era diáfano.[88]
El carbón absorbe toda la luz que incide sobre él, pero en algunos de sus estados de combinación, y en el diamante, que es carbono puro, es altamente transparente. El oro y la plata, cuando se convierten en láminas delgadas, permiten el paso de los rayos verdes y azules, y los metales en combinación con ácidos son todos ellos más o menos transparentes. Qué ocurre con la luz que incide sobre los cuerpos y es absorbida por ellos es una pregunta a la que aún no podemos responder de manera satisfactoria, a pesar de las extensas observaciones realizadas por algunos de los hombres más talentosos. Con toda probabilidad, como ya se ha dicho, la luz queda retenida permanentemente dentro de sus sustancias; y muchos de los experimentos en los que se genera luz en cuerpos que se encuentran en completa oscuridad, mediante chispas eléctricas u otros medios, parecen respaldar la idea de que la luz se vuelve latente o oculta.
Ningún cuerpo es absolutamente transparente; algo de luz se pierde incluso al pasar a través del espacio etéreo, y aún más al atravesar nuestra atmósfera.
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Entre los casos más curiosos de absorción se encuentra aquel que se descubre de forma uniforme en el espectro solar, especialmente cuando lo examinamos con un telescopio. Entonces descubrimos que los rayos coloreados están atravesados por un gran número de bandas o líneas oscuras que no emiten luz alguna; estas se denominan generalmente líneas oscuras de Fraunhofer, ya que fue gracias a los incansables esfuerzos de ese experimentalista y con la ayuda de sus hermosos instrumentos que la mayoría de ellas fueron descubiertas, medidas y enumeradas, aunque ya habían sido observadas anteriormente por el Dr. Wollaston. Es completamente claro que esas líneas representan rayos que han sido absorbidos en su paso desde el sol hasta la tierra: aunque algunos de ellos sin duda han sufrido absorción dentro de los límites de la atmósfera terrestre, tenemos todas las razones para creer, junto con Sir John Herschel, que la absorción principal tiene lugar en la atmósfera del sol.[89]
El Dr. Miller ha demostrado que el número de esas líneas oscuras varía continuamente con los cambios en las condiciones atmosféricas;[90] y las pruebas que se han presentado sobre estados particulares de absorción por parte del envoltorio gaseoso de la tierra —durante las investigaciones sobre los agentes químicos de los rayos solares— son de carácter suficientemente convincente.
Bouguer calculó que, si nuestra atmósfera, en su estado más puro, pudiera extenderse algo más allá de 700 millas desde la superficie terrestre, en lugar de casi 40, como ocurre actualmente, los rayos solares no podrían penetrarla, y este planeta seguiría girando en la oscuridad y el silencio, sin rastro alguno de vida vegetal o animal. En la versión hebrea de la Historia Mosaica, la frase es “Que aparezca la luz”: ¿no podría esto significar realmente que la atmósfera terrestre estaba tan libre de vapores que obstaculizaban la luz, que los rayos solares podían llegar hasta la tierra? El mismo cálculo supone que el agua marina pierde toda su transparencia a una profundidad de 730 pies; pero debe prevalecer un crepúsculo tenue a mucha mayor profundidad en el océano.
Las investigaciones del profesor Edward Forbes han demostrado que, a una profundidad de 230 brazas en el mar Egeo, los pocos animales con concha que existen son incoloros: no se encuentran plantas en esa zona; y ese diligente naturalista fija el umbral de la vida animal en esas aguas en unos 300 brazas.[91]
Dado que estas zonas marcan una disminución rápida de la luz, es evidente que
El Dr. Miller ha demostrado que el número de esas líneas oscuras varía continuamente con los cambios en las condiciones atmosféricas;[90] y las pruebas que se han presentado sobre estados particulares de absorción por parte del envoltorio gaseoso de la tierra —durante las investigaciones sobre los agentes químicos de los rayos solares— son de carácter suficientemente convincente.
Bouguer calculó que, si nuestra atmósfera, en su estado más puro, pudiera extenderse algo más allá de 700 millas desde la superficie terrestre, en lugar de casi 40, como ocurre actualmente, los rayos solares no podrían penetrarla, y este planeta seguiría girando en la oscuridad y el silencio, sin rastro alguno de vida vegetal o animal. En la versión hebrea de la Historia Mosaica, la frase es “Que aparezca la luz”: ¿no podría esto significar realmente que la atmósfera terrestre estaba tan libre de vapores que obstaculizaban la luz, que los rayos solares podían llegar hasta la tierra? El mismo cálculo supone que el agua marina pierde toda su transparencia a una profundidad de 730 pies; pero debe prevalecer un crepúsculo tenue a mucha mayor profundidad en el océano.
Las investigaciones del profesor Edward Forbes han demostrado que, a una profundidad de 230 brazas en el mar Egeo, los pocos animales con concha que existen son incoloros: no se encuentran plantas en esa zona; y ese diligente naturalista fija el umbral de la vida animal en esas aguas en unos 300 brazas.[91]
Dado que estas zonas marcan una disminución rápida de la luz, es evidente que
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Donde la vida deja de existir debe estar más allá de los límites hasta los cuales la vida puede penetrar.
Nuestra atmósfera, cargada de vapor acuoso, sirve para protegernos de la intensa acción de las fuerzas solares. Gracias a ella estamos protegidos de las influencias destructivas de la luz y el calor del sol; disfrutamos de esas condiciones modificadas que son más propicias para el desarrollo saludable de las formas orgánicas; a ella debemos “el cielo azul que se extiende sobre todo”, así como esas bellezas del crepúsculo matutino y vespertino de las cuales
—— El sonido y el movimiento tienen una influencia poderosa.
Respondiendo al encanto con su propio misterio.
A la transparencia deficiente, o mejor dicho, a los diferentes grados de ella, debemos atribuir, en parte, los colores de los medios permeables. Así, un vidrio o un líquido parece amarillo a simple vista, porque tiene la propiedad de permitir la penetración de una mayor cantidad de rayos amarillos que de cualquier otro color; rojo, porque los rayos rojos lo atraviesan con mayor facilidad; y así sucesivamente para cada otro color. En la mayoría de los casos, las capacidades de transmisión y reflexión son similares; pero no ocurre lo mismo en todos los casos; la variedad de fluorita, que, aunque transmite la luz verde, refleja el azul, y el precioso ópalo, son ejemplos destacados en contra de esto. Algunos vidrios, que transmiten la luz amarilla, tienen la extraña capacidad de dispersar los rayos azules desde una superficie; y una solución de quinina en agua acidificada con ácido sulfúrico, aunque sea perfectamente transparente e incolora cuando se coloca entre el ojo y la luz, muestra, si se observa en una dirección determinada, un intenso tono cerúleo. Dado que estos efectos se consideran debidos a las condiciones de la superficie, se les ha llamado fenómenos epipolares.[92]
La investigación cuidadosa de estos fenómenos nos ha hecho conocer algunos hechos muy interesantes, e incluso nos ha permitido descubrir un conjunto de rayos luminosos que antes eran desconocidos. La dispersión de la luz azul desde la superficie de algunos vidrios amarillos —como aquellos teñidos con óxido de plata— es de un orden diferente al que ocurre con la solución de sulfato de quinina o con la fluorita. La primera depende de una condición peculiar de la superficie, mientras que los últimos fenómenos se deben a una dispersión que tiene lugar dentro del sólido o del líquido. Además de eso…
Nuestra atmósfera, cargada de vapor acuoso, sirve para protegernos de la intensa acción de las fuerzas solares. Gracias a ella estamos protegidos de las influencias destructivas de la luz y el calor del sol; disfrutamos de esas condiciones modificadas que son más propicias para el desarrollo saludable de las formas orgánicas; a ella debemos “el cielo azul que se extiende sobre todo”, así como esas bellezas del crepúsculo matutino y vespertino de las cuales
—— El sonido y el movimiento tienen una influencia poderosa.
Respondiendo al encanto con su propio misterio.
A la transparencia deficiente, o mejor dicho, a los diferentes grados de ella, debemos atribuir, en parte, los colores de los medios permeables. Así, un vidrio o un líquido parece amarillo a simple vista, porque tiene la propiedad de permitir la penetración de una mayor cantidad de rayos amarillos que de cualquier otro color; rojo, porque los rayos rojos lo atraviesan con mayor facilidad; y así sucesivamente para cada otro color. En la mayoría de los casos, las capacidades de transmisión y reflexión son similares; pero no ocurre lo mismo en todos los casos; la variedad de fluorita, que, aunque transmite la luz verde, refleja el azul, y el precioso ópalo, son ejemplos destacados en contra de esto. Algunos vidrios, que transmiten la luz amarilla, tienen la extraña capacidad de dispersar los rayos azules desde una superficie; y una solución de quinina en agua acidificada con ácido sulfúrico, aunque sea perfectamente transparente e incolora cuando se coloca entre el ojo y la luz, muestra, si se observa en una dirección determinada, un intenso tono cerúleo. Dado que estos efectos se consideran debidos a las condiciones de la superficie, se les ha llamado fenómenos epipolares.[92]
La investigación cuidadosa de estos fenómenos nos ha hecho conocer algunos hechos muy interesantes, e incluso nos ha permitido descubrir un conjunto de rayos luminosos que antes eran desconocidos. La dispersión de la luz azul desde la superficie de algunos vidrios amarillos —como aquellos teñidos con óxido de plata— es de un orden diferente al que ocurre con la solución de sulfato de quinina o con la fluorita. La primera depende de una condición peculiar de la superficie, mientras que los últimos fenómenos se deben a una dispersión que tiene lugar dentro del sólido o del líquido. Además de eso…
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Con sulfato de quinina y la fluorita, se obtienen los mismos resultados de manera muy marcada mediante un vidrio de color amarillo canario, teñido con óxido de uranio, y mediante una decocción de la corteza interior del castaño de Indias. El señor Stokes, quien ha investigado esta clase de fenómenos y propone denominarla fluorescencia, por aparecer naturalmente en la fluorita, ha demostrado que la peculiar dispersión interna y la consiguiente alteración del color del rayo se deben a una modificación en su refractabilidad. Sea esta hipótesis la correcta o no, es cierto que existe un conjunto de rayos de mucha mayor refractabilidad que aquellos observados en el espectro newtoniano ordinario. Esto puede demostrarse de la siguiente manera: tomando cualquiera de las soluciones mencionadas, o un bloque de vidrio de uranio, se proyecta sobre una de sus caras, mediante un prisma, un espectro muy puro. Al mirar dentro del vidrio o del líquido, se verá, comenzando entre los rayos más refractables, un nuevo conjunto de rayos espectrales que luchan por abrirse paso a través del medio absorbente. Estos son de color azul en la solución de quinina o de castaño, y verdes en el vidrio de uranio, y se observa que se extienden mucho más allá de los rayos más refractables del espectro newtoniano ordinario. Este es el espacio en el que aquellos rayos que tienen la capacidad de producir cambios químicos, como los conocidos por la práctica de la fotografía, se detectan en su máxima actividad. Por lo tanto, se ha supuesto que estos rayos fluorescentes son los rayos químicos que se vuelven luminosos debido a la modificación de su refractabilidad. Esta opinión ha recibido mucho apoyo por el hecho de que los rayos espectrales adicionales están cruzados por numerosas líneas oscuras, y que en las impresiones químicas estas líneas están marcadas por espacios sin cambios que coinciden exactamente con ellas. Sin embargo, existe mucha duda sobre la corrección de esto, ya que, en el vidrio de uranio de tal grosor que estos rayos visibles son completamente absorbidos, los rayos químicos siguen pasando. No obstante, toda esta cuestión requiere, y está recibiendo, la investigación más minuciosa. El descubrimiento de estos fenómenos, que se incluyen bajo el término de fluorescencia, tiene un carácter tan interesante e importante, que debe considerarse como el avance más decisivo logrado en la óptica física desde los tiempos de Newton. No es improbable que aquellos rayos de tan alta refractabilidad, aunque en circunstancias normales sean invisibles para el ojo humano, puedan adaptarse para producir el grado necesario de estimulación del cual depende la visión en los nervios ópticos de los animales nocturnos. El murciélago, el búho…
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Y el gato puede ver en la oscuridad de la noche gracias a unos rayos que son invisibles para los ojos humanos, o que no actúan sobre ellos, o para aquellos animales que necesitan la luz del día para tener una visión perfecta.
Es una ley general de las fuerzas radiantes que, siempre que estas inciden sobre alguna superficie, una parte es devuelta o reflejada al mismo tiempo que otras partes son absorbidas o transmitidas. De esta particularidad parecen depender los fenómenos del color natural en los cuerpos.
Se sabe que la luz blanca del sol está compuesta por varios rayos de colores. O más bien, según la teoría de las ondulaciones, cuando se modifica la frecuencia de vibración de un rayo, se produce una sensación diferente en el nervio óptico. El análisis detallado de este problema muestra que, para producir un color rojo, el rayo de luz debe generar 37.640 ondulaciones por pulgada y 458.000.000.000.000 ondulaciones por segundo. La luz amarilla requiere 44.000 ondulaciones por pulgada y 535.000.000.000.000 ondulaciones por segundo; mientras que el efecto azul se produce con 51.110 ondulaciones por pulgada y 622.000.000.000.000 ondulaciones por segundo.[93] La determinación de tales valores constituye uno de los logros más sofisticados de la ciencia, y, comparada con los esfuerzos más sublimes de la imaginación, debe parecer inmensamente superior.
Si un cuerpo devuelve la luz blanca sin cambios, aparece blanco; si la superficie tiene la propiedad de modificar la vibración hasta el grado necesario para producir un tono rojizo, el resultado es un color rojo; la eliminación de las ondulaciones provoca la oscuridad. Según otra perspectiva, o la hipótesis corpuscular, se supone que el haz de luz blanca está formado por ciertos rayos de colores, cada uno de los cuales posee propiedades físicas propias y, por lo tanto, es capaz de producir diferentes efectos fisiológicos. Estos rayos, al incidir sobre un cuerpo transparente u opaco, sufren mayor o menor absorción; al ser así separados, se produce el efecto del color. Un cuerpo rojo absorbe todos los rayos excepto el rojo; una superficie azul, todos excepto el azul; una amarilla, todos excepto el amarillo; y una superficie negra absorbe toda la luz que incide sobre ella.
El hecho de que los colores naturales sean el resultado de la luz blanca, y no propiedades innatas de los propios cuerpos, se demuestra de manera concluyente al colocar cuerpos de color bajo luz monocromática de otro tipo: en ese caso, estos cuerpos aparecerán del color de esa luz o, al absorberla, se volverán negros; mientras que, cuando…
Es una ley general de las fuerzas radiantes que, siempre que estas inciden sobre alguna superficie, una parte es devuelta o reflejada al mismo tiempo que otras partes son absorbidas o transmitidas. De esta particularidad parecen depender los fenómenos del color natural en los cuerpos.
Se sabe que la luz blanca del sol está compuesta por varios rayos de colores. O más bien, según la teoría de las ondulaciones, cuando se modifica la frecuencia de vibración de un rayo, se produce una sensación diferente en el nervio óptico. El análisis detallado de este problema muestra que, para producir un color rojo, el rayo de luz debe generar 37.640 ondulaciones por pulgada y 458.000.000.000.000 ondulaciones por segundo. La luz amarilla requiere 44.000 ondulaciones por pulgada y 535.000.000.000.000 ondulaciones por segundo; mientras que el efecto azul se produce con 51.110 ondulaciones por pulgada y 622.000.000.000.000 ondulaciones por segundo.[93] La determinación de tales valores constituye uno de los logros más sofisticados de la ciencia, y, comparada con los esfuerzos más sublimes de la imaginación, debe parecer inmensamente superior.
Si un cuerpo devuelve la luz blanca sin cambios, aparece blanco; si la superficie tiene la propiedad de modificar la vibración hasta el grado necesario para producir un tono rojizo, el resultado es un color rojo; la eliminación de las ondulaciones provoca la oscuridad. Según otra perspectiva, o la hipótesis corpuscular, se supone que el haz de luz blanca está formado por ciertos rayos de colores, cada uno de los cuales posee propiedades físicas propias y, por lo tanto, es capaz de producir diferentes efectos fisiológicos. Estos rayos, al incidir sobre un cuerpo transparente u opaco, sufren mayor o menor absorción; al ser así separados, se produce el efecto del color. Un cuerpo rojo absorbe todos los rayos excepto el rojo; una superficie azul, todos excepto el azul; una amarilla, todos excepto el amarillo; y una superficie negra absorbe toda la luz que incide sobre ella.
El hecho de que los colores naturales sean el resultado de la luz blanca, y no propiedades innatas de los propios cuerpos, se demuestra de manera concluyente al colocar cuerpos de color bajo luz monocromática de otro tipo: en ese caso, estos cuerpos aparecerán del color de esa luz o, al absorberla, se volverán negros; mientras que, cuando…
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Si se tiene en cuenta su propio carácter, la intensidad del color aumenta enormemente. Cada superficie tiene, por lo tanto, una constitución peculiar, gracias a la cual da origen a los diversos matices de la naturaleza. El verde rico y vibrante que cubre tan abundantemente la superficie de la Tierra, los colores variados de las flores y los innumerables tonos de los animales, junto con todos aquellos de los productos del reino mineral y de las combinaciones artificiales obtenidas mediante procesos químicos, son el resultado de fuerzas que hacen que las relaciones entre la materia y la luz sean permanentes, hasta que sus condiciones físicas experimentan algún cambio. Existe una correspondencia notable entre la posición geográfica de una región y los colores de sus plantas y animales. En los trópicos, donde “el sol brilla siempre con la misma intensidad”, predomina el verde más oscuro en las hojas de las plantas; las flores y frutos presentan colores muy intensos, mientras que las plumas de los pájaros son de las más variadas tonalidades y de los colores más vivos. También entre la gente de estas regiones se manifiesta un deseo por los colores más llamativos; sus vestidos tienen un carácter distintivo, no solo en cuanto a forma, sino también en cuanto a disposición cromática. En los climas templados todo es de una variedad más suave: las flores tienen colores menos vivos; el color predominante en las aves es el marrón rojizo; y los vestidos de los habitantes de estas regiones son de tonos oscuros. En las zonas más frías de la Tierra hay pocos colores; las flores suelen ser blancas o amarillas, y los animales no presentan otro contraste que el que ofrecen el blanco y el negro. Se podría formar una escala cromática, cuyo punto máximo estaría en el ecuador y su mínimo en los polos.[94] La influencia de la luz en los colores de la creación organizada se observa claramente en el mar. Cerca de las costas encontramos algas de los colores más hermosos, especialmente en las rocas que quedan secas debido a las mareas; además, los ricos tonos de las anémonas de mar, que habitan en aguas poco profundas, deben haber sido observados con frecuencia. Los peces que nadan cerca de la superficie también se distinguen por la variedad de sus colores, mientras que aquellos que viven a mayores profundidades son grises, marrones o negros. Se ha descubierto que, después de cierta profundidad, donde la cantidad de…
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La luz se reduce tanto que solo reina un crepúsculo tenue; los habitantes del océano se vuelven casi incoloros. El hecho de que solo el rayo solar confiere a las plantas la capacidad de reflejar colores queda demostrado por el proceso de blanqueamiento o etiolación, producido al excluir artificialmente la luz. Mediante un trozo de vidrio triangular —un prisma— podemos descomponer la luz en sus rayos elementales. La luz blanca que incide sobre la primera superficie del prisma se desvía de su trayectoria, y así se obtienen bandas de diferentes colores. Estas bandas o rayos mantienen una curiosa constancia en sus posiciones: el rayo rojo es siempre el que menos se desvía de la trayectoria recta; le sigue el rayo amarillo en cuanto a grado de refracción; y los rayos azules son los que más se desvían del vértice del prisma. La mayor cantidad de poder iluminante se encuentra en el rayo amarillo, y este disminuye hacia ambos extremos.[95] No es poco interesante observar que existe una variedad similar de colores en cada extremo del espectro prismático. El orden estricto en el que aparecen los rayos de color puro y mezclado es el siguiente:
1. El rojo extremo: un rayo que solo puede detectarse cuando el ojo está protegido del brillo de los demás rayos mediante un vidrio azul cobalto; tiene un tono carmesí, siendo una mezcla de rojo y azul, con predominio del rojo.[96]
2. El rojo: el primer rayo visible en circunstancias normales.
3. El naranja: rojo que se transforma y combina con el amarillo.
4. El amarillo: el rayo más intensamente luminoso.
5. El verde: amarillo que se transforma y se mezcla con el azul.
6. El azul: en el cual la luz disminuye muy rápidamente.
7. El índigo: la intensidad oscura del azul.
8. El violeta: azul mezclado nuevamente con el rojo, siendo el azul el componente predominante.
9. El gris lavanda: un tono neutro, producido por la combinación de los rayos rojo, azul y amarillo; se detecta más fácilmente cuando el espectro se proyecta sobre una hoja de papel de cúrcuma.
10. Los rayos fluorescentes: que son o de un azul plateado puro o de un verde delicado.
1. El rojo extremo: un rayo que solo puede detectarse cuando el ojo está protegido del brillo de los demás rayos mediante un vidrio azul cobalto; tiene un tono carmesí, siendo una mezcla de rojo y azul, con predominio del rojo.[96]
2. El rojo: el primer rayo visible en circunstancias normales.
3. El naranja: rojo que se transforma y combina con el amarillo.
4. El amarillo: el rayo más intensamente luminoso.
5. El verde: amarillo que se transforma y se mezcla con el azul.
6. El azul: en el cual la luz disminuye muy rápidamente.
7. El índigo: la intensidad oscura del azul.
8. El violeta: azul mezclado nuevamente con el rojo, siendo el azul el componente predominante.
9. El gris lavanda: un tono neutro, producido por la combinación de los rayos rojo, azul y amarillo; se detecta más fácilmente cuando el espectro se proyecta sobre una hoja de papel de cúrcuma.
10. Los rayos fluorescentes: que son o de un azul plateado puro o de un verde delicado.
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Newton consideraba que el espectro estaba compuesto por siete colores con una refractividad definida e invariable. Brewster y otros parecen haber detectado una gran difusión de los colores a lo largo del espectro, y consideran que la luz blanca está formada únicamente por tres rayos, los cuales, en las imágenes prismáticas, se superponen entre sí; y a partir de estos —rojo, amarillo y azul—, todos los demás colores pueden formarse mediante combinaciones en proporciones variables. Probablemente la verdad sea que el espectro prismático ordinario es un compuesto de dos espectros: es decir, así como tenemos el arcoíris ordinario y un arco complementario cuyos colores están invertidos, el arco extraordinario puede quedar algo oculto por la intensa luz del espectro ordinario; sin embargo, al superponerse, producen las variaciones de color en los rayos. Ya hemos examinado la capacidad calorífica presente en estas bandas coloreadas, la cual, aunque muestra una notable concordancia con el color de un rayo específico, no está directamente relacionada con él; es decir, ni como efecto de una causa, ni lo contrario. La acción química de los rayos solares, a la cual dedicaremos un capítulo aparte debido a su importancia, también ha sido confundida, al igual que el calor, con la potencia luminosa del sol; pero, aunque esté asociada con la luz y el calor y sea modificada por su presencia, debe distinguirse de ellos. Encontramos el máximo de calor en un extremo del espectro, y el de la excitación química en el otro; la potencia luminosa, por su parte, se sitúa en un punto intermedio entre ambos. Sin duda, estas fuerzas actúan recíprocamente, modificándose mutuamente y generando así las dificultades que enfrenta el investigador por todas partes. Contamos con hermosas ilustraciones naturales de la refracción lumínica en el arcoíris y en el halo: en ambos casos, los rayos de luz se separan debido a la capacidad refractiva de las gotas de lluvia o de las vesículas que forman la humedad que constituye la niebla. En el sencillo juguete infantil: la burbuja de jabón que flota en el aire, el filósofo encuentra temas para su contemplación; y a partir del juego incomparable de colores que descubre en esa película delgada, aprende que los diferentes espesores de las superficies influyen, de manera muy notable, en los colores de los rayos solares. Las películas de aceite que flotan sobre el agua presentan apariciones similares; y los colores que se desarrollan al templar el acero se deben exclusivamente al espesor de la superficie oxidada producida por el calor. Recientemente se han presentado algunos hermosos ejemplos de papel que adquieren un rico brillo iridiscente mediante el siguiente proceso:—A
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La solución de una resina gomosa en cloroformo se flota sobre el agua, donde forma una película que produce todos los colores de los anillos de Newton. Una hoja de papel que previamente se ha sumergido en el agua se levanta con cuidado; la película así retirada se adhiere con gran firmeza al papel, produciendo este rico y curioso juego de colores. Los tonos intensos en la nácar, en las plumas de muchos pájaros, los anillos que se observan en las grietas del cristal de roca o entre las caras desiguales de dos piezas de vidrio, y que son producto de numerosas operaciones químicas e incluso mecánicas, se deben todos a la misma causa: la refracción de la luz por la condición de la película o superficie. Si tomamos uno de esos adornos de acero formados por estar cubiertos con un inmenso número de líneas finas, será evidente que estas estrías presentan muchos ángulos diferentes de reflexión, y que, en consecuencia, los rayos devueltos tenderán, en algún punto u otro, a cruzarse entre sí. El resultado de esto es que la cantidad de luz aumenta en algunos puntos de intersección y se anula en otros.[97] De la investigación de los fenómenos de difracción, de los efectos de las placas finas y gruesas sobre la luz y de los resultados de la interferencia, surgió el descubrimiento de una de las condiciones más notables dentro del ámbito de la ciencia física.
Se pueden hacer que dos luces brillantes produzcan oscuridad. Si dos haces de luz emanan de dos puntos muy cercanos entre sí de tal manera que se cruzan en un punto dado, cualquier objeto colocado en esa línea de interferencia será iluminado con la suma de los dos haces luminosos. Si suponemos que esos rayos se mueven en forma de ondas, y que la altura de la onda representa el máximo del efecto luminoso, entonces las dos ondas al encontrarse, cuando ambas están en la cima de su oscilación, producirán necesariamente un punto de mayor intensidad. Si ahora organizamos los puntos de radiación de tal manera que los sistemas de ondas luminosas avancen de forma irregular, y que una llegue a la pantalla medio ciclo de oscilación antes que la otra, con la parte elevada de una coincidiendo con la parte depresiva de la otra, la consecuencia es una anulación mutua. Este hecho, por paradójico que parezca, fue descrito ampliamente por Grimaldi en la descripción de sus experimentos sobre la inflexión de la luz, y ha sido observado por muchos otros. La hipótesis vibracional, basándose en la analogía presentada por dos sistemas de ondas en el agua, explica esto de manera plausible, así como muchos fenómenos similares relacionados con lo que se denomina interferencia.
Se pueden hacer que dos luces brillantes produzcan oscuridad. Si dos haces de luz emanan de dos puntos muy cercanos entre sí de tal manera que se cruzan en un punto dado, cualquier objeto colocado en esa línea de interferencia será iluminado con la suma de los dos haces luminosos. Si suponemos que esos rayos se mueven en forma de ondas, y que la altura de la onda representa el máximo del efecto luminoso, entonces las dos ondas al encontrarse, cuando ambas están en la cima de su oscilación, producirán necesariamente un punto de mayor intensidad. Si ahora organizamos los puntos de radiación de tal manera que los sistemas de ondas luminosas avancen de forma irregular, y que una llegue a la pantalla medio ciclo de oscilación antes que la otra, con la parte elevada de una coincidiendo con la parte depresiva de la otra, la consecuencia es una anulación mutua. Este hecho, por paradójico que parezca, fue descrito ampliamente por Grimaldi en la descripción de sus experimentos sobre la inflexión de la luz, y ha sido observado por muchos otros. La hipótesis vibracional, basándose en la analogía presentada por dos sistemas de ondas en el agua, explica esto de manera plausible, así como muchos fenómenos similares relacionados con lo que se denomina interferencia.
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La luz; pero aún así, al examinarla, no parece que esta explicación esté completamente libre de objeciones.[98]
Otra teoría, que no es del todo nueva para nosotros —ya que se menciona en la hipótesis de tres colores primarios de Mayer (1775) y se encuentra como problema en algunas de las Enciclopedias del siglo pasado— ha sido planteada, de una manera muy original, por ese genio de la inteligencia alemana, Goethe. Y debido a las visiones sumamente completas que este poeta-filósofo tiene sobre la fisiología tanto animal como vegetal (visiones que han sido adoptadas por algunos de los primeros naturalistas de Europa), estamos obligados a recibir su teoría de los colores con todo respeto y atención.
Goethe considera el color como un “dilución” de la luz; por ejemplo, al obstruir una parte de la luz blanca se produce el amarillo; al reducirla aún más, se supone que surge el rojo; y al retrasar aún más el paso libre del haz, obtenemos un color azul, que es lo más cercano a la oscuridad, o a la ausencia de luz. Hay verdad en esto; posee una simplicidad que satisfará a muchas mentes; con ella se pueden explicar muchos de los fenómenos del color: pero es insuficiente para interpretar varias de aquellas leyes a las que las otras teorías sí nos brindan alguna pista.
Newton pudo haberse dejado engañar por la analogía presentada entre los siete rayos del espectro y las notas de una octava. El número místico, siete, pudo haberse aferrado como una fibra de la red de la superstición al manto del gran filósofo; pero el ataque lanzado por Goethe contra la filosofía newtoniana revela el triste hecho de que él padecía de la lamentable debilidad de demasiadas mentes elevadas: un excesivo orgullo.
La polarización de la luz, como desafortunadamente se la ha llamado —desafortunadamente, ya que transmite la idea de puntos o polos determinados y diferentes, que solo existen en una analogía hipotética— nos presenta una clase de fenómenos que prometen abrir las misteriosas puertas de la constitución molecular de los cuerpos.
Esta notable condición, producida por la reflexión de la luz en el vidrio desde un ángulo específico, fue observada por primera vez por Malus en 1808,[99] cuando se entretenía observando los haces del sol poniente, reflejados desde las ventanas del Palacio de Luxemburgo a través de un prisma de doble refracción. Observó que cuando el prisma estaba en una posición determinada, las ventanas…
Otra teoría, que no es del todo nueva para nosotros —ya que se menciona en la hipótesis de tres colores primarios de Mayer (1775) y se encuentra como problema en algunas de las Enciclopedias del siglo pasado— ha sido planteada, de una manera muy original, por ese genio de la inteligencia alemana, Goethe. Y debido a las visiones sumamente completas que este poeta-filósofo tiene sobre la fisiología tanto animal como vegetal (visiones que han sido adoptadas por algunos de los primeros naturalistas de Europa), estamos obligados a recibir su teoría de los colores con todo respeto y atención.
Goethe considera el color como un “dilución” de la luz; por ejemplo, al obstruir una parte de la luz blanca se produce el amarillo; al reducirla aún más, se supone que surge el rojo; y al retrasar aún más el paso libre del haz, obtenemos un color azul, que es lo más cercano a la oscuridad, o a la ausencia de luz. Hay verdad en esto; posee una simplicidad que satisfará a muchas mentes; con ella se pueden explicar muchos de los fenómenos del color: pero es insuficiente para interpretar varias de aquellas leyes a las que las otras teorías sí nos brindan alguna pista.
Newton pudo haberse dejado engañar por la analogía presentada entre los siete rayos del espectro y las notas de una octava. El número místico, siete, pudo haberse aferrado como una fibra de la red de la superstición al manto del gran filósofo; pero el ataque lanzado por Goethe contra la filosofía newtoniana revela el triste hecho de que él padecía de la lamentable debilidad de demasiadas mentes elevadas: un excesivo orgullo.
La polarización de la luz, como desafortunadamente se la ha llamado —desafortunadamente, ya que transmite la idea de puntos o polos determinados y diferentes, que solo existen en una analogía hipotética— nos presenta una clase de fenómenos que prometen abrir las misteriosas puertas de la constitución molecular de los cuerpos.
Esta notable condición, producida por la reflexión de la luz en el vidrio desde un ángulo específico, fue observada por primera vez por Malus en 1808,[99] cuando se entretenía observando los haces del sol poniente, reflejados desde las ventanas del Palacio de Luxemburgo a través de un prisma de doble refracción. Observó que cuando el prisma estaba en una posición determinada, las ventanas…
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Se podían ver sus rayos dorados; pero al girar un cuarto de círculo desde esa posición, los rayos reflejados desaparecían, aunque las ventanas seguían siendo visibles. El fenómeno de la doble refracción fue observado, por primera vez, por Erasmus Bartholin, en el espato de Islandia, un cristal cuya forma primaria es un romboedro; él percibió que las dos imágenes producidas por este cuerpo no se encontraban en las mismas condiciones físicas.[100] También fue estudiado por Huygens y Sir Isaac Newton, y a nuestro compatriota le debemos la singular idea de que un rayo de luz que emerge de tal cristal tiene lados. Esta división del haz de luz en dos —que se observa al mirar a través de un agujerito en una tarjeta a través de un cristal de espato de Islandia, cuando se vuelven visibles dos agujeros— se debe a los diferentes estados de tensión en los que existen las distintas capas que componen el cristal. Al separar así el rayo de luz en dos rayos, se produce la condición llamada polarización, y mediante experimentos descubrimos que el rayo individual tiene propiedades diferentes de las del rayo compuesto o ordinario. Es algo difícil explicar qué se entiende por luz polarizada y cuáles son sus condiciones. Primero, veamos por qué métodos se puede lograr este estado peculiar. Si reflejamos un rayo de luz desde la superficie de cualquier cuerpo, líquido o sólido, pero no metálico, bajo un ángulo entre 53° y 68°, este sufre lo que se ha denominado polarización plana. También puede producirse por la refracción de la luz en varias superficies refractantes que actúan sucesivamente sobre el haz de luz; como en el caso de un conjunto de placas de vidrio. Cada superficie polariza una parte del haz, y la cantidad de placas necesarias para polarizar todo el haz depende de la intensidad del haz y del ángulo de incidencia. Así, la luz de una vela de cera se polariza completamente con cuarenta y siete placas de vidrio bajo un ángulo de 40° 41’; mientras que bajo un ángulo de 79° 11’, se polariza con ocho placas. Además, la polarización plana también puede producirse por la doble refracción de los cristales. Cada uno de los dos haces está polarizado, al igual que la luz reflejada desde el vidrio bajo un ángulo de 56° 45’, pero en planos opuestos. Los lectores no especializados seguirán preguntándose: ¿Qué es esta misteriosa condición de la luz que se produce por la reflexión y refracción bajo ángulos peculiares?
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Rayo incidente. Es uno de los problemas más difíciles de expresar en lenguaje popular. Sin embargo, las condiciones son estas:
Un rayo de luz ordinario se reflejará en una superficie reflectante bajo cualquier ángulo en que dicha superficie se encuentre con respecto al haz incidente.
Un rayo de luz polarizado no se refleja en todas las posiciones de la superficie reflectante.
Un rayo de luz ordinario se transmite libremente a través de un medio transparente, como el vidrio, independientemente de la posición en que se encuentre con respecto a la fuente de luz.
Un rayo de luz polarizado no se transmite en todas las posiciones del medio permeable.
Supongamos que una placa de vidrio está colocada en un ángulo de 56° con respecto a un rayo polarizado, y que el plano de incidencia o reflexión está perpendicular al plano de polarización del rayo; en ese caso no hay reflexión de luz. Si giramos la placa de vidrio 90°, cuando el plano de reflexión es paralelo al de polarización, la luz se refleja. Si giramos la placa otros 90°, de modo que el plano de reflexión y el de polarización sean paralelos entre sí, nuevamente no hay reflexión de luz; y si la giramos otros 90°, la reflexión del rayo vuelve a producirse.
Se produce exactamente el mismo resultado cuando, en lugar de reflejarse, el rayo polarizado se transmite.
Algunas sustancias tienen poderes de polarización peculiares: la turmalina es un ejemplo conocido. Si tomamos una lámina de turmalina y miramos a través de ella un haz de luz ordinario, lo veremos en cualquier posición en que coloquemos el medio transparente. Sin embargo, si miramos un haz de luz polarizada y giramos el cristal, observaremos que en dos posiciones la luz se detiene, y que en otras dos posiciones pasa libremente a través del cristal hasta llegar al ojo.
En un intento por comprender cuáles podrían ser las condiciones que determinan este estado tan misterioso, supongamos que cada rayo de luz vibra en dos planos perpendiculares entre sí: una onda vertical y otra horizontal. Tenemos muchos ejemplos de este movimiento compuesto. El mástil de un barco, debido a la fuerza con la que avanza a través del agua, describe una onda vertical, mientras que, debido al balanceo de las olas…
Un rayo de luz ordinario se reflejará en una superficie reflectante bajo cualquier ángulo en que dicha superficie se encuentre con respecto al haz incidente.
Un rayo de luz polarizado no se refleja en todas las posiciones de la superficie reflectante.
Un rayo de luz ordinario se transmite libremente a través de un medio transparente, como el vidrio, independientemente de la posición en que se encuentre con respecto a la fuente de luz.
Un rayo de luz polarizado no se transmite en todas las posiciones del medio permeable.
Supongamos que una placa de vidrio está colocada en un ángulo de 56° con respecto a un rayo polarizado, y que el plano de incidencia o reflexión está perpendicular al plano de polarización del rayo; en ese caso no hay reflexión de luz. Si giramos la placa de vidrio 90°, cuando el plano de reflexión es paralelo al de polarización, la luz se refleja. Si giramos la placa otros 90°, de modo que el plano de reflexión y el de polarización sean paralelos entre sí, nuevamente no hay reflexión de luz; y si la giramos otros 90°, la reflexión del rayo vuelve a producirse.
Se produce exactamente el mismo resultado cuando, en lugar de reflejarse, el rayo polarizado se transmite.
Algunas sustancias tienen poderes de polarización peculiares: la turmalina es un ejemplo conocido. Si tomamos una lámina de turmalina y miramos a través de ella un haz de luz ordinario, lo veremos en cualquier posición en que coloquemos el medio transparente. Sin embargo, si miramos un haz de luz polarizada y giramos el cristal, observaremos que en dos posiciones la luz se detiene, y que en otras dos posiciones pasa libremente a través del cristal hasta llegar al ojo.
En un intento por comprender cuáles podrían ser las condiciones que determinan este estado tan misterioso, supongamos que cada rayo de luz vibra en dos planos perpendiculares entre sí: una onda vertical y otra horizontal. Tenemos muchos ejemplos de este movimiento compuesto. El mástil de un barco, debido a la fuerza con la que avanza a través del agua, describe una onda vertical, mientras que, debido al balanceo de las olas…
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A través de la cual navega, se produce al mismo tiempo una ondulación lateral. A veces podemos observar lo mismo cuando un campo de maíz es agitado por un viento cambiante en un día ventoso.
La hipótesis, por lo tanto, es que cada rayo de luz ordinaria consta de dos rayos que vibran en planos diferentes; y que estos rayos, separados el uno del otro, tienen las condiciones físicas que llamamos polarización.
Los cuerpos más transparentes pueden considerarse como formados por átomos dispuestos en ciertos planos. Supongamos que el plano de laminación de cualquier sustancia está en posición vertical: parecería que el rayo que tiene un movimiento vertical lo atraviesa libremente, mientras que si giramos el cuerpo de modo que los planos de laminación estén perpendiculares al plano de vibración del rayo, este no puede pasar.
Que tiene lugar alguna acción similar a la que aquí se ha intentado expresar en lenguaje popular, queda demostrado por la corrección de los resultados deducidos mediante análisis matemáticos rigurosos basados en esta hipótesis.
Existen otras dos condiciones de la polarización de la luz: la polarización circular y la polarización elíptica. La primera se produce cuando la luz es reflejada dos veces desde la segunda superficie de los cuerpos, en su ángulo de polarización máxima; la segunda, por reflexiones en las superficies de los metales en ángulos que varían de 70° 45’ a 78° 30’. Se supone que el movimiento de la onda en el primer caso es circular, o es aquel que se representa al observar el centro de un tornillo de rosca mientras se gira. En cada giro del medio que produce la polarización circular, el color del rayo de luz cambia según un orden uniforme. Si se gira en una dirección, los colores cambian en orden rojo, naranja, amarillo, verde y violeta; y si se gira en la otra dirección, los colores aparecen en orden inverso.
La variedad de efectos sorprendentes producidos por la polarización de la luz; los resultados inesperados que han surgido de la investigación de las leyes que la rigen; y la singular belleza de muchos de sus fenómenos, la han convertido en uno de los temas más atractivos de la ciencia moderna.
La luz ordinaria pasa a través de los cuerpos transparentes sin producir efectos muy notables en su paso; pero este haz extraordinario de luz tiene la capacidad de infiltrarse entre las moléculas de los cuerpos, iluminándolas y dotándolas de toda clase de tonalidades prismáticas.
La hipótesis, por lo tanto, es que cada rayo de luz ordinaria consta de dos rayos que vibran en planos diferentes; y que estos rayos, separados el uno del otro, tienen las condiciones físicas que llamamos polarización.
Los cuerpos más transparentes pueden considerarse como formados por átomos dispuestos en ciertos planos. Supongamos que el plano de laminación de cualquier sustancia está en posición vertical: parecería que el rayo que tiene un movimiento vertical lo atraviesa libremente, mientras que si giramos el cuerpo de modo que los planos de laminación estén perpendiculares al plano de vibración del rayo, este no puede pasar.
Que tiene lugar alguna acción similar a la que aquí se ha intentado expresar en lenguaje popular, queda demostrado por la corrección de los resultados deducidos mediante análisis matemáticos rigurosos basados en esta hipótesis.
Existen otras dos condiciones de la polarización de la luz: la polarización circular y la polarización elíptica. La primera se produce cuando la luz es reflejada dos veces desde la segunda superficie de los cuerpos, en su ángulo de polarización máxima; la segunda, por reflexiones en las superficies de los metales en ángulos que varían de 70° 45’ a 78° 30’. Se supone que el movimiento de la onda en el primer caso es circular, o es aquel que se representa al observar el centro de un tornillo de rosca mientras se gira. En cada giro del medio que produce la polarización circular, el color del rayo de luz cambia según un orden uniforme. Si se gira en una dirección, los colores cambian en orden rojo, naranja, amarillo, verde y violeta; y si se gira en la otra dirección, los colores aparecen en orden inverso.
La variedad de efectos sorprendentes producidos por la polarización de la luz; los resultados inesperados que han surgido de la investigación de las leyes que la rigen; y la singular belleza de muchos de sus fenómenos, la han convertido en uno de los temas más atractivos de la ciencia moderna.
La luz ordinaria pasa a través de los cuerpos transparentes sin producir efectos muy notables en su paso; pero este haz extraordinario de luz tiene la capacidad de infiltrarse entre las moléculas de los cuerpos, iluminándolas y dotándolas de toda clase de tonalidades prismáticas.
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permitiendo al ojo detectar algo de la estructura de la masa. Los fenómenos cromáticos de la luz polarizada son tan sorprendentes, que ninguna descripción puede transmitir una idea adecuada de su carácter. Espectros más hermosos e intensos que la imagen prismática, sistemas de anillos que superan con creces a los de las placas delgadas, y formas de orden sumamente simétrico, se presentan constantemente cuando el rayo polarizado pasa a través de diversas sustancias transparentes; la trayectoria del rayo indica si el cristal se ha formado alrededor de un único núcleo o eje, o si ha sido producido por agregación alrededor de dos ejes. Los anillos coloreados y las cruces oscuras o luminosas que distinguen la trayectoria del rayo polarizado se deben respectivamente a diferentes estados de tensión entre las partículas, aunque esas diferencias son tan sutiles que no existe otro medio lo suficientemente delicado para detectar la variación. La poesía que rodea a estas condiciones, en todos los sentidos misteriosas, del haz solar es tal, que con dificultad la imaginación puede ser restringida por las estrictas exigencias de la verdad. Los usos de esta propiedad peculiar en grandes fenómenos naturales aún no nos son conocidos; pero, dado que encontramos a nuestro alrededor las condiciones naturales para separar así el haz de luz y lograr su polarización, seguramente existe algún propósito sumamente importante para el cual fue concebida por Aquel que dijo: “Que haya luz”. No debe olvidarse que contamos con medios para demostrar que los fenómenos cromáticos de la luz polarizada se deben a la disposición atómica. Al alterar la disposición molecular de los cuerpos transparentes, ya sea por calor o por simple presión mecánica, la tensión o deformación desigual de las partículas se indica de inmediato mediante el rayo polarizado de luz y sus anillos de color. Las diferencias en la constitución química de los cuerpos, demasiado sutiles para ser descubiertas por cualquier otro método de análisis, pueden ser detectadas con gran facilidad y precisión por este investigador luminoso de las fuerzas moleculares.[101] Aunque no podemos examinar todas las condiciones involucradas en la polarización y en la acción de la materia sobre la luz ordinaria, será fácil comprender, a partir de lo ya expuesto, que se indican algunas propiedades sumamente importantes, además de aquellas que la ciencia ha hecho conocer.
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Casi toda sustancia en la naturaleza, en una posición determinada, parece tener la capacidad de producir este cambio en el rayo solar, como se puede demostrar satisfactoriamente examinándolas con un aparato polarizador.[102] El cielo proporciona luz polarizada en todo momento; esta luz es más intensa donde está azul y despejado, y el punto de máxima polarización varía según la posición relativa del sol y del observador. El conocimiento de este hecho ha llevado a la construcción de un “Reloj Solar”,[103] con el cual se puede determinar fácilmente la hora examinando el estado de polarización del cielo. Se ha afirmado que los cambios químicos en las placas de daguerrotipo y en los papeles fotográficos se producen más fácilmente por la luz polarizada que por los rayos solares ordinarios.[104] Si este hecho se confirma mediante investigaciones futuras, daremos un paso más hacia el descubrimiento tan anhelado de su papel en los procesos naturales. Las investigaciones refinadas y precisas del Dr. Faraday destacan entre aquellas que podrán liberar a nuestra época de la acusación de ser superficial; y, a lo largo de los tiempos, serán consideradas ejemplos ilustres de la influencia del amor a la verdad por sí misma, con total independencia del valor comercial, que lamentablemente ha sido demasiado frecuente tomar en cuenta. El examen minucioso realizado por este “intérprete de la naturaleza” de los fenómenos eléctricos en todas sus formas le ha permitido averiguar qué tipo de relación, si es que existe alguna, existe entre este gran agente natural y el principio luminoso. Al emplear ese analizador sutil que es el rayo polarizado, el Dr. Faraday ha podido detectar y mostrar efectos de carácter realmente sorprendente. Ha demostrado que el magnetismo tiene la capacidad de influir en un rayo de luz al pasar a través de cuerpos transparentes. Un rayo polarizado se hace pasar a través de un trozo de vidrio o un cristal, o a lo largo de un tubo lleno de algún líquido transparente, y se observa cuidadosamente la línea de su trayectoria; si, al hacerlo, el cuerpo sólido o líquido se somete a una fuerte influencia magnética, como la que podemos generar haciendo circular una corriente voltaica muy potente alrededor de una barra de hierro blando, se descubrirá que la luz polarizada se ve perturbada; de hecho, ya no penetra en el medio por la misma línea.[105] Este efecto se observa de manera más marcada en cuerpos de mayor densidad, y disminuye en los líquidos, cuyas partículas pueden moverse fácilmente unas sobre otras; hasta ahora no se ha observado en ningún medio gaseoso. Por lo tanto, surge la pregunta: ¿actúa el magnetismo directamente sobre el rayo?
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¿De la luz, o solo de forma indirecta, mediante la producción de un cambio molecular en el cuerpo por el que pasa el rayo? Esta pregunta, tan importante por sus implicaciones en la relación entre las grandes fuerzas físicas, sin duda recibirá pronto una respuesta satisfactoria. Un medio es necesario para la producción del efecto, y a medida que aumenta la densidad del medio, este efecto se intensifica: por lo tanto, parece deberse a una perturbación causada por la fuerza magnética de las partículas que constituyen el medio utilizado. Sin querer generalizar demasiado aprisa, no podemos evitar expresar una sensación —que en nuestra mente equivale a una certeza— de que aquellas manifestaciones de poder luminoso relacionadas con los fenómenos del magnetismo terrestre, tan evidentes en todas las circunstancias que acompañan la aparición de la Aurora Boreal, así como aquellas nubes luminosas que a menudo se observan independientemente de las Luces del Norte, indican que existe una relación muy estrecha entre las radiaciones solares y ese poder que de manera tan extraña confiere polaridad a nuestro planeta. En relación con el misterioso tema de la luz solar, es importante que dediquemos un breve espacio en estas páginas a los fenómenos de la visión, que dependen directamente de la radiación luminosa. El ojo humano ha sido acertadamente llamado “la obra maestra del mecanismo divino”; su estructura es compleja, pero todos los ajustes de sus partes son tan simples como perfectos. El globo ocular consta de cuatro capas. La córnea es la capa transparente que se encuentra en la parte frontal del globo ocular; es la primera superficie óptica, y está unida a la membrana esclerótica, ocupando la abertura circular en el blanco del ojo. La capa coroidea es una membrana muy delicada que recubre la esclerótica y está cubierta por un pigmento perfectamente negro en su interior. Cercana a esta se encuentra la membrana más delicadamente reticulada: la retina, que en realidad es una extensión del nervio óptico. Estas capas contienen tres humores: el humor acuoso, el vítreo y el cristalino. En cuanto a sus disposiciones mecánicas más superficiales, el ojo presenta exactamente las mismas características que una cámara oscura: la córnea y el cristalino reciben las imágenes de los objetos, refractándolas e invirtiéndolas. Pero ¡cuán infinitamente más hermosas son todas las disposiciones del órgano de la visión que la oscura cámara de Baptista Porta![106] Los humores del ojo sirven para corregir las aberraciones de la luz, que son tan evidentes en
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lentes comunes, y para darle al conjunto un carácter acromático. Tanto la aberración esférica como la cromática se corrigen, esta última no por completo, y gracias a la acción de la córnea y del cristalino se proyectan imágenes perfectas en la retina, de manera similar a esas imágenes muy encantadoras que aparecen en la mesa de la cámara oscura. Se ha supuesto generalmente que el lugar de la visión es la retina; pero Mariotte demostró que la base del nervio óptico, que está conectada directamente con la retina, es incapaz de transmitir una impresión al cerebro. La capa coroidea, que se encuentra justo detrás de la retina, es considerada por Mariotte y Bernoulli como el lugar más probable de la visión. La retina, al ser transparente, no constituye obstáculo alguno para el paso de la luz hacia la superficie negra de la capa coroidea, desde donde, con toda probabilidad, las vibraciones se transmiten a la retina y luego al cerebro. No obstante, sobre una u otra de estas delicadas capas se imprime una imagen distinta mediante la luz, y la comunicación con el cerebro se produce posiblemente mediante una acción vibratoria. Podemos rastrear los fenómenos de la visión hasta este punto; podemos concebir ondulaciones de luz, que difieren en velocidad y longitud de onda, causando temblores correspondientes en el sistema nervioso del ojo; pero cómo estas vibraciones transmiten impresiones correctas de longitud, anchura y grosor, nadie hasta ahora se ha atrevido a explicarlo. Sin embargo, Herschel dijo acertadamente: “Es motivo de orgullo para la ciencia haber podido rastrear hasta aquí los refinados mecanismos de este órgano tan admirable; no es motivo de vergüenza encontrar algo aún oculto a la inspección; porque, por más que los anatomistas difieran en cuanto a la estructura, o los fisiólogos discutan sobre los modos de acción, hay algo en lo que comprendemos de la formación del ojo que es tan similar, y sin embargo tan infinitamente superior a un producto de la ingeniosidad humana; tal pensamiento, tal cuidado, tal refinamiento, tal aprovechamiento de las propiedades de los agentes naturales utilizados como meros instrumentos para lograr un fin determinado, nos impone la convicción de una elección deliberada y un diseño premeditado, quizás más fuerte que cualquier otro invento que se encuentre ya sea en el arte o en la naturaleza, y hace que su estudio sea un objeto de gran interés”.[107] ¿Se ha preguntado alguna vez el lector por qué, teniendo dos ojos y, por consiguiente, dos imágenes producidas en las tablas visuales, solo vemos un objeto? Según la ley de la dirección visible, todos los rayos
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Al pasar a través de las lentes cristalinas, los rayos de luz se convergen en un único punto sobre la retina. Y como las dos imágenes son idénticas, solo pueden producir en el cerebro la sensación de una sola imagen. Cuando miramos cualquier objeto redondo, como la lámpara decorada que tenemos delante, primero con un ojo y luego con el otro, descubrimos que, con el ojo derecho, vemos la mayor parte del lado derecho de la lámpara, y con el ojo izquierdo, más del lado izquierdo. Estas dos imágenes se combinan y así vemos un objeto que sabemos que es redondo. Esto se ilustra de manera muy interesante mediante el pequeño instrumento óptico llamado estereoscopio. Consiste ya sea en dos espejos colocados cada uno a un ángulo de 45°, o en dos lentes semicirculares cuyos lados curvos están orientados uno hacia el otro. Para observar sus fenómenos, se obtienen dos imágenes de cualquier objeto mediante la cámara oscura sobre papel fotográfico, en dos posiciones correspondientes a las condiciones de visión con los dos ojos. Mediante los espejos o las lentes, estas imágenes diferentes se combinan dentro del ojo, y así se produce la visión de un objeto realmente sólido a partir de las imágenes representadas en una superficie plana. De ahí el nombre del instrumento: “Veo lo sólido”. La analogía suele ser de gran utilidad para indicar la dirección en la que buscar una verdad; pero las pruebas basadas en analogías, a menos que la similitud sea muy evidente, deben ser tomadas con precaución. La humanidad tiende demasiado a sacar conclusiones sin el esfuerzo necesario para comprender fielmente la verdad; por eso, con demasiada frecuencia se aprovechan unos pocos puntos de similitud para llegar a inferencias que pueden engañar. Existe la idea de que los fenómenos del sonido están relacionados con los del luz; de que existe una similitud entre las escalas cromáticas y las diatónicas. Sabemos que el sonido se transmite por el movimiento de las partículas materiales —el aire— sobre la membrana auditiva del oído, partículas que han sido puestas en movimiento por alguna perturbación distante en el medio a través del cual se propaga el sonido. Se ha supuesto que la luz actúa sobre el nervio óptico de la misma manera. Si imaginamos que el color es el resultado de vibraciones de diferentes velocidades y longitudes, podemos entender que, bajo ciertas de estas vibraciones, que primero se producen en los nervios y luego se transmiten al cerebro, pueden surgir sensaciones de dolor o placer, de la misma manera que los sonidos agudos o suaves resultan desagradables o no. Los cuerpos de colores intensos…
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Se puede causar una impresión en hombres perfectamente ciegos; y aquellos que, al nacer ya ciegos, no conocen ninguna condición de luz ni color, podrán distinguir la diferencia entre medios rojos y amarillos fuertemente iluminados. Cuando los ojos están cerrados, somos sensibles a la influencia lumínica e incluso a las diferencias de color. Por lo tanto, debemos deducir que la luz produce alguna acción peculiar sobre el sistema nervioso en general; esto puede depender o no de la acción química de las radiaciones solares; pero ciertamente esa excitación no se debe a ninguna influencia calórica. El sistema nervioso del ojo está organizado de manera más delicada y, por supuesto, está especialmente adaptado a todas las necesidades de la visión.
Hasta ahora parece existir cierta analogía entre la luz y el sonido; pero los fenómenos relacionados con la luz son mucho más refinados que los del sonido: las impresiones que se generan son de carácter mucho más complejo, por lo que no debemos dejarnos llevar demasiado por estas similitudes al considerar la luz, al igual que el sonido, como mero movimiento material.
Fue una idea hermosa pensar que las verdaderas impresiones de los objetos externos se forman en el lugar donde se produce la visión, y que estas son percibidas, como en una imagen, por algo detrás de la “pantalla”; que estas imágenes quedan inactivas, pero pueden ser revividas por las operaciones de la mente en condiciones especiales. Pero solo podemos considerarlo como una especulación filosófica de carácter poético, cuya verdad o falsedad nunca podremos determinar.[108]
Lo que ve nunca será visible en sí mismo. El principio secreto de la sensación, el misterio de la vida que hay en nosotros, nunca será revelado a las mentes finitas.
Se han realizado numerosos experimentos a lo largo del tiempo sobre la influencia de la luz en la vida animal. Se ha demostrado que la excitación causada por los rayos solares es excesiva para el crecimiento saludable de los animales jóvenes; pero, al mismo tiempo, parece probable que el desarrollo de los órganos funcionales de los animales requiera, de alguna manera, la influencia de los rayos solares. De hecho, esto podría deducirse del hecho de que la vida animal cesa en situaciones en las que la luz está completamente ausente. El caso del Proteus de los lagos ilirios podría contradecir esta conclusión. Esta criatura extraordinaria se encuentra en las profundidades oscuras de las rocas calcáreas de Adelsburg, en Sittich; también se dice que existe en Sicilia y en…
Hasta ahora parece existir cierta analogía entre la luz y el sonido; pero los fenómenos relacionados con la luz son mucho más refinados que los del sonido: las impresiones que se generan son de carácter mucho más complejo, por lo que no debemos dejarnos llevar demasiado por estas similitudes al considerar la luz, al igual que el sonido, como mero movimiento material.
Fue una idea hermosa pensar que las verdaderas impresiones de los objetos externos se forman en el lugar donde se produce la visión, y que estas son percibidas, como en una imagen, por algo detrás de la “pantalla”; que estas imágenes quedan inactivas, pero pueden ser revividas por las operaciones de la mente en condiciones especiales. Pero solo podemos considerarlo como una especulación filosófica de carácter poético, cuya verdad o falsedad nunca podremos determinar.[108]
Lo que ve nunca será visible en sí mismo. El principio secreto de la sensación, el misterio de la vida que hay en nosotros, nunca será revelado a las mentes finitas.
Se han realizado numerosos experimentos a lo largo del tiempo sobre la influencia de la luz en la vida animal. Se ha demostrado que la excitación causada por los rayos solares es excesiva para el crecimiento saludable de los animales jóvenes; pero, al mismo tiempo, parece probable que el desarrollo de los órganos funcionales de los animales requiera, de alguna manera, la influencia de los rayos solares. De hecho, esto podría deducirse del hecho de que la vida animal cesa en situaciones en las que la luz está completamente ausente. El caso del Proteus de los lagos ilirios podría contradecir esta conclusión. Esta criatura extraordinaria se encuentra en las profundidades oscuras de las rocas calcáreas de Adelsburg, en Sittich; también se dice que existe en Sicilia y en…
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Las cuevas de mamuts de Kentucky. Sir Humphry Davy describe al Proteus anguinus como “un animal para el cual la presencia de luz no es esencial, y que puede vivir indiferentemente en el aire y en el agua, en la superficie de las rocas o en las profundidades del barro”. Sin embargo, las características geológicas de las rocas hacen extremadamente probable que estos animales hayan descendido con el agua, filtrándose a través de fisuras desde muy cerca de la superficie del suelo. Todos los hechos de los que la ciencia nos ha hecho partícipes —y tanto las ciencias naturales como las físicas han trabajado con gran esfuerzo incansable en la búsqueda de la verdad— demuestran que la luz es absolutamente necesaria para la organización de los seres vivos. Es posible que la influencia de las radiaciones solares se extienda más allá de las capacidades de los sentidos humanos para detectar acciones luminosas o térmicas, y que, por consiguiente, pueda producirse un desarrollo de formas animales y vegetales donde el ojo humano no puede detectar luz alguna; y en tales condiciones, el Proteus podría surgir en sus moradas cavernosas, así como aquellas criaturas que viven enterradas en lo profundo del barro. Habremos de considerar más a fondo el papel probable de la luz cuando examinemos los fenómenos relacionados con las fuerzas vitales.
La luz es esencialmente necesaria para la vida vegetal; y a ella se debe la capacidad que tienen las plantas de separar el carbono del aire que respiran sus hojas y secretarlo dentro de sus tejidos con el fin de contribuir a su estructura leñosa. Sin embargo, dado que en la planta en crecimiento actúan simultáneamente varias fuerzas físicas con diferentes propósitos, los hechos notables relacionados con la química y fisiología vegetal se dejarán para un análisis aparte.
La capacidad de los rayos solares para producir en los cuerpos ese brillo peculiar que llamamos fosforescencia, y las curiosas condiciones bajo las cuales este fenómeno a veces se manifiesta, independientemente de la influencia directa del sol, constituyen un capítulo muy interesante en la ciencia de las fuerzas luminosas.
La fosforescencia de los animales está entre los fenómenos más sorprendentes de la naturaleza, y ello no deja de ser así debido a nuestra casi total ignorancia sobre su causa. Se han empleado muchas fantasías poéticas para describir a estas criaturas luminiscentes; y la imaginación ha encontrado razones por las cuales deberían estar dotadas de tales poderes extraordinarios. La lombriz de luz enciende su “lámpara” para atraer a su pareja a su nido, y los microorganismos luminosos del océano sirven para iluminar las profundidades insondables donde el sol…
La luz es esencialmente necesaria para la vida vegetal; y a ella se debe la capacidad que tienen las plantas de separar el carbono del aire que respiran sus hojas y secretarlo dentro de sus tejidos con el fin de contribuir a su estructura leñosa. Sin embargo, dado que en la planta en crecimiento actúan simultáneamente varias fuerzas físicas con diferentes propósitos, los hechos notables relacionados con la química y fisiología vegetal se dejarán para un análisis aparte.
La capacidad de los rayos solares para producir en los cuerpos ese brillo peculiar que llamamos fosforescencia, y las curiosas condiciones bajo las cuales este fenómeno a veces se manifiesta, independientemente de la influencia directa del sol, constituyen un capítulo muy interesante en la ciencia de las fuerzas luminosas.
La fosforescencia de los animales está entre los fenómenos más sorprendentes de la naturaleza, y ello no deja de ser así debido a nuestra casi total ignorancia sobre su causa. Se han empleado muchas fantasías poéticas para describir a estas criaturas luminiscentes; y la imaginación ha encontrado razones por las cuales deberían estar dotadas de tales poderes extraordinarios. La lombriz de luz enciende su “lámpara” para atraer a su pareja a su nido, y los microorganismos luminosos del océano sirven para iluminar las profundidades insondables donde el sol…
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Los rayos no pueden penetrar, para ayudar a sus monstruos en su búsqueda de presas. “La lámpara del amor —el faro—, el telégrafo de la noche, que brilla y marca, en el silencio de la oscuridad, el lugar designado para el encuentro de los amantes”[109] no es más que una hermosa ficción; pues la lombriz lumínica brilla en su estado infantil, en el de larva, y también cuando se encuentra en su estado adulto. De las profundidades oscuras del océano se puede afirmar con seguridad que no existe ninguna criatura organizada que viva o se mueva en ese silencio sepulcral y que necesite esta ayuda “mágica”. La ficción ha tomado frecuentemente sus creaciones de la ciencia. En estos casos, parece que la ciencia ha abusado de los derechos de la ficción. Las lombrices lumínicas (Lampyris noctiluca), como es bien sabido, tienen la capacidad de emitir desde sus cuerpos una hermosa luz azulblanca pálida, que brilla durante las horas nocturnas, como esferas de cristal. Según las observaciones de los naturalistas, estos insectos nunca emiten luz sin algún movimiento del cuerpo o de las patas; por lo tanto, parece que la fosforescencia depende de la acción nerviosa, regulada a voluntad por el insecto; ya que ciertamente tienen la capacidad de apagarla por completo. Si se aplasta a la lombriz lumínica y se frota con ella las manos o la cara, aparecen rayos luminosos similares a los producidos por el fósforo. Brillan con mucha más intensidad en gas oxígeno y óxido nitroso. ¿No podemos deducir de estos hechos que el proceso mediante el cual se produce esta luminosidad, sea cual sea, tiene una gran similitud con el de la respiración? Existen varias variedades de moscas y tres especies de escarabajos del género Elater que tienen la capacidad de emitir rayos luminosos. La gran mosca farol de Sudamérica es una de las más brillantes; un solo insecto emite suficiente luz como para permitir que una persona lea. En Surinam se encuentran numerosas especies de estos insectos, que a menudo iluminan el aire de manera notable. En algunos pantanos de Irlanda existe un gusano que emite una luz verde brillante; además, hay muchas otras criaturas que, bajo ciertas circunstancias, se vuelven luminosas en la oscuridad. Esto siempre depende de la vitalidad; ya que todos estos animales, al perder la vida, dejan de brillar. Al mismo tiempo, existen muchos ejemplos muy curiosos de fosforescencia en materia animal y vegetal muerta; el langostino, entre los crustáceos, y el bacalao, entre los peces, son ejemplos destacados; la madera en descomposición también emite mucha luz bajo ciertas condiciones atmosféricas. Este desarrollo de…
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La luz no parece depender en absoluto de la putrefacción; de hecho, a medida que avanza este proceso, la luminosidad disminuye. No podemos sino imaginar que esta luz se debe, en primer lugar, a la absorción directa por parte de la estructura corpuscular de esos cuerpos y a su fijación en dicha estructura, y que se desarrolla mediante la descomposición de las partículas bajo la influencia de nuestra atmósfera rica en oxígeno.
La tenue luz emitida por el fósforo en la oscuridad es bien conocida; y esto es evidentemente solo una especie de combustión lenta, una combinación del fósforo con el oxígeno del aire. Donde no hay oxígeno, el fósforo no brillará; su combustión en vapor de cloro o yodo es un fenómeno de carácter totalmente diferente al que estamos considerando ahora. Esta fosforescencia de la materia animal y vegetal ha sido considerada algo distinto de la combustión lenta del fósforo; pero, tras examinarla, se descubre que todas las condiciones químicas son las mismas, y ciertamente se debe a un cambio químico similar.
La sustancia luminosa del bacalao muerto puede separarse mediante una solución de sal común o de sulfato de magnesio; al concentrar estas soluciones, la luz desaparece; pero vuelve a emitirse cuando el líquido se diluye. Sin embargo, todo este tema está envuelto en el misterio de lo desconocido, aunque se trata de algo que está completamente dentro del alcance de cualquier observador diligente. La luz autogenerada del carbúnculo del romance se manifiesta en estos fenómenos extraordinarios.
La fosforescencia de algunas plantas y flores quizás no pertenezca al mismo orden que la que corresponde a cualquiera de las condiciones que hemos estado considerando. Parece deberse más bien a una absorción de luz y a su posterior liberación. Si se arranca un capuchino durante el día soleado y se lleva a una habitación oscura, el ojo, después de haber descansado un breve tiempo, podrá detectar la flor gracias a la luz que emiten sus hojas.
El siguiente ejemplo notable, junto con la explicación que de él da el poeta Goethe, es ilustrativo:—
“El 19 de junio de 1799, ya tarde en la noche, cuando el crepúsculo se convertía en una noche clara, mientras paseaba arriba y abajo por el jardín con un amigo, observamos muy claramente una apariencia similar a una llama cerca de la amapola oriental, cuyas flores se distinguen por su intenso color rojo. Nos acercamos al lugar y miramos atentamente las flores, pero…”
La tenue luz emitida por el fósforo en la oscuridad es bien conocida; y esto es evidentemente solo una especie de combustión lenta, una combinación del fósforo con el oxígeno del aire. Donde no hay oxígeno, el fósforo no brillará; su combustión en vapor de cloro o yodo es un fenómeno de carácter totalmente diferente al que estamos considerando ahora. Esta fosforescencia de la materia animal y vegetal ha sido considerada algo distinto de la combustión lenta del fósforo; pero, tras examinarla, se descubre que todas las condiciones químicas son las mismas, y ciertamente se debe a un cambio químico similar.
La sustancia luminosa del bacalao muerto puede separarse mediante una solución de sal común o de sulfato de magnesio; al concentrar estas soluciones, la luz desaparece; pero vuelve a emitirse cuando el líquido se diluye. Sin embargo, todo este tema está envuelto en el misterio de lo desconocido, aunque se trata de algo que está completamente dentro del alcance de cualquier observador diligente. La luz autogenerada del carbúnculo del romance se manifiesta en estos fenómenos extraordinarios.
La fosforescencia de algunas plantas y flores quizás no pertenezca al mismo orden que la que corresponde a cualquiera de las condiciones que hemos estado considerando. Parece deberse más bien a una absorción de luz y a su posterior liberación. Si se arranca un capuchino durante el día soleado y se lleva a una habitación oscura, el ojo, después de haber descansado un breve tiempo, podrá detectar la flor gracias a la luz que emiten sus hojas.
El siguiente ejemplo notable, junto con la explicación que de él da el poeta Goethe, es ilustrativo:—
“El 19 de junio de 1799, ya tarde en la noche, cuando el crepúsculo se convertía en una noche clara, mientras paseaba arriba y abajo por el jardín con un amigo, observamos muy claramente una apariencia similar a una llama cerca de la amapola oriental, cuyas flores se distinguen por su intenso color rojo. Nos acercamos al lugar y miramos atentamente las flores, pero…”
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No se podía percibir nada más, hasta que finalmente, al pasar y volver a pasar repetidamente, mientras los observábamos de reojo, logramos renovar su apariencia tantas veces como quisiéramos. Resultó ser un fenómeno fisiológico, y la supuesta coruscación no era más que el espectro de la flor en el color azul-verde complementario. El crepúsculo explica por qué el ojo se encuentra en un estado de perfecto descanso, y por lo tanto muy susceptible; además, el color del amapola es lo suficientemente intenso en el crepúsculo estival de los días más largos como para actuar con pleno efecto y producir una imagen complementaria.[110]
Se dice que las hojas de la œnothera macrocarpa emiten luz fosfórica cuando el aire está altamente cargado de electricidad. Se ha observado que los hongos de los campos de olivos de Montpelier son luminosos por la noche; pero se dice que no emiten luz, ni siquiera en la oscuridad, durante el día. Los pasadizos subterráneos de las minas de carbón cerca de Dresde se iluminan con la luz fosforescente del rhizomorpha phosphoreus, un hongo peculiar. En las hojas de la palma Pindoba crece una especie de hongo que es extremadamente luminoso por la noche; además, muchas variedades de líquenes, que se extienden por los techos de las cuevas, les confieren un aire de encanto gracias a la luz suave y clara que difunden. En una pequeña cueva cerca de Penryn abunda un musgo luminoso; también se encuentra en las minas de Hesse. Según Heinzmann, el rhizomorpha subterranea y el aidulæ también son fosforescentes.
Hace poco tiempo se envió a este país una planta que abunda en las selvas de la región de Madura, en las Indias Orientales; aunque estaba muerta, era notablemente fosforescente. Cuando estaba viva, la luz que emitía era extraordinariamente vívida, iluminando el suelo a cierta distancia. Esos efectos notables pueden deberse, en algunos casos, a la separación de hidrógeno fosfuroso de la materia en descomposición, y, en otros, a alguna manifestación eléctrica peculiar.
La fosforescencia del mar, o esa condición que los pescadores denominan “brimy”, cuando la superficie, al ser golpeada por un remo o por las hélices de un barco de vapor, emite grandes cantidades de luz, se ha atribuido a la presencia de miríadas de insectos diminutos que tienen la capacidad de emitir luz cuando son irritados. La nereis nocturna (Nereis noctiluca) emite una luz de gran brillo, al igual que varios tipos de moluscos. Las nereidas se adhieren a las escamas de los peces, y así con frecuencia los hacen…
Se dice que las hojas de la œnothera macrocarpa emiten luz fosfórica cuando el aire está altamente cargado de electricidad. Se ha observado que los hongos de los campos de olivos de Montpelier son luminosos por la noche; pero se dice que no emiten luz, ni siquiera en la oscuridad, durante el día. Los pasadizos subterráneos de las minas de carbón cerca de Dresde se iluminan con la luz fosforescente del rhizomorpha phosphoreus, un hongo peculiar. En las hojas de la palma Pindoba crece una especie de hongo que es extremadamente luminoso por la noche; además, muchas variedades de líquenes, que se extienden por los techos de las cuevas, les confieren un aire de encanto gracias a la luz suave y clara que difunden. En una pequeña cueva cerca de Penryn abunda un musgo luminoso; también se encuentra en las minas de Hesse. Según Heinzmann, el rhizomorpha subterranea y el aidulæ también son fosforescentes.
Hace poco tiempo se envió a este país una planta que abunda en las selvas de la región de Madura, en las Indias Orientales; aunque estaba muerta, era notablemente fosforescente. Cuando estaba viva, la luz que emitía era extraordinariamente vívida, iluminando el suelo a cierta distancia. Esos efectos notables pueden deberse, en algunos casos, a la separación de hidrógeno fosfuroso de la materia en descomposición, y, en otros, a alguna manifestación eléctrica peculiar.
La fosforescencia del mar, o esa condición que los pescadores denominan “brimy”, cuando la superficie, al ser golpeada por un remo o por las hélices de un barco de vapor, emite grandes cantidades de luz, se ha atribuido a la presencia de miríadas de insectos diminutos que tienen la capacidad de emitir luz cuando son irritados. La nereis nocturna (Nereis noctiluca) emite una luz de gran brillo, al igual que varios tipos de moluscos. Las nereidas se adhieren a las escamas de los peces, y así con frecuencia los hacen…
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Excepcionalmente luminosos. Algunos de los crustáceos poseen la misma propiedad notable; los naturalistas del Zaire capturaron doce especies diferentes de cangrejo en el Golfo de Guinea.[111] El cangrejo fulgens, descubierto por Sir Joseph Banks, es capaz de iluminar todo su cuerpo y emite destellos de luz vivos. Muchas de las medusas también exhiben una fuerte fosforescencia.[112] Estas criaturas noctilúcidas son, en muchos casos, extremadamente pequeñas; se pueden encontrar varios miles en una taza de agua de mar. Flotan cerca de la superficie en innumerables cantidades, y cuando se perturban emiten destellos brillantes, dejando a menudo una estela de luz detrás de ellas.[113] Mediante examen microscópico no se ha podido determinar ningún otro hecho aparte de que estos seres diminutos contienen un líquido que, al ser exprimido, deja una línea de luz sobre la superficie del agua. La aparición de estas criaturas ocurre casi siempre en vísperas de algún cambio climático, lo cual nos lleva a suponer que sus fenómenos luminosos deben estar relacionados con una excitación eléctrica; y al respecto, las investigaciones del Sr. C. Peach, de Fowey, presentadas ante la Asociación Británica en Birmingham, ofrecen las pruebas más satisfactorias que hemos obtenido hasta ahora.
Benvenuto Cellini dio una descripción curiosa de un carbunclo que brillaba con gran intensidad en la oscuridad.[114] Lo mismo se ha dicho del diamante; pero parece necesario calentar primero los minerales cerca del fuego para que produzcan estas emisiones de luz. De esto se puede deducir que la apariencia luminosa es de carácter similar al de la fluorita y de numerosos otros minerales terrosos, que, al estar expuestos al calor, fosforescen con gran brillo. La luz fosforescente también puede ser provocada en cuerpos similares mediante electricidad, como lo señaló por primera vez el padre Beccaria y lo confirmó el Sr. Pearsall.[115] Hay que recordar que estos efectos son distintos de la chispa eléctrica que se produce al romper azúcar blanca en la oscuridad o al raspar sulfuro de zinc.
En los ejemplos citados no es necesaria necesariamente ninguna exposición a la luz solar. Es probable que en los casos mencionados estén involucrados dos, si no tres, fenómenos distintos, y que todos ellos sean diferentes de la fosforescencia animal o de la apariencia luminosa de las plantas. Sin embargo, demuestran sin duda que la luz puede volverse latente, o que es simplemente una condición de la materia, en la cual puede manifestarse mediante cualquier perturbación de las fuerzas moleculares. Para responder a esto, contamos con pruebas muy claras de que algunos cuerpos obtienen esta propiedad de
Benvenuto Cellini dio una descripción curiosa de un carbunclo que brillaba con gran intensidad en la oscuridad.[114] Lo mismo se ha dicho del diamante; pero parece necesario calentar primero los minerales cerca del fuego para que produzcan estas emisiones de luz. De esto se puede deducir que la apariencia luminosa es de carácter similar al de la fluorita y de numerosos otros minerales terrosos, que, al estar expuestos al calor, fosforescen con gran brillo. La luz fosforescente también puede ser provocada en cuerpos similares mediante electricidad, como lo señaló por primera vez el padre Beccaria y lo confirmó el Sr. Pearsall.[115] Hay que recordar que estos efectos son distintos de la chispa eléctrica que se produce al romper azúcar blanca en la oscuridad o al raspar sulfuro de zinc.
En los ejemplos citados no es necesaria necesariamente ninguna exposición a la luz solar. Es probable que en los casos mencionados estén involucrados dos, si no tres, fenómenos distintos, y que todos ellos sean diferentes de la fosforescencia animal o de la apariencia luminosa de las plantas. Sin embargo, demuestran sin duda que la luz puede volverse latente, o que es simplemente una condición de la materia, en la cual puede manifestarse mediante cualquier perturbación de las fuerzas moleculares. Para responder a esto, contamos con pruebas muy claras de que algunos cuerpos obtienen esta propiedad de
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Los rayos solares. El fósforo de Canton, que es un sulfuro de calcio, seguirá emitiendo luz durante algún tiempo después de ser expuesto al sol, incluso una vez llevado a la oscuridad; lo mismo ocurre con la piedra de Bolonia, que es un sulfuro de bario. Este efecto parece deberse a una clase específica de rayos solares; ya que se ha descubierto que, si estos sulfuros se extienden uniformemente sobre papel y se exponen durante un breve período a la influencia del espectro solar, y luego se examinan en la oscuridad, aparecen zonas luminosas que corresponden exactamente a los rayos más refractables, o aquellos que provocan cambios químicos. No hay que olvidar un hecho muy notable: los rayos oscuros del espectro, más allá del violeta, producen una fosforescencia intensa, la cual se apaga por la acción de los rayos menos refractables, es decir, los rayos térmicos; mientras que el calor artificial, como el de un hierro caliente, provoca un aumento considerable en el efecto fosforescente.[116] No es improbable que los rayos fluorescentes del señor Stokes estén relacionados de alguna manera con la aparición de estos fenómenos de fosforescencia; sin embargo, se necesitan experimentos para demostrarlo.
En estos fenómenos relacionados existen efectos que evidentemente dependen de causas diferentes. La fosforescencia de los animales vivos se debe, sin duda, a la excitación nerviosa; la de las plantas vivas, a la influencia lumínosa del sol; y en el caso de los musgos de las cuevas, etc., a la acción química de los rayos solares, que parecen ser capaces de transmitir energía. En la materia orgánica muerta, la luz se genera por una acción puramente química; en los cuerpos inorgánicos, existe una estructura molecular especial que permite la absorción de luz.
Este es uno de los temas más difíciles de abordar; la “antorcha de la ciencia” es demasiado tenue como para permitirnos ver las causas que generan estos efectos maravillosos. La investigación conduce, hasta cierto punto, a la comprensión de muchos de los secretos relacionados con la acción lumínica; y la determinación de si la luz es una emisión proveniente del sol, o simplemente un principio sutil difundido por toda la materia y estimulado por la influencia solar, está estrechamente relacionada con esta investigación.
Se ha afirmado que la materia es necesaria para la generación de luz; que no se produciría ningún efecto luminoso sin su presencia. Pero no solo no tenemos pruebas de esto, sino que las evidencias que tenemos van en contra de esta afirmación. En el vacío más perfecto no hay pérdida de luz.
En estos fenómenos relacionados existen efectos que evidentemente dependen de causas diferentes. La fosforescencia de los animales vivos se debe, sin duda, a la excitación nerviosa; la de las plantas vivas, a la influencia lumínosa del sol; y en el caso de los musgos de las cuevas, etc., a la acción química de los rayos solares, que parecen ser capaces de transmitir energía. En la materia orgánica muerta, la luz se genera por una acción puramente química; en los cuerpos inorgánicos, existe una estructura molecular especial que permite la absorción de luz.
Este es uno de los temas más difíciles de abordar; la “antorcha de la ciencia” es demasiado tenue como para permitirnos ver las causas que generan estos efectos maravillosos. La investigación conduce, hasta cierto punto, a la comprensión de muchos de los secretos relacionados con la acción lumínica; y la determinación de si la luz es una emisión proveniente del sol, o simplemente un principio sutil difundido por toda la materia y estimulado por la influencia solar, está estrechamente relacionada con esta investigación.
Se ha afirmado que la materia es necesaria para la generación de luz; que no se produciría ningún efecto luminoso sin su presencia. Pero no solo no tenemos pruebas de esto, sino que las evidencias que tenemos van en contra de esta afirmación. En el vacío más perfecto no hay pérdida de luz.
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puede producirse por cualquier medio artificial, lo cual debería ser el caso si la materia estuviera involucrada en los fenómenos de la luz como causa. El color es sin duda una propiedad regulada por los cuerpos materiales; o más bien, la presencia de materia es necesaria para la producción del color. El gas cloro es de un amarillo pálido, y el vapor de nitrógeno es de un rojo amarillento. Estos y uno o dos otros vapores, que están cerca del punto de condensación en líquidos, son los únicos cuerpos gaseosos o vaporosos coloreados. El cielo es azul porque las partículas materiales de la atmósfera reflejan los rayos azules. Pero tenemos ilustraciones más prácticas que esta. La llama del hidrógeno al quemarse con oxígeno emite apenas luz; si se deja que incida sobre cal, una parte de ella es arrastrada por el calor de la llama, y se produce la luz artificial más intensa que conocemos. Solo el gas hidrógeno produce una llama en la que faltan casi todos los rayos excepto los azules: si se coloca en ella un pincel de acero o de amianto, muchos de los demás rayos se generan de inmediato. Una lámpara Argand, y más concretamente la lámpara en la que se quema alcanfora —una trementina purificada—, produce una llama que emite la mayor parte de los rayos que se encuentran en la luz solar. El espíritu de vino mezclado con agua, calentado e inflamado, solo emite rayos amarillos; al añadir nitrato de estroncio, estos se vuelven rojos; pero al mezclar nitrato de bario con el líquido, pasan a ser verdes y amarillos; las sales de cobre producen finos rayos azules, y la sal común, rayos intensamente amarillos. Muchos de estos rayos coloreados y otros pueden producirse con gran intensidad mediante el uso de diversos cuerpos sólidos introducidos en la llama. Esto no ha sido suficientemente señalado por los autores; pero está claro, según los experimentos, que la luz necesita la presencia de materia para poder difundir sus glorias coloreadas. ¿Cómo es posible que la llama de oxígeno e hidrógeno emita tan poca luz, y que, con la presencia de un cuerpo sólido, irrumpa en tal torrente de brillo? La producción de luz artificial por medios eléctricos y químicos necesariamente será tratada bajo sus respectivos encabezados. Existen numerosos fenómenos que se relacionan con la capacidad luminosa, o parecen hacerlo, los cuales, en el estado actual de nuestros conocimientos, no pueden ser abordados de inmediato. Nos vemos obligados a reservar nuestro espacio limitado para aquellos campos de la ciencia que podemos relacionar con las grandes operaciones naturales que ocurren constantemente a nuestro alrededor. Sin embargo, muchos de estos resultados más abstractos recibirán alguna mención incidental cuando examinemos el efecto de las fuerzas físicas combinadas sobre la materia.
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Vemos en la luz un principio que, si bien no tiene su origen en el sol, ciertamente depende de ese astro para sus manifestaciones y poderes. Desde esa “fuente de luz”, este principio llega hasta nosotros a una velocidad que casi se acerca a la rapidez del propio pensamiento; sin embargo, gracias a los avances de la ciencia, hemos podido medir su velocidad con la mayor precisión. El inmortal poeta de nuestra tierra y lengua, en sus creaciones de Ariel, ese “espíritu astuto” que podía deslizarse como música sobre las aguas, y del fantástico Puck, que podía rodear la Tierra en treinta minutos, parece haber alcanzado el punto más alto al que la mera imaginación podía llevar la mente humana en cuanto a los poderes de lo etéreo. La ciencia ha demostrado desde entonces al hombre que este “espíritu, espíritu sutil”, era lento en sus tareas y un simple trozo de materia, en comparación con las esencias sutiles que el hombre, como un Prospero más noble, ahora ha sometido para que le sirvan.
La luz es necesaria para la vida; el mundo era un caos muerto antes de su creación, y el desorden silencioso volvería a ser la consecuencia de su destrucción. Cada encanto que se extiende por este globo terráqueo depende directamente del poder luminoso. Los colores, y probablemente también las formas, son el resultado de la luz; sin duda, consecuencia de las radiaciones solares. Sabemos mucho sobre las misteriosas influencias de este gran agente, pero no sabemos nada sobre el principio en sí. El rayo solar ha sido sometido a pruebas mediante lentes prismáticas y cristales naturales; se ha probado contra él todo agente químico, y toda fuerza eléctrica en su estado más excitado se ha empleado para estudiar sus efectos, con el objetivo de descubrir los agentes terrenales más refinados; pero ha superado todas las pruebas sin revelar sus secretos, e incluso los efectos que produce a su paso siguen siendo problemas inexplicables que siguen poniendo a prueba la inteligencia humana.
Cada animal y cada planta declaran que la vida y la salud se deben a la luz; e incluso las formas cristalizadas de la materia inorgánica, al inclinarse hacia ella, confiesan su dominio absoluto. Desde el sol hasta cada planeta que gira alrededor de él, y hasta las estrellas más lejanas que brillan en la inmensidad del cielo, descubrimos este poder aún en todo su esplendor, otorgando belleza y orden a estas innumerables creaciones; no menos completamente que a esta pequeña isla del universo que llamamos Tierra. A través de toda forma de materia podemos percibir su poder, y en todas ellas, bajo ciertas condiciones, podemos hacer que brille y actúe. Sobre todo y a través de todo.
La luz es necesaria para la vida; el mundo era un caos muerto antes de su creación, y el desorden silencioso volvería a ser la consecuencia de su destrucción. Cada encanto que se extiende por este globo terráqueo depende directamente del poder luminoso. Los colores, y probablemente también las formas, son el resultado de la luz; sin duda, consecuencia de las radiaciones solares. Sabemos mucho sobre las misteriosas influencias de este gran agente, pero no sabemos nada sobre el principio en sí. El rayo solar ha sido sometido a pruebas mediante lentes prismáticas y cristales naturales; se ha probado contra él todo agente químico, y toda fuerza eléctrica en su estado más excitado se ha empleado para estudiar sus efectos, con el objetivo de descubrir los agentes terrenales más refinados; pero ha superado todas las pruebas sin revelar sus secretos, e incluso los efectos que produce a su paso siguen siendo problemas inexplicables que siguen poniendo a prueba la inteligencia humana.
Cada animal y cada planta declaran que la vida y la salud se deben a la luz; e incluso las formas cristalizadas de la materia inorgánica, al inclinarse hacia ella, confiesan su dominio absoluto. Desde el sol hasta cada planeta que gira alrededor de él, y hasta las estrellas más lejanas que brillan en la inmensidad del cielo, descubrimos este poder aún en todo su esplendor, otorgando belleza y orden a estas innumerables creaciones; no menos completamente que a esta pequeña isla del universo que llamamos Tierra. A través de toda forma de materia podemos percibir su poder, y en todas ellas, bajo ciertas condiciones, podemos hacer que brille y actúe. Sobre todo y a través de todo.
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La luz difunde su fuerza etérea y, en todas sus manifestaciones, revela poderes que bien podrían elevar la mente de Platón hasta la idea de un Dios omnisciente y omnipresente. Sin embargo, la ciencia, con su “varita mágica”, ha demostrado que la luz es en sí misma el efecto de una causa aún más elevada, a la cual no podemos llegar. De hecho, el estudio atento de las sutiles abstracciones de la ciencia eleva gradualmente la mente desde la grosería de la materia hacia las sutilezas de lo inmaterial; allí aparecen, más allá de las fuerzas físicas que el hombre puede comprobar y probar, otros poderes que siguen ascendiendo, hasta alcanzar la Fuente de todo bien y de todo don perfecto.
NOTAS AL PIE:
[84] “Estos —oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbono— son, de hecho, los cuatro elementos que, animados por el fuego del sol, verdadera antorcha de Prometeo, se convierten en los agentes eternos de la organización, de la sensación, del movimiento y del pensamiento en la Tierra”. —Dumas, Leçons de Philosophie Chimique, p. 100. París, 1837.
[85] Al examinar cualquiera de las obras de los alquimistas —en particular las de Geber, De inveniendi arte Auri et Argenti y su De Alchemiâ; el Opus Majus o Alchymia Major de Roger Bacon; el Breve sobre el Becerro de Oro de Helvetius; o el Currus Triumphalis de Basil Valentine— se descubre que, en los procesos de transmutación, se consideraba que la luz solar era extraordinariamente eficaz. En El químico escéptico de Boyle también se encuentra esta misma idea. A pesar de todos sus errores, los alquimistas eran trabajadores incansables, y a ellos debemos numerosos conocimientos. Sobre ellos y sobre su época, en contraste con la nuestra, Gibbon comenta: “Acorde con la avaricia del corazón humano, se estudió en China, al igual que en Europa, con igual entusiasmo e igual éxito. La oscuridad de la Edad Media facilitó la aceptación de toda clase de historias maravillosas; y el renacimiento del saber dio nuevo impulso a la esperanza, además de sugerir artes de engaño aún más sofisticadas. La filosofía, con la ayuda de la experiencia, finalmente eliminó el estudio de la alquimia; y la época actual, por más que anhele riquezas, se conforma con buscarlas por medios más humildes como el comercio y la industria”. —Decline and Fall, vol. II, p. 137.
[86] Sobre estas dos teorías se pueden consultar los siguientes recursos: Young, Supplement to Encyclopædia Britannica, artículo Chromatics; Fresnel, Supplément à la Traduction Française de la 5ème édition du Traité de Chimie de Thomson, por Riffault, París, 1822; el artículo de Herschel sobre la luz en la Encyclopædia Metropolitana, y su traducción al francés por Quetelet y Verhulst; el tratado de Airy sobre la teoría ondulatoria, incluido en sus Tracts, 2ª edición, Cambridge, 1831.
NOTAS AL PIE:
[84] “Estos —oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbono— son, de hecho, los cuatro elementos que, animados por el fuego del sol, verdadera antorcha de Prometeo, se convierten en los agentes eternos de la organización, de la sensación, del movimiento y del pensamiento en la Tierra”. —Dumas, Leçons de Philosophie Chimique, p. 100. París, 1837.
[85] Al examinar cualquiera de las obras de los alquimistas —en particular las de Geber, De inveniendi arte Auri et Argenti y su De Alchemiâ; el Opus Majus o Alchymia Major de Roger Bacon; el Breve sobre el Becerro de Oro de Helvetius; o el Currus Triumphalis de Basil Valentine— se descubre que, en los procesos de transmutación, se consideraba que la luz solar era extraordinariamente eficaz. En El químico escéptico de Boyle también se encuentra esta misma idea. A pesar de todos sus errores, los alquimistas eran trabajadores incansables, y a ellos debemos numerosos conocimientos. Sobre ellos y sobre su época, en contraste con la nuestra, Gibbon comenta: “Acorde con la avaricia del corazón humano, se estudió en China, al igual que en Europa, con igual entusiasmo e igual éxito. La oscuridad de la Edad Media facilitó la aceptación de toda clase de historias maravillosas; y el renacimiento del saber dio nuevo impulso a la esperanza, además de sugerir artes de engaño aún más sofisticadas. La filosofía, con la ayuda de la experiencia, finalmente eliminó el estudio de la alquimia; y la época actual, por más que anhele riquezas, se conforma con buscarlas por medios más humildes como el comercio y la industria”. —Decline and Fall, vol. II, p. 137.
[86] Sobre estas dos teorías se pueden consultar los siguientes recursos: Young, Supplement to Encyclopædia Britannica, artículo Chromatics; Fresnel, Supplément à la Traduction Française de la 5ème édition du Traité de Chimie de Thomson, por Riffault, París, 1822; el artículo de Herschel sobre la luz en la Encyclopædia Metropolitana, y su traducción al francés por Quetelet y Verhulst; el tratado de Airy sobre la teoría ondulatoria, incluido en sus Tracts, 2ª edición, Cambridge, 1831.
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Powel, La teoría ondulatoria aplicada a la dispersión, etc., p. 184; Lloyd’s Lectures, Dublín, 1836–41; Cauchy, Sobre el movimiento de los cuerpos elásticos, Mémoires de l’Institut, 1827, vol. ix, p. 114; Teoría de la luz, Ibíd., vol. x, p. 293; M’Cullagh, Sobre la doble refracción, Ibíd., vol. xvi; Proposiciones geométricas aplicadas a la teoría ondulatoria de la luz, Ibíd., vol. xvii; Artículos de Sir David Brewster en las Transactions of the Royal Society of Edinburgh y en la Philosophical Magazine.
[87] Resultados de observaciones astronómicas realizadas durante los años 1834–38, en el Cabo de Buena Esperanza, etc. Por Sir John Herschel, Bart., K.H., D.C.L., F.R.S. —“Al contemplar lo infinito, tanto en número como en magnitud, nuestra mente siempre falla. Nos quedamos atónitos ante este poderoso espectro del espacio ilimitado, y la razón vacila bajo el peso de sus concepciones abrumadoras. Pero, al encontrarnos en la gran locomotora de nuestro sistema, destinado sin duda a completar al menos una vuelta por su curso etéreo, y al saber que no podemos avanzar aparentemente en nuestro viaje estelar, anhelamos con mayor fervor ese destino lejano al que nos acercamos constantemente sin posibilidad de llegar. Al sentir esta decepción y soportarla pacientemente, esforcémonos por comprender la gran verdad de la que proviene. No puede ocupar nuestra mente sin elevarla y mejorarla.”—Sir D. Brewster: North British Review.
[88] Para ejemplos de esto, consulte los Elementos de Química de Graham; el Manual de Química de Brande; o, de hecho, cualquier obra que trate sobre esta ciencia. La formación de tinta, al mezclar dos soluciones incoloras, una de ácido gálico y otra de sulfato de hierro, puede considerarse un ejemplo conocido.
[89] Sir John Herschel, en su artículo Sobre la acción química de los rayos del espectro solar sobre preparados de plata, señala que “puede parecer demasiado arriesgado buscar la causa de este fenómeno tan singular en una verdadera diferencia entre los agentes químicos de aquellos rayos que provienen de la parte central del disco solar, y aquellos que, emitiéndose desde sus bordes, han sido sometidos a la acción absorbente de una capa mucho más profunda de su atmósfera; y, sin embargo, debo confesar que me cuesta encontrar otra causa para ello. Sin embargo, basta con haber dado esta pista; solo diré que dispongo de otras pruebas, que creo decisivas (que se encontrarán en otro lugar), de la existencia de una atmósfera solar absorbente que se extiende más allá de la atmósfera luminosa. La anchura del borde, debo señalar, es pequeña, no superando el 0,5 o 1/7 del radio del sol, y esto, según las circunstancias del experimento, debe necesariamente estar sujeto a errores.”—Philosophical Transactions, 1840.
[90] Experimentos y observaciones sobre algunos casos de líneas en el espectro prismático, producidos por el paso de la luz a través de vapores y gases coloreados, y de ciertas llamas coloreadas. Por W. A. Miller, M.D., F.R.S., profesor de Química en el King’s College de Londres.—Philosophical Magazine, vol. xxvii.
[91] Informe sobre los moluscos y radiados del mar Egeo, y sobre su distribución, considerada desde el punto de vista geológico. Por Edward Forbes, F.R.S., etc.—Reports of the British Association, vol. xii. El profesor Forbes comenta: “Una comparación de los moluscos y otros animales de las zonas más profundas con los de las zonas superiores muestra una gran diferencia en los colores de las especies; los de las profundidades son, en su mayoría, blancos o incoloros, mientras que los de las zonas superiores…”
[87] Resultados de observaciones astronómicas realizadas durante los años 1834–38, en el Cabo de Buena Esperanza, etc. Por Sir John Herschel, Bart., K.H., D.C.L., F.R.S. —“Al contemplar lo infinito, tanto en número como en magnitud, nuestra mente siempre falla. Nos quedamos atónitos ante este poderoso espectro del espacio ilimitado, y la razón vacila bajo el peso de sus concepciones abrumadoras. Pero, al encontrarnos en la gran locomotora de nuestro sistema, destinado sin duda a completar al menos una vuelta por su curso etéreo, y al saber que no podemos avanzar aparentemente en nuestro viaje estelar, anhelamos con mayor fervor ese destino lejano al que nos acercamos constantemente sin posibilidad de llegar. Al sentir esta decepción y soportarla pacientemente, esforcémonos por comprender la gran verdad de la que proviene. No puede ocupar nuestra mente sin elevarla y mejorarla.”—Sir D. Brewster: North British Review.
[88] Para ejemplos de esto, consulte los Elementos de Química de Graham; el Manual de Química de Brande; o, de hecho, cualquier obra que trate sobre esta ciencia. La formación de tinta, al mezclar dos soluciones incoloras, una de ácido gálico y otra de sulfato de hierro, puede considerarse un ejemplo conocido.
[89] Sir John Herschel, en su artículo Sobre la acción química de los rayos del espectro solar sobre preparados de plata, señala que “puede parecer demasiado arriesgado buscar la causa de este fenómeno tan singular en una verdadera diferencia entre los agentes químicos de aquellos rayos que provienen de la parte central del disco solar, y aquellos que, emitiéndose desde sus bordes, han sido sometidos a la acción absorbente de una capa mucho más profunda de su atmósfera; y, sin embargo, debo confesar que me cuesta encontrar otra causa para ello. Sin embargo, basta con haber dado esta pista; solo diré que dispongo de otras pruebas, que creo decisivas (que se encontrarán en otro lugar), de la existencia de una atmósfera solar absorbente que se extiende más allá de la atmósfera luminosa. La anchura del borde, debo señalar, es pequeña, no superando el 0,5 o 1/7 del radio del sol, y esto, según las circunstancias del experimento, debe necesariamente estar sujeto a errores.”—Philosophical Transactions, 1840.
[90] Experimentos y observaciones sobre algunos casos de líneas en el espectro prismático, producidos por el paso de la luz a través de vapores y gases coloreados, y de ciertas llamas coloreadas. Por W. A. Miller, M.D., F.R.S., profesor de Química en el King’s College de Londres.—Philosophical Magazine, vol. xxvii.
[91] Informe sobre los moluscos y radiados del mar Egeo, y sobre su distribución, considerada desde el punto de vista geológico. Por Edward Forbes, F.R.S., etc.—Reports of the British Association, vol. xii. El profesor Forbes comenta: “Una comparación de los moluscos y otros animales de las zonas más profundas con los de las zonas superiores muestra una gran diferencia en los colores de las especies; los de las profundidades son, en su mayoría, blancos o incoloros, mientras que los de las zonas superiores…”
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Las regiones, en un gran número de casos, presentan combinaciones brillantes de colores.
Los resultados de una investigación sobre este tema son los siguientes:—
“La mayoría de las conchas de la zona más baja son blancas o transparentes; si su tono es rosado, muy pocas presentan marcas de otro color. En la séptima región, las especies blancas también son muy abundantes, aunque de ninguna manera constituyen una proporción tan grande como en la octava. El rojo parduzco, el tono predominante en los braquiópodos, también confiere un carácter cromático a la fauna de esta zona; los crustáceos que se encuentran allí son rojos. En la sexta zona los colores se vuelven más vivos, predominando los rojos y los amarillos; sin embargo, por lo general, la concha tiene un color uniforme. En la quinta región, muchas especies presentan bandas o manchas con diversas combinaciones de colores, y la cantidad de especies blancas ha disminuido considerablemente. En la cuarta, los tonos púrpuras son frecuentes, y los contrastes de color son comunes. En la segunda y tercera, se encuentran tonos verdes y azules, a veces muy vivos; pero las combinaciones de color más brillantes se observan en la zona litoral, así como los blancos más intensos.
“Los animales de Testacea y los Radiata de las zonas superiores tienen colores mucho más brillantes que los de las zonas inferiores, donde suelen ser blancos, sea cual sea el tono de su concha. Así, el género Trochus es un ejemplo de un grupo de formas que presentan, en su mayor parte, los tonos más brillantes tanto en la concha como en el animal; pero mientras que los animales de especies que habitan en la zona litoral presentan colores vivos y variados, los de las profundidades, aunque sus conchas están casi tan cubiertas de colores brillantes como las de sus parientes cercanos a la superficie, tienen, en su mayoría, un color amarillo o rojizo uniforme, o bien son completamente blancos. La causa principal de este aumento de intensidad del color a medida que ascendemos es, sin duda, la mayor cantidad de luz por encima de cierta profundidad.”—p. 172.
[92] Ἁμὸρφωτα. Sobre la dispersión epipólica de la luz, siendo un artículo titulado “Sobre un caso de color superficial producido por un líquido homogéneo e intrínsecamente incoloro”. De Sir J. F. W. Herschel, Bart, K.H., F.R.S., etc.—Un haz de luz epipolizado (es decir, un haz que ya ha pasado a través de una solución quinifera y ha sufrido su acción dispersiva) no puede volver a sufrir dispersión epipólica. Como prueba de esto, se puede citar el siguiente experimento:—
Se llenó un frasco de vidrio con una solución quinifera, y se sumergió verticalmente un trozo de vidrio plano en ella, de modo que quedara completamente cubierto y una de sus caras estuviera orientada directamente hacia la luz incidente. En esta situación, al observarlo casi perpendicularmente, de modo que la luz rozara muy oblicuamente ambas superficies, ni la cara anterior ni la posterior mostraron el más mínimo rastro de color epipólico. Ahora bien, la luz, al salir del vidrio sumergido, entró en el líquido en exactamente las mismas condiciones que aquella que, al atravesar la superficie anterior del frasco de vidrio, sufrió dispersión epipólica al entrar en el líquido. Por lo tanto, había perdido una propiedad que originalmente poseía, y no podía considerarse cualitativamente la misma luz.—Philosophical Transactions, vol. cxxxvi.
[93] En relación con esta visión, debería consultarse la teoría newtoniana; para ello, véase “Una carta del Sr. Isaac Newton, profesor de matemáticas en la Universidad de Cambridge; que contiene su nueva teoría sobre la luz y los colores: enviada por el autor al editor desde Cambridge, el 6 de febrero de 1671–72, con el fin de ser comunicada a la Royal Society”.
Los resultados de una investigación sobre este tema son los siguientes:—
“La mayoría de las conchas de la zona más baja son blancas o transparentes; si su tono es rosado, muy pocas presentan marcas de otro color. En la séptima región, las especies blancas también son muy abundantes, aunque de ninguna manera constituyen una proporción tan grande como en la octava. El rojo parduzco, el tono predominante en los braquiópodos, también confiere un carácter cromático a la fauna de esta zona; los crustáceos que se encuentran allí son rojos. En la sexta zona los colores se vuelven más vivos, predominando los rojos y los amarillos; sin embargo, por lo general, la concha tiene un color uniforme. En la quinta región, muchas especies presentan bandas o manchas con diversas combinaciones de colores, y la cantidad de especies blancas ha disminuido considerablemente. En la cuarta, los tonos púrpuras son frecuentes, y los contrastes de color son comunes. En la segunda y tercera, se encuentran tonos verdes y azules, a veces muy vivos; pero las combinaciones de color más brillantes se observan en la zona litoral, así como los blancos más intensos.
“Los animales de Testacea y los Radiata de las zonas superiores tienen colores mucho más brillantes que los de las zonas inferiores, donde suelen ser blancos, sea cual sea el tono de su concha. Así, el género Trochus es un ejemplo de un grupo de formas que presentan, en su mayor parte, los tonos más brillantes tanto en la concha como en el animal; pero mientras que los animales de especies que habitan en la zona litoral presentan colores vivos y variados, los de las profundidades, aunque sus conchas están casi tan cubiertas de colores brillantes como las de sus parientes cercanos a la superficie, tienen, en su mayoría, un color amarillo o rojizo uniforme, o bien son completamente blancos. La causa principal de este aumento de intensidad del color a medida que ascendemos es, sin duda, la mayor cantidad de luz por encima de cierta profundidad.”—p. 172.
[92] Ἁμὸρφωτα. Sobre la dispersión epipólica de la luz, siendo un artículo titulado “Sobre un caso de color superficial producido por un líquido homogéneo e intrínsecamente incoloro”. De Sir J. F. W. Herschel, Bart, K.H., F.R.S., etc.—Un haz de luz epipolizado (es decir, un haz que ya ha pasado a través de una solución quinifera y ha sufrido su acción dispersiva) no puede volver a sufrir dispersión epipólica. Como prueba de esto, se puede citar el siguiente experimento:—
Se llenó un frasco de vidrio con una solución quinifera, y se sumergió verticalmente un trozo de vidrio plano en ella, de modo que quedara completamente cubierto y una de sus caras estuviera orientada directamente hacia la luz incidente. En esta situación, al observarlo casi perpendicularmente, de modo que la luz rozara muy oblicuamente ambas superficies, ni la cara anterior ni la posterior mostraron el más mínimo rastro de color epipólico. Ahora bien, la luz, al salir del vidrio sumergido, entró en el líquido en exactamente las mismas condiciones que aquella que, al atravesar la superficie anterior del frasco de vidrio, sufrió dispersión epipólica al entrar en el líquido. Por lo tanto, había perdido una propiedad que originalmente poseía, y no podía considerarse cualitativamente la misma luz.—Philosophical Transactions, vol. cxxxvi.
[93] En relación con esta visión, debería consultarse la teoría newtoniana; para ello, véase “Una carta del Sr. Isaac Newton, profesor de matemáticas en la Universidad de Cambridge; que contiene su nueva teoría sobre la luz y los colores: enviada por el autor al editor desde Cambridge, el 6 de febrero de 1671–72, con el fin de ser comunicada a la Royal Society”.
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[94] En esa admirable obra, El Atlas Físico del Dr. Berghaus, de la cual se publica en este país una edición muy completa por Alexander Keith Johnstone, se indica el siguiente orden de distribución de las plantas:—
1. La región de palmas y plátanos Zona ecuatorial.
2. Helechos arborescentes e higueras Zona tropical.
3. Mirtos y laureles Zona subtropical.
4. Árboles perennes Zona templada cálida.
5. Árboles europeos Zona templada fría.
6. Pinos Zona subártica.
7. Rododendros Zona ártica.
8. Plantas alpinas Zona polar.
Consulte Humboldt, Essai sur la Géographie des Plantes, París, 1807; De Distributione Geographicâ Plantarum, París, 1817. Schouw, Grundzüge der Pflanzengeographie. También su Earth, Plants, and Man; traducido por Henfrey, en la Biblioteca Científica de Bohn. Lamouroux, Géographie Physique. The Plant, a Biography: de Schleiden; traducido por Henfrey. Physical Geography: de la Sra. Somerville.
[95] La medida del poder iluminante de Fraunhofer es la siguiente:—
En el 22º grado del rojo 0·032
" 34º grado del rojo 0·094
" 22º grado del naranja 0·640
" 10º grado del amarillo 1·000
" 42º grado del amarillo 0·480
" 2º grado del azul 0·170
" 16º grado del índigo 0·031
" 43º grado del violeta 0·0056
[96] Herschel, Sobre la acción de los cuerpos cristalizados sobre la luz homogénea, y sobre las causas de la desviación de la escala de Newton en los tonos que muchos de ellos desarrollan al ser expuestos a un rayo polarizado.—Phil. Trans., vol. cx., p. 88.
[97] Sobre la naturaleza de la luz y los colores: Conferencia 39, en Las conferencias de Young sobre filosofía natural, edición de Kelland, p. 373, y las fuentes citadas allí.
[98] Óptica de Brewster: Cabinet Cyclopædia de Lardner. Herschel, Sobre la luz: Encyclopædia Metropolitana.
[99] Malus, Sobre una propiedad de la luz reflejada: Mémoires d’Arcueil.
Numerosas memorias de Sir David Brewster, en las Philosophical Transactions.
[100] Bartholin, Sobre los cristales de Islandia: Copenhague, 1669. Un relato de varios experimentos realizados y comunicados por ese erudito matemático, el Dr. Erasmus Bartholin, sobre un cuerpo similar a un cristal que le fue enviado desde la isla: en relación con esto, el Dr. Matthias Paissenius escribe:—Las observaciones del excelente Bartholin sobre el cristal de la isla son, en verdad, considerables, así como dolorosas. También hemos realizado algunos ensayos con un trozo que él me entregó, los cuales confirman sus observaciones. Mientras tanto, descubrió que era algo quebradizo.
1. La región de palmas y plátanos Zona ecuatorial.
2. Helechos arborescentes e higueras Zona tropical.
3. Mirtos y laureles Zona subtropical.
4. Árboles perennes Zona templada cálida.
5. Árboles europeos Zona templada fría.
6. Pinos Zona subártica.
7. Rododendros Zona ártica.
8. Plantas alpinas Zona polar.
Consulte Humboldt, Essai sur la Géographie des Plantes, París, 1807; De Distributione Geographicâ Plantarum, París, 1817. Schouw, Grundzüge der Pflanzengeographie. También su Earth, Plants, and Man; traducido por Henfrey, en la Biblioteca Científica de Bohn. Lamouroux, Géographie Physique. The Plant, a Biography: de Schleiden; traducido por Henfrey. Physical Geography: de la Sra. Somerville.
[95] La medida del poder iluminante de Fraunhofer es la siguiente:—
En el 22º grado del rojo 0·032
" 34º grado del rojo 0·094
" 22º grado del naranja 0·640
" 10º grado del amarillo 1·000
" 42º grado del amarillo 0·480
" 2º grado del azul 0·170
" 16º grado del índigo 0·031
" 43º grado del violeta 0·0056
[96] Herschel, Sobre la acción de los cuerpos cristalizados sobre la luz homogénea, y sobre las causas de la desviación de la escala de Newton en los tonos que muchos de ellos desarrollan al ser expuestos a un rayo polarizado.—Phil. Trans., vol. cx., p. 88.
[97] Sobre la naturaleza de la luz y los colores: Conferencia 39, en Las conferencias de Young sobre filosofía natural, edición de Kelland, p. 373, y las fuentes citadas allí.
[98] Óptica de Brewster: Cabinet Cyclopædia de Lardner. Herschel, Sobre la luz: Encyclopædia Metropolitana.
[99] Malus, Sobre una propiedad de la luz reflejada: Mémoires d’Arcueil.
Numerosas memorias de Sir David Brewster, en las Philosophical Transactions.
[100] Bartholin, Sobre los cristales de Islandia: Copenhague, 1669. Un relato de varios experimentos realizados y comunicados por ese erudito matemático, el Dr. Erasmus Bartholin, sobre un cuerpo similar a un cristal que le fue enviado desde la isla: en relación con esto, el Dr. Matthias Paissenius escribe:—Las observaciones del excelente Bartholin sobre el cristal de la isla son, en verdad, considerables, así como dolorosas. También hemos realizado algunos ensayos con un trozo que él me entregó, los cuales confirman sus observaciones. Mientras tanto, descubrió que era algo quebradizo.
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y puede ser reducido con un cuchillo en delgadas láminas o placas, las cuales, cuando están separadas, muestran el objeto como tal, pero al colocarse una sobre otra lo hacen aparecer doble; cuanto mayor es el número de esas delgadas placas superpuestas, más distantes parecen estar las dos imágenes entre sí. Sometiéndome a juicios más competentes, considero que se trata de una especie de selenitas. Algunos de nuestros hombres curiosos aquí opinaban que la figura romboidal propia de esta piedra era la causa de las apariencias dobles que se producían. Pero al intentar ver si ocurría lo mismo en otros cuerpos transparentes de forma similar, no encontramos nada de eso en ellos, lo cual nos hizo sospechar alguna peculiaridad en el propio cuerpo de la piedra.—Phil. Trans. for 1670, vol. v.
[101] Sobre la aplicación de las leyes de la polarización circular a las investigaciones químicas: por M. Biot.—Nouvelles Annales du Muséum d’Histoire Naturelle, vol. iii., y Scientific Memoirs, vol. i. p. 600. Sobre la polarización circular: por el Dr. Leeson.—Memoirs of the Chemical Society.
[102] En el tratado de óptica de Sir David Brewster, capítulo XVIII, sobre polarización, se describen los mejores diseños para un aparato polarizador.
[103] Esta hermosa aplicación fue realizada recientemente por el profesor Wheatstone; los detalles se encuentran en su interesante comunicación.—Sobre un medio para determinar la hora solar aparente mediante los cambios diurnos del plano de polarización en el polo norte del cielo: Informe de la decimoctava reunión de la British Association.
[104] Sobre la polarización de los rayos químicos de la luz: por John Sutherland, M.D., en el cual el autor hace referencia al siguiente experimento de M. J. E. Bérard—“Recibí los rayos químicos dirigidos hacia el plano del meridiano sobre un vidrio sin platear, con una incidencia de 35° 61’. Los rayos reflejados por el primer vidrio fueron recibidos en un segundo, bajo la misma incidencia. Descubrí que cuando este último se orientaba hacia el sur, el cloruro de plata expuesto a los rayos invisibles que reflejaba se oscurecía en menos de media hora; mientras que, cuando se orientaba hacia el oeste, el cloruro de plata expuesto en el lugar donde deberían haberse reflejado los rayos no se oscurecía, aunque permaneciera expuesto durante dos horas. Por lo tanto, se puede suponer que los rayos químicos pueden sufrir doble refracción al atravesar ciertos cuerpos diáfanos; y finalmente, podemos decir que poseen las mismas propiedades físicas que la luz en general.”—Philosophical Magazine, vol. xx.
El Dr. Leeson ha señalado que las fotografías daguerrotipadas pueden tomarse más fácilmente bajo la influencia de la luz polarizada que con radiación ordinaria.
[105] Sobre la magnetización de la luz y la iluminación de las líneas de fuerza magnética: por Michael Faraday, D.C.L., F.R.S.—Philosophical Transactions, vol. cxxxvii.—Las siguientes observaciones se refieren a la duda mencionada en el texto.—“Las fuerzas magnéticas no actúan sobre el rayo de luz directamente y sin la intervención de la materia, sino a través de la mediación de la sustancia en la cual ellas y el rayo existen simultáneamente; las sustancias y las fuerzas se otorgan mutuamente la capacidad de actuar sobre la luz. Esto se demuestra por la falta de efecto del vacío, del aire o de los gases, y también se evidencia por el grado especial que tienen diferentes materias para poseer esta propiedad. El hecho de que la fuerza magnética actúe siempre sobre el rayo de luz con el mismo carácter y en la misma dirección, independientemente de las diferentes variedades de sustancia, o de sus estados sólido o líquido, o de su fuerza rotativa específica, demuestra que la magnética
[101] Sobre la aplicación de las leyes de la polarización circular a las investigaciones químicas: por M. Biot.—Nouvelles Annales du Muséum d’Histoire Naturelle, vol. iii., y Scientific Memoirs, vol. i. p. 600. Sobre la polarización circular: por el Dr. Leeson.—Memoirs of the Chemical Society.
[102] En el tratado de óptica de Sir David Brewster, capítulo XVIII, sobre polarización, se describen los mejores diseños para un aparato polarizador.
[103] Esta hermosa aplicación fue realizada recientemente por el profesor Wheatstone; los detalles se encuentran en su interesante comunicación.—Sobre un medio para determinar la hora solar aparente mediante los cambios diurnos del plano de polarización en el polo norte del cielo: Informe de la decimoctava reunión de la British Association.
[104] Sobre la polarización de los rayos químicos de la luz: por John Sutherland, M.D., en el cual el autor hace referencia al siguiente experimento de M. J. E. Bérard—“Recibí los rayos químicos dirigidos hacia el plano del meridiano sobre un vidrio sin platear, con una incidencia de 35° 61’. Los rayos reflejados por el primer vidrio fueron recibidos en un segundo, bajo la misma incidencia. Descubrí que cuando este último se orientaba hacia el sur, el cloruro de plata expuesto a los rayos invisibles que reflejaba se oscurecía en menos de media hora; mientras que, cuando se orientaba hacia el oeste, el cloruro de plata expuesto en el lugar donde deberían haberse reflejado los rayos no se oscurecía, aunque permaneciera expuesto durante dos horas. Por lo tanto, se puede suponer que los rayos químicos pueden sufrir doble refracción al atravesar ciertos cuerpos diáfanos; y finalmente, podemos decir que poseen las mismas propiedades físicas que la luz en general.”—Philosophical Magazine, vol. xx.
El Dr. Leeson ha señalado que las fotografías daguerrotipadas pueden tomarse más fácilmente bajo la influencia de la luz polarizada que con radiación ordinaria.
[105] Sobre la magnetización de la luz y la iluminación de las líneas de fuerza magnética: por Michael Faraday, D.C.L., F.R.S.—Philosophical Transactions, vol. cxxxvii.—Las siguientes observaciones se refieren a la duda mencionada en el texto.—“Las fuerzas magnéticas no actúan sobre el rayo de luz directamente y sin la intervención de la materia, sino a través de la mediación de la sustancia en la cual ellas y el rayo existen simultáneamente; las sustancias y las fuerzas se otorgan mutuamente la capacidad de actuar sobre la luz. Esto se demuestra por la falta de efecto del vacío, del aire o de los gases, y también se evidencia por el grado especial que tienen diferentes materias para poseer esta propiedad. El hecho de que la fuerza magnética actúe siempre sobre el rayo de luz con el mismo carácter y en la misma dirección, independientemente de las diferentes variedades de sustancia, o de sus estados sólido o líquido, o de su fuerza rotativa específica, demuestra que la magnética
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La fuerza y la luz tienen una relación directa; pero el hecho de que las sustancias sean necesarias, y de que estas actúen en diferentes grados, demuestra que el magnetismo y la luz actúan uno sobre el otro mediante la intervención de la materia. Al reconocer o percibir la materia únicamente por sus propiedades, y sin saber nada sobre ningún núcleo imaginario aparte de la idea de esas propiedades, los fenómenos descritos deben reforzar mi inclinación a confiar en las opiniones que he expuesto respecto a su naturaleza.”—Phil. Mag. vol. xxiv.
[106] La invención de la cámara oscura pertenece sin duda a Giambattista Porta, y está descrita en su Magiæ Naturalis, sive de Miraculis Rerum Naturalium, Libri Viginti; Amberes, 1561. Existe una traducción al inglés realizada en 1658, pero no la he visto.
Hooke, en uno de los primeros volúmenes de las Philosophical Transactions, describe como nuevos muchos de los fenómenos mencionados por Porta, y en particular las imágenes obtenidas en la cámara oscura.
[107] Herschel, On Light,—Encyclopædia Metropolitana.
[108] “Quisiera señalar aquí que el estudio de muchos de estos fenómenos (la eliminación y reaparición de las imágenes fotográficas) me ha llevado a considerar que no es imposible que la propia retina pueda ser impresionada fotográficamente por una luz intensa, y que al menos algunos de los fenómenos relacionados con los espectros visuales y los colores secundarios puedan surgir de la percepción sensorial de cambios reales que tienen lugar en el estado físico de ese órgano tras cesar la estimulación directa.”—On the action of the Rays of the Solar Spectrum on Vegetable Colours, &c.: por Sir J. F. W. Herschel, Bart.
[109] Dumeril.
[110] Theory of Colours: por Goethe; traducido por Eastlake.
[111] Véase la Narrative of the Expedition of the Zaire de Tuckey.
[112] El examen más completo de este tema se encuentra en dos memorias:
1. Experimentos y observaciones sobre la luz que se emite espontáneamente, con cierto grado de permanencia, desde diversos cuerpos.—Phil. Trans., vol. xc.
2. Continuación de lo anterior, con algunos experimentos y observaciones sobre la luz solar cuando es absorbida por el fósforo de Canton: por Nathaniel Hulm, M.D.—Phil. Trans., vol. xci.; y en la Monograph of the British Naked-eyed Medusæ, del profesor Edward Forbes (publicada para la Ray Society). Véase la nota de Wilson sobre la descripción de Pennalata phosphorea en Johnston’s Zoophytes, 2ª edición.
[113] A General Outline of the Animal Kingdom: por Thomas Rymer Jones, F.L.S.—Acalephæ, p. 64. Lettre à M. Dumas sur la Phosphorescence des Vers luisants: por M. Ch. Matteucci.—Annales de Chimie, vol. ix. p. 71, 1843.
[114] Memoirs of Benvenuto Cellini—Bohn’s Standard Library. Véase también su Treatise on his Art as a Sculptor and Engraver. Florencia, 1568. 4to.
[115] Phosphorescence of the Diamond: por M. Reiss (Revue Scientifique et Industrielle, vol. xxiii. p. 185).—“El diamante, fosforescente debido a su aislamiento, perdía rápidamente su capacidad de fosforescencia cuando era sometido a la acción de los rayos rojos del espectro solar. Por el contrario, son los rayos azules los que hacen que…
[106] La invención de la cámara oscura pertenece sin duda a Giambattista Porta, y está descrita en su Magiæ Naturalis, sive de Miraculis Rerum Naturalium, Libri Viginti; Amberes, 1561. Existe una traducción al inglés realizada en 1658, pero no la he visto.
Hooke, en uno de los primeros volúmenes de las Philosophical Transactions, describe como nuevos muchos de los fenómenos mencionados por Porta, y en particular las imágenes obtenidas en la cámara oscura.
[107] Herschel, On Light,—Encyclopædia Metropolitana.
[108] “Quisiera señalar aquí que el estudio de muchos de estos fenómenos (la eliminación y reaparición de las imágenes fotográficas) me ha llevado a considerar que no es imposible que la propia retina pueda ser impresionada fotográficamente por una luz intensa, y que al menos algunos de los fenómenos relacionados con los espectros visuales y los colores secundarios puedan surgir de la percepción sensorial de cambios reales que tienen lugar en el estado físico de ese órgano tras cesar la estimulación directa.”—On the action of the Rays of the Solar Spectrum on Vegetable Colours, &c.: por Sir J. F. W. Herschel, Bart.
[109] Dumeril.
[110] Theory of Colours: por Goethe; traducido por Eastlake.
[111] Véase la Narrative of the Expedition of the Zaire de Tuckey.
[112] El examen más completo de este tema se encuentra en dos memorias:
1. Experimentos y observaciones sobre la luz que se emite espontáneamente, con cierto grado de permanencia, desde diversos cuerpos.—Phil. Trans., vol. xc.
2. Continuación de lo anterior, con algunos experimentos y observaciones sobre la luz solar cuando es absorbida por el fósforo de Canton: por Nathaniel Hulm, M.D.—Phil. Trans., vol. xci.; y en la Monograph of the British Naked-eyed Medusæ, del profesor Edward Forbes (publicada para la Ray Society). Véase la nota de Wilson sobre la descripción de Pennalata phosphorea en Johnston’s Zoophytes, 2ª edición.
[113] A General Outline of the Animal Kingdom: por Thomas Rymer Jones, F.L.S.—Acalephæ, p. 64. Lettre à M. Dumas sur la Phosphorescence des Vers luisants: por M. Ch. Matteucci.—Annales de Chimie, vol. ix. p. 71, 1843.
[114] Memoirs of Benvenuto Cellini—Bohn’s Standard Library. Véase también su Treatise on his Art as a Sculptor and Engraver. Florencia, 1568. 4to.
[115] Phosphorescence of the Diamond: por M. Reiss (Revue Scientifique et Industrielle, vol. xxiii. p. 185).—“El diamante, fosforescente debido a su aislamiento, perdía rápidamente su capacidad de fosforescencia cuando era sometido a la acción de los rayos rojos del espectro solar. Por el contrario, son los rayos azules los que hacen que…
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El diamante es el más luminoso en la oscuridad. Es probable que la fosforescencia producida por el calor se reduzca igualmente por la acción de los rayos rojos del espectro solar”. Giovanni Battista Beccaria publicó sus experimentos en 1769. Véase la Historia de la electricidad de Priestley; y Sobre los efectos de la electricidad en minerales que son fosforescentes por calor; y Experimentos adicionales sobre la transmisión de la fosforescencia y el color a cuerpos eléctricos, de Thomas J. Pearsall.—Journal of the Royal Institution of Great Britain, oct. 1830, feb. 1831.—Estos dos memorandos contienen el conjunto más completo de experimentos sobre este tema que se han realizado hasta ahora; véase Placidus Heinrich, Phosphorescenz der Körper, vol. iv.; Handbuch der Chemie de Gmelin, parte 1.;—Sobre la fosforescencia de los minerales, Brewster: Edinburgh Philosophical Journal, vol. i. p. 137.;—La Aërial Noctiluca, o algunos nuevos fenómenos, y un proceso para obtener una sustancia autoluminiscente artificial: Obras de Boyle, vol. iv.
[116] Los efectos producidos en los cuerpos por los rayos solares: por el Sr. Edmond Becquerel.—Annales de Chimie, vol. ix. p. 257. 1843.
El Sr. Becquerel ha aplicado el término fosforogénico a aquellos rayos que producen fosforescencia.
[116] Los efectos producidos en los cuerpos por los rayos solares: por el Sr. Edmond Becquerel.—Annales de Chimie, vol. ix. p. 257. 1843.
El Sr. Becquerel ha aplicado el término fosforogénico a aquellos rayos que producen fosforescencia.
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CAPÍTULO VIII.
ACTINISMO—RADIACIÓNES QUÍMICAS.
El rayo solar y sus propiedades—Oscuramiento de la plata—
El descubrimiento de Niepce—Espectro prismático—Refractabilidad de la luz, el calor y el actinismo—El descubrimiento de Daguerre—
La fotografía—Efectos químicos producidos por las radiaciones solares—Absorción del actinismo—Fenómenos del daguerrotipo—Cambios químicos que ocurren en todos los cuerpos—Capacidad de la materia para recuperar su estado original—La luz protege contra los cambios químicos—Fotografías tomadas en la oscuridad—Efectos químicos de la luz sobre las formas organizadas—Efectos químicos del calor solar—influencia del actinismo en la electricidad—Radiaciones en la oscuridad—Descubrimientos de Moser, etc.
El calor y la luz provienen del sol, y hemos intentado demostrar no solo que los fenómenos relacionados con estos dos principios son diferentes, sino que, dadas las condiciones actuales de nuestro conocimiento, apenas pueden considerarse como manifestaciones modificadas de una misma fuerza superior. Junto a estos dos elementos tan notables, pueden existir otros en los rayos solares. Los fenómenos eléctricos son ciertamente provocados tanto por el calor como por la luz, y se producen cambios eléctricos especiales al estar expuestos a la luz solar. La electricidad puede ser simplemente estimulada por los rayos solares, o bien puede fluir desde el sol al igual que la luz. La acción química puede deberse únicamente a la perturbación de algún principio difuso; o bien puede deberse directamente a alguna fuerza que se irradia desde el sol.
Un rayo solar es algo mágico: en nuestra imaginación lo asociamos con las creaciones más etéreas posibles. Sin embargo, en su acción sobre la materia, produce color; separa las partículas de las masas sólidas entre sí y rompe algunas de las fuerzas más fuertes de afinidad química. A la ciencia moderna se debe por completo el conocimiento que hemos adquirido sobre los maravillosos poderes del rayo solar; y ella nos ha hecho familiarizados con fenómenos que…
ACTINISMO—RADIACIÓNES QUÍMICAS.
El rayo solar y sus propiedades—Oscuramiento de la plata—
El descubrimiento de Niepce—Espectro prismático—Refractabilidad de la luz, el calor y el actinismo—El descubrimiento de Daguerre—
La fotografía—Efectos químicos producidos por las radiaciones solares—Absorción del actinismo—Fenómenos del daguerrotipo—Cambios químicos que ocurren en todos los cuerpos—Capacidad de la materia para recuperar su estado original—La luz protege contra los cambios químicos—Fotografías tomadas en la oscuridad—Efectos químicos de la luz sobre las formas organizadas—Efectos químicos del calor solar—influencia del actinismo en la electricidad—Radiaciones en la oscuridad—Descubrimientos de Moser, etc.
El calor y la luz provienen del sol, y hemos intentado demostrar no solo que los fenómenos relacionados con estos dos principios son diferentes, sino que, dadas las condiciones actuales de nuestro conocimiento, apenas pueden considerarse como manifestaciones modificadas de una misma fuerza superior. Junto a estos dos elementos tan notables, pueden existir otros en los rayos solares. Los fenómenos eléctricos son ciertamente provocados tanto por el calor como por la luz, y se producen cambios eléctricos especiales al estar expuestos a la luz solar. La electricidad puede ser simplemente estimulada por los rayos solares, o bien puede fluir desde el sol al igual que la luz. La acción química puede deberse únicamente a la perturbación de algún principio difuso; o bien puede deberse directamente a alguna fuerza que se irradia desde el sol.
Un rayo solar es algo mágico: en nuestra imaginación lo asociamos con las creaciones más etéreas posibles. Sin embargo, en su acción sobre la materia, produce color; separa las partículas de las masas sólidas entre sí y rompe algunas de las fuerzas más fuertes de afinidad química. A la ciencia moderna se debe por completo el conocimiento que hemos adquirido sobre los maravillosos poderes del rayo solar; y ella nos ha hecho familiarizados con fenómenos que…
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Las escenas de encantamientos del Cornelio Agripa de la Edad Oscura no eran más que ilusiones mal concebidas, y sus espejos mágicos, instrumentos pobres. Las tablas plateadas del artista fotográfico, que capturan impresiones fijas de los objetos representados en la cámara oscura mediante una lente, son mucho más superiores como ejemplos de magia natural. En la Edad Oscura, o mejor dicho, cuando los primeros destellos de la brillante mañana de la investigación inductiva comenzaron a disipar las brumas de ese período poblado de fantasmas, se observó por primera vez que los rayos del sol convertían un compuesto blanco en negro. El hombre debió haber presenciado, mucho antes, ese cambio que ocurre constantemente en todos los colores vegetales: algunos se oscurecen al estar expuestos a la luz solar, mientras que otros se decoloran bajo su influencia. Sin embargo, esos fenómenos no llamaron la atención, y el mundo no sabía nada de los poderosos cambios que ocurrían constantemente a su alrededor. Los alquimistas —imágenes sublimes de la humanidad crédula—, trabajando en el humo de sus laboratorios secretos, esperando y observando cada cambio que pudiera producirse con el fuego o con sus “aguas reales”, captaron el primer tenue rayo de una verdad emergente; y su imaginación desbordada, según la cual la luz podía convertir la plata en oro si lograban hacer que sus sutiles haces penetraran en el metal, fue la pista que proporcionó al filósofo empírico para guiarlo a través de un laberinto aún más complejo que el cretense.[117] El primer hecho registrado al respecto fue que la plata se oscurecía al estar expuesta a la luz. Sin duda, estos alquimistas dedicaron muchos pensamientos a ese hecho. Allí estaba, al parecer, una mezcla entre la luz y la materia, y he aquí el sorprendente cambio. Era un paso hacia la realización de sus sueños. ¡Ay! Pobres visionarios: al perseguir una idealidad, perdieron la realidad que estaban a punto de alcanzar. La verdad llega lentamente al hombre, y pasa mucho tiempo antes de que la humanidad reconozca estas visitas angélicas. El mundo se aferra a sus errores y evita la verdad, temiendo que su luz revele sus miserables locuras. Finalmente, un hombre de genio anunció que “ninguna sustancia puede estar expuesta a los rayos del sol sin sufrir un cambio químico”; pero sus palabras cayeron en oídos sordos. Sus amigos consideraban sus imágenes creadas con luz como algo singular; las guardaban en sus gabinetes de curiosidades; pero las verdades que él enunciaba fueron pronto olvidadas. No obstante, sus palabras fueron registradas, y eso se debe al solitario experimentador de Châlons-sur-Marne.
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El Saône sirve para vincular el nombre de Niepce con el descubrimiento de un hecho que apenas es inferior al desarrollo de la gran ley de la gravedad universal.[118] Pero nos espera un estudio que, por su novedad, tiene más encantos que la mayoría de las ramas de la ciencia, y que, por las amplias perspectivas que abre al investigador, posee un interés en modo alguno inferior al de cualquier otra investigación física.
El espectro prismático nos proporciona los medios para examinar las condiciones de los rayos solares con gran facilidad. Al desviar el rayo de luz blanca de su trayectoria mediante un trozo de vidrio triangular, lo dividimos de manera notable. Aprendemos que el calor se refracta menos que las demás propiedades a través del vidrio; encontramos que el punto máximo de los rayos caloríficos está ligeramente desviado de la línea recta que habría seguido el “lápiz solar” si no hubiera sido interrumpido por el prisma; además, se observa que la acción térmica disminuye de forma muy regular a ambos lados de esta línea. Descubrimos que la potencia lumínica está sujeta a una mayor refracción, y que su punto máximo se encuentra considerablemente por encima del del calor; de igual manera, a cada lado la luz disminuye, produciendo colores naranja, rojo y carmesí por debajo del punto máximo, y verde, azul y violeta por encima de él. Asimismo, descubrimos que las radiaciones que provocan cambios químicos son más refractables que cualquiera de las otras, y que el punto máximo de esta capacidad se encuentra en el lugar donde la luz disminuye rápidamente y donde apenas se puede detectar calor alguno: esta capacidad se mantiene activa a una distancia considerable por encima de su punto máximo, donde en condiciones normales no existe rastro alguno de luz, y también por debajo de ese punto, hasta que la luz, al actuar como agente perturbador, anula sus propiedades particulares. Estas son pruebas contundentes de que la luz y el actinismo —así como se ha denominado este principio— no son idénticos; además, podemos separarlos con gran facilidad y eficacia. Ciertos vidrios teñidos de azul oscuro con óxido de cobalto apenas permiten pasar la luz; pero no interrumpen el paso del actinismo ni de los rayos químicos; por el contrario, un vidrio de color amarillo puro, o un líquido amarillo que no reduce significativamente la intensidad de ningún color de la banda cromática de los rayos luminosos, bloquea por completo este principio químico, sea cual sea. Además de estos resultados, hay otros que tendremos que describir, los cuales demuestran que, aunque estén asociados en el haz solar, la luz y el actinismo se encuentran en constante antagonismo.
El espectro prismático nos proporciona los medios para examinar las condiciones de los rayos solares con gran facilidad. Al desviar el rayo de luz blanca de su trayectoria mediante un trozo de vidrio triangular, lo dividimos de manera notable. Aprendemos que el calor se refracta menos que las demás propiedades a través del vidrio; encontramos que el punto máximo de los rayos caloríficos está ligeramente desviado de la línea recta que habría seguido el “lápiz solar” si no hubiera sido interrumpido por el prisma; además, se observa que la acción térmica disminuye de forma muy regular a ambos lados de esta línea. Descubrimos que la potencia lumínica está sujeta a una mayor refracción, y que su punto máximo se encuentra considerablemente por encima del del calor; de igual manera, a cada lado la luz disminuye, produciendo colores naranja, rojo y carmesí por debajo del punto máximo, y verde, azul y violeta por encima de él. Asimismo, descubrimos que las radiaciones que provocan cambios químicos son más refractables que cualquiera de las otras, y que el punto máximo de esta capacidad se encuentra en el lugar donde la luz disminuye rápidamente y donde apenas se puede detectar calor alguno: esta capacidad se mantiene activa a una distancia considerable por encima de su punto máximo, donde en condiciones normales no existe rastro alguno de luz, y también por debajo de ese punto, hasta que la luz, al actuar como agente perturbador, anula sus propiedades particulares. Estas son pruebas contundentes de que la luz y el actinismo —así como se ha denominado este principio— no son idénticos; además, podemos separarlos con gran facilidad y eficacia. Ciertos vidrios teñidos de azul oscuro con óxido de cobalto apenas permiten pasar la luz; pero no interrumpen el paso del actinismo ni de los rayos químicos; por el contrario, un vidrio de color amarillo puro, o un líquido amarillo que no reduce significativamente la intensidad de ningún color de la banda cromática de los rayos luminosos, bloquea por completo este principio químico, sea cual sea. Además de estos resultados, hay otros que tendremos que describir, los cuales demuestran que, aunque estén asociados en el haz solar, la luz y el actinismo se encuentran en constante antagonismo.
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Cuando Daguerre publicó por primera vez su gran descubrimiento, el público europeo contempló sus placas metálicas con sentimientos de asombro: nos hemos acostumbrado a los hermosos fenómenos de este arte y hemos conocido una serie de procesos no menos hermosos sobre papel; todos ellos, si se estudian adecuadamente, deben convencer al pensador más superficial de que existe un mundo de maravillas un poco más allá de nuestro conocimiento, pero al alcance de una investigación diligente y paciente. Fotografía es el nombre por el cual se conocerá para siempre el arte de la pintura con luz solar. Consideramos esto desafortunado, ya que transmite una idea errónea: las imágenes no son dibujadas con luz. Si pudiéramos adoptar el nombre que Niepce dio a este proceso, se evitaría esta dificultad, pues la heliografía no implica ninguna hipótesis y expresa estrictamente la verdad indiscutible de que nuestras imágenes son dibujadas con luz solar. El hecho de que las imágenes puedan producirse con rayos provenientes de fuentes artificiales no constituye una objeción, ya que esos rayos también provienen originalmente del sol. Sea cual sea el nombre que decidamos usar para expresar nuestras ideas sobre estos fenómenos, es cierto que involucran una serie de efectos de gran interés para todo amante de la naturaleza, y de suma importancia para el artista y el aficionado. Gracias a una manipulación sencilla, ahora podemos dar permanencia a las encantadoras imágenes que se producen mediante esa agradable invención de Baptista Porta, la cámara oscura. Cualquier imagen, que al ser refractada por la lente de este instrumento cae sobre la mesa en su cámara oscura, puede ser fijada con sus más delicadas gradaciones de sombras, ya sea en una placa metálica o en una de papel. Pero procedamos a examinar algunos de los fenómenos más llamativos de estos cambios químicos. Comencemos con algunos de los resultados más simples, pero no menos importantes. El cloro y el hidrógeno no se unirán en la oscuridad, ni tampoco el cloro y el óxido de carbono; pero si alguna de estas mezclas gaseosas se expone a la luz solar, se combinan rápidamente, y a menudo con explosión. Una solución de sulfato de hierro en agua ordinaria puede conservarse durante mucho tiempo en la oscuridad sin sufrir ningún cambio; únsela a la luz solar, y se produce muy rápidamente una precipitación de óxido de hierro. El cromo mineral, el manganesato de potasio en solución, se descompone casi al instante bajo la luz del día; pero transcurre mucho tiempo antes de que sufra algún cambio en la oscuridad. Lo mismo ocurre con una combinación de platino y cal: de hecho, parece que la precipitación tiene lugar en todo momento y bajo todas las condiciones.
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circunstancias, aceleradas por los rayos solares. Dado que estas precipitaciones coinciden exactamente con la cantidad de radiación actínica a la que han estado expuestas las soluciones, podemos realmente calcular las cantidades relativas, representándolas en granos como el número equivalente a la cantidad de actinismo que ha influido en el compuesto químico.[119]
Tenemos pruebas que parecen demostrar que este agente químico puede ser absorbido por cuerpos simples, y que mediante esta absorción se produce un cambio real de estado, análogo en muchos aspectos a esos cambios alotrópicos que hemos considerado anteriormente. El cloro, en su estado ordinario, no se combina con el hidrógeno en la oscuridad. Si empleamos el medio amarillo del gas cloro, con el fin de analizar los rayos del sol antes de que incidan sobre algún compuesto químico sensible al poder actínico, descubriremos que el cloro obstaculiza todo este actinismo, y, por más inestable que sea el compuesto, este permanece sin cambios. Pero el gas cloro, que ha interrumpido este maravilloso agente, parece haberlo absorbido, y se ha modificado tanto en su constitución que se une con el hidrógeno en la oscuridad.[120] De manera similar, si de dos porciones de la misma solución de sulfato de hierro, una se mantiene en la oscuridad y la otra se expone a la luz solar, se descubrirá que la solución que ha sido expuesta precipitará el oro y la plata de sus combinaciones mucho más rápidamente que la que se ha conservado en la oscuridad, manteniéndose constante la temperatura y todas las demás condiciones.
Los fenómenos del daguerrotipo involucran muchas condiciones extrañas. Una placa de plata, sobre la cual se ha producido una ligera acción química mediante el uso de yodo, se expone a la imagen lenticular en la cámara oscura. Si se deja bajo la influencia de estas radiaciones durante un tiempo suficiente, se dibuja en la placa una imagen fiel de los objetos iluminados, como lo demuestra la descomposición visible y el oscurecimiento de la superficie yodada. Sin embargo, en la práctica no se permite que la placa alcance este estado; después de una exposición de unos segundos, la influencia radiante se interrumpe, y el ojo no puede detectar ningún signo de cambio en la placa amarilla. A continuación, se expone a los vapores de mercurio, y ese metal, en un estado de división extremadamente fina, se condensa sobre la placa; pero la condensación no se distribuye uniformemente sobre su superficie. El depósito de vapores de mercurio está en proporción exacta con la cantidad de acción química producida. ¿Es el cambio mediante el cual se produce esta peculiar capacidad de condensación un
Tenemos pruebas que parecen demostrar que este agente químico puede ser absorbido por cuerpos simples, y que mediante esta absorción se produce un cambio real de estado, análogo en muchos aspectos a esos cambios alotrópicos que hemos considerado anteriormente. El cloro, en su estado ordinario, no se combina con el hidrógeno en la oscuridad. Si empleamos el medio amarillo del gas cloro, con el fin de analizar los rayos del sol antes de que incidan sobre algún compuesto químico sensible al poder actínico, descubriremos que el cloro obstaculiza todo este actinismo, y, por más inestable que sea el compuesto, este permanece sin cambios. Pero el gas cloro, que ha interrumpido este maravilloso agente, parece haberlo absorbido, y se ha modificado tanto en su constitución que se une con el hidrógeno en la oscuridad.[120] De manera similar, si de dos porciones de la misma solución de sulfato de hierro, una se mantiene en la oscuridad y la otra se expone a la luz solar, se descubrirá que la solución que ha sido expuesta precipitará el oro y la plata de sus combinaciones mucho más rápidamente que la que se ha conservado en la oscuridad, manteniéndose constante la temperatura y todas las demás condiciones.
Los fenómenos del daguerrotipo involucran muchas condiciones extrañas. Una placa de plata, sobre la cual se ha producido una ligera acción química mediante el uso de yodo, se expone a la imagen lenticular en la cámara oscura. Si se deja bajo la influencia de estas radiaciones durante un tiempo suficiente, se dibuja en la placa una imagen fiel de los objetos iluminados, como lo demuestra la descomposición visible y el oscurecimiento de la superficie yodada. Sin embargo, en la práctica no se permite que la placa alcance este estado; después de una exposición de unos segundos, la influencia radiante se interrumpe, y el ojo no puede detectar ningún signo de cambio en la placa amarilla. A continuación, se expone a los vapores de mercurio, y ese metal, en un estado de división extremadamente fina, se condensa sobre la placa; pero la condensación no se distribuye uniformemente sobre su superficie. El depósito de vapores de mercurio está en proporción exacta con la cantidad de acción química producida. ¿Es el cambio mediante el cual se produce esta peculiar capacidad de condensación un
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¿Química, calorífica, eléctrica, o simplemente molecular? Las pruebas actuales no son suficientes para determinar esta cuestión. Recientemente se ha sugerido que el mercurio actúa únicamente de forma química y provoca la completa descomposición del yoduro de plata; y que la imagen se debe a esto, y no a la deposición real del vapor de mercurio. Con toda probabilidad, estamos ante la acción conjunta de varias fuerzas. Tenemos algunos experimentos que demuestran, con suficiente claridad, que el mercurio se deposita en proporciones que corresponden a la intensidad de la acción solar. No es necesario contar con una superficie preparada químicamente para observar este efecto. Una placa pulida de metal, vidrio, mármol o un trozo de madera pintada, al estar parcialmente expuesta, mostrará, al ser sometida al vapor de mercurio, que se ha producido una alteración en las partes iluminadas, mientras que no se puede detectar ningún cambio en las partes que permanecieron en la oscuridad. Hasta hace poco, se creía que solo unos pocos compuestos químicos, como el yoduro de plata, material utilizado en el daguerrotipo y el calotipo; el cloruro de plata, el agente fotográfico habitual; algunos sales de oro, y uno o dos de plomo e hierro, eran los únicos materiales sobre los cuales se producían estos cambios tan notables. Ahora sabemos que es imposible exponer cualquier cuerpo, simple o compuesto, a los rayos del sol sin que sea influenciado por esta poderosa fuerza perturbadora química y molecular. Si tomamos ejemplos de la naturaleza inorgánica: la roca de granito que muestra su cabeza elevada con firmeza frente a la tormenta, las piedras que el genio ha dado forma a belleza arquitectónica, o el metal destinado a conmemorar las grandes hazañas del hombre, y que en forma humana proclama las hazañas del héroe y el talento del artista, todos son igualmente afectados de forma destructiva durante las horas de sol; y, de no ser por disposiciones de la naturaleza no menos maravillosas, perecerían pronto bajo el delicado contacto de los agentes más sutiles del universo. Niepce fue el primero en demostrar que todos los cuerpos que experimentaban este cambio durante el día poseían la capacidad de restaurarse a sus condiciones originales durante la noche, cuando ya no estaban influenciados por esa excitación. Las resinas, la placa de daguerrotipo, la lámina metálica sin preparar y numerosos preparados fotográficos lo demuestran de manera notable.[121] La imagen que recibimos hoy, a menos que adoptemos algún método para garantizar su permanencia, se desvanece antes del día siguiente, y nosotros intentamos…
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Restaurarlo es en vano. Con algunas de nuestras preparaciones químicas esto se demuestra de manera muy notable, pero ninguna lo hace de forma tan impactante como el papel preparado con yoduro de platino, el cual, al ser impresionado con una imagen mediante la fuerza heliográfica —que se manifiesta en tonos marrón oscuro—, se restaura en la oscuridad, en pocos minutos, a su estado anterior de color amarillo y recupera su sensibilidad a la luz solar.[122] La conclusión que solo nosotros podemos sacar de todas las pruebas que ofrece el estudio de la actinocquímica es que las horas de oscuridad son tan necesarias para la creación inorgánica como sabemos que la noche y el sueño lo son para el reino orgánico. Pero no debemos olvidar que existe en los rayos solares un equilibrio de fuerzas que modifica materialmente la cantidad de influencia perturbadora que ejercen sobre la materia. No solo descubrimos que la acción química no se extiende por toda la longitud del espectro prismático, sino que también observamos que en las zonas que corresponden a los puntos máximos de luz y calor se ejerce una acción protectora. Es decir, que los agentes fotográficos altamente sensibles, que se oscurecen rápidamente al estar expuestos a la luz diurna difusa, quedan completamente protegidos de cualquier cambio bajo la luz solar plena, si al mismo tiempo que se les dirige una luz intensa por reflexión, los rayos amarillos y ultrarrojos inciden sobre su superficie. No solo eso, sino que al emplear medios que bloqueen todos los rayos químicos del espectro, permitiendo al mismo tiempo que pasen libremente los rayos luminosos y caloríficos, descubrimos que una banda protegida, de la misma longitud que el espectro, permanece blanca, mientras que todas las demás partes se han oscurecido.[123]
Entre los muchos ejemplos curiosos de magia natural, ninguno es más notable que un experimento propuesto recientemente, mediante el cual se pueden tomar fotografías en daguerrotipo en completa oscuridad para el ojo humano. Esto se logra de la siguiente manera: se proyecta un gran espectro prismático sobre una lente instalada en uno de los lados de una cámara oscura; y como sabemos que la fuerza actínica reside en una gran actividad más allá del rayo violeta, donde no hay luz, los únicos rayos que permitimos pasar a través de la lente hacia la cámara son aquellos que son extraspectrales y no luminosos. Estos se dirigen hacia cualquier objeto blanco, y desde ese objeto se irradian sobre una placa altamente sensible en una cámara oscura. De este modo, se obtiene una copia del sujeto gracias a las radiaciones que no producen ningún efecto sensible en el nervio óptico. Este experimento es el inverso de aquellos que nos muestran que podemos iluminar cualquier objeto con la luz solar más intensa que haya pasado a través de vidrio amarillo, de la solución amarilla de sulfuro de calcio, o de…
Entre los muchos ejemplos curiosos de magia natural, ninguno es más notable que un experimento propuesto recientemente, mediante el cual se pueden tomar fotografías en daguerrotipo en completa oscuridad para el ojo humano. Esto se logra de la siguiente manera: se proyecta un gran espectro prismático sobre una lente instalada en uno de los lados de una cámara oscura; y como sabemos que la fuerza actínica reside en una gran actividad más allá del rayo violeta, donde no hay luz, los únicos rayos que permitimos pasar a través de la lente hacia la cámara son aquellos que son extraspectrales y no luminosos. Estos se dirigen hacia cualquier objeto blanco, y desde ese objeto se irradian sobre una placa altamente sensible en una cámara oscura. De este modo, se obtiene una copia del sujeto gracias a las radiaciones que no producen ningún efecto sensible en el nervio óptico. Este experimento es el inverso de aquellos que nos muestran que podemos iluminar cualquier objeto con la luz solar más intensa que haya pasado a través de vidrio amarillo, de la solución amarilla de sulfuro de calcio, o de…
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Bicromato de potasio: estos materiales son opacos a los rayos químicos; sin embargo, no se logra obtener ninguna copia en formato daguerrotipo, ni siquiera con las placas más sensibles. De hecho, la imagen del sol mismo, cuando se ve a través de una atmósfera que convierte su luz en un color rojo o amarillo intenso, no solo no provoca ningún cambio químico, sino que además protege a la placa yodada de ese efecto. Mientras que todas las demás partes de la placa permiten reproducir las imágenes de los objetos circundantes con normalidad, el sol brillante se representa como una mancha sobre la cual no ocurre ningún cambio.[124] En climas tropicales, donde el sol brilla intensamente iluminando todos los objetos a su alrededor, todos los procesos fotográficos tienen lugar de manera relativamente más lenta que en el clima de Inglaterra, donde la luz es menos intensa. Como ejemplo notable de este hecho, cabe mencionar una circunstancia que ilustra de forma curiosa el poder de la luz para interferir con el actinismo: un caballero, muy familiarizado con el proceso del daguerrotipo, obtuvo en la ciudad de México todo el equipo y los productos químicos necesarios, esperando, bajo la luz brillante y los cielos despejados de ese clima, poder crear imágenes de excelente calidad. Pero los intentos fracasaron uno tras otro; y aunque se tomaron todas las precauciones posibles, no fue hasta que comenzó la temporada de lluvias cuando logró obtener una buena imagen daguerrotipada de alguno de los edificios de esa ciudad del sur. Los primeros intentos, realizados por iniciativa del señor Arago y por orden del gobierno francés, para copiar las tumbas y templos egipcios, así como los restos de los aztecas en América Central, también fracasaron. Aunque los fotógrafos empleados lograban crear imágenes en pocos minutos en París, a menudo descubrieron que una exposición de una hora era insuficiente bajo la intensa luz del cielo tropical. Se han realizado experimentos con el espectro en diferentes latitudes, y se ha comprobado que, a medida que nos acercamos al ecuador, una banda que siempre permanece inalterada, correspondiente exactamente a los rayos de mayor poder iluminante, aumenta gradualmente de tamaño, lo que demuestra el aumento de la luz en comparación con el actinismo, así como el poder de interferencia de la luz. Al aumentar la sensibilidad de la preparación fotográfica, esta dificultad se supera, especialmente cuando se incluye algún compuesto orgánico en dicha preparación. Así, ahora podemos reproducir la naturaleza en todas sus variantes.
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Los estados de ánimo, ya sea que utilicemos nuestras tabletas fotográficas en Europa templada o en África tropical. El grado de sensibilidad logrado es notable. El señor Fox Talbot, al combinar un proceso ideado por el Dr. Woods, de Parsonstown, con otro introducido por primera vez por el autor de este volumen, y al mezclarlos con éter, obtiene un compuesto muy inestable que utiliza para sus fines. Una placa de vidrio se cubre con albúmina mezclada con la solución mencionada, y luego con nitrato de plata: esto forma la superficie sensible. La placa se coloca en la oscuridad, dentro de una cámara, y se ajusta de tal manera que la imagen de un billete impreso fijado en una rueda pueda proyectarse sobre ella cuando esta queda descubierta y la rueda está iluminada. La rueda hace que el billete gire a gran velocidad, en una habitación perfectamente oscura, mientras la placa sensible permanece descubierta. Entonces, el billete en movimiento es iluminado durante un tiempo increíblemente breve gracias a la descarga de un frasco de Leyden. A pesar de la alta velocidad a la que se mueve el papel puntiagudo y de la naturaleza instantánea de la iluminación —un destello en miniatura de relámpago—, el billete se copia con una fidelidad infalible en la placa fotográfica. Lamentablemente, el procedimiento mediante el cual se logra este extraordinario grado de sensibilidad es muy impredecible en su funcionamiento; por eso no es útil en general. Pero aquí tenemos pruebas de que, a una velocidad tan alta como la de una bala de rifle, se puede dejar una impresión en una placa fotográfica. Sin embargo, existen algunos nuevos procesos que prometen, con el tiempo, superar en sensibilidad a los métodos anteriores, y que además no son difíciles de manejar. De este tipo es el proceso del colodión. El algodón disuelto en éter posee propiedades acelerantes muy importantes; en combinación con los sales de plata y uno de los ácidos vegetales, forma una superficie sensible sobre la cual se pueden obtener imágenes en menos de un segundo. El color, incluso el color natural, también se ha logrado con gran éxito. Se ha solicitado al sol que muestre su paleta de colores, y la respuesta ha sido una imagen en la que cada color se ha reproducido con total fidelidad. La placa en la que se ha obtenido este resultado es de color marrón oscuro, y las variaciones cromáticas parecen “desaparecer” debido a los rayos solares. Estos colores aún no se han fijado de forma permanente en la placa utilizada, pero, basándonos en el grado temporal de fijación logrado, podemos esperar que, en poco tiempo, el color pueda quedar fijo de forma permanente tanto en las obras de los fotógrafos como en las de los pintores. Es algo curioso y sorprendente.
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De hecho, en la preparación de estas placas se utilizan sales que dan color a la llama; y según el color que producen al quemarse, ese color queda impreso en la placa fotográfica con mayor intensidad que los demás. ¿A dónde nos lleva esto? Los misterios rodean nuestros avances en el campo de la verdad. No nos atrevemos a especular al respecto: llegará el momento de su pleno desarrollo.
Gracias a este hermoso arte, podemos conservar los rasgos de aquellos que han beneficiado a su raza con su inteligencia o su heroísmo. Podemos transmitir a las generaciones futuras retratos de nuestros propios Wellington y del ilustre Arago, impecables en su fidelidad. ¡Qué gran alegría sería para todos si pudiéramos obtener ahora un daguerrotipo de un poeta griego, o de un filósofo romano, de Sófocles o de Séneca! ¡Cuántas discusiones se evitarían si tuviéramos un calotipo del Bardo de Avon o del Filósofo de Grantham!
Mediante esos mismos rayos que dan vida y brillo al ojo sonriente y a la mejilla rosada, podemos trazar de inmediato el contorno de los rasgos que admiramos, con todos esos detalles sombríos que le dan realidad a la “representación”. Los objetos de nuestro amor pueden estar siempre presentes con nosotros en estas imágenes autoretratadas. Aquellos que desearíamos evitar pueden hacerse conocidos a través de este pintor infalible. El proceso que emplea la naturaleza es perfecto; las imperfecciones son humanas, y como son pocas, pronto podrá aprenderse a remediarlas.
Para el viajero, ¡cuán valiosos son los procesos de la fotografía! Puede obtener representaciones de esos restos de templos que estuvieron en su esplendor cuando Moisés escribió. Puede copiar, con una sola operación, una tumba en Karnak, cubierta de miríadas de jeroglíficos, o una piedra inscrita en Arabia, cuyo trazado le tomaría días. Puede llevarlas a su hogar y leerlas en su tiempo libre. Las reliquias de la antigüedad, que hablan del pasado y registran las historias de razas que se han desvanecido como sombras, así se conservan para contar sus maravillosas historias.
El admirador de la naturaleza puede copiar sus paisajes con la máxima fidelidad. Cada matización del paisaje, cada roca que sobresale o cada colina puntiaguda, el río sinuoso en su rápido fluir, el arroyo serpenteante que “se desliza como la felicidad”, y las llanuras extensas sobre las cuales se dispersan las casas del trabajo honesto y de la paz doméstica, entremezcladas con las torres…
Gracias a este hermoso arte, podemos conservar los rasgos de aquellos que han beneficiado a su raza con su inteligencia o su heroísmo. Podemos transmitir a las generaciones futuras retratos de nuestros propios Wellington y del ilustre Arago, impecables en su fidelidad. ¡Qué gran alegría sería para todos si pudiéramos obtener ahora un daguerrotipo de un poeta griego, o de un filósofo romano, de Sófocles o de Séneca! ¡Cuántas discusiones se evitarían si tuviéramos un calotipo del Bardo de Avon o del Filósofo de Grantham!
Mediante esos mismos rayos que dan vida y brillo al ojo sonriente y a la mejilla rosada, podemos trazar de inmediato el contorno de los rasgos que admiramos, con todos esos detalles sombríos que le dan realidad a la “representación”. Los objetos de nuestro amor pueden estar siempre presentes con nosotros en estas imágenes autoretratadas. Aquellos que desearíamos evitar pueden hacerse conocidos a través de este pintor infalible. El proceso que emplea la naturaleza es perfecto; las imperfecciones son humanas, y como son pocas, pronto podrá aprenderse a remediarlas.
Para el viajero, ¡cuán valiosos son los procesos de la fotografía! Puede obtener representaciones de esos restos de templos que estuvieron en su esplendor cuando Moisés escribió. Puede copiar, con una sola operación, una tumba en Karnak, cubierta de miríadas de jeroglíficos, o una piedra inscrita en Arabia, cuyo trazado le tomaría días. Puede llevarlas a su hogar y leerlas en su tiempo libre. Las reliquias de la antigüedad, que hablan del pasado y registran las historias de razas que se han desvanecido como sombras, así se conservan para contar sus maravillosas historias.
El admirador de la naturaleza puede copiar sus paisajes con la máxima fidelidad. Cada matización del paisaje, cada roca que sobresale o cada colina puntiaguda, el río sinuoso en su rápido fluir, el arroyo serpenteante que “se desliza como la felicidad”, y las llanuras extensas sobre las cuales se dispersan las casas del trabajo honesto y de la paz doméstica, entremezcladas con las torres…
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De esos humildes templos en los cuales la piedad sincera se complace en “inclinar la cabeza y doblar las rodillas”; todos ellos pueden, gracias a los rayos del sol que iluminan todo, ser trazados fielmente en nuestras preparaciones químicas.
Nuestro arte nos permite hacer incluso más que esto; solo tenemos que presentar nuestra placa sensible a la luna, y ella, con su propia luz, imprime sus montañas y valles, indicando con total precisión las condiciones físicas de su superficie.
Se ha evitado cualquier referencia al efecto químico de la luz —los rayos luminosos, diferenciados de los rayos químicos y caloríficos— hasta que llegamos a considerar esta cuestión específica de los cambios químicos.
Sobre los compuestos orgánicos, como, por ejemplo, sobre los pigmentos de las hojas y flores, la luz ejerce un poder químico: se ha descubierto que los colores vegetales se decoloran no por los rayos de su propio color, sino por aquellos que son complementarios a ellos. Un tinte rojo se desvanece bajo la influencia de un rayo verde, y uno amarillo bajo la de uno violeta, mucho más rápidamente que cuando están expuestos a rayos de cualquier otro color; y esto, hay que recordarlo, se debe al propio rayo coloreado, y no a algún poder actínico oculto, por así decirlo, detrás del color, como se cree generalmente.[125] Durante mucho tiempo fue cuestión de saber si la descomposición del ácido carbónico por parte de las plantas se debía a los rayos luminosos o a los químicos. Ahora está claro que son los rayos luminosos los más activos para producir este efecto; lo hacen de forma indirecta, estimulando las fuerzas vitales de las estructuras organizadas.
Por lo tanto, atribuiríamos este fenómeno de descomposición gaseosa a una fuerza vital acelerada por la estimulación luminosa.[126]
Ya hemos señalado algunos fenómenos químicos causados por el calor, en particular aquellos experimentos del conde Rumford, que a él le parecieron demostrar que el efecto químico de los rayos solares se debía a su poder calorífico. Sabemos que ciertos fenómenos químicos pueden producirse por acción térmica; pero la única variedad de acción termoquímica que se relaciona directamente con las radiaciones solares pertenece a una clase de rayos a los que se ha dado el nombre de paratermicos, y a los cuales parecen deberse el chamuscamiento de las plantas, el ennegrecimiento de las hojas en otoño y la maduración de los frutos.[127] Cuando llegamos a…
Nuestro arte nos permite hacer incluso más que esto; solo tenemos que presentar nuestra placa sensible a la luna, y ella, con su propia luz, imprime sus montañas y valles, indicando con total precisión las condiciones físicas de su superficie.
Se ha evitado cualquier referencia al efecto químico de la luz —los rayos luminosos, diferenciados de los rayos químicos y caloríficos— hasta que llegamos a considerar esta cuestión específica de los cambios químicos.
Sobre los compuestos orgánicos, como, por ejemplo, sobre los pigmentos de las hojas y flores, la luz ejerce un poder químico: se ha descubierto que los colores vegetales se decoloran no por los rayos de su propio color, sino por aquellos que son complementarios a ellos. Un tinte rojo se desvanece bajo la influencia de un rayo verde, y uno amarillo bajo la de uno violeta, mucho más rápidamente que cuando están expuestos a rayos de cualquier otro color; y esto, hay que recordarlo, se debe al propio rayo coloreado, y no a algún poder actínico oculto, por así decirlo, detrás del color, como se cree generalmente.[125] Durante mucho tiempo fue cuestión de saber si la descomposición del ácido carbónico por parte de las plantas se debía a los rayos luminosos o a los químicos. Ahora está claro que son los rayos luminosos los más activos para producir este efecto; lo hacen de forma indirecta, estimulando las fuerzas vitales de las estructuras organizadas.
Por lo tanto, atribuiríamos este fenómeno de descomposición gaseosa a una fuerza vital acelerada por la estimulación luminosa.[126]
Ya hemos señalado algunos fenómenos químicos causados por el calor, en particular aquellos experimentos del conde Rumford, que a él le parecieron demostrar que el efecto químico de los rayos solares se debía a su poder calorífico. Sabemos que ciertos fenómenos químicos pueden producirse por acción térmica; pero la única variedad de acción termoquímica que se relaciona directamente con las radiaciones solares pertenece a una clase de rayos a los que se ha dado el nombre de paratermicos, y a los cuales parecen deberse el chamuscamiento de las plantas, el ennegrecimiento de las hojas en otoño y la maduración de los frutos.[127] Cuando llegamos a…
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Al considerar esos fenómenos físicos que pertenecen al crecimiento de las plantas, es necesario prestar atención en detalle a todas estas peculiaridades de la acción solar. La forma en que observamos cómo la energía actínica influye en la acción eléctrica también nos muestra que el equilibrio de fuerzas se mantiene a través de todos los grandes principios de la naturaleza. Si se monta un arreglo galvánico mediante el cual pequeñas cantidades de metales puedan precipitarse lentamente en uno de los polos en la oscuridad, y se expone un arreglo similar a la luz solar, se comprobará que no se deposita ningún metal: los rayos del sol han interferido con la capacidad descomponedora de la corriente eléctrica. Al mismo tiempo, aprendemos que al dirigir un haz de luz sobre una placa de cobre que forma parte de un par galvánico, mientras está bajo la influencia de una solución acidulada, se produce una excitación adicional, y el galvanómetro indicará el paso de una corriente eléctrica aumentada. Estas dos acciones diferentes parecen enigmáticas; pero sin duda pueden encontrar alguna explicación en la influencia de los diferentes rayos sobre los polos opuestos de la batería. Una cosa es completamente evidente: la electricidad sufre una perturbación de un tipo debido a la luz; y otra excitación de otro tipo debido a sus principios asociados en los rayos solares. Si se interpone un vidrio amarillo entre el arreglo galvánico y el sol, la precipitación electroquímica continúa de la misma manera que ocurriría en completa oscuridad, y no se produce ninguna excitación adicional en las placas de la batería. De esto parece desprenderse que es el actinismo, y no la luz, lo que debe considerarse como la fuerza perturbadora.[128] Ya se ha demostrado que los medios amarillos poseen la capacidad de detener el agente químico. Ya hemos descrito en detalle muchas de las peculiaridades de las diferentes variedades de fósforos, las cuales parecen ser el resultado de la luz. La fosforescencia probablemente sea estimulada por aquellos rayos que no producen efecto directo sobre el ojo. Si esparcimos sulfuro de calcio sobre papel y lo exponemos a la acción del espectro solar, se observa que brilla (en la oscuridad) solo en aquellos espacios ocupados por los rayos violeta y por los rayos normalmente oscuros más allá de ellos; lo cual demuestra que la excitación necesaria para el desarrollo de los fenómenos de fosforescencia se debe a una clase de rayos distinta del verdadero principio generador de luz, y más relacionada con ese principio o fuerza que provoca la descomposición química. Si los rayos fluorescentes, mencionados anteriormente, que se encuentran en gran cantidad en el espacio que produce
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El mayor efecto fosforescente, es decir, aquel que está activo en la producción de estos fenómenos, sigue siendo un problema sin resolver. La visión y el color, la acción calorífica, los cambios químicos, las perturbaciones moleculares, los fenómenos eléctricos y la excitación fosforescente: todos ellos, cada uno con una extraña dualidad, están relacionados con los rayos solares. Cuando recibimos espectros solares sobre placas yodadas o sobre diversos tipos de papel fotográfico, observamos que existe una línea sobre la cual no tiene lugar ninguna acción; esta línea se mantiene en la parte superior e inferior de la imagen obtenida, y en muchos casos también a lo largo de los lados. La única forma de explicar esto, dado que el espectro representa al sol de forma distorsionada, es suponer que los rayos que provienen de los bordes del sol tienen un carácter diferente al de aquellos que provienen del centro de ese cuerpo celeste.[129] La luz proveniente del centro del disco solar se encuentra en condiciones diferentes a la que proviene de sus bordes; esto se debe al ángulo variable que nos presenta un cuerpo circular. La acción calorífica parece manifestarse con mayor intensidad cuando la envoltura de luz que rodea al sol, como si fuera una atmósfera, se ve sumida en gran agitación, produciéndose ondas y grandes cavidades, las manchas solares. Existen indicios de la existencia de una tercera condición en la superficie del sol, a la cual probablemente pertenezca esa poderosa fuerza química que llamamos actinismo. La electricidad podría ser, como han especulado algunos, el agente estimulante; podría existir en el sol una aurora boreal constante y violenta, y bajo la excitación de esta fuerza, las demás fuerzas mencionadas podrían activarse plenamente. Tenemos pruebas abundantes de que el actinismo es una de las grandes fuerzas creativas. Casi todos los fenómenos de cambio químico relacionados con la luz ahora se sabe que dependen del poder actínico; y además de la influencia que ya se ha demostrado que ejerce sobre todos los cuerpos inorgánicos, tendremos ocasión de mostrar aún más la dependencia de los mundos vegetal y animal de su acción. La influencia de los rayos solares sobre la vegetación está demostrada por la experiencia cotidiana; un examen más detallado de su acción sobre la vida vegetal queda reservado para el capítulo dedicado a sus fenómenos. En cuanto a su influencia sobre los animales, no se sabe nada con certeza; pero algunos experimentos preliminares demuestran que ellos, al igual que otros organismos organizados, están sujetos a todas las fuerzas radiantes, como de hecho toda observación independiente de experimentos debe enseñarnos. Es seguro que…
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Es decir, esa organización solo puede tener lugar donde los rayos del sol pueden penetrar: donde reina una oscuridad inmutable, allí encontramos todo el silencio de la muerte. Prometeo robó el fuego del cielo y lo entregó como don sagrado al hombre, ya que era lo más útil para él entre todas las cosas en sus necesidades: con su ayuda podía atenuar las rigurosidades del clima, hacer que su comida fuera más digerible y agradable, y iluminar las horas de oscuridad. Así dice la hermosa ficción de la mente griega, que aparece como el sueño poético o la mirada profética de una raza dotada, que sentía la verdad misteriosa que aún no podía describir. Feto y Apolo son solo otras manifestaciones de las energías creativas que residen en el glorioso centro de nuestro universo. La poesía del pueblo helénico se elevó por encima de las trivialidades de la acción meramente humana y buscó interpretar las grandes verdades de la creación. Al ser reflexivos, no podían dejar de ver que había poderes misteriosos en acción a su alrededor; al ser imaginativos, dieron a esas idealizaciones la explicación de esos fenómenos inexplicables. La ciencia moderna ha demostrado cuán importantes son las funciones que desempeñan los rayos solares, y que los principios descubiertos en un rayo de sol son, de hecho, los agentes que estimulan la vida orgánica y determinan la forma inorgánica. No hay que olvidar que ya hemos aludido a una especulación según la cual esta influencia actínica se difunde por toda la naturaleza, siendo en realidad el elemento al que debe atribuirse la fuerza química en todas sus formas, y que esta fuerza es estimulada únicamente por los rayos solares. Esta hipótesis recibe algo de apoyo por la forma muy peculiar en que se desarrolla la acción química una vez iniciada, de manera independiente de cualquier estímulo externo, después de que se produce la primera perturbación. Si algunos de los sales de oro se exponen junto con materia orgánica, como sobre papel, a la luz solar durante un momento, se inicia una acción que continúa sin cesar en la oscuridad, hasta que el oro se reduce a su estado más simple.[130] Lo mismo ocurre con el cromato de plata, algunas sales de mercurio, preparados de plata combinados con protosulfato de hierro o ácido gálico, y algunas otras combinaciones químicas. Estas influencias progresivas apuntan a alguna ley aún no descubierta, que parece vincular este actinismo radiante con el agente químico presente en toda la materia. Este problema también está relacionado con otra clase de hechos que, aunque probablemente se deban en gran medida a las radiaciones caloríficas y, por lo tanto, se conocen bajo el término general de termografía, parecen involucrar…
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tanto la excitación química como la eléctrica. De las investigaciones de Moser y de otros, aprendemos el hecho sumamente extraordinario de que incluso las masas inanimadas actúan y reaccionan entre sí por la influencia de algunas radiaciones oscuras, y parecen intercambiar algunas de las peculiaridades que poseen. Esto se manifiesta generalmente en los curiosos experimentos a los que se ha hecho referencia, ya que se limitan meramente a la forma o estructura. Así, una placa grabada hará que una superficie pulida de metal o vidrio colocada cerca de ella, después de muy poco tiempo, presente una imagen nítida y distinta de sí misma; es decir, generará tal perturbación estructural que hará que la placa reciba el vapor de manera diferente sobre aquellos espacios opuestos a las partes en camafeo o en relieve, en comparación con lo que ocurre en los espacios opuestos. Si se utiliza un trozo de madera en lugar de metal, mediante un tratamiento similar se producirá una verdadera imagen de la madera, incluso con la representación de sus fibras.[131]
También es probable que se produzca descomposición química por la mera yuxtaposición de diferentes cuerpos. Se ha colocado yoduro de oro o plata, perfectamente puro, sobre una placa de vidrio, y una placa de cobre cubierta con mercurio suspendida encima de ella: se dice que se observó una descomposición gradual de dichas sales, se formó yoduro de mercurio y las sales de oro o plata se redujeron a un estado metálico finamente dividido.[132]
Un cuerpo cuyas capacidades para irradiar calor son bajas, al acercarse a otro cuyas capacidades de irradiación son más extensas, sufrirá, en el transcurso de poco tiempo, una cantidad tal de perturbación molecular que provocará un cambio completo en la disposición de su superficie, y se dejará una impresión del cuerpo con las mayores capacidades de irradiación sobre el otro. Esta impresión está latente, pero puede desarrollarse bajo la influencia de vapores o de la oxidación.[133] Un cuerpo, como el carbón, de baja capacidad conductora, al colocarse cerca de otro, como el cobre, que es un buen conductor, producirá, de manera similar, en muy poco tiempo, una impresión de sí mismo sobre la placa metálica. Así, cualquier par de cuerpos cuyas capacidades conductoras o de irradiación sean diferentes, al acercarse uno al otro, provocarán una perturbación molecular o dejarán la imagen del uno en el otro. Por pequeña que sea la diferencia, se percibe un efecto, y de tipo sumamente extraordinario, que da lugar a la producción de imágenes reales en cada superficie expuesta. Es así como una impresión en papel puede ser copiada en metal, simplemente suspendiéndola cerca de una placa bien pulida de plata o cobre durante unos días. Las líneas blancas y negras irradian de manera muy diferente; en consecuencia, una
También es probable que se produzca descomposición química por la mera yuxtaposición de diferentes cuerpos. Se ha colocado yoduro de oro o plata, perfectamente puro, sobre una placa de vidrio, y una placa de cobre cubierta con mercurio suspendida encima de ella: se dice que se observó una descomposición gradual de dichas sales, se formó yoduro de mercurio y las sales de oro o plata se redujeron a un estado metálico finamente dividido.[132]
Un cuerpo cuyas capacidades para irradiar calor son bajas, al acercarse a otro cuyas capacidades de irradiación son más extensas, sufrirá, en el transcurso de poco tiempo, una cantidad tal de perturbación molecular que provocará un cambio completo en la disposición de su superficie, y se dejará una impresión del cuerpo con las mayores capacidades de irradiación sobre el otro. Esta impresión está latente, pero puede desarrollarse bajo la influencia de vapores o de la oxidación.[133] Un cuerpo, como el carbón, de baja capacidad conductora, al colocarse cerca de otro, como el cobre, que es un buen conductor, producirá, de manera similar, en muy poco tiempo, una impresión de sí mismo sobre la placa metálica. Así, cualquier par de cuerpos cuyas capacidades conductoras o de irradiación sean diferentes, al acercarse uno al otro, provocarán una perturbación molecular o dejarán la imagen del uno en el otro. Por pequeña que sea la diferencia, se percibe un efecto, y de tipo sumamente extraordinario, que da lugar a la producción de imágenes reales en cada superficie expuesta. Es así como una impresión en papel puede ser copiada en metal, simplemente suspendiéndola cerca de una placa bien pulida de plata o cobre durante unos días. Las líneas blancas y negras irradian de manera muy diferente; en consecuencia, una
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Se produce un efecto en el metal brillante en las partes correspondientes a las líneas negras, distinto del que ocurre frente a las porciones blancas del papel; y, al aplicar vapor, se encuentra una imagen verdadera de una impresa sobre la otra.[134]
Los cuerpos que se encuentran en diferentes estados eléctricos actúan unos sobre otros de manera análoga. Así, el arsénico, que es altamente electronegativo, al colocarse cerca de un trozo de cobre electropositivo, transmite fácilmente a su superficie una imagen de sí mismo, y de igual modo lo harán otros cuerpos si se encuentran en condiciones distintas. Toda sustancia físicamente diferente (no importa si se trata de color, composición química, estructura mecánica, condición calorífica o estado eléctrico) posee una capacidad de radiación mediante la cual se puede producir un cambio sensible en un cuerpo de constitución diferente.
La fábula nos ha contado que los magos del Oriente poseían espejos con los cuales podían producir a voluntad imágenes de los ausentes. La ciencia ahora nos muestra que se pueden producir en la superficie de los metales pulidos representaciones suficientes para engañar a los crédulos sin dificultad. Una placa de acero altamente pulida puede quedar marcada con imágenes de cualquier tipo, las cuales permanecerían invisibles, ya que la superficie pulida no se ve afectada en lo más mínimo en cuanto a sus propiedades reflectantes; pero al respirar sobre ella, las imágenes latentes se desarrollarían y desaparecerían nuevamente a medida que la humedad condensada se evaporaba de la superficie.[135]
Estos, que son solo algunos ejemplos seleccionados de una serie de resultados de carácter igualmente sorprendente, sirven para convencernos de que la naturaleza está trabajando sin cesar, de que cada átomo posee propiedades mediante las cuales influye en todos los demás átomos del universo, y de que una clase muy importante de fenómenos naturales parece conectarse directamente con las fuerzas radiantes.
Los alquimistas observaron que se producía un cambio en el cloruro de plata expuesto a la luz solar. Wedgwood fue el primero en aprovechar ese descubrimiento para copiar imágenes. Niepce realizó una investigación física de este curioso cambio y descubrió que todos los cuerpos eran influenciados por este principio radiado desde el sol. Daguerre logró efectos con el “lápiz solar” que ningún artista podía igualar; y Talbot y otros ampliaron su aplicación. Herschel continuó con la investigación; y él, con su habitual capacidad de investigación inductiva y deducción filosófica, presentó al mundo una serie de descubrimientos que mostraban cuán vasto era el campo de investigación que se abría.
Los cuerpos que se encuentran en diferentes estados eléctricos actúan unos sobre otros de manera análoga. Así, el arsénico, que es altamente electronegativo, al colocarse cerca de un trozo de cobre electropositivo, transmite fácilmente a su superficie una imagen de sí mismo, y de igual modo lo harán otros cuerpos si se encuentran en condiciones distintas. Toda sustancia físicamente diferente (no importa si se trata de color, composición química, estructura mecánica, condición calorífica o estado eléctrico) posee una capacidad de radiación mediante la cual se puede producir un cambio sensible en un cuerpo de constitución diferente.
La fábula nos ha contado que los magos del Oriente poseían espejos con los cuales podían producir a voluntad imágenes de los ausentes. La ciencia ahora nos muestra que se pueden producir en la superficie de los metales pulidos representaciones suficientes para engañar a los crédulos sin dificultad. Una placa de acero altamente pulida puede quedar marcada con imágenes de cualquier tipo, las cuales permanecerían invisibles, ya que la superficie pulida no se ve afectada en lo más mínimo en cuanto a sus propiedades reflectantes; pero al respirar sobre ella, las imágenes latentes se desarrollarían y desaparecerían nuevamente a medida que la humedad condensada se evaporaba de la superficie.[135]
Estos, que son solo algunos ejemplos seleccionados de una serie de resultados de carácter igualmente sorprendente, sirven para convencernos de que la naturaleza está trabajando sin cesar, de que cada átomo posee propiedades mediante las cuales influye en todos los demás átomos del universo, y de que una clase muy importante de fenómenos naturales parece conectarse directamente con las fuerzas radiantes.
Los alquimistas observaron que se producía un cambio en el cloruro de plata expuesto a la luz solar. Wedgwood fue el primero en aprovechar ese descubrimiento para copiar imágenes. Niepce realizó una investigación física de este curioso cambio y descubrió que todos los cuerpos eran influenciados por este principio radiado desde el sol. Daguerre logró efectos con el “lápiz solar” que ningún artista podía igualar; y Talbot y otros ampliaron su aplicación. Herschel continuó con la investigación; y él, con su habitual capacidad de investigación inductiva y deducción filosófica, presentó al mundo una serie de descubrimientos que mostraban cuán vasto era el campo de investigación que se abría.
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Las razas más jóvenes de la humanidad: un campo en el cual un verdadero espíritu puede cosechar la recompensa más alta en el descubrimiento de nuevos hechos; y hacia él debemos dirigirnos en busca de un mayor desarrollo de esas grandes fuerzas con las cuales ya tenemos algún conocimiento superficial, así como en busca del descubrimiento de influencias superiores que aún no se han imaginado en nuestra filosofía.
Si la música, con sus misterios del sonido, brinda al corazón humano una sensación orientada hacia el cielo; si la belleza y la grandeza que se encuentran se extienden por toda esta hermosa tierra como una vestidura, revelando las maravillosas armonías de la creación, y si, mediante todo el encanto de esas fuerzas secretas, que, mezclándose con la encantadora luz del sol, este lo derrama continuamente para dar forma a los cristales y a las flores, o para otorgar a la materia la fuerza inmortal de un alma que la abraza, entonces, desde esta tierra, nuestras aspiraciones podrían elevarse hasta Dios.
NOTAS AL PIE:
[117] Véase *Investigaciones sobre la luz*, del autor. Cualquier referencia a las obras de los alquimistas demuestra la prevalencia de la idea expresada en el texto. Se sabe que el oro siempre estaba bajo la influencia de la luz y del calor solar. “Se dice del oro que se enfría con la llegada del día, tanto que quienes llevan anillos de oro pueden percibir cuándo está a punto de amanecer”. —*Speculum Mundi*, o un espejo que representa la faz del mundo. Cambridge, 1643.
[118] Informe de Daguerre a la Academia de Ciencias: *La Daguerréotype Historique, et description des procédés du Daguerréotype et du Diorama* (París, 1839); en particular, la descripción de la heliografía realizada por el Sr. Niepce. Véanse también las cartas de Niepce, publicadas por primera vez en *Investigaciones sobre la luz*.
[119] “Si una solución de peroxalato de hierro se mantiene en un lugar oscuro, o si se expone a 212° Fahrenheit durante varias horas, no experimenta ningún cambio sensible en sus propiedades físicas, ni muestra ningún fenómeno que pueda considerarse como resultado de alguna acción elemental”.
Si la música, con sus misterios del sonido, brinda al corazón humano una sensación orientada hacia el cielo; si la belleza y la grandeza que se encuentran se extienden por toda esta hermosa tierra como una vestidura, revelando las maravillosas armonías de la creación, y si, mediante todo el encanto de esas fuerzas secretas, que, mezclándose con la encantadora luz del sol, este lo derrama continuamente para dar forma a los cristales y a las flores, o para otorgar a la materia la fuerza inmortal de un alma que la abraza, entonces, desde esta tierra, nuestras aspiraciones podrían elevarse hasta Dios.
NOTAS AL PIE:
[117] Véase *Investigaciones sobre la luz*, del autor. Cualquier referencia a las obras de los alquimistas demuestra la prevalencia de la idea expresada en el texto. Se sabe que el oro siempre estaba bajo la influencia de la luz y del calor solar. “Se dice del oro que se enfría con la llegada del día, tanto que quienes llevan anillos de oro pueden percibir cuándo está a punto de amanecer”. —*Speculum Mundi*, o un espejo que representa la faz del mundo. Cambridge, 1643.
[118] Informe de Daguerre a la Academia de Ciencias: *La Daguerréotype Historique, et description des procédés du Daguerréotype et du Diorama* (París, 1839); en particular, la descripción de la heliografía realizada por el Sr. Niepce. Véanse también las cartas de Niepce, publicadas por primera vez en *Investigaciones sobre la luz*.
[119] “Si una solución de peroxalato de hierro se mantiene en un lugar oscuro, o si se expone a 212° Fahrenheit durante varias horas, no experimenta ningún cambio sensible en sus propiedades físicas, ni muestra ningún fenómeno que pueda considerarse como resultado de alguna acción elemental”.
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“Sin embargo, si se expone a la influencia de la luz solar en un recipiente de vidrio provisto de un tubo, la solución concentrada de oxalato de hierro presenta pronto un fenómeno muy interesante: en poco tiempo, la solución que recibe los rayos solares desarrolla un número infinito de burbujas de gas, las cuales ascienden en el líquido con creciente rapidez y le dan al líquido el aspecto de un jarabe en proceso de fuerte fermentación. Esta ebullición se vuelve siempre más intensa, y casi tumultuosa, cuando se sumerge en ella un tubo de vidrio sin pulir junto con un pequeño trozo de madera; el propio líquido queda luego sometido a corrientes ascendentes y descendentes, se vuelve gradualmente amarillento y turbio, y finalmente precipita protoxalato de hierro, en forma de pequeños cristales brillantes de color amarillo limón, mientras continúa produciéndose gas”. Acción química de la luz y formación de la Humboldtina por ella; Phil. Mag., 1832, segunda serie.—“Cuando una solución de platino en ácido nitrómuríico, en la cual el exceso de ácido ha sido neutralizado mediante la adición de cal, y que ha sido bien purificada por filtración, se mezcla con agua de cal en la oscuridad, no tiene lugar durante mucho tiempo ninguna precipitación significativa; de hecho, ninguna en absoluto, aunque después de un tiempo muy largo se forma un ligero sedimento algodonoso, tras lo cual la reacción cesa por completo. Pero si la mezcla, ya sea recién preparada o después de haberse purificado mediante la sedimentación de este sedimento, se expone a la luz solar, inmediatamente se vuelve lechosa, y tiene lugar una abundante formación de un precipitado blanco (o uno de color amarillo pálido, si hay exceso de solución de platino), el cual se asienta rápidamente y es fácil de recolectar. Lo mismo ocurre, pero más lentamente, bajo la luz nublada”.—Sobre la acción de la luz en la precipitación del cloruro de platino por agua de cal; extracto de una carta del Sir John F. W. Herschel, K.H., F.R.S., etc., dirigida al Dr. Daubeny.—Phil. Mag. 1832.
[120] Sobre un cambio producido por la exposición a los rayos del sol en las propiedades de una sustancia elemental, por el profesor Draper; Sobre los cambios que sufren los cuerpos en la oscuridad, por Robert Hunt: Informe de la decimotercera reunión de la Asociación Británica, vol. xii; Descripción del tithonometro, un instrumento para medir la fuerza química de los rayos indigótitónicos: por J. W. Draper, M.D.—Philosophical Magazine, diciembre de 1843, vol. xxiii.
[121] Para varias ilustraciones de este notable fenómeno, véase Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre los colores vegetales y sobre algunos nuevos procesos fotográficos; por Sir John F. W. Herschel, Bart., K.H., F.R.S.—Phil. Trans. junio de 1842, vol. cxxxiii; Sobre ciertas mejoras en los procesos fotográficos descritos en una comunicación anterior, y sobre los rayos paratermicos del espectro solar; por Sir John F. W. Herschel, Bart., K.H., F.R.S., etc., en una carta dirigida a S. Hunter Christie.—Phil. Trans. 1843, vol. cxxxiv.
[122] Sir J. F. W. Herschel; véase también Investigaciones sobre la luz, del mismo autor.
[123] Sir John Herschel y otros han llamado la atención sobre la acción protectora de ciertos rayos del espectro. Véase el decimoctavo informe de la Asociación Británica, donde se presenta un experimento del autor en el que se demostró que todos los rayos de luz protegían los papeles fotográficos de los cambios químicos, lo que demuestra de manera contundente que la luz y el actinismo no eran poderes similares.
[124] “Habiendo observado, en un día densamente nublado, que el disco del sol tenía un color rojo intenso, dirigí mi aparato hacia él. Después de diez segundos de exposición, introduje la placa preparada en la caja de mercurio, y obtuve una imagen redonda perfectamente negra; el sol no había producido ningún efecto fotogénico. En otro…”
[120] Sobre un cambio producido por la exposición a los rayos del sol en las propiedades de una sustancia elemental, por el profesor Draper; Sobre los cambios que sufren los cuerpos en la oscuridad, por Robert Hunt: Informe de la decimotercera reunión de la Asociación Británica, vol. xii; Descripción del tithonometro, un instrumento para medir la fuerza química de los rayos indigótitónicos: por J. W. Draper, M.D.—Philosophical Magazine, diciembre de 1843, vol. xxiii.
[121] Para varias ilustraciones de este notable fenómeno, véase Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre los colores vegetales y sobre algunos nuevos procesos fotográficos; por Sir John F. W. Herschel, Bart., K.H., F.R.S.—Phil. Trans. junio de 1842, vol. cxxxiii; Sobre ciertas mejoras en los procesos fotográficos descritos en una comunicación anterior, y sobre los rayos paratermicos del espectro solar; por Sir John F. W. Herschel, Bart., K.H., F.R.S., etc., en una carta dirigida a S. Hunter Christie.—Phil. Trans. 1843, vol. cxxxiv.
[122] Sir J. F. W. Herschel; véase también Investigaciones sobre la luz, del mismo autor.
[123] Sir John Herschel y otros han llamado la atención sobre la acción protectora de ciertos rayos del espectro. Véase el decimoctavo informe de la Asociación Británica, donde se presenta un experimento del autor en el que se demostró que todos los rayos de luz protegían los papeles fotográficos de los cambios químicos, lo que demuestra de manera contundente que la luz y el actinismo no eran poderes similares.
[124] “Habiendo observado, en un día densamente nublado, que el disco del sol tenía un color rojo intenso, dirigí mi aparato hacia él. Después de diez segundos de exposición, introduje la placa preparada en la caja de mercurio, y obtuve una imagen redonda perfectamente negra; el sol no había producido ningún efecto fotogénico. En otro…”
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En un experimento, dejé la placa funcionando durante veinte minutos; el sol había pasado por una cierta zona de la placa, y se formó una imagen cuya longitud era siete u ocho veces el diámetro del sol; estaba completamente negra, de modo que era evidente que, allí donde había pasado el disco rojo del sol, no solo faltaba acción fotogénica, sino que los rayos rojos habían destruido el efecto producido antes de su paso. Repetí estos experimentos durante varios días seguidos, utilizando soles de diferentes tonalidades de rojo y amarillo. Estas distintas tonalidades produjeron casi el mismo efecto: allí donde pasaba el sol, existía una banda negra.” —Sr. Claudet, Sobre las diferentes propiedades de la radiación solar, modificada por medios de vidrio coloreado, etc.: Phil. Trans. 1847. Parte 2.
[125] “También se puede observar que los rayos eficaces para destruir una determinada tonalidad son, en muchos casos, aquellos cuya unión produce un color complementario a la tonalidad destruida, o al menos uno perteneciente a esa clase de colores a la que puede referirse dicho color complementario. Por ejemplo, los amarillos con tendencia al naranja son destruidos con mayor energía por los rayos azules; los azules, por los rayos rojos, naranjas y amarillos; los púrpuras y rosados, por los rayos amarillos y verdes.” —Sir J. F. W. Herschel, Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre los colores vegetales: Phil. Trans., vol. cxxxiii. 1842.
[126] Los siguientes memorandos y obras son necesarios para una historia completa de esta investigación: —Experimentos y observaciones relacionadas con diversos campos de la filosofía natural, con una continuación de las observaciones sobre el aire: por el Dr. Priestley. Londres, 1779. Mémoires Physico-chimiques, etc.: por J. Senebier. Expériences sur les végétaux, por De la Ville: París, 1782; y Phil. Trans. 1782. Observations sur les expériences de M. Ingenhousz: por De la Ville; Roz. obs. 23, 290. Expériences propres à développer les effets de la lumière sur certaines plantes: por Tessier; Mém. de l’Ac. des Sc. de Paris, 1783, p. 132; Licht. Mag. iv. 4, 146. Sur la vertu de l’eau impregnée d’air fixe pour en obtenir, par le moyen des plantes et de la lumière du soleil, de l’air déphlogistiqué: por Ingenhousz; Roz. obs. 24, 337. Expériences sur l’action de la lumière solaire dans la végétation: por Senebier; Ginebra y París, 1788, p. 61. Extrait des expériences de M. Senebier sur l’action de la lumière solaire dans la végétation: por Hasenfratz; Ann. Chim. iii. 2nd. ser. 266. Expériences relatives à l’influence de la lumière sur quelques végétaux: por De Candolle; Jour. de Ph. lii. 124: Voigt’s Mag. ii. 483; Gilb. Ann. xiii. 372; Mém. des Sav. Etr. i. 329. Recherches chimiques sur la végétation: por Saussure; Ann. Chim. l. 225; Jour. de Ph. lvii. p. 393; Gilb. Ann. xviii 208. Recherches sur la respiration des plantes exposées à la lumière du soleil; por Ruhland; Ann. Ch. Ph. iii. 411; Jour. de Ph. 1816. On the action of light upon plants, and of plants upon the atmosphere: por el Dr. Daubeny; Phil. Trans. cxxvii enero, 1836. On the action of yellow light in producing the green colour, and of indigo light on the movements of plants: por P. Gardner; Phil. Mag. xxiv.; Bibl. Univ. xlix. p. 376, y lii. p. 381. On the influence of light on plants: por R. Hunt; Phil. Mag. xxiv. p. 96; Bibl. Univ. xlix. p. 383; Athen. 1844. Note on the decomposition of carbonic acid by the leaves of plants, under the influence of yellow light: por Draper; Phil. Mag. xxv. p. 169. On the action of the yellow rays of light on vegetation: por Harkness; Phil. Mag. xxv. p. 339. Influence des rayons solaires sur la végétation: por Zantedeschi; Inst. Nº 541, p. 157.
[127] Los memorandos de Sir John Herschel ya mencionados; y Reports on the influence of the Solar Rays on the growth of Plants, por Robert Hunt: Report of the British Association for the Advancement of Science, correspondiente a 1847.
[125] “También se puede observar que los rayos eficaces para destruir una determinada tonalidad son, en muchos casos, aquellos cuya unión produce un color complementario a la tonalidad destruida, o al menos uno perteneciente a esa clase de colores a la que puede referirse dicho color complementario. Por ejemplo, los amarillos con tendencia al naranja son destruidos con mayor energía por los rayos azules; los azules, por los rayos rojos, naranjas y amarillos; los púrpuras y rosados, por los rayos amarillos y verdes.” —Sir J. F. W. Herschel, Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre los colores vegetales: Phil. Trans., vol. cxxxiii. 1842.
[126] Los siguientes memorandos y obras son necesarios para una historia completa de esta investigación: —Experimentos y observaciones relacionadas con diversos campos de la filosofía natural, con una continuación de las observaciones sobre el aire: por el Dr. Priestley. Londres, 1779. Mémoires Physico-chimiques, etc.: por J. Senebier. Expériences sur les végétaux, por De la Ville: París, 1782; y Phil. Trans. 1782. Observations sur les expériences de M. Ingenhousz: por De la Ville; Roz. obs. 23, 290. Expériences propres à développer les effets de la lumière sur certaines plantes: por Tessier; Mém. de l’Ac. des Sc. de Paris, 1783, p. 132; Licht. Mag. iv. 4, 146. Sur la vertu de l’eau impregnée d’air fixe pour en obtenir, par le moyen des plantes et de la lumière du soleil, de l’air déphlogistiqué: por Ingenhousz; Roz. obs. 24, 337. Expériences sur l’action de la lumière solaire dans la végétation: por Senebier; Ginebra y París, 1788, p. 61. Extrait des expériences de M. Senebier sur l’action de la lumière solaire dans la végétation: por Hasenfratz; Ann. Chim. iii. 2nd. ser. 266. Expériences relatives à l’influence de la lumière sur quelques végétaux: por De Candolle; Jour. de Ph. lii. 124: Voigt’s Mag. ii. 483; Gilb. Ann. xiii. 372; Mém. des Sav. Etr. i. 329. Recherches chimiques sur la végétation: por Saussure; Ann. Chim. l. 225; Jour. de Ph. lvii. p. 393; Gilb. Ann. xviii 208. Recherches sur la respiration des plantes exposées à la lumière du soleil; por Ruhland; Ann. Ch. Ph. iii. 411; Jour. de Ph. 1816. On the action of light upon plants, and of plants upon the atmosphere: por el Dr. Daubeny; Phil. Trans. cxxvii enero, 1836. On the action of yellow light in producing the green colour, and of indigo light on the movements of plants: por P. Gardner; Phil. Mag. xxiv.; Bibl. Univ. xlix. p. 376, y lii. p. 381. On the influence of light on plants: por R. Hunt; Phil. Mag. xxiv. p. 96; Bibl. Univ. xlix. p. 383; Athen. 1844. Note on the decomposition of carbonic acid by the leaves of plants, under the influence of yellow light: por Draper; Phil. Mag. xxv. p. 169. On the action of the yellow rays of light on vegetation: por Harkness; Phil. Mag. xxv. p. 339. Influence des rayons solaires sur la végétation: por Zantedeschi; Inst. Nº 541, p. 157.
[127] Los memorandos de Sir John Herschel ya mencionados; y Reports on the influence of the Solar Rays on the growth of Plants, por Robert Hunt: Report of the British Association for the Advancement of Science, correspondiente a 1847.
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[128] Memoria sobre la Constitución del Espectro Solar, presentada en la reunión de la Academia de Ciencias en 1842 por M. Edmond Becquerel; Des effets produits sur les corps par les rayons solaires, por M. Edmond Becquerel, ayudante en el Museo de Historia Natural: Memoria presentada a la Academia de Ciencias el 23 de octubre de 1843.—“En el transcurso de esta memoria he empleado los nombres de rayos luminosos, químicos y fosforogénicos para designar, en cada caso, la porción de los rayos solares que actúa para producir, en particular, los efectos luminosos, químicos y fosforogénicos; pero esto no afecta en modo alguno a la opinión que acabo de expresar respecto a la existencia de un único y mismo radiación.”
“Mi respuesta es esta”, dice M. Arago en su artículo titulado Consideraciones relativas a la acción de la luz: “En modo alguno está demostrado que las modificaciones fotogénicas de las sustancias sensibles resulten de la acción de la luz solar misma. Las modificaciones son, quizás, generadas por radiaciones invisibles mezcladas con la luz propiamente dicha, que viajan junto a ella y se refractan de manera similar. En este caso, el experimento demostraría no solo que el espectro formado por estos rayos invisibles no es continuo, que existen soluciones de continuidad como en el espectro visible, sino también que en los dos espectros superpuestos estas soluciones coinciden exactamente. Este sería uno de los resultados más curiosos y extraños de la física.”—Memorias Científicas de Taylor.
[129] La evidencia química de esto se encuentra en la Memoria sobre el Espectro Solar de Sir John Herschel, y en particular en los cambios producidos en el tartrato de plata. Se describen influencias similares observadas en una placa de daguerrotipo, en un artículo titulado Experimentos y observaciones sobre la luz que ha penetrado en medios coloreados, y sobre la acción química del Espectro Solar, de Robert Hunt.—Philosophical Magazine, vol. xxvi. 1840.
[130] Esta peculiar continuidad de un efecto se ha observado con frecuencia en muchos de los procesos fotográficos. En una nota a una memoria sobre ciertas mejoras en los procesos fotográficos, Sir John Herschel se refiere así a esta propiedad:—“La excitación se produce en dicho papel por la humedad ordinaria de la atmósfera, y continúa actuando lentamente en la oscuridad, aparentemente sin otro límite que el proporcionado por la disponibilidad de los ingredientes presentes. En el caso del plata, finalmente produce un recubrimiento perfecto de plata en todas las partes expuestas al sol. De este modo se obtienen fotografías muy singulares y hermosas, muy parecidas a las imágenes daguerrotipadas; el carácter negativo cambia gradualmente, de forma casi imperceptible, a positivo, y los tonos presentan un cambio de color sumamente singular y brillante, desde un marrón rojizo hasta el negro, cuando se sostienen de forma más o menos inclinada. Sin duda, también se podrían obtener imágenes en oro con brillo metálico mediante el mismo proceso, aunque no he realizado el experimento.”
[131] Los detalles de este curioso tema pueden estudiarse en las siguientes memorias y comunicaciones:—Sobre la visión y la acción de la luz en todos los cuerpos, por el profesor Ludwig Moser, de Königsberg; de Poggendorff’s Annalen, vol. lvi, p. 177, n.º 6, 1845. Algunas observaciones sobre la luz invisible, por el profesor Ludwig Moser, de Königsberg; de Poggendorff’s Annalen, vol. lvi, p. 569, n.º 8. Sobre la capacidad que tiene la luz de volverse latente, por el profesor Ludwig Moser, de Königsberg; de Poggendorff’s Annalen, vol. lvii, n.º 9, p. 1, 1842. Sobre ciertas apariciones espectrales y sobre el descubrimiento de la luz latente, por J. W. Draper, M.D., profesor de Química en la Universidad de Nueva York; Phil. Mag., p. 348, noviembre de 1842. Sobre una nueva sustancia imponderable y sobre una clase de
“Mi respuesta es esta”, dice M. Arago en su artículo titulado Consideraciones relativas a la acción de la luz: “En modo alguno está demostrado que las modificaciones fotogénicas de las sustancias sensibles resulten de la acción de la luz solar misma. Las modificaciones son, quizás, generadas por radiaciones invisibles mezcladas con la luz propiamente dicha, que viajan junto a ella y se refractan de manera similar. En este caso, el experimento demostraría no solo que el espectro formado por estos rayos invisibles no es continuo, que existen soluciones de continuidad como en el espectro visible, sino también que en los dos espectros superpuestos estas soluciones coinciden exactamente. Este sería uno de los resultados más curiosos y extraños de la física.”—Memorias Científicas de Taylor.
[129] La evidencia química de esto se encuentra en la Memoria sobre el Espectro Solar de Sir John Herschel, y en particular en los cambios producidos en el tartrato de plata. Se describen influencias similares observadas en una placa de daguerrotipo, en un artículo titulado Experimentos y observaciones sobre la luz que ha penetrado en medios coloreados, y sobre la acción química del Espectro Solar, de Robert Hunt.—Philosophical Magazine, vol. xxvi. 1840.
[130] Esta peculiar continuidad de un efecto se ha observado con frecuencia en muchos de los procesos fotográficos. En una nota a una memoria sobre ciertas mejoras en los procesos fotográficos, Sir John Herschel se refiere así a esta propiedad:—“La excitación se produce en dicho papel por la humedad ordinaria de la atmósfera, y continúa actuando lentamente en la oscuridad, aparentemente sin otro límite que el proporcionado por la disponibilidad de los ingredientes presentes. En el caso del plata, finalmente produce un recubrimiento perfecto de plata en todas las partes expuestas al sol. De este modo se obtienen fotografías muy singulares y hermosas, muy parecidas a las imágenes daguerrotipadas; el carácter negativo cambia gradualmente, de forma casi imperceptible, a positivo, y los tonos presentan un cambio de color sumamente singular y brillante, desde un marrón rojizo hasta el negro, cuando se sostienen de forma más o menos inclinada. Sin duda, también se podrían obtener imágenes en oro con brillo metálico mediante el mismo proceso, aunque no he realizado el experimento.”
[131] Los detalles de este curioso tema pueden estudiarse en las siguientes memorias y comunicaciones:—Sobre la visión y la acción de la luz en todos los cuerpos, por el profesor Ludwig Moser, de Königsberg; de Poggendorff’s Annalen, vol. lvi, p. 177, n.º 6, 1845. Algunas observaciones sobre la luz invisible, por el profesor Ludwig Moser, de Königsberg; de Poggendorff’s Annalen, vol. lvi, p. 569, n.º 8. Sobre la capacidad que tiene la luz de volverse latente, por el profesor Ludwig Moser, de Königsberg; de Poggendorff’s Annalen, vol. lvii, n.º 9, p. 1, 1842. Sobre ciertas apariciones espectrales y sobre el descubrimiento de la luz latente, por J. W. Draper, M.D., profesor de Química en la Universidad de Nueva York; Phil. Mag., p. 348, noviembre de 1842. Sobre una nueva sustancia imponderable y sobre una clase de
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Rayos químicos análogos a los rayos del calor oscuro: por el profesor Draper; Phil. Mag., diciembre de 1842. Sobre la acción de los rayos del espectro solar sobre la placa de daguerrotipo; por sir J. F. W. Herschel, Bart.; Phil. Mag., febrero de 1843. Véanse las observaciones en este artículo sobre el uso que Moser ha hecho de vidrios coloreados; también un comunicado del profesor Draper, Sobre el poder de descoloración rápida de ciertos gases y vapores, y sobre un medio instantáneo para producir apariciones espectrales: Phil. Mag., marzo de 1843; y Sobre las causas que concurren en la producción de las imágenes de Moser: Comptes Rendus, noviembre de 1842. Véase Scientific Memoirs, vol. iii.
[132] Este hecho fue observado por primera vez por mí mismo y descrito en el artículo ya mencionado, Philosophical Magazine, vol. xxii, p. 270. Sin embargo, no parece haber llamado la atención de ningún otro observador.
[133] Sobre la termografía, o el arte de copiar grabados o cualquier carácter impreso a partir de papel o placas metálicas, y sobre el reciente descubrimiento de Moser relativo a la formación de imágenes en la oscuridad, por Robert Hunt: Reports of the Royal Cornwall Polytechnic Society for 1842, y Philosophical Magazine, vol. xxi, p. 462. —Sobre las imágenes espectrales de M. Moser, por Robert Hunt: Philosophical Magazine, vol. xxiii, p. 415.
[134] Fuerza catalítica, o atracción de la superficie involucrada en el poder difusivo de los gases; una energía u fuerza oculta en soluciones salinas saturadas; Prater. —Mechanic’s Magazine, vol. xlv, p. 106. Ueber elektrische Abbildungen; por G. Karsten. —Poggendorff’s Annalen, vol. lvii, p. 402. —Se pueden consultar a Melloni y Brewster para obtener mucha de la información más notable relacionada con la radiación proveniente de superficies coloreadas.
[135] Se dice que Cornelio Agripa poseía un espejo de este tipo. Los chinos fabrican espejos que, cuando se colocan bajo una luz determinada, muestran en sus superficies pulidas el patrón de la parte posterior del metal, aunque este sea invisible en cualquier otra posición. Esto se logra dando diferentes grados de dureza a las distintas partes del metal. En Natural Magic, de sir David Brewster, se mencionan varios experimentos curiosos pertenecientes a esta categoría.
[132] Este hecho fue observado por primera vez por mí mismo y descrito en el artículo ya mencionado, Philosophical Magazine, vol. xxii, p. 270. Sin embargo, no parece haber llamado la atención de ningún otro observador.
[133] Sobre la termografía, o el arte de copiar grabados o cualquier carácter impreso a partir de papel o placas metálicas, y sobre el reciente descubrimiento de Moser relativo a la formación de imágenes en la oscuridad, por Robert Hunt: Reports of the Royal Cornwall Polytechnic Society for 1842, y Philosophical Magazine, vol. xxi, p. 462. —Sobre las imágenes espectrales de M. Moser, por Robert Hunt: Philosophical Magazine, vol. xxiii, p. 415.
[134] Fuerza catalítica, o atracción de la superficie involucrada en el poder difusivo de los gases; una energía u fuerza oculta en soluciones salinas saturadas; Prater. —Mechanic’s Magazine, vol. xlv, p. 106. Ueber elektrische Abbildungen; por G. Karsten. —Poggendorff’s Annalen, vol. lvii, p. 402. —Se pueden consultar a Melloni y Brewster para obtener mucha de la información más notable relacionada con la radiación proveniente de superficies coloreadas.
[135] Se dice que Cornelio Agripa poseía un espejo de este tipo. Los chinos fabrican espejos que, cuando se colocan bajo una luz determinada, muestran en sus superficies pulidas el patrón de la parte posterior del metal, aunque este sea invisible en cualquier otra posición. Esto se logra dando diferentes grados de dureza a las distintas partes del metal. En Natural Magic, de sir David Brewster, se mencionan varios experimentos curiosos pertenecientes a esta categoría.
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CAPÍTULO IX.
LA ELECTRICIDAD.
Descubrimiento de la fuerza eléctrica—Difundida por toda la materia—
¿Qué es la electricidad?—Teorías—Electricidad por fricción—
Capacidad conductora de los cuerpos—Hipótesis de los dos fluidos—
Imágenes eléctricas—Electricidad galvánica—Efectos en
los animales—Química de la batería galvánica—Electricidad de una
gota de agua—Acción electroquímica—Corrientes eléctricas—Termoelectricidad—Electricidad animal—
Gymnotus—Torpedo—Electricidad atmosférica—Relámpago
Conductores—Magnetismo terrestre debido a las corrientes eléctricas
—Influencia en la vitalidad—Desarrollo animal y vegetal—Corrientes terrestres—Electricidad de las vetas minerales—Electrotipo—Influencia del calor, la luz y el actinismo en los fenómenos eléctricos.
Si se frota con fuerza un trozo de ámbar o electrum, adquiere la propiedad de atraer cuerpos ligeros. Este curioso poder llamó la atención de Tales de Mileto; y de las investigaciones de este filósofo griego debemos datar nuestro conocimiento de una de las fuerzas naturales más importantes: la electricidad.
Si una mente inquisitiva no se hubiera preguntado por qué esta curiosa manifestación natural atrae una pluma, es muy probable que nuestra época no contara con los medios que le permiten transmitir información con una rapidez comparable al sueño poético de los “mensajeros de pensamiento de alas veloces”. A esta era de aplicaciones prácticas, este ámbar nos enseña una lección notable. La utilidad moderna habría considerado a Tales como un loco. Sosteniendo en su mano un trozo de resina amarilla, frotándolo y luego recogiendo pedazos de plumón o atrapando plumas flotantes, el antiguo griego habría parecido muy necio, y la generación interesada se habría burlado de sus trabajos absurdos. Pero cuando anunció a su escuela que este ámbar contenía un alma o esencia que se despertaba por la fricción, y que…
LA ELECTRICIDAD.
Descubrimiento de la fuerza eléctrica—Difundida por toda la materia—
¿Qué es la electricidad?—Teorías—Electricidad por fricción—
Capacidad conductora de los cuerpos—Hipótesis de los dos fluidos—
Imágenes eléctricas—Electricidad galvánica—Efectos en
los animales—Química de la batería galvánica—Electricidad de una
gota de agua—Acción electroquímica—Corrientes eléctricas—Termoelectricidad—Electricidad animal—
Gymnotus—Torpedo—Electricidad atmosférica—Relámpago
Conductores—Magnetismo terrestre debido a las corrientes eléctricas
—Influencia en la vitalidad—Desarrollo animal y vegetal—Corrientes terrestres—Electricidad de las vetas minerales—Electrotipo—Influencia del calor, la luz y el actinismo en los fenómenos eléctricos.
Si se frota con fuerza un trozo de ámbar o electrum, adquiere la propiedad de atraer cuerpos ligeros. Este curioso poder llamó la atención de Tales de Mileto; y de las investigaciones de este filósofo griego debemos datar nuestro conocimiento de una de las fuerzas naturales más importantes: la electricidad.
Si una mente inquisitiva no se hubiera preguntado por qué esta curiosa manifestación natural atrae una pluma, es muy probable que nuestra época no contara con los medios que le permiten transmitir información con una rapidez comparable al sueño poético de los “mensajeros de pensamiento de alas veloces”. A esta era de aplicaciones prácticas, este ámbar nos enseña una lección notable. La utilidad moderna habría considerado a Tales como un loco. Sosteniendo en su mano un trozo de resina amarilla, frotándolo y luego recogiendo pedazos de plumón o atrapando plumas flotantes, el antiguo griego habría parecido muy necio, y la generación interesada se habría burlado de sus trabajos absurdos. Pero cuando anunció a su escuela que este ámbar contenía un alma o esencia que se despertaba por la fricción, y que…
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Al salir del cuerpo en el que anteriormente permanecía inactivo y al hacer regresar las pequeñas partículas que flotaban a su alrededor, él dio al mundo la primera pista de una gran verdad que ha avanzado nuestro conocimiento de los fenómenos físicos de manera maravillosa, y ha contribuido a los perfeccionamientos y necesidades de la civilización. Cada fenómeno que se nos presenta, por simple que parezca, es una expresión externa de alguna verdad interna, cuya interpretación solo puede lograrse mediante un estudio diligente; pero, una vez descubierta, esta verdad señala el camino hacia nuevos conocimientos y otorga al hombre un gran aumento de poder. No existe verdad tan abstracta que no encuentre su aplicación útil, y cada ejemplo de cómo la ciencia física sirve a los fines de la humanidad es una prueba del valor del estudio abstracto, y una respuesta al utilitarista en su propio lenguaje. La electricidad parece estar difundida por toda la naturaleza; y, sin lugar a dudas, es una de las fuerzas físicas más importantes en los grandes fenómenos de la creación. En las nubes de tormenta, llenas de destrucción, reside lista para lanzar sus descargas y sacudir la tierra con sus explosiones; en las ondas aéreas, silenciosa e invisible, pasa, proporcionando la excitación necesaria a los organismos que la rodean. La gota de lluvia —el océano que envuelve la tierra— y las aguas que corren por los ríos provienen de esta poderosa fuerza. Las rocas sólidas, las arcillas tenaces que se encuentran sobre ellas, los suelos superficiales y las arenas incoherentes nos dan evidencia de la presencia de esta fuerza; y en el mundo orgánico, ya sea animal o vegetal, siempre se puede detectar la acción de la fuerza eléctrica. En las radiaciones solares quizás tengamos al motor principal de esta fuerza. En nuestra atmósfera, cuando está tranquila y sin nubes, vemos un gran océano de luz; o, cuando está sombría debido a la presencia de tornados, podemos detectar constantemente la lucha entre los elementos de la materia para mantener un equilibrio de fuerza eléctrica. Difundida por toda la materia, la electricidad está siempre activa; pero hay que recordar que, aunque es evidentemente un agente necesario en todas las operaciones de la naturaleza, no es el agente al cual se debe atribuir todo lo desconocido. Sin duda, la influencia de esta fuerza es más extensa de lo que hemos descubierto hasta ahora; pero esa es una filosofía perezosa que, sin examen alguno, atribuye todo fenómeno misterioso a la influencia de la electricidad.
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La pregunta de qué es la electricidad siempre ha desconcertado, y continúa desconcertando, al mundo de la ciencia. Mientras un grupo de experimentadores ha intentado explicar los fenómenos que han observado, basándose en la teoría de que la electricidad es un fluido sutil y peculiar que impregna la materia y posee poderes singulares de atracción y repulsión, otro grupo se ve obligado a considerar esos fenómenos como evidencia de la acción de dos fluidos que siempre se encuentran en estados opuestos; además, otros han considerado la electricidad, al igual que la atracción gravitatoria, como una mera propiedad de la materia.[136] Lo cierto es que, en las manifestaciones de los fenómenos eléctricos, parecemos tener evidencia de dos tipos de fuerza; pero respecto a los estados positivo o negativo, de la electricidad vítrea o resinoso, tenemos una explicación sencilla: se supone que existe alguna corriente que fluye hacia adentro o hacia afuera del cuerpo material, algún principio que está constantemente activo para mantener su equilibrio y que, por lo tanto, debe actuar en dos direcciones, exhibiendo siempre esa dualidad que es una característica distintiva de este agente sutil. Es curioso, y debería ser un hecho instructivo, que cada una de las tres teorías sobre la electricidad sea susceptible de ser demostrada y, de hecho, haya sido respaldada con gran eficacia por el análisis riguroso de las matemáticas. Cuando recordamos que algunos de los investigadores más ilustrados de esta época y de épocas pasadas han sostenido, de la manera más convincente, estas visiones diferentes, deberíamos vacilar antes de emitir una opinión sobre la causa o causas de los fenómenos sumamente complejos de la fuerza eléctrica.
Aunque descubrimos, en todos los procesos de la naturaleza, las manifestaciones de este principio o fuerza en sus condiciones características, será necesario, antes de analizar los grandes fenómenos, examinar las fuentes conocidas a partir de las cuales podemos evocar con mayor facilidad el poder formidable de la electricidad. Si frotamos un trozo de vidrio o resina, hacemos que este agente se active fácilmente; estas sustancias, al ser estimuladas de esta manera, parecen quedar rodeadas por una atmósfera atractiva o repulsiva. Frotemos una tira de papel de escribir con caucho indio, o una tira de gutapercha con los dedos, en la oscuridad, y tendremos la manifestación de varios fenómenos curiosos: tenemos un poder de atracción peculiar, una descarga luminosa en forma de chispa, y evidencias muy claras de perturbaciones musculares producidas al presionar la superficie del material con los nudillos. En cada caso, observamos el desarrollo de la misma fuerza.
Aunque descubrimos, en todos los procesos de la naturaleza, las manifestaciones de este principio o fuerza en sus condiciones características, será necesario, antes de analizar los grandes fenómenos, examinar las fuentes conocidas a partir de las cuales podemos evocar con mayor facilidad el poder formidable de la electricidad. Si frotamos un trozo de vidrio o resina, hacemos que este agente se active fácilmente; estas sustancias, al ser estimuladas de esta manera, parecen quedar rodeadas por una atmósfera atractiva o repulsiva. Frotemos una tira de papel de escribir con caucho indio, o una tira de gutapercha con los dedos, en la oscuridad, y tendremos la manifestación de varios fenómenos curiosos: tenemos un poder de atracción peculiar, una descarga luminosa en forma de chispa, y evidencias muy claras de perturbaciones musculares producidas al presionar la superficie del material con los nudillos. En cada caso, observamos el desarrollo de la misma fuerza.
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Toda sustancia en la naturaleza es eléctrica, y si se dispone de tal manera que su electricidad no se disipe al generarse, podemos, mediante la fricción, manifestar su presencia e incluso medir su cantidad o su fuerza. Sin embargo, no todos los cuerpos son igualmente buenos conductores eléctricos; el laca de concha, el ámbar, las resinas, el azufre y el vidrio exhiben con mayor intensidad los fenómenos de la electricidad por fricción o mecánica que los metales, el carbón o el plomo. Los cuerpos sólidos permiten que este principio peculiar pase a través de ellos también en grados muy diferentes. Así, la electricidad viaja fácilmente a través del cobre y de la mayoría de los otros metales, siendo el platino el peor conductor metálico. También pasa a través de los animales y vegetales vivos, del humo, de los vapores, del aire rarefaccionado y de la tierra húmeda; pero es obstaculizada por las resinas y el vidrio, el papel cuando está seco, los aceites y los óxidos metálicos secos, y de manera muy intensa por la gutapercha.[137]
Si, por lo tanto, colocamos una carga eléctrica sobre cualquiera de esos cuerpos aislantes, y el aire a su alrededor está bien seco, podemos acumular una gran cantidad de energía para producir cualquier efecto específico. Aprovechando este hecho, se han creado dispositivos para acumular y liberar a voluntad cualquier cantidad de electricidad.
Una ampolla de Leyden —así llamada por su inventor, Musschenbroek, quien vivió en Leyden— es simplemente una botella de vidrio revestida por dentro y por fuera, a pocos centímetros de la parte superior, con un recubrimiento metálico. Si se permite que un cable o cadena que transporta corriente eléctrica llegue hasta el fondo de la botella, el recubrimiento interno se carga o acumula un exceso de electricidad, mientras que el externo permanece en su estado natural; se dice que uno está en estado positivo y el otro en estado negativo. Si ahora se conectan los dos recubrimientos mediante un buen conductor, como un trozo de alambre de cobre que va de uno al otro, del exterior al interior, tiene lugar una descarga, producto del establecimiento del equilibrio entre los dos recubrimientos; y si la conexión se realiza a través de nuestros cuerpos, sentimos una fuerte perturbación en el sistema nervioso.
La causa de las propiedades conductoras e aislantes de los cuerpos no la conocemos; guardan alguna relación con sus capacidades conductoras de calor, pero no obedecen exactamente a las mismas leyes. Cuando consideramos que la resina, un cuerpo relativamente blando en el que, por consiguiente, la atracción cohesiva no es muy fuerte, es un conductor imperfecto, y que el cobre, en el que la cohesión es mucho más intensa, es un buen conductor, podemos pensar que esto está regulado por la mayor proximidad entre las partículas de la materia.
Si, por lo tanto, colocamos una carga eléctrica sobre cualquiera de esos cuerpos aislantes, y el aire a su alrededor está bien seco, podemos acumular una gran cantidad de energía para producir cualquier efecto específico. Aprovechando este hecho, se han creado dispositivos para acumular y liberar a voluntad cualquier cantidad de electricidad.
Una ampolla de Leyden —así llamada por su inventor, Musschenbroek, quien vivió en Leyden— es simplemente una botella de vidrio revestida por dentro y por fuera, a pocos centímetros de la parte superior, con un recubrimiento metálico. Si se permite que un cable o cadena que transporta corriente eléctrica llegue hasta el fondo de la botella, el recubrimiento interno se carga o acumula un exceso de electricidad, mientras que el externo permanece en su estado natural; se dice que uno está en estado positivo y el otro en estado negativo. Si ahora se conectan los dos recubrimientos mediante un buen conductor, como un trozo de alambre de cobre que va de uno al otro, del exterior al interior, tiene lugar una descarga, producto del establecimiento del equilibrio entre los dos recubrimientos; y si la conexión se realiza a través de nuestros cuerpos, sentimos una fuerte perturbación en el sistema nervioso.
La causa de las propiedades conductoras e aislantes de los cuerpos no la conocemos; guardan alguna relación con sus capacidades conductoras de calor, pero no obedecen exactamente a las mismas leyes. Cuando consideramos que la resina, un cuerpo relativamente blando en el que, por consiguiente, la atracción cohesiva no es muy fuerte, es un conductor imperfecto, y que el cobre, en el que la cohesión es mucho más intensa, es un buen conductor, podemos pensar que esto está regulado por la mayor proximidad entre las partículas de la materia.
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Pero en el platino, la disposición de las partículas debe ser mucho más densa que en el cobre, y sin embargo, en comparación con este, es un conductor muy deficiente.
[138]
Hemos aprendido ahora que podemos, mediante fricción, excitar la electricidad en una sustancia vítrea; pero no hay que olvidar que no podemos aumentar la cantidad que, en condiciones normales, es propia de la electricidad; para hacerlo, debemos establecer de alguna manera un canal de comunicación con la tierra, desde donde, a través del medio que utilizamos para excitarla, obtenemos el suministro necesario. Tenemos los medios para limitar esta poderosa fuerza dentro de ciertos límites de cantidad y tiempo. Si colocamos cuerpos susceptibles de excitación eléctrica sobre otros aislantes, podemos conservar durante un tiempo considerable las señales de dicha excitación, de la misma manera que ocurre con el frasco de Leyden; pero existe un esfuerzo constante por mantener un equilibrio de condiciones, y el cuerpo en el que hemos acumulado una cantidad extraordinaria de electricidad vuelve pronto a su estado natural.
Se puede emplear un método muy sencillo para demostrar lo que se considera una de las muchas pruebas a favor de la existencia de dos tipos de electricidad. Si se pasa el cable que transporta la corriente proveniente de la máquina sobre papel cubierto con nitrato de plata, no se produce ningún cambio en él; pero si se pasa el cable que transmite la corriente al instrumento, cuando este está excitado, sobre el mismo papel, la sal de plata se descompone.[139] Sin embargo, podemos explicar este resultado de manera satisfactoria, partiendo de la hipótesis de que la descomposición se produce por la absorción de electricidad, y no por alguna diferencia física en el propio fluido. Mediante la electricidad generada por fricción, podemos provocar curiosos trastornos moleculares y dar lugar a reorganizaciones moleculares, que han sido denominadas “imágenes eléctricas”, tanto en el vidrio como en la piedra y en los metales aparentemente menos manejables: estas imágenes se vuelven visibles debido a la forma en que, según su estado eléctrico, algunas zonas reciben cierto polvo o vapor, mientras que otras zonas quedan libres de ellos. Muchos de los grandes fenómenos naturales, como el rayo y el trueno, la aurora boreal y los meteoros, pueden ser imitados de manera sorprendentemente precisa mediante la máquina eléctrica y algunos dispositivos simples.[140]
Ahora procederá a considerarse la electricidad voláica, como se denomina comúnmente a la fuerza activa producida por cambios químicos, en honor al ilustre Volta. Diferencia de la electricidad generada por fricción en esto: la electricidad voláica…
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Hemos aprendido ahora que podemos, mediante fricción, excitar la electricidad en una sustancia vítrea; pero no hay que olvidar que no podemos aumentar la cantidad que, en condiciones normales, es propia de la electricidad; para hacerlo, debemos establecer de alguna manera un canal de comunicación con la tierra, desde donde, a través del medio que utilizamos para excitarla, obtenemos el suministro necesario. Tenemos los medios para limitar esta poderosa fuerza dentro de ciertos límites de cantidad y tiempo. Si colocamos cuerpos susceptibles de excitación eléctrica sobre otros aislantes, podemos conservar durante un tiempo considerable las señales de dicha excitación, de la misma manera que ocurre con el frasco de Leyden; pero existe un esfuerzo constante por mantener un equilibrio de condiciones, y el cuerpo en el que hemos acumulado una cantidad extraordinaria de electricidad vuelve pronto a su estado natural.
Se puede emplear un método muy sencillo para demostrar lo que se considera una de las muchas pruebas a favor de la existencia de dos tipos de electricidad. Si se pasa el cable que transporta la corriente proveniente de la máquina sobre papel cubierto con nitrato de plata, no se produce ningún cambio en él; pero si se pasa el cable que transmite la corriente al instrumento, cuando este está excitado, sobre el mismo papel, la sal de plata se descompone.[139] Sin embargo, podemos explicar este resultado de manera satisfactoria, partiendo de la hipótesis de que la descomposición se produce por la absorción de electricidad, y no por alguna diferencia física en el propio fluido. Mediante la electricidad generada por fricción, podemos provocar curiosos trastornos moleculares y dar lugar a reorganizaciones moleculares, que han sido denominadas “imágenes eléctricas”, tanto en el vidrio como en la piedra y en los metales aparentemente menos manejables: estas imágenes se vuelven visibles debido a la forma en que, según su estado eléctrico, algunas zonas reciben cierto polvo o vapor, mientras que otras zonas quedan libres de ellos. Muchos de los grandes fenómenos naturales, como el rayo y el trueno, la aurora boreal y los meteoros, pueden ser imitados de manera sorprendentemente precisa mediante la máquina eléctrica y algunos dispositivos simples.[140]
Ahora procederá a considerarse la electricidad voláica, como se denomina comúnmente a la fuerza activa producida por cambios químicos, en honor al ilustre Volta. Diferencia de la electricidad generada por fricción en esto: la electricidad voláica…
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Se desarrolla por la fricción de la placa o cilindro de vidrio de la máquina eléctrica; se trata de una descarga que tiene algo de explosión: es electricidad liberada de repente desde el estado más alto de tensión. En cambio, lo que se genera por acción química en la batería voltaica es una corriente que fluye de forma constante. Podemos comparar esto con la ignición instantánea de una masa de pólvora, y lo otro con la combustión lenta de la misma cantidad, distribuida en un proceso muy prolongado.
Existen numerosas formas en las que podemos provocar los fenómenos del voltismo, pero en todas ellas parece ser necesario la descomposición de uno de los elementos utilizados. Esto ocurre en las configuraciones de baterías en las que dos metales diferentes, como zinc y cobre, plata y platino, o similares, se sumergen en líquidos; el zinc o la plata se convierten gradualmente en sales solubles que se disuelven, mientras que el cobre o el platino queda protegido de cualquier acción. La forma más sencilla de ilustrar la generación de esta electricidad es colocando un trozo de plata sobre la lengua y un trozo de zinc o plomo debajo de ella. No se observará ningún efecto mientras los dos metales estén separados, pero cuando sus bordes se juntan, se sentirá una ligera sensación de vibración en la lengua, se percibirá un sabor salado en el paladar, y si está oscuro, se verá luz con el ojo.
Este fenómeno, germen de una de las ciencias más extraordinarias, fue observado por Sulzar cincuenta años antes de que Galvani notara las convulsiones en las extremidades de las ranas, provocadas por el contacto con metales diferentes. Pero Sulzar prestó poca atención a este fenómeno, y su descubrimiento no condujo a ningún resultado concreto. Cuando la mente observadora de Galvani se fijó en el hecho sorprendente de que el simple contacto entre dos metales diferentes y la superficie húmeda de los músculos vivos producía convulsiones, surgió en él la conciencia de una gran verdad fundamental, que él cultivó, probó y preservó para que siguiera realizando sus maravillas en futuras épocas.
Aunque el mundo científico considera a Volta como el hombre que dio la primera interpretación verdadera de este descubrimiento, el mundo cotidiano nunca separará este importante ramo de la ciencia física del nombre de Galvani. La electricidad química, en todas sus formas, seguirá siendo conocida para siempre bajo el nombre familiar de voltismo. Y no hay que olvidar que…
Existen numerosas formas en las que podemos provocar los fenómenos del voltismo, pero en todas ellas parece ser necesario la descomposición de uno de los elementos utilizados. Esto ocurre en las configuraciones de baterías en las que dos metales diferentes, como zinc y cobre, plata y platino, o similares, se sumergen en líquidos; el zinc o la plata se convierten gradualmente en sales solubles que se disuelven, mientras que el cobre o el platino queda protegido de cualquier acción. La forma más sencilla de ilustrar la generación de esta electricidad es colocando un trozo de plata sobre la lengua y un trozo de zinc o plomo debajo de ella. No se observará ningún efecto mientras los dos metales estén separados, pero cuando sus bordes se juntan, se sentirá una ligera sensación de vibración en la lengua, se percibirá un sabor salado en el paladar, y si está oscuro, se verá luz con el ojo.
Este fenómeno, germen de una de las ciencias más extraordinarias, fue observado por Sulzar cincuenta años antes de que Galvani notara las convulsiones en las extremidades de las ranas, provocadas por el contacto con metales diferentes. Pero Sulzar prestó poca atención a este fenómeno, y su descubrimiento no condujo a ningún resultado concreto. Cuando la mente observadora de Galvani se fijó en el hecho sorprendente de que el simple contacto entre dos metales diferentes y la superficie húmeda de los músculos vivos producía convulsiones, surgió en él la conciencia de una gran verdad fundamental, que él cultivó, probó y preservó para que siguiera realizando sus maravillas en futuras épocas.
Aunque el mundo científico considera a Volta como el hombre que dio la primera interpretación verdadera de este descubrimiento, el mundo cotidiano nunca separará este importante ramo de la ciencia física del nombre de Galvani. La electricidad química, en todas sus formas, seguirá siendo conocida para siempre bajo el nombre familiar de voltismo. Y no hay que olvidar que…
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Los fenómenos relacionados con la manifestación de la electricidad, en conexión con las condiciones de vitalidad, se deben en su totalidad a Galvani. Examinemos los fenómenos del galvanismo en sus fases más simples: si colocamos un pez vivo sobre una placa de zinc, ponemos una moneda sobre su espalda y luego tocamos ambos metales con los extremos de un alambre metálico, el pez presentará convulsiones dolorosas. El zinc se oxida debido a la separación del oxígeno del líquido que está en contacto con él, mientras que se libera gas hidrógeno en la superficie que está en contacto con el otro metal. Aquí tenemos, en primer lugar, un cambio químico, y luego un trastorno muscular peculiar. Cada combinación o descomposición sucesiva se transmite a lo largo del circuito de un extremo al otro, como si fuera una pulsación. La forma en que el impulso que proviene del zinc se transmite a través del cuerpo del animal, o de la lengua, hasta llegar al plata o al cobre, es algo que debemos considerar a continuación. Solo podemos entender esto bajo la suposición de que una serie de impulsos se transmiten de la manera más rápida posible a lo largo de la línea de conexión; la idea de una corriente, aunque sea un término comúnmente utilizado, tiende a transmitir una impresión imperfecta en la mente. Parecería más bien que se produce un trastorno en todo el circuito debido a una serie de vibraciones o impulsos que se transmiten de partícula en partícula, a lo largo de esa extraña red de nervios. Un conjunto de elementos químicos tiende a desarrollarse en el punto donde la vibración se transmite por primera vez a la masa desde un conductor mejor que él mismo, y otro conjunto en el punto donde pasa del cuerpo a un conductor mejor que él. La causa de esto debe buscarse en las leyes que regulan la constitución molecular, mediante las cuales se perturba la afinidad química, y se ejerce una nueva fuerza atractiva, cuya obediencia hace que la energía vital misma se agite. Sin embargo, no debemos olvidar que es probable, aunque aún no sea posible demostrarlo, que la electricidad no haga más que perturbar o acelerar los principios desconocidos de los cuales dependen los fenómenos químicos y vitales; de hecho, es un agente secundario.[141] A pesar de nuestro largo conocimiento de los fenómenos del galvanismo, son pocos los que tienen una idea correcta de la enorme cantidad de electricidad que es necesaria para las condiciones actuales de la materia. A Faraday le debemos las primeras deducciones claras a partir de una serie de…
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Las investigaciones inductivas, que son de la categoría más completa. Él ha demostrado, mediante una serie de experimentos sumamente concluyentes, que si la energía eléctrica que mantiene un grano de agua unido, o que hace que un grano de oxígeno e hidrógeno se unan en las proporciones adecuadas para formar agua, pudiera ser recogida y convertida en corriente voltaica, sería exactamente la cantidad necesaria para producir la descomposición de ese grano de agua, es decir, la liberación de sus elementos, el hidrógeno y el oxígeno.[142] Mediante experimentos directos se ha comprobado que un equivalente de zinc en un arreglo voltaico genera tal cantidad de electricidad en forma de corriente, que al pasar por el agua descompone exactamente un equivalente de dicho líquido. La ley se ha expresado así: la electricidad que descompone, y la que se genera por la descomposición de una cierta cantidad de materia, son iguales. Los pesos equivalentes de los cuerpos son aquellas cantidades de ellos que contienen igual cantidad de electricidad; la electricidad determina el número equivalente, ya que determina la fuerza de combinación.[143] Ese mismo experimentador elegante y preciso ha demostrado que alambres de zinc y platino, de un dieciochoavo de pulgada de diámetro y aproximadamente media pulgada de largo, sumergidos en agua en la que está mezclado ácido sulfúrico tan débil que no resulta perceptiblemente ácido al paladar, generarán más electricidad en una vigésima parte de minuto que la que producen treinta vueltas de una gran máquina eléctrica de placas en pleno funcionamiento; una cantidad que, al pasar por la cabeza de un gato, es suficiente para matarlo como si fuera un rayo. Al continuar esta interesante investigación, se descubre que un solo grano de agua contiene tanta electricidad como la que podría acumularse en 800.000 frascos de Leyden, cada uno de los cuales requiere treinta vueltas de la gran máquina de la Real Institución para cargarse; una cantidad igual a la que se genera a partir de una nube eléctrica cargada. “Sin embargo, la tenemos bajo nuestro control total: podemos generarla, dirigirla y utilizarla a voluntad; y cuando ha realizado su función completa de electrólisis, solo ha separado los elementos de un único grano de agua”. Muchos han sostenido que las realidades de la ciencia no admiten una visión poética sin degradar su alto valor; que la poesía, al ser el aspecto imaginativo de la naturaleza, no tiene nada en común con los hechos de la investigación experimental, ni con la filosofía que generaliza los descubrimientos de la inducción rigurosa. Si nuestra ciencia fuera perfecta, y estuviera completamente expuesta…
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Nuestros sentidos nos revelan todos los secretos del mundo interior; si nuestra filosofía fuera infalible y siempre conectara un hecho con otro a través de una larga serie que condujera hasta la causa indudable de todo, entonces la poesía, en el sentido en que utilizamos hoy este término, tendría poco que ver con la verdad; de hecho, se perdería o quedaría absorbida, como las estrellas del cielo, en el brillo del sol meridiano. Pero tomando como ejemplo nuestro hecho actual, qué fundamento tan importante ofrece para construir una serie de pensamientos capaces de elevar la mente humana por encima de las materialidades que la rodean, de elevar cada naturaleza común mediante la refinación de sus ideas nuevas a un nivel más alto en la escala de la inteligencia, de acelerar cada impulso del alma y de dar a la humanidad los anhelos más sagrados.
¿Qué nos dice la ciencia sobre la gota de agua? Dos gases, uno que estimula la vida y acelera la combustión y el otro un aire altamente inflamable, se convierten, bajo la influencia de una combinación de fuerzas, en una esfera líquida. A partir de esta esfera cristalina podemos generar calor, luz, electricidad y actinismo en cantidades enormes; y más allá de estos, existen fuerzas o poderes para los cuales, debido a la pobreza de nuestras ideas y palabras, no tenemos nombres. Aprendemos que cada uno de estos principios contribuye a mantener las condiciones de la gota de agua, que refresca la naturaleza orgánica y aporta alegría al lugar donde vive el hombre.
¿Tiene la poesía un tema más noble que este? Se observan agentes como espíritus alados de poder infinito, cada uno actuando a su manera particular, pero todos con un fin común: producir, bajo la guía de un poder omnipotente, las aguas de los ríos y los mares. Así como el gran océano refleja el brillante cielo que lo cubre, devolviendo la luz solar y el brillo de las estrellas de medianoche con grandeza y belleza, así también cada gota de agua, vista con el conocimiento que la ciencia nos ha dado, envía al espíritu reflexiones de verdades aún lejanas que, seguidas correctamente, nos llevarán hacia arriba y hacia adelante en el camino de las inteligencias superiores…
“Hasta los lugares donde residen los eternos”.
En los descubrimientos relacionados con la electricidad, tenemos resultados de carácter más tangible que los relacionados con las demás fuerzas físicas; y parece que esta ciencia ha avanzado nuestro conocimiento de la naturaleza.
¿Qué nos dice la ciencia sobre la gota de agua? Dos gases, uno que estimula la vida y acelera la combustión y el otro un aire altamente inflamable, se convierten, bajo la influencia de una combinación de fuerzas, en una esfera líquida. A partir de esta esfera cristalina podemos generar calor, luz, electricidad y actinismo en cantidades enormes; y más allá de estos, existen fuerzas o poderes para los cuales, debido a la pobreza de nuestras ideas y palabras, no tenemos nombres. Aprendemos que cada uno de estos principios contribuye a mantener las condiciones de la gota de agua, que refresca la naturaleza orgánica y aporta alegría al lugar donde vive el hombre.
¿Tiene la poesía un tema más noble que este? Se observan agentes como espíritus alados de poder infinito, cada uno actuando a su manera particular, pero todos con un fin común: producir, bajo la guía de un poder omnipotente, las aguas de los ríos y los mares. Así como el gran océano refleja el brillante cielo que lo cubre, devolviendo la luz solar y el brillo de las estrellas de medianoche con grandeza y belleza, así también cada gota de agua, vista con el conocimiento que la ciencia nos ha dado, envía al espíritu reflexiones de verdades aún lejanas que, seguidas correctamente, nos llevarán hacia arriba y hacia adelante en el camino de las inteligencias superiores…
“Hasta los lugares donde residen los eternos”.
En los descubrimientos relacionados con la electricidad, tenemos resultados de carácter más tangible que los relacionados con las demás fuerzas físicas; y parece que esta ciencia ha avanzado nuestro conocimiento de la naturaleza.
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y de los misterios de la creación de manera mucho más extensa que cualquier otro departamento de investigación puramente experimental.
Los fenómenos de la acción electroquímica son tan extraños que debemos volver por un momento a considerar la descomposición del agua y la aparición del hidrógeno en un polo y del oxígeno en el otro. Parece que alguna confusión en nuestras ideas ha surgido de las concepciones recibidas sobre la constitución atómica de los cuerpos. Hemos estado acostumbrados a considerar al agua —a tomar ese cuerpo como ejemplo de todos— como un compuesto de dos gases, hidrógeno y oxígeno; un átomo equivalente del primero unido a un átomo equivalente del segundo, formando un átomo de agua. Este átomo de agua lo consideramos infinitamente pequeño; en consecuencia, una gota de agua está compuesta por cientos de estos átomos combinados, y una pinta de agua por no menos de 10.000 gotas. Ahora bien, si esta pinta de agua se conecta con los cables de una batería galvánica, aunque sus extremos estén separados por algunos centímetros, por cada átomo de oxígeno liberado en un polo, un átomo de hidrógeno se libera en el otro. Se ha pensado que un átomo ha sufrido descomposición en un punto, perdiendo su oxígeno, y entonces surgió la dificultad de hacer pasar el átomo de hidrógeno a través de todos los átomos combinados del agua hasta el otro polo. Se ha supuesto que tiene lugar una serie de descomposiciones y recompuestas, así como una transmisión de efectos de partícula a partícula.
Se ha encontrado un poder atrayente para una clase de cuerpos en un polo, que es repulsivo para otra clase; y se ha detectado el orden inverso en el polo opuesto de un arreglo galvánico.[144] Es decir, el cable que transporta la corriente desde una placa de zinc excitada tiene una relación con todos los cuerpos directamente opuesta a la que muestra el cable que transporta la corriente desde, o completa el circuito con, la placa de cobre. Uno, por ejemplo, recoge y transporta ácidos y cosas por el estilo, mientras que el otro transporta bases metálicas. En el extremo de uno de los cables galvánicos, sumergido en una gota de agua, siempre se libera oxígeno; y en el extremo del otro, necesario para completar el circuito con la batería, se libera hidrógeno.
Parece necesario, para comprender claramente lo que ocurre en este experimento, que consideremos cada masa, por grande que sea, como representante de un único átomo. Tampoco esto es difícil, como demostrará la siguiente ilustración.
Los fenómenos de la acción electroquímica son tan extraños que debemos volver por un momento a considerar la descomposición del agua y la aparición del hidrógeno en un polo y del oxígeno en el otro. Parece que alguna confusión en nuestras ideas ha surgido de las concepciones recibidas sobre la constitución atómica de los cuerpos. Hemos estado acostumbrados a considerar al agua —a tomar ese cuerpo como ejemplo de todos— como un compuesto de dos gases, hidrógeno y oxígeno; un átomo equivalente del primero unido a un átomo equivalente del segundo, formando un átomo de agua. Este átomo de agua lo consideramos infinitamente pequeño; en consecuencia, una gota de agua está compuesta por cientos de estos átomos combinados, y una pinta de agua por no menos de 10.000 gotas. Ahora bien, si esta pinta de agua se conecta con los cables de una batería galvánica, aunque sus extremos estén separados por algunos centímetros, por cada átomo de oxígeno liberado en un polo, un átomo de hidrógeno se libera en el otro. Se ha pensado que un átomo ha sufrido descomposición en un punto, perdiendo su oxígeno, y entonces surgió la dificultad de hacer pasar el átomo de hidrógeno a través de todos los átomos combinados del agua hasta el otro polo. Se ha supuesto que tiene lugar una serie de descomposiciones y recompuestas, así como una transmisión de efectos de partícula a partícula.
Se ha encontrado un poder atrayente para una clase de cuerpos en un polo, que es repulsivo para otra clase; y se ha detectado el orden inverso en el polo opuesto de un arreglo galvánico.[144] Es decir, el cable que transporta la corriente desde una placa de zinc excitada tiene una relación con todos los cuerpos directamente opuesta a la que muestra el cable que transporta la corriente desde, o completa el circuito con, la placa de cobre. Uno, por ejemplo, recoge y transporta ácidos y cosas por el estilo, mientras que el otro transporta bases metálicas. En el extremo de uno de los cables galvánicos, sumergido en una gota de agua, siempre se libera oxígeno; y en el extremo del otro, necesario para completar el circuito con la batería, se libera hidrógeno.
Parece necesario, para comprender claramente lo que ocurre en este experimento, que consideremos cada masa, por grande que sea, como representante de un único átomo. Tampoco esto es difícil, como demostrará la siguiente ilustración.
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Tomemos una partícula de sal común (cloruro de sodio) que pese menos que un grano, y pongámosla en cien mil granos de agua destilada. En pocos minutos, la sal se ha difundido por todo el líquido, y en cada gota podemos detectar cloro y sosa. No podemos creer que este grano de sal se haya dividido en cien mil partes; más bien concebimos que el fenómeno de la disolución es uno de difusión. Un cuerpo infinitamente elástico se ha interpuesto en otro.
En lugar de un experimento con una pinta de agua, pongámonos en las alturas de Dover y, con una batería gigantesca a nuestra disposición, coloquemos un cable en el océano junto a nuestras costas, y transportemos el otro a través del aire a través del canal, dejando que su extremo se sumerja en el mar frente al muelle de Calais: el experimento es factible; ahora tenemos un circuito eléctrico del cual el Canal de la Mancha forma parte, y el resultado será exactamente el mismo que el que podemos observar en un vaso de reloj con una gota de agua.
No podemos suponer que el efecto instantáneo y simultáneo que tiene lugar en el agua en Calais y en Dover se deba a algo similar a lo que hemos estudiado bajo el nombre de convección, al considerar el calor.
Se colocan mil bolas en fila, tocándose entre sí; la primera bola recibe un golpe, y la última bola sale despedida con una fuerza exactamente igual a la potencia aplicada a la primera; ninguna de las bolas intermedias se mueve.
No podemos concebir que la partícula A excite a la partícula B que está junto a ella, y así sucesivamente a lo largo de toda la serie entre las dos orillas; pero si consideramos el canal como una gran gota, cargada con el principio eléctrico tal como lo conocemos, esta se excita por ondulación o temblor a lo largo de toda su anchura, y obtenemos un equivalente de oxígeno lanzado a un lado de la línea, y un equivalente exacto de hidrógeno en el otro; la influencia electroquímica solo se ejerce donde la corriente o movimiento se transfiere de un medio a otro.[145] Se admite abiertamente el carácter imperfecto de esta visión; no se presenta otra, coherente con los hechos conocidos, mediante la cual se pueda explicar el efecto. El hecho permanece como una verdad; la hipótesis mediante la cual se intenta interpretarlo está sujeta a dudas, y se opone a algunas teorías favoritas.
Antes de pasar a considerar otras fuentes de electricidad, es importante que comprendamos que ningún cambio químico o físico, por leve que sea, puede ocurrir sin el desarrollo de electricidad.
En lugar de un experimento con una pinta de agua, pongámonos en las alturas de Dover y, con una batería gigantesca a nuestra disposición, coloquemos un cable en el océano junto a nuestras costas, y transportemos el otro a través del aire a través del canal, dejando que su extremo se sumerja en el mar frente al muelle de Calais: el experimento es factible; ahora tenemos un circuito eléctrico del cual el Canal de la Mancha forma parte, y el resultado será exactamente el mismo que el que podemos observar en un vaso de reloj con una gota de agua.
No podemos suponer que el efecto instantáneo y simultáneo que tiene lugar en el agua en Calais y en Dover se deba a algo similar a lo que hemos estudiado bajo el nombre de convección, al considerar el calor.
Se colocan mil bolas en fila, tocándose entre sí; la primera bola recibe un golpe, y la última bola sale despedida con una fuerza exactamente igual a la potencia aplicada a la primera; ninguna de las bolas intermedias se mueve.
No podemos concebir que la partícula A excite a la partícula B que está junto a ella, y así sucesivamente a lo largo de toda la serie entre las dos orillas; pero si consideramos el canal como una gran gota, cargada con el principio eléctrico tal como lo conocemos, esta se excita por ondulación o temblor a lo largo de toda su anchura, y obtenemos un equivalente de oxígeno lanzado a un lado de la línea, y un equivalente exacto de hidrógeno en el otro; la influencia electroquímica solo se ejerce donde la corriente o movimiento se transfiere de un medio a otro.[145] Se admite abiertamente el carácter imperfecto de esta visión; no se presenta otra, coherente con los hechos conocidos, mediante la cual se pueda explicar el efecto. El hecho permanece como una verdad; la hipótesis mediante la cual se intenta interpretarlo está sujeta a dudas, y se opone a algunas teorías favoritas.
Antes de pasar a considerar otras fuentes de electricidad, es importante que comprendamos que ningún cambio químico o físico, por leve que sea, puede ocurrir sin el desarrollo de electricidad.
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poder. Si disolvemos una sal en agua, si mezclamos dos fluidos, si condensamos un gas o convertimos un fluido en vapor, la electricidad se ve perturbada y puede hacerse manifiesta a nuestros sentidos.[146]
Se ha demostrado que este poder puede ser excitado por fricción (electricidad mecánica) y por acción química (electricidad voltaica, galvanismo); ahora queda por hablar de la electricidad generada por el calor (termoelectricidad), de la electricidad que se manifiesta bajo estimulación nerviosa en el gimnótido y el torpedo (electricidad animal); el magnetismo y sus fenómenos se reservan para un análisis aparte.
Si se calienta un trozo de metal en un extremo y se mantiene frío en el otro, una corriente eléctrica circula a través del mismo y puede ser conducida mediante la conexión con cualquier buen conductor, mostrando así las propiedades de la electricidad ordinaria. Los metales más adecuados para mostrar los efectos de la termoelectricidad parecen ser el bismuto y el antimonio. Al unir dos barras de estos metales en un extremo y conectar los otros extremos con un galvanómetro, se descubrirá que una corriente eléctrica pasa a través del instrumento ante la más mínima variación de temperatura. Simplemente apretar con el dedo y el pulgar los dos metales donde están unidos es suficiente para manifestar el fenómeno. Mediante una serie de tales disposiciones —que constituyen lo que se ha llamado multiplicadores termoeléctricos— obtenemos los medidores más delicados del calor de los que disponen los filósofos, con la ayuda de los cuales Melloni ha podido llevar a cabo sus hermosas investigaciones sobre el calor radiante.
Que esta electricidad es idéntica a las demás formas ha sido probado empleando la corriente así excitada con el fin de producir descomposición química, magnetismo e luz eléctrica.[147]
El fenómeno de la termoelectricidad —el descubrimiento de Seebeck— es otra prueba de la estrecha relación entre las fuerzas físicas. Somos testigos de cómo estas se resuelven, por así decirlo, unas en otras: la electricidad produce calor, y el calor, a su vez, electricidad; y es a partir de estos curiosos resultados de donde se han extraído los argumentos a favor de su íntima relación e identidad real. Sin embargo, resultará ser la mejor filosofía considerar estas fuerzas como diferentes, hasta que seamos capaces de demostrar que son solo formas modificadas de un mismo principio o poder. Al mismo tiempo, no debe olvidarse que en las operaciones naturales encontramos invariablemente la acción combinada de varias
Se ha demostrado que este poder puede ser excitado por fricción (electricidad mecánica) y por acción química (electricidad voltaica, galvanismo); ahora queda por hablar de la electricidad generada por el calor (termoelectricidad), de la electricidad que se manifiesta bajo estimulación nerviosa en el gimnótido y el torpedo (electricidad animal); el magnetismo y sus fenómenos se reservan para un análisis aparte.
Si se calienta un trozo de metal en un extremo y se mantiene frío en el otro, una corriente eléctrica circula a través del mismo y puede ser conducida mediante la conexión con cualquier buen conductor, mostrando así las propiedades de la electricidad ordinaria. Los metales más adecuados para mostrar los efectos de la termoelectricidad parecen ser el bismuto y el antimonio. Al unir dos barras de estos metales en un extremo y conectar los otros extremos con un galvanómetro, se descubrirá que una corriente eléctrica pasa a través del instrumento ante la más mínima variación de temperatura. Simplemente apretar con el dedo y el pulgar los dos metales donde están unidos es suficiente para manifestar el fenómeno. Mediante una serie de tales disposiciones —que constituyen lo que se ha llamado multiplicadores termoeléctricos— obtenemos los medidores más delicados del calor de los que disponen los filósofos, con la ayuda de los cuales Melloni ha podido llevar a cabo sus hermosas investigaciones sobre el calor radiante.
Que esta electricidad es idéntica a las demás formas ha sido probado empleando la corriente así excitada con el fin de producir descomposición química, magnetismo e luz eléctrica.[147]
El fenómeno de la termoelectricidad —el descubrimiento de Seebeck— es otra prueba de la estrecha relación entre las fuerzas físicas. Somos testigos de cómo estas se resuelven, por así decirlo, unas en otras: la electricidad produce calor, y el calor, a su vez, electricidad; y es a partir de estos curiosos resultados de donde se han extraído los argumentos a favor de su íntima relación e identidad real. Sin embargo, resultará ser la mejor filosofía considerar estas fuerzas como diferentes, hasta que seamos capaces de demostrar que son solo formas modificadas de un mismo principio o poder. Al mismo tiempo, no debe olvidarse que en las operaciones naturales encontramos invariablemente la acción combinada de varias
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fuerzas que producen un único fenómeno. El hecho importante que debe tenerse especialmente en cuenta es que contamos con pruebas de que toda sustancia que se calienta de manera desigual se convierte en fuente de esta forma muy notable de electricidad.[148] Existen algunos peces dotados del poder sumamente extraordinario de producir fenómenos eléctricos mediante el esfuerzo de energía muscular o nerviosa. El Gymnotus electricus, o anguila eléctrica, y la Raia torpedo, una especie de raya, son los más notables. Este poder parece haber sido dado a estas curiosas criaturas con fines defensivos, y también para permitirles capturar a sus presas. Se dice que el Gymnotus de los ríos de Sudamérica, cuando está en plena forma, emite una descarga eléctrica lo suficientemente potente como para derribar a un hombre o aturdir a un caballo; además, puede destruir peces en una zona considerable al emplear su extraña “artillería”.[149] La descripción que hace Faraday de un Gymnotus que paraliza y captura a su presa es demasiado gráfica e importante como para omitirla.
“El Gymnotus puede aturdir y matar peces que se encuentran en posiciones muy diversas con respecto a su propio cuerpo; pero un día, cuando lo vi comer, su acción me pareció peculiar. Un pez vivo, de unos cinco pulgadas de longitud, capturado apenas media minuto antes, fue arrojado al recipiente. El Gymnotus giró instantáneamente de tal manera que formó un rollo alrededor del pez, cuyo diámetro coincidía con el del rollo; pasó una descarga eléctrica y, en un instante, el pez quedó inmóvil, como si lo hubiera alcanzado un rayo, en medio del agua, con su costado flotando hacia la superficie. El Gymnotus dio una o dos vueltas en busca de más presas; una vez encontradas, se alejó rápidamente y luego siguió buscando más. Le dieron otro pez más pequeño; este, al ser herido durante el transporte, mostró pocos signos de vida, y él lo devoró de inmediato, aparentemente sin aplicarle ninguna descarga eléctrica. En este caso, el hecho de que el Gymnotus se enrollara alrededor de su presa parecía ser intencional, con el fin de aumentar la fuerza de la descarga; además, esta acción es evidentemente adecuada para ese propósito, ya que está en plena conformidad con las bien conocidas leyes de la descarga de corrientes en masas de materia conductora. Aunque el pez quizás no siempre utilice este truco, es muy probable que sea consciente de sus ventajas y recurra a él en casos de necesidad.”[150]
Se ha demostrado que la electricidad animal tiene el mismo carácter que la proveniente de otras fuentes. La descarga eléctrica y la chispa son similares a las de…
“El Gymnotus puede aturdir y matar peces que se encuentran en posiciones muy diversas con respecto a su propio cuerpo; pero un día, cuando lo vi comer, su acción me pareció peculiar. Un pez vivo, de unos cinco pulgadas de longitud, capturado apenas media minuto antes, fue arrojado al recipiente. El Gymnotus giró instantáneamente de tal manera que formó un rollo alrededor del pez, cuyo diámetro coincidía con el del rollo; pasó una descarga eléctrica y, en un instante, el pez quedó inmóvil, como si lo hubiera alcanzado un rayo, en medio del agua, con su costado flotando hacia la superficie. El Gymnotus dio una o dos vueltas en busca de más presas; una vez encontradas, se alejó rápidamente y luego siguió buscando más. Le dieron otro pez más pequeño; este, al ser herido durante el transporte, mostró pocos signos de vida, y él lo devoró de inmediato, aparentemente sin aplicarle ninguna descarga eléctrica. En este caso, el hecho de que el Gymnotus se enrollara alrededor de su presa parecía ser intencional, con el fin de aumentar la fuerza de la descarga; además, esta acción es evidentemente adecuada para ese propósito, ya que está en plena conformidad con las bien conocidas leyes de la descarga de corrientes en masas de materia conductora. Aunque el pez quizás no siempre utilice este truco, es muy probable que sea consciente de sus ventajas y recurra a él en casos de necesidad.”[150]
Se ha demostrado que la electricidad animal tiene el mismo carácter que la proveniente de otras fuentes. La descarga eléctrica y la chispa son similares a las de…
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Máquina; y la corriente que proviene del animal, circulando alrededor del hierro blando, como la electricidad galvánica, tiene la propiedad de hacerlo magnético. Es importante que ahora examinemos estas condiciones de la fuerza eléctrica en relación con los grandes fenómenos físicos de la naturaleza. Es suficientemente evidente, a partir de los resultados que se han analizado, que toda materia, sea cual sea su forma o condición, está siempre bajo la acción de las fuerzas físicas, en un estado de perturbación. Desde el centro hasta la superficie, todo está en un estado activo: un estado de mutación prevalece en toda cosa creada; y la ciencia demuestra claramente que existen influencias constantemente en acción que impiden la posibilidad de un reposo absoluto. Bajo la estimulación de los diversos agentes de los rayos solares, el movimiento se transmite a todos los cuerpos mediante la circulación del calor, y un flujo completo de electricidad se envía alrededor de la Tierra para realizar sus maravillosos efectos. Las influencias solares, que regulan y posiblemente determinan cada fuerza física que conocemos, actúan para provocar un cambio real de estado en la materia. El rayo solar de la mañana cae sobre la Tierra sólida, y su influencia se siente hasta en su propio centro. La cima de la montaña capta el primer rayo de luz, mientras que su base, aún envuelta en nieblas y oscuridad, es perturbada por ese poder irradiante. Las gemas cristalinas, ocultas en la oscuridad de las rocas sólidas, dependen, para adquirir esa forma que las hace valiosas a los orgullosos y alegres, de la influencia de esas radiaciones que algún día reflejarán con belleza. Los metales encerrados en las grietas de las rocas fracturadas, pese a todas sus peculiaridades físicas, dependen de la influencia solar tanto como la flor que eleva su cabeza hacia el sol matutino, o el pájaro que canta “en la alta puerta del cielo”. Examinemos, entonces, hasta qué punto la electricidad, diferenciada de las otras fuerzas, actúa para producir alguno de estos efectos. Encontramos electricidad en la atmósfera, la cual, según demostró la cometa eléctrica del Dr. Franklin, es idéntica al principio generado por la fricción del vidrio. En la grandeza y el terror de una tormenta, muchos no ven más que manifestaciones de la ira del Todopoderoso. Cuando las descargas de las nubes explosivas penetran en el aire perturbado, y los truenos de esas descargas emiten sus notas terribles sobre nuestras cabezas, se producen combinaciones químicas de las emanaciones nocivas provenientes de las masas animales y vegetales en descomposición de esta Tierra; se forman elementos adecuados para los fines de la salud y la vegetación, y llegan al suelo con las intensas lluvias.
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que suelen seguir a estas tormentas. La ciencia ha enseñado esto al hombre: le ha mostrado que el “mal parcial” que surge del “rayo alado” es un “bien universal”; y, más aún, le ha provisto de los medios para proteger su vida y sus bienes de la influencia de los relámpagos. Así, como Ajax, puede desafiar a la tormenta. Mediante varillas metálicas colocadas en chimeneas, torres o mástiles, podemos crear un canal a través del cual toda la electricidad de las nubes más terribles pueda ser dirigida de forma inocua hacia la tierra o el mar; y es grato observar que finalmente se ha superado el prejuicio, y que ahora se instalan “conductores” en los edificios altos y en la mayoría de los barcos de nuestra armada.[151] Se descubrió que las devastadoras tormentas de granizo del sur de Francia y Suiza, tan destructivas para los viñedos y los cultivos, iban acompañadas de signos de una gran excitación eléctrica, y se propuso descargar esa electricidad del aire mediante varillas metálicas puntiagudas. Estas han sido adoptadas, y, se dice, con verdadero beneficio: cada varilla protege un área de cien yardas. Así es como la ciencia sirve a nuestros intereses; y cuán más agradable es contemplar el rayo, junto con el filósofo, como un agente que destruye los elementos de la plaga y restablece la salubridad del aire que respiramos, que verlo, según el romántico, solo como el temible aspecto de un demonio de destrucción.
Las leyes que regulan la propagación de una plaga son desconocidas. Las dificultades de la investigación son grandes, pero de ninguna manera insuperables. Una plaga pasa de este a oeste por todo el mundo: extiende el luto sobre las ciudades más alegres, y la tristeza reina en las calles. La peste negra surge en Oriente: avanza con fuerza incontenible, y solo termina su curso cuando ha recorrido todo el mundo civilizado. El cólera extiende sus alas negras: la humanidad tiembla, observa su avance y mira el camino marcado por las miríadas de muertos que han caído ante ese terrible monstruo. Las enfermedades pasan; los muertos son enterrados, y todo se olvida. Se reanuda el bullicio y la actividad de la vida; y hasta que al hombre lo amenace otra aparición de la plaga, no se molesta en preocuparse. Junto con la última visita de la plaga, aparecen ciertas condiciones meteorológicas particulares que indican una línea de investigación. Puede que sea, o no, el camino que conduce a la verdad, pero ciertamente sus indicios merecen un examen cuidadoso. Se podría preguntar: ¿puede el hombre débil detener una plaga? ¿Puede la frágil mano de un mortal retrasar los males del Todopoderoso? La pregunta planteada debe responderse con reverencia, pero sin miedo. No
Las leyes que regulan la propagación de una plaga son desconocidas. Las dificultades de la investigación son grandes, pero de ninguna manera insuperables. Una plaga pasa de este a oeste por todo el mundo: extiende el luto sobre las ciudades más alegres, y la tristeza reina en las calles. La peste negra surge en Oriente: avanza con fuerza incontenible, y solo termina su curso cuando ha recorrido todo el mundo civilizado. El cólera extiende sus alas negras: la humanidad tiembla, observa su avance y mira el camino marcado por las miríadas de muertos que han caído ante ese terrible monstruo. Las enfermedades pasan; los muertos son enterrados, y todo se olvida. Se reanuda el bullicio y la actividad de la vida; y hasta que al hombre lo amenace otra aparición de la plaga, no se molesta en preocuparse. Junto con la última visita de la plaga, aparecen ciertas condiciones meteorológicas particulares que indican una línea de investigación. Puede que sea, o no, el camino que conduce a la verdad, pero ciertamente sus indicios merecen un examen cuidadoso. Se podría preguntar: ¿puede el hombre débil detener una plaga? ¿Puede la frágil mano de un mortal retrasar los males del Todopoderoso? La pregunta planteada debe responderse con reverencia, pero sin miedo. No
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La fuerza humana puede provocar cambios en las condiciones físicas de la Tierra o del aire; y si nuestras enfermedades están relacionadas con esos cambios, como sin duda lo está una serie de ellas, entonces escapan al control del hombre. Pero cuando hay indicios de que causas secundarias están produciendo efectos graves, y cuando sabemos que estas causas secundarias pueden ser modificadas, eso constituye una prueba suficiente de que al hombre se le permite controlar, por ahora, las aflicciones que se envían para poner a prueba sus capacidades.
Observamos cómo una enfermedad se extiende de calle en calle, de patio en patio, arrasando con violencia destructiva por los sótanos húmedos y los áticos abarrotados; también causa estragos a lo largo de los bordes de zanjas malolientes y en las orillas de arroyos sucios. Por lo tanto, es evidente que existe alguna conexión entre las condiciones de suciedad y esta muerte rápida. ¿Puede la ciencia explicar esto? ¿Ha logrado ya encontrar ese vínculo?
Dejemos que unos pocos hechos respondan a esta pregunta. Cuando el cólera apareció por primera vez, y posteriormente, se observó que la intensidad eléctrica de la atmósfera era excepcionalmente baja. Una vez que la enfermedad desaparecía, se descubría que la electricidad del aire volvía a su estado normal. Esto parece indicar alguna conexión; pero, ¿cómo es que estas condiciones vinculan esta fuerza física con la enfermedad?
De todos los lugares estancados, de todos los focos donde vive una población hacinada, de las materias vegetales en fermentación y de la materia animal en descomposición, surgen constantemente emanaciones tóxicas que causan destrucción. Donde la muerte y la decadencia son algo inevitable, esto debe ocurrir constantemente; pero el olor tóxico puede dispersarse o concentrarse, y la Naturaleza ha dispuesto medios para hacer que el veneno sea inofensivo.
Gracias a la electricidad —y probablemente también bajo la influencia de la luz—, el oxígeno presente en el aire experimenta un cambio especial, gracias al cual se vuelve mucho más energético que en su estado normal. A este estado se le ha dado el nombre de ozono. Este ozono, o este oxígeno especial, siempre está presente en el aire que respiramos; pero su cantidad sufre grandes y rápidas variaciones. Se ha comprobado que cuando la intensidad eléctrica es alta…
Observamos cómo una enfermedad se extiende de calle en calle, de patio en patio, arrasando con violencia destructiva por los sótanos húmedos y los áticos abarrotados; también causa estragos a lo largo de los bordes de zanjas malolientes y en las orillas de arroyos sucios. Por lo tanto, es evidente que existe alguna conexión entre las condiciones de suciedad y esta muerte rápida. ¿Puede la ciencia explicar esto? ¿Ha logrado ya encontrar ese vínculo?
Dejemos que unos pocos hechos respondan a esta pregunta. Cuando el cólera apareció por primera vez, y posteriormente, se observó que la intensidad eléctrica de la atmósfera era excepcionalmente baja. Una vez que la enfermedad desaparecía, se descubría que la electricidad del aire volvía a su estado normal. Esto parece indicar alguna conexión; pero, ¿cómo es que estas condiciones vinculan esta fuerza física con la enfermedad?
De todos los lugares estancados, de todos los focos donde vive una población hacinada, de las materias vegetales en fermentación y de la materia animal en descomposición, surgen constantemente emanaciones tóxicas que causan destrucción. Donde la muerte y la decadencia son algo inevitable, esto debe ocurrir constantemente; pero el olor tóxico puede dispersarse o concentrarse, y la Naturaleza ha dispuesto medios para hacer que el veneno sea inofensivo.
Gracias a la electricidad —y probablemente también bajo la influencia de la luz—, el oxígeno presente en el aire experimenta un cambio especial, gracias al cual se vuelve mucho más energético que en su estado normal. A este estado se le ha dado el nombre de ozono. Este ozono, o este oxígeno especial, siempre está presente en el aire que respiramos; pero su cantidad sufre grandes y rápidas variaciones. Se ha comprobado que cuando la intensidad eléctrica es alta…
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La cantidad de este principio es grande; cuando la intensidad eléctrica es baja, como en los años del cólera, la proporción de ozono es relativamente baja. Este notable agente químico posee la capacidad de combinarse instantáneamente con la materia orgánica, de eliminar con una rapidez extraordinaria todos los olores nocivos; y parece ser el desinfectante más activo de todos los conocidos. ¿No podemos deducir de los hechos expuestos que la plaga que tememos es el resultado de un veneno orgánico, que, debido a una deficiencia de ozono —su antídoto natural—, ejerce sus efectos perjudiciales sobre la humanidad? Esta deficiencia se debe a alteraciones en el carácter eléctrico del aire, posiblemente relacionadas con fenómenos que ocurren en el propio sol, o bien puede estar influenciada aún más directamente por variaciones en las características de la luz solar, que aún no hemos detectado y que determinan las condiciones de la energía eléctrica. Esta podría ser una línea por la cual sea lícito continuar la investigación. Pero dicha investigación debe realizarse con toda la pureza de la filosofía inductiva más elevada, y la especulación debe mantenerse firmemente sometida a los límites del experimento y la observación. Sin embargo, en las verdades que conocemos existe tanta armonía y coherencia que incluso el tema melancólico se une —como una tragedia— a la poesía de la ciencia. Se ha pensado, y se han presentado muchas pruebas satisfactorias para respaldar esta idea, que el magnetismo terrestre se debe a corrientes eléctricas que circulan alrededor del globo; como una gran corriente natural de este a oeste, que, de hecho, tiene una relación constante con el movimiento de la Tierra con respecto al Sol.[152] Estas corrientes terrestres, dado que sin duda tienen una influencia muy importante en las condiciones estructurales de las formaciones rocosas y en la distribución de los minerales, requieren una consideración atenta; pero primero debemos examinar, en la medida en que lo sabemos, las influencias ejercidas, o supuestamente ejercidas, por la electricidad en sus diversas formas. Los fenómenos de vitalidad han sido considerados por muchos como dependientes directamente de su influencia; y se ha realizado una serie bastante extensa de experimentos en apoyo de esta hipótesis. Las investigaciones de Philip sobre la acción de los órganos digestivos, cuando se separan de su conexión con el cerebro pero se unen a una batería galvánica, han sido confirmadas por el Dr. Reid.
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ser ilusorio;[153] ya que, dado que el órgano no se libera de la influencia del principio vital, es evidente que la electricidad aquí es solo secundaria con respecto a alguna fuerza más importante. Matteucci ha procurado demostrar que la acción nerviosa está estrechamente relacionada con la excitación eléctrica, y que la electricidad puede utilizarse como medida de la irritabilidad nerviosa.[154] No cabe duda de que existe una susceptibilidad especial a la excitación en algunos sistemas, y esto se muestra de manera muy clara en los trastornos producidos por la acción eléctrica; pero en los experimentos realizados solo tenemos pruebas de que cierto número de contracciones musculares se producen en un animal debido a una corriente eléctrica, lo cual se mide con un voltímetro, y estas son diferentes de las que se producen en otro animal con una corriente de la misma intensidad. Recientemente, el señor A. Smee intentó reducir los fenómenos eléctricos relacionados con la vitalidad a un sistema más preciso que el utilizado hasta entonces. Sin embargo, no podemos considerar este intento como exitoso. El autor se ha basado casi exclusivamente en el razonamiento analógico, lo cual siempre es peligroso en la ciencia.[155] En el desarrollo de la electricidad durante el funcionamiento de la fuerza vital, solo vemos los fenómenos producidos por la acción de dos compuestos químicos diferentes entre sí. Se ha pensado que la estructura del cerebro presenta una analogía con la de la batería galvánica, y que los nervios representan los cables conductores. Aunque algunas condiciones parecen similares, hay muchas otras que no tienen equivalente ni en la estructura mecánica ni en las propiedades físicas del cerebro, por lo que sabemos hasta ahora. Que el cerebro es el centro, la fuente y el término de la sensación está demostrado claramente mediante investigaciones fisiológicas. Que los nervios son los medios a través de los cuales toda sensación llega al cerebro, así como los instrumentos mediante los cuales la voluntad ejerce su poder sobre los músculos, también está igualmente establecido. Pero afirmar que tenemos alguna prueba que respalde la idea de que la electricidad tiene algo que ver directamente con estos grandes fenómenos fisiológicos sería una afirmación audaz, que revelaría una falta de prudencia por parte del investigador. Que se producen efectos eléctricos durante las funciones vitales es algo muy seguro. Así debe ser, debido a los cambios químicos que ocurren durante la respiración y la digestión, así como a los movimientos mecánicos mediante los cuales, incluso durante el reposo externo, se llevan a cabo las funciones necesarias del cuerpo. Si la electricidad es la causa de estos fenómenos o un efecto que surge de ellos, no es necesario detenernos a examinarlo, ya que, en el estado actual de nuestros conocimientos, esto es simplemente…
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Especulación. No tenemos pruebas de que la electricidad sea una fuerza excitante, sino más bien que sea una de esas fuerzas que tienden a establecer el equilibrio de la materia. Cuando se perturba —cuando su equilibrio se altera—, en sus esfuerzos por recuperar su estabilidad produce efectos sumamente notables. Una máquina eléctrica debe ser frotada para manifestar alguna fuerza. En todos los dispositivos galvánicos, incluso en los más simples, se juntan cuerpos diferentes, y la electricidad latente de ambos se perturba; e incluso en el imán, solo cuando esto ocurre se desarrollan sus propiedades eléctricas. En el Gymnotus, la electricidad parece depender de la fuerza de la voluntad del animal; pero incluso en este pez extraordinario, solo bajo condiciones particulares tiene lugar la excitación eléctrica, y “lo que causan, lo sienten” durante la restauración de ese equilibrio necesario para su estado saludable. En todo caso, pues, vemos que existe alguna fuerza mucho superior a esta como causa última; de hecho, la luz y el calor, y probablemente el actinismo, parecen estar por encima de este principio; y de ellos, mediante algún modo combinado de acción, con toda probabilidad depende la electricidad sensible. Más allá incluso de estos elementos, en gran medida debido a su participación en los cambios orgánicos e inorgánicos de este mundo, existen poderes ocultos que quizás nunca puedan ser comprendidos por seres finitos. Avanzamos paso a paso desde lo más sólido hasta lo más etéreo de las creaciones materiales, y examinamos una serie de efectos extraordinarios producidos por fuerzas cuyo carácter material o inmaterial desconocemos, tan sutiles son. Al parecer, con ellos podemos agotar nuestras investigaciones inductivas: podemos descubrir las leyes por las cuales estos principios actúan sobre los elementos más groseros y dar origen a fenómenos de tipo muy notable que han sido observados erróneamente o no han sido observados en absoluto. Si la luz, el calor y la electricidad son modificaciones de una misma fuerza, o fuerzas diferentes muy estrechamente unidas en su acción, es un problema que quizás podamos resolver; pero conocer cuáles son parece estar más allá de las esperanzas de la ciencia; y sería inútil soñar con esclarecer las causas ocultas más allá de estas fuerzas, y que regulan todas sus acciones sobre la materia, ya sea viva o muerta.
M. Du Bois Raymond, a partir de una serie de investigaciones notables tanto por su dificultad como por la delicadeza con que fueron llevadas a cabo, extrae las siguientes conclusiones, entre muchas otras, respecto a la relación entre la electricidad y los fenómenos vitales.
M. Du Bois Raymond, a partir de una serie de investigaciones notables tanto por su dificultad como por la delicadeza con que fueron llevadas a cabo, extrae las siguientes conclusiones, entre muchas otras, respecto a la relación entre la electricidad y los fenómenos vitales.
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Los músculos y los nervios, incluido el cerebro y la médula espinal, están dotados durante la vida de una fuerza electromotriz que actúa según una ley definida. Esta fuerza electromotriz persiste después de la muerte, o en los nervios y músculos disecados tras ser separados del cuerpo del animal, mientras dure la excitabilidad de las fibras nerviosas y musculares; ya sea que estas fibras mueran gradualmente debido a la cesación de las condiciones necesarias para mantener la vida, o bien que se les prive repentinamente de sus propiedades vitales por efecto del calor o de acciones químicas. No supongamos ni por un momento que estas conclusiones indiquen, aunque sea en el más mínimo grado, que la electricidad es la vida, que esa fuerza vital se debe a la electricidad. Durante la vida, con cada movimiento, e incluso con cada emoción, ya sea que movamos un músculo o ejerzamos la mente, hay un cambio de estado. El resultado de esto son fenómenos químicos: calor y electricidad; pero estos no son la vida. Podemos provocarlos igualmente al dar movimiento a una masa muerta. A pesar de las afirmaciones de aquellos que han seguido con celo el camino de Mesmer y han examinado, o así creen, los efectos psicológicos derivados de ciertas condiciones fisiológicas extrañas, no existe ningún experimento registrado, ni ninguna observación digna de crédito, que demuestre que la electricidad tenga alguna relación con esos efectos. Todo en torno a su tema es incertidumbre: la duda rodea cada experimento, y el engaño nubla a muchos de ellos. Algunos pocos granos de verdad, y estos son lo suficientemente extraños, se mezclan con una enorme cantidad de errores. Todos los fenómenos de la vida, de la vis vitæ o vitalidad, están más allá de la capacidad de investigación humana. Todas las fuerzas físicas, o elementos, podemos examinarlos mediante pruebas experimentales; pero el principio del cual depende la sensación, incluso el principio del cual depende la vida vegetal, no puede ser puesto a prueba. La vida es infinitamente superior a toda fuerza física; ella las controla a todas, pero no está ella misma controlada por ellas; mantiene su estado sagrado fuera del alcance de la investigación humana, invisible, oculta tras el velo de la mortalidad. Durante los cambios en las condiciones eléctricas de la Tierra y de la atmósfera, las plantas dan indicios de estar influenciadas de manera peculiar por esta fuerza. Los experimentos demuestran que las hojas de las plantas son uno de los mejores conductores de electricidad, y de ahí se ha inferido que debe…
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No necesariamente es ventajoso para la vegetación. Debe admitirse que el crecimiento vegetal, al igual que el crecimiento animal, está sujeto a la electricidad como una de sus fuerzas aceleradoras; pero todos los experimentos que se han realizado con el fin de estimular el crecimiento de las plantas mediante ella han dado resultados negativos.[156] Es probable que un arreglo galvánico pueda producir cambios químicos en el suelo que puedan ser beneficiosos para la planta; pero que una planta pueda alcanzar la madurez más rápidamente o desarrollarse de manera más completa bajo la acción directa de la excitación eléctrica parece ser uno de esos sueños de la ciencia que ocuparán un lugar entre las maravillas de la alquimia y las ficciones de la astrología. Un examen atento de todas las condiciones necesarias para el desarrollo satisfactorio de la planta hará evidente que, aunque el estado eléctrico habitual de la tierra y la atmósfera debe influir en los procesos de germinación y crecimiento vegetal, cualquier excitación adicional debe ser destructiva para ellos. Las maravillas obradas por la energía eléctrica son asombrosas; ejerce una influencia mágica, y naturalmente la mente inquisidora se ve llevada, al principio, a creer que la electricidad es el principio todopoderoso de la creación; pero un poco de reflexión nos convencerá de que es un agente subordinado, aunque poderoso.
Al continuar con nuestro examen de los fenómenos que se presentan en relación con las corrientes terrestres, separamos deliberadamente el magnetismo de aquellos agentes electroquímicos más distintivos que desempeñan un papel tan importante en las grandes operaciones cósmicas. La electricidad, como ya hemos dicho, fluye a través de todos los cuerpos o los involucra; pero, al igual que el calor, parece experimentar un cambio muy notable al asociarse con algunas formas de materia. Tenemos los fenómenos del magnetismo cuando una corriente eléctrica circula a través de un cable metálico, y parece que todos los demás cuerpos adquieren una condición polar peculiar bajo la influencia de este principio, lo cual se explicará en el próximo capítulo.
Las rocas, consideradas como masas, no conducen una corriente eléctrica cuando están secas: el granito, el pórfido, la pizarra y la caliza obstaculizan su paso incluso a través de los espacios más pequeños. Pero todas las formaciones metálicas permiten que circule con gran libertad. Sin embargo, hay que recordar que este hecho no interfiere en modo alguno con la hipótesis de la existencia de la electricidad en todos los cuerpos, en lo que debemos considerar como su estado latente, desde el cual, bajo
Al continuar con nuestro examen de los fenómenos que se presentan en relación con las corrientes terrestres, separamos deliberadamente el magnetismo de aquellos agentes electroquímicos más distintivos que desempeñan un papel tan importante en las grandes operaciones cósmicas. La electricidad, como ya hemos dicho, fluye a través de todos los cuerpos o los involucra; pero, al igual que el calor, parece experimentar un cambio muy notable al asociarse con algunas formas de materia. Tenemos los fenómenos del magnetismo cuando una corriente eléctrica circula a través de un cable metálico, y parece que todos los demás cuerpos adquieren una condición polar peculiar bajo la influencia de este principio, lo cual se explicará en el próximo capítulo.
Las rocas, consideradas como masas, no conducen una corriente eléctrica cuando están secas: el granito, el pórfido, la pizarra y la caliza obstaculizan su paso incluso a través de los espacios más pequeños. Pero todas las formaciones metálicas permiten que circule con gran libertad. Sin embargo, hay que recordar que este hecho no interfiere en modo alguno con la hipótesis de la existencia de la electricidad en todos los cuerpos, en lo que debemos considerar como su estado latente, desde el cual, bajo
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Bajo las condiciones prescritas, puede ser liberado fácilmente. Tampoco afecta la cuestión de la circulación, en relación con la gran difusión de la electricidad que suponemos existe en toda la naturaleza y que se mueve obedeciendo a alguna ley fija. Sabemos que a través de los estratos superficiales las corrientes eléctricas circulan libremente, ya sea que estén compuestos de arcilla, arena o cualquier mezcla de estos con materia orgánica descompuesta; de hecho, con cualquier sustancia en estado húmedo no sufren interrupción alguna.
La electricidad de las vetas minerales ha atraído mucha atención, y se han realizado numerosas investigaciones sobre los fenómenos que presentan estas formaciones metalíferas de vez en cuando.[157]
Al insertar in situ en la masa de una veta de cobre un cable metálico, el cual estará conectado con un medidor de acción galvánica, y otro cable del instrumento puesto en contacto con otra veta, generalmente se produce un efecto inmediato que demuestra que una corriente atraviesa los cables de una veta a otra, completando así la circulación probablemente a lo largo de la cara oscura de la roca en la que existen las fisuras que forman las vetas minerales.[158] Las corrientes así detectadas suelen ser lo suficientemente activas como para desviar poderosamente una aguja magnética, producir, lentamente, descomposición electroquímica y hacer que una barra de hierro se vuelva magnética. Estas corrientes no deben confundirse con los grandes movimientos eléctricos alrededor de la Tierra. Solo pueden detectarse en aquellas formaciones minerales en las que hay evidencia de que se está produciendo una acción química, y cuanto mayor es la cantidad de esta operación química, más energéticas son las corrientes eléctricas.[159] Sin embargo, tenemos pruebas muy claras de que estas corrientes locales tienen, por sí mismas, muchas influencias peculiares. No es infrecuente que, debido a algún gran perturbamiento de la corteza terrestre, una veta minera se desplace, y una de sus partes o bien se hunda debajo o sea elevada por encima de su posición original; las fisuras que se forman entre ambas suelen llenarse de arcilla o de masas cristalinas de formación más reciente que la propia fisura. Con frecuencia se descubre que estos “cursos transversales”, como se les llama en el lenguaje minero, contienen minerales de carácter diferente al de aquellos que constituyen la veta minera; por ejemplo, en ellos no es raro encontrar níquel, cobalto y plata. Cuando estos metales se encuentran de este modo, casi invariablemente aparecen entre los extremos de la veta desplazada y, a menudo, adoptan una dirección curvilínea, como si estuvieran depositados a lo largo de una línea de fuerza eléctrica.[160]
La electricidad de las vetas minerales ha atraído mucha atención, y se han realizado numerosas investigaciones sobre los fenómenos que presentan estas formaciones metalíferas de vez en cuando.[157]
Al insertar in situ en la masa de una veta de cobre un cable metálico, el cual estará conectado con un medidor de acción galvánica, y otro cable del instrumento puesto en contacto con otra veta, generalmente se produce un efecto inmediato que demuestra que una corriente atraviesa los cables de una veta a otra, completando así la circulación probablemente a lo largo de la cara oscura de la roca en la que existen las fisuras que forman las vetas minerales.[158] Las corrientes así detectadas suelen ser lo suficientemente activas como para desviar poderosamente una aguja magnética, producir, lentamente, descomposición electroquímica y hacer que una barra de hierro se vuelva magnética. Estas corrientes no deben confundirse con los grandes movimientos eléctricos alrededor de la Tierra. Solo pueden detectarse en aquellas formaciones minerales en las que hay evidencia de que se está produciendo una acción química, y cuanto mayor es la cantidad de esta operación química, más energéticas son las corrientes eléctricas.[159] Sin embargo, tenemos pruebas muy claras de que estas corrientes locales tienen, por sí mismas, muchas influencias peculiares. No es infrecuente que, debido a algún gran perturbamiento de la corteza terrestre, una veta minera se desplace, y una de sus partes o bien se hunda debajo o sea elevada por encima de su posición original; las fisuras que se forman entre ambas suelen llenarse de arcilla o de masas cristalinas de formación más reciente que la propia fisura. Con frecuencia se descubre que estos “cursos transversales”, como se les llama en el lenguaje minero, contienen minerales de carácter diferente al de aquellos que constituyen la veta minera; por ejemplo, en ellos no es raro encontrar níquel, cobalto y plata. Cuando estos metales se encuentran de este modo, casi invariablemente aparecen entre los extremos de la veta desplazada y, a menudo, adoptan una dirección curvilínea, como si estuvieran depositados a lo largo de una línea de fuerza eléctrica.[160]
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En el laboratorio se ha imitado tal disposición, y en una masa de arcilla fijada entre las placas galvánicas, después de un breve período se ha producido una formación distinta de vetas minerales.[161] También por acción de corrientes eléctricas débiles, Becquerel, Crosse y otros han logrado imitar a la naturaleza hasta el punto de producir cristales de cuarzo y otros minerales. Además de esta evidencia, en apoyo de la teoría eléctrica del origen de las vetas minerales, se puede demostrar experimentalmente que una estructura esquistosa puede darse a las arcillas y a los areniscas por acción voltaica.[162] A menudo existe una regularidad muy notable en la dirección de las vetas minerales: en toda Cornualles, por ejemplo, su orientación suele ser de este-norte a oeste-sur. De ahí se ha inferido que presentan alguna relación con los polos magnéticos de la Tierra. Sea como sea, es cierto que el mineral de cualquier veta que esté en dirección perpendicular, o casi perpendicular, a esta línea principal, difiere en características del que se encuentra en estos llamados lóbulos este y oeste.[163] Las fuentes de acción química en la Tierra son numerosas. El agua que percola a través del suelo y llega a grandes profundidades por fisuras en las rocas lleva consigo oxígeno y diversos sales disueltos. La agua que sube desde abajo, ya sea infiltrada desde el océano o proveniente de otras fuentes, suele tener una alta temperatura y siempre contiene una gran cantidad de sustancias salinas.[164] Solo por estas causas debe producirse una acción química. No puede haber cambio químico sin la aparición de electricidad: y se ha demostrado que la cantidad de electricidad necesaria para producir cualquier cambio es igual a la contenida en las sustancias que sufren dicho cambio. Así, se mantiene una actividad constante dentro de las cavidades de las rocas por medio de los elementos químicos y eléctricos, y mutaciones a gran escala tienen lugar constantemente bajo alguna fuerza directiva. El misterioso gnomo, trabajando sin cesar en la formación de metales, y el travieso Cobalus de la mina, son pobres creaciones de la superstición. Una vaga ansiedad se extiende entre grandes masas de la humanidad respecto a la condición de las oscuras profundidades de la Tierra; muchos sienten un cierto respeto no reconocido al entrar en una cueva o al descender a una mina: no es el miedo natural que surge de las particularidades de la situación, sino el resultado de un temor supersticioso, el efecto de una degeneración.
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La educación, a través de la cual se les ha enseñado a atribuir todo aquello que está un poco más allá de su comprensión inmediata a causas sobrenaturales. El espíritu del culto a los demonios, así como el del culto a los héroes, ha perdurado desde las épocas antiguas hasta el presente; y bajo su influencia, los genios del Oriente y los demonios del Occidente han mantenido sus poderes tradicionales. La ficción ha empleado toda clase de licencias para crear imágenes exquisitas de tesoros ocultos en los rincones de la tierra. Las cuevas de Chilminar, la cueva de Aladino, los refugios de los espíritus del Harz y las moradas de las hadas de Inglaterra son bóvedas repletas de gemas y brillantes de oro, a las que el hombre nunca ha podido llegar. Estas imágenes son agradables; pero aunque contienen elementos poéticos y deleitan la mente juvenil, carecen del carácter sólido de la verdad científica; y las maravillosas investigaciones del minero incansable han revelado más belleza en las cuevas de las rocas oscuras que cualquier imaginación pudiera pintar en sus momentos más felices.
Con toda probabilidad, la acción de los rayos solares sobre la superficie terrestre, que produce una diferencia de temperatura en constante cambio, así como la temperatura observada en grandes profundidades, generan corrientes termoeléctricas, las cuales pueden desempeñar un papel importante en los fenómenos descritos brevemente.
En relación con estas grandes operaciones naturales, que las explican y que, a su vez, son explicadas por ellas, tenemos la muy interesante aplicación de la electricidad para la deposición de metales, llamada electrotipo. Aplicando los principios que hemos adoptado a este maravilloso descubrimiento,[165] el proceso completo mediante el cual se producen estos depósitos metálicos será aún más claro. Gracias al fluido eléctrico liberado en la batería galvánica, se produce una perturbación en la electricidad de la solución de cobre, plata o oro, lo que permite la deposición del metal; pero, en lugar de permitir que el ácido se escape, se le presenta parte del mismo metal que se ha depositado, y, por consiguiente, este se combina con él; este compuesto, al disolverse, mantiene la solidez de la solución.[166]
En un polo tiene lugar un proceso de deposición o descomposición, y en el otro, uno de abrasión, o más correctamente, de composición y disolución. Aprovechando este extraordinario poder de la electricidad, ahora podemos fabricar recipientes para decoración o uso, dorar o platear todo tipo de objetos.
Con toda probabilidad, la acción de los rayos solares sobre la superficie terrestre, que produce una diferencia de temperatura en constante cambio, así como la temperatura observada en grandes profundidades, generan corrientes termoeléctricas, las cuales pueden desempeñar un papel importante en los fenómenos descritos brevemente.
En relación con estas grandes operaciones naturales, que las explican y que, a su vez, son explicadas por ellas, tenemos la muy interesante aplicación de la electricidad para la deposición de metales, llamada electrotipo. Aplicando los principios que hemos adoptado a este maravilloso descubrimiento,[165] el proceso completo mediante el cual se producen estos depósitos metálicos será aún más claro. Gracias al fluido eléctrico liberado en la batería galvánica, se produce una perturbación en la electricidad de la solución de cobre, plata o oro, lo que permite la deposición del metal; pero, en lugar de permitir que el ácido se escape, se le presenta parte del mismo metal que se ha depositado, y, por consiguiente, este se combina con él; este compuesto, al disolverse, mantiene la solidez de la solución.[166]
En un polo tiene lugar un proceso de deposición o descomposición, y en el otro, uno de abrasión, o más correctamente, de composición y disolución. Aprovechando este extraordinario poder de la electricidad, ahora podemos fabricar recipientes para decoración o uso, dorar o platear todo tipo de objetos.
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Utensilios, y se puede dar la inmutabilidad del metal a las producciones más delicadas de la naturaleza: sus frutos, sus flores y sus insectos. Sobre los trabajos más exquisitos realizados con el telar, podemos aplicar recubrimientos de oro o plata para aumentar su elegancia y durabilidad. Tampoco es necesario utilizar disposiciones mecánicas complejas: podemos tomar un imán de acero y, al perturbar mecánicamente la electricidad que contiene, podemos generar una corriente a través de cables de cobre, los cuales se utilizan ampliamente para dorar y platear. La propia tierra puede servir como batería; al conectar cables con sus depósitos minerales, se pueden generar corrientes eléctricas que se emplean en la producción de electrotipos. El electrotipo es solo una de las aplicaciones de la electricidad en los usos humanos. Este agente ha sido utilizado como medio para transmitir pensamientos; con una rapidez infinita, se han podido transmitir mensajes importantes, comunicaciones relacionadas con la vida, e incluso información que supera la velocidad del crimen. No habrá dificultad en comprender el principio detrás de esto, aunque muchas de las disposiciones mecánicas necesarias para garantizar la precisión son algo complejas. Toda la acción depende de la desviación de la aguja de una brújula debido al paso de una corriente eléctrica a lo largo de ella. Si en un punto determinado colocamos una batería galvánica, y a veinte o cien millas de distancia una aguja de brújula, entre un cable que va desde la batería hasta ese punto y otro que vuelve a la batería, la aguja permanecerá orientada según su dirección polar mientras los cables no estén activados. Pero en cuanto se establece la conexión y el circuito queda completo, la electricidad perturba toda la longitud del cable, y la aguja se desvía en ángulo recto con respecto a la dirección de la corriente. Siempre que sea posible establecer una conexión entre dos puntos, por lejanos que estén, podemos transmitir cualquier tipo de información casi instantáneamente. Los efectos de una corriente eléctrica se podrían observar a una distancia de 576,000 millas en un segundo; y a esa distancia, y con esa velocidad, es posible, gracias a las ingeniosas disposiciones del profesor Wheatstone, transmitir mensajes de amor o de destrucción. El caballo mágico del mago árabe, la alfombra mágica del hechicero alemán, eran inventos insignificantes en comparación con los cables de cobre utilizados por los electricistas, gracias a los cuales parecen superarse todas las dificultades del tiempo y las barreras del espacio. En la mitología escandinava encontramos ciertos poderes espirituales malignos capaces de moverse a una velocidad imperceptible.
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De un punto remoto a otro, sembrando las semillas de una ruina común entre la humanidad. Tal es la creación morbosa de una imaginación salvaje pero sumamente dotada. El espíritu del mal se difunde de manera notable, y de hecho podríamos casi atribuirle el poder de la ubicuidad; pero en realidad su avance es progresivo, y el tiempo entra como elemento en cualquier cálculo sobre su difusión. La electricidad actúa de forma instantánea; como espíritu de paz y buena voluntad, puede superar al espíritu del mal y desviarlo de sus designios. ¿No podemos esperar que el telégrafo eléctrico, al hacer que todo el mundo civilizado entre en una comunión de pensamiento y, a través del pensamiento, de sentimientos entre sí, nos una en una hermandad común, y que, en lugar de malentender e interpretar erróneamente los deseos y designios unos de otros, aprendamos a saber que cosas como los “enemigos naturales” no existen? Esperar derribar la gran barrera del lenguaje quizás sea demasiado; pero ciertamente podemos esperar que, tal como debemos hacer cuando las relaciones más cercanas e íntimas se logran con la ayuda de la ciencia, la barrera del prejuicio pueda ser arrasada hasta los cimientos, sin dejar ni una sola piedra sobre otra. Nuestras disputas, nuestras guerras sangrientas, consagradas a la historia por el bautismo de sangre, en cada caso, o en casi todos ellos, han surgido de la fuerza del prejuicio o de los errores de los políticos, cuyas mentes estaban limitadas por convenciones formadas para perpetuar el reinado de la ignorancia.
¿Y puede haber algo más acorde con el espíritu de todo lo que reverenciamos como sagrado que la idea de que los elementos empleados por el Todo Infinito en las obras de la creación física se conviertan, incluso en manos del hombre, en ángeles servidores de la gran redención moral del mundo? Unan a las naciones distantes de la tierra, y encontrarán algún terreno común sobre el cual pueden unirse. La mortalidad impone una dependencia; y hay caridades que surgen igualmente en el pecho del salvaje y del hombre civilizado, las cuales no serán controladas por los fríos usos del orgullo, sino que, como todas las verdades, aunque con voz muy tenue, hablan con más fuerza al corazón que los errores, y sirven como eslabones en la gran cadena que debe unir a la humanidad en una hermandad común. “Nadie es completamente malvado”, y los mejores tienen mucho que aprender sobre las comodidades de la vida de aquel que aún vive en un “estado de naturaleza”, o mejor dicho, de aquel cuyas pasiones han prevalecido sobre sus facultades intelectuales, pero que aún conserva muchos de los instintos más nobles, para no darles un término más elevado, que otras razas, orgullosas de su inteligencia, han descartado. Hasta ahora, el tiempo y el espacio han impedido…
¿Y puede haber algo más acorde con el espíritu de todo lo que reverenciamos como sagrado que la idea de que los elementos empleados por el Todo Infinito en las obras de la creación física se conviertan, incluso en manos del hombre, en ángeles servidores de la gran redención moral del mundo? Unan a las naciones distantes de la tierra, y encontrarán algún terreno común sobre el cual pueden unirse. La mortalidad impone una dependencia; y hay caridades que surgen igualmente en el pecho del salvaje y del hombre civilizado, las cuales no serán controladas por los fríos usos del orgullo, sino que, como todas las verdades, aunque con voz muy tenue, hablan con más fuerza al corazón que los errores, y sirven como eslabones en la gran cadena que debe unir a la humanidad en una hermandad común. “Nadie es completamente malvado”, y los mejores tienen mucho que aprender sobre las comodidades de la vida de aquel que aún vive en un “estado de naturaleza”, o mejor dicho, de aquel cuyas pasiones han prevalecido sobre sus facultades intelectuales, pero que aún conserva muchos de los instintos más nobles, para no darles un término más elevado, que otras razas, orgullosas de su inteligencia, han descartado. Hasta ahora, el tiempo y el espacio han impedido…
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La realización de esto; la electricidad y la mecánica prometen someter ambas; y tenemos todas las razones para esperar que esas fuerzas estén destinadas a acelerar la unión de la vasta familia humana. La energía eléctrica también se ha empleado con el fin de medir el tiempo, y por medio de ella se puede mantener un gran número de relojes en un estado de exactitud uniforme, algo que ningún otro sistema puede lograr. Una batería conectada al reloj principal, el cual a su vez está unido por cables a numerosos relojes dispuestos a cierta distancia entre sí, hace que la corriente sea interrumpida continuamente y de forma regular por el movimiento del péndulo; esta interrupción se experimenta en todos los relojes incluidos en el circuito eléctrico; y, de acuerdo con estas interrupciones y restablecimientos de contacto, las manecillas se mueven sobre el dial a un ritmo constantemente uniforme. En lugar de una batería, la propia Tierra ha proporcionado el flujo de fluido eléctrico, con el cual se ha registrado la velocidad de sus rotaciones con la mayor fidelidad.[169] La electricidad, que ahora se utiliza para registrar el paso del tiempo, avanza mucho más rápido que el sabio que camina con paso mesurado, observando cómo caen las arenas en el reloj de arena. La Tierra está recorrida y los océanos atravesados por los cables del telégrafo eléctrico. Ya, desde las orillas del Támesis hasta las costas del Adriático, nuestro mensajero eléctrico cumplirá nuestras órdenes. El telégrafo se extiende por Italia y sumerge sus cables en el Mediterráneo, llegando pronto a las costas de África. Luego seguirán a lo largo de las costas africanas hasta Egipto y Turquía, y aún más allá, hasta unirse a los telégrafos de la India, de los cuales tres mil millas ya están construidas. Desde la India, estos maravillosos cables conectarán isla con isla en el archipiélago indio, vinculando así a Australia y Nueva Zelanda con Europa. En pocos años podemos esperar recibir en Londres un informe instantáneo sobre el extraordinario “yacimiento” descubierto por algún afortunado buscador de oro; y el exiliado de su tierra natal en las Islas del Pacífico Sur podrá saber, si así lo desea, cada hora qué hacen sus familiares y amigos en alguna aldea de Inglaterra.
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NOTAS AL PIE:
[136] Tratado de Física: M. Biot, vol. vii. Becquerel: Annales de Chimie, vol. xlvi.-xlix. Investigaciones experimentales de Faraday sobre la electricidad, 2 vols., 1830–1844.
Una especulación sobre la conducción eléctrica y la naturaleza de la materia: por Michael Faraday, D.C.L., F.R.S.; Philosophical Magazine, vol. xxiv., 1836.
Objeciones a las teorías de Franklin, Dufay y Ampère, con un intento de explicar los fenómenos eléctricos mediante polarización estática o ondulatoria: por Robert Hare, M.D., profesor emérito de Química en la Universidad de Pensilvania.
[137] “Un buen trozo de goma de gutapercha aísla tan bien como un trozo igual de laca de concha, ya sea en forma de lámina, varilla o filamento; pero al ser resistente y flexible cuando está frío, así como blanda cuando está caliente, sirve mejor que la laca de concha en muchos casos en los que su fragilidad constituye una molestia. Por lo tanto, sirve como mangos muy adecuados para los conductores de electricidad en experimentos de inducción; al no ser propensa a romperse en forma de banda o hilo delgado, constituye un excelente soporte aislante; un trozo en forma de lámina es una base aislante muy conveniente para cualquier objeto que se coloque sobre ella. Forma tapones aislantes excelentes para los tallos de los electrometros de hoja de oro, cuando pasan por tubos protectores, y tapones más grandes sirven como pies aislantes adecuados para instalaciones eléctricas; cilindros de esta sustancia, con un diámetro de medio pulgada o más, tienen gran rigidez y constituyen pilares aislantes excelentes. De estas y otras maneras, su capacidad como aislante puede ser útil.” —Sobre el uso de la goma de gutapercha en el aislamiento eléctrico: por el Dr. Faraday; Philosoph. Mag., marzo de 1848.
Las siguientes deducciones fueron formuladas por Faraday en sus Investigaciones sobre la electricidad, obra de mérito extraordinario, siendo uno de los ejemplos más perfectos de filosofía inductiva que poseemos en lengua inglesa:—
“Todos los cuerpos conducen la electricidad de la misma manera, desde los metales hasta las resinas y los gases, pero en grados muy diferentes.
“En algunos cuerpos, la capacidad de conducción aumenta considerablemente con el calor, mientras que en otros disminuye, sin que nadie perciba ninguna diferencia eléctrica esencial, ni en los propios cuerpos ni en el cambio provocado por la electricidad conducida.
“Existe una numerosa clase de cuerpos que aíslan la electricidad de baja intensidad cuando están sólidos, pero la conducen muy libremente cuando están en estado líquido, y entonces son descompuestos por ella.
“Pero hay muchos cuerpos líquidos que no conducen de manera sensible la electricidad de esta baja intensidad; hay algunos que la conducen sin ser descompuestos; tampoco la fluidez es esencial para la descomposición.
“Solo existen dos cuerpos (sulfuro de plata y fluoruro de plomo) que, al aislar una corriente voltaica cuando están sólidos y conducirla cuando están en estado líquido, no se descomponen en este último caso.
“No existe aún una distinción eléctrica estricta entre la conducción de los cuerpos que se consideran elementales y aquellos que se sabe que son compuestos.”
[138] La especulación de Faraday sobre la naturaleza de la materia, ya mencionada.
[136] Tratado de Física: M. Biot, vol. vii. Becquerel: Annales de Chimie, vol. xlvi.-xlix. Investigaciones experimentales de Faraday sobre la electricidad, 2 vols., 1830–1844.
Una especulación sobre la conducción eléctrica y la naturaleza de la materia: por Michael Faraday, D.C.L., F.R.S.; Philosophical Magazine, vol. xxiv., 1836.
Objeciones a las teorías de Franklin, Dufay y Ampère, con un intento de explicar los fenómenos eléctricos mediante polarización estática o ondulatoria: por Robert Hare, M.D., profesor emérito de Química en la Universidad de Pensilvania.
[137] “Un buen trozo de goma de gutapercha aísla tan bien como un trozo igual de laca de concha, ya sea en forma de lámina, varilla o filamento; pero al ser resistente y flexible cuando está frío, así como blanda cuando está caliente, sirve mejor que la laca de concha en muchos casos en los que su fragilidad constituye una molestia. Por lo tanto, sirve como mangos muy adecuados para los conductores de electricidad en experimentos de inducción; al no ser propensa a romperse en forma de banda o hilo delgado, constituye un excelente soporte aislante; un trozo en forma de lámina es una base aislante muy conveniente para cualquier objeto que se coloque sobre ella. Forma tapones aislantes excelentes para los tallos de los electrometros de hoja de oro, cuando pasan por tubos protectores, y tapones más grandes sirven como pies aislantes adecuados para instalaciones eléctricas; cilindros de esta sustancia, con un diámetro de medio pulgada o más, tienen gran rigidez y constituyen pilares aislantes excelentes. De estas y otras maneras, su capacidad como aislante puede ser útil.” —Sobre el uso de la goma de gutapercha en el aislamiento eléctrico: por el Dr. Faraday; Philosoph. Mag., marzo de 1848.
Las siguientes deducciones fueron formuladas por Faraday en sus Investigaciones sobre la electricidad, obra de mérito extraordinario, siendo uno de los ejemplos más perfectos de filosofía inductiva que poseemos en lengua inglesa:—
“Todos los cuerpos conducen la electricidad de la misma manera, desde los metales hasta las resinas y los gases, pero en grados muy diferentes.
“En algunos cuerpos, la capacidad de conducción aumenta considerablemente con el calor, mientras que en otros disminuye, sin que nadie perciba ninguna diferencia eléctrica esencial, ni en los propios cuerpos ni en el cambio provocado por la electricidad conducida.
“Existe una numerosa clase de cuerpos que aíslan la electricidad de baja intensidad cuando están sólidos, pero la conducen muy libremente cuando están en estado líquido, y entonces son descompuestos por ella.
“Pero hay muchos cuerpos líquidos que no conducen de manera sensible la electricidad de esta baja intensidad; hay algunos que la conducen sin ser descompuestos; tampoco la fluidez es esencial para la descomposición.
“Solo existen dos cuerpos (sulfuro de plata y fluoruro de plomo) que, al aislar una corriente voltaica cuando están sólidos y conducirla cuando están en estado líquido, no se descomponen en este último caso.
“No existe aún una distinción eléctrica estricta entre la conducción de los cuerpos que se consideran elementales y aquellos que se sabe que son compuestos.”
[138] La especulación de Faraday sobre la naturaleza de la materia, ya mencionada.
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[139] Investigaciones experimentales: del Dr. Faraday. Descomposición química, p. 151.
[140] Karsten; Poggendorff’s Annalen, vol. lvii.
[141] Tratado experimental de la electricidad y el magnetismo: Becquerel, 1834; Introducción a la electricidad de Priestley; Sobre la electricidad en equilibrio: Conferencias del Dr. Young.
[142] Investigaciones experimentales de Faraday sobre la electricidad. Este filósofo ha demostrado, mediante los experimentos más concluyentes, “que la electricidad que descompone, y la que se genera por la descomposición de una cierta cantidad de materia, son idénticas. ¡Qué enorme cantidad de electricidad se necesita, pues, para descomponer un solo grano de agua! Ya hemos visto que debe ser suficiente para mantener al rojo vivo un hilo de platino de 1/104 de pulgada de grosor en contacto con el aire durante tres minutos y tres cuartos. Parecería que se necesitan 800.000 cargas de una batería de Leyden, cargadas mediante treinta vueltas de una máquina de placas muy grande y potente, en pleno funcionamiento; una cantidad suficiente, si se pasa de inmediato a través de la cabeza de una rata o un gato, para matarlo como por un rayo, para suministrar la electricidad necesaria para descomponer un solo grano de agua; o, si tengo razón, para igualar la cantidad de electricidad que está naturalmente asociada a los elementos de ese grano de agua, dotándolos de su afinidad química mutua”.
[143] Investigaciones experimentales: Faraday.
[144] La aparición de sustancias ácidas y alcalinas en el agua sometida a una corriente eléctrica, en las superficies metálicas electrizadas opuestas, fue observada en los primeros experimentos químicos realizados con la columna de Volta (véase el Journal de Nicholson, vol. iv, p. 183, y vol. iv, p. 261, para los experimentos del Sr. Cruickshank; y Annales de Chimie, tomo xxxvii, p. 233, para los de M. Desormes). Sobre algunas agencias químicas en la electricidad: de Sir Humphry Davy. Philosophical Transactions de 1807. Las diversas teorías sobre la descomposición electroquímica son expuestas detalladamente por Faraday en su quinta serie de Investigaciones experimentales sobre la electricidad, en la cual expresa así sus propias opiniones: “Me parece que el efecto se produce por una acción corpuscular interna ejercida según la dirección de la corriente eléctrica, y que se debe a una fuerza que se suma a la afinidad química ordinaria de los cuerpos presentes o que le da dirección. El cuerpo en proceso de descomposición puede considerarse como una masa de partículas activas, todas aquellas que forman parte del recorrido de la corriente eléctrica contribuyen al efecto final; y es porque la afinidad química ordinaria se ve aliviada, debilitada o parcialmente neutralizada por la influencia de la corriente eléctrica en una dirección paralela a su recorrido, y se fortalece o se añade en la dirección opuesta, que las partículas que se combinan tienen tendencia a moverse en direcciones opuestas”.
[145] “Este descubrimiento capital (la descomposición química por electricidad) parece haber sido hecho en un primer momento por los señores Nicholson y Carlisle, quienes observaron la descomposición del agua producida de este modo. Fue rápidamente seguido por otro aún más importante, realizado por Berzelius y Hisinger, quienes determinaron que, en todas las descomposiciones de este tipo, los ácidos y el oxígeno se transfieren y se acumulan alrededor del polo positivo, y el hidrógeno, los metales y las bases alrededor del polo negativo de un circuito voltaico; siendo transferidos en un estado invisible, por así decirlo, latente o inerte, por la acción de la electricidad”.
[140] Karsten; Poggendorff’s Annalen, vol. lvii.
[141] Tratado experimental de la electricidad y el magnetismo: Becquerel, 1834; Introducción a la electricidad de Priestley; Sobre la electricidad en equilibrio: Conferencias del Dr. Young.
[142] Investigaciones experimentales de Faraday sobre la electricidad. Este filósofo ha demostrado, mediante los experimentos más concluyentes, “que la electricidad que descompone, y la que se genera por la descomposición de una cierta cantidad de materia, son idénticas. ¡Qué enorme cantidad de electricidad se necesita, pues, para descomponer un solo grano de agua! Ya hemos visto que debe ser suficiente para mantener al rojo vivo un hilo de platino de 1/104 de pulgada de grosor en contacto con el aire durante tres minutos y tres cuartos. Parecería que se necesitan 800.000 cargas de una batería de Leyden, cargadas mediante treinta vueltas de una máquina de placas muy grande y potente, en pleno funcionamiento; una cantidad suficiente, si se pasa de inmediato a través de la cabeza de una rata o un gato, para matarlo como por un rayo, para suministrar la electricidad necesaria para descomponer un solo grano de agua; o, si tengo razón, para igualar la cantidad de electricidad que está naturalmente asociada a los elementos de ese grano de agua, dotándolos de su afinidad química mutua”.
[143] Investigaciones experimentales: Faraday.
[144] La aparición de sustancias ácidas y alcalinas en el agua sometida a una corriente eléctrica, en las superficies metálicas electrizadas opuestas, fue observada en los primeros experimentos químicos realizados con la columna de Volta (véase el Journal de Nicholson, vol. iv, p. 183, y vol. iv, p. 261, para los experimentos del Sr. Cruickshank; y Annales de Chimie, tomo xxxvii, p. 233, para los de M. Desormes). Sobre algunas agencias químicas en la electricidad: de Sir Humphry Davy. Philosophical Transactions de 1807. Las diversas teorías sobre la descomposición electroquímica son expuestas detalladamente por Faraday en su quinta serie de Investigaciones experimentales sobre la electricidad, en la cual expresa así sus propias opiniones: “Me parece que el efecto se produce por una acción corpuscular interna ejercida según la dirección de la corriente eléctrica, y que se debe a una fuerza que se suma a la afinidad química ordinaria de los cuerpos presentes o que le da dirección. El cuerpo en proceso de descomposición puede considerarse como una masa de partículas activas, todas aquellas que forman parte del recorrido de la corriente eléctrica contribuyen al efecto final; y es porque la afinidad química ordinaria se ve aliviada, debilitada o parcialmente neutralizada por la influencia de la corriente eléctrica en una dirección paralela a su recorrido, y se fortalece o se añade en la dirección opuesta, que las partículas que se combinan tienen tendencia a moverse en direcciones opuestas”.
[145] “Este descubrimiento capital (la descomposición química por electricidad) parece haber sido hecho en un primer momento por los señores Nicholson y Carlisle, quienes observaron la descomposición del agua producida de este modo. Fue rápidamente seguido por otro aún más importante, realizado por Berzelius y Hisinger, quienes determinaron que, en todas las descomposiciones de este tipo, los ácidos y el oxígeno se transfieren y se acumulan alrededor del polo positivo, y el hidrógeno, los metales y las bases alrededor del polo negativo de un circuito voltaico; siendo transferidos en un estado invisible, por así decirlo, latente o inerte, por la acción de la electricidad”.
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corriente, a través de espacios considerables, e incluso a través de grandes cantidades de agua u otros líquidos, para reaparecer de nuevo con todas sus propiedades en sus lugares de reposo adecuados”. —Discurso sobre el estudio de la filosofía natural: por Sir John Herschel, Bart., F.R.S.
[146] Se encontrarán numerosas y hermosas ilustraciones de este hecho en el Traité Expérimental de l’Électricité et du Magnétisme de Becquerel.
[147] Véase Le Feu élémentaire del Abbé Nollet; Leçons de Physique, tomo vi, p. 252; Du Pouvoir thermo-électrique, de M. Becquerel —Annales de Chimie, vol. xli, p. 353; también un memorando de Nobili, Bibliothèque Universelle, vol. xxxvii, p. 15; Experimental Contributions towards the theory of Thermo-Electricity, del Sr. J. Prideaux —Philosophical Magazine, vol. iii, Tercera Serie; On the Thermo-Magnetism of Homogeneous Bodies, con experimentos ilustrativos, del Sr. William Sturgeon —Philosophical Magazine, vol. x, p. 1–116, Nueva Serie. Botto fabricó imanes y obtuvo descomposición química. Antinori produjo la chispa. El Sr. Watkins calentó un alambre en el termoelectrómetro de Harris.
[148] Una aplicación muy ingeniosa del conocimiento de este hecho fue sugerida por el Sr. Solly, mediante la cual se podía registrar constantemente el calor de un horno a una distancia muy considerable de él. Véase Description of an Electric Thermometer: por E. Solly, Jun., Esq. Philosophical Magazine, vol. xx, p. 391. Nueva Serie.
[149] Humboldt; Narrative Personal, cap. xvii —Annales de Chimie, vol. xiv, p. 15.
[150] Investigaciones experimentales sobre la electricidad. Serie xv. Consulte a Sir Humphry Davy: An Account of some Experiments on the Torpedo —Philosophical Transactions, 1829, p. 15. John Davy, M.D., F.R.S.: An Account of some Experiments and Observations on the Torpedo, ibíd., 1832, p. 259; y Observations on the Torpedo, del mismo autor, con un relato de algunos experimentos adicionales sobre su electricidad; y Matteucci, Bibliothèque Universelle, 1837, vol. xii, p. 174.
[151] On Lightning Conductors, de Sir William Snow Harris; Observations on the Action of Lightning Conductors, de W. Snow Harris, Esq., F.R.S. —Transactions de la London Electrical Society. Numerosos y valiosos artículos sobre la electricidad, de Sir William Harris, se encuentran en las Philosophical Transactions.
[152] Adoptando, hasta cierto punto, esta visión, Faraday, en su Nomenclatura eléctrica, propuso sustituir la palabra polo por anodo (ανω, hacia arriba, y ὁδος, camino), el camino por donde sale el sol; y catodo (κατα, hacia abajo, y ὁδος, camino), el camino por donde se pone el sol. La hipótesis pertenece esencialmente a Ampère. Las objeciones a las teorías de Franklin, Dufay y Ampère, con un intento de explicar los fenómenos eléctricos mediante polarización estática o ondulatoria, de Robert Hare, M.D., de Pensilvania, merecen ser leídas con atención.
[153] Inquiry into the Laws of the Vital Functions —Philosophical Transactions, 1815, 1822; Some Observations relating to the Functions of Digestion, ibíd., 1829: On the Powers on which the Functions of Life in the more perfect animals depend, and on the manner in which they are associated in the production of their more complicated results, por A. P. W. Philip, M.D., F.R.S., L. and E. —El siguiente extracto de los memorandos del Dr. Philip citados anteriormente ofrecerá una visión general de las conclusiones de ese eminente fisiólogo: “Respecto a
[146] Se encontrarán numerosas y hermosas ilustraciones de este hecho en el Traité Expérimental de l’Électricité et du Magnétisme de Becquerel.
[147] Véase Le Feu élémentaire del Abbé Nollet; Leçons de Physique, tomo vi, p. 252; Du Pouvoir thermo-électrique, de M. Becquerel —Annales de Chimie, vol. xli, p. 353; también un memorando de Nobili, Bibliothèque Universelle, vol. xxxvii, p. 15; Experimental Contributions towards the theory of Thermo-Electricity, del Sr. J. Prideaux —Philosophical Magazine, vol. iii, Tercera Serie; On the Thermo-Magnetism of Homogeneous Bodies, con experimentos ilustrativos, del Sr. William Sturgeon —Philosophical Magazine, vol. x, p. 1–116, Nueva Serie. Botto fabricó imanes y obtuvo descomposición química. Antinori produjo la chispa. El Sr. Watkins calentó un alambre en el termoelectrómetro de Harris.
[148] Una aplicación muy ingeniosa del conocimiento de este hecho fue sugerida por el Sr. Solly, mediante la cual se podía registrar constantemente el calor de un horno a una distancia muy considerable de él. Véase Description of an Electric Thermometer: por E. Solly, Jun., Esq. Philosophical Magazine, vol. xx, p. 391. Nueva Serie.
[149] Humboldt; Narrative Personal, cap. xvii —Annales de Chimie, vol. xiv, p. 15.
[150] Investigaciones experimentales sobre la electricidad. Serie xv. Consulte a Sir Humphry Davy: An Account of some Experiments on the Torpedo —Philosophical Transactions, 1829, p. 15. John Davy, M.D., F.R.S.: An Account of some Experiments and Observations on the Torpedo, ibíd., 1832, p. 259; y Observations on the Torpedo, del mismo autor, con un relato de algunos experimentos adicionales sobre su electricidad; y Matteucci, Bibliothèque Universelle, 1837, vol. xii, p. 174.
[151] On Lightning Conductors, de Sir William Snow Harris; Observations on the Action of Lightning Conductors, de W. Snow Harris, Esq., F.R.S. —Transactions de la London Electrical Society. Numerosos y valiosos artículos sobre la electricidad, de Sir William Harris, se encuentran en las Philosophical Transactions.
[152] Adoptando, hasta cierto punto, esta visión, Faraday, en su Nomenclatura eléctrica, propuso sustituir la palabra polo por anodo (ανω, hacia arriba, y ὁδος, camino), el camino por donde sale el sol; y catodo (κατα, hacia abajo, y ὁδος, camino), el camino por donde se pone el sol. La hipótesis pertenece esencialmente a Ampère. Las objeciones a las teorías de Franklin, Dufay y Ampère, con un intento de explicar los fenómenos eléctricos mediante polarización estática o ondulatoria, de Robert Hare, M.D., de Pensilvania, merecen ser leídas con atención.
[153] Inquiry into the Laws of the Vital Functions —Philosophical Transactions, 1815, 1822; Some Observations relating to the Functions of Digestion, ibíd., 1829: On the Powers on which the Functions of Life in the more perfect animals depend, and on the manner in which they are associated in the production of their more complicated results, por A. P. W. Philip, M.D., F.R.S., L. and E. —El siguiente extracto de los memorandos del Dr. Philip citados anteriormente ofrecerá una visión general de las conclusiones de ese eminente fisiólogo: “Respecto a
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La naturaleza de las facultades del animal vivo que hemos estado considerando —las facultades sensoriales y musculares, así como las propias del sangre viva— nos ha mostrado que pertenecen únicamente al animal vivo, siendo todas sus propiedades peculiares propiedades de la vida. Las funciones de la vida pueden dividirse en dos categorías: aquellas que se ven afectadas únicamente por las propiedades de este principio, y aquellas, que constituyen la categoría mucho más numerosa, que resultan de la cooperación de estas propiedades con las de los principios que actúan en la naturaleza inanimada. Hemos comprobado que la facultad nerviosa es una modificación de uno de estos últimos principios, ya que puede existir en otras estructuras distintas a las que le corresponden en el animal vivo, y podemos sustituirla por uno de esos principios sin perturbar las funciones de la vida.
“Descubrimientos recientes han ido revelando gradualmente hasta qué punto es más extenso, incluso que lo que se suponía hace unos años, el dominio de la electricidad. El magnetismo, la afinidad química y (creo que, a partir de los hechos expuestos en el artículo anterior, será imposible evitar esta conclusión) la influencia nerviosa, fuerza rectora de las funciones vitales del organismo animal, parecen ser todas ellas modificaciones de este agente aparentemente universal; puedo añadir además que ya tenemos algunas indicaciones de su dominio aún más amplio.”
Véanse los artículos del Dr. Reid.
[154] Investigaciones electrofisiológicas: por Signor Carlo Matteucci; Phil. Trans., 1845, p. 293, y años posteriores.
[155] Electrobiología: por Alfred Smee, Esq.
[156] Observaciones sobre las corrientes eléctricas en estructuras vegetales: por Golding Bird, Esq., F.L.S.; Magazine of Natural History, vol. X, p. 240. En este artículo, el Dr. Bird señala que sus experimentos llevan a la conclusión de que las plantas no pueden cargarse tanto de electricidad como para producir chispas; que siempre circulan corrientes eléctricas de débil intensidad en los tejidos vegetales; y que las corrientes eléctricas se generan durante la germinación debido a acciones químicas.
[157] Sobre las vetas minerales: por Robert Were Fox, Esq.; Cuarto informe de la Royal Cornwall Polytechnic Society. Sobre las propiedades electromagnéticas de las vetas metálicas en las minas de Cornualles: por Robert W. Fox, Esq.; Phil. Trans., 1830, p. 399.
[158] Experimentos y observaciones sobre la electricidad de las vetas minerales: por Robert Hunt y John Phillips; Informes de la Royal Cornwall Polytechnic Society para 1841–42. Sobre la electricidad de las vetas minerales: por el Sr. John Arthur Phillips; Ibid., 1843.
[159] En las vetas de plomo de Lagylas y Frongoch, el Sr. Fox detectó corrientes eléctricas, pero no en las de South Mold y Milwr, en Flintshire: Cornwall Geological Transactions, vol. IV. En las vetas de plomo de Coldberry y Skeers, en Teasdale, Durham, las corrientes detectadas fueron muy débiles: Reports of the Bristol Association, 1838. Von Strombeck no pudo detectar ninguna corriente eléctrica en las vetas trabajadas en la pizarra arcillosa cerca de Saint Goar, en el Rin: Archiv. für Mineralogie, Geognosie, etc., por el Dr. C. J. B. Karsten, 1833. Sin embargo, el profesor Reich obtuvo resultados muy claros en Frisch Glück, Neue Hoffnung, Gottlob y en otras vetas minerales de las regiones mineras de Sajonia: Edinburgh New Philosophical Journal, vol. XXVIII, 1839. Todas estas irregularidades se explican por la presencia o ausencia de estimulación química.
“Descubrimientos recientes han ido revelando gradualmente hasta qué punto es más extenso, incluso que lo que se suponía hace unos años, el dominio de la electricidad. El magnetismo, la afinidad química y (creo que, a partir de los hechos expuestos en el artículo anterior, será imposible evitar esta conclusión) la influencia nerviosa, fuerza rectora de las funciones vitales del organismo animal, parecen ser todas ellas modificaciones de este agente aparentemente universal; puedo añadir además que ya tenemos algunas indicaciones de su dominio aún más amplio.”
Véanse los artículos del Dr. Reid.
[154] Investigaciones electrofisiológicas: por Signor Carlo Matteucci; Phil. Trans., 1845, p. 293, y años posteriores.
[155] Electrobiología: por Alfred Smee, Esq.
[156] Observaciones sobre las corrientes eléctricas en estructuras vegetales: por Golding Bird, Esq., F.L.S.; Magazine of Natural History, vol. X, p. 240. En este artículo, el Dr. Bird señala que sus experimentos llevan a la conclusión de que las plantas no pueden cargarse tanto de electricidad como para producir chispas; que siempre circulan corrientes eléctricas de débil intensidad en los tejidos vegetales; y que las corrientes eléctricas se generan durante la germinación debido a acciones químicas.
[157] Sobre las vetas minerales: por Robert Were Fox, Esq.; Cuarto informe de la Royal Cornwall Polytechnic Society. Sobre las propiedades electromagnéticas de las vetas metálicas en las minas de Cornualles: por Robert W. Fox, Esq.; Phil. Trans., 1830, p. 399.
[158] Experimentos y observaciones sobre la electricidad de las vetas minerales: por Robert Hunt y John Phillips; Informes de la Royal Cornwall Polytechnic Society para 1841–42. Sobre la electricidad de las vetas minerales: por el Sr. John Arthur Phillips; Ibid., 1843.
[159] En las vetas de plomo de Lagylas y Frongoch, el Sr. Fox detectó corrientes eléctricas, pero no en las de South Mold y Milwr, en Flintshire: Cornwall Geological Transactions, vol. IV. En las vetas de plomo de Coldberry y Skeers, en Teasdale, Durham, las corrientes detectadas fueron muy débiles: Reports of the Bristol Association, 1838. Von Strombeck no pudo detectar ninguna corriente eléctrica en las vetas trabajadas en la pizarra arcillosa cerca de Saint Goar, en el Rin: Archiv. für Mineralogie, Geognosie, etc., por el Dr. C. J. B. Karsten, 1833. Sin embargo, el profesor Reich obtuvo resultados muy claros en Frisch Glück, Neue Hoffnung, Gottlob y en otras vetas minerales de las regiones mineras de Sajonia: Edinburgh New Philosophical Journal, vol. XXVIII, 1839. Todas estas irregularidades se explican por la presencia o ausencia de estimulación química.
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[160] Esto ocurrió de manera notable en Huel Sparnon, cerca de Redruth, donde se descubrió el cobalto entre dos porciones de una veta desplazada; lo mismo fue observado por el señor Percival Johnson en una pequeña mina dedicada a la extracción de níquel, cerca de St. Austell.
[161] Sobre el proceso utilizado para obtener vetas artificiales en arcilla: por T. B. Jordan; Sexto Informe Anual de la Sociedad Politécnica Real de Cornualles. Véase también mi memorando, ya mencionado, en los Memoriales del Servicio Geológico y del Museo de Geología Práctica, vol. I.
[162] Véase Becquerel, Traité Experimental de l’Electricité, etc. Experimentos eléctricos sobre la formación de cristales artificiales: por Andrew Crosse, Esq.; Informes de la Asociación Británica, vol. V, 1836. La laminación de la arcilla y otras sustancias se describe en mi memorando ya citado, nota p. 226.
[163] Informe sobre la geología de Cornualles, Devon y West Somerset, por Sir Henry T. De la Beche: Observaciones teóricas sobre la formación y llenado de vetas minerales y fallas comunes, p. 349.
[164] Los siguientes análisis de aguas provenientes de minas profundas fueron realizados por mí en 1840, y, junto con muchos otros, publicados en los Informes de la Sociedad Politécnica Real de Cornualles.
Consolidated Mines, Gwennap, Cornualles. En 1.000 granos de agua:
Cloruro de sosa: 1,5
Sulfato de cal: 0,5
Sulfato de hierro: 0,15
Sulfato de cobre: 1,25
Silicio: 0,15
Alúmina: 0,3
——
Total: 3,7
United Mines, Gwennap:
Cloruro de sosa: 1,10
Cloruro de cal: 0,15
Sulfato de sosa: 0,50
Sulfato de cal: 1,5
Sulfato de hierro: 0,75
Alúmina: 0,5
Silicio: 0,15
——
Total: 4,65
Great St. George:
Cloruro de sosa: 1,35
Sulfato de cal: 0,74
[161] Sobre el proceso utilizado para obtener vetas artificiales en arcilla: por T. B. Jordan; Sexto Informe Anual de la Sociedad Politécnica Real de Cornualles. Véase también mi memorando, ya mencionado, en los Memoriales del Servicio Geológico y del Museo de Geología Práctica, vol. I.
[162] Véase Becquerel, Traité Experimental de l’Electricité, etc. Experimentos eléctricos sobre la formación de cristales artificiales: por Andrew Crosse, Esq.; Informes de la Asociación Británica, vol. V, 1836. La laminación de la arcilla y otras sustancias se describe en mi memorando ya citado, nota p. 226.
[163] Informe sobre la geología de Cornualles, Devon y West Somerset, por Sir Henry T. De la Beche: Observaciones teóricas sobre la formación y llenado de vetas minerales y fallas comunes, p. 349.
[164] Los siguientes análisis de aguas provenientes de minas profundas fueron realizados por mí en 1840, y, junto con muchos otros, publicados en los Informes de la Sociedad Politécnica Real de Cornualles.
Consolidated Mines, Gwennap, Cornualles. En 1.000 granos de agua:
Cloruro de sosa: 1,5
Sulfato de cal: 0,5
Sulfato de hierro: 0,15
Sulfato de cobre: 1,25
Silicio: 0,15
Alúmina: 0,3
——
Total: 3,7
United Mines, Gwennap:
Cloruro de sosa: 1,10
Cloruro de cal: 0,15
Sulfato de sosa: 0,50
Sulfato de cal: 1,5
Sulfato de hierro: 0,75
Alúmina: 0,5
Silicio: 0,15
——
Total: 4,65
Great St. George:
Cloruro de sosa: 1,35
Sulfato de cal: 0,74
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Carbonato de hierro ·70
Alúmina ·50
Carbonato de cal ·10
——
Total 3·4
[165] El descubrimiento del electrotipo ha sido objeto de controversia, como ocurre con todos los descubrimientos valiosos. Sin embargo, sin menoscabar en absoluto los méritos de lo que había realizado el señor Jordan, estoy convencido, tras la búsqueda más cuidadosa, de que la primera persona que realmente empleó la acción electroquímica para la precipitación de metales en forma ornamental fue el señor Spencer, de Liverpool.
[166] Véase Spencer, *Instrucciones para la multiplicación de obras de arte en metal mediante electricidad voláica*. *Novedades en la ciencia experimental*: Griffin, Glasgow; *Elementos de electro-metalurgia*: de Alfred Smee, Esq.
[167] La máquina magnetoelectríca se utiliza en Birmingham con este propósito; pero los señores Elkington me informan de que no la consideran económica, o más bien de que la precipitación electroquímica se produce demasiado lentamente.
[168] Esto fue logrado por el señor Robert Were Fox, en una mina cerca de Falmouth. Al conectar dos cables de cobre con dos vetas minerales y llevarlos, en la superficie, a una celda que contenía una solución de sulfato de cobre, este caballero obtuvo una copia electrográfica de una placa de cobre grabada.
[169] Esto se logró de la manera más eficaz por el señor Bain. El señor Hobson ha tenido en funcionamiento durante varios años un reloj eléctrico excitado de esta forma.
Alúmina ·50
Carbonato de cal ·10
——
Total 3·4
[165] El descubrimiento del electrotipo ha sido objeto de controversia, como ocurre con todos los descubrimientos valiosos. Sin embargo, sin menoscabar en absoluto los méritos de lo que había realizado el señor Jordan, estoy convencido, tras la búsqueda más cuidadosa, de que la primera persona que realmente empleó la acción electroquímica para la precipitación de metales en forma ornamental fue el señor Spencer, de Liverpool.
[166] Véase Spencer, *Instrucciones para la multiplicación de obras de arte en metal mediante electricidad voláica*. *Novedades en la ciencia experimental*: Griffin, Glasgow; *Elementos de electro-metalurgia*: de Alfred Smee, Esq.
[167] La máquina magnetoelectríca se utiliza en Birmingham con este propósito; pero los señores Elkington me informan de que no la consideran económica, o más bien de que la precipitación electroquímica se produce demasiado lentamente.
[168] Esto fue logrado por el señor Robert Were Fox, en una mina cerca de Falmouth. Al conectar dos cables de cobre con dos vetas minerales y llevarlos, en la superficie, a una celda que contenía una solución de sulfato de cobre, este caballero obtuvo una copia electrográfica de una placa de cobre grabada.
[169] Esto se logró de la manera más eficaz por el señor Bain. El señor Hobson ha tenido en funcionamiento durante varios años un reloj eléctrico excitado de esta forma.
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CAPÍTULO X.
EL MAGNETISMO.
Hierro magnético: conocimiento de los antiguos; imanes artificiales; electroimanes; electromagnetismo; magnetoelectricidad; teorías del magnetismo; la fuerza magnética del hierro y el acero blandos; influencia del calor en el magnetismo; magnetismo terrestre; declinación de la aguja de la brújula; variación del magnetismo terrestre; polos magnéticos; especulaciones de Hansteen; variación mensual y diurna; inclinación e intensidad; termomagnetismo; aurora boreal; tormentas magnéticas; condiciones magnéticas de la materia; diamagnetismo, etc.
De acuerdo con la visión actualmente generalmente aceptada, según la cual el magnetismo y la electricidad no son más que modificaciones de una misma fuerza, ya que se observa que existen entre sí una relación de causa y efecto, la separación que aquí se hace al tratar sus distintos fenómenos puede parecer inapropiada. Sin embargo, la importancia de todo lo relacionado con el magnetismo, así como la marcada diferencia que existe entre la verdadera acción magnética y la electricidad por fricción o química, es tan grande que se ha considerado conveniente adoptar este orden al examinar la influencia del magnetismo terrestre, del cual la ciencia nos ha dado a conocer.
Desde muy tempranos tiempos se ha observado una fuerza atractiva peculiar en algunos ejemplares de mineral de hierro. Se encontraron masas de este tipo en Magnesia, y de esa localidad proviene el nombre que se da al hierro en su estado polar. Esto queda confirmado por las siguientes palabras de Lucrecio:—
EL MAGNETISMO.
Hierro magnético: conocimiento de los antiguos; imanes artificiales; electroimanes; electromagnetismo; magnetoelectricidad; teorías del magnetismo; la fuerza magnética del hierro y el acero blandos; influencia del calor en el magnetismo; magnetismo terrestre; declinación de la aguja de la brújula; variación del magnetismo terrestre; polos magnéticos; especulaciones de Hansteen; variación mensual y diurna; inclinación e intensidad; termomagnetismo; aurora boreal; tormentas magnéticas; condiciones magnéticas de la materia; diamagnetismo, etc.
De acuerdo con la visión actualmente generalmente aceptada, según la cual el magnetismo y la electricidad no son más que modificaciones de una misma fuerza, ya que se observa que existen entre sí una relación de causa y efecto, la separación que aquí se hace al tratar sus distintos fenómenos puede parecer inapropiada. Sin embargo, la importancia de todo lo relacionado con el magnetismo, así como la marcada diferencia que existe entre la verdadera acción magnética y la electricidad por fricción o química, es tan grande que se ha considerado conveniente adoptar este orden al examinar la influencia del magnetismo terrestre, del cual la ciencia nos ha dado a conocer.
Desde muy tempranos tiempos se ha observado una fuerza atractiva peculiar en algunos ejemplares de mineral de hierro. Se encontraron masas de este tipo en Magnesia, y de esa localidad proviene el nombre que se da al hierro en su estado polar. Esto queda confirmado por las siguientes palabras de Lucrecio:—
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Comienzo ahora a tratar lo que queda por hacer, para que se establezca el pacto. La naturaleza ha creado esta piedra capaz de atraer al hierro; a ella la llaman magneto, nombre que proviene del griego “magnétos”, ya que nació en tierras de ese país.
Una vez más, vemos cómo Plinio utiliza el término “magnético” para expresar este poder singular. Los antiguos sabían que el poder magnético del hierro y la propiedad eléctrica del ámbar no eran del mismo tipo, pero ambos eran considerados milagrosos. Parece que los chinos y los árabes conocían el magnetismo mucho antes de que los europeos se familiarizaran con la piedra magnética natural o con el imán artificial. Antes del año 121 d.C., el imán ya era mencionado explícitamente en un diccionario chino; y en el año 419 d.C., se afirmaba en otro de sus libros que los barcos podían ser guiados hacia el sur gracias a él.[170]
La primera descripción popular sobre su uso en Europa es la de que Vasco de Gama utilizó una brújula en el año 1427, cuando ese aventurero exploró por primera vez los mares de la India. Sin embargo, es muy probable que el conocimiento de su importancia proviniera de algunas naciones orientales en un período mucho anterior.
Existen algunas descripciones interesantes sobre la piedra magnética en las obras de un historiador islandés que escribió en el año 1068. La brújula de marinero también está descrita en un poema francés del año 1181; y según la Historia de Noruega de Torfæus, parece que las naciones del norte ya conocían este fenómeno al menos en el año 1266.
No tenemos que tratar aquí la historia del descubrimiento del magnetismo, sino solo aquello que se refiere a las extrañas propiedades que poseen los imanes y a la aplicación de este conocimiento para explicar los fenómenos que ocurren en la naturaleza.
Se encuentra una piedra de color marrón, que en ningún aspecto se distingue de las demás piedras comunes que la rodean. Pero, al examinarla detenidamente, se descubre que tiene la capacidad de atraer hacia sí partículas diminutas de hierro. Si se coloca esta piedra sobre una mesa y se esparcen alrededor de ella virutas de hierro, estas se organizan en curvas simétricas, partiendo de un punto determinado de la piedra hacia otro.
Una vez más, vemos cómo Plinio utiliza el término “magnético” para expresar este poder singular. Los antiguos sabían que el poder magnético del hierro y la propiedad eléctrica del ámbar no eran del mismo tipo, pero ambos eran considerados milagrosos. Parece que los chinos y los árabes conocían el magnetismo mucho antes de que los europeos se familiarizaran con la piedra magnética natural o con el imán artificial. Antes del año 121 d.C., el imán ya era mencionado explícitamente en un diccionario chino; y en el año 419 d.C., se afirmaba en otro de sus libros que los barcos podían ser guiados hacia el sur gracias a él.[170]
La primera descripción popular sobre su uso en Europa es la de que Vasco de Gama utilizó una brújula en el año 1427, cuando ese aventurero exploró por primera vez los mares de la India. Sin embargo, es muy probable que el conocimiento de su importancia proviniera de algunas naciones orientales en un período mucho anterior.
Existen algunas descripciones interesantes sobre la piedra magnética en las obras de un historiador islandés que escribió en el año 1068. La brújula de marinero también está descrita en un poema francés del año 1181; y según la Historia de Noruega de Torfæus, parece que las naciones del norte ya conocían este fenómeno al menos en el año 1266.
No tenemos que tratar aquí la historia del descubrimiento del magnetismo, sino solo aquello que se refiere a las extrañas propiedades que poseen los imanes y a la aplicación de este conocimiento para explicar los fenómenos que ocurren en la naturaleza.
Se encuentra una piedra de color marrón, que en ningún aspecto se distingue de las demás piedras comunes que la rodean. Pero, al examinarla detenidamente, se descubre que tiene la capacidad de atraer hacia sí partículas diminutas de hierro. Si se coloca esta piedra sobre una mesa y se esparcen alrededor de ella virutas de hierro, estas se organizan en curvas simétricas, partiendo de un punto determinado de la piedra hacia otro.
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Al examinar esto, descubriremos que el hierro que una vez se ha adherido a un punto será rechazado por el otro. Si esta piedra está suspendida libremente, también sabremos que siempre llega a reposar en una posición determinada; esta posición está determinada por esos puntos y por alguna fuerza atractiva presente en la propia tierra. A estos puntos los llamamos sus polos; y ahora queda establecido que esta simple piedra no es más que un pequeño representante de nuestro planeta. Ambos son magnéticos: ambos lo son gracias a la circulación de corrientes eléctricas o de líneas de fuerza magnética, como se puede observar en las curvas formadas por el polvo de hierro; el polo norte de uno atrae al polo sur del otro, y viceversa. Por confusión de términos, hablamos del polo norte de la aguja de una brújula, refiriéndonos a ese punto que siempre está opuesto al polo norte de la tierra; la verdad es que el polo de la aguja de la brújula, que es atraído con tanta fuerza hacia el norte, es en realidad un punto en estado contrario, o, como podríamos decir, un polo sur.
Existe una fuerza de tipo peculiar, distinta de la gravedad o de cualquier otra fuerza atractiva o aglutinante que conozcamos, la cual existe permanentemente en las piedras de hierro magnético y también en la tierra. ¿Qué es esta fuerza? El magnetismo puede producirse en cualquier barra de acero, ya sea frotándola con una piedra imán o colocándola en una posición determinada con respecto a las corrientes magnéticas de la tierra, y perturbando su disposición molecular mediante un golpe u otro medio. Este principio parece envolver al hierro como si estuviera rodeado de una atmósfera e infiltrarse en él. Con un solo imán podemos inducir magnetismo en cualquier número de barras de hierro sin que estas pierdan ninguna de su fuerza original. Como ya hemos observado respecto a las fuerzas eléctricas, el imán presenta constantemente dos puntos en los cuales existe una diferencia, manifestada por el hecho de que siempre son atraídos con considerable fuerza hacia los polos norte o sur de la tierra. Que esta fuerza tiene el mismo carácter que la electricidad que hemos estado considerando, queda ahora demostrado de manera muy satisfactoria. Al envolver una barra de hierro blando, que carece de cualquier poder magnético y es incapaz de soportar ni siquiera una onza de peso, con una bobina de alambre de cobre por la cual pasa una corriente galvánica, la barra recibirá, por inducción a partir de dicha corriente, un enorme aumento de fuerza, y mientras la corriente fluya a su alrededor, podrá soportar el peso de cientos de libras; en cuanto la corriente se interrumpe, estas cargas caen de ella obedeciendo a la ley de la gravedad. Así, simplemente…
Existe una fuerza de tipo peculiar, distinta de la gravedad o de cualquier otra fuerza atractiva o aglutinante que conozcamos, la cual existe permanentemente en las piedras de hierro magnético y también en la tierra. ¿Qué es esta fuerza? El magnetismo puede producirse en cualquier barra de acero, ya sea frotándola con una piedra imán o colocándola en una posición determinada con respecto a las corrientes magnéticas de la tierra, y perturbando su disposición molecular mediante un golpe u otro medio. Este principio parece envolver al hierro como si estuviera rodeado de una atmósfera e infiltrarse en él. Con un solo imán podemos inducir magnetismo en cualquier número de barras de hierro sin que estas pierdan ninguna de su fuerza original. Como ya hemos observado respecto a las fuerzas eléctricas, el imán presenta constantemente dos puntos en los cuales existe una diferencia, manifestada por el hecho de que siempre son atraídos con considerable fuerza hacia los polos norte o sur de la tierra. Que esta fuerza tiene el mismo carácter que la electricidad que hemos estado considerando, queda ahora demostrado de manera muy satisfactoria. Al envolver una barra de hierro blando, que carece de cualquier poder magnético y es incapaz de soportar ni siquiera una onza de peso, con una bobina de alambre de cobre por la cual pasa una corriente galvánica, la barra recibirá, por inducción a partir de dicha corriente, un enorme aumento de fuerza, y mientras la corriente fluya a su alrededor, podrá soportar el peso de cientos de libras; en cuanto la corriente se interrumpe, estas cargas caen de ella obedeciendo a la ley de la gravedad. Así, simplemente…
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El flujo de este agente invisible alrededor de una masa de metal que no posee poder magnético-atrativo le confiere de inmediato esta influencia similar a la vida, y mientras se mantenga la corriente, el hierro queda dotado de esta sorprendente energía. Este descubrimiento, que debemos al genio de Oersted y que, de hecho, dio origen a una nueva ciencia, el electromagnetismo, puede considerarse como uno de los aportes más importantes a nuestro conocimiento. La electricidad de corriente es magnética; el hierro no es necesario para la producción de fenómenos magnéticos, aunque su presencia nos permite obtener una mayor cantidad de energía. Los cables de cobre que completan el circuito de una batería galvánica atraen y retienen grandes cantidades de virutas de hierro, y los cables del telégrafo eléctrico hacen lo mismo mientras se transmite alguna señal a través de ellos. Asimismo, todos los fenómenos propios de la electricidad galvánica pueden producirse simplemente perturbando la energía permanentemente almacenada en el imán común. Se pensaba que los imanes se debilitarían debido a esta perturbación constante de su magnetismo; pero, desde su aplicación con fines industriales, y con el uso de la magnetoelectricidad en el barnizado eléctrico, se ha descubierto que una acción continua durante muchos años, durante los cuales se han liberado y empleado enormes cantidades de electricidad para provocar descomposiciones químicas, no ha alterado en lo más mínimo sus propiedades. De este modo, se demuestra que una pequeña barra metálica es capaz de liberar, durante cualquier número de años, el principio del cual dependen los fenómenos del magnetismo. Sin embargo, existen diferencias, y muy notables, entre la electricidad ordinaria y la eléctrica magnética. En el imán tenemos una energía en reposo, mientras que en la máquina eléctrica o batería galvánica existe una energía en movimiento. La electricidad ordinaria se detiene en su paso ante una placa de vidrio, resina y muchas otras sustancias; pero el magnetismo pasa a través de ellas libremente e influye en los cuerpos magnéticos colocados al otro lado. Parecería, aunque no podamos explicarlo, que el magnetismo se debe a alguna influencia lateral de las corrientes eléctricas. Se coloca una barra magnética sobre un cable de cobre, y ésta cuelga firmemente en la dirección de su longitud; se hace pasar una corriente eléctrica por él, y el imán es inmediatamente empujado a colocarse a través del cable. Sobre este experimento basa, en gran medida, Ampère su teoría del magnetismo terrestre. Él supone que las corrientes eléctricas atraviesan nuestro planeta de este a oeste, y que, por lo tanto, la aguja toma su dirección, no por la acción terrestre…
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No tiene polos magnéticos fijos, sino que su comportamiento se debe a la repulsión de estas corrientes, tal como ocurre con el alambre. Se ha descubierto que los alambres, suspendidos libremente y por los cuales circulan corrientes en direcciones opuestas, giran uno alrededor del otro o tienden a colocarse en ángulo recto; de este modo, presentan el mismo fenómeno que el imán y el alambre conductor. Hasta ahora, la hipótesis de Ampère nos lleva a conclusiones muy satisfactorias. Vemos en el imán una forma de electricidad, y en la máquina o batería otra. Pero, ¿por qué la electricidad del imán, es decir, la electricidad en reposo, no podría exhibir las mismas propiedades que esta fuerza en movimiento? Oersted, cuya teoría le condujo al descubrimiento de la capacidad magnética de la corriente eléctrica, y a la creación de la nueva ciencia: el electromagnetismo, considera los fenómenos relacionados con una corriente que pasa por un alambre y su acción sobre una aguja como evidencia de la existencia de dos fluidos, positivo y negativo, que se desplazan en direcciones opuestas y se atraen y repelen mutuamente. Él cree que estos fluidos recorren los alambres en forma de espirales; que en el imán, gracias a alguna propiedad especial del hierro, este conflicto entre las corrientes se reduce a un equilibrio, y su poder se manifiesta en su fuerza de atracción. [171] Sin embargo, esto no proporciona una idea clara en la mente. Es curioso que el hierro se vuelva magnético en mayor grado que cualquier otro metal; que el acero mantenga permanentemente cualquier magnetismo que se le haya impartido; pero que el hierro blando pierda rápidamente su capacidad magnética. Esto debe deberse a algún arreglo especial de las moléculas, o a alguna condición física desconocida de los átomos de la masa, lo cual permite que el acero mantenga una influencia continua, probablemente en un estado de circulación interna constante. No obstante, se ha demostrado que el hierro blando, bajo ciertas circunstancias, puede mantener una gran cantidad de fuerza magnética. [172] Si una barra en forma de herradura hecha de hierro blando se vuelve magnética debido a la circulación de una corriente eléctrica alrededor de ella, mientras que sus dos extremos están conectados mediante una armadura también de hierro blando, de modo que pueda soportar el peso de cientos de libras; y luego, al interrumpir el circuito y detener la corriente, asegurándonos de que la armadura permanezca en contacto, el hierro no perderá su propiedad magnética, sino que mantendrá esta capacidad durante muchos años. Si se retira la pieza de conexión de hierro, la armadura, la barra pierde inmediatamente todo su magnetismo y ni siquiera podrá sostener la propia armadura. Este hecho parece…
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Para confirmar la idea de que el magnetismo se debe a la retención de electricidad, y de que el acero posee la propiedad de igualar las fuerzas opuestas, o de unir este principio a sí mismo como si fuera una atmósfera. La influencia del calor en el magnetismo es una prueba tan notable de la dependencia de esta fuerza del arreglo molecular, que no debe pasar desapercibida para nosotros. Para tomar solo uno de los muchos experimentos realizados por el señor Barlow, se descubrió que en una barra de hierro maleable, en la cual, cuando estaba fría, el efecto magnético era de +30° 0’, toda polaridad desaparecía al alcanzar una temperatura alta; apenas era apreciable a temperatura roja, pero a temperatura rojo sangre era igual a +41° 0’. [173] Cuanto más examinamos las peculiaridades de la fuerza magnética, y especialmente tal como se manifiestan en sus efectos terrestres, más sorprendente nos parece su influencia. Hemos descubierto una causa natural que ciertamente ejerce un poder muy notable sobre la materia, y hemos avanzado tanto en nuestras investigaciones que hemos llegado a conocer el secreto para convertir una forma de fuerza en otra, o para dar a un principio producido por un agente determinado un nuevo carácter bajo nuevas condiciones; en realidad, transformar la electricidad en magnetismo y, a partir del magnetismo, generar muchos de los efectos de las corrientes eléctricas. Si una barra magnética se suspende libremente sobre la Tierra, adopta, en virtud de alguna fuerza terrestre, una dirección determinada, lo cual indica la fuerza magnética de la Tierra. Ya sea esto consecuencia de las corrientes eléctricas, que Ampère supone que circulan alrededor del globo de este a oeste, o resultado de puntos de atracción dentro de la propia Tierra, el fenómeno es igualmente maravilloso. Sea cual sea la causa de los efectos visibles, parece seguro que la Tierra está compuesta por partículas en estado magnético, cuyo carácter varía según las condiciones físicas, y que la fuerza magnética terrestre es la acción colectiva de todos los átomos de esta masa planetaria. [174] La notable relación que se ha observado entre los cambios en las condiciones físicas de la superficie del Sol y los fenómenos terrestres tampoco debe pasar desapercibida. Sir William Herschel creyó percibir un vínculo entre las manchas oscuras en la superficie del Sol y las variaciones de la temperatura terrestre. Sin embargo, esto no ha sido confirmado por las observaciones realizadas desde la época de Herschel.
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Los exámenes detallados de las manchas solares realizados por Schwabe [175] demuestran la existencia de un orden bien definido en su evolución. Él descubrió que estas se mueven en ciclos de diez años: desde el número más pequeño visible en un año determinado, aumentan de forma regular durante cinco años, hasta alcanzar su máximo; luego disminuyen de manera igualmente regular, y al final de otros cinco años vuelven a estar en su número máximo. Las observaciones magnéticas llevadas a cabo por los gobiernos británico y otros durante varios años, en todas partes del mundo, han revelado que la variación en la intensidad magnética terrestre también ocurre en ciclos de diez años. La ley de aumento y disminución que rige a las manchas solares marca claramente las variaciones del magnetismo terrestre. Pocos hechos tan interesantes existen dentro del alcance de nuestro conocimiento, ya que demuestran la dependencia directa de los fenómenos terrestres de la fuerza solar.
La constancia con la que una aguja magnetizada apunta a una línea que varía ligeramente con respecto a la línea axial de la Tierra la convierte en uno de los instrumentos más importantes tanto para el uso práctico como científico. El viajero por el océano o el desierto puede seguir su camino sin temor a errores, y en regiones desconocidas determinar el azimut de los objetos. El minero o el topógrafo encuentra en la brújula magnética la guía más fiable en sus trabajos, y los experimentos continúan estudiando constantemente sus indicaciones.
“Fiel como la aguja al polo”, se ha convertido en un refrán entre los seres humanos. Sin embargo, las investigaciones de los observadores modernos han demostrado que esta expresión solo es correcta bajo ciertas limitaciones. Existen dos líneas en la superficie de la Tierra a lo largo de las cuales la aguja apunta hacia el norte verdadero, es decir, donde el norte magnético y el norte geográfico coinciden. Estas se denominan líneas de no variación, o también líneas agónicas. Una de ellas se encuentra en el hemisferio oriental y la otra en el occidental. La línea americana es excepcionalmente regular: va en dirección sureste desde la latitud 60° al oeste de la bahía de Hudson, atraviesa los lagos americanos hasta llegar al océano Atlántico Sur, y corta el meridiano de Greenwich aproximadamente en la latitud 65° sur. La línea asiática de no variación es muy irregular, sin duda debido a interferencias locales; comienza debajo de Nueva Holanda, en la latitud 60° sur, se curva hacia el oeste a través del océano Índico y, desde Bombay, hace una inflexión hacia el este.
La constancia con la que una aguja magnetizada apunta a una línea que varía ligeramente con respecto a la línea axial de la Tierra la convierte en uno de los instrumentos más importantes tanto para el uso práctico como científico. El viajero por el océano o el desierto puede seguir su camino sin temor a errores, y en regiones desconocidas determinar el azimut de los objetos. El minero o el topógrafo encuentra en la brújula magnética la guía más fiable en sus trabajos, y los experimentos continúan estudiando constantemente sus indicaciones.
“Fiel como la aguja al polo”, se ha convertido en un refrán entre los seres humanos. Sin embargo, las investigaciones de los observadores modernos han demostrado que esta expresión solo es correcta bajo ciertas limitaciones. Existen dos líneas en la superficie de la Tierra a lo largo de las cuales la aguja apunta hacia el norte verdadero, es decir, donde el norte magnético y el norte geográfico coinciden. Estas se denominan líneas de no variación, o también líneas agónicas. Una de ellas se encuentra en el hemisferio oriental y la otra en el occidental. La línea americana es excepcionalmente regular: va en dirección sureste desde la latitud 60° al oeste de la bahía de Hudson, atraviesa los lagos americanos hasta llegar al océano Atlántico Sur, y corta el meridiano de Greenwich aproximadamente en la latitud 65° sur. La línea asiática de no variación es muy irregular, sin duda debido a interferencias locales; comienza debajo de Nueva Holanda, en la latitud 60° sur, se curva hacia el oeste a través del océano Índico y, desde Bombay, hace una inflexión hacia el este.
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A través de China, y luego hacia el norte, cruzando el mar de Japón, hasta llegar a la latitud de 71° norte; allí desciende nuevamente hacia el sur, con un enorme giro semicircular, que termina en el Mar Blanco.
Hansteen consideró que existen dos puntos en cada hemisferio que pueden considerarse polos más fuertes y más débiles, situados en lados opuestos a los polos de rotación. Estos se denominan los polos magnéticos de la Tierra, o, según Hansteen, puntos magnéticos de convergencia. Se cree que estos cuatro puntos realizan un movimiento regular alrededor del globo: los dos del hemisferio norte de oeste a este, y los dos del hemisferio sur de este a oeste. Con la ayuda de observaciones registradas, Hansteen calculó que los períodos de estas revoluciones son los siguientes:
– El polo norte más débil: 860 años.
– El polo norte más fuerte: 1746 años.
– El polo sur más débil: 1304 años.
– El polo sur más fuerte: 4609 años.
Existen algunas especulaciones en las que Hansteen se aventuró, y que fueron consideradas como fantasiosas; pero podrían indicar cierto grado de conocimiento por parte del sacerdocio brahmánico y egipcio, superior al que solemos atribuirles, y demostrar que sus observaciones de la naturaleza les permitieron apreciar algunas de las armonías más notables de esta misteriosa creación.
Los valores mencionados son muy cercanos a 864, 1246, 1728, 4320; y esas cifras equivalen al número místico de los indios, griegos y egipcios: 432 multiplicado por 2, 3, 4 y 10. Los antiguos creían que ciertas combinaciones de eventos naturales dependían de ellos. Según la mitología brahmánica, la duración del mundo se divide en cuatro períodos, cada uno de 432.000 años. Además, la distancia media del sol a la Tierra es 216 radios del sol, y la distancia media de la luna es 216 radios de la luna; ambas distancias representan la mitad de 432. Continuando con este análisis tan curioso, Hansteen afirma que 60 multiplicado por 432 da como resultado 15.920, que es el número más pequeño divisible simultáneamente por los cuatro períodos de revolución magnética. Por lo tanto, ese es el tiempo más breve en el cual los cuatro polos pueden completar un ciclo y volver a su estado actual; tiempo que coincide exactamente con el período durante el cual…
Hansteen consideró que existen dos puntos en cada hemisferio que pueden considerarse polos más fuertes y más débiles, situados en lados opuestos a los polos de rotación. Estos se denominan los polos magnéticos de la Tierra, o, según Hansteen, puntos magnéticos de convergencia. Se cree que estos cuatro puntos realizan un movimiento regular alrededor del globo: los dos del hemisferio norte de oeste a este, y los dos del hemisferio sur de este a oeste. Con la ayuda de observaciones registradas, Hansteen calculó que los períodos de estas revoluciones son los siguientes:
– El polo norte más débil: 860 años.
– El polo norte más fuerte: 1746 años.
– El polo sur más débil: 1304 años.
– El polo sur más fuerte: 4609 años.
Existen algunas especulaciones en las que Hansteen se aventuró, y que fueron consideradas como fantasiosas; pero podrían indicar cierto grado de conocimiento por parte del sacerdocio brahmánico y egipcio, superior al que solemos atribuirles, y demostrar que sus observaciones de la naturaleza les permitieron apreciar algunas de las armonías más notables de esta misteriosa creación.
Los valores mencionados son muy cercanos a 864, 1246, 1728, 4320; y esas cifras equivalen al número místico de los indios, griegos y egipcios: 432 multiplicado por 2, 3, 4 y 10. Los antiguos creían que ciertas combinaciones de eventos naturales dependían de ellos. Según la mitología brahmánica, la duración del mundo se divide en cuatro períodos, cada uno de 432.000 años. Además, la distancia media del sol a la Tierra es 216 radios del sol, y la distancia media de la luna es 216 radios de la luna; ambas distancias representan la mitad de 432. Continuando con este análisis tan curioso, Hansteen afirma que 60 multiplicado por 432 da como resultado 15.920, que es el número más pequeño divisible simultáneamente por los cuatro períodos de revolución magnética. Por lo tanto, ese es el tiempo más breve en el cual los cuatro polos pueden completar un ciclo y volver a su estado actual; tiempo que coincide exactamente con el período durante el cual…
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La precesión de los equinoccios alcanzará un círculo completo, si se calcula la precesión en un grado cada setenta y dos años.[176]
Cuando examinamos con atención los fenómenos del magnetismo terrestre, parece indicar la acción de una fuerza externa a la propia Tierra, y, según concibe Hansteen, su origen está en la acción del Sol, que calienta, ilumina y produce una tensión magnética, de la misma manera que genera excitación eléctrica y acción actinoquímica.
Los movimientos de estos polos magnéticos han sido objeto de observaciones extensas y muy precisas en todos los rincones del globo. En Londres, durante 1657–1662, no hubo variación magnética; la línea agonística pasaba por allí. La variación aumentó de forma constante, hasta llegar, en 1815, a 24° 15’ 17”, desde entonces ha ido disminuyendo lentamente. Además de esta gran variación, existe un cambio anual regular dependiente de la posición del Sol, con respecto a los puntos equinocciales y solsticiales, el cual fue descubierto por Cassini e investigado por Arago y otros. También existe una variación diurna, cuyo movimiento parece comenzar temprano en la mañana, desplazándose hacia el este hasta las siete y media de la mañana, momento en que comienza a moverse hacia el oeste hasta las dos de la tarde, cuando vuelve a dirigirse al este, y durante la noche llega al punto desde donde partió veinticuatro horas antes.
Existen también variaciones notables en lo que se denomina inclinación de la aguja. Es bien sabido que un trozo de acero no magnetizado, si se suspende cuidadosamente por su centro, oscilará en una posición perfectamente horizontal, pero, si magnetizamos esta barra, inmediatamente se verá atraída hacia abajo en uno de sus extremos. La fuerza de la polaridad terrestre, al atraer el polo opuesto, provoca esa inclinación.
En las cercanías del ecuador terrestre, y cortándolo en cuatro puntos, existe una curva irregular llamada ecuador magnético o línea aclínica, donde la aguja se equilibra horizontalmente. A medida que nos alejamos de esta línea hacia cualquiera de los polos, la inclinación aumenta, hasta que, en los polos norte y sur, la aguja adopta una posición vertical. También se ha comprobado que la intensidad del magnetismo terrestre varía con la posición, y aumenta en una proporción que corresponde muy estrechamente con la inclinación. Pero la intensidad no es función de la inclinación, y las líneas de igual intensidad, las líneas isodinámicas, no son paralelas a las de igual inclinación. Ya hemos mencionado la variación diurna de la
Cuando examinamos con atención los fenómenos del magnetismo terrestre, parece indicar la acción de una fuerza externa a la propia Tierra, y, según concibe Hansteen, su origen está en la acción del Sol, que calienta, ilumina y produce una tensión magnética, de la misma manera que genera excitación eléctrica y acción actinoquímica.
Los movimientos de estos polos magnéticos han sido objeto de observaciones extensas y muy precisas en todos los rincones del globo. En Londres, durante 1657–1662, no hubo variación magnética; la línea agonística pasaba por allí. La variación aumentó de forma constante, hasta llegar, en 1815, a 24° 15’ 17”, desde entonces ha ido disminuyendo lentamente. Además de esta gran variación, existe un cambio anual regular dependiente de la posición del Sol, con respecto a los puntos equinocciales y solsticiales, el cual fue descubierto por Cassini e investigado por Arago y otros. También existe una variación diurna, cuyo movimiento parece comenzar temprano en la mañana, desplazándose hacia el este hasta las siete y media de la mañana, momento en que comienza a moverse hacia el oeste hasta las dos de la tarde, cuando vuelve a dirigirse al este, y durante la noche llega al punto desde donde partió veinticuatro horas antes.
Existen también variaciones notables en lo que se denomina inclinación de la aguja. Es bien sabido que un trozo de acero no magnetizado, si se suspende cuidadosamente por su centro, oscilará en una posición perfectamente horizontal, pero, si magnetizamos esta barra, inmediatamente se verá atraída hacia abajo en uno de sus extremos. La fuerza de la polaridad terrestre, al atraer el polo opuesto, provoca esa inclinación.
En las cercanías del ecuador terrestre, y cortándolo en cuatro puntos, existe una curva irregular llamada ecuador magnético o línea aclínica, donde la aguja se equilibra horizontalmente. A medida que nos alejamos de esta línea hacia cualquiera de los polos, la inclinación aumenta, hasta que, en los polos norte y sur, la aguja adopta una posición vertical. También se ha comprobado que la intensidad del magnetismo terrestre varía con la posición, y aumenta en una proporción que corresponde muy estrechamente con la inclinación. Pero la intensidad no es función de la inclinación, y las líneas de igual intensidad, las líneas isodinámicas, no son paralelas a las de igual inclinación. Ya hemos mencionado la variación diurna de la
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Declinación de la aguja; también sabemos que existe un cambio regular mensual y diario en la intensidad magnética. El mayor cambio mensual se produce cuando la Tierra se encuentra en su perihelio y afelio, en los meses de diciembre y junio: entonces se da un máximo; y alrededor de los equinoccios se detecta un mínimo.[177]
La variación diaria de la intensidad es mayor en verano y menor en invierno. En general, el magnetismo está en su mínimo cuando el sol se encuentra cerca del meridiano; su intensidad aumenta hasta aproximadamente las seis de la tarde, momento en el que vuelve a disminuir.[178]
¡Qué evidencias tan contundentes ofrecen todos estos hechos bien establecidos sobre la dependencia del magnetismo terrestre de la influencia solar! Y como confirmación adicional de esta idea, encontramos una coincidencia muy notable entre las líneas de igual temperatura —las líneas isotérmicas— y aquellas de igual inclinación e intensidad magnética.
Sir David Brewster fue el primero en señalar que en el hemisferio norte existían dos polos de máximo frío; estos polos coinciden con los puntos de convergencia magnética; y la línea de máximo calor, que no corre paralela al ecuador terrestre, coincide casi por completo con la línea de fuerza magnética. Dado que Seebeck nos ha demostrado que los fenómenos eléctricos y magnetoelectrónicos pueden producirse por la acción del calor sobre barras metálicas, quizás hayamos logrado comprender, aunque de forma rudimentaria, cómo las radiaciones calóricas solares, al actuar sobre la superficie de nuestro planeta, pueden generar efectos eléctricos y magnéticos. Si suponemos que el sol provoca una perturbación en la electricidad terrestre a lo largo de cualquier línea dada, en todas las direcciones perpendiculares a dicha línea, entonces se generará una polaridad magnética inducida.[179] Que tal perturbación se produce regularmente cada vez que sale el sol ha sido suficientemente demostrado por muchos observadores.
En 1750, Wargentin observó que una manifestación muy notable de la aurora boreal era la causa de una perturbación peculiar en la aguja magnética; y el Dr. Dalton[180] fue el primero en demostrar que los rayos luminosos de la aurora siempre son paralelos a la aguja de inclinación, y que los arcos aurorales cruzan el meridiano magnético en ángulo recto. Hansteen y Arago prestaron especial atención a estas influencias de las luces del norte, y los resultados de sus observaciones son:—
La variación diaria de la intensidad es mayor en verano y menor en invierno. En general, el magnetismo está en su mínimo cuando el sol se encuentra cerca del meridiano; su intensidad aumenta hasta aproximadamente las seis de la tarde, momento en el que vuelve a disminuir.[178]
¡Qué evidencias tan contundentes ofrecen todos estos hechos bien establecidos sobre la dependencia del magnetismo terrestre de la influencia solar! Y como confirmación adicional de esta idea, encontramos una coincidencia muy notable entre las líneas de igual temperatura —las líneas isotérmicas— y aquellas de igual inclinación e intensidad magnética.
Sir David Brewster fue el primero en señalar que en el hemisferio norte existían dos polos de máximo frío; estos polos coinciden con los puntos de convergencia magnética; y la línea de máximo calor, que no corre paralela al ecuador terrestre, coincide casi por completo con la línea de fuerza magnética. Dado que Seebeck nos ha demostrado que los fenómenos eléctricos y magnetoelectrónicos pueden producirse por la acción del calor sobre barras metálicas, quizás hayamos logrado comprender, aunque de forma rudimentaria, cómo las radiaciones calóricas solares, al actuar sobre la superficie de nuestro planeta, pueden generar efectos eléctricos y magnéticos. Si suponemos que el sol provoca una perturbación en la electricidad terrestre a lo largo de cualquier línea dada, en todas las direcciones perpendiculares a dicha línea, entonces se generará una polaridad magnética inducida.[179] Que tal perturbación se produce regularmente cada vez que sale el sol ha sido suficientemente demostrado por muchos observadores.
En 1750, Wargentin observó que una manifestación muy notable de la aurora boreal era la causa de una perturbación peculiar en la aguja magnética; y el Dr. Dalton[180] fue el primero en demostrar que los rayos luminosos de la aurora siempre son paralelos a la aguja de inclinación, y que los arcos aurorales cruzan el meridiano magnético en ángulo recto. Hansteen y Arago prestaron especial atención a estas influencias de las luces del norte, y los resultados de sus observaciones son:—
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Que cuando la corona de la Aurora abandona su lugar habitual, la aguja imantada se desplaza varios grados hacia adelante:
Que la parte del cielo donde se unen todos los haces de la Aurora es aquella hacia la cual se dirige una aguja magnética cuando está suspendida por su centro de gravedad:
Que los círculos concéntricos que aparecen antes que los haces luminosos se apoyan en dos puntos del horizonte igualmente distantes del meridiano magnético; y que los puntos más elevados de cada arco se encuentran exactamente en dicho meridiano.[181]
No parece que toda Aurora perturbe la aguja magnética; ya que tanto el capitán Foster como el capitán Back describen manifestaciones muy espléndidas de este fenómeno, las cuales no parecieron producir ningún temblor ni desviación en sus instrumentos.[182]
De vez en cuando se han observado algunos movimientos repentinos y violentos en imanes suspendidos; y desde el establecimiento de observatorios magnéticos en casi todas partes del globo, se ha detectado una coincidencia muy notable en el momento de estas agitaciones. Con frecuencia están relacionadas con la aparición de la Aurora Boreal; pero esto no ocurre siempre. Estas perturbaciones han sido denominadas tormentas magnéticas; y en los continentes asiático y europeo, en las islas del Atlántico y en el hemisferio occidental, se ha comprobado que son simultáneas.
Según las observaciones realizadas en San Petersburgo por Kupffer, y las deducciones extraídas de las observaciones obtenidas por la Asociación Magnética, parece probable que estas tormentas surjan de un desplazamiento repentino en las líneas magnéticas de la superficie terrestre; pero la causa que pueda estar detrás de ello aún debe ser buscada.
En el breve y apresurado resumen que se ha dado de los fenómenos del magnetismo terrestre, se ha indicado lo suficiente para mostrar la enorme importancia de esta poderosa fuerza en las grandes operaciones de la naturaleza. Poco a poco estamos reduciendo la inmensa cantidad de observaciones registradas y llegando a ciertas leyes que parecen ser válidas. Sin embargo, el origen de esta fuerza, ya sea que sea estrictamente eléctrica, que sea la circulación de un fluido magnético, o que sea simplemente una excitación peculiar de alguna propiedad de la materia, son cuestiones que siguen abiertas a la investigación.
Que la parte del cielo donde se unen todos los haces de la Aurora es aquella hacia la cual se dirige una aguja magnética cuando está suspendida por su centro de gravedad:
Que los círculos concéntricos que aparecen antes que los haces luminosos se apoyan en dos puntos del horizonte igualmente distantes del meridiano magnético; y que los puntos más elevados de cada arco se encuentran exactamente en dicho meridiano.[181]
No parece que toda Aurora perturbe la aguja magnética; ya que tanto el capitán Foster como el capitán Back describen manifestaciones muy espléndidas de este fenómeno, las cuales no parecieron producir ningún temblor ni desviación en sus instrumentos.[182]
De vez en cuando se han observado algunos movimientos repentinos y violentos en imanes suspendidos; y desde el establecimiento de observatorios magnéticos en casi todas partes del globo, se ha detectado una coincidencia muy notable en el momento de estas agitaciones. Con frecuencia están relacionadas con la aparición de la Aurora Boreal; pero esto no ocurre siempre. Estas perturbaciones han sido denominadas tormentas magnéticas; y en los continentes asiático y europeo, en las islas del Atlántico y en el hemisferio occidental, se ha comprobado que son simultáneas.
Según las observaciones realizadas en San Petersburgo por Kupffer, y las deducciones extraídas de las observaciones obtenidas por la Asociación Magnética, parece probable que estas tormentas surjan de un desplazamiento repentino en las líneas magnéticas de la superficie terrestre; pero la causa que pueda estar detrás de ello aún debe ser buscada.
En el breve y apresurado resumen que se ha dado de los fenómenos del magnetismo terrestre, se ha indicado lo suficiente para mostrar la enorme importancia de esta poderosa fuerza en las grandes operaciones de la naturaleza. Poco a poco estamos reduciendo la inmensa cantidad de observaciones registradas y llegando a ciertas leyes que parecen ser válidas. Sin embargo, el origen de esta fuerza, ya sea que sea estrictamente eléctrica, que sea la circulación de un fluido magnético, o que sea simplemente una excitación peculiar de alguna propiedad de la materia, son cuestiones que siguen abiertas a la investigación.
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En la hermosa aurora boreal, con sus luces temblorosas y difusas, y sus rayos de muchos colores, tenemos lo que se podría considerar como una exhibición natural del magnetismo, y parece que tenemos al alcance de la mano la explicación que deseamos. Pero no conocemos el secreto incluso de estas extraordinarias manifestaciones meteorológicas. Si pasamos una chispa eléctrica desde una máquina a través de un cilindro largo, vaciado de aire en la medida de lo posible, obtenemos una representación similar a las luces del Norte: la misma atenuación de brillo, que casi se convierte en fosforescencia; y con el más mínimo cambio de temperatura podemos producir ese juego de colores que a veces se manifiesta de forma tan notable en la aurora. El Dr. Dalton consideró la aurora boreal como un fenómeno magnético, y que sus haces estaban regidos por el magnetismo terrestre. Sabemos que el arco de luz que se produce entre los polos de una potente batería galvánica puede ser fácilmente desviado por un buen imán; y recientemente hemos aprendido que todo vapor obedece a la fuerza magnética.[183] Por lo tanto, sigue siendo una cuestión para nuestra consideración: ¿es el magnetismo terrestre quien produce los fenómenos peculiares de la aurora al actuar sobre la electricidad en estado incandescente? ¿O acaso tenemos pruebas en esta manifestación de la circulación del fluido magnético alrededor de nuestro planeta, que se manifiesta mediante su acción sobre la materia férrica y otras materias metálicas, de las cuales Fusinieri ha demostrado que existen en las capas superiores de nuestra atmósfera?[184]
Que existen radiaciones magnéticas ha sido demostrado por Faraday, y que forman líneas de fuerza perpendiculares a la superficie terrestre ha sido mostrado experimentalmente. Paralelogramos de alambre movidos sobre un eje central, conectados con un galvanómetro, indican en cada rotación una perturbación eléctrica análoga, en todos los aspectos, a la generación de corriente al mover alambres frente a un imán de acero.
La alteración en las propiedades del calor, cuando pasa del estado radiante a combinarse con la materia, nos muestra algo similar a lo que podríamos suponer que ocurre en la conversión del magnetismo en electricidad o viceversa. Tenemos un agente sutil que, evidentemente, está siempre ocupado en crear las condiciones necesarias para los cambios en nuestra Tierra: un elemento que es responsable del desarrollo de muchas de las fuerzas más activas de la naturaleza; que cumple su función al mezclarse con esos principios que ya hemos examinado; asociándose con toda forma de materia; y dando, como veremos pronto, con gran probabilidad, los primeros impulsos para la combinación, y regulando las formas de las partículas que se agrupan.
Que existen radiaciones magnéticas ha sido demostrado por Faraday, y que forman líneas de fuerza perpendiculares a la superficie terrestre ha sido mostrado experimentalmente. Paralelogramos de alambre movidos sobre un eje central, conectados con un galvanómetro, indican en cada rotación una perturbación eléctrica análoga, en todos los aspectos, a la generación de corriente al mover alambres frente a un imán de acero.
La alteración en las propiedades del calor, cuando pasa del estado radiante a combinarse con la materia, nos muestra algo similar a lo que podríamos suponer que ocurre en la conversión del magnetismo en electricidad o viceversa. Tenemos un agente sutil que, evidentemente, está siempre ocupado en crear las condiciones necesarias para los cambios en nuestra Tierra: un elemento que es responsable del desarrollo de muchas de las fuerzas más activas de la naturaleza; que cumple su función al mezclarse con esos principios que ya hemos examinado; asociándose con toda forma de materia; y dando, como veremos pronto, con gran probabilidad, los primeros impulsos para la combinación, y regulando las formas de las partículas que se agrupan.
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Dado que la electricidad tiene el poder de alterar las condiciones físicas de los estados más adherentes de la materia, dando así lugar a variaciones en su forma y modos de combinación, parece que la materia bruta modifica el carácter de esta fuerza, disponiéndola para las diversas modificaciones bajo las cuales ya hemos detectado su presencia. Existe la electricidad mecánica y la electricidad química; cada una realiza su función en la naturaleza, pero ambas presentan condiciones tan diferentes que fue necesario realizar investigaciones exhaustivas antes de poder declararlas idénticas. La electricidad magnética es una tercera forma; todas sus características son distintas de las de las otras, y la función que parece desempeñar en el “laboratorio de la creación” es de orden diferente al de los demás estados de fuerza eléctrica. En las dos primeras formas existen constantemente poderes de descomposición y recombinación; de hecho, sus influencias siempre tienen carácter químico. Pero en la última forma parece que solo existe un poder directivo. Se pensó que se había detectado evidencia de una influencia química en el magnetismo; parecía que a veces se ejercía una fuerza de retención y, con frecuencia, una fuerza de aceleración. Esto también ha sido negado, y algunos de los más destacados experimentadores europeos han presentado argumentos en contra de esta idea. La cuestión aún no está resuelta; pero, tras largas e intensivas investigaciones, durante las cuales se repitieron todos los experimentos antiguos y se probaron numerosos nuevos, tendemos a concluir que la acción química no se ve afectada directamente por el poder magnético. Es muy probable que el magnetismo pueda, al alterar la disposición estructural de la superficie, modificar la velocidad de la acción química; pero esto requiere confirmación.[185]
No existe ninguna sustancia en la naturaleza que exista independientemente del poder magnético. Sin embargo, este influye en los cuerpos de diferentes maneras: un grupo actúa en relación con el magnetismo, como el hierro, y se organiza a lo largo de la línea de fuerza magnética; estos se denominan cuerpos magnéticos. Otro grupo, cuyo representante puede ser el bismuto, siempre se coloca perpendicular a esta línea; estos se denominan cuerpos diamagnéticos.[186] Esto se demuestra claramente mediante electroimanes potentes; pero el magnetismo de la Tierra, con el cuidado adecuado, es suficiente para mostrar estos fenómenos.
Toda sustancia en la naturaleza se encuentra en uno u otro de estos estados. Las rocas que forman la corteza terrestre y los minerales que se encuentran en ellas; el suelo superficial, que por naturaleza está preparado como hábitat adecuado…
No existe ninguna sustancia en la naturaleza que exista independientemente del poder magnético. Sin embargo, este influye en los cuerpos de diferentes maneras: un grupo actúa en relación con el magnetismo, como el hierro, y se organiza a lo largo de la línea de fuerza magnética; estos se denominan cuerpos magnéticos. Otro grupo, cuyo representante puede ser el bismuto, siempre se coloca perpendicular a esta línea; estos se denominan cuerpos diamagnéticos.[186] Esto se demuestra claramente mediante electroimanes potentes; pero el magnetismo de la Tierra, con el cuidado adecuado, es suficiente para mostrar estos fenómenos.
Toda sustancia en la naturaleza se encuentra en uno u otro de estos estados. Las rocas que forman la corteza terrestre y los minerales que se encuentran en ellas; el suelo superficial, que por naturaleza está preparado como hábitat adecuado…
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del mundo vegetal, y cada árbol, arbusto y hierba que echa raíces allí, con su materia carbonosa, en todos sus estados de madera, hoja, flor y fruto; el reino animal, desde la más simple monada hasta toda la serie que llega hasta el hombre, todos ellos tienen relaciones magnéticas o diamagnéticas distintas.
“Es una vista curiosa”, dice el Dr. Faraday, “ver un trozo de madera o de carne, o una manzana, o una botella de agua rechazados por un imán, o tomar una hoja de árbol y colgarla entre los polos para observar cómo adopta una posición ecuatorial. Si se producen efectos similares en la naturaleza entre las miríadas de formas que, en todas las partes de su superficie, están rodeadas de aire y están sujetas a la acción de las líneas de fuerza magnética, es una pregunta que solo podrá responderse mediante observaciones futuras.”[187]
Actualmente, los cuerpos que se sabe que exhiben propiedades ferromagnéticas pronunciadas son los siguientes, ordenados según su intensidad:—
Hierro, Níquel, Cobalto, Manganeso,
Cromo, Cerio, Titanio,
Paladio, Platino, Ozmio.
Es interesante saber que existen pruebas de que dos cuerpos que, cuando están separados, no son magnéticos, como el hierro, lo se vuelven al combinarse. El cobre y el zinc pertenecen ambos a la clase diamagnética, pero se ha descubierto que muchos tipos de latón son magnéticos.
Las sales de los metales mencionados son, en mayor o menor medida, ferromagnéticas, pero pueden volverse neutras por el agua, que es un cuerpo diamagnético, siendo rechazada por el imán. No será necesario aquí enumerar la clase de cuerpos que son diamagnéticos; de hecho, todos aquellos que no figuran en la lista anterior pueden considerarse pertenecientes a esa clase, con la excepción de los gases y vapores, que parecen existir, relativamente entre sí, a veces en uno y otras veces en el otro estado.[188]
Para intentar reducir nuestro conocimiento de estos hechos a alguna explicación práctica, debemos tener en cuenta que ciertos espacios alrededor de los polos geográficos norte y sur de la Tierra se consideran círculos hacia los cuales convergen todas las líneas de fuerza magnética. En circunstancias que deberían
“Es una vista curiosa”, dice el Dr. Faraday, “ver un trozo de madera o de carne, o una manzana, o una botella de agua rechazados por un imán, o tomar una hoja de árbol y colgarla entre los polos para observar cómo adopta una posición ecuatorial. Si se producen efectos similares en la naturaleza entre las miríadas de formas que, en todas las partes de su superficie, están rodeadas de aire y están sujetas a la acción de las líneas de fuerza magnética, es una pregunta que solo podrá responderse mediante observaciones futuras.”[187]
Actualmente, los cuerpos que se sabe que exhiben propiedades ferromagnéticas pronunciadas son los siguientes, ordenados según su intensidad:—
Hierro, Níquel, Cobalto, Manganeso,
Cromo, Cerio, Titanio,
Paladio, Platino, Ozmio.
Es interesante saber que existen pruebas de que dos cuerpos que, cuando están separados, no son magnéticos, como el hierro, lo se vuelven al combinarse. El cobre y el zinc pertenecen ambos a la clase diamagnética, pero se ha descubierto que muchos tipos de latón son magnéticos.
Las sales de los metales mencionados son, en mayor o menor medida, ferromagnéticas, pero pueden volverse neutras por el agua, que es un cuerpo diamagnético, siendo rechazada por el imán. No será necesario aquí enumerar la clase de cuerpos que son diamagnéticos; de hecho, todos aquellos que no figuran en la lista anterior pueden considerarse pertenecientes a esa clase, con la excepción de los gases y vapores, que parecen existir, relativamente entre sí, a veces en uno y otras veces en el otro estado.[188]
Para intentar reducir nuestro conocimiento de estos hechos a alguna explicación práctica, debemos tener en cuenta que ciertos espacios alrededor de los polos geográficos norte y sur de la Tierra se consideran círculos hacia los cuales convergen todas las líneas de fuerza magnética. En circunstancias que deberían
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Para evitar cualquier interferencia con lo que se denomina acción ferromagnética, todos los cuerpos que pertenezcan a esa categoría se organizarían de acuerdo con las leyes que rigen la disposición de un número infinito de imanes, libres para moverse dentro de la esfera de influencia mutua. El polo norte y sur de un cuerpo magnético se unirían al polo sur y norte de otro, hasta formarse una cadena de imanes de cualquier extensión; los dos extremos estarían en estados opuestos, al igual que los polos magnéticos de convergencia de la Tierra.
Cada cuerpo que no sea ferromagnético se coloca a lo largo de tal línea de fuerza magnética; y si la Tierra estuviera compuesta por capas separadas de cuerpos ferromagnéticos y diamagnéticos, el resultado sería la formación de bandas perpendiculares entre sí. Pero esto no ocurre, debido a la mezcla de estas dos clases de sustancias. De los elementos químicos conocidos, solo unos diez son activamente ferromagnéticos; los demás, al combinarse con ellos, generan un estado más débil, una condición neutra, o bien el equilibrio de las fuerzas se inclina hacia el lado diamagnético. Por ejemplo, el sulfato de hierro es una sal magnética; pero en solución, como el agua es diamagnética, pierde su propiedad magnética. El prusiato amarillo de potasio disuelto en agua es un cuerpo diamagnético; pero el prusiato rojo, que contiene un átomo menos de potasio, es magnético; sin embargo, en estado sólido ambos son diamagnéticos.[189]
De esto parecería deducirse que la composición química de un cuerpo regula su relación con el magnetismo. Sin embargo, los hechos siguientes demostrarán que la estructura molecular es la que interviene de manera más directa en la determinación de las propiedades moleculares de las sustancias.
El señor Plücker, deseoso de averiguar hasta qué punto la dirección de las fibras en los cuerpos orgánicos podría influir en sus propiedades magnéticas o diamagnéticas, se preguntó si en los cristales la dirección de los ejes ópticos, que a su vez depende del arreglo de las partículas, también podría ejercer alguna influencia. Primero sometió a la acción del electroimán una fina placa de turmalina, similar a la que se utiliza en experimentos de polarización, cuyo eje óptico estaba paralelo a su longitud máxima. Muy pronto se comprobó que la placa era magnética, debido al hierro que contenía; pero se suspendió de tres maneras diferentes: primero con su lado más largo vertical, luego con su lado más corto vertical, y finalmente con la placa misma horizontal.
Cada cuerpo que no sea ferromagnético se coloca a lo largo de tal línea de fuerza magnética; y si la Tierra estuviera compuesta por capas separadas de cuerpos ferromagnéticos y diamagnéticos, el resultado sería la formación de bandas perpendiculares entre sí. Pero esto no ocurre, debido a la mezcla de estas dos clases de sustancias. De los elementos químicos conocidos, solo unos diez son activamente ferromagnéticos; los demás, al combinarse con ellos, generan un estado más débil, una condición neutra, o bien el equilibrio de las fuerzas se inclina hacia el lado diamagnético. Por ejemplo, el sulfato de hierro es una sal magnética; pero en solución, como el agua es diamagnética, pierde su propiedad magnética. El prusiato amarillo de potasio disuelto en agua es un cuerpo diamagnético; pero el prusiato rojo, que contiene un átomo menos de potasio, es magnético; sin embargo, en estado sólido ambos son diamagnéticos.[189]
De esto parecería deducirse que la composición química de un cuerpo regula su relación con el magnetismo. Sin embargo, los hechos siguientes demostrarán que la estructura molecular es la que interviene de manera más directa en la determinación de las propiedades moleculares de las sustancias.
El señor Plücker, deseoso de averiguar hasta qué punto la dirección de las fibras en los cuerpos orgánicos podría influir en sus propiedades magnéticas o diamagnéticas, se preguntó si en los cristales la dirección de los ejes ópticos, que a su vez depende del arreglo de las partículas, también podría ejercer alguna influencia. Primero sometió a la acción del electroimán una fina placa de turmalina, similar a la que se utiliza en experimentos de polarización, cuyo eje óptico estaba paralelo a su longitud máxima. Muy pronto se comprobó que la placa era magnética, debido al hierro que contenía; pero se suspendió de tres maneras diferentes: primero con su lado más largo vertical, luego con su lado más corto vertical, y finalmente con la placa misma horizontal.
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En el primer caso, la dirección de la luz es la que existe entre los dos puntos de las curvaturas cónicas de los polos, al igual que en un cuerpo magnético; pero, en los otros dos casos, por el contrario, la luz sigue la dirección propia de los cuerpos diamagnéticos, es decir, una dirección tal que su longitud máxima es perpendicular a la línea que une los polos. Esta dirección indica que el eje óptico es rechazado por los dos polos, y que esta repulsión supera las propiedades magnéticas del cristal.[190]
La relación entre la estructura y los fenómenos físicos de carácter esencialmente diferente es notable. Savart, al hacer vibrar placas cristalinas de cuarzo y carbonato de cal, logró determinar una relación entre las figuras acústicas que se producían en ellas y el modo específico de cristalización de la sustancia. Descubrió que la dirección del eje óptico está siempre relacionada con la de las formas principales de las figuras acústicas.
Mitscherlich señaló que los cristales no se expanden de manera uniforme con el calor, sino que esta dilatación es mayor en una dirección que en otra; y que esta diferencia está relacionada con su forma cristalina. El Sr. de Sénarmont demostró que la conductividad térmica, que es igual en todas las direcciones para los cristales del sistema regular, adquiere en otras direcciones un valor máximo o mínimo, según sea paralela o no a los ejes cristalográficos; de modo que las superficies isotérmicas, que son esferas en el primer caso, son, en el otro, elipsoides alargados o aplanados en la misma dirección. Los ejes ópticos no coinciden del todo con los ejes principales de conductividad térmica; pero esto parece deberse únicamente a ligeras diferencias en la velocidad de propagación, o en la refractabilidad de los rayos lumínicos y caloríficos.
Wiedemann, al utilizar un punto fino a través del cual hizo llegar la electricidad a una superficie pulverizada con licopodio o plomo rojo, logró determinar, mediante la forma que adoptaba ese polvo luminoso, la conductividad de los cristales en diferentes direcciones. En una superficie de vidrio, el polvo se dispersa alrededor de los puntos, debido a la repulsión eléctrica, formando una figura circular atravesada por radios. Cuando se utiliza una placa de yeso en lugar de vidrio, la figura resultante es elíptica, y el eje mayor de la elipse forma un ángulo recto con el eje cristalográfico principal, lo que demuestra que la electricidad se distribuye de manera distinta.
La relación entre la estructura y los fenómenos físicos de carácter esencialmente diferente es notable. Savart, al hacer vibrar placas cristalinas de cuarzo y carbonato de cal, logró determinar una relación entre las figuras acústicas que se producían en ellas y el modo específico de cristalización de la sustancia. Descubrió que la dirección del eje óptico está siempre relacionada con la de las formas principales de las figuras acústicas.
Mitscherlich señaló que los cristales no se expanden de manera uniforme con el calor, sino que esta dilatación es mayor en una dirección que en otra; y que esta diferencia está relacionada con su forma cristalina. El Sr. de Sénarmont demostró que la conductividad térmica, que es igual en todas las direcciones para los cristales del sistema regular, adquiere en otras direcciones un valor máximo o mínimo, según sea paralela o no a los ejes cristalográficos; de modo que las superficies isotérmicas, que son esferas en el primer caso, son, en el otro, elipsoides alargados o aplanados en la misma dirección. Los ejes ópticos no coinciden del todo con los ejes principales de conductividad térmica; pero esto parece deberse únicamente a ligeras diferencias en la velocidad de propagación, o en la refractabilidad de los rayos lumínicos y caloríficos.
Wiedemann, al utilizar un punto fino a través del cual hizo llegar la electricidad a una superficie pulverizada con licopodio o plomo rojo, logró determinar, mediante la forma que adoptaba ese polvo luminoso, la conductividad de los cristales en diferentes direcciones. En una superficie de vidrio, el polvo se dispersa alrededor de los puntos, debido a la repulsión eléctrica, formando una figura circular atravesada por radios. Cuando se utiliza una placa de yeso en lugar de vidrio, la figura resultante es elíptica, y el eje mayor de la elipse forma un ángulo recto con el eje cristalográfico principal, lo que demuestra que la electricidad se distribuye de manera distinta.
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Se comporta con mayor facilidad en una dirección perpendicular al eje que en cualquier otra.
M. Wiedemann llega a la conclusión de que los cristales que presentan una mejor conductividad en la dirección del eje principal pertenecen todos a la clase de cristales negativos; mientras que aquellos cuya conductividad es mejor en la dirección perpendicular al eje son cristales positivos, lo cual indica que la dirección de mejor conductividad eléctrica es también aquella por la cual la luz se propaga con mayor velocidad.
Tyndale demostró que si la goma de gutapercha, que ha sido transformada en estructura fibrosa durante su fabricación, se corta de modo que las fibras estén en la dirección de su mayor longitud o en una dirección perpendicular a ella, y se coloca bajo la influencia de un imán, estas fibras se orientan de forma ecuatorial. El marfil cortado en la misma dirección muestra las mismas características, aunque ambas sustancias son diamagnéticas.
La estructura fibrosa y los planos de fisuración determinan, por lo tanto, la condición magnética de una sustancia. Las propiedades especiales que presentan los cristales en relación con la acción que ejercen sobre ellos los imanes se deben a un modo particular de agrupamiento de sus partículas. Esta es también la causa de la dilatabilidad desigual, así como de la conductividad desigual para el calor y la electricidad.
¡Qué curioso es, entonces, que la estructura molecular determine la relación de un cuerpo con cualquiera de las formas de fuerza física!
Todavía buscamos a ciegas y solo vemos vagamente las pruebas; sin embargo, se convierte casi en una certeza para nosotros que esta roca de granito, con su curiosa disposición de feldespato, mica y cuarzo, presenta sus características particulares en virtud de alguna ley de la fuerza magnética. El cristal de cuarzo, que extraemos de la masa y que nos muestra una forma bellamente regular, está, sin duda, formado de esa manera porque los átomos de sílice son impulsados, en obediencia a una de estas dos condiciones del magnetismo, a organizarse entre sí de cierta manera, algo que no puede ser modificado por la fuerza humana sin causar su destrucción.
Todas las leyes que regulan las formas de los cristales y de los cuerpos amorfas son, en gran medida, simples. En la naturaleza, el objetivo siempre se logra por los medios más sencillos; y la complejidad de las operaciones, que a veces parece observarse, se debe únicamente a que el observador no puede ver la fuerza que hace funcionar la máquina.
M. Wiedemann llega a la conclusión de que los cristales que presentan una mejor conductividad en la dirección del eje principal pertenecen todos a la clase de cristales negativos; mientras que aquellos cuya conductividad es mejor en la dirección perpendicular al eje son cristales positivos, lo cual indica que la dirección de mejor conductividad eléctrica es también aquella por la cual la luz se propaga con mayor velocidad.
Tyndale demostró que si la goma de gutapercha, que ha sido transformada en estructura fibrosa durante su fabricación, se corta de modo que las fibras estén en la dirección de su mayor longitud o en una dirección perpendicular a ella, y se coloca bajo la influencia de un imán, estas fibras se orientan de forma ecuatorial. El marfil cortado en la misma dirección muestra las mismas características, aunque ambas sustancias son diamagnéticas.
La estructura fibrosa y los planos de fisuración determinan, por lo tanto, la condición magnética de una sustancia. Las propiedades especiales que presentan los cristales en relación con la acción que ejercen sobre ellos los imanes se deben a un modo particular de agrupamiento de sus partículas. Esta es también la causa de la dilatabilidad desigual, así como de la conductividad desigual para el calor y la electricidad.
¡Qué curioso es, entonces, que la estructura molecular determine la relación de un cuerpo con cualquiera de las formas de fuerza física!
Todavía buscamos a ciegas y solo vemos vagamente las pruebas; sin embargo, se convierte casi en una certeza para nosotros que esta roca de granito, con su curiosa disposición de feldespato, mica y cuarzo, presenta sus características particulares en virtud de alguna ley de la fuerza magnética. El cristal de cuarzo, que extraemos de la masa y que nos muestra una forma bellamente regular, está, sin duda, formado de esa manera porque los átomos de sílice son impulsados, en obediencia a una de estas dos condiciones del magnetismo, a organizarse entre sí de cierta manera, algo que no puede ser modificado por la fuerza humana sin causar su destrucción.
Todas las leyes que regulan las formas de los cristales y de los cuerpos amorfas son, en gran medida, simples. En la naturaleza, el objetivo siempre se logra por los medios más sencillos; y la complejidad de las operaciones, que a veces parece observarse, se debe únicamente a que el observador no puede ver la fuerza que hace funcionar la máquina.
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La envoltura gaseosa, nuestra atmósfera, se encuentra en un estado neutro. El oxígeno es sorprendentemente magnético en relación con el gas hidrógeno, mientras que el nitrógeno es precisamente lo contrario; y los mismos contrastes se presentan cuando estos gases se examinan en su relación con el aire común. Así, siendo el oxígeno magnético y el nitrógeno lo contrario, se establece un equilibrio, y el resultado es un compuesto neutro en sus relaciones con toda la materia. Se ha comprobado que todos los gases y vapores son diamagnéticos, pero en diferentes grados.[191] Esto se demuestra al pasar un chorro del gas, hecho visible por un poco de humo, bajo la influencia de un imán potente. Sin embargo, estos cuerpos, relativamente entre sí —o incluso consigo mismos, bajo diferentes condiciones térmicas—, cambian de estado y pasan de la categoría magnética a la diamagnética. El calor tiene una influencia muy notable en alterar estas relaciones; y el aire atmosférico a una temperatura determinada es magnético para el mismo fluido a otra temperatura: así, mediante variaciones térmicas, la atracción o repulsión pueden mantenerse alternativamente. Por esto debe entenderse que un chorro de aire, a una temperatura ligeramente superior a la de una atmósfera del mismo tipo en la que se introduce, es desviado de una manera por un imán; mientras que, si el chorro es más frío que el medio a través del cual fluye, es doblado de otra manera por la misma fuerza. En este sentido, el magnetismo y el diamagnetismo muestran igualmente la influencia de otra fuerza física, el calor; y podemos atribuir con seguridad muchos fenómenos meteorológicos a alteraciones similares en las condiciones de la atmósfera, en relación con las relaciones magnéticas de las corrientes aéreas. Que el magnetismo tiene un poder directivo se demuestra de manera satisfactoria por la formación de cristales en las proximidades de los polos de imanes potentes. La sal común de hierro, el protosulfato, normalmente cristaliza de tal manera que los cristales se unen por sus caras; pero al cristalizar bajo influencia magnética, tienden a organizarse entre sí de modo que el ángulo agudo de un cristal se une con una de las caras de otro cristal, cerca, pero nunca realmente en, su ángulo obtuso. Además, si se emplea un imán lo suficientemente potente, los cristales se organizan en curvas magnéticas de un polo a otro, formándose siempre más cristales en el polo norte que en el polo sur. Aquí tenemos evidencia de un verdadero giro del cristal, en obediencia a la fuerza directiva del imán; y tenemos la curiosa circunstancia de una diferencia, de alguna manera no claramente explicada, entre los dos.
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polos opuestos. Si, en lugar de un hierro o una sal ferromagnética, empleamos una que pertenece a la otra clase, la diamagnética, obtenemos una curiosa diferencia en el resultado. Si vertemos en un recipiente de vidrio, fijado en los polos de un electroimán potente, una cantidad de solución de nitrato de plata, y colocamos en el líquido, sobre los polos del imán, dos glóbulos de mercurio (un arreglo mediante el cual se produce esa cristalización arbórea llamada Arbor Dianæ), obtenemos cristales alargados en forma de aguja de plata, que se organizan en curvas que cortarían las líneas magnéticas ordinarias en ángulo recto.[192]
En el primer ejemplo dado tenemos una manifestación de la fuerza magnética, mientras que en el último observamos una demostración notable del poder diamagnético.
La gran mayoría de las formaciones naturales parecen agruparse dentro de la clase de los diamagnéticos. Se cree que estos cuerpos poseen polos de repulsión mutua entre sí, y que son igualmente repelidos por los puntos de convergencia magnética. Limitando nuestras ideas a partículas individuales en una u otra condición, comprenderemos, hasta cierto punto, los múltiples resultados que deben surgir del ejercicio de estos dos modos de fuerza. Por el momento, nuestro conocimiento de las leyes del magnetismo es demasiado limitado como para permitirnos hacer deducciones generales acerca de la disposición de las moléculas de la materia; además, la cantidad de observaciones realizadas sobre las grandes formaciones naturales es demasiado escasa como para permitirnos inferir más que lo probable es que muchas de las condiciones estructurales de nuestro planeta se deban a la polaridad.
Las cadenas montañosas presentan una singular uniformidad en su dirección, y los planos de fisuración de las rocas están evidentemente determinados por alguna fuerza omnipresente. Los cuerpos minerales no se distribuyen de manera indiscriminada en todas las rocas. Las formaciones primarias albergan una clase de minerales metálicos, mientras que las más recientes contienen otra clase. Esto no debe considerarse relacionado de ninguna manera con sus respectivas edades, sino con alguna condición particular de la propia roca.
Las rocas de granito y pizarra, en sus uniones, presentan las condiciones necesarias para la deposición de minerales de cobre, mientras que encontramos que las rocas calcáreas tienen el estado físico adecuado para acumular minerales de plomo. Asimismo, al examinar cualquier veta mineral, resultará evidente de inmediato que cada partícula de mineral, y cada cristal de cuarzo o caliza, está dispuesta en una dirección que indica la acción de algún poder directivo muy fuerte.[193]
En el primer ejemplo dado tenemos una manifestación de la fuerza magnética, mientras que en el último observamos una demostración notable del poder diamagnético.
La gran mayoría de las formaciones naturales parecen agruparse dentro de la clase de los diamagnéticos. Se cree que estos cuerpos poseen polos de repulsión mutua entre sí, y que son igualmente repelidos por los puntos de convergencia magnética. Limitando nuestras ideas a partículas individuales en una u otra condición, comprenderemos, hasta cierto punto, los múltiples resultados que deben surgir del ejercicio de estos dos modos de fuerza. Por el momento, nuestro conocimiento de las leyes del magnetismo es demasiado limitado como para permitirnos hacer deducciones generales acerca de la disposición de las moléculas de la materia; además, la cantidad de observaciones realizadas sobre las grandes formaciones naturales es demasiado escasa como para permitirnos inferir más que lo probable es que muchas de las condiciones estructurales de nuestro planeta se deban a la polaridad.
Las cadenas montañosas presentan una singular uniformidad en su dirección, y los planos de fisuración de las rocas están evidentemente determinados por alguna fuerza omnipresente. Los cuerpos minerales no se distribuyen de manera indiscriminada en todas las rocas. Las formaciones primarias albergan una clase de minerales metálicos, mientras que las más recientes contienen otra clase. Esto no debe considerarse relacionado de ninguna manera con sus respectivas edades, sino con alguna condición particular de la propia roca.
Las rocas de granito y pizarra, en sus uniones, presentan las condiciones necesarias para la deposición de minerales de cobre, mientras que encontramos que las rocas calcáreas tienen el estado físico adecuado para acumular minerales de plomo. Asimismo, al examinar cualquier veta mineral, resultará evidente de inmediato que cada partícula de mineral, y cada cristal de cuarzo o caliza, está dispuesta en una dirección que indica la acción de algún poder directivo muy fuerte.[193]
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Por todos los resultados obtenidos hasta el momento, parece que la condición magnética y diamagnética de los cuerpos se debe igualmente a alguna propiedad peculiar de la materia en relación con las demás formas de electricidad. Todavía no hemos encontrado el vínculo que las conecte, pero no parece estar muy lejos. Ya hemos mencionado la afirmación hecha por experimentadores talentosos, según la cual el magnetismo tiene una influencia poderosa tanto para retardar como para acelerar las combinaciones químicas. Sin duda alguna, la acción química debilita el poder de un imán; pero la perturbación que causa en el hierro blando, por el contrario, parece tender a que este reciba el magnetismo más fácilmente y lo retenga de forma más permanente. No obstante, se requieren más investigaciones antes de que podamos resolver de manera satisfactoria alguno de estos problemas, ambos de los cuales tienen una gran relevancia para el tema que acabamos de considerar. Hemos visto que el calor y la electricidad actúan de manera extraña sobre la fuerza magnética, y que esta fuerza estática reacciona sobre ellos; por lo tanto, surge naturalmente la pregunta: ¿actúan la luz y el magnetismo de alguna manera el uno sobre el otro? Morichini y Carpi en el continente, y la señora Somerville en Inglaterra, han afirmado que pequeñas barras de acero pueden volverse magnéticas al exponerlas a la influencia de los rayos violeta de la luz. Otros han negado estos resultados, pero éstos se han repetido y aparentemente confirmado. Con toda probabilidad, los rayos a los que fueron expuestas las agujas, siendo aquellos en los que se encuentra la máxima potencia actínica, provocaron un cambio químico real; y entonces, si la posición era favorable, es evidente que se transmitiría el magnetismo. De hecho, hemos comprobado que esto ocurre cuando las agujas, expuestas a las radiaciones solares, se colocan en la dirección del dipolo. La supuesta magnetización de la luz por parte de Faraday ya ha sido mencionada. Si se determina la influencia en un caso, ello hará que el otro sea más probable.[194] “Al buscar una causa”, escribe Sir David Brewster, “capaz de inducir magnetismo en la materia férrica de nuestro planeta, ya sea dentro de la Tierra o en su atmósfera, estamos limitados al sol, al cual todos los fenómenos magnéticos tienen una clara relación; pero si actúa mediante su calor, o mediante su luz, o mediante rayos específicos, o influencias de naturaleza magnética, eso debe dejarse para investigaciones futuras.”[195]
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Hemos aprendido que el magnetismo no se limita a las sustancias férricas; sabemos que la antigua doctrina de la universalidad de esta propiedad es cierta. Kircher, en su extraño trabajo sobre el magnetismo, publicado a principios del siglo XVII[196] —una curiosa muestra de la más incansable diligencia y experimentación cuidadosa, combinada con las influencias de la credulidad y las supersticiones de su época— atribuye a este poder casi todos los fenómenos cósmicos que, en su tiempo, eran conocidos por los hombres. Curiosamente, anticipa el uso de la supuesta virtud de la tracción magnética en el arte curativo; y como lo demuestran suficientemente los títulos de sus capítulos finales, era un firme creyente en el magnetismo animal[197]. Pero no es en referencia a estos aspectos por lo que citamos la obra de Athanasius Kircher, Societatis Jesu, Magnes, sive de Magnetivâ Arte, sino para mostrar que, doscientos años después, el ser humano estaba cerca de una gran verdad; pero como aún no había llegado el momento de su desarrollo, se permitió que permaneciera dormida durante más de dos siglos, y la sombra de la noche la cubrió. Al hablar del mundo vegetal y de los procesos extraordinarios mediante los cuales se forman la hoja, la flor y el fruto, este sabio señala el hecho del carácter diamagnético de la planta, descubierto nuevamente en los últimos dos años; y atribuye los movimientos de la flor del sol, el cierre del convolvulus y las direcciones de la espiral formada por las plantas trepadoras a esta influencia específica. Esto no parece ser una mera especulación o conjetura aleatoria, sino el resultado de deducciones a partir de experimentos y observaciones. Sin duda, Kircher dio un gran salto para llegar a su conclusión; pero el resultado es valioso en doble sentido. En primer lugar, nos muestra que, al ignorar un hecho sugestivo, probablemente perdemos una verdad de gran aplicación general; y en segundo lugar, nos demuestra que, al ir más allá de lo que lleva la lógica inductiva y aventurarnos en el amplio mar de las hipótesis, corremos el riesgo de sacrificar lo verdadero por lo falso, obstaculizando así el progreso del conocimiento humano. El magnetismo, en una u otra de sus formas, está ahora demostrado como algo universal, y estamos dispuestos a atribuir las condiciones estructurales de todos los cuerpos materiales, tanto orgánicos como inorgánicos, a su poder. Esta visión apenas ha sido reconocida por los filósofos; pero dado que encontramos una cierta ley de polaridad presente en cada átomo de la materia creada, sea cual sea el estado en que se presente a nuestros sentidos, es evidente que toda partícula debe tener un polo.
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y ejerciendo una influencia sobre la masa; así, toda masa coherente se convierte simplemente en un representante más grande y poderoso de la unidad magnética. De este modo, la especulación de Hansteen, según la cual el sol es, para nosotros, un centro magnético y que está igualmente influenciado por los soles más distantes del universo [198], encuentra respaldo en deducciones legítimas derivadas de experimentos. Sin embargo, esta especulación no resuelve la gran dificultad: la causa por la cual se induce el magnetismo terrestre solo se aleja aún más. La idea de un fluido magnético es apenas sostenible; además, la naturaleza férrica de la Aurora Boreal no recibe ninguna prueba de ninguna investigación; de hecho, hemos obtenido evidencias que demuestran que el hierro no es en absoluto necesario para la producción de fenómenos magnéticos. La hoja de un árbol, una flor, un fruto, un trozo de músculo animal, el vidrio, el papel y diversas sustancias similares tienen la capacidad de repeler la barra de hierro que llamamos imán y de colocarla en ángulo recto con la dirección de la fuerza que ellas ejercen. Este es un punto que debemos tener siempre presente al considerar los misterios de los fenómenos magnéticos. Cualquier dos masas de materia actúan una sobre la otra según esta ley, y aunque, gracias a la fuerza de cohesión, dicha fuerza puede llegar a un equilibrio o a su punto cero, nunca se pierde, y puede manifestarse fácil y rápidamente por cualquiera de los medios empleados para la excitación eléctrica. Por analogía, surge razonablemente la pregunta: si dos sistemas de constitución atómica inorgánica están dotados de la capacidad de influirse mutuamente a distancia, ¿por qué no podrían dos sistemas orgánicos más desarrollados producir una influencia de la misma manera, o incluso en mayor medida? Sobre este tipo de razonamiento se basa el fenómeno conocido como Magnetismo Animal. No se puede negar el hecho de que una masa de sangre, músculos, nervios y huesos debe influir, desde el punto de vista magnético, en otra masa similar. Sin embargo, esto es algo completamente distinto de esa condición anormal que se produce debido a algunas influencias fisiológicas peculiares y, por ahora, inexplicables. Las operaciones misteriosas de la acción vital no tienen nada en común con las fuerzas que hemos estado considerando. Las capacidades que se emplean en la organización de la materia, pese a su carácter sutil, son de una naturaleza demasiado grosera como para influir en los misterios psicológicos que se presentan a la mente observadora. No se puede negar que…
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Al poner a una persona, incluso de sensibilidad nerviosa moderada, en una posición restrictiva y bajo una influencia anormal de la mente, como la adquirida por los discípulos de Mesmer, se produce un letargo que afecta únicamente a ciertos sentidos. Los fenómenos reconocidos e indudables son de lo más curioso; pero en ellos no se incluyen las maravillas del charlatanismo e ignorancia. La explicación debe buscarse, por parte del fisiólogo, entre esos principios ocultos de los cuales depende toda sensación humana.[199]
El hombre, como un mago, se encuentra en un promontorio y, al observar el gran océano de fuerzas físicas que involucran a la creación material y que generan esa infinita variedad de fenómenos que se exhiben sin cesar a su alrededor, extiende el bastón de la inteligencia y ordena a los “espíritus de las profundidades insondables” que obedezcan a su llamado.
Los fenómenos se repiten: los grandes procesos de creación continúan; las manifestaciones externas del poder omnipotente prosiguen; los efectos se producen una y otra vez. Pero la corriente de fuerza sigue avanzando de forma ondulante. Ante los orgullosos mandatos del que invoca, no hay respuesta más que el eco de su propia voz vacía, que finalmente se pierde en la inmensidad desconocida que se extiende más allá de él.
Vemos cuán poderosamente las fuerzas físicas, en sus diversos modos de acción, agitan y dan vida a esta masa planetaria. Entre ellas, la influencia del magnetismo aparece como un gran agente director, aunque su origen nos es desconocido.
Ese poder que, como un espíritu poderoso, guía a los viajeros por mares lejanos, inspirando confianza allí dondequiera que vayan, indicándoles siempre el camino de regreso; que, a través de la naturaleza, estimulada por los rayos solares, imparte a cada átomo una fuerza suprema, dirige la formación de los cristales y da forma a las montañas más imponentes de la Tierra; que, con su ley poderosa, controla cada hoja y flor, y somete al hombre, ese “monarca”, a sus cadenas místicas.
El hombre, como un mago, se encuentra en un promontorio y, al observar el gran océano de fuerzas físicas que involucran a la creación material y que generan esa infinita variedad de fenómenos que se exhiben sin cesar a su alrededor, extiende el bastón de la inteligencia y ordena a los “espíritus de las profundidades insondables” que obedezcan a su llamado.
Los fenómenos se repiten: los grandes procesos de creación continúan; las manifestaciones externas del poder omnipotente prosiguen; los efectos se producen una y otra vez. Pero la corriente de fuerza sigue avanzando de forma ondulante. Ante los orgullosos mandatos del que invoca, no hay respuesta más que el eco de su propia voz vacía, que finalmente se pierde en la inmensidad desconocida que se extiende más allá de él.
Vemos cuán poderosamente las fuerzas físicas, en sus diversos modos de acción, agitan y dan vida a esta masa planetaria. Entre ellas, la influencia del magnetismo aparece como un gran agente director, aunque su origen nos es desconocido.
Ese poder que, como un espíritu poderoso, guía a los viajeros por mares lejanos, inspirando confianza allí dondequiera que vayan, indicándoles siempre el camino de regreso; que, a través de la naturaleza, estimulada por los rayos solares, imparte a cada átomo una fuerza suprema, dirige la formación de los cristales y da forma a las montañas más imponentes de la Tierra; que, con su ley poderosa, controla cada hoja y flor, y somete al hombre, ese “monarca”, a sus cadenas místicas.
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NOTAS AL PIE:
[170] Tratado sobre el magnetismo, de Sir David Brewster. Cosmos: esbozo de una descripción física del Universo; de Alexander Von Humboldt. —Traducción de Otté.
[171] Expérience Electro-Magnétique, de M. Ørsted. —Annales de Chimie, vol. xxii, p. 201. De la Rive, Recherches sur la Distribution de l’Electricité dyn. dans les Corps. —Ginebra, 1825.
[172] Sobre la fuerza magnética del hierro blando: de Mr. Watkins. —Philosophical Transactions, 1833.
[173] Cavallo, Sobre el magnetismo. —Cavallo fue el primero en observar la influencia del calor en el magnetismo. Véase Sobre la acción magnética anómala del hierro caliente entre el calor blanco y el rojo sangre: de Peter Barlow, Esq. —Philosophical Transactions, 1822, p. 124. Tratado sobre el magnetismo: de Barlow. —Encyclopædia Metropolitana.
[174] “La base de nuestras investigaciones es la suposición de que la fuerza magnética terrestre es la acción colectiva de todas las partículas magnetizadas de la masa terrestre. Nos representamos la magnetización como la separación de los fluidos magnéticos. Al admitir esta representación, el modo de acción de los fluidos (repulsión de partículas similares y atracción de partículas diferentes, inversamente proporcional al cuadrado de la distancia) forma parte de las verdades establecidas. Ningún cambio en los resultados se produciría al sustituir este modo de representación por el de Ampère, según el cual, en lugar de fluidos magnéticos, se considera que el magnetismo consiste en corrientes galvánicas constantes en las partículas más diminutas de los cuerpos. Tampoco habría diferencia si el magnetismo terrestre se atribuyera a un origen mixto, procediendo en parte de la separación de los fluidos magnéticos en la Tierra y en parte de corrientes galvánicas en ella; ya que se sabe que para cada corriente galvánica puede sustituirse una distribución determinada de los fluidos magnéticos en una superficie delimitada por dicha corriente, que ejercería en cada punto del espacio exterior exactamente la misma acción magnética que produciría la propia corriente galvánica”. —Teoría general del magnetismo terrestre, del profesor Carl Friedrich Gauss, de la Universidad de Gotinga. —Scientific Memoirs, vol. ii, p. 188.
[175] Cosmos de Humboldt. —Traducción de Otté.
[176] Hansteen: Untersuchungen über den Magnetismus der Erde, Christianna, 1819. Humboldt: Exposé des Variations Magnétiques. —Annales de Gilbert. Magnetism de Brewster: Encyclopædia Metropolitana.
[177] Hansteen; como anteriormente.
[178] Sobre los efectos de la temperatura en la intensidad de las fuerzas magnéticas y en las variaciones diurnas de la intensidad magnética terrestre; de Samuel Hunter Christie, Esq. —Philosophical Transactions, vol. cxv, 1825.
[179] El Sr. Barlow, en Inglaterra, y algunos observadores destacados en Austria han observado que una corriente eléctrica atraviesa constantemente los cables del telégrafo eléctrico siempre que existen dos conexiones con la tierra.
[170] Tratado sobre el magnetismo, de Sir David Brewster. Cosmos: esbozo de una descripción física del Universo; de Alexander Von Humboldt. —Traducción de Otté.
[171] Expérience Electro-Magnétique, de M. Ørsted. —Annales de Chimie, vol. xxii, p. 201. De la Rive, Recherches sur la Distribution de l’Electricité dyn. dans les Corps. —Ginebra, 1825.
[172] Sobre la fuerza magnética del hierro blando: de Mr. Watkins. —Philosophical Transactions, 1833.
[173] Cavallo, Sobre el magnetismo. —Cavallo fue el primero en observar la influencia del calor en el magnetismo. Véase Sobre la acción magnética anómala del hierro caliente entre el calor blanco y el rojo sangre: de Peter Barlow, Esq. —Philosophical Transactions, 1822, p. 124. Tratado sobre el magnetismo: de Barlow. —Encyclopædia Metropolitana.
[174] “La base de nuestras investigaciones es la suposición de que la fuerza magnética terrestre es la acción colectiva de todas las partículas magnetizadas de la masa terrestre. Nos representamos la magnetización como la separación de los fluidos magnéticos. Al admitir esta representación, el modo de acción de los fluidos (repulsión de partículas similares y atracción de partículas diferentes, inversamente proporcional al cuadrado de la distancia) forma parte de las verdades establecidas. Ningún cambio en los resultados se produciría al sustituir este modo de representación por el de Ampère, según el cual, en lugar de fluidos magnéticos, se considera que el magnetismo consiste en corrientes galvánicas constantes en las partículas más diminutas de los cuerpos. Tampoco habría diferencia si el magnetismo terrestre se atribuyera a un origen mixto, procediendo en parte de la separación de los fluidos magnéticos en la Tierra y en parte de corrientes galvánicas en ella; ya que se sabe que para cada corriente galvánica puede sustituirse una distribución determinada de los fluidos magnéticos en una superficie delimitada por dicha corriente, que ejercería en cada punto del espacio exterior exactamente la misma acción magnética que produciría la propia corriente galvánica”. —Teoría general del magnetismo terrestre, del profesor Carl Friedrich Gauss, de la Universidad de Gotinga. —Scientific Memoirs, vol. ii, p. 188.
[175] Cosmos de Humboldt. —Traducción de Otté.
[176] Hansteen: Untersuchungen über den Magnetismus der Erde, Christianna, 1819. Humboldt: Exposé des Variations Magnétiques. —Annales de Gilbert. Magnetism de Brewster: Encyclopædia Metropolitana.
[177] Hansteen; como anteriormente.
[178] Sobre los efectos de la temperatura en la intensidad de las fuerzas magnéticas y en las variaciones diurnas de la intensidad magnética terrestre; de Samuel Hunter Christie, Esq. —Philosophical Transactions, vol. cxv, 1825.
[179] El Sr. Barlow, en Inglaterra, y algunos observadores destacados en Austria han observado que una corriente eléctrica atraviesa constantemente los cables del telégrafo eléctrico siempre que existen dos conexiones con la tierra.
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[180] Observaciones meteorológicas y ensayos: del Dr. Dalton. Sobre la altura de la Aurora Boreal sobre la superficie de la Tierra: por John Dalton, F.R.S.—Philosophical Transactions, vol. cxiv, p. 291.
[181] Arago: Annales de Chimie, vol. xxxix, p. 369. Sobre la intensidad variable del magnetismo terrestre y la influencia de la Aurora Boreal sobre él; por Robert Were Fox.—Philosophical Transactions, 1831, p. 199.
[182] “Las brillantes y activas centelleaciones de la Aurora Boreal”, dice el capitán Back, “cuando se observan a través de una atmósfera brumosa y exhiben los colores prismáticos, afectaban casi invariablemente la aguja. Por el contrario, una Aurora muy brillante, aunque acompañada de movimiento e incluso teñida de un rojo apagado y amarillo en un cielo azul claro, rara vez producía ningún cambio sensible, salvo, a lo sumo, un movimiento tembloroso. Una densa niebla o bruma, junto con una Aurora activa, parecía ser uniformemente favorable para perturbar la aguja, y una baja temperatura era favorable para centelleaciones brillantes y activas. En ninguna ocasión durante dos inviernos se oyó ningún sonido que acompañara esos movimientos. La Aurora se veía frecuentemente al atardecer, y tan a menudo hacia el este como hacia el oeste; también se percibían a menudo nubes durante el día, cuya forma y disposición se parecían mucho a las de la Aurora.”—Narrative of the Arctic Land Expedition.
[183] Faraday: Sobre el carácter diamagnético de las llamas y los gases.
[184] “La Aurora Boreal es sin duda, hasta cierto punto, un fenómeno magnético; y si el hierro fuera la única sustancia capaz de mostrar efectos magnéticos, se deduciría que deben existir partículas férricas en las regiones superiores de la atmósfera. La luz que suele acompañar a este meteoro magnético podría provenir de la electricidad, la cual podría ser la causa inmediata de un cambio en la distribución del fluido magnético contenido en los vapores férricos que se supone flotan en el aire.”—Lecture on Magnetism: Young’s Lectures on Natural Philosophy, p. 533.
[185] Sobre la supuesta influencia del magnetismo y la acción química; por Robert Hunt.—Philosophical Magazine, vol. xxxii, n.º 215, 1849.
[186] Aquellos cuerpos que son atraídos por un imán, como el hierro, se denominan cuerpos magnéticos. Aquellos que, por el contrario, son rechazados por esa misma fuerza, se denominan cuerpos diamagnéticos. Sobre estos, el Dr. Faraday comenta: “De las sustancias que componen la corteza terrestre, la gran mayoría pertenece a la clase diamagnética; y aunque las sustancias férricas y otras magnéticas, al ser más energéticas en su acción, son más notables en sus fenómenos, sería precipitado suponer que, por eso, dominan por completo el efecto de los cuerpos anteriores. En cuanto a los océanos, lagos, ríos y la atmósfera, ejercerán su efecto peculiar casi sin verse influenciados por ninguna sustancia magnética presente en ellos, y en cuanto a las rocas y montañas, su influencia diamagnética es quizás mayor de lo que se podría esperar. Mencioné que, al combinar agua y una sal de hierro, obtuve una solución inactiva en el aire; es decir, mediante una adecuada asociación de las fuerzas de un cuerpo de cada clase, el agua y una sal de hierro, la fuerza magnética de esta última fue completamente contrarrestada por la fuerza diamagnética de la primera, y la mezcla ni fue atraída ni rechazada: Para lograr este efecto, fue necesario añadir más de 48,6 granos de protosulfato de hierro cristalizado a diez pulgadas cúbicas de agua (pues estas proporciones daban una solución que se solidificaría en el ecuador); una cantidad tan grande que me sorprendió enormemente al observar el poder del agua para…”
[181] Arago: Annales de Chimie, vol. xxxix, p. 369. Sobre la intensidad variable del magnetismo terrestre y la influencia de la Aurora Boreal sobre él; por Robert Were Fox.—Philosophical Transactions, 1831, p. 199.
[182] “Las brillantes y activas centelleaciones de la Aurora Boreal”, dice el capitán Back, “cuando se observan a través de una atmósfera brumosa y exhiben los colores prismáticos, afectaban casi invariablemente la aguja. Por el contrario, una Aurora muy brillante, aunque acompañada de movimiento e incluso teñida de un rojo apagado y amarillo en un cielo azul claro, rara vez producía ningún cambio sensible, salvo, a lo sumo, un movimiento tembloroso. Una densa niebla o bruma, junto con una Aurora activa, parecía ser uniformemente favorable para perturbar la aguja, y una baja temperatura era favorable para centelleaciones brillantes y activas. En ninguna ocasión durante dos inviernos se oyó ningún sonido que acompañara esos movimientos. La Aurora se veía frecuentemente al atardecer, y tan a menudo hacia el este como hacia el oeste; también se percibían a menudo nubes durante el día, cuya forma y disposición se parecían mucho a las de la Aurora.”—Narrative of the Arctic Land Expedition.
[183] Faraday: Sobre el carácter diamagnético de las llamas y los gases.
[184] “La Aurora Boreal es sin duda, hasta cierto punto, un fenómeno magnético; y si el hierro fuera la única sustancia capaz de mostrar efectos magnéticos, se deduciría que deben existir partículas férricas en las regiones superiores de la atmósfera. La luz que suele acompañar a este meteoro magnético podría provenir de la electricidad, la cual podría ser la causa inmediata de un cambio en la distribución del fluido magnético contenido en los vapores férricos que se supone flotan en el aire.”—Lecture on Magnetism: Young’s Lectures on Natural Philosophy, p. 533.
[185] Sobre la supuesta influencia del magnetismo y la acción química; por Robert Hunt.—Philosophical Magazine, vol. xxxii, n.º 215, 1849.
[186] Aquellos cuerpos que son atraídos por un imán, como el hierro, se denominan cuerpos magnéticos. Aquellos que, por el contrario, son rechazados por esa misma fuerza, se denominan cuerpos diamagnéticos. Sobre estos, el Dr. Faraday comenta: “De las sustancias que componen la corteza terrestre, la gran mayoría pertenece a la clase diamagnética; y aunque las sustancias férricas y otras magnéticas, al ser más energéticas en su acción, son más notables en sus fenómenos, sería precipitado suponer que, por eso, dominan por completo el efecto de los cuerpos anteriores. En cuanto a los océanos, lagos, ríos y la atmósfera, ejercerán su efecto peculiar casi sin verse influenciados por ninguna sustancia magnética presente en ellos, y en cuanto a las rocas y montañas, su influencia diamagnética es quizás mayor de lo que se podría esperar. Mencioné que, al combinar agua y una sal de hierro, obtuve una solución inactiva en el aire; es decir, mediante una adecuada asociación de las fuerzas de un cuerpo de cada clase, el agua y una sal de hierro, la fuerza magnética de esta última fue completamente contrarrestada por la fuerza diamagnética de la primera, y la mezcla ni fue atraída ni rechazada: Para lograr este efecto, fue necesario añadir más de 48,6 granos de protosulfato de hierro cristalizado a diez pulgadas cúbicas de agua (pues estas proporciones daban una solución que se solidificaría en el ecuador); una cantidad tan grande que me sorprendió enormemente al observar el poder del agua para…”
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Superarlo. Por lo tanto, no es en absoluto improbable que muchas de las masas que forman la corteza de nuestro globo puedan tener un exceso de fuerza diamagnética y actuar en consecuencia.” —Sobre nuevas acciones magnéticas y sobre la condición magnética de toda la materia; por Michael Faraday, D.C.L., F.R.S., etc.—Philosophical Transactions, enero de 1846, vol. cxxxvii, p. 41.
[187] Ibíd.
[188] Sobre las condiciones diamagnéticas de las llamas y los gases, por Michael Faraday, F.R.S.; y Sobre los movimientos que presenta una llama bajo influencia electromagnética, por el profesor Zantedeschi.—Philosophical Magazine, 1847, págs. 401–421.
[189] Sobre el diamagnetismo; por el profesor Plücker, de Bonn.—Philosophical Magazine, julio de 1848.
[190] Para un relato detallado de los experimentos de Faraday, Plücker, Becquerel, Tyndale y Knoblauch, véase el Tratado sobre la electricidad en teoría y práctica de De La Rive.
[191] Algunos ejemplos extraídos del artículo del Dr. Faraday lo demostrarán: el nitrógeno, al ser sometido a influencias magnéticas, resultó ser claramente diamagnético en comparación con el aire común cuando ambos estaban a la misma temperatura. El oxígeno parece ser magnético en el aire común. El hidrógeno resultó ser claramente, e incluso fuertemente, diamagnético. Su estado diamagnético muestra, desde un punto de vista sorprendente, que los gases, al igual que los sólidos, tienen grados peculiares y distintivos de fuerza diamagnética. El gas ácido carbónico es diamagnético en el aire. El óxido de carbono fue cuidadosamente separado del ácido carbónico antes de ser utilizado, y parece ser más diamagnético que este último. El óxido nitroso es moderadamente, pero claramente, diamagnético en el aire. El gas olefínico también es diamagnético. El gas de carbón de Londres es muy diamagnético y da resultados excepcionalmente buenos y claros. El gas ácido sulfúrico es diamagnético en el aire. El gas ácido muriático es decididamente diamagnético en el aire.—Sobre las condiciones diamagnéticas de las llamas y los gases: Philosophical Magazine, 1847, p. 409.
[192] Para ilustrar esto, debo remitirme a mi propio memorando, Investigaciones sobre la influencia del magnetismo y la electricidad voltaica en la cristalización y otras condiciones de la materia, publicado en los Memoriales del Servicio Geológico de Gran Bretaña, etc., vol. i.
[193] En una obra publicada por el Sr. Evan Hopkins, titulada Sobre la conexión entre la geología y el magnetismo terrestre, se encuentran muchas observaciones prácticas valiosas realizadas en este país y en las regiones auríferas y argentíferas de América; pero las opiniones expresadas por el autor son objeto de numerosas objeciones.
[194] Véase la nota de Faraday sobre los experimentos de Morichini relacionados con la luz y la fuerza magnética—Philosophical Transactions, vol. cxxxvii, p. 15. Véase también al Sr. Christie, Sobre la influencia magnética en los rayos solares—Philosophical Transactions, vol. cvii, p. 219; vol. cxix, p. 379.
[195] Sir David Brewster, Sobre el magnetismo; reeditado de la Enciclopedia Británica.
[196] Todo el título del libro de Kircher ya da una idea de los temas tratados: Athanasii Kircheri Societatis Jesu Magnes, sive de Arte Magneticâ; opus tripartitum, quo Universa Magnetis Natura ejusque in omnibus
[187] Ibíd.
[188] Sobre las condiciones diamagnéticas de las llamas y los gases, por Michael Faraday, F.R.S.; y Sobre los movimientos que presenta una llama bajo influencia electromagnética, por el profesor Zantedeschi.—Philosophical Magazine, 1847, págs. 401–421.
[189] Sobre el diamagnetismo; por el profesor Plücker, de Bonn.—Philosophical Magazine, julio de 1848.
[190] Para un relato detallado de los experimentos de Faraday, Plücker, Becquerel, Tyndale y Knoblauch, véase el Tratado sobre la electricidad en teoría y práctica de De La Rive.
[191] Algunos ejemplos extraídos del artículo del Dr. Faraday lo demostrarán: el nitrógeno, al ser sometido a influencias magnéticas, resultó ser claramente diamagnético en comparación con el aire común cuando ambos estaban a la misma temperatura. El oxígeno parece ser magnético en el aire común. El hidrógeno resultó ser claramente, e incluso fuertemente, diamagnético. Su estado diamagnético muestra, desde un punto de vista sorprendente, que los gases, al igual que los sólidos, tienen grados peculiares y distintivos de fuerza diamagnética. El gas ácido carbónico es diamagnético en el aire. El óxido de carbono fue cuidadosamente separado del ácido carbónico antes de ser utilizado, y parece ser más diamagnético que este último. El óxido nitroso es moderadamente, pero claramente, diamagnético en el aire. El gas olefínico también es diamagnético. El gas de carbón de Londres es muy diamagnético y da resultados excepcionalmente buenos y claros. El gas ácido sulfúrico es diamagnético en el aire. El gas ácido muriático es decididamente diamagnético en el aire.—Sobre las condiciones diamagnéticas de las llamas y los gases: Philosophical Magazine, 1847, p. 409.
[192] Para ilustrar esto, debo remitirme a mi propio memorando, Investigaciones sobre la influencia del magnetismo y la electricidad voltaica en la cristalización y otras condiciones de la materia, publicado en los Memoriales del Servicio Geológico de Gran Bretaña, etc., vol. i.
[193] En una obra publicada por el Sr. Evan Hopkins, titulada Sobre la conexión entre la geología y el magnetismo terrestre, se encuentran muchas observaciones prácticas valiosas realizadas en este país y en las regiones auríferas y argentíferas de América; pero las opiniones expresadas por el autor son objeto de numerosas objeciones.
[194] Véase la nota de Faraday sobre los experimentos de Morichini relacionados con la luz y la fuerza magnética—Philosophical Transactions, vol. cxxxvii, p. 15. Véase también al Sr. Christie, Sobre la influencia magnética en los rayos solares—Philosophical Transactions, vol. cvii, p. 219; vol. cxix, p. 379.
[195] Sir David Brewster, Sobre el magnetismo; reeditado de la Enciclopedia Británica.
[196] Todo el título del libro de Kircher ya da una idea de los temas tratados: Athanasii Kircheri Societatis Jesu Magnes, sive de Arte Magneticâ; opus tripartitum, quo Universa Magnetis Natura ejusque in omnibus
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Las ciencias y las artes se explican mediante un nuevo método; además, se iluminan las fuerzas y los efectos prodigiosos de los movimientos magnéticos y de otros movimientos ocultos de la naturaleza en los elementos, las piedras, las plantas y los animales. Muchos misterios de la naturaleza, hasta ahora desconocidos, son revelados a través de experimentos de todo tipo en física, medicina, química y matemáticas. Tercera edición: revisada y corregida por el propio autor, y enriquecida con numerosos problemas relacionados con nuevos experimentos. Roma, 1654.
[197] A continuación se indican los títulos de los capítulos finales del libro de Kircher:
—Sobre el magnetismo del sol y de la luna sobre los mares. Sobre la fuerza magnética de las plantas. Sobre los milagros de la influencia magnética. Sobre el magnetismo de la aguja dorada o divinadora. Sobre las plantas heliotrópicas y su magnetismo. Sobre el magnetismo de las sustancias medicinales. Sobre la fuerza de atracción de la imaginación. Sobre el magnetismo musical. Sobre el magnetismo del amor.
[198] “Por estas razones, parece muy natural buscar su origen en el sol, fuente de toda actividad vital. Nuestra conjetura gana en verosimilitud gracias a las observaciones anteriores sobre las oscilaciones diarias de la aguja. Según este principio, se puede considerar que el sol posee uno o más ejes magnéticos, los cuales, al distribuir la fuerza, generan una diferencia magnética en la Tierra, en la Luna y en todos aquellos planetas cuya estructura interna permite tal diferencia. Sin embargo, aun teniendo en cuenta todo esto, la dificultad principal no parece haber sido superada, sino simplemente alejada de nuestra vista. Puede plantearse, con igual justificación, ¿de dónde proviene la fuerza magnética del sol? Y si, partiendo del sol, recurrimos a un sol central, y de ese a una dirección magnética general en todo el universo, teniendo la Vía Láctea como su ecuador, solo estamos prolongando una cadena sin fin, donde cada eslabón depende del anterior, sin que ninguno esté apoyado en algún punto fijo. Teniendo todo esto en cuenta, me parece que la forma más plausible de representar este tema es la siguiente: si se dejara que un único globo se moviera libremente en la inmensidad del espacio, las fuerzas opuestas presentes en su estructura material llegarían pronto a un equilibrio acorde con su naturaleza, si al principio no lo estuvieran; entonces toda actividad cesaría rápidamente. Pero si imaginamos que se introduce otro globo, surgirá una relación mutua entre ambos; uno de los resultados será una tendencia recíproca a unirse, lo cual se denomina, y a veces se cree que se explica, con la palabra meramente descriptiva ‘atracción’. Pero, ¿sería esta tendencia la única consecuencia de esta relación? ¿No es más probable que las fuerzas fundamentales, al salir de su estado de indiferencia o reposo, manifiesten su energía en todas las direcciones posibles, dando lugar a todo tipo de acciones contrarias? La fuerza eléctrica se genera no solo por fricción, sino también por contacto, y probablemente también, aunque en menor medida, por la acción mutua de dos cuerpos a distancia; pues el contacto no es más que la distancia más pequeña posible, y eso, además, solo para unas pocas partículas pequeñas. ¿No es concebible que la fuerza magnética pueda originarse de manera similar? Cuando el filósofo natural y el matemático no tienen en cuenta ningún otro efecto de la relación recíproca entre dos cuerpos a distancia, aparte de la tendencia a unirse, actúan de manera lógica, siempre y cuando sus investigaciones no requieran nada más que una fuerza motriz. Pero si se sostiene que no puede desarrollarse ninguna otra energía entre dos tales cuerpos, esa afirmación necesitará prueba, y esa prueba será difícil de encontrar.” —Lo anterior es una traducción de la obra de Hansteen sobre el magnetismo.
[197] A continuación se indican los títulos de los capítulos finales del libro de Kircher:
—Sobre el magnetismo del sol y de la luna sobre los mares. Sobre la fuerza magnética de las plantas. Sobre los milagros de la influencia magnética. Sobre el magnetismo de la aguja dorada o divinadora. Sobre las plantas heliotrópicas y su magnetismo. Sobre el magnetismo de las sustancias medicinales. Sobre la fuerza de atracción de la imaginación. Sobre el magnetismo musical. Sobre el magnetismo del amor.
[198] “Por estas razones, parece muy natural buscar su origen en el sol, fuente de toda actividad vital. Nuestra conjetura gana en verosimilitud gracias a las observaciones anteriores sobre las oscilaciones diarias de la aguja. Según este principio, se puede considerar que el sol posee uno o más ejes magnéticos, los cuales, al distribuir la fuerza, generan una diferencia magnética en la Tierra, en la Luna y en todos aquellos planetas cuya estructura interna permite tal diferencia. Sin embargo, aun teniendo en cuenta todo esto, la dificultad principal no parece haber sido superada, sino simplemente alejada de nuestra vista. Puede plantearse, con igual justificación, ¿de dónde proviene la fuerza magnética del sol? Y si, partiendo del sol, recurrimos a un sol central, y de ese a una dirección magnética general en todo el universo, teniendo la Vía Láctea como su ecuador, solo estamos prolongando una cadena sin fin, donde cada eslabón depende del anterior, sin que ninguno esté apoyado en algún punto fijo. Teniendo todo esto en cuenta, me parece que la forma más plausible de representar este tema es la siguiente: si se dejara que un único globo se moviera libremente en la inmensidad del espacio, las fuerzas opuestas presentes en su estructura material llegarían pronto a un equilibrio acorde con su naturaleza, si al principio no lo estuvieran; entonces toda actividad cesaría rápidamente. Pero si imaginamos que se introduce otro globo, surgirá una relación mutua entre ambos; uno de los resultados será una tendencia recíproca a unirse, lo cual se denomina, y a veces se cree que se explica, con la palabra meramente descriptiva ‘atracción’. Pero, ¿sería esta tendencia la única consecuencia de esta relación? ¿No es más probable que las fuerzas fundamentales, al salir de su estado de indiferencia o reposo, manifiesten su energía en todas las direcciones posibles, dando lugar a todo tipo de acciones contrarias? La fuerza eléctrica se genera no solo por fricción, sino también por contacto, y probablemente también, aunque en menor medida, por la acción mutua de dos cuerpos a distancia; pues el contacto no es más que la distancia más pequeña posible, y eso, además, solo para unas pocas partículas pequeñas. ¿No es concebible que la fuerza magnética pueda originarse de manera similar? Cuando el filósofo natural y el matemático no tienen en cuenta ningún otro efecto de la relación recíproca entre dos cuerpos a distancia, aparte de la tendencia a unirse, actúan de manera lógica, siempre y cuando sus investigaciones no requieran nada más que una fuerza motriz. Pero si se sostiene que no puede desarrollarse ninguna otra energía entre dos tales cuerpos, esa afirmación necesitará prueba, y esa prueba será difícil de encontrar.” —Lo anterior es una traducción de la obra de Hansteen sobre el magnetismo.
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[199] Véase el artículo «Magnetismo animal», Encyclopædia Britannica, y los artículos del Sr. Braid sobre el hipnotismo, publicados en «Medical Times».
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CAPÍTULO XI.
FORTALEZAS QUÍMICAS.
Química de la naturaleza — Cambios producidos por combinación química — Constitución atómica de los cuerpos — Leyes de combinación — Equivalentes de combinación — Afinitad electiva — Descomposición química — Carácter compuesto de los fenómenos químicos — Catalisis o acción de la presencia — Transformación de los cuerpos orgánicos — Química orgánica — Constancia de las proporciones de combinación — La ley de los volúmenes, la ley de las sustituciones, estados isoméricos, etc.
Todo en la tierra es resultado de la combinación química. Las operaciones mediante las cuales tienen lugar la mezcla de moléculas e el intercambio de átomos podemos imitarlas en nuestros laboratorios; pero en la naturaleza se producen de forma gradual, y, en general, en nuestras manos se distinguen por su rapidez de acción. En la naturaleza, la fuerza química se distribuye a lo largo de un largo período de tiempo, y el proceso de cambio apenas puede observarse. Por medio del arte, concentramos la fuerza química y la empleamos para provocar un cambio que dura, como máximo, unas pocas horas. Muchos de los fenómenos más sorprendentes de la naturaleza siguen siendo misteriosos para nosotros, y principalmente porque no tomamos, o no podemos tomar, en consideración al elemento tiempo. El geólogo se ve obligado a hacerlo para explicar el progreso en la formación de la corteza terrestre, pero el químico rara vez tiene en cuenta los efectos del tiempo en ninguna de sus operaciones. El cambio químico que, dentro de las fisuras de las rocas, actúa lentamente y silenciosamente, desplazando un elemento o molécula y reemplazándolo por otro, es muy probablemente el resultado de un verdadero período geológico. Sin embargo, muchos de los cambios que ocurren constantemente a nuestro alrededor son de carácter mucho más rápido, y en estos casos la naturaleza no es menos rápida en sus acciones que el químico.
Si los elementos que ahora se encuentran en combinación pudieran existir en estado libre, necesariamente se producirían consecuencias desastrosas. Debe haber habido un período en el que muchas de estas combinaciones…
FORTALEZAS QUÍMICAS.
Química de la naturaleza — Cambios producidos por combinación química — Constitución atómica de los cuerpos — Leyes de combinación — Equivalentes de combinación — Afinitad electiva — Descomposición química — Carácter compuesto de los fenómenos químicos — Catalisis o acción de la presencia — Transformación de los cuerpos orgánicos — Química orgánica — Constancia de las proporciones de combinación — La ley de los volúmenes, la ley de las sustituciones, estados isoméricos, etc.
Todo en la tierra es resultado de la combinación química. Las operaciones mediante las cuales tienen lugar la mezcla de moléculas e el intercambio de átomos podemos imitarlas en nuestros laboratorios; pero en la naturaleza se producen de forma gradual, y, en general, en nuestras manos se distinguen por su rapidez de acción. En la naturaleza, la fuerza química se distribuye a lo largo de un largo período de tiempo, y el proceso de cambio apenas puede observarse. Por medio del arte, concentramos la fuerza química y la empleamos para provocar un cambio que dura, como máximo, unas pocas horas. Muchos de los fenómenos más sorprendentes de la naturaleza siguen siendo misteriosos para nosotros, y principalmente porque no tomamos, o no podemos tomar, en consideración al elemento tiempo. El geólogo se ve obligado a hacerlo para explicar el progreso en la formación de la corteza terrestre, pero el químico rara vez tiene en cuenta los efectos del tiempo en ninguna de sus operaciones. El cambio químico que, dentro de las fisuras de las rocas, actúa lentamente y silenciosamente, desplazando un elemento o molécula y reemplazándolo por otro, es muy probablemente el resultado de un verdadero período geológico. Sin embargo, muchos de los cambios que ocurren constantemente a nuestro alrededor son de carácter mucho más rápido, y en estos casos la naturaleza no es menos rápida en sus acciones que el químico.
Si los elementos que ahora se encuentran en combinación pudieran existir en estado libre, necesariamente se producirían consecuencias desastrosas. Debe haber habido un período en el que muchas de estas combinaciones…
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Los que conocíamos aún no habían sido creados. Sus elementos o bien existían en otras formas, o estaban sin combinar. Nuestras rocas son compuestos de oxígeno con ciertos metales peculiares que se unen al oxígeno tan rápidamente que su combinación produce incandescencia. Supongamos que alguno de estos metales existiera en pureza y que fuera puesto de repente en contacto con el agua, el aire atmosférico o cualquier cuerpo que contenga oxígeno: el resultado sería una convulsión de la más terrible especie; toda la masa metálica brillaría con intensa calor, y la violencia de la reacción solo se reduciría cuando todo el metal se hubiera oxidado. La acción volcánica se ha atribuido a alguna causa similar, pero no hay pruebas suficientes para respaldar esta hipótesis; de hecho, va en contra de la opinión de la mayoría de los filósofos.[200] Tal condición pudo haber existido en algún momento, durante aquel período en que la oscuridad cubría las profundidades y la tierra era un caos; pero aquí se menciona únicamente como ejemplo de la naturaleza violenta de algunos cambios químicos. El potasio, al arrojarse al agua, estalla en llamas, y el sodio lo hace bajo ciertas condiciones. Si estos, o los metales mismos en estado de fina división, se ponen en una atmósfera de cloro, la intensidad de la acción química es tan grande que se vuelven incandescentes, muchos de ellos brillando con extrema intensidad. Si se mezcla gas hidrógeno con este elemento (cloro), se unen, bajo la influencia de la luz, con violencia explosiva, dando lugar a un compuesto, el ácido muriático, que se combina con el agua de manera casi igualmente energética. El nitrógeno, tal como existe en la atmósfera, mezclado con oxígeno, parece casi inerte; con hidrógeno forma el compuesto penetrante, amoníaco; con carbono, el tóxico cianógeno, base del ácido prúsico; con cloro da origen a un líquido de aspecto aceitoso, pero que, al ser simplemente tocado por un cuerpo untuoso, explota con más violencia que cualquier otro compuesto conocido, desintegrando en átomos cualquier recipiente en el que se encuentre; con yodo es solo ligeramente menos violento; y en ciertas combinaciones con plata, mercurio, oro o platino, produce compuestos fulminantes de carácter sumamente peligroso.[201] Aquí tenemos elementos inofensivos cuando están sin combinar, que exhiben los efectos más destructivos si sus combinaciones se ven perturbadas; y en el otro caso tenemos masas inertes producidas a partir de agentes activos e nocivos. Consideramos que cierto número de sustancias son elementales; es decir, que, con el estado actual de nuestros conocimientos, no podemos reducirlas a nada más
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Bajo una condición sencilla, se les considera como los elementos que, mediante su combinación, producen la variedad de sustancias que se encuentran en los tres reinos de la naturaleza. Ya hemos hablado de la constitución atómica de los cuerpos. Ahora queda por explicar la simplicidad y belleza que caracterizan cada variedad de combinación bajo la acción química. Como ejemplo destacado y llamativo, el agua es un compuesto de dos cuerpos gaseosos: oxígeno e hidrógeno. Si descomponemos el agua por medio de electricidad galvánica, o determinamos su composición mediante análisis químico directo, descubriremos que está formada por dos volúmenes de gas hidrógeno, unidos a un volumen de oxígeno; o, en términos de peso, una parte de hidrógeno combinada con ocho partes de oxígeno. Por lo tanto, en 100 partes, deberíamos encontrar: Oxígeno 88,9; Hidrógeno 11,0. De la misma manera, se ha comprobado que el peso teórico del átomo de carbono es 6, y el del nitrógeno 14; mientras que el átomo de hierro es 28, el de plata 108, el de oro 199, y el de platino e iridio, cada uno, 98.[202] Dado que estos son los pesos relativos del átomo indivisible por excelencia, se deduce que todas las combinaciones deben ser de uno a uno, o de uno a dos, tres o cuatro; pero que en ningún caso la combinación puede producirse sino en una proporción múltiple del número equivalente o atómico. Así ocurre en la práctica. El oxígeno, por ejemplo, se combina en uno, dos o tres átomos; su combinación presenta algún múltiplo de su número equivalente, 8, como 16 o 24. De igual modo, la cantidad de átomos de carbono que se combinan es 6, o algún múltiplo de ese número. Cuando esta ley no coincide estrictamente con los resultados analíticos —de los cuales los sesquioxidos son algunos ejemplos—, ello puede atribuirse, sin duda, a algún error en el análisis o en el método de cálculo. Nada puede ser más perfecto que la forma en que la naturaleza regula el orden de las combinaciones. No existe ningún arreglo incierto; pero, por mayor que sea el número de átomos de un elemento en comparación con los de otro, solo aquellos que son necesarios, según esta gran ley natural, para formar el compuesto, se combinan; todos los demás permanecen libres e incombinados. Estos resultados parecen demostrar, sin duda, que las partículas elementales de la materia no tienen la misma gravedad específica. ¿No indican también que cualquier cambio en la gravedad específica del átomo daría lugar a una nueva serie?
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de compuestos, produciendo así aparentemente un nuevo elemento. Seguramente no hay nada irracional en la idea de que las influencias del calor o la electricidad, o de otras fuerzas de las cuales aún no sabemos nada, puedan ser suficientes para provocar tales cambios en los componentes atómicos de esta tierra.
La combinación de átomos elementales tiene lugar bajo la influencia de una fuerza desconocida que nos vemos obligados a expresar mediante un término figurado: afinidad. En algunos casos parece que la tendencia de dos cuerpos a unirse está determinada por la condición eléctrica; pero un examen más detallado del problema, del que no es posible tratar aquí, muestra claramente que algún estado físico, no eléctrico, influye en la capacidad de combinación.
La afinidad química o atracción es la disposición peculiar que tiene un cuerpo para unirse con otro. Para dar algunos ejemplos ilustrativos: el agua y el alcohol se combinan con gran facilidad; tienen una fuerte afinidad entre sí. El agua y el aceite se repelen mutuamente: no tienen afinidad alguna y no se combinarán. Si se añade carbonato de potasio al alcohol y al agua en cantidad suficiente, el agua se separa por completo y el alcohol puro flota sobre el carbonato de potasio hidratado. Si se añade potasio al aceite y al agua, este se combina con el aceite y, al formarse jabón, todos se unen; pero si ahora se añade un poco de ácido a la mezcla, el potasio dejará el aceite para combinarse con el ácido, y el aceite será rechazado como antes y flotará sobre el líquido.
Esto se ha denominado afinidad electiva simple. Estas elecciones se consideraban constantes, y los químicos elaboraron tablas con el fin de mostrar el orden en que ocurrían estas descomposiciones.[203] Así, se demostró que el amoníaco separaría el ácido sulfúrico de la magnesia, la cal lo separaría del amoníaco, el potasio o la sosa de la cal, y el bario del potasio o la sosa. Se pensaba que el orden inverso no ocurriría, pero investigaciones recientes han mostrado que los resultados se modifican según la cantidad y algunas otras condiciones.
A menudo ocurre que tenemos una acción compuesta de este tipo en la que se indica una doble elección. Se mezclan sulfato de cal y carbonato de amoníaco en solución, y como resultado se forman un carbonato de cal y un sulfato de amoníaco. Ahora, en tales casos, lo más probable es que ocurra únicamente una atracción electiva simple, y el ácido carbónico es capturado por la cal, debido a la gran afinidad que esa sustancia tiene por el ácido carbónico, solo después de haber sido liberado del amoníaco; luego, por la fuerza de cohesión que actúa junto con las capacidades de combinación, la sal insoluble se precipita.[204] Hay algo curioso
La combinación de átomos elementales tiene lugar bajo la influencia de una fuerza desconocida que nos vemos obligados a expresar mediante un término figurado: afinidad. En algunos casos parece que la tendencia de dos cuerpos a unirse está determinada por la condición eléctrica; pero un examen más detallado del problema, del que no es posible tratar aquí, muestra claramente que algún estado físico, no eléctrico, influye en la capacidad de combinación.
La afinidad química o atracción es la disposición peculiar que tiene un cuerpo para unirse con otro. Para dar algunos ejemplos ilustrativos: el agua y el alcohol se combinan con gran facilidad; tienen una fuerte afinidad entre sí. El agua y el aceite se repelen mutuamente: no tienen afinidad alguna y no se combinarán. Si se añade carbonato de potasio al alcohol y al agua en cantidad suficiente, el agua se separa por completo y el alcohol puro flota sobre el carbonato de potasio hidratado. Si se añade potasio al aceite y al agua, este se combina con el aceite y, al formarse jabón, todos se unen; pero si ahora se añade un poco de ácido a la mezcla, el potasio dejará el aceite para combinarse con el ácido, y el aceite será rechazado como antes y flotará sobre el líquido.
Esto se ha denominado afinidad electiva simple. Estas elecciones se consideraban constantes, y los químicos elaboraron tablas con el fin de mostrar el orden en que ocurrían estas descomposiciones.[203] Así, se demostró que el amoníaco separaría el ácido sulfúrico de la magnesia, la cal lo separaría del amoníaco, el potasio o la sosa de la cal, y el bario del potasio o la sosa. Se pensaba que el orden inverso no ocurriría, pero investigaciones recientes han mostrado que los resultados se modifican según la cantidad y algunas otras condiciones.
A menudo ocurre que tenemos una acción compuesta de este tipo en la que se indica una doble elección. Se mezclan sulfato de cal y carbonato de amoníaco en solución, y como resultado se forman un carbonato de cal y un sulfato de amoníaco. Ahora, en tales casos, lo más probable es que ocurra únicamente una atracción electiva simple, y el ácido carbónico es capturado por la cal, debido a la gran afinidad que esa sustancia tiene por el ácido carbónico, solo después de haber sido liberado del amoníaco; luego, por la fuerza de cohesión que actúa junto con las capacidades de combinación, la sal insoluble se precipita.[204] Hay algo curioso
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Hecho relacionado con esta descomposición. Si se mezclan el carbonato de cal y el sulfato de amonio en estado seco, y se exponen, en un recipiente cerrado, a un calor intenso, se forman sulfato de cal y carbonato de amonio. Estos efectos opuestos no son fáciles de explicar. La acción del calor consiste en liberar el ácido carbónico; y solo suponiendo que diferencias considerables de temperatura inviertan las leyes de afinidad podemos comprender este fenómeno. Que a altas temperaturas se producen efectos diferentes de los que prevalecen a bajas temperaturas, lo demuestran experimentos recientes, especialmente los de Boutigny, ya citados al considerar la descomposición por acción calorífica.
Bajo el término afinidad química, que consideramos como una fuerza que actúa a distancias insensibles y produce cambios en los cuerpos, nos conformamos con creer que hemos explicado las grandes operaciones de la naturaleza. Descubrimos que los reinos vegetal y animal están compuestos de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Las montañas de granito de la Tierra, sus colinas de piedra caliza y todas sus demás formaciones geológicas están constituidas por metales y oxígeno, carbono y azufre, dispuestos a establecerse en armoniosa unión en sus lugares adecuados gracias a la afinidad química. Pero, ¿cuál es realmente la fuerza que combina átomo con átomo y une molécula con molécula? ¿Podemos atribuir este proceso al calor? La influencia del calor, aunque a veces ayuda a la combinación al cambiar la forma de los cuerpos, debe considerarse más bien como algo opuesto a la fuerza de cohesión. ¿Se puede pensar que la electricidad es la responsable de este resultado? Durante cada cambio de estado, se manifiestan aquellos fenómenos que denominamos eléctricos; pero con ello solo demostramos la difusión general del principio eléctrico, y en modo alguno mostramos que la electricidad sea la causa del cambio químico. ¿Puede la luz determinar estos cambios? Es evidente que, aunque la luz pueda ser una fuerza perturbadora, no puede ser la causante efectiva; pues muchas de estas descomposiciones y recomposiciones tienen lugar constantemente en las profundidades oscuras y silenciosas de la Tierra, a las que no puede llegar ningún rayo de sol. Es probable que la excitación en la superficie terrestre, producida por la influencia solar, modifique esos cambios. Sin embargo, es cierto que debemos considerar todas las manifestaciones de la fuerza química como dependientes de algunos principios secretos comunes a toda la materia, difundidos por todo el universo, pero modificados por las influencias de los elementos impalpables conocidos y por la fuerza mecánica de la atracción de agregación.
Bajo el término afinidad química, que consideramos como una fuerza que actúa a distancias insensibles y produce cambios en los cuerpos, nos conformamos con creer que hemos explicado las grandes operaciones de la naturaleza. Descubrimos que los reinos vegetal y animal están compuestos de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Las montañas de granito de la Tierra, sus colinas de piedra caliza y todas sus demás formaciones geológicas están constituidas por metales y oxígeno, carbono y azufre, dispuestos a establecerse en armoniosa unión en sus lugares adecuados gracias a la afinidad química. Pero, ¿cuál es realmente la fuerza que combina átomo con átomo y une molécula con molécula? ¿Podemos atribuir este proceso al calor? La influencia del calor, aunque a veces ayuda a la combinación al cambiar la forma de los cuerpos, debe considerarse más bien como algo opuesto a la fuerza de cohesión. ¿Se puede pensar que la electricidad es la responsable de este resultado? Durante cada cambio de estado, se manifiestan aquellos fenómenos que denominamos eléctricos; pero con ello solo demostramos la difusión general del principio eléctrico, y en modo alguno mostramos que la electricidad sea la causa del cambio químico. ¿Puede la luz determinar estos cambios? Es evidente que, aunque la luz pueda ser una fuerza perturbadora, no puede ser la causante efectiva; pues muchas de estas descomposiciones y recomposiciones tienen lugar constantemente en las profundidades oscuras y silenciosas de la Tierra, a las que no puede llegar ningún rayo de sol. Es probable que la excitación en la superficie terrestre, producida por la influencia solar, modifique esos cambios. Sin embargo, es cierto que debemos considerar todas las manifestaciones de la fuerza química como dependientes de algunos principios secretos comunes a toda la materia, difundidos por todo el universo, pero modificados por las influencias de los elementos impalpables conocidos y por la fuerza mecánica de la atracción de agregación.
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Los cuerpos experimentan cambios notables en su forma y presentan características muy diferentes debido a reacciones de varios tipos. Suponemos que se mantiene un arreglo corpuscular permanente mientras el equilibrio de las fuerzas moleculares no se ve perturbado. El agua, por ejemplo, permanece inalterada mientras se mantiene el equilibrio entre el oxígeno y el hidrógeno que la componen, o mientras las oscilaciones de fuerza entre estos elementos combinantes son iguales; pero si se perturba esta fuerza o se genera una nueva acción vibratoria, como al pasar una corriente eléctrica a través del agua o al introducir otro cuerpo capaz de reaccionar con uno de estos sistemas corpusculares, el agua se descompone, liberándose los gases de hidrógeno y oxígeno, o solo uno de ellos se libera, mientras el otro se combina con las moléculas del agente empleado, produciéndose así un nuevo compuesto. Esta es la química, esa ciencia mediante la cual descubrimos todas las combinaciones de la materia.
Al tener motivos para concluir que el átomo se combina con el átomo según un sistema armoniosamente organizado, no puede haber dificultad en concebir que la molécula se une con la molécula de manera regulada por alguna ley igualmente clara. De hecho, fue un descubrimiento de Wenzel, de Friburgo, el de que, en las sales que se descomponen entre sí, el ácido que satura una base también saturará a la otra base; y las observaciones posteriores de Richter, de Berlín, quien asignó números proporcionales a los ácidos y bases, y señaló que la neutralidad de las sales metálicas no cambia durante la precipitación de metales entre sí, lo que allanó el camino hacia la teoría atómica del Dr. Dalton, a quien corresponde en exclusiva la observación de que el equivalente de un cuerpo compuesto es la suma de los equivalentes de sus componentes, así como el descubrimiento de la combinación en proporciones múltiples.
Los elementos de una molécula pueden adoptar un nuevo arreglo entre sí, sin que haya alteración en el número de átomos ni en su peso, dando así lugar a un cuerpo de forma y color diferentes, aunque manteniendo la misma constitución química. Este es el caso de muchos de los compuestos orgánicos de carbono e hidrógeno.
Los elementos de un compuesto pueden desasociarse, liberando así las sustancias diferentes de las que está compuesto. Un trozo de tiza expuesto al calor, debido a la perturbación de su arreglo molecular, cambia de naturaleza: se libera un cuerpo gaseoso, el ácido carbónico, y queda atrás la cal viva (óxido de calcio). Si este ácido carbónico se hace pasar por tubos de metal al rojo vivo, o
Al tener motivos para concluir que el átomo se combina con el átomo según un sistema armoniosamente organizado, no puede haber dificultad en concebir que la molécula se une con la molécula de manera regulada por alguna ley igualmente clara. De hecho, fue un descubrimiento de Wenzel, de Friburgo, el de que, en las sales que se descomponen entre sí, el ácido que satura una base también saturará a la otra base; y las observaciones posteriores de Richter, de Berlín, quien asignó números proporcionales a los ácidos y bases, y señaló que la neutralidad de las sales metálicas no cambia durante la precipitación de metales entre sí, lo que allanó el camino hacia la teoría atómica del Dr. Dalton, a quien corresponde en exclusiva la observación de que el equivalente de un cuerpo compuesto es la suma de los equivalentes de sus componentes, así como el descubrimiento de la combinación en proporciones múltiples.
Los elementos de una molécula pueden adoptar un nuevo arreglo entre sí, sin que haya alteración en el número de átomos ni en su peso, dando así lugar a un cuerpo de forma y color diferentes, aunque manteniendo la misma constitución química. Este es el caso de muchos de los compuestos orgánicos de carbono e hidrógeno.
Los elementos de un compuesto pueden desasociarse, liberando así las sustancias diferentes de las que está compuesto. Un trozo de tiza expuesto al calor, debido a la perturbación de su arreglo molecular, cambia de naturaleza: se libera un cuerpo gaseoso, el ácido carbónico, y queda atrás la cal viva (óxido de calcio). Si este ácido carbónico se hace pasar por tubos de metal al rojo vivo, o
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Al ponerlo en contacto con potasio calentado, se descompone en oxígeno y carbón; el oxígeno se combina con el metal utilizado. El óxido de calcio (cal), si se somete a la acción de una corriente galvánica potente, se convierte en oxígeno y en un metal, el calcio. Así aprendemos que la tiza es un cuerpo compuesto por dos moléculas compuestas: el ácido carbónico, formado por la combinación de un átomo de carbono con dos átomos de oxígeno, y la cal, que resulta de la unión de un átomo de calcio con uno de oxígeno.
La condición necesaria para que se produzca una acción química entre los cuerpos es que estos sean diferentes entre sí. Dos átomos elementales se colocan dentro de las esferas de influencia mutua, y así se forma una molécula compuesta. El oxígeno y el hidrógeno forman agua; el oxígeno y el carbono dan lugar al ácido carbónico; el nitrógeno y el hidrógeno se unen para formar amoníaco; y el cloro y el hidrógeno producen ácido clorhídrico. En todos estos casos se requiere una fuerza externa para llevar los átomos al alcance de su afinidad mutua: la llama, la chispa eléctrica, el actinismo o la intervención de un tercer cuerpo son necesarios en cada caso. Hay otros ejemplos en los que no se necesita tal influencia. El potasio y el oxígeno se unen instantáneamente; el cloro, el yodo y el bromo se combinan de inmediato y con gran violencia con los metales para formar cloruros, yoduros o bromuros.
Con las moléculas compuestas, la acción es en muchos casos igualmente activa, y la combinación se produce fácilmente, como en los casos de los ácidos y los óxidos de algunos metales, que son todos ejemplos de la atracción química más común.
Una molécula elemental o simple y moléculas de compuestos de constitución diferente se reúnen, y de su intercambio de átomos resulta un nuevo compuesto, mientras se libera un elemento. Estos son, en esencia, ejemplos de química analítica. El hidrógeno sulfuroso se mezcla con cloro; el cloro se combina con el hidrógeno y se libera el azufre. Se introduce potasio en agua, y este se combina con el oxígeno del agua, mientras se libera el hidrógeno.
Cuando dos moléculas compuestas se reúnen, pueden descomponerse mutuamente y formar dos nuevos compuestos mediante el intercambio de sus elementos. Bajo ciertas circunstancias, un elemento puede sustituirse por otro. El oro puede ser reemplazado por mercurio; el cobre tomará el lugar del plata; y
La condición necesaria para que se produzca una acción química entre los cuerpos es que estos sean diferentes entre sí. Dos átomos elementales se colocan dentro de las esferas de influencia mutua, y así se forma una molécula compuesta. El oxígeno y el hidrógeno forman agua; el oxígeno y el carbono dan lugar al ácido carbónico; el nitrógeno y el hidrógeno se unen para formar amoníaco; y el cloro y el hidrógeno producen ácido clorhídrico. En todos estos casos se requiere una fuerza externa para llevar los átomos al alcance de su afinidad mutua: la llama, la chispa eléctrica, el actinismo o la intervención de un tercer cuerpo son necesarios en cada caso. Hay otros ejemplos en los que no se necesita tal influencia. El potasio y el oxígeno se unen instantáneamente; el cloro, el yodo y el bromo se combinan de inmediato y con gran violencia con los metales para formar cloruros, yoduros o bromuros.
Con las moléculas compuestas, la acción es en muchos casos igualmente activa, y la combinación se produce fácilmente, como en los casos de los ácidos y los óxidos de algunos metales, que son todos ejemplos de la atracción química más común.
Una molécula elemental o simple y moléculas de compuestos de constitución diferente se reúnen, y de su intercambio de átomos resulta un nuevo compuesto, mientras se libera un elemento. Estos son, en esencia, ejemplos de química analítica. El hidrógeno sulfuroso se mezcla con cloro; el cloro se combina con el hidrógeno y se libera el azufre. Se introduce potasio en agua, y este se combina con el oxígeno del agua, mientras se libera el hidrógeno.
Cuando dos moléculas compuestas se reúnen, pueden descomponerse mutuamente y formar dos nuevos compuestos mediante el intercambio de sus elementos. Bajo ciertas circunstancias, un elemento puede sustituirse por otro. El oro puede ser reemplazado por mercurio; el cobre tomará el lugar del plata; y
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El hierro provocará la separación del cobre de sus soluciones, siendo el propio hierro el que se disuelve para ocupar su lugar; el cloro sustituirá al hidrógeno en los gases de hidrógeno carbureado; y se podrían citar muchos otros ejemplos. Los fenómenos químicos muy frecuentemente adquieren un carácter complejo; y uno, dos o tres de estos casos pueden ocurrir al mismo tiempo en la descomposición de un compuesto por otro. Estas son las características generales de la ciencia química. Se mencionarán muchas particularidades y fenómenos notables relacionados con las investigaciones químicas, a medida que se avance en el estudio de la composición elemental de la materia; pero, aunque la filosofía de la acción química es de gran interés, no debe permitirse que nos detengamos en sus detalles, los cuales, de hecho, corresponden más a un tratado sobre la ciencia que a uno que pretenda hacer nada más que esbozar aquellas características predominantes y llamativas que, al tiempo que iluminan las grandes verdades de la naturaleza, pueden emplearse como ejemplos sugestivos de la tendencia de la investigación científica a ampliar los límites del pensamiento y elevar más la mente, llevándonos desde el proceso meramente mecánico del análisis hasta las grandes operaciones sintéticas mediante las cuales se crea todo lo que se encuentra en la tierra para su adorno o nuestras necesidades.
Entre los fenómenos más notables dentro del ámbito de la química física se encuentran los de la catálisis, o, como también se ha denominado, la “acción de presencia”.[205] Existe un cierto número de cuerpos conocidos por poseer la capacidad de transformar compuestos en nuevas formas, sin experimentar ellos mismos ningún cambio. Kirchoff descubrió que la presencia de un ácido, a una temperatura determinada, convertía al almidón en azúcar y goma, sin que tuviera lugar ninguna combinación con el ácido. Thenard descubrió que el manganeso, el platino, el oro y la plata, e incluso casi cualquier cuerpo orgánico sólido, tenían la capacidad de descomponer el binóxido de hidrógeno simplemente por su presencia, sin que se detectara ninguna acción sobre estos cuerpos. Edmund Davy descubrió que el platino en polvo, humedecido con alcohol, se calentaba al rojo vivo, inflamaba el alcohol y lo convertía en vinagre, sin experimentar él mismo ningún cambio químico. Döbereiner descubrió posteriormente que el platino esponjoso inflamaba una corriente de gas hidrógeno dirigida hacia él, la cual, al combinarse con el oxígeno del aire, formaba agua. Dulong y Thenard observaron la misma propiedad, con diferencias solo en grado, en el iridio, el osmio, el paladio, el oro, la plata e incluso en el vidrio. Investigaciones posteriores han ampliado el número de casos; e incluso se ha descubierto que una placa pulida de platino tiene la capacidad de condensar
Entre los fenómenos más notables dentro del ámbito de la química física se encuentran los de la catálisis, o, como también se ha denominado, la “acción de presencia”.[205] Existe un cierto número de cuerpos conocidos por poseer la capacidad de transformar compuestos en nuevas formas, sin experimentar ellos mismos ningún cambio. Kirchoff descubrió que la presencia de un ácido, a una temperatura determinada, convertía al almidón en azúcar y goma, sin que tuviera lugar ninguna combinación con el ácido. Thenard descubrió que el manganeso, el platino, el oro y la plata, e incluso casi cualquier cuerpo orgánico sólido, tenían la capacidad de descomponer el binóxido de hidrógeno simplemente por su presencia, sin que se detectara ninguna acción sobre estos cuerpos. Edmund Davy descubrió que el platino en polvo, humedecido con alcohol, se calentaba al rojo vivo, inflamaba el alcohol y lo convertía en vinagre, sin experimentar él mismo ningún cambio químico. Döbereiner descubrió posteriormente que el platino esponjoso inflamaba una corriente de gas hidrógeno dirigida hacia él, la cual, al combinarse con el oxígeno del aire, formaba agua. Dulong y Thenard observaron la misma propiedad, con diferencias solo en grado, en el iridio, el osmio, el paladio, el oro, la plata e incluso en el vidrio. Investigaciones posteriores han ampliado el número de casos; e incluso se ha descubierto que una placa pulida de platino tiene la capacidad de condensar
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El hidrógeno y el oxígeno son empujados con tanta fuerza hacia su superficie, que estos gases se combinan y forman agua, con la liberación de calor suficiente para encender el metal.
Esta fuerza, sea cual sea, es común tanto en la naturaleza orgánica como en la inorgánica, y sobre sus propósitos importantes Berzelius hace las siguientes observaciones:—
“Esta fuerza da lugar a numerosas aplicaciones en la naturaleza orgánica; así, solo alrededor de los ojos de la papa existe la diastasa: es por medio de la fuerza catalítica que la diastasa y el almidón, que son insolubles, se convierten en azúcar y en goma, los cuales, al ser solubles, forman el jugo que surge en los brotes de la papa. Este evidente ejemplo de la acción de la fuerza catalítica en una secreción orgánica probablemente no sea el único en el reino animal y vegetal, y en el futuro podría descubrirse que es mediante una acción análoga a la de la fuerza catalítica como se produce la secreción de tales sustancias tan diferentes, todas ellas suministradas por la misma materia: el jugo en las plantas y la sangre en los animales.”[206]
Es, sin duda, a esta agencia peculiar a la que debemos atribuir las acciones anormales que se producen en la sangre de los animales vivos por la adición de cualquier miasma gaseoso o materia putrefacta, de lo cual tenemos, muy probablemente, un terrible ejemplo en el curso del cólera asiático; por lo tanto, el estudio de sus fenómenos se convierte en una parte importante de la higiene pública.
La investigación física nos ha demostrado que todos los cuerpos poseen poderes peculiares, mediante los cuales condensan gases y vapores sobre sus superficies con diferentes grados de intensidad; de hecho, todo cuerpo en la naturaleza puede considerarse como formando su propia atmósfera peculiar. A esta fuerza pertenece, muy probablemente, la catálisis. Sin embargo, han prevalecido diferentes opiniones sobre este tema, y el Dr. Lyon Playfair[207] sostiene que la fuerza catalítica es simplemente una forma modificada de afinidad química, ejercida bajo condiciones particulares.
Sea cual sea la fuerza que produce el cambio químico, actúa de acuerdo con ciertas leyes fijas, y en todas sus transformaciones se aprecia una obediencia a un sistema sumamente armónico.
Es curioso observar el carácter notable de muchas de estas transformaciones naturales de la materia, pero debemos conformarnos con solo unos pocos ejemplos. Por ejemplo:—
Esta fuerza, sea cual sea, es común tanto en la naturaleza orgánica como en la inorgánica, y sobre sus propósitos importantes Berzelius hace las siguientes observaciones:—
“Esta fuerza da lugar a numerosas aplicaciones en la naturaleza orgánica; así, solo alrededor de los ojos de la papa existe la diastasa: es por medio de la fuerza catalítica que la diastasa y el almidón, que son insolubles, se convierten en azúcar y en goma, los cuales, al ser solubles, forman el jugo que surge en los brotes de la papa. Este evidente ejemplo de la acción de la fuerza catalítica en una secreción orgánica probablemente no sea el único en el reino animal y vegetal, y en el futuro podría descubrirse que es mediante una acción análoga a la de la fuerza catalítica como se produce la secreción de tales sustancias tan diferentes, todas ellas suministradas por la misma materia: el jugo en las plantas y la sangre en los animales.”[206]
Es, sin duda, a esta agencia peculiar a la que debemos atribuir las acciones anormales que se producen en la sangre de los animales vivos por la adición de cualquier miasma gaseoso o materia putrefacta, de lo cual tenemos, muy probablemente, un terrible ejemplo en el curso del cólera asiático; por lo tanto, el estudio de sus fenómenos se convierte en una parte importante de la higiene pública.
La investigación física nos ha demostrado que todos los cuerpos poseen poderes peculiares, mediante los cuales condensan gases y vapores sobre sus superficies con diferentes grados de intensidad; de hecho, todo cuerpo en la naturaleza puede considerarse como formando su propia atmósfera peculiar. A esta fuerza pertenece, muy probablemente, la catálisis. Sin embargo, han prevalecido diferentes opiniones sobre este tema, y el Dr. Lyon Playfair[207] sostiene que la fuerza catalítica es simplemente una forma modificada de afinidad química, ejercida bajo condiciones particulares.
Sea cual sea la fuerza que produce el cambio químico, actúa de acuerdo con ciertas leyes fijas, y en todas sus transformaciones se aprecia una obediencia a un sistema sumamente armónico.
Es curioso observar el carácter notable de muchas de estas transformaciones naturales de la materia, pero debemos conformarnos con solo unos pocos ejemplos. Por ejemplo:—
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El azúcar, el ácido oxálico y el ácido cítrico son muy diferentes entre sí, sin embargo están compuestos por los mismos elementos; el primero se utiliza como condimento común, el segundo es un veneno destructivo, y el tercero un ácido beneficioso y saludable: el azúcar se convierte fácilmente en ácido oxálico, y en el proceso de maduración de los frutos, la propia naturaleza convierte el ácido cítrico en azúcar. Asimismo, el almidón, el azúcar y la goma apenas podrían considerarse similares, aunque su única diferencia radica en la forma en que el carbono, el hidrógeno y el oxígeno se combinan. Están compuestos por los mismos principios, en las siguientes proporciones:
Carbono. Hidrógeno. Oxígeno.
Almidón 12 10 10
Azúcar 12 11 11
Goma 12 11 11
Estos grupos isoméricos indican sin duda alguna alguna ley de afinidad que la ciencia aún no ha descubierto. Se podrían dar ejemplos similares e incluso más notables de elementos idénticos que producen compuestos muy diferentes entre sí; pero los anteriores han sido seleccionados por sus características bien conocidas. De hecho, podemos afirmar con certeza que todas las variedades del mundo vegetal —sus fibras leñosas, sus jugos ácidos o alcalinos, las diversas exudaciones de las plantas, sus flores, frutos y semillas, y los numerosos productos que, mediante el arte, se logra obtener para el uso humano— son, todos ellos, compuestos de estos tres elementos, diferenciándose únicamente en las proporciones en que se combinan con nitrógeno, o en algún cambio peculiar de estado en uno u otro de los principios elementales. El químico puede ahora, mediante procesos sencillos, obtener a partir de los residuos de las fábricas esencias de frutas cuyo sabor es igual al de las producciones naturales; y a partir del ácido benzoico, que se obtiene en grandes cantidades en las granjas donde se crían vacas, se producen las esencias más delicadas, que se presentan al mundo como destilados de mil flores. Gracias al impulso que Liebig dio a la química orgánica, nuestro conocimiento sobre la casi infinita variedad de sustancias, de carácter físico extremadamente diferente, que resultan de la combinación de oxígeno, hidrógeno y carbono en proporciones variables, ha aumentado considerablemente. Y la ciencia se encuentra ahora en tal estado que casi causa pesar el descubrimiento de nuevos compuestos orgánicos, hasta que alguna mente diligente se encargue de reducir a una buena clasificación general la inmensa masa de materiales valiosos que se ha obtenido.
Carbono. Hidrógeno. Oxígeno.
Almidón 12 10 10
Azúcar 12 11 11
Goma 12 11 11
Estos grupos isoméricos indican sin duda alguna alguna ley de afinidad que la ciencia aún no ha descubierto. Se podrían dar ejemplos similares e incluso más notables de elementos idénticos que producen compuestos muy diferentes entre sí; pero los anteriores han sido seleccionados por sus características bien conocidas. De hecho, podemos afirmar con certeza que todas las variedades del mundo vegetal —sus fibras leñosas, sus jugos ácidos o alcalinos, las diversas exudaciones de las plantas, sus flores, frutos y semillas, y los numerosos productos que, mediante el arte, se logra obtener para el uso humano— son, todos ellos, compuestos de estos tres elementos, diferenciándose únicamente en las proporciones en que se combinan con nitrógeno, o en algún cambio peculiar de estado en uno u otro de los principios elementales. El químico puede ahora, mediante procesos sencillos, obtener a partir de los residuos de las fábricas esencias de frutas cuyo sabor es igual al de las producciones naturales; y a partir del ácido benzoico, que se obtiene en grandes cantidades en las granjas donde se crían vacas, se producen las esencias más delicadas, que se presentan al mundo como destilados de mil flores. Gracias al impulso que Liebig dio a la química orgánica, nuestro conocimiento sobre la casi infinita variedad de sustancias, de carácter físico extremadamente diferente, que resultan de la combinación de oxígeno, hidrógeno y carbono en proporciones variables, ha aumentado considerablemente. Y la ciencia se encuentra ahora en tal estado que casi causa pesar el descubrimiento de nuevos compuestos orgánicos, hasta que alguna mente diligente se encargue de reducir a una buena clasificación general la inmensa masa de materiales valiosos que se ha obtenido.
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Acumulados, pero que, para todos los fines prácticos, siguen siendo casi inútiles e incomprensibles. Estas combinaciones, casi infinitamente variadas como son, y tan fácilmente producidas y multiplicadas que están casi al alcance de la voluntad del analista orgánico, no son, ninguna de ellas, accidentales: son el resultado de ciertas leyes, y átomo se ha unido con átomo en obediencia directa a principios que han estado en funcionamiento constante a lo largo de todo el tiempo. Son desconocidos; las investigaciones científicas aún no los han descubierto, y el filósofo aún no ha hecho sus deducciones. Deben referirse a algunos principios secretos y fijos de acción, a una fuerza que ha impreso a cada átomo del universo su carácter distintivo. La química nos hace familiarizados con un sistema de orden. Las investigaciones de los analistas han demostrado que todo cuerpo tiene una ley particular de combinación, a la cual está sujeto con precisión matemática; pero no solo debemos considerar la combinación proporcional. Si la alotrofia se manifiesta en el mundo mineral, ciertamente se muestra de manera mucho más llamativa en los reinos vegetal y animal. Hay algunos casos en los cuales los cuerpos parecen combinarse sin ninguna limitación, como el espíritu de vino y el agua, el ácido sulfúrico y el agua; pero estos deben considerarse como condiciones de mezcla más que de combinación química. La composición de los cuerpos es fija e invariable, y una sustancia compuesta, mientras conserve sus propiedades características, debe estar formada por los mismos elementos unidos en las mismas proporciones. Así, el ácido sulfúrico está invariablemente compuesto por 16 partes de azufre y 24 partes de oxígeno. La tiza, ya sea formada por la naturaleza o por el químico, produce 43,71 partes de ácido carbónico y 56,29 partes de cal. La óxida que se forma en la superficie del hierro por acción de la atmósfera es igualmente invariable en su composición, como si hubiera sido formada mediante el ajuste más delicado de pesos por el manipulador más preciso, siendo 28 partes de hierro y 12 partes de oxígeno. Esta ley es la base de toda investigación química, de todas las investigaciones analíticas que dependen del conocimiento que nos brinda, de que solo podemos producir ciertos compuestos inmutables como resultado de nuestras descomposiciones. No estamos en condiciones de ofrecer ninguna explicación que pueda dar cuenta de estas cantidades constantes en la combinación. Se ha avanzado con la explicación de las fuerzas de cohesión y elasticidad, basándose en el hecho de que la solubilidad de una sal en el agua está regulada por la cohesión, y la de un gas por su elasticidad.
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Aunque pueda parecer que algunos casos de combinación química se deben a estas fuerzas —como, por ejemplo, cuando la unión del ácido oxálico o sulfúrico con la cal produce una sal insoluble—, no podemos explicar de este modo las proporciones constantes en las que se unen los metales, el azufre, el oxígeno y cuerpos similares. Es completamente seguro que existe una fuerza o principio, al que aún no hemos dado con él, del cual dependen todos los fenómenos que ahora incluimos bajo el término afinidad química.
Otra ley nos enseña que, cuando los cuerpos compuestos se combinan en más de una proporción, cada unión adicional representa un múltiplo de la proporción de combinación de la primera. No podemos abordar la dificultad que surgen los compuestos submúltiplos: investigaciones futuras podrían hacer que sus leyes sean menos oscuras. Hemos visto que 8 partes de oxígeno se unen con 1 de hidrógeno y 14 de nitrógeno. También se une con 110 de plata, 96 de platino, 40 de potasio, 36 de cloro y 200 partes de mercurio, dando lugar a:
Agua: 9
Óxido nitroso: 22
Óxido de plata: 118
Óxido de platino: 104
Potasa: 48
Óxido de cloro: 44
Óxido de mercurio: 208
En estas proporciones, o en múltiplos de ellas, y en ninguna otra, se unirán estos cuerpos con los ácidos u otros compuestos. Por supuesto, se entiende que se pueden adoptar cualquier otro número, siempre y cuando estén en la misma relación entre sí.[208]
De el descubrimiento de estos arreglos armónicos se dedujo la hermosa teoría atómica a la que ya se ha hecho alusión. De hecho, no parece haber otra forma de explicar estos fenómenos que mediante la hipótesis de que los átomos elementales de los cuerpos tienen relativamente los pesos que les asignamos arbitrariamente como sus cantidades de combinación.
Estas opiniones se ven confirmadas además por el hecho de que los cuerpos gaseosos se unen entre sí por volumen en proporciones muy simples y definidas: 100 medidas de hidrógeno y 200 medidas de oxígeno forman agua; 100 medidas de oxígeno y 100 medidas de vapor de azufre forman gas de ácido sulfuroso.
Otra ley nos enseña que, cuando los cuerpos compuestos se combinan en más de una proporción, cada unión adicional representa un múltiplo de la proporción de combinación de la primera. No podemos abordar la dificultad que surgen los compuestos submúltiplos: investigaciones futuras podrían hacer que sus leyes sean menos oscuras. Hemos visto que 8 partes de oxígeno se unen con 1 de hidrógeno y 14 de nitrógeno. También se une con 110 de plata, 96 de platino, 40 de potasio, 36 de cloro y 200 partes de mercurio, dando lugar a:
Agua: 9
Óxido nitroso: 22
Óxido de plata: 118
Óxido de platino: 104
Potasa: 48
Óxido de cloro: 44
Óxido de mercurio: 208
En estas proporciones, o en múltiplos de ellas, y en ninguna otra, se unirán estos cuerpos con los ácidos u otros compuestos. Por supuesto, se entiende que se pueden adoptar cualquier otro número, siempre y cuando estén en la misma relación entre sí.[208]
De el descubrimiento de estos arreglos armónicos se dedujo la hermosa teoría atómica a la que ya se ha hecho alusión. De hecho, no parece haber otra forma de explicar estos fenómenos que mediante la hipótesis de que los átomos elementales de los cuerpos tienen relativamente los pesos que les asignamos arbitrariamente como sus cantidades de combinación.
Estas opiniones se ven confirmadas además por el hecho de que los cuerpos gaseosos se unen entre sí por volumen en proporciones muy simples y definidas: 100 medidas de hidrógeno y 200 medidas de oxígeno forman agua; 100 medidas de oxígeno y 100 medidas de vapor de azufre forman gas de ácido sulfuroso.
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El gas amoniacal está compuesto por 300 volúmenes de hidrógeno y 100 volúmenes de nitrógeno, que al combinarse se condensan en 200 volúmenes; en consecuencia, podemos calcular con facilidad la densidad específica del gas amoniacal. La densidad específica del nitrógeno es 0,9722, y la del hidrógeno, 0,0694. Ahora, tres volúmenes de hidrógeno equivalen a 0,2082; sumado a 0,9722, da como resultado 1,1804, que es exactamente la densidad específica obtenida experimentalmente. No hay duda, dada la universalidad de esta ley de los volúmenes, de que se extendería a todas las sustancias, siempre y cuando pudieran ser convertidas en estado gaseoso; en otras palabras, existen pruebas abundantes que nos convencen de que en toda la naturaleza opera el proceso de combinación, en la proporción de volúmenes más simple, para producir todas las formas de materia que conocemos. Las investigaciones realizadas por el Dr. Dalton en 1840 demostraron que las sales que contienen agua de cristalización se disuelven en agua sin aumentar el volumen del líquido más de lo que corresponde a la licuefacción del agua contenida en dichas sales; mientras que Joule y Playfair demostraron que las sales anhidras no ocupan espacio alguno en solución. De esto se deduce naturalmente que el volumen ocupado por una sal en estado sólido tiene una relación determinada con el volumen de la misma sal cuando está en solución, y también tiene una relación fija con el volumen ocupado por cualquier otra sal. La ley parece ser la siguiente: el volumen atómico de cualquier sal, ya sea anhidra o hidratada, es un múltiplo de 11, o de un número cercano a 11, o un múltiplo de 9,8 (el volumen atómico del hielo), o la suma de un múltiplo de 11 o de 9,8. Marignac, quien también prestó mucha atención a este tema, no considera que estos números sean absolutamente correctos, sino solo aproximados.[209] Sería una hermosa ilustración de la simplicidad de los procesos naturales si se pudiera demostrar claramente que el volumen atómico del agua sólida (hielo) regulaba las proporciones de combinación por volumen de todos los demás cuerpos; que era el estándar según el cual se determinaban la combinación química y la solución ordinaria. Además de las leyes ya indicadas, parecen existir otras algunas de las cuales, por el momento, tenemos un conocimiento menos satisfactorio. Como caso notable, podemos mencionar los fenómenos de sustitución, o esa capacidad que un cuerpo elemental, bajo ciertas condiciones, posee para reemplazar uno de los elementos de un compuesto y ocupar su lugar.[210] Así, el hidrógeno de un radical compuesto, como el hidrógeno carbureado, puede ser reemplazado por cloro, en proporciones equivalentes, formando así un cloruro de carbono.
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Al ser construidos del mismo tipo que el original, seguirán las mismas leyes generales de combinación. Bajo la influencia de estas leyes, tienen lugar todas las combinaciones que descubrimos en la naturaleza. Los metales, el oxígeno, el azufre y el fósforo se unen. Los elementos de tipo orgánico, al establecer relaciones muy estrechas entre sí, dan origen a toda forma de vida vegetal. Los ácidos, las gomas, las resinas y el azúcar que producen las plantas; así como esas sustancias animales aún más complejas, como el hueso, el músculo, la sangre y la bilis; la albúmina, la caseína, la leche, junto con aquellos compuestos que, bajo la influencia de la fuerza vital, se transforman en sustancias esenciales para la existencia, la salud y la belleza de la estructura animal, dependen todos de estas leyes. Pero estas metamorfosis deben ser analizadas más a fondo en nuestro estudio de los casos más notables de acción química. Los cambios que resultan de la combinación orgánica son tan sorprendentes, y además demuestran hasta qué punto todo el mundo material está sometido a la fuerza química y cada variedad de forma es resultado de una combinación misteriosa, que se hace necesaria una referencia específica a estas metamorfosis.
En casi todos los casos de acción química marcada, desaparece cualquier rastro de las características de los cuerpos que se combinan. Decimos “acción química marcada” porque, aunque el ácido sulfúrico y el agua se combinan y las sales se disuelven en el agua, siempre podemos reconocer su presencia; por lo tanto, estos y casos similares no pueden considerarse ejemplos estrictos de los fenómenos que estamos analizando. El hidrógeno y el oxígeno, al combinarse, pierden sus formas gaseosas y se condensan en un líquido: el agua. El ácido sulfúrico es extremadamente ácido y corrosivo; el potasio es altamente cáustico; pero al combinarse forman una sal que no posee ninguna de estas propiedades: parece que han destruido las características distintivas de cada uno. Los cuerpos combinados ocupan con frecuencia menos espacio que antes de la combinación, y se podrían citar numerosos ejemplos concretos de ello. En muchos casos, los gases experimentan una notable condensación cuando se combinan químicamente. En la cal hidratada, el agua se solidifica en las moléculas del hidrato de cal formado, y el intenso calor generado proviene de la liberación de esa energía calorífica que se había empleado para mantener el agua en estado líquido. Cuando un sólido pasa al estado líquido, se produce frío debido a la absorción, por parte de los objetos circundantes, del calor necesario para lograr la fluidez. Se produce un cambio de temperatura cada vez que tiene lugar un cambio químico, como ya hemos demostrado, con pocas excepciones triviales e inciertas.
En casi todos los casos de acción química marcada, desaparece cualquier rastro de las características de los cuerpos que se combinan. Decimos “acción química marcada” porque, aunque el ácido sulfúrico y el agua se combinan y las sales se disuelven en el agua, siempre podemos reconocer su presencia; por lo tanto, estos y casos similares no pueden considerarse ejemplos estrictos de los fenómenos que estamos analizando. El hidrógeno y el oxígeno, al combinarse, pierden sus formas gaseosas y se condensan en un líquido: el agua. El ácido sulfúrico es extremadamente ácido y corrosivo; el potasio es altamente cáustico; pero al combinarse forman una sal que no posee ninguna de estas propiedades: parece que han destruido las características distintivas de cada uno. Los cuerpos combinados ocupan con frecuencia menos espacio que antes de la combinación, y se podrían citar numerosos ejemplos concretos de ello. En muchos casos, los gases experimentan una notable condensación cuando se combinan químicamente. En la cal hidratada, el agua se solidifica en las moléculas del hidrato de cal formado, y el intenso calor generado proviene de la liberación de esa energía calorífica que se había empleado para mantener el agua en estado líquido. Cuando un sólido pasa al estado líquido, se produce frío debido a la absorción, por parte de los objetos circundantes, del calor necesario para lograr la fluidez. Se produce un cambio de temperatura cada vez que tiene lugar un cambio químico, como ya hemos demostrado, con pocas excepciones triviales e inciertas.
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La perturbación causada por el ejercicio de la fuerza de afinidad con frecuencia conduce al desarrollo de varias facultades físicas. A menudo se producen cambios de color; de hecho, no parece haber ninguna relación entre el color de un compuesto y el de sus elementos. El yodo es de un color gris hierro intenso; su vapor es violeta; sin embargo, forma sales de hermoso color blanco con las bases, una sal roja espléndida con el mercurio y una amarilla con el plomo. Las sales del hierro varían desde el blanco y el amarillo hasta el verde y el marrón oscuro. Las del cobre, un metal rojo, son de un hermoso color azul y verde, y el sulfato anhidro es blanco.
El isomorfismo, que se manifiesta de manera muy notable entre los compuestos orgánicos, ya ha llamado nuestra atención bajo el concepto de cristalización. También existe una clase de cuerpos que se dice que son isoméricos; es decir, que tienen la misma composición, aunque difieren en sus características físicas. Pero la idea de que existan cuerpos que, aunque tengan un carácter externo claramente diferente, poseen exactamente la misma composición química y condiciones físicas, no es sostenible; y en casi todos los ejemplos que han sido examinados cuidadosamente, se ha detectado una diferencia en el número total de átomos, o en la forma en que esos átomos se han dispuesto respectivamente, o esa diferencia física peculiar denominada alotropía.
El aceite de trementina y el aceite de limón tienen la misma composición, ya que cada uno está formado por cinco equivalentes de carbono y cuatro de hidrógeno. Estas sustancias, debido a la marcada diferencia perceptible en sus características externas, constituyen un buen ejemplo de isomorfismo.
Sin embargo, las leyes de la química orgánica no son las mismas que las que rigen a las combinaciones inorgánicas. La química orgánica ha sido bien definida por Liebig como la química de los radicales compuestos; y bajo la influencia de la vitalidad, la naturaleza produce compuestos que poseen todas las propiedades de los elementos simples.[211]
Cuando reflexionamos sobre las condiciones que prevalecen en toda la naturaleza, de las cuales solo algunas han sido conocidas por la ciencia, no podemos dejar de sorprendernos ante las diversas fases de la existencia que se presentan a nuestra observación, y ante el sistema armónico del cual parecen depender todas ellas.
El isomorfismo, que se manifiesta de manera muy notable entre los compuestos orgánicos, ya ha llamado nuestra atención bajo el concepto de cristalización. También existe una clase de cuerpos que se dice que son isoméricos; es decir, que tienen la misma composición, aunque difieren en sus características físicas. Pero la idea de que existan cuerpos que, aunque tengan un carácter externo claramente diferente, poseen exactamente la misma composición química y condiciones físicas, no es sostenible; y en casi todos los ejemplos que han sido examinados cuidadosamente, se ha detectado una diferencia en el número total de átomos, o en la forma en que esos átomos se han dispuesto respectivamente, o esa diferencia física peculiar denominada alotropía.
El aceite de trementina y el aceite de limón tienen la misma composición, ya que cada uno está formado por cinco equivalentes de carbono y cuatro de hidrógeno. Estas sustancias, debido a la marcada diferencia perceptible en sus características externas, constituyen un buen ejemplo de isomorfismo.
Sin embargo, las leyes de la química orgánica no son las mismas que las que rigen a las combinaciones inorgánicas. La química orgánica ha sido bien definida por Liebig como la química de los radicales compuestos; y bajo la influencia de la vitalidad, la naturaleza produce compuestos que poseen todas las propiedades de los elementos simples.[211]
Cuando reflexionamos sobre las condiciones que prevalecen en toda la naturaleza, de las cuales solo algunas han sido conocidas por la ciencia, no podemos dejar de sorprendernos ante las diversas fases de la existencia que se presentan a nuestra observación, y ante el sistema armónico del cual parecen depender todas ellas.
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Cuando descubrimos que los cuerpos están formados por ciertos átomos determinados, que se unen entre sí según un sistema aritmético para formar moléculas, y que estas, al combinarse con otras moléculas, obedecen una ley similar, comprendemos de inmediato que todas las armonías de la combinación química —las proporciones definidas, las leyes del volumen y cosas por el estilo— no son más que las consecuencias necesarias de estos principios simples y rectores. En la búsqueda de la verdad, los investigadores deben descubrir aún otros arreglos, cuya perfección puede compararse con la mezcla melódica de sonidos dulces; y muchas de las combinaciones aparentemente indeterminadas demostrarán, sin duda, ser tan definidas como cualquier otra. Pero no podemos dejar de reflexionar sobre el hecho de que estos átomos y estas moléculas son guiados en sus combinaciones por impulsos que solo podemos explicar remitiéndonos a las pasiones humanas, tal como implica el término afinidad electiva, sin sentir que un misterio impenetrable, de carácter grandioso y sorprendente en sus manifestaciones, rodea cada grano de polvo que es arrastrado por el viento. Ahora, habitualmente, hablamos de atracción y repulsión, de la afinidad y no afinidad de los cuerpos. A partir del descubrimiento de los polos atractivos y repulsivos de las sustancias electrificadas, tendemos a considerar que estas fuerzas dependen en todos los casos de algún estado eléctrico, y escribimos eruditamente sobre las leyes de estas fuerzas. Al fin y al cabo, sería más honesto admitir que no sabemos nada más sobre los impulsos secretos que regulan las combinaciones de la materia que aquellos que se conformaban con atribuir todos estos fenómenos a simpatías y antipatías: términos que tienen un significado poético, que transmiten con bastante claridad el hecho y dan la idea de un sentimiento —una pasión— que involucra y dirige la materia inanimada, similar a aquella que agita el corazón humano, y que ciertamente sirve para dar la impresión de que existe dentro de todas las cosas un principio vivo, y que, de hecho, apunta a “el alma del mundo”. La piedra animada de las historias antiguas es mucho menos maravillosa que el hecho, comprobado mediante investigaciones, de que cada átomo de la materia está penetrado por un principio que dirige sus movimientos y ordena sus posiciones, y está influenciado por una fuerza que se extiende, sin límites, a todos los demás átomos, y que determina su unión o no. Tenemos la gravedad, que atrae toda la materia hacia un centro común y actúa desde todos los cuerpos, en las vastas regiones del espacio inmensurable, sobre todos ellos. Tenemos la cohesión, que mantiene unidas las partículas de la materia, actuando únicamente a distancias demasiado pequeñas para que el matemático pueda medirlas; y también tenemos…
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Atracción química, diferente a cualquiera de estas, que actúa con no menos misterio a distancias absolutamente insignificantes, y, mediante el ejercicio de su poder oculto, da formas determinadas y fijas a todo tipo de creación material.
Los seres espirituales que el poeta de la naturaleza inculta puso en el bosque, en el valle, en la montaña, en el lago, en el río y en el océano, que actúan en sus funciones secretas y dan forma al hombre de lo bello o de lo sublime, no son más que creaciones débiles de una mente finita, aunque tengan para nosotros un encanto al que todos los hombres obedecen inconscientemente, incluso cuando se niegan a admitirlo. Son como el resultado del trabajo del escultor, quien, en sus altos sueños de amor y belleza sublimada, crea a partir del bloque de mármol una figura de la más exquisita forma que imita la vida. Nos encanta por un tiempo; la miramos una y otra vez, y sus primeros encantos desaparecen; sigue siendo siempre ese mismo montón muerto de piedra tallada. No tiene el poder de presentar a nuestros ojos cansados el cambio que solo la vida permite a la materia dar; reconocemos la excelencia del artista, pero dejamos de sentir algo ante su obra. Las creaciones de la poesía son agradables, pero nunca afectan la mente de la misma manera que las realidades poéticas de la naturaleza. El silfo que humedece un lirio es un dulce sueño; pero los pensamientos que surgen cuando primero aprendemos que sus hojas anchas y hermosas de color verde oscuro, y su flor pura y delicada, son el resultado de la alquimia que transforma partículas groseras de materia en formas simétricas, de un poder que actúa sin cesar bajo la guía de la luz, el calor y la fuerza eléctrica, tienen, una vez pasada nuestra incredulidad —pues es demasiado maravilloso para que los incultos lo crean de inmediato—, un carácter exaltante.
La flor ha crecido bajo el impulso de principios que han llegado hasta ella a través de los rayos solares y se han mezclado con su sustancia. Una piedra es simplemente una piedra para la mayoría de las personas. Pero dentro de las grietas de la piedra, y envolviéndola como una atmósfera, hay influencias grandes y poderosas, fuerzas que son temibles en sus operaciones más grandiosas y maravillosas en sus desarrollos más suaves. La piedra y la flor contienen, encerradas en sus recovecos, las tres grandes fuerzas conocidas: la luz, el calor y la electricidad; y, muy probablemente, otras de naturaleza aún más elevada, a las cuales estas fuerzas no son más que agentes subordinados. Tales son los hechos de la ciencia, que, de hecho, son los verdaderos “sermones en piedras” y los más musicales de los “lenguajes en los árboles”. ¡Cuán débiles son las creaciones del romanticismo, comparadas con los descubrimientos de la ciencia! Una ofrece materia para la meditación y da origen a pensamientos de la más alta índole.
Los seres espirituales que el poeta de la naturaleza inculta puso en el bosque, en el valle, en la montaña, en el lago, en el río y en el océano, que actúan en sus funciones secretas y dan forma al hombre de lo bello o de lo sublime, no son más que creaciones débiles de una mente finita, aunque tengan para nosotros un encanto al que todos los hombres obedecen inconscientemente, incluso cuando se niegan a admitirlo. Son como el resultado del trabajo del escultor, quien, en sus altos sueños de amor y belleza sublimada, crea a partir del bloque de mármol una figura de la más exquisita forma que imita la vida. Nos encanta por un tiempo; la miramos una y otra vez, y sus primeros encantos desaparecen; sigue siendo siempre ese mismo montón muerto de piedra tallada. No tiene el poder de presentar a nuestros ojos cansados el cambio que solo la vida permite a la materia dar; reconocemos la excelencia del artista, pero dejamos de sentir algo ante su obra. Las creaciones de la poesía son agradables, pero nunca afectan la mente de la misma manera que las realidades poéticas de la naturaleza. El silfo que humedece un lirio es un dulce sueño; pero los pensamientos que surgen cuando primero aprendemos que sus hojas anchas y hermosas de color verde oscuro, y su flor pura y delicada, son el resultado de la alquimia que transforma partículas groseras de materia en formas simétricas, de un poder que actúa sin cesar bajo la guía de la luz, el calor y la fuerza eléctrica, tienen, una vez pasada nuestra incredulidad —pues es demasiado maravilloso para que los incultos lo crean de inmediato—, un carácter exaltante.
La flor ha crecido bajo el impulso de principios que han llegado hasta ella a través de los rayos solares y se han mezclado con su sustancia. Una piedra es simplemente una piedra para la mayoría de las personas. Pero dentro de las grietas de la piedra, y envolviéndola como una atmósfera, hay influencias grandes y poderosas, fuerzas que son temibles en sus operaciones más grandiosas y maravillosas en sus desarrollos más suaves. La piedra y la flor contienen, encerradas en sus recovecos, las tres grandes fuerzas conocidas: la luz, el calor y la electricidad; y, muy probablemente, otras de naturaleza aún más elevada, a las cuales estas fuerzas no son más que agentes subordinados. Tales son los hechos de la ciencia, que, de hecho, son los verdaderos “sermones en piedras” y los más musicales de los “lenguajes en los árboles”. ¡Cuán débiles son las creaciones del romanticismo, comparadas con los descubrimientos de la ciencia! Una ofrece materia para la meditación y da origen a pensamientos de la más alta índole.
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Carácter ennoblecedor; el otro excita por un momento y deja la mente vacía o enferma. El primero, al igual que la atmósfera, proporciona un suministro constante de la sustancia más saludable; el segundo da un estímulo antinatural, que obliga a una renovación del mismo tipo de excitación, para mantener la continuidad de sus sensaciones placenteras.
NOTAS AL PIE:
[200] Todos los fenómenos relacionados con la actividad volcánica, y las teorías asociadas a ella, se encuentran en la obra del Dr. Daubeny, *Descripción de volcanes activos y extintos, de terremotos y de fuentes termales*, 1848.
[201] *Elementos de Química* de Graham. Nueva edición.
[202] *Elementos de Química* de Graham; y *Manual* de Brande.
[203] De estas tablas de atracción, las siguientes pueden servir como ejemplo:—
Ácido sulfúrico.
Bario.
Stroncio.
Potasio.
Soda.
Cal.
Magnesio.
Amoníaco.
Así, parece que el bario separa el ácido sulfúrico de sus compuestos con todas las sustancias inferiores, y que el amoníaco se separa del ácido por todas aquellas que están por encima de él.
[204] Berthollet: *Essai de Statique Chimique*, 1803. Sir Humphry Davy, en sus *Elementos de Filosofía Química*, ha ofrecido una excelente reseña de las opiniones de Berthollet.
[205] Sobre ciertas combinaciones de un nuevo ácido, formado por nitrógeno, azufre y oxígeno; por J. Pelouze. Traducido de *Annales de Chimie*, vol. XVI, para *Scientific Memoirs*, vol. I, p. 470. Algunas ideas sobre una nueva fuerza que actúa en las combinaciones de compuestos orgánicos, por Berzelius: *Annales de Chimie*, vol. LXI. La conclusión a la que llega este eminente químico se expresa en la siguiente traducción: “Esta nueva fuerza, hasta ahora desconocida, es común tanto en la naturaleza orgánica como en la inorgánica. No creo que sea una fuerza completamente independiente de las afinidades electroquímicas de la sustancia. Creo, por el contrario, que es simplemente una nueva forma de ellas; pero mientras no veamos su conexión y dependencia mutua, será más conveniente describirla con un nombre distinto. Por lo tanto, la llamaré fuerza catalítica: también denominaré catalisis la descomposición de los cuerpos por esta fuerza, de la misma manera que la descomposición de los cuerpos por afinidad química se denomina análisis”.
NOTAS AL PIE:
[200] Todos los fenómenos relacionados con la actividad volcánica, y las teorías asociadas a ella, se encuentran en la obra del Dr. Daubeny, *Descripción de volcanes activos y extintos, de terremotos y de fuentes termales*, 1848.
[201] *Elementos de Química* de Graham. Nueva edición.
[202] *Elementos de Química* de Graham; y *Manual* de Brande.
[203] De estas tablas de atracción, las siguientes pueden servir como ejemplo:—
Ácido sulfúrico.
Bario.
Stroncio.
Potasio.
Soda.
Cal.
Magnesio.
Amoníaco.
Así, parece que el bario separa el ácido sulfúrico de sus compuestos con todas las sustancias inferiores, y que el amoníaco se separa del ácido por todas aquellas que están por encima de él.
[204] Berthollet: *Essai de Statique Chimique*, 1803. Sir Humphry Davy, en sus *Elementos de Filosofía Química*, ha ofrecido una excelente reseña de las opiniones de Berthollet.
[205] Sobre ciertas combinaciones de un nuevo ácido, formado por nitrógeno, azufre y oxígeno; por J. Pelouze. Traducido de *Annales de Chimie*, vol. XVI, para *Scientific Memoirs*, vol. I, p. 470. Algunas ideas sobre una nueva fuerza que actúa en las combinaciones de compuestos orgánicos, por Berzelius: *Annales de Chimie*, vol. LXI. La conclusión a la que llega este eminente químico se expresa en la siguiente traducción: “Esta nueva fuerza, hasta ahora desconocida, es común tanto en la naturaleza orgánica como en la inorgánica. No creo que sea una fuerza completamente independiente de las afinidades electroquímicas de la sustancia. Creo, por el contrario, que es simplemente una nueva forma de ellas; pero mientras no veamos su conexión y dependencia mutua, será más conveniente describirla con un nombre distinto. Por lo tanto, la llamaré fuerza catalítica: también denominaré catalisis la descomposición de los cuerpos por esta fuerza, de la misma manera que la descomposición de los cuerpos por afinidad química se denomina análisis”.
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[206] Berzelius: Annales de Chimie, vol. lxi.
[207] Sobre las transformaciones producidas por cuerpos catalíticos: por Lyon Playfair, Esq.; Phil. Mag., vol. xxxi, p. 191, 1847.—“Se han presentado hechos que demuestran que existe al menos tanta probabilidad de que la fuerza catalítica sea simplemente una forma modificada de afinidad química ejercida bajo condiciones particulares, como de atribuirla a una fuerza desconocida o a la transmisión de un movimiento interno a los átomos de una molécula compleja. Se han citado numerosos casos en los cuales la acción tiene lugar cuando el cuerpo auxiliar o catalítico no se encuentra en estado de cambio; y se han hecho intentos para demostrar, mediante nuevos experimentos, que el poder catalítico ejerce su influencia actuando en la misma dirección que el cuerpo que se descompone o se une, pero en condiciones en las cuales su propia afinidad no siempre puede satisfacerse.”
[208] Consulte Química de Graham, Sobre las proporciones de combinación.
[209] Memoria sobre el volumen atómico y la gravedad específica. Sres. Lyon Playfair y Joule.—Philosophical Magazine, vol. xxvii, p. 453, o Transactions of Chemical Society of London. Observaciones al respecto, del profesor de Marignac.—Bibliothèque Universelle, febrero de 1846. Sobre la relación entre los volúmenes de los cuerpos en estado sólido y sus equivalentes, o pesos atómicos: por el profesor Otto. Estudios sobre la conexión entre los pesos atómicos, la forma cristalina y la densidad de los cuerpos: por M. Filhol. Traducido para la Sociedad Cavendish y publicado en sus Chemical Reports and Memoirs.
[210] Comptes Rendus de l’Académie des Sciences, 1840, n.º 5. Una buena traducción de la memoria de Dumas apareció en el Philosophical Magazine, del cual extraigo la siguiente exposición conocida de las leyes de sustitución:—“Permitanme hacer una comparación basada en una idea familiar. Imaginemos a una persona que observa una partida de ajedrez sin tener el menor conocimiento del juego. Pronto se daría cuenta de que las piezas deben utilizarse según reglas estrictas. En química, los equivalentes son nuestras piezas, y la ley de sustitución es una de las reglas que rigen sus movimientos. Y así como en el movimiento oblicuo de los peones uno debe sustituirse por otro, en los fenómenos de sustitución un elemento debe ocupar el lugar de otro. Pero esto no impide que el peón avance sin tomar nada, del mismo modo que la ley de sustitución no impide que un elemento actúe sobre un cuerpo sin desplazar ni ocupar el lugar de ningún otro elemento que pueda contener.”—Memoria sobre la ley de sustituciones y teoría de los tipos químicos.
[211] Química de Liebig y su aplicación a la agricultura y la fisiología: traducida por Lyon Playfair, Ph. D. Química animal, o Química y su aplicación a la fisiología y la patología: por Justus Liebig; traducida por Wm. Gregory.
[207] Sobre las transformaciones producidas por cuerpos catalíticos: por Lyon Playfair, Esq.; Phil. Mag., vol. xxxi, p. 191, 1847.—“Se han presentado hechos que demuestran que existe al menos tanta probabilidad de que la fuerza catalítica sea simplemente una forma modificada de afinidad química ejercida bajo condiciones particulares, como de atribuirla a una fuerza desconocida o a la transmisión de un movimiento interno a los átomos de una molécula compleja. Se han citado numerosos casos en los cuales la acción tiene lugar cuando el cuerpo auxiliar o catalítico no se encuentra en estado de cambio; y se han hecho intentos para demostrar, mediante nuevos experimentos, que el poder catalítico ejerce su influencia actuando en la misma dirección que el cuerpo que se descompone o se une, pero en condiciones en las cuales su propia afinidad no siempre puede satisfacerse.”
[208] Consulte Química de Graham, Sobre las proporciones de combinación.
[209] Memoria sobre el volumen atómico y la gravedad específica. Sres. Lyon Playfair y Joule.—Philosophical Magazine, vol. xxvii, p. 453, o Transactions of Chemical Society of London. Observaciones al respecto, del profesor de Marignac.—Bibliothèque Universelle, febrero de 1846. Sobre la relación entre los volúmenes de los cuerpos en estado sólido y sus equivalentes, o pesos atómicos: por el profesor Otto. Estudios sobre la conexión entre los pesos atómicos, la forma cristalina y la densidad de los cuerpos: por M. Filhol. Traducido para la Sociedad Cavendish y publicado en sus Chemical Reports and Memoirs.
[210] Comptes Rendus de l’Académie des Sciences, 1840, n.º 5. Una buena traducción de la memoria de Dumas apareció en el Philosophical Magazine, del cual extraigo la siguiente exposición conocida de las leyes de sustitución:—“Permitanme hacer una comparación basada en una idea familiar. Imaginemos a una persona que observa una partida de ajedrez sin tener el menor conocimiento del juego. Pronto se daría cuenta de que las piezas deben utilizarse según reglas estrictas. En química, los equivalentes son nuestras piezas, y la ley de sustitución es una de las reglas que rigen sus movimientos. Y así como en el movimiento oblicuo de los peones uno debe sustituirse por otro, en los fenómenos de sustitución un elemento debe ocupar el lugar de otro. Pero esto no impide que el peón avance sin tomar nada, del mismo modo que la ley de sustitución no impide que un elemento actúe sobre un cuerpo sin desplazar ni ocupar el lugar de ningún otro elemento que pueda contener.”—Memoria sobre la ley de sustituciones y teoría de los tipos químicos.
[211] Química de Liebig y su aplicación a la agricultura y la fisiología: traducida por Lyon Playfair, Ph. D. Química animal, o Química y su aplicación a la fisiología y la patología: por Justus Liebig; traducida por Wm. Gregory.
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CAPÍTULO XII.
FENÓMENOS QUÍMICOS.
Agua—Sus componentes—Oxígeno—Hidrógeno—Peróxido de hidrógeno—Propiedades físicas del agua—Hielo—Agua de mar—Cloro—Ácido muriático—Yodo—Bromo—Compuestos del hidrógeno con el carbono—Quemadura—Llama—Lámpara de seguridad—Respiración—Calor animal—La atmósfera—Ácido carbónico—influencia de las plantas en el aire—Fenómenos químicos de la vegetación—Compuestos de nitrógeno—Reino mineral, etcétera.
Sin intentar nada que se acerque siquiera al carácter de un esbozo de la ciencia química, podemos permitirnos, en nuestra búsqueda por elevar las verdades, seleccionar tales ejemplos de los resultados de la combinación que sirvan para aclarar cualquiera de los hechos relacionados con los fenómenos naturales. Al hacerlo, al asociar nuestro examen con objetos o condiciones naturales bien conocidas, la interpretación que ofrece el análisis será más evidente, y el funcionamiento de las fuerzas creativas resultará más llamativo y familiar, especialmente si al mismo tiempo examinamos aquellas condiciones físicas que actúan conjuntamente y son suficientemente explicativas de características importantes. Una gran parte de este planeta está cubierta por las aguas de los océanos, lagos y ríos. El agua constituye el mejor medio de comunicación entre partes remotas de la tierra. Es de suma importancia en todos los aspectos para el reino animal y vegetal; de hecho, es indispensable en todos los grandes fenómenos del mundo inorgánico. Las particularidades de salinidad o dulzura del agua dependen de sus poderes disolventes. Las aguas del océano son salinas porque contienen diversos compuestos salinos disueltos, que provienen en parte de las plantas marinas y también son transmitidos a ellas. El agua perfectamente pura no tiene sabor: incluso el agradable sabor del agua de manantial recién extraída se debe a la mezcla con aire atmosférico y ácido carbónico. La forma en que el agua absorbe el aire obedece evidentemente a una fuerza física atractiva peculiar, cuyo valor en la actualidad no comprendemos claramente.
FENÓMENOS QUÍMICOS.
Agua—Sus componentes—Oxígeno—Hidrógeno—Peróxido de hidrógeno—Propiedades físicas del agua—Hielo—Agua de mar—Cloro—Ácido muriático—Yodo—Bromo—Compuestos del hidrógeno con el carbono—Quemadura—Llama—Lámpara de seguridad—Respiración—Calor animal—La atmósfera—Ácido carbónico—influencia de las plantas en el aire—Fenómenos químicos de la vegetación—Compuestos de nitrógeno—Reino mineral, etcétera.
Sin intentar nada que se acerque siquiera al carácter de un esbozo de la ciencia química, podemos permitirnos, en nuestra búsqueda por elevar las verdades, seleccionar tales ejemplos de los resultados de la combinación que sirvan para aclarar cualquiera de los hechos relacionados con los fenómenos naturales. Al hacerlo, al asociar nuestro examen con objetos o condiciones naturales bien conocidas, la interpretación que ofrece el análisis será más evidente, y el funcionamiento de las fuerzas creativas resultará más llamativo y familiar, especialmente si al mismo tiempo examinamos aquellas condiciones físicas que actúan conjuntamente y son suficientemente explicativas de características importantes. Una gran parte de este planeta está cubierta por las aguas de los océanos, lagos y ríos. El agua constituye el mejor medio de comunicación entre partes remotas de la tierra. Es de suma importancia en todos los aspectos para el reino animal y vegetal; de hecho, es indispensable en todos los grandes fenómenos del mundo inorgánico. Las particularidades de salinidad o dulzura del agua dependen de sus poderes disolventes. Las aguas del océano son salinas porque contienen diversos compuestos salinos disueltos, que provienen en parte de las plantas marinas y también son transmitidos a ellas. El agua perfectamente pura no tiene sabor: incluso el agradable sabor del agua de manantial recién extraída se debe a la mezcla con aire atmosférico y ácido carbónico. La forma en que el agua absorbe el aire obedece evidentemente a una fuerza física atractiva peculiar, cuyo valor en la actualidad no comprendemos claramente.
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percibir o estimar correctamente. Está compuesto químicamente por dos volúmenes de gas hidrógeno —el cuerpo más ligero conocido y, al mismo tiempo, uno altamente inflamable— unidos a un volumen de oxígeno, que estimula la combustión y continúa esa acción, produciendo calor y luz con gran energía. Por peso, una parte de hidrógeno se une a ocho de oxígeno; o sea, en 100 partes de agua encontramos 88,9 de oxígeno y 11,1 de gas hidrógeno. El hecho de que estos dos elementos se unan para dar lugar a la bebida más refrescante, y de hecho la única bebida natural para los seres humanos y los animales, es uno de los hechos extraordinarios de la ciencia. El hidrógeno no puede sostener la vida: no podemos respirarlo y vivir; y el oxígeno estimularía en exceso el sistema orgánico, provocando una especie de combustión que genera fiebre en el organismo animal; pero, unidos, forman esa bebida, por una sola gota de la cual el monarca aquejado de fiebre daría su diadema, y cuya falta constituye una de las calamidades más horribles que pueden afectar a cualquier ser vivo. El agua aparece como el principio antagonista del fuego, y los estragos de este último son sofocados por las propiedades calmantes de la primera; sin embargo, una mezcla de gases de oxígeno e hidrógeno, en la proporción exacta en que forman agua, explota con la mayor violencia al entrar en contacto con la llama, y, cuando se organiza de manera adecuada, produce el grado más intenso de calor conocido; tal es la notable diferencia entre una mezcla meramente mecánica y una combinación química. Además, ya hemos señalado el hecho sorprendente de que el agua privada de aire es explosiva a una temperatura relativamente baja, inferior a 300°; mientras que la pólvora requiere una temperatura de casi 1000° F. Si colocamos en una esfera gases de oxígeno e hidrógeno, en la proporción exacta en que se combinan para formar agua, permanecen sin cambio de estado. Parecen mezclarse íntimamente; y, a pesar de la diferencia en las densidades específicas de los dos gases, el más ligero se difunde a través del más pesado de una manera curiosa, de acuerdo con una ley que tiene una importancia considerable para las condiciones de los fenómenos atmosféricos.[212] Sin embargo, en el momento en que un cuerpo incandescente o la chispa de una máquina eléctrica entra en contacto con los gases mezclados, estos se encienden, explotan violentamente y se combinan para formar agua. Así, el descubrimiento de la composición del agua fue realizado de forma sintética por Cavendish; su estructura había sido anunciada previamente teóricamente por Watt.[213] Si, en lugar de combinar oxígeno e hidrógeno en las proporciones en que forman agua, obligamos al hidrógeno a combinarse con un adicional
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Equivalente del oxígeno, tenemos un compuesto que posee muchas propiedades sorprendentemente diferentes de las del agua. Este —peróxido de hidrógeno, como se le llama— es un líquido incoloro, menos volátil que el agua y con sabor metálico. Se descompone a bajas temperaturas, y en su punto de ebullición, el oxígeno escapa de él con tal violencia que se produce algo similar a una explosión. Todos los metales, excepto el hierro, el estaño, el antimonio y el telurio, tienen la tendencia a descomponer este compuesto y separarlo en oxígeno y agua. Algunos metales se oxidan durante la descomposición, pero el oro, la plata, el platino y algunos otros conservan su estado metálico. Si se colocan la plata, el plomo, el mercurio, el oro, el platino, el manganeso o el cobalto, en sus estados más altos de oxidación, dentro de un tubo que contiene este peróxido de hidrógeno, su oxígeno se libera con la rapidez de una explosión, y se genera tanta calor que el tubo se calienta hasta quedar rojo vivo. Estos fenómenos, a los que ya nos hemos referido al hablar de la catálisis, no están explicados de manera satisfactoria, y la peculiar propiedad blanqueadora que posee el peróxido de hidrógeno lo distingue suficientemente del agua. Hay pocas combinaciones que muestren de forma más evidente la diferencia que surge de la unión química de un átomo adicional de un elemento. Existen numerosos ejemplos similares en el campo de la ciencia química; pero apenas hay dos que presenten propiedades tan dispares. Durante los procesos ordinarios de combustión, se sabe desde hace tiempo que el agua se forma por la combinación del hidrógeno del cuerpo en combustión con el oxígeno del aire. Las investigaciones recientes de Schönbein han demostrado que, al mismo tiempo, se produce un cuerpo peculiar, que se ha considerado peróxido de hidrógeno y al que él ha dado el nombre de ozono, y que se genera de muchas maneras, especialmente durante los cambios eléctricos en la atmósfera. Así, obtenemos pruebas de que este notable compuesto, que antes se consideraba simplemente una curiosidad química, está muy extendido en la naturaleza y se produce en una gran variedad de circunstancias. Durante la excitación de una máquina eléctrica, o al pasar una corriente galvánica a través del agua mediante la oxidación del fósforo, y probablemente en muchos procesos similares —en particular los de combustión, y por lo tanto también los de respiración— se forma este cuerpo. Según las observaciones realizadas, parece que, durante la noche, cuando la actividad de las plantas no es estimulada por la luz, estas actúan sobre la atmósfera de tal manera que producen este ozono; y se dice que su presencia se indica por su olor peculiar durante las primeras horas de la mañana. Todavía no conocemos este cuerpo lo suficiente como para especular sobre sus usos en la naturaleza: sin duda, son importantes, quizás solo superados por los del agua.
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Solo. Es probable, como ya hemos tenido ocasión de señalar, que el ozono pueda ser el agente activo en la eliminación de esos venenos orgánicos de la atmósfera, a los cuales se pueden atribuir muchas formas de pestilencia; y es un hecho curioso que una baja intensidad eléctrica, y una consiguiente deficiencia de ozono atmosférico, marque la prevalencia del cólera, mientras que un exceso lo hace en el caso de la gripe.[214]
Algunas investigaciones interesantes parecen indicar la probabilidad de que el ozono sea simplemente oxígeno en un estado de alta actividad. De hecho, se ha descubierto que el oxígeno perfectamente seco, que no decolora los colores vegetales en la oscuridad, adquiere, al estar expuesto a la luz solar, la capacidad de destruirlos. Becquerel demostró que este estado ozónico puede producirse en el oxígeno seco al pasar a través de él una sucesión de chispas eléctricas. Fremy pasó las chispas eléctricas por el exterior de un tubo que contenía oxígeno perfectamente seco, y se comprobó que había adquirido las propiedades del ozono. En este caso, y probablemente también en los experimentos de Becquerel, la luz de la chispa, más que la electricidad, parece haber sido el agente activo en producir este cambio.
El propio Schönbein no parece inclinado a considerar al ozono como peróxido de hidrógeno o como un oxígeno alotrópico. Se inclina por su primera opinión, de que se trata de un elemento químico completamente nuevo. La energía de este ozono es tan grande, que se ha descubierto que destruye casi instantáneamente las juntas de caucho indio de los aparatos en los que se forma.[215]
El agua, a partir de cuya consideración se ha permitido una digresión para analizar el carácter curioso de uno de sus elementos, es uno de los agentes químicos más poderosos, con un rango muy amplio de afinidades, participando directamente en la composición de muchos cuerpos cristalizables y compuestos orgánicos. En aquellos casos en que no está combinada como agua, sus elementos suelen existir en las proporciones en que se forma el agua. La goma, el almidón y el azúcar solo difieren entre sí en las proporciones en que los elementos del agua se combinan con el carbono.
En combinaciones salinas, así como en muchas formas orgánicas, debemos considerar el agua como condensada en forma sólida; es decir, como hielo. Sabemos bien que esta condición se produce por la absorción de calor; pero, en las combinaciones químicas, este cambio debe ser el resultado de la fuerza mecánica ejercida por la fuerza que dirige la afinidad.
En el caso del agua que pasa de estado líquido a estado sólido, tenemos un ejemplo maravilloso de la perfección de los procesos naturales. El agua
Algunas investigaciones interesantes parecen indicar la probabilidad de que el ozono sea simplemente oxígeno en un estado de alta actividad. De hecho, se ha descubierto que el oxígeno perfectamente seco, que no decolora los colores vegetales en la oscuridad, adquiere, al estar expuesto a la luz solar, la capacidad de destruirlos. Becquerel demostró que este estado ozónico puede producirse en el oxígeno seco al pasar a través de él una sucesión de chispas eléctricas. Fremy pasó las chispas eléctricas por el exterior de un tubo que contenía oxígeno perfectamente seco, y se comprobó que había adquirido las propiedades del ozono. En este caso, y probablemente también en los experimentos de Becquerel, la luz de la chispa, más que la electricidad, parece haber sido el agente activo en producir este cambio.
El propio Schönbein no parece inclinado a considerar al ozono como peróxido de hidrógeno o como un oxígeno alotrópico. Se inclina por su primera opinión, de que se trata de un elemento químico completamente nuevo. La energía de este ozono es tan grande, que se ha descubierto que destruye casi instantáneamente las juntas de caucho indio de los aparatos en los que se forma.[215]
El agua, a partir de cuya consideración se ha permitido una digresión para analizar el carácter curioso de uno de sus elementos, es uno de los agentes químicos más poderosos, con un rango muy amplio de afinidades, participando directamente en la composición de muchos cuerpos cristalizables y compuestos orgánicos. En aquellos casos en que no está combinada como agua, sus elementos suelen existir en las proporciones en que se forma el agua. La goma, el almidón y el azúcar solo difieren entre sí en las proporciones en que los elementos del agua se combinan con el carbono.
En combinaciones salinas, así como en muchas formas orgánicas, debemos considerar el agua como condensada en forma sólida; es decir, como hielo. Sabemos bien que esta condición se produce por la absorción de calor; pero, en las combinaciones químicas, este cambio debe ser el resultado de la fuerza mecánica ejercida por la fuerza que dirige la afinidad.
En el caso del agua que pasa de estado líquido a estado sólido, tenemos un ejemplo maravilloso de la perfección de los procesos naturales. El agua
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Conduce el calor hacia abajo, pero muy lentamente; una masa de hielo permanecerá sin disolverse a pocos centímetros bajo el agua, sobre cuya superficie arde éter o cualquier otro cuerpo inflamable. Si el hielo (agua sólida) flotara debajo de la superficie, el sol de verano apenas tendría fuerza para derretirlo; y así nuestros lagos y mares se convertirían gradualmente en masas sólidas a nuestras temperaturas invernales habituales.
Todos los cuerpos similares se contraen de manera igual durante el proceso de enfriamiento, desde los puntos más altos hasta los más bajos en los que se han realizado los experimentos. Se ha pensado que si esto se aplicara al agua, el resultado sería la consolidación repentina de toda la masa. Se ha supuesto que tiene lugar una modificación de la ley para adaptarse a las circunstancias particulares del agua. La naturaleza nunca modifica una ley con un propósito específico; por lo tanto, debemos buscar explicar la formación del hielo, tal como la conocemos, mediante algún punto de vista más racional.
El agua se expande con el calor y se contrae con el frío; en consecuencia, las partes más frías de este cuerpo ocupan las zonas más bajas del fluido; pero hay que recordar que estas partes son calentadas por la tierra. Sin embargo, Ross afirma que a una profundidad de 1.000 brazas, el mar mantiene una temperatura constante de 39°. Se dice que el agua alcanza su punto de mayor densidad a 40° en el termómetro de Fahrenheit; al enfriarse aún más, este fluido parece expandirse, de la misma manera que si estuviera caliente: y, por consiguiente, el agua más fría que este punto, en lugar de ser más pesada, es más ligera y flota sobre la superficie del fluido más caliente. No parece que sea necesaria ninguna modificación de la ley para explicar este fenómeno. El agua enfriada a 40° sigue manteniendo su arreglo corpuscular peculiar; pero en cuanto baja por debajo de esa temperatura, comienza a organizarse de tal manera que pueden formarse cristales visibles en cuanto alcanza los 32°. Ahora, si concebimos que las partículas de agua, a 39°, se organizan de la forma necesaria para adoptar la forma sólida, mediante un agrupamiento particular de moléculas en forma angular en lugar de esférica, será claro, según lo que sabemos sobre la estructura de los cristales de agua —hielo—, que deben ocupar un espacio mayor que cuando las partículas están dispuestas una junto a otra en diminutas esferas. Incluso la salida de aire del agua en la que está disuelto es suficiente para darle una aparente ligereza al agua más fría. Esta expansión continúa aumentando, por la misma causa, durante la formación del hielo, de modo que la gravedad específica de una masa de agua congelada es menor que la del agua a cualquier temperatura inferior a 40°. No debe ser…
Todos los cuerpos similares se contraen de manera igual durante el proceso de enfriamiento, desde los puntos más altos hasta los más bajos en los que se han realizado los experimentos. Se ha pensado que si esto se aplicara al agua, el resultado sería la consolidación repentina de toda la masa. Se ha supuesto que tiene lugar una modificación de la ley para adaptarse a las circunstancias particulares del agua. La naturaleza nunca modifica una ley con un propósito específico; por lo tanto, debemos buscar explicar la formación del hielo, tal como la conocemos, mediante algún punto de vista más racional.
El agua se expande con el calor y se contrae con el frío; en consecuencia, las partes más frías de este cuerpo ocupan las zonas más bajas del fluido; pero hay que recordar que estas partes son calentadas por la tierra. Sin embargo, Ross afirma que a una profundidad de 1.000 brazas, el mar mantiene una temperatura constante de 39°. Se dice que el agua alcanza su punto de mayor densidad a 40° en el termómetro de Fahrenheit; al enfriarse aún más, este fluido parece expandirse, de la misma manera que si estuviera caliente: y, por consiguiente, el agua más fría que este punto, en lugar de ser más pesada, es más ligera y flota sobre la superficie del fluido más caliente. No parece que sea necesaria ninguna modificación de la ley para explicar este fenómeno. El agua enfriada a 40° sigue manteniendo su arreglo corpuscular peculiar; pero en cuanto baja por debajo de esa temperatura, comienza a organizarse de tal manera que pueden formarse cristales visibles en cuanto alcanza los 32°. Ahora, si concebimos que las partículas de agua, a 39°, se organizan de la forma necesaria para adoptar la forma sólida, mediante un agrupamiento particular de moléculas en forma angular en lugar de esférica, será claro, según lo que sabemos sobre la estructura de los cristales de agua —hielo—, que deben ocupar un espacio mayor que cuando las partículas están dispuestas una junto a otra en diminutas esferas. Incluso la salida de aire del agua en la que está disuelto es suficiente para darle una aparente ligereza al agua más fría. Esta expansión continúa aumentando, por la misma causa, durante la formación del hielo, de modo que la gravedad específica de una masa de agua congelada es menor que la del agua a cualquier temperatura inferior a 40°. No debe ser…
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Se ha olvidado que el hielo siempre contiene una gran cantidad de aire, lo cual le confiere flotabilidad. El agua, en reposo, puede enfriarse muchos grados por debajo del punto de congelación sin convertirse en sólido. Esto se logra fácilmente en un frasco de vidrio delgado; pero en cuanto se agita, se convierte en una masa firme. Aquí tenemos la indicación de otra causa que contribuye a la formación de cristales de hielo en la superficie del agua, bajo la influencia de las perturbaciones causadas por el viento, las cuales no llegan a ninguna profundidad. Dado que los gases oxígeno e hidrógeno forman parte, en grandes cantidades, de otros compuestos químicos además del agua, es importante considerar algunas de las formas de materia en cuya composición entran estos elementos. Para examinar esto a fondo, sería necesario un ensayo completo sobre filosofía química; por lo tanto, debemos conformarnos con mencionar algunos de los casos más notables. Las aguas del océano son saladas: esto se debe a que contienen, en solución, cloruro de sodio (murio de sosa —la sal común de cocina) y otros cuerpos salinos. En presencia de agua, este se convierte en murio de sosa, es decir, un compuesto de ácido muriático y sosa: el ácido muriático es hidrógeno combinado con un cuerpo gaseoso muy notable, llamado cloro debido a su color amarillo; y la sosa es oxígeno unido al metal sodio; por lo tanto, cuando está anhidro, la sal de cocina es realmente un cloruro de sodio. El cloro, en algunos aspectos, se parece al oxígeno; ataca a los cuerpos metálicos con gran energía y, en muchos casos, produce una incandescencia muy intensa durante el proceso de combinación. Es un potente agente blanqueador, es destructivo para la vida animal y transforma rápidamente todos los tejidos orgánicos. Hay otros dos cuerpos que, en muchos aspectos, son muy similares al cloro, aunque uno es sólido a las temperaturas normales y el otro líquido, y que también se encuentran en el agua marina o en las plantas que crecen en ella, por lo que es difícil considerarlos como algo distinto a diferentes formas del mismo principio. Estos son el yodo y el bromo, y ambos se unen al hidrógeno para formar ácidos. El papel que desempeña el cloro en la naturaleza es grande e importante. Combinado en el murio de sosa, podemos encontrarlo en grandes cantidades en los tres reinos de la naturaleza, y el uso universal de la sal como condimento indica la importancia, para la economía animal, de los elementos que la componen. Se ha encontrado yodo en la mayor parte de las plantas marinas, aparentemente como elemento esencial de su estructura; en
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También se ha encontrado en algunas plantas terrestres, particularmente en la Armeria maritima, cuando esta planta crece cerca del mar: [216] se ha detectado en algunas fuentes minerales y en pequeñas cantidades en el reino mineral [217], combinado como yoduro de plata, así como en la pizarra aluminosa de Latorp, en Suecia. [218] El bromo se encuentra en el agua de mar, aunque en cantidades extremadamente pequeñas, en unas pocas fuentes salinas y combinado con plata; pero no tenemos pruebas que demuestren que sus usos sean importantes en la naturaleza. El hidrógeno, a su vez, se une al carbono en diversas proporciones, produciendo los compuestos más diversos. El aire que se desprende del agua estancada y el vapor húmedo de las minas de carbón son ambos hidrógeno carbureado; y el gas que utilizamos tan ventajosamente para la iluminación es el mismo, pero con una cantidad adicional de carbono en suspensión. La nafta y una larga lista de cuerpos orgánicos están compuestos por estos dos elementos químicos. Estas combinaciones nos llevan, naturalmente, a considerar los grandes fenómenos químicos de la combustión, que involucran, de hecho, las influencias de todas las fuerzas físicas. Mediante la aplicación de calor, se produce una acción intensa en un cuerpo considerado combustible; este arde; tiene lugar una acción química de carácter sumamente energético, los elementos que constituyen el cuerpo combustible se descomponen, se unen a otros principios elementales y se forman nuevos compuestos. Un cuerpo arde: o se disipa por completo o deja atrás una cantidad muy pequeña de cenizas no consumidas, pero nada se pierde. Sus partes volátiles han entrado en nuevas disposiciones, la forma del cuerpo cambia, pero sus componentes siguen desempeñando un papel importante en la creación. La antigua noción de que el fuego era un elemento empírico, y la hipótesis stahliana de un principio flogístico del cual dependían todos los efectos de la combustión, [219] han dado paso tanto a la filosofía del desafortunado Lavoisier —que, de hecho, ha sido modificada en nuestros tiempos—, quien demostró que la combustión no es más que el desarrollo del calor y de la luz bajo la influencia de la combinación química. En cierta época se pensaba que la combustión se debía siempre a la combinación del oxígeno con el cuerpo que arde, pero las investigaciones han mostrado que se puede producir una combustión intensa donde no hay oxígeno. Los metales oxidables arden con mayor energía en cloro, y algunos de ellos en el vapor de yodo y bromo; además, tienen lugar muchas otras combinaciones con manifestaciones…
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de incandescencia. Hasta hace poco, los agentes que favorecen la combustión eran considerados como cuerpos distintos de aquellos que se encuentran en proceso de combustión. Por ejemplo, el hidrógeno era considerado un cuerpo combustible, y el oxígeno, un agente que favorece la combustión. Este tipo de clasificación es sumamente ilógica, ya que podemos quemar oxígeno en una atmósfera de hidrógeno, de la misma manera que quemamos hidrógeno en una atmósfera de oxígeno; y, por lo tanto, en todos los demás casos, el agente que favorece la combustión puede ser quemado en una atmósfera formada por el llamado cuerpo combustible. Sin embargo, los fenómenos ordinarios de combustión se deben a la combinación del oxígeno con el cuerpo que se quema; por lo tanto, cada caso de oxidación puede considerarse como una condición de combustión, siendo la diferencia solo de grado.
El hierro común, expuesto al aire y a la humedad, se oxida; se combina con el oxígeno. El hierro puro, en estado de fina división, se une al oxígeno con tal intensidad que llega a incandescer, y en ambos casos se forma óxido de hierro. Este último caso es sin duda un caso de combustión; pero, ¿en qué difiere del primero, salvo en la intensidad de la reacción? Los casos de combustión espontánea que ocurren continuamente son ejemplos de carácter similar al anterior. El oxígeno es absorbido, entra más o menos rápidamente, según las condiciones atmosféricas, en combinación química; se genera calor, y finalmente —a medida que la reacción aumenta— tiene lugar la verdadera combustión. De esta manera, nuestros barcos transportadores de algodón, los almacenes de lino, las pilas de telas engrasadas, el aserrín, etc., se encienden con frecuencia; y a esta influencia se debe la destrucción de dos de nuestros barcos de guerra, hace unos años, en el arsenal naval de Devonport.[220]
En la producción económica de calor y luz, tenemos la combinación del hidrógeno y el carbono con el oxígeno del aire común, formando agua y ácido carbónico. En nuestras chimeneas domésticas utilizamos carbón, que es esencialmente un compuesto de carbono e hidrógeno que contiene algo de oxígeno y algo de nitrógeno, además de algunas sustancias terrosas que deben considerarse impurezas; la vela, ya sea de cera o de sebo, está compuesta por los mismos elementos, diferenciándose únicamente en sus proporciones de combinación, y, al igual que el gas de carbón, estos se queman como hidrógeno carbureado. Todos estos cuerpos son muy inflamables, teniendo la tendencia a combinarse energéticamente con el oxígeno a cierta temperatura.
No sabemos cómo el calor puede causar la combinación de esos cuerpos. Sir Humphry Davy demostró que el hidrógeno no arde, ni tampoco…
El hierro común, expuesto al aire y a la humedad, se oxida; se combina con el oxígeno. El hierro puro, en estado de fina división, se une al oxígeno con tal intensidad que llega a incandescer, y en ambos casos se forma óxido de hierro. Este último caso es sin duda un caso de combustión; pero, ¿en qué difiere del primero, salvo en la intensidad de la reacción? Los casos de combustión espontánea que ocurren continuamente son ejemplos de carácter similar al anterior. El oxígeno es absorbido, entra más o menos rápidamente, según las condiciones atmosféricas, en combinación química; se genera calor, y finalmente —a medida que la reacción aumenta— tiene lugar la verdadera combustión. De esta manera, nuestros barcos transportadores de algodón, los almacenes de lino, las pilas de telas engrasadas, el aserrín, etc., se encienden con frecuencia; y a esta influencia se debe la destrucción de dos de nuestros barcos de guerra, hace unos años, en el arsenal naval de Devonport.[220]
En la producción económica de calor y luz, tenemos la combinación del hidrógeno y el carbono con el oxígeno del aire común, formando agua y ácido carbónico. En nuestras chimeneas domésticas utilizamos carbón, que es esencialmente un compuesto de carbono e hidrógeno que contiene algo de oxígeno y algo de nitrógeno, además de algunas sustancias terrosas que deben considerarse impurezas; la vela, ya sea de cera o de sebo, está compuesta por los mismos elementos, diferenciándose únicamente en sus proporciones de combinación, y, al igual que el gas de carbón, estos se queman como hidrógeno carbureado. Todos estos cuerpos son muy inflamables, teniendo la tendencia a combinarse energéticamente con el oxígeno a cierta temperatura.
No sabemos cómo el calor puede causar la combinación de esos cuerpos. Sir Humphry Davy demostró que el hidrógeno no arde, ni tampoco…
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La mezcla de este gas con oxígeno explota, a menos que esté directamente influenciada por un cuerpo calentado hasta el punto de emitir luz.[221] ¿No podemos, por lo tanto, concluir que la acción química que se manifiesta en un cuerpo en combustión es el resultado de alguna fuerza latente, desconocida para nosotros, producida por la absorción de luz? Que inicialmente tiene lugar una acción de repulsión, mediante la cual el hidrógeno y el carbono se separan uno del otro; y que, en su estado inicial, son capturados por el oxígeno, siendo nuevamente obligados, aunque en nuevas formas de agua y ácido carbónico, a reanudar sus cadenas de afinidad para combinarse. Cada equivalente de carbono e hidrógeno en el cuerpo en combustión se une a dos equivalentes de oxígeno, en estricta conformidad con las leyes de combinación. La llama de hidrógeno, si es pura, emite poca luz, pero al combinarse con las partículas sólidas de carbono, aumenta su brillo. El gas más brillante entre los gases iluminantes es el gas olefínico, producido por la descomposición del alcohol, y es simplemente hidrógeno cargado con carbono hasta el punto de saturación. La llama es un cono de vapor caliente que se vuelve incandescente en los puntos de contacto con el aire; solo una película superficial es luminosa. Es evidente que todas las partículas del gas se encuentran en un estado de repulsión muy activa en la superficie, ya que la llama no puede pasar a través de una malla metálica de finura moderada. Sobre este descubrimiento se basa la inigualable lámpara de seguridad de Davy, mediante la cual los gases explosivos de una mina se encienden de forma inocua dentro de una jaula de malla metálica. Este efecto se ha atribuido a una influencia refrigerante del metal; pero, dado que los cables pueden alcanzar una temperatura apenas inferior a la roja sin encender el gas inflamable, esto no parece ser la causa. Las condiciones de la lámpara de seguridad pueden considerarse como ejemplos exactamente opuestos a aquellos ya mencionados en relación con el estado esferoidal del agua; y esto proporciona una prueba adicional de que la condición de los cuerpos a altas temperaturas está sujeta a importantes cambios físicos. El principio en el que se basa la lámpara de seguridad es que una mezcla del gas inflamable y del aire atmosférico en ciertas proporciones explota al entrar en contacto con una llama. Esta mezcla pasa fácilmente a través de una malla metálica, en cualquier circunstancia, y así llega hasta la llama de la lámpara encerrada dentro de dicho material, donde explota. Pero, a pesar de la fuerza mecánica con la que el gas en explosión es lanzado contra las barras de su jaula, no puede atravesarlas. En consecuencia, el elemento destructivo queda atrapado y confinado.
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A pesar de su ferocidad y energía, no puede transmitir al ambiente explosivo, sin ella, ninguna de sus fuerzas. Ninguna combustión puede propagarse a través de la malla metálica.
Las investigaciones que dieron lugar a la lámpara de seguridad pueden considerarse como algunos de los ejemplos más completos de experimento inductivo correcto en el ámbito de la ciencia inglesa, y su resultado es sin duda uno de los logros más enorgullecientes de la investigación físico-química. Al envolver simplemente la llama de una lámpara con una malla metálica, el trabajador en las profundidades de la mina oscura puede sentirse a salvo de ese flujo de gas inflamable que tantas veces ha sido causa de muerte; puede caminar ileso por el ambiente explosivo y examinar la intensidad de su poder, mientras este se desperdicia en esfuerzos insignificantes dentro de la pequeña jaula que lleva consigo. Se han atribuido accidentes al “Davy”, como se denomina la lámpara entre los mineros; pero en la mayoría de los casos se deben a la negligencia de quienes tenían la tarea de inspeccionar las lámparas, o a la imprudencia de los propios mineros.
Ese curioso metal, el platino, así como el paladio, posee la propiedad de mantener una combustión lenta, la cual el descubridor de la lámpara de seguridad propuso poner al servicio de un propósito muy importante. Si tomamos una bobina de alambre de platino, la calentamos hasta hacerla rojiza y la sumergimos en un ambiente explosivo de hidrógeno carburado y aire común, esta continúa brillando con considerable intensidad, produciendo, gracias a esta influencia tan peculiar, una combinación de gases que se detecta por la emisión de vapores ácidos penetrantes. Sobre la pequeña llama de la lámpara de seguridad, Davy propuso suspender una bobina de platino, de modo que permaneciera constantemente en estado de calor rojizo. Si el minero quedaba accidentalmente rodeado por un ambiente de humedad inflamable, aunque la llama de su lámpara pudiera apagarse, el alambre seguiría brillando con suficiente intensidad como para iluminarlo y sacarlo del peligro, a través de los oscuros pasadizos excavados en el lecho de combustible fósil. Sin embargo, este hermoso diseño no ha sido adoptado por nuestros mineros.
Así es como los descubrimientos científicos, aunque puedan parecer de carácter abstracto, se aplican constantemente, tarde o temprano, a usos que ayudan a algún sector del trabajo humano, alivian las necesidades de la condición humana y mejoran las comodidades de la vida.
Las investigaciones que dieron lugar a la lámpara de seguridad pueden considerarse como algunos de los ejemplos más completos de experimento inductivo correcto en el ámbito de la ciencia inglesa, y su resultado es sin duda uno de los logros más enorgullecientes de la investigación físico-química. Al envolver simplemente la llama de una lámpara con una malla metálica, el trabajador en las profundidades de la mina oscura puede sentirse a salvo de ese flujo de gas inflamable que tantas veces ha sido causa de muerte; puede caminar ileso por el ambiente explosivo y examinar la intensidad de su poder, mientras este se desperdicia en esfuerzos insignificantes dentro de la pequeña jaula que lleva consigo. Se han atribuido accidentes al “Davy”, como se denomina la lámpara entre los mineros; pero en la mayoría de los casos se deben a la negligencia de quienes tenían la tarea de inspeccionar las lámparas, o a la imprudencia de los propios mineros.
Ese curioso metal, el platino, así como el paladio, posee la propiedad de mantener una combustión lenta, la cual el descubridor de la lámpara de seguridad propuso poner al servicio de un propósito muy importante. Si tomamos una bobina de alambre de platino, la calentamos hasta hacerla rojiza y la sumergimos en un ambiente explosivo de hidrógeno carburado y aire común, esta continúa brillando con considerable intensidad, produciendo, gracias a esta influencia tan peculiar, una combinación de gases que se detecta por la emisión de vapores ácidos penetrantes. Sobre la pequeña llama de la lámpara de seguridad, Davy propuso suspender una bobina de platino, de modo que permaneciera constantemente en estado de calor rojizo. Si el minero quedaba accidentalmente rodeado por un ambiente de humedad inflamable, aunque la llama de su lámpara pudiera apagarse, el alambre seguiría brillando con suficiente intensidad como para iluminarlo y sacarlo del peligro, a través de los oscuros pasadizos excavados en el lecho de combustible fósil. Sin embargo, este hermoso diseño no ha sido adoptado por nuestros mineros.
Así es como los descubrimientos científicos, aunque puedan parecer de carácter abstracto, se aplican constantemente, tarde o temprano, a usos que ayudan a algún sector del trabajo humano, alivian las necesidades de la condición humana y mejoran las comodidades de la vida.
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La respiración de los animales es un ejemplo del mismo tipo de fenómenos químicos que encontramos en la combustión ordinaria. En los pulmones, la sangre se carga de oxígeno, proveniente del aire atmosférico, con el cual circula por todo el cuerpo, desempeñando sus funciones importantes; posteriormente, la sangre regresa a los pulmones junto con el ácido carbónico formado por la separación del carbono del cuerpo, el cual es expulsado en cada exhalación. Es evidente que este proceso es similar al de la combustión ordinaria. Tanto en los seres humanos como en los animales, al igual que en la vela encendida —que los poetas utilizan adecuadamente como símbolo de la vida—, tenemos hidrógeno y carbono, además de algo de nitrógeno; el hidrógeno y el oxígeno forman agua bajo la acción de las fuerzas vitales; el carbono, junto con el oxígeno, produce ácido carbónico, y, mediante un proceso curioso, el nitrógeno y el hidrógeno también se combinan para formar amoníaco.
Todo el carbono que entra en el organismo animal, con el paso del tiempo, vuelve a entrar en la atmósfera, combinado con el oxígeno. Esto ocurre en el cuerpo bajo la acción catalítica de los tejidos, influenciados directamente por la excitación de las fuerzas nerviosas, que son las manifestaciones directas de la energía vital. La cantidad de ácido carbónico que se libera así al aire puede calcularse con solo un pequeño margen de error. Parece que un hombre sano debe liberar más de cincuenta onzas de ácido carbónico en veinticuatro horas. Según los cálculos más conservadores, la población de Londres debe añadir diariamente 4.500.000 libras de ácido carbónico a la atmósfera. También hay que recordar que en todos los procesos de iluminación artificial, en todas las operaciones industriales en las que se utiliza fuego, y también en nuestros dispositivos para garantizar la comodidad doméstica, se forman cantidades enormes de este gas. De hecho, podemos estimar su cantidad si determinamos la cantidad de madera y carbón consumidos, así como todo el carbono que se combina con el oxígeno durante la combustión y escapa al aire, ya sea como ácido carbónico o óxido de carbono. El primer gas, el mismo que se acumula en pozos profundos y en los tanques de cervecería, es altamente destructivo para la vida, provocando síntomas muy molestos, incluso cuando se mezcla con el aire atmosférico en una proporción ligeramente superior a la que normalmente contiene. La atmósfera opresiva en las habitaciones concurridas se debe en gran medida a la mayor proporción de ácido carbónico liberado por los pulmones de quienes están allí reunidos, y que se acumula en el aire casi estancado de los apartamentos mal ventilados. Es evidente para todos que, a menos que se tome alguna medida para eliminar este gas nocivo de la atmósfera…
Todo el carbono que entra en el organismo animal, con el paso del tiempo, vuelve a entrar en la atmósfera, combinado con el oxígeno. Esto ocurre en el cuerpo bajo la acción catalítica de los tejidos, influenciados directamente por la excitación de las fuerzas nerviosas, que son las manifestaciones directas de la energía vital. La cantidad de ácido carbónico que se libera así al aire puede calcularse con solo un pequeño margen de error. Parece que un hombre sano debe liberar más de cincuenta onzas de ácido carbónico en veinticuatro horas. Según los cálculos más conservadores, la población de Londres debe añadir diariamente 4.500.000 libras de ácido carbónico a la atmósfera. También hay que recordar que en todos los procesos de iluminación artificial, en todas las operaciones industriales en las que se utiliza fuego, y también en nuestros dispositivos para garantizar la comodidad doméstica, se forman cantidades enormes de este gas. De hecho, podemos estimar su cantidad si determinamos la cantidad de madera y carbón consumidos, así como todo el carbono que se combina con el oxígeno durante la combustión y escapa al aire, ya sea como ácido carbónico o óxido de carbono. El primer gas, el mismo que se acumula en pozos profundos y en los tanques de cervecería, es altamente destructivo para la vida, provocando síntomas muy molestos, incluso cuando se mezcla con el aire atmosférico en una proporción ligeramente superior a la que normalmente contiene. La atmósfera opresiva en las habitaciones concurridas se debe en gran medida a la mayor proporción de ácido carbónico liberado por los pulmones de quienes están allí reunidos, y que se acumula en el aire casi estancado de los apartamentos mal ventilados. Es evidente para todos que, a menos que se tome alguna medida para eliminar este gas nocivo de la atmósfera…
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Tan pronto como se formaba, surgían consecuencias de carácter extremadamente perjudicial para las razas animales. Sin embargo, se observa que la cantidad presente en la atmósfera es casi constantemente de alrededor del uno por ciento. Las propiedades peculiares del ácido carbónico aseguran en parte su rápida eliminación. Se trata de uno de los gases más pesados, y es fácilmente absorbido por el agua; por consiguiente, flotando a poca distancia de la superficie terrestre, una gran cantidad de él se disuelve en las aguas que la cubren. Una parte considerable es eliminada por el reino vegetal; de hecho, todo el ácido carbónico producido por los animales y por los procesos de combustión acaba formando parte del mundo vegetal, siendo absorbido junto con el agua por las raíces y separado del aire gracias a las funciones especiales de las hojas. No obstante, este gas pesado se une al fluido atmosférico más ligero, en cumplimiento de esa ley que determina la difusión de diferentes gravedades específicas entre sí.
Las hojas de las plantas pueden considerarse como órganos que desempeñan funciones similares a los pulmones de los animales: son sus órganos respiratorios. En el organismo animal, una cierta cantidad de carbono debe retenerse, combinado con nitrógeno y otros elementos, para formar los músculos; pero este carbono está en constante cambio, ya que todo el sistema se renueva en un período relativamente breve. Las condiciones en las plantas son algo diferentes. Por ejemplo, el carbono queda fijado en un árbol y permanece como fibra leñosa hasta que este se descompone, aun cuando la vida de la planta pueda extenderse durante siglos.
Los animales, entonces, suministran constantemente ácido carbónico; las plantas, a su vez, lo consumen de forma continua; así se mantiene para siempre el equilibrio entre los dos reinos. No obstante, se requiere otra condición para mantener, para los usos de los hombres y los animales, el suministro necesario de oxígeno. Esto se logra mediante una de esas maravillosas operaciones de la química natural que deben causar admiración en toda mente reflexiva. Durante la noche, las plantas absorben ácido carbónico; pero entonces prevalece un estado de reposo en sus funciones, y por consiguiente sus capacidades para descomponer este gas se reducen al mínimo. La planta “duerme” y su fuerza vital descansa; ese reposo es tan necesario para la planta como para el animal. Con los primeros rayos del sol matutino, las energías latentes de la planta se despiertan y entran en plena actividad: descompone el ácido carbónico, secreta el carbono para formar los anillos de madera que constituyen una parte tan importante de su estructura, y libera oxígeno al aire. Por lo tanto, la planta es un elemento esencial en las condiciones necesarias para el sustento de la vida animal.
Las hojas de las plantas pueden considerarse como órganos que desempeñan funciones similares a los pulmones de los animales: son sus órganos respiratorios. En el organismo animal, una cierta cantidad de carbono debe retenerse, combinado con nitrógeno y otros elementos, para formar los músculos; pero este carbono está en constante cambio, ya que todo el sistema se renueva en un período relativamente breve. Las condiciones en las plantas son algo diferentes. Por ejemplo, el carbono queda fijado en un árbol y permanece como fibra leñosa hasta que este se descompone, aun cuando la vida de la planta pueda extenderse durante siglos.
Los animales, entonces, suministran constantemente ácido carbónico; las plantas, a su vez, lo consumen de forma continua; así se mantiene para siempre el equilibrio entre los dos reinos. No obstante, se requiere otra condición para mantener, para los usos de los hombres y los animales, el suministro necesario de oxígeno. Esto se logra mediante una de esas maravillosas operaciones de la química natural que deben causar admiración en toda mente reflexiva. Durante la noche, las plantas absorben ácido carbónico; pero entonces prevalece un estado de reposo en sus funciones, y por consiguiente sus capacidades para descomponer este gas se reducen al mínimo. La planta “duerme” y su fuerza vital descansa; ese reposo es tan necesario para la planta como para el animal. Con los primeros rayos del sol matutino, las energías latentes de la planta se despiertan y entran en plena actividad: descompone el ácido carbónico, secreta el carbono para formar los anillos de madera que constituyen una parte tan importante de su estructura, y libera oxígeno al aire. Por lo tanto, la planta es un elemento esencial en las condiciones necesarias para el sustento de la vida animal.
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El animal produce ácido carbónico en una proporción exacta con la cantidad de materia carbonosa que consume. Las frutas y las hierbas contienen una pequeña cantidad de carbono en comparación con los músculos y la grasa. Pero limitemos nuestra atención a la raza humana. El hombre en las regiones tropicales, donde la temperatura natural es alta, no necesita tanta actividad química para mantener el calor corporal necesario; por lo tanto, su Creador lo ha rodeado de frutas y granos que constituyen su alimento.
A medida que avanzamos hacia las regiones más frías de la Tierra, el hombre se convierte en un carnívoro, y su apetito por la carne aumenta a medida que disminuye la temperatura exterior. Finalmente, llegamos a las zonas más frías, donde el ser humano devora enormes cantidades de grasa para satisfacer las necesidades de su condición.
Es inevitable que los habitantes de las regiones tropicales produzcan menos ácido carbónico que aquellos que viven en regiones más frías. En primer lugar, sus hábitos de vida son diferentes, y no tienen la necesidad de mantener el calor corporal mediante combustión artificial, como ocurre con las personas de climas más fríos. La vegetación de las regiones tropicales es mucho más exuberante que la de las zonas templadas y árticas. Por lo tanto, se requiere un suministro adicional de ácido carbónico en estas zonas cálidas, y sus animales producen menos cantidad de este ácido. Todos estos casos se solucionan gracias a los grandes movimientos atmosféricos: una corriente de aire caliente, rico en oxígeno, se desplaza desde el ecuador hacia los polos, mientras que el aire más frío, cargado con un exceso de ácido carbónico, fluye constantemente hacia el ecuador. De esta manera se mantiene una perfecta igualación de las condiciones atmosféricas.
El ácido carbónico que proviene de las miles de “hornos” donde se produce durante el arduo trabajo de los artesanos, y que también se exhala desde todas las ciudades pobladas de nuestra isla natal, es transportado por estas corrientes de aire hasta llegar a los pinos de las Islas del Pacífico, a los árboles aromáticos del Archipiélago Oriental y a las cinchonas de América del Sur. Las plantas del valle del Cáucaso y aquellas que florecen entre los Himalayas, al igual que la vegetación menos exuberante de nuestras regiones templadas, dependen directamente del hombre y de los animales inferiores para obtener su alimento.
Si todas las plantas desaparecieran de la Tierra, los animales no podrían sobrevivir. ¿Qué ocurriría si el reino animal fuera aniquilado? ¿Sería posible?
A medida que avanzamos hacia las regiones más frías de la Tierra, el hombre se convierte en un carnívoro, y su apetito por la carne aumenta a medida que disminuye la temperatura exterior. Finalmente, llegamos a las zonas más frías, donde el ser humano devora enormes cantidades de grasa para satisfacer las necesidades de su condición.
Es inevitable que los habitantes de las regiones tropicales produzcan menos ácido carbónico que aquellos que viven en regiones más frías. En primer lugar, sus hábitos de vida son diferentes, y no tienen la necesidad de mantener el calor corporal mediante combustión artificial, como ocurre con las personas de climas más fríos. La vegetación de las regiones tropicales es mucho más exuberante que la de las zonas templadas y árticas. Por lo tanto, se requiere un suministro adicional de ácido carbónico en estas zonas cálidas, y sus animales producen menos cantidad de este ácido. Todos estos casos se solucionan gracias a los grandes movimientos atmosféricos: una corriente de aire caliente, rico en oxígeno, se desplaza desde el ecuador hacia los polos, mientras que el aire más frío, cargado con un exceso de ácido carbónico, fluye constantemente hacia el ecuador. De esta manera se mantiene una perfecta igualación de las condiciones atmosféricas.
El ácido carbónico que proviene de las miles de “hornos” donde se produce durante el arduo trabajo de los artesanos, y que también se exhala desde todas las ciudades pobladas de nuestra isla natal, es transportado por estas corrientes de aire hasta llegar a los pinos de las Islas del Pacífico, a los árboles aromáticos del Archipiélago Oriental y a las cinchonas de América del Sur. Las plantas del valle del Cáucaso y aquellas que florecen entre los Himalayas, al igual que la vegetación menos exuberante de nuestras regiones templadas, dependen directamente del hombre y de los animales inferiores para obtener su alimento.
Si todas las plantas desaparecieran de la Tierra, los animales no podrían sobrevivir. ¿Qué ocurriría si el reino animal fuera aniquilado? ¿Sería posible?
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¿Para que la vegetación pueda continuar? Esta pregunta no es tan fácil de responder; pero, si suponemos que todas las criaturas productoras de carbono —los animales— se han extinguido, ¿de dónde obtendrían las plantas los elementos necesarios? Se ha supuesto que durante la época de formación del carbón debió haber una vegetación exuberante sobre la superficie terrestre, cuando la existencia de la vida animal se consideraba problemática. Se cree que en aquel entonces el aire estaba cargado de ácido carbónico, y que los calamites, lepidodendros y sigilarias servían para eliminarlo y preparar la Tierra para las especies que respiraban oxígeno. Las pruebas al respecto no son en absoluto satisfactorias; y aunque en algún momento estuvimos dispuestos a aceptar una conjetura que parecía explicar de manera tan elegante los fenómenos geológicos observados en los períodos carboníferos, no consideramos que las condiciones necesarias para tal estado de la atmósfera estén claramente establecidas.[223] La investigación geológica también ha demostrado que los enormes bosques de los cuales proviene nuestro carbón estaban repletos de vida. En los pantanos existía una rana del tamaño de un buey, y la presencia de insectos demuestra el alto nivel de desarrollo de la creación orgánica en esa época.
Con toda probabilidad, la misma dependencia mutua que existe hoy entre los reinos animal y vegetal existió desde el principio de los tiempos, y seguirá existiendo en diferentes circunstancias a lo largo de los innumerables siglos de existencia de la Tierra.
Existe además otra cadena de circunstancias muy importante que une a estos dos grandes reinos: se trata de la cadena de las necesidades animales. Un gran número de especies se alimentan directamente de plantas; las hierbas y los frutos son los únicos elementos a partir de los cuales obtienen los componentes necesarios para recuperar lo que gastan sus cuerpos.
Estos animales herbívoros, que deben formar grasa y músculo a partir de los elementos de su dieta vegetal, son presa de las especies carnívoras; y a través de ellas, el carbono vuelve a llegar al mundo vegetal. Si se les quita a los herbívoros su alimento, inevitablemente perecerán muy pronto, y con su descomposición, la destrucción de los carnívoros está asegurada. Para ilustrar esto a pequeña escala, cabe mencionar que, en las costas de Cornualles, antiguamente se capturaban grandes cantidades de anchoas en las aguas poco profundas de las calas, donde ahora apenas se ven estas pesca. Según las investigaciones de los señores Couch, cuyas observaciones muy precisas sobre la fauna de Cornualles han colocado tanto al padre como al hijo entre los naturalistas británicos más destacados,[224] parece que…
Con toda probabilidad, la misma dependencia mutua que existe hoy entre los reinos animal y vegetal existió desde el principio de los tiempos, y seguirá existiendo en diferentes circunstancias a lo largo de los innumerables siglos de existencia de la Tierra.
Existe además otra cadena de circunstancias muy importante que une a estos dos grandes reinos: se trata de la cadena de las necesidades animales. Un gran número de especies se alimentan directamente de plantas; las hierbas y los frutos son los únicos elementos a partir de los cuales obtienen los componentes necesarios para recuperar lo que gastan sus cuerpos.
Estos animales herbívoros, que deben formar grasa y músculo a partir de los elementos de su dieta vegetal, son presa de las especies carnívoras; y a través de ellas, el carbono vuelve a llegar al mundo vegetal. Si se les quita a los herbívoros su alimento, inevitablemente perecerán muy pronto, y con su descomposición, la destrucción de los carnívoros está asegurada. Para ilustrar esto a pequeña escala, cabe mencionar que, en las costas de Cornualles, antiguamente se capturaban grandes cantidades de anchoas en las aguas poco profundas de las calas, donde ahora apenas se ven estas pesca. Según las investigaciones de los señores Couch, cuyas observaciones muy precisas sobre la fauna de Cornualles han colocado tanto al padre como al hijo entre los naturalistas británicos más destacados,[224] parece que…
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La ausencia de estos peces se debe en su totalidad a la práctica de los agricultores, quienes cortan las algas marinas de las rocas con el fin de fertilizar sus tierras. De este modo destruyen a todos los pequeños crustáceos que habitan en estos bosques marinos inmaduros y se alimentan de las algas; y como estos son el alimento principal de los pilchardos, una vez que estos perecen, buscan un sustituto en lugares más favorables. El señor Darwin señala que, si las enormes algas del Océano Austral fueran eliminadas por alguna causa, toda la fauna de esos mares cambiaría. Hemos visto que los animales y las plantas están compuestos principalmente por cuatro principios elementales: oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbono. Hemos examinado la forma extraordinaria en que pasan de un estado, de un reino de la naturaleza, a otro. El animal, al perecer y descomponerse en las formas más simples de materia, se mezcla con la atmósfera en forma de gas, convirtiéndose gradualmente en parte de la planta en crecimiento; y mediante cambios similares, el organismo vegetal avanza para formar parte de la estructura animal. Una planta expuesta a la acción de la descomposición natural o artificial pasa al aire, dejando solo unos pocos granos de materia sólida. De igual manera, un animal se descompone gradualmente en “aire ligero”. Los músculos, la sangre y los huesos, después de haber sufrido este cambio, se convierten en gases, dejando solo “un puñado de polvo”, que pertenece al mundo mineral más estable. Nuestra dependencia de la atmósfera es, por lo tanto, evidente. Obtenemos nuestra sustancia de ella; después de la muerte, volvemos a convertirnos en ella. En realidad, somos solo sombras efímeras. Las formas animales y vegetales no son más que masas consolidadas de la atmósfera. Las sublimes creaciones del poeta más talentoso no pueden competir con la belleza de esta, la poesía más elevada y verdadera de la ciencia. El hombre ha deducido tales cambios mediante el poder de la razón, basándose en los fenómenos que la ciencia revela constantemente a nuestro alrededor. Las dudas del sabio griego sobre su propia identidad eran simplemente una extensión de una gran verdad que trasciende los límites de nuestra razón. El romanticismo y la superstición transforman al ser espiritual en una forma visible de extremada etereidad, a través de creaciones fantasmales “vestidas de su propio horror”, con las cuales se han perpetuado sus reinados. Cuando Shakespeare hizo que su encantador Ariel cantara…
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“A cinco brazas de profundidad yace tu padre;
de sus huesos se formó el coral;
esas son perlas que fueron sus ojos.
Nada de él se desvanece,
sino que sufre una transformación marina
en algo rico y extraño”.
Pintó, con considerable precisión, los cambios químicos por los cuales la materia animal en descomposición es reemplazada por una formación silícea o calcárea.
Pero los dotados tienen el poder de ver a través del velo de la naturaleza, y obtienen revelaciones aún más maravillosas que las del filósofo, quien las logra mediante un trabajo constante y un esfuerzo intenso para comprender los elementos en constante cambio a su alrededor.
Los misterios de las flores siempre han sido el encanto del canto del poeta. La imaginación les ha otorgado un poder mágico, y la fantasía casi las ha considerado cosas espirituales. Al contemplar su belleza extraordinaria, la mente de todo observador se enriquece, y los sentimientos que inspiran, gracias a su elegancia externa, son grandiosos y nobles. Pero al examinar los verdaderos misterios de su estructura, sus fenómenos físicos, las relaciones que mantienen con el mundo animal, así como el intercambio maravilloso entre ácido carbónico y amoníaco para producir el oxígeno que inspira el alma —todo ello reflejo de los poderes de algún principio invisible e interior, guiado por un gobernante supremo—, el filósofo encuentra temas para una contemplación profunda y estimulante para el espíritu. Dichos estudios elevan la mente hacia lo verdaderamente sublime de la naturaleza. El sueño del poeta es el reflejo tenue de una estrella lejana; la revelación del filósofo es un examen detallado, como si se utilizara un telescopio, de sus características. Uno es simplemente el eco del susurro distante de la voz de la naturaleza en la penumbra; el otro es la música vibrante del arpa de Memnón, despertada por el sol de la verdad, recién surgido de la noche de la ignorancia.
Para volver, desde esta digresión larga pero algo natural, a considerar los fenómenos químicos relacionados con la atmósfera y su elemento curioso e importante, el nitrógeno, debemos primero examinar las pruebas que tenemos sobre la condición del aire en sí.
de sus huesos se formó el coral;
esas son perlas que fueron sus ojos.
Nada de él se desvanece,
sino que sufre una transformación marina
en algo rico y extraño”.
Pintó, con considerable precisión, los cambios químicos por los cuales la materia animal en descomposición es reemplazada por una formación silícea o calcárea.
Pero los dotados tienen el poder de ver a través del velo de la naturaleza, y obtienen revelaciones aún más maravillosas que las del filósofo, quien las logra mediante un trabajo constante y un esfuerzo intenso para comprender los elementos en constante cambio a su alrededor.
Los misterios de las flores siempre han sido el encanto del canto del poeta. La imaginación les ha otorgado un poder mágico, y la fantasía casi las ha considerado cosas espirituales. Al contemplar su belleza extraordinaria, la mente de todo observador se enriquece, y los sentimientos que inspiran, gracias a su elegancia externa, son grandiosos y nobles. Pero al examinar los verdaderos misterios de su estructura, sus fenómenos físicos, las relaciones que mantienen con el mundo animal, así como el intercambio maravilloso entre ácido carbónico y amoníaco para producir el oxígeno que inspira el alma —todo ello reflejo de los poderes de algún principio invisible e interior, guiado por un gobernante supremo—, el filósofo encuentra temas para una contemplación profunda y estimulante para el espíritu. Dichos estudios elevan la mente hacia lo verdaderamente sublime de la naturaleza. El sueño del poeta es el reflejo tenue de una estrella lejana; la revelación del filósofo es un examen detallado, como si se utilizara un telescopio, de sus características. Uno es simplemente el eco del susurro distante de la voz de la naturaleza en la penumbra; el otro es la música vibrante del arpa de Memnón, despertada por el sol de la verdad, recién surgido de la noche de la ignorancia.
Para volver, desde esta digresión larga pero algo natural, a considerar los fenómenos químicos relacionados con la atmósfera y su elemento curioso e importante, el nitrógeno, debemos primero examinar las pruebas que tenemos sobre la condición del aire en sí.
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La presión media ejercida sobre la superficie de la Tierra, según lo indica el barómetro, es igual a una columna de mercurio de treinta pulgadas de altura; es decir, la columna de aire desde la superficie del océano hasta sus límites más altos equilibra exactamente esa cantidad de mercurio. Si nuestro tubo de mercurio tuviera un área de una pulgada cuadrada, las columnas pesarían quince libras, lo que representa una presión de quince libras por cada pulgada cuadrada de la superficie terrestre. Esta presión, hay que recordarlo, es el peso compuesto del envoltorio gaseoso y de la fuerza elástica del vapor acuoso que contiene.[225] Si la atmósfera estuviera en condiciones uniformes, su altura, según se infiere del barómetro, sería de unos cinco millas y media. Sin embargo, la densidad del aire disminuye con la presión que se ejerce sobre él, de modo que a una altura de 11.556 pies, la atmósfera tiene la mitad de densidad; o sea, un volumen de aire, tomado en la superficie de la Tierra, se expande a dos volúmenes a esa altura. Así, el peso disminuye continuamente; pero esto se ve contrarrestado regularmente por la disminución de la temperatura, que reduce la tasa en aproximadamente un grado por cada 352 pies de ascenso, aunque con toda probabilidad es menos rápida a grandes distancias de la Tierra.
Se ha calculado, a partir de ciertos fenómenos de refracción, que nuestra atmósfera debe extenderse hasta unos cuarenta millas desde la superficie de la Tierra. En un estado de extrema tenuez, podría extenderse aún más; pero es probable que el frío intenso producido por la rarefacción establezca límites a cualquier extensión mucho más allá de esta altitud.
Los usos de la atmósfera son muchos. Es el medio para regular la dispersión de los vapores acuosos sobre la Tierra. Si no hubiera atmósfera, y si, como ahora, las regiones ecuatoriales fueran cálidas y los polos fríos, la evaporación ocurriría continuamente en el ecuador y la condensación en las regiones más frías. El cielo de las regiones tropicales estaría perpetuamente despejado, mientras que en las zonas templadas y árticas habría lluvia y nieve constantes. Al contar con una atmósfera gaseosa, se produce un estado más uniforme de las cosas; los vapores que provienen de la Tierra se mezclan íntimamente con el aire y son transportados por él a través de grandes extensiones de territorio, y solo se precipitan cuando entran en alguna capa mucho más fría que aquella que los rodea. Existen tendencias opuestas en una atmósfera de aire y en una de vapor. El aire circula de las zonas más frías a las más cálidas, y el vapor de las zonas más cálidas a las más frías; y como las corrientes de aire, debido a la distribución de tierra y mar —la tierra, por su baja capacidad de conducción, se calienta más rápidamente que el mar—, son muy complejas, y
Se ha calculado, a partir de ciertos fenómenos de refracción, que nuestra atmósfera debe extenderse hasta unos cuarenta millas desde la superficie de la Tierra. En un estado de extrema tenuez, podría extenderse aún más; pero es probable que el frío intenso producido por la rarefacción establezca límites a cualquier extensión mucho más allá de esta altitud.
Los usos de la atmósfera son muchos. Es el medio para regular la dispersión de los vapores acuosos sobre la Tierra. Si no hubiera atmósfera, y si, como ahora, las regiones ecuatoriales fueran cálidas y los polos fríos, la evaporación ocurriría continuamente en el ecuador y la condensación en las regiones más frías. El cielo de las regiones tropicales estaría perpetuamente despejado, mientras que en las zonas templadas y árticas habría lluvia y nieve constantes. Al contar con una atmósfera gaseosa, se produce un estado más uniforme de las cosas; los vapores que provienen de la Tierra se mezclan íntimamente con el aire y son transportados por él a través de grandes extensiones de territorio, y solo se precipitan cuando entran en alguna capa mucho más fría que aquella que los rodea. Existen tendencias opuestas en una atmósfera de aire y en una de vapor. El aire circula de las zonas más frías a las más cálidas, y el vapor de las zonas más cálidas a las más frías; y como las corrientes de aire, debido a la distribución de tierra y mar —la tierra, por su baja capacidad de conducción, se calienta más rápidamente que el mar—, son muy complejas, y
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Dado que se emplea alguna fuerza para mantener los vapores suspendidos en el aire, el agua se deposita en la tierra de manera menos brusca de lo que ocurriría si estas tendencias del aire y sus propiedades higrométricas no fueran las que observamos. El color azul del cielo, mucho más agradable a la vista que el rojo o el amarillo, se debe a una tendencia del gas y los vapores mezclados a reflejar los rayos azules en lugar de los rojos o amarillos. La luz blanca que llega a la superficie de la tierra, sin ser absorbida ni descompuesta en su paso desde el sol, es parcialmente absorbida por la tierra y parcialmente reflejada hacia atrás. Los rayos reflejados atraviesan este medio transparente con relativa facilidad, pero una parte de los rayos azules es interrumpida y así se vuelve visible para nosotros. El hecho de que sea luz reflejada queda demostrado por el hecho de que se encuentra en estado polarizado.[226] Las nubes de vapor nos reflejan, no rayos aislados, sino el haz sin descomponer, y por lo tanto aparecen blancas como la nieve a nuestra vista. Las glorias doradas del atardecer —cuando, “como un delfín moribundo”, el cielo adquiere los tonos más hermosos, que cambian continuamente— dependen completamente de la cantidad de vapor acuoso mezclado con el aire y de su estado de condensación. Se ha observado que el vapor, por la noche, al emitirse a la atmósfera bajo una presión de veinte o treinta libras por pulgada cuadrada, transmite y refleja luz naranja-rojiza. Por lo tanto, podemos concluir que esta es la propiedad de ese estado de vapor y aire mezclados que predomina cuando el sol naciente o poniente derrama sobre el horizonte oriental o occidental la gloria de sus rayos coloreados.[227] Así, la ciencia nos señala los importantes usos del aire. Aprendemos que la vida y la combustión dependen por completo de él, y que sirve como medio para lograr una mayor constancia en los climas de la tierra de la que podría obtenerse de otra manera. Los hechos ya mencionados son suficientes para convencer a toda mente pensante de que el hermoso sistema de orden que se observa en la composición de la atmósfera, en el cual el elemento tan importante, el oxígeno, es sometido a un estado tranquilo por otro elemento, el nitrógeno (que, como veremos pronto, bajo ciertas condiciones es uno de los agentes más energéticos que conocemos), indica una fuerza suprema, omnisciente en cuanto a la adaptación de las cosas a un fin específico. El oxígeno y el nitrógeno están aquí mezclados en beneficio del hombre; el hombre los une con la ayuda de las capacidades con las que está dotado, y las consecuencias son de gran importancia.
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de tipo fatal. Los principios que el gran Químico de la Naturaleza suaviza se transforman en fuentes de maldad por parte del químico del arte. Más allá de todo esto, la atmósfera produce efectos sobre la luz que añaden infinitamente a la belleza del mundo. Si no hubiera atmósfera, solo podríamos ver aquellos objetos sobre los cuales caen directamente los rayos del sol, o desde los cuales son reflejados. Un rayo que entra por un pequeño agujero en una habitación oscura, iluminando un objeto que refleja algo de luz hacia otro, es una ilustración adecuada del efecto de la luz sobre la Tierra, si esta existiera sin su atmósfera envolvente. Gracias a las propiedades dispersivas de este medio, la luz solar se convierte en luz diurna; y en lugar de rayos paralelos e insoportables que iluminan con brillo y calcinan con calor aquellas partes sobre las que caen directamente, dejando todas las demás partes en la oscuridad de la noche, disfrutamos de las bendiciones de una difusión de sus rayos y experimentamos las bellezas de tonos suaves y sombras que se profundizan lentamente. Sin atmósfera, el sol de la mañana nos golpearía con un brillo insoportable y, al final del día, nos dejaría de repente sumidos en completa oscuridad. Con una atmósfera tenemos el crepúsculo con toda su encantadora moderación: un “tiempo hecho para poetas”. En cuanto a su composición química, el aire atmosférico está formado por veintiún volúmenes de oxígeno y setenta y nueve volúmenes de nitrógeno; es decir, cien granos de aire constan de 23,1 granos del primero y 76,9 granos del segundo. Ya sea que el aire provenga de las mayores profundidades o de las alturas más elevadas a las que el hombre ha llegado, se mantiene una proporción constante de estos gases. El aire de Chimborazo, de las áridas llanuras de Egipto, del pestilente delta del Níger, o incluso de la atmósfera infectada de un hospital, presenta siempre las mismas proporciones de estos dos gases que las que encontramos en las saludables colinas de Devonshire o en el aire de la ciudad de Londres. Esta constancia en su composición lleva a suponer que el oxígeno y el nitrógeno están químicamente combinados; pero muchos filósofos destacados han sostenido que simplemente están mezclados mecánicamente; y han demostrado que existen ciertas propiedades peculiares en los cuerpos gaseosos que explican perfectamente la mezcla equilibrada de dos gases cuyas densidades específicas son diferentes. Esto se ejemplifica especialmente en el caso del ácido carbónico, cuyo gas puede detectarse en un 1 % en todas las regiones del aire a las que han llegado las investigaciones humanas. Este gas, aunque tan denso, se mezcla con gran uniformidad en toda la masa, según la ley de difusión.[228] Cada exhalación proveniente de la Tierra, por supuesto, pasa al aire; pero estas son generalmente tan ligeras que son llevadas a las capas superiores, y allí
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Desempeñan su papel en los fenómenos meteorológicos, o bien son muy fácilmente absorbidos por el agua o por las plantas en crecimiento, y así se mantiene la atmósfera en un estado de pureza para el uso de los animales. Asimismo, la cantidad de oxígeno contenida en el aire, y su carácter muy peculiar, aseguran la oxidación de todas las sustancias orgánicas volátiles que se van desprendiendo constantemente: los principios aromáticos de las plantas, los miasmas de los pantanos y los productos de la putrefacción animal; estos se convierten rápidamente en agua, ácido carbónico o ácido nítrico, y entran pronto en nuevas combinaciones inocuas. Los elementos de contagio nos son desconocidos; pero dado que la atención de los investigadores se ha dirigido recientemente a este tema importante y delicado, es posible que pronto se arroje algo de luz sobre él. Nada demuestra de manera más sorprendente la admirable adaptación de todas las cosas a sus fines propuestos que la atmósfera. En ella encontramos la fuente de la vida y de la salud; y la química nos enseña, de forma indiscutible, que está compuesta por ciertas proporciones de gases de oxígeno y nitrógeno; y la experiencia nos indica que dependemos del oxígeno para todo lo que disfrutamos. La estructura atómica o molecular está organizada de tal manera que es imposible producir cualquier cambio en el aire sin que esto resulte perjudicial para la economía vegetal y animal. Podría pensarse, debido al conocido efecto estimulante del gas oxígeno, que si existiera una mayor cantidad de él en la atmósfera que la que actualmente hay, los placeres de la vida serían de tipo más intenso; pero las consecuencias de cualquier aumento serían extremadamente perjudiciales; y, al acelerar todos los procesos vitales hasta un grado antinatural, la estructura animal se deterioraría rápidamente: excitada por la fiebre, sería destruida por sus propios fuegos. La química nos ha hecho conocer otros seis compuestos de oxígeno y nitrógeno, ninguno de los cuales es adecuado para los fines de la vitalidad; los más notables son los siguientes:
El óxido nitroso, o el llamado gas hilarante, que contiene dos volúmenes de nitrógeno por cada uno de oxígeno, resultaría aún más destructivo que el oxígeno puro, debido a la embriaguez delirante que provoca.
El óxido nítrico, según Davy, está compuesto por dos volúmenes de nitrógeno y dos de oxígeno. Es de tal naturaleza irritante que la glotis se contrae espasmódicamente cada vez que se intenta respirarlo; y en cuanto escapa al aire, se combina con más oxígeno y forma los humos de color rojo oscuro del ácido nitroso.
El óxido nitroso, o el llamado gas hilarante, que contiene dos volúmenes de nitrógeno por cada uno de oxígeno, resultaría aún más destructivo que el oxígeno puro, debido a la embriaguez delirante que provoca.
El óxido nítrico, según Davy, está compuesto por dos volúmenes de nitrógeno y dos de oxígeno. Es de tal naturaleza irritante que la glotis se contrae espasmódicamente cada vez que se intenta respirarlo; y en cuanto escapa al aire, se combina con más oxígeno y forma los humos de color rojo oscuro del ácido nitroso.
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El ácido nitroso y el peróxido de nitrógeno contienen cada uno una proporción adicional de oxígeno, y son aún más destructivos para toda organización. El ácido nítrico contiene cinco volúmenes de oxígeno unidos a dos de nitrógeno; y no es necesario describir las bien conocidas propiedades destructivas del aqua fortis. La atmósfera y estos compuestos químicamente activos contienen los mismos elementos, pero su modo de combinarse es diferente; y lo que, en un caso, es altamente venenoso, en el otro se vuelve beneficioso y esencial para todos los seres organizados. El gas nitrógeno puede considerarse como un diluyente del oxígeno. En su estado puro, solo se caracteriza por sus propiedades negativas. No arde ni actúa como agente de combustión. Los animales mueren rápidamente si se encuentran en él; pero lo hacen más bien por la falta de oxígeno que por alguna propiedad venenosa de este gas. Sin embargo, en combinación, el nitrógeno muestra poderes de carácter sumamente energético. Además de los compuestos fulminantes y las sustancias explosivas ya mencionadas, que se encuentran entre los ejemplos más notables de afinidad inestable que conocemos, también tenemos el bien conocido cuerpo picante: el amoníaco. Dada la naturaleza análoga de este compuesto volátil y de las bases fijas sosa y potasa, se dedujo que debía ser, al igual que ellas, un óxido de una base metálica. Davy sometió el amoníaco a la acción del potasio y a la influencia del arco voltaico producido por 2.000 placas dobles, sin que cambiara en absoluto su carácter. Debido a su ligera tendencia a combinarse y a que se encuentra en abundancia en los órganos de los animales que se alimentan de sustancias que no lo contienen, probablemente sea un cuerpo compuesto. Un fenómeno de carácter oscuro y misterioso se presenta en la formación del “amalgama amoniacal”, como se le denomina. El mercurio, al mezclarse con una sal amoniacal, queda expuesto a una poderosa acción galvánica; y se forma un compuesto que mantiene su apariencia metálica, pero es considerablemente ligero y muy poroso.[229] Esta preparación ha sido examinada cuidadosamente por Davy, Berzelius y otros. Siempre se descompone en amoníaco y mercurio; y, aunque este último químico tiende firmemente a considerarlo como evidencia de la naturaleza compuesta del nitrógeno —y de hecho ha propuesto el nombre nitricum para su base hipotética—, hasta el momento no disponemos de una explicación satisfactoria para esta aparente metalización del amoníaco.
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No se intentará describir las diversas sustancias elementales que pertenecen a la clase de los cuerpos metálicos, y mucho menos enumerar sus combinaciones. Muchos de los metales, como la plata y el cobre, se encuentran a veces en estado nativo, o casi puros; pero, en su mayor parte, existen en la naturaleza combinados con oxígeno o azufre; el oro constituye una excepción notable. Ocasionalmente se encuentran combinados con otros cuerpos, como carbono oxidado, fósforo, cloro, etc.; pero estos casos no son en absoluto tan comunes. Esas sustancias llamadas metales se encuentran generalmente incrustadas en las rocas, o depositadas en fisuras formadas en ellas; pero uno de los grandes descubrimientos de la ciencia moderna es que esas mismas rocas son óxidos metálicos. Con los metales asociamos generalmente la idea de una gran densidad; pero el potasio y el sodio, las bases metálicas del potasa y la sosa, son más ligeros que el agua y, por lo tanto, flotan sobre ese líquido. Aprendemos, pues, de las investigaciones científicas, que la corteza de esta tierra está compuesta íntegramente por metales, combinados con elementos gaseosos; y hay motivos para creer que uno, o quizás dos, de los gases que ya hemos mencionado también tienen carácter metálico. Por extraño que parezca, no hay nada, como se verá al examinarlo detenidamente, irracional en esta idea. Muchos de los metales propiamente dichos, bajo la influencia del calor que podemos generar por medios artificiales, se disipan en vapor y pueden mantenerse en este estado perfectamente invisibles. De hecho, el espacio transparente por encima de la superficie del mercurio en el tubo de un barómetro, conocido como vacío torricelliano, está lleno de vapor de mercurio. Por lo tanto, no hay razón por la cual el nitrógeno, o incluso el hidrógeno, no puedan ser moléculas metálicas mantenidas a gran distancia unas de otras por la fuerza de las fuerzas repulsivas del calor, o alguna otra influencia. La forma peculiar en que el nitrógeno se une al mercurio, y la propiedad que posee el hidrógeno de combinarse con antimonio, zinc, arsénico, potasio, sodio y posiblemente otros metales, además de su unión con el azufre y el carbono —en todos estos casos no hay tal cambio de carácter como ocurre cuando se combinan con el oxígeno— parecen indicar cuerpos que, químicamente, no son muy diferentes de esos mismos metales, aunque, físicamente, no tengan la más remota similitud.
“No sabemos nada”, dice Davy, “de los verdaderos elementos que pertenecen a la naturaleza; pero, en la medida en que podemos razonar a partir de las relaciones de las propiedades de la materia, el hidrógeno es la sustancia que se acerca más a lo que podrían ser los elementos. Tiene poderosas capacidades de combinación; sus partes son”
“No sabemos nada”, dice Davy, “de los verdaderos elementos que pertenecen a la naturaleza; pero, en la medida en que podemos razonar a partir de las relaciones de las propiedades de la materia, el hidrógeno es la sustancia que se acerca más a lo que podrían ser los elementos. Tiene poderosas capacidades de combinación; sus partes son”
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Son altamente repulsivos entre sí y, al mismo tiempo, atraen a las partículas de otras sustancias; entran en combinación en cantidades mucho menores que cualquier otra sustancia, y en este aspecto no hay ningún cuerpo conocido que se le asemeje.[230] Muchos de los elementos son comunes a los tres reinos de la naturaleza: la mayoría de aquellos que se encuentran en un estado determinado de organización también se descubren en otro. Los carbonatos son una clase mineral abundante. En el reino vegetal encontramos al carbono combinado con oxígeno, hidrógeno y nitrógeno; estos elementos también constituyen la sustancia de los animales, aunque la proporción de nitrógeno es mucho mayor. Si hay un elemento que pertenece especialmente al organismo animal, ese es el fósforo, aunque tampoco falta en el mundo vegetal; y tampoco es raro en los minerales. El azufre es común a los tres reinos: es abundante en los minerales, siendo uno de los productos de la actividad volcánica; se une a los metales formando sulfuros; y se encuentra en nuestras rocas en estado de ácido sulfúrico o vapor oxidado, combinado con las bases metálicas del cal y otras tierras. En el reino vegetal descubrimos azufre en todas las plantas de la familia de las cebollas, en la mostaza y en algunas otras; forma parte de la composición del albúmen vegetal, y siempre aparece combinado con albúmen, fibrina y caseína en el organismo animal. El cloro se encuentra más abundantemente combinado con sodio, como sal común: en este estado, en particular, podemos rastrearlo desde las profundidades de la tierra, sus aguas y sus rocas, hasta las plantas y animales de la superficie. El yodo es más abundante en las plantas marinas; pero también se ha encontrado en el mundo mineral, se ha rastreado en plantas y está presente en la carne de algunos animales. El bromo nos es conocido como producto de ciertas aguas salinas, y se han examinado algunos ejemplares de bromuro natural de plata. El flúor, base del ácido que, al combinarse con el cal, forma la fluorita, se encuentra en cantidades considerables en los huesos; también se ha descubierto en la leche y la sangre; y las investigaciones han demostrado su presencia en el mundo vegetal. No hay que olvidar que las tierras, el cal y la magnesia forman parte de la composición de las partes más sólidas de las plantas y los animales. El cal es uno de los componentes principales de los huesos y conchas animales, y se encuentra en casi todas las plantas. La sílice, o tierra de sílex, se encuentra en hermosos cristales transparentes en las profundidades de las minas; en todas las rocas y suelos también se halla. En la corteza de muchas plantas, especialmente de las hierbas, se descubre, formando la estructura resistente que las sostiene.
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La cutícula del tallo, en el trigo, la caña de azúcar, el bambú y muchas otras plantas. Así es como encontramos el mismo principio elemental que se manifiesta en toda forma de materia, bajo las formas más variadas. Numerosos fenómenos, incluso de carácter más sorprendente que los seleccionados, se presentan en cada rama de la química; pero dentro de los límites de este ensayo es impracticable hablar de otros además de aquellos que explican directamente los fenómenos naturales. Los elementos químicos que realmente existen en la naturaleza como cuerpos simples son probablemente pocos. La mayoría de los gases son, con toda probabilidad, compuestos de algunos principios etéreos fundamentales; y con el avance de la ciencia podemos esperar descubrir los medios para reducir algunos de ellos a un estado aún más simple. Relaciones curiosas, que pueden rastrearse a través de ciertos cuerpos, nos llevan a creer que estos podrían ser simplemente condiciones modificadas de un mismo elemento. La piedra de afilar y el carbón no parecen estar relacionados a primera vista; pero el carbono, en algunos de sus estados, se acerca mucho a la condición del silicio, la base metálica de la piedra de afilar. Cuando recordamos las diferencias evidentes entre las tres formas de un mismo cuerpo —coque, grafito y diamante—, la disimilitud entre la piedra de afilar, un cristal de cuarzo y el carbono deja de ser una objeción importante a esta especulación. El fósforo, el azufre y el selenio tienen muchas propiedades en común. Yodo, bromo, cloro y flúor parecen pertenecer al mismo grupo. El hierro y el níquel, así como el cobalto, están estrechamente relacionados. La plata y el plomo suelen combinarse y muestran una fuerte relación entre sí. El oro, el platino y los metales más raros tienen tantas propiedades en común que pueden formar un grupo separado de todos los demás. De hecho, un examen filosófico de los elementos que ahora se supone constituyen el mundo material nos permite dividirlos en unos seis grupos bien definidos. Existen grandes diferencias dentro de estos grupos; pero aún así encontramos un número suficiente de propiedades comunes como para justificar su clasificación en una misma familia. El sueño de los alquimistas, en el vano intento por hacerlo realidad, en el cual agotaron sus vidas y desperdiciaron sus riquezas, tenía sus bases en una verdad natural. La transmutación de una forma de materia en otra puede ser…
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Está más allá del poder del hombre, pero sin duda ocurre continuamente en el laboratorio de la naturaleza, bajo la ley que dirige el gran Creador de esta hermosa tierra.
Las especulaciones de los hombres, a lo largo de todas las épocas, han tendido hacia esta idea, como lo demuestra la teoría de los cuatro elementos —Aire, Fuego, Tierra y Agua— de los antiguos, los tres —Sal, Azufre y Mercurio— de los alquimistas, y las refinadas especulaciones de Newton y Boscovich sobre la constitución última de la materia. Toda investigación experimental apunta a una conclusión similar. Es cierto que no tenemos pruebas directas de que algún átomo elemental esté realmente experimentando un cambio de estado; pero cuando consideramos las variaciones producidas por la influencia eléctrica, los cambios de estado que surgen por el poder del calor y las alteraciones físicas provocadas por la luz, será difícil llegar a otra conclusión que no sea que las partículas de materia que conocemos como elementales son capaces de cambiar, y por consiguiente deben estar muy lejos de ser cuerpos verdaderamente simples, ya que el átomo elemental real, poseedor de propiedades fijas, no puede considerarse capaz de sufrir ninguna transmutación. El alotropismo no podría ocurrir en ningún cuerpo absolutamente simple.
Ahora resultará evidente que en todos los fenómenos químicos tenemos el ejercicio combinado de las grandes fuerzas físicas, y evidencias de algunos poderes que aún están envueltos en el misterio de nuestra ignorancia. La formación de minerales dentro de las grietas de las rocas, la descomposición de las vetas metálicas, la germinación de las semillas, el crecimiento de las plantas, el desarrollo de sus frutos y su decadencia final, los procesos secretos de la vida animal, la asimilación, la digestión y la respiración, y todos los cambios de forma externa que tienen lugar a nuestro alrededor, son el resultado del ejercicio de ese principio que llamamos químico.
Por acción química, las plantas toman de la atmósfera los elementos para su crecimiento; estos los entregan a los animales, y de éstos vuelven a estar presentes en el aire. La atmósfera invisible se va formando gradualmente en un ser organizado: el majestuoso árbol en cuyas ramas tienen su hogar las aves, y el animal humano, elevado al ser dotado de un alma espiritual; sin embargo, tanto el árbol como el hombre se desintegran gradualmente en aire. Los cambios del mundo mineral son de carácter análogo; pero no podemos seguirlos con tanta claridad en todos sus fenómenos.
El planeta en el que vivimos comenzó su curso cargado con una cantidad fija de fuerza física, y esta ha permanecido constante hasta el momento presente.
Las especulaciones de los hombres, a lo largo de todas las épocas, han tendido hacia esta idea, como lo demuestra la teoría de los cuatro elementos —Aire, Fuego, Tierra y Agua— de los antiguos, los tres —Sal, Azufre y Mercurio— de los alquimistas, y las refinadas especulaciones de Newton y Boscovich sobre la constitución última de la materia. Toda investigación experimental apunta a una conclusión similar. Es cierto que no tenemos pruebas directas de que algún átomo elemental esté realmente experimentando un cambio de estado; pero cuando consideramos las variaciones producidas por la influencia eléctrica, los cambios de estado que surgen por el poder del calor y las alteraciones físicas provocadas por la luz, será difícil llegar a otra conclusión que no sea que las partículas de materia que conocemos como elementales son capaces de cambiar, y por consiguiente deben estar muy lejos de ser cuerpos verdaderamente simples, ya que el átomo elemental real, poseedor de propiedades fijas, no puede considerarse capaz de sufrir ninguna transmutación. El alotropismo no podría ocurrir en ningún cuerpo absolutamente simple.
Ahora resultará evidente que en todos los fenómenos químicos tenemos el ejercicio combinado de las grandes fuerzas físicas, y evidencias de algunos poderes que aún están envueltos en el misterio de nuestra ignorancia. La formación de minerales dentro de las grietas de las rocas, la descomposición de las vetas metálicas, la germinación de las semillas, el crecimiento de las plantas, el desarrollo de sus frutos y su decadencia final, los procesos secretos de la vida animal, la asimilación, la digestión y la respiración, y todos los cambios de forma externa que tienen lugar a nuestro alrededor, son el resultado del ejercicio de ese principio que llamamos químico.
Por acción química, las plantas toman de la atmósfera los elementos para su crecimiento; estos los entregan a los animales, y de éstos vuelven a estar presentes en el aire. La atmósfera invisible se va formando gradualmente en un ser organizado: el majestuoso árbol en cuyas ramas tienen su hogar las aves, y el animal humano, elevado al ser dotado de un alma espiritual; sin embargo, tanto el árbol como el hombre se desintegran gradualmente en aire. Los cambios del mundo mineral son de carácter análogo; pero no podemos seguirlos con tanta claridad en todos sus fenómenos.
El planeta en el que vivimos comenzó su curso cargado con una cantidad fija de fuerza física, y esta ha permanecido constante hasta el momento presente.
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Lo hará hasta el fin de los tiempos. Por influencias externas a esta tierra, el equilibrio de estas fuerzas se ve continuamente perturbado; y en el esfuerzo por restablecer ese equilibrio, se produce toda la variedad de formas de materia, así como la manifestación de cada principio o fuerza física específica. Así como el movimiento y la atracción, equilibrados entre sí, mantienen a la Tierra en su órbita elíptica, de igual manera la oposición de fuerzas determina la existencia de la roca amorfa, del cristal que refracta la luz, de la planta fija y floreciente, y del animal locomotor.
En la naturaleza se observa un ciclo eterno de acción química. La vida y la muerte no son más que dos fases de sus influencias. El crecimiento y la descomposición son igualmente resultado de su poder.
NOTAS AL PIE:
[212] Parece que el Dr. Priestley fue el primero en observar la propiedad peculiar de la difusión de los gases. Sin embargo, fue el Dr. Dalton quien primero llamó la atención sobre la importancia de este hecho para los fenómenos naturales, y publicó sus opiniones en The Miscibility of Gases, en el volumen V de los Manchester Memoirs. El siguiente extracto de su memorando On the Constitution of the Atmosphere mostrará su relevancia:
Puede ser útil contrastar esta visión de la constitución de la atmósfera con la única otra que, hasta donde sé, se ha planteado.
Según una visión, según la otra visión:
1. Los volúmenes de cada gas que se encuentran en la superficie de la Tierra son proporcionales al peso total de las respectivas atmósferas, multiplicado por su densidad específica.
Nitrógeno: 79 Nitrógeno: 76,6
Oxígeno: 21 Oxígeno: 23,4
Vapor acuoso: 1,33 Vapor acuoso: 0,83
Ácido carbónico: 1,0 Ácido carbónico: 0,15
—— ——
101,43 100,88
En la naturaleza se observa un ciclo eterno de acción química. La vida y la muerte no son más que dos fases de sus influencias. El crecimiento y la descomposición son igualmente resultado de su poder.
NOTAS AL PIE:
[212] Parece que el Dr. Priestley fue el primero en observar la propiedad peculiar de la difusión de los gases. Sin embargo, fue el Dr. Dalton quien primero llamó la atención sobre la importancia de este hecho para los fenómenos naturales, y publicó sus opiniones en The Miscibility of Gases, en el volumen V de los Manchester Memoirs. El siguiente extracto de su memorando On the Constitution of the Atmosphere mostrará su relevancia:
Puede ser útil contrastar esta visión de la constitución de la atmósfera con la única otra que, hasta donde sé, se ha planteado.
Según una visión, según la otra visión:
1. Los volúmenes de cada gas que se encuentran en la superficie de la Tierra son proporcionales al peso total de las respectivas atmósferas, multiplicado por su densidad específica.
Nitrógeno: 79 Nitrógeno: 76,6
Oxígeno: 21 Oxígeno: 23,4
Vapor acuoso: 1,33 Vapor acuoso: 0,83
Ácido carbónico: 1,0 Ácido carbónico: 0,15
—— ——
101,43 100,88
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2. La altitud de cada atmósfera difiere de la de todas las demás, y la proporción de cada una en la atmósfera compuesta es la misma en todas las altitudes, aunque estas varíen gradualmente a medida que se asciende.
3. Cuando dos atmósferas se mezclan, ocupan sus posiciones según su densidad específica; no permanecen en capas separadas, sino que se encuentran mezcladas entre sí. Sin embargo, existe una capa separada de la atmósfera más ligera en la cima, por encima de la otra.
[213] La discusión de esta cuestión, iniciada por Arago en su Eloge, fue continuada por Lord Brougham en sus Vidas de Watt y Cavendish, y por el Sr. Vernon Harcourt en su discurso como presidente de la Asociación Británica, y más recientemente en su Carta a Lord Brougham. Las cartas de Watt sobre este tema han sido publicadas posteriormente bajo la supervisión del Sr. Muirhead.
[214] Véanse varios artículos sobre el ozono, del profesor Schönbein, en la Philosophical Magazine y en los Informes de la Asociación Británica. Consulte también un artículo del autor: Athenæum, septiembre de 1849.
[215] Memoire sur l’Ozone; Basilea, 1849. Poggendorff’s Annalen, lxxvii, p. 592. Ibíd., lxxviii, p. 162.
[216] Chemical Gazette, 1849.
[217] Se ha encontrado yoduro de plata en Albarradón, cerca de Mazapil, en México. El yoduro de mercurio, de un color amarillo limón intenso, fue descubierto en la arenisca de Casas, Viegas, México. Algers; Phillips’ Mineralogy.
[218] Informes de Gentele de la Academia de Estocolmo.
[219] Stahl, tomando las concepciones poco claras de Becher y Van Helmont, supuso que los fenómenos de combustión se debían al flogisto. Imaginó que, al combinarse con el flogisto, un cuerpo se volvía combustible, y que su liberación provocaba la combustión; tras su evolución, quedaba o bien un ácido o bien una tierra. Así, según esta teoría, el azufre estaba compuesto de flogisto y ácido sulfúrico, y el plomo, de cal de plomo y flogisto, etc.
[220] Al ser solicitado por el abogado del Almirantazgo para investigar las causas del incendio que destruyó los barcos Imogene y Talavera en el arsenal de Devonport, descubrí un contenedor debajo del techo que cubría esos barcos, en el cual se había acumulado durante mucho tiempo toda la basura proveniente de los talleres de carpinteros y pintores. Era evidente que se había producido una combustión espontánea en esa masa de estopa engrasada, serrín, materiales antifricción y tela vieja de velas, que allí se habían ido acumulando.
[221] Investigaciones sobre la llama: Obras completas de Sir H. Davy.
[222] Véase la nota anterior, sobre la teoría química de la respiración.
3. Cuando dos atmósferas se mezclan, ocupan sus posiciones según su densidad específica; no permanecen en capas separadas, sino que se encuentran mezcladas entre sí. Sin embargo, existe una capa separada de la atmósfera más ligera en la cima, por encima de la otra.
[213] La discusión de esta cuestión, iniciada por Arago en su Eloge, fue continuada por Lord Brougham en sus Vidas de Watt y Cavendish, y por el Sr. Vernon Harcourt en su discurso como presidente de la Asociación Británica, y más recientemente en su Carta a Lord Brougham. Las cartas de Watt sobre este tema han sido publicadas posteriormente bajo la supervisión del Sr. Muirhead.
[214] Véanse varios artículos sobre el ozono, del profesor Schönbein, en la Philosophical Magazine y en los Informes de la Asociación Británica. Consulte también un artículo del autor: Athenæum, septiembre de 1849.
[215] Memoire sur l’Ozone; Basilea, 1849. Poggendorff’s Annalen, lxxvii, p. 592. Ibíd., lxxviii, p. 162.
[216] Chemical Gazette, 1849.
[217] Se ha encontrado yoduro de plata en Albarradón, cerca de Mazapil, en México. El yoduro de mercurio, de un color amarillo limón intenso, fue descubierto en la arenisca de Casas, Viegas, México. Algers; Phillips’ Mineralogy.
[218] Informes de Gentele de la Academia de Estocolmo.
[219] Stahl, tomando las concepciones poco claras de Becher y Van Helmont, supuso que los fenómenos de combustión se debían al flogisto. Imaginó que, al combinarse con el flogisto, un cuerpo se volvía combustible, y que su liberación provocaba la combustión; tras su evolución, quedaba o bien un ácido o bien una tierra. Así, según esta teoría, el azufre estaba compuesto de flogisto y ácido sulfúrico, y el plomo, de cal de plomo y flogisto, etc.
[220] Al ser solicitado por el abogado del Almirantazgo para investigar las causas del incendio que destruyó los barcos Imogene y Talavera en el arsenal de Devonport, descubrí un contenedor debajo del techo que cubría esos barcos, en el cual se había acumulado durante mucho tiempo toda la basura proveniente de los talleres de carpinteros y pintores. Era evidente que se había producido una combustión espontánea en esa masa de estopa engrasada, serrín, materiales antifricción y tela vieja de velas, que allí se habían ido acumulando.
[221] Investigaciones sobre la llama: Obras completas de Sir H. Davy.
[222] Véase la nota anterior, sobre la teoría química de la respiración.
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[223] A petición de la Asociación Británica, un comité se encargó de investigar este tema. Se realizaron experimentos por el Dr. Daubeny, en los Jardines Botánicos de Oxford, y por el autor, en su residencia de Stockwell. El Dr. Daubeny, en su informe presentado en la reunión de la Asociación Británica en Birmingham, parece inclinado a considerar que un diez por ciento adicional de ácido carbónico es destructivo para el crecimiento de las helechos. Sin embargo, descubrí que, al aumentar gradualmente la cantidad, las helechos podían sobrevivir en una atmósfera aún más rica en ácido carbónico.
[224] Véase el memorando “Sobre la anchoa”, del Sr. Couch, en los Informes de la Sociedad Politécnica Real de Cornualles.
[225] “Esta escala, en la cual se expresa la humedad del aire, es la escala natural sencilla según la cual el aire en su máximo de humedad (es decir, cuando está saturado de vapor) se considera como = 100, y el aire completamente desprovisto de humedad como = 0; los grados intermedios se obtienen mediante la fracción 100 × tensión real del vapor ÷ tensión necesaria para la saturación del aire a su temperatura actual. Así, si el aire a cualquier temperatura contiene vapor con la mitad de la tensión que tendría si estuviera saturado, el grado es 50; si tres cuartas partes, entonces 75; y así sucesivamente. El aire a mayor temperatura es capaz de contener una mayor cantidad de vapor que el aire a menor temperatura; pero es la proporción entre lo que realmente contiene y lo que contendría si estuviera saturado lo que constituye la medida de su sequedad o humedad. Dado que la capacidad del aire para contener humedad está determinada por su temperatura, era de esperar que existiera una estrecha relación y dependencia entre las variaciones anuales y diurnas del vapor y de la temperatura”. —Sabine, Sobre la meteorología de Toronto; Informes de la Asociación Británica, vol. XIII, p. 47. Las tablas de temperatura: del Prof. W. H. Dove; deben consultarse los informes correspondientes a 1847.
[226] Óptica de Sir David Brewster, y memorandos en las Philosophical Transactions. Tratado sobre la luz de Sir John Herschel, Encyclopædia Metropolitana.
[227] Sobre el color del vapor en ciertas circunstancias: del profesor Forbes; Philosophical Magazine, vol. XIV, p. 121, vol. XV, p. 25. En el primer artículo se encuentran las siguientes observaciones: “No puedo dudar de que el color del vapor acuoso en ciertas circunstancias es la causa principal, o incluso la única, del color rojo observado en las nubes. El hecho de que ese color aparezca principalmente en presencia de nubes es una refutación suficiente de la única explicación de los fenómenos del atardecer y amanecer que tiene menos verosimilitud, según los autores especializados en óptica. Si la luz roja del cielo horizontal fuera simplemente complementaria al azul de una atmósfera pura, el sol debería ponerse rojo en el clima más claro, y sobre todo entonces; pero la experiencia demuestra que un amanecer o atardecer brillante siempre va acompañado de nubes o vapores difusos, y en la gran mayoría de los casos ocurre cuando se puede deducir el cambio en el estado de los vapores anteriormente transparentes e incoloros a partir de la lluvia posterior. De manera similar, las luces terrestres vistas a distancia se vuelven rojas y tenues cuando la atmósfera está llena de vapor que pronto se precipitará. La analogía aplicada a estas observaciones conduciría sin duda a una solución de tales fenómenos; ya he señalado que la existencia de vapor de alta tensión no es en absoluto esencial para la producción de color, aunque, por supuesto, se debe emplear una capa proporcionalmente más gruesa del medio para obtener un efecto similar cuando la elasticidad es baja”.
[228] Sobre la ley de difusión de los gases: de Thomas Graham, M.A., F.R.S., etc.; Edinburgh Philosophical Transactions, 1832. Sobre la acción capilar de las fisuras.
[224] Véase el memorando “Sobre la anchoa”, del Sr. Couch, en los Informes de la Sociedad Politécnica Real de Cornualles.
[225] “Esta escala, en la cual se expresa la humedad del aire, es la escala natural sencilla según la cual el aire en su máximo de humedad (es decir, cuando está saturado de vapor) se considera como = 100, y el aire completamente desprovisto de humedad como = 0; los grados intermedios se obtienen mediante la fracción 100 × tensión real del vapor ÷ tensión necesaria para la saturación del aire a su temperatura actual. Así, si el aire a cualquier temperatura contiene vapor con la mitad de la tensión que tendría si estuviera saturado, el grado es 50; si tres cuartas partes, entonces 75; y así sucesivamente. El aire a mayor temperatura es capaz de contener una mayor cantidad de vapor que el aire a menor temperatura; pero es la proporción entre lo que realmente contiene y lo que contendría si estuviera saturado lo que constituye la medida de su sequedad o humedad. Dado que la capacidad del aire para contener humedad está determinada por su temperatura, era de esperar que existiera una estrecha relación y dependencia entre las variaciones anuales y diurnas del vapor y de la temperatura”. —Sabine, Sobre la meteorología de Toronto; Informes de la Asociación Británica, vol. XIII, p. 47. Las tablas de temperatura: del Prof. W. H. Dove; deben consultarse los informes correspondientes a 1847.
[226] Óptica de Sir David Brewster, y memorandos en las Philosophical Transactions. Tratado sobre la luz de Sir John Herschel, Encyclopædia Metropolitana.
[227] Sobre el color del vapor en ciertas circunstancias: del profesor Forbes; Philosophical Magazine, vol. XIV, p. 121, vol. XV, p. 25. En el primer artículo se encuentran las siguientes observaciones: “No puedo dudar de que el color del vapor acuoso en ciertas circunstancias es la causa principal, o incluso la única, del color rojo observado en las nubes. El hecho de que ese color aparezca principalmente en presencia de nubes es una refutación suficiente de la única explicación de los fenómenos del atardecer y amanecer que tiene menos verosimilitud, según los autores especializados en óptica. Si la luz roja del cielo horizontal fuera simplemente complementaria al azul de una atmósfera pura, el sol debería ponerse rojo en el clima más claro, y sobre todo entonces; pero la experiencia demuestra que un amanecer o atardecer brillante siempre va acompañado de nubes o vapores difusos, y en la gran mayoría de los casos ocurre cuando se puede deducir el cambio en el estado de los vapores anteriormente transparentes e incoloros a partir de la lluvia posterior. De manera similar, las luces terrestres vistas a distancia se vuelven rojas y tenues cuando la atmósfera está llena de vapor que pronto se precipitará. La analogía aplicada a estas observaciones conduciría sin duda a una solución de tales fenómenos; ya he señalado que la existencia de vapor de alta tensión no es en absoluto esencial para la producción de color, aunque, por supuesto, se debe emplear una capa proporcionalmente más gruesa del medio para obtener un efecto similar cuando la elasticidad es baja”.
[228] Sobre la ley de difusión de los gases: de Thomas Graham, M.A., F.R.S., etc.; Edinburgh Philosophical Transactions, 1832. Sobre la acción capilar de las fisuras.
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&c.: por Döbereiner; Annales de Chimie, xxiv. 332.
[229] Investigaciones electroquímicas sobre las descomposiciones de las tierras alcalinas, con observaciones sobre los metales obtenidos de ellas y sobre el amalgama obtenido a partir del amoníaco: por Sir Humphry Davy; Philosophical Transactions, 1808, y Obras completas, vol. V, p. 102.
[230] Elementos de filosofía química: por Sir H. Davy.
[229] Investigaciones electroquímicas sobre las descomposiciones de las tierras alcalinas, con observaciones sobre los metales obtenidos de ellas y sobre el amalgama obtenido a partir del amoníaco: por Sir Humphry Davy; Philosophical Transactions, 1808, y Obras completas, vol. V, p. 102.
[230] Elementos de filosofía química: por Sir H. Davy.
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CAPÍTULO XIII.
TIEMPO.—FENÓMENOS GEOLÓGICOS.
El tiempo, un elemento en las operaciones de la Naturaleza—La ciencia geológica—
Sus hechos e inferencias—La hipótesis nebular aplicada—
Formaciones primarias—Rocas plutónicas y metamórficas—
Serie de transición—Rocas paleozoicas—Comienzo de
las disposiciones orgánicas—Existencia de ácido fosfórico en
las rocas plutónicas—Restos fósiles—Formación del carbón—
Areniscas—Formaciones terciarias—Formaciones eocénicas, miocénicas y
pliocénicas—Cambios progresivos ahora aparentes—
Conclusiones generales—La física aplicada en la explicación.
La influencia del tiempo, como elemento, en la producción de ciertas disposiciones estructurales, al modificar las operaciones de la fuerza física, sea cual sea la forma en que se ejerza, apenas ha sido suficientemente tenida en cuenta en el estudio de los fenómenos cósmicos. Cada partícula de materia está, por así decirlo, suspendida entre los agentes a los que hemos dirigido nuestra atención. Bajo la influencia de las fuerzas físicas, a veces ejercidas conjuntamente, pero con frecuencia con una gran preponderancia a favor de una de ellas, cada montón acumulado de lodo o arena va adquiriendo lentamente cohesión y adoptando la forma de una roca que posee ciertas características distintivas, en lo que respecta a la laminación, la fisuración, etc.
Las partículas diminutas de materia son necesariamente influenciadas solo ligeramente por las fuerzas físicas: su acción, de acuerdo con las leyes que determinan la condición física, se manifiesta en un grado sumamente modificado. Pero en todas las operaciones de la naturaleza, lo que falta en potencia se compensa con el tiempo, y los efectos se producen a lo largo de innumerables edades, gracias a fuerzas demasiado débiles para dar resultados satisfactorios mediante cualquier experimento que pudiera prolongarse incluso durante un siglo.
Si, con la mirada de un geólogo, echamos solo una ojeada superficial sobre la Tierra, descubriremos que deben haber transcurrido incontables edades durante su evolución.
TIEMPO.—FENÓMENOS GEOLÓGICOS.
El tiempo, un elemento en las operaciones de la Naturaleza—La ciencia geológica—
Sus hechos e inferencias—La hipótesis nebular aplicada—
Formaciones primarias—Rocas plutónicas y metamórficas—
Serie de transición—Rocas paleozoicas—Comienzo de
las disposiciones orgánicas—Existencia de ácido fosfórico en
las rocas plutónicas—Restos fósiles—Formación del carbón—
Areniscas—Formaciones terciarias—Formaciones eocénicas, miocénicas y
pliocénicas—Cambios progresivos ahora aparentes—
Conclusiones generales—La física aplicada en la explicación.
La influencia del tiempo, como elemento, en la producción de ciertas disposiciones estructurales, al modificar las operaciones de la fuerza física, sea cual sea la forma en que se ejerza, apenas ha sido suficientemente tenida en cuenta en el estudio de los fenómenos cósmicos. Cada partícula de materia está, por así decirlo, suspendida entre los agentes a los que hemos dirigido nuestra atención. Bajo la influencia de las fuerzas físicas, a veces ejercidas conjuntamente, pero con frecuencia con una gran preponderancia a favor de una de ellas, cada montón acumulado de lodo o arena va adquiriendo lentamente cohesión y adoptando la forma de una roca que posee ciertas características distintivas, en lo que respecta a la laminación, la fisuración, etc.
Las partículas diminutas de materia son necesariamente influenciadas solo ligeramente por las fuerzas físicas: su acción, de acuerdo con las leyes que determinan la condición física, se manifiesta en un grado sumamente modificado. Pero en todas las operaciones de la naturaleza, lo que falta en potencia se compensa con el tiempo, y los efectos se producen a lo largo de innumerables edades, gracias a fuerzas demasiado débiles para dar resultados satisfactorios mediante cualquier experimento que pudiera prolongarse incluso durante un siglo.
Si, con la mirada de un geólogo, echamos solo una ojeada superficial sobre la Tierra, descubriremos que deben haber transcurrido incontables edades durante su evolución.
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del planeta hasta su estado actual. Este es un hecho escrito por el dedo de la naturaleza, en caracteres inequívocos, sobre las poderosas tablas de sus montañas. La corteza superficial de la tierra —con lo cual solo se quiere decir esa capa, comparada con su diámetro, que tiene pocos kilómetros de profundidad— está compuesta por masas minerales distintas, que presentan condiciones físicas particulares y un cierto orden de disposición. Estas rocas parecen haber resultado de dos causas diferentes: en una clase se evidencia la acción del calor, y en la otra tenemos ya sea la lenta deposición de materia suspendida en agua, o la cristalización a partir de una solución; un origen acuático se indica por las particularidades de formación en todas las rocas más recientes.
Hay pocas ramas de la ciencia que permitan la especulación en la medida en que ocurre en la geología. Las consecuencias de esto se manifiestan en el carácter popular de esta ciencia. Se realizan unas pocas observaciones en una zona limitada, se determinan ciertas condiciones estructurales, y de inmediato la mente, “libre de fantasías”, penetra en las profundidades de la tierra, y la imaginación, teniendo “espacio suficiente”, crea causas mediante las cuales se debe interpretar todo efecto. Tales estudiosos, generalmente ignorantes de los principios básicos de la física, con poco conocimiento de la mineralogía y aún menos de la química, por no hablar de la paleontología, y careciendo de todos los requisitos para ser observadores, asumen audazmente premisas insostenibles y piensan que han explicado un fenómeno, que han dado al mundo una verdad, cuando en realidad solo han difundido una especulación sin fundamento, que puede tener ocasionalmente signos de ingenio, pero poco más.
Las observaciones cuidadosamente realizadas por aquellos que, con incansable esfuerzo, han recorrido colinas y valles, han marcado y medido las diversas características, espesores, inclinaciones y posiciones de las rocas; que han observado la influencia del calor en su transformación, del agua en su desgaste y los resultados de la precipitación en la formación de estratos; que han rastreado los efectos mecánicos de los terremotos y las erupciones volcánicas, y, razonando a partir de una inmensa cantidad de hechos acumulados, han deducido ciertas conclusiones generales, son, sin embargo, de carácter totalmente distinto; y son precisamente estos observadores quienes llevaron a Herschel a decir con razón que “la geología, por la magnitud y sublimidad de los objetos que trata, sin duda ocupa, en la escala de las ciencias, el lugar inmediatamente siguiente al de la astronomía”.[231]
El origen de este planeta está envuelto en gran oscuridad, que ni siquiera las facultades de los más dotados pueden penetrar. Parece ser obra de un Ser Todopoderoso.
Hay pocas ramas de la ciencia que permitan la especulación en la medida en que ocurre en la geología. Las consecuencias de esto se manifiestan en el carácter popular de esta ciencia. Se realizan unas pocas observaciones en una zona limitada, se determinan ciertas condiciones estructurales, y de inmediato la mente, “libre de fantasías”, penetra en las profundidades de la tierra, y la imaginación, teniendo “espacio suficiente”, crea causas mediante las cuales se debe interpretar todo efecto. Tales estudiosos, generalmente ignorantes de los principios básicos de la física, con poco conocimiento de la mineralogía y aún menos de la química, por no hablar de la paleontología, y careciendo de todos los requisitos para ser observadores, asumen audazmente premisas insostenibles y piensan que han explicado un fenómeno, que han dado al mundo una verdad, cuando en realidad solo han difundido una especulación sin fundamento, que puede tener ocasionalmente signos de ingenio, pero poco más.
Las observaciones cuidadosamente realizadas por aquellos que, con incansable esfuerzo, han recorrido colinas y valles, han marcado y medido las diversas características, espesores, inclinaciones y posiciones de las rocas; que han observado la influencia del calor en su transformación, del agua en su desgaste y los resultados de la precipitación en la formación de estratos; que han rastreado los efectos mecánicos de los terremotos y las erupciones volcánicas, y, razonando a partir de una inmensa cantidad de hechos acumulados, han deducido ciertas conclusiones generales, son, sin embargo, de carácter totalmente distinto; y son precisamente estos observadores quienes llevaron a Herschel a decir con razón que “la geología, por la magnitud y sublimidad de los objetos que trata, sin duda ocupa, en la escala de las ciencias, el lugar inmediatamente siguiente al de la astronomía”.[231]
El origen de este planeta está envuelto en gran oscuridad, que ni siquiera las facultades de los más dotados pueden penetrar. Parece ser obra de un Ser Todopoderoso.
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y la Mente Eterna, cuyo comienzo no podemos comprender, ni tampoco podemos definir el período de su finalización. Probablemente sea seguro especular que hubo un tiempo en el que este globo consistía únicamente en una capa homogénea. Si esto persiste —si, en nuestras rocas plutónicas, nuestros granitos o nuestras pórfidas, tenemos alguna indicación del estado primitivo del mundo, o si tuvieron lugar numerosos cambios incluso antes de que nacieran nuestras formaciones no estratificadas— son preguntas que no podemos responder. El geólogo mira hacia atrás, a lo largo del tiempo, y calcula, mediante los fenómenos, el progreso de las mutaciones del mundo. Las formaciones estratificadas deben haber ocupado miles de eras; pero antes de que existieran estas, durante un período que abarca incontables miles de años, las rocas no estratificadas pudieron haber sido metamorfoseadas de diversas maneras. No importa si admitimos o no la hipótesis nebulosa: debe haber habido un tiempo en el que todos estos cuerpos que ahora forman la masa de este globo existían en el estado más simple. Ya hemos demostrado que cambios muy notables en el carácter externo y en las relaciones químicas se producen, en el mismo elemento simple, al estar expuesto a condiciones particulares y diferentes; y ya hemos especulado sobre la probabilidad de que el avance de la ciencia nos permita reducir los numerosos elementos que ahora contamos a dos o tres. Por lo tanto, no es en absoluto un pensamiento irracional (que, sin embargo, debe considerarse como una mera conjetura) suponer que, al principio, se produjo en el espacio una enorme masa de materia, en el estado más tenue, que gradualmente, bajo la influencia de la gravedad, de la fuerza cohesiva y de la agregación química, fue moldeada en forma de esfera. Al elevarnos a la máxima perfección de la física, podemos suponer que esta masa era de carácter uniforme, y que en sus partes distintas —sus superficies y hacia su centro— adquirió constituciones diferentes, bajo la influencia de las mismas fuerzas que hoy vemos producir, a partir del mismo cuerpo, carbón y diamante, y crear las múltiples formas de criaturas organizadas. Una vez establecidas estas condiciones, y llevadas a un grado del cual, hasta ahora, la ciencia no nos ha proporcionado ninguna evidencia, pudo producirse una mezcla química, y se formó una nueva serie de compuestos, los cuales, al combinarse nuevamente, dieron origen a otra clase aún más compleja de cuerpos. La base de la corteza superficial de la Tierra parece estar formada por una clase de rocas que resultaron del lento enfriamiento de una inmensa masa de materia calentada. Estas rocas han sido llamadas ígneas; pero ahora se denominan más generalmente plutónicas (como los granitos, sienitas, etc.). Inmediatamente
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Por encima de estas, encontramos rocas que han surgido como resultado de la deposición por parte del agua. Estas masas, al haber estado expuestas a la acción del calor presente en las capas inferiores, han cambiado considerablemente en su naturaleza; por eso a menudo se les denomina rocas metamórficas. Sin embargo, las rocas metamórficas pueden tener cualquier edad. Las rocas que anteriormente se denominaban serie de transición —por ser el vínculo que conecta las formaciones anteriores— ahora, debido a que contienen fósiles, se clasifican bajo el término general de rocas paleozoicas, con el fin de distinguirlas de aquellas en las que no se han encontrado restos orgánicos. Por encima de estas se encuentran los estratos secundarios; y, más recientemente, existen formaciones que actualmente se denominan formaciones terciarias. “Eterno como las colinas” es una expresión poética que implica una larga duración; pero, por la naturaleza misma de las cosas, estas formaciones deben desaparecer con el tiempo. El período necesario para la desintegración de una colina de granito está muy por encima de las capacidades de cálculo, según nuestra concepción de los límites ordinarios de las cosas finitas. Pero si consideramos los resultados de unos pocos años —bajo la influencia de la atmósfera y las lluvias—, como lo demuestra la cantidad de materia sólida arrastrada por los ríos y depositada en sus desembocaduras, esto convencerá a cualquiera de que existe un proceso de degradación en constante acción en la superficie de la Tierra. La Tierra en sí puede ser eterna, pero su superficie está en constante cambio, debido a diversas causas, muchas de las cuales debemos considerar brevemente.[232] Al analizar los fenómenos geológicos, la ausencia de restos fósiles se ha considerado a menudo como indicio de un período anterior a cualquier formación orgánica. Los componentes inorgánicos de la materia probablemente tienen un origen anterior a las combinaciones orgánicas; es decir, existía un “recipiente” en el cual la vida orgánica podía flotar antes de que se crearan los organismos vivos. Las pruebas supuestamente en favor de la idea de que no existía vida orgánica durante la formación de las rocas más antiguas que conocemos son, en algunos aspectos, dudosas. Podemos entender perfectamente que los cambios en las formaciones rocosas anteriores pudieron ser causados por el calor u otras fuerzas, suficientes para destruir todos los rastros de formas organizadas. Durante mucho tiempo se pensó que el ácido fosfórico no se encontraba en las rocas de origen ígneo; y como este ácido es un componente típico de los cuerpos orgánicos, esto se utilizó como prueba de que las rocas plutónicas debieron existir antes de la aparición de la vida vegetal o animal en la superficie del planeta. Sin embargo, las investigaciones de los químicos modernos han demostrado que el ácido fosfórico se encuentra en formaciones de origen granítico, en pórfidos y en basalto.
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Rocas de hornblenda.[233] Por lo tanto, si hemos de considerar esta sustancia como de origen orgánico, la inferencia lógica va en contra de esa especulación; pero no hay más necesidad de suponer que el fósforo se forma en la economía animal que en el reino mineral, del cual probablemente proviene el animal que lo obtuvo.
Sin intentar entrar en ningún análisis sobre el aparente progreso de la vida en la Tierra, parece deseable dar alguna descripción de los tipos de plantas y animales que sabemos que existieron en diferentes épocas. De este modo, al menos, conoceremos algunas de las características predominantes de la Tierra durante sus transiciones, y estaremos en mejores condiciones para aplicar nuestro conocimiento de las fuerzas físicas a la explicación de los diversos fenómenos geológicos.
Entre las primeras razas tenemos esas formas notables: los trilobites, que habitaban los océanos antiguos.
Estos crustáceos presentan cierta similitud, aunque muy remota, con el cochinillo común, y, al igual que ese animal, tenían la capacidad de enrollarse en una bola cuando eran atacados por un enemigo. El ojo del trilobite es un órgano sumamente notable; y en el de una especie, Phacops caudatus, se han descubierto nada menos que doscientas cincuenta lentes. Este extraordinario instrumento óptico indica que estas criaturas vivían en condiciones similares a las que rodean a los crustáceos actuales.
En la época de los trilobites de las rocas silúricas, todos los animales contemporáneos a ellos contaban con los órganos necesarios para preservar la vida en las aguas.
Inmediatamente después de los trilobites, los animales más singulares que habitaban esos mares antiguos, cuyos restos se han conservado, son los cefalópodos, que poseen algunos vestigios de órganos propios de los animales vertebrados. Tienen numerosos brazos para la locomoción y la captura, dispuestos alrededor de la cabeza, la cual está equipada con un par de mandíbulas afiladas y corneadas, incrustadas en músculos poderosos. Estos brazos prensiles están provistos de una doble fila de ventosas, con las cuales el animal agarraba a su presa.
Existen muchas variedades de estos animales cefalópodos, pero todos parecen contar con la capacidad de moverse rápidamente; aquellos que tenían concha disponían de un sistema hidráulico que les permitía hundirse a cualquier profundidad del mar, donde, sin duda, reinaban como tiranos.
Sin intentar entrar en ningún análisis sobre el aparente progreso de la vida en la Tierra, parece deseable dar alguna descripción de los tipos de plantas y animales que sabemos que existieron en diferentes épocas. De este modo, al menos, conoceremos algunas de las características predominantes de la Tierra durante sus transiciones, y estaremos en mejores condiciones para aplicar nuestro conocimiento de las fuerzas físicas a la explicación de los diversos fenómenos geológicos.
Entre las primeras razas tenemos esas formas notables: los trilobites, que habitaban los océanos antiguos.
Estos crustáceos presentan cierta similitud, aunque muy remota, con el cochinillo común, y, al igual que ese animal, tenían la capacidad de enrollarse en una bola cuando eran atacados por un enemigo. El ojo del trilobite es un órgano sumamente notable; y en el de una especie, Phacops caudatus, se han descubierto nada menos que doscientas cincuenta lentes. Este extraordinario instrumento óptico indica que estas criaturas vivían en condiciones similares a las que rodean a los crustáceos actuales.
En la época de los trilobites de las rocas silúricas, todos los animales contemporáneos a ellos contaban con los órganos necesarios para preservar la vida en las aguas.
Inmediatamente después de los trilobites, los animales más singulares que habitaban esos mares antiguos, cuyos restos se han conservado, son los cefalópodos, que poseen algunos vestigios de órganos propios de los animales vertebrados. Tienen numerosos brazos para la locomoción y la captura, dispuestos alrededor de la cabeza, la cual está equipada con un par de mandíbulas afiladas y corneadas, incrustadas en músculos poderosos. Estos brazos prensiles están provistos de una doble fila de ventosas, con las cuales el animal agarraba a su presa.
Existen muchas variedades de estos animales cefalópodos, pero todos parecen contar con la capacidad de moverse rápidamente; aquellos que tenían concha disponían de un sistema hidráulico que les permitía hundirse a cualquier profundidad del mar, donde, sin duda, reinaban como tiranos.
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Pasando sin prestar atención a los numerosos peces, que parecen haber seguido un orden de evolución similar al de los demás animales, debemos pasar al período más notable en el que comenzó a aparecer la tierra firme.
Todos los animales encontrados en los estratos que hemos mencionado son de aquellos que habitarían en los mares; pero gradualmente llegamos a evidencias claras de la separación de la tierra del agua, y entonces llama nuestra atención el “árbol verde que produce semillas”. No es que los estratos anteriores carezcan por completo de restos que indiquen crecimiento vegetal, pero aquellos que sí existen probablemente correspondan a plantas marinas.
Sin embargo, las plantas que se encuentran en la serie carbonífera se distinguen en su mayoría por todas las características de aquellas que crecen en tierra firme; por lo tanto, en los restos mutilados de vegetación que nos han quedado en nuestras formaciones de carbón, leemos la historia de nuestro mundo primitivo.
Entonces, la calamita, similar a una caña, inclinaba sus tallos huecos y frágiles sobre los bordes de los lagos; las helechos arbóreos crecían exuberantemente bajo la protección de las colinas, aportando una belleza salvaje a los valles húmedos; los lepidodendros se extendían en enormes bosques a lo largo de las llanuras, cubriéndolas con sus curiosos conos; mientras que las sigillarias extendían sus numerosas ramas, enroscándose como serpientes entre la exuberante vegetación, y con sus raíces abarcaban un espacio muy extenso en todas direcciones.[234]
Los mares y lagos de este período estaban repletos de animales diminutos, casi similares a los corales, que hoy en día participan activamente en la formación de islas en los mares tropicales y del sur. A lo largo de los siglos transcurridos, sin ninguna perturbación notable en la superficie terrestre, se formaron numerosas capas de piedra caliza montañosa gracias a la actividad incesante de estos diminutos “arquitectos”. Los encrinitas (criaturas que, en algunos aspectos, se asemejan a las estrellas de mar) existían en grandes cantidades en los océanos de esa época; y la gran variedad de conchas bivalvas y aquellas de forma espiral, descubiertas en las rocas de este período, demuestran que las aguas del período paleozoico posterior estaban repletas de vida.
En ese mundo, al igual que ahora, el agua, al actuar sobre la tierra firme, provocó cambios notables. Tenemos evidencias de amplias regiones en las que la vegetación más exuberante debió extenderse durante siglos, a juzgar por los restos de plantas en todos estados de descomposición, que luego dieron origen a nuestros grandes yacimientos de carbón.
Todos los animales encontrados en los estratos que hemos mencionado son de aquellos que habitarían en los mares; pero gradualmente llegamos a evidencias claras de la separación de la tierra del agua, y entonces llama nuestra atención el “árbol verde que produce semillas”. No es que los estratos anteriores carezcan por completo de restos que indiquen crecimiento vegetal, pero aquellos que sí existen probablemente correspondan a plantas marinas.
Sin embargo, las plantas que se encuentran en la serie carbonífera se distinguen en su mayoría por todas las características de aquellas que crecen en tierra firme; por lo tanto, en los restos mutilados de vegetación que nos han quedado en nuestras formaciones de carbón, leemos la historia de nuestro mundo primitivo.
Entonces, la calamita, similar a una caña, inclinaba sus tallos huecos y frágiles sobre los bordes de los lagos; las helechos arbóreos crecían exuberantemente bajo la protección de las colinas, aportando una belleza salvaje a los valles húmedos; los lepidodendros se extendían en enormes bosques a lo largo de las llanuras, cubriéndolas con sus curiosos conos; mientras que las sigillarias extendían sus numerosas ramas, enroscándose como serpientes entre la exuberante vegetación, y con sus raíces abarcaban un espacio muy extenso en todas direcciones.[234]
Los mares y lagos de este período estaban repletos de animales diminutos, casi similares a los corales, que hoy en día participan activamente en la formación de islas en los mares tropicales y del sur. A lo largo de los siglos transcurridos, sin ninguna perturbación notable en la superficie terrestre, se formaron numerosas capas de piedra caliza montañosa gracias a la actividad incesante de estos diminutos “arquitectos”. Los encrinitas (criaturas que, en algunos aspectos, se asemejan a las estrellas de mar) existían en grandes cantidades en los océanos de esa época; y la gran variedad de conchas bivalvas y aquellas de forma espiral, descubiertas en las rocas de este período, demuestran que las aguas del período paleozoico posterior estaban repletas de vida.
En ese mundo, al igual que ahora, el agua, al actuar sobre la tierra firme, provocó cambios notables. Tenemos evidencias de amplias regiones en las que la vegetación más exuberante debió extenderse durante siglos, a juzgar por los restos de plantas en todos estados de descomposición, que luego dieron origen a nuestros grandes yacimientos de carbón.
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Estos campos, debido a ciertos cambios en los niveles relativos de tierra y agua, quedaron cubiertos por este fluido; y sobre esta masa de materia orgánica en descomposición, durante siglos se fueron depositando arena y lodo. Con el tiempo, al elevarse por encima de la superficie, quedó cubierto de vegetación, la cual, tras un período, volvió a sumergirse; nuevamente tuvo lugar la misma deposición de arena y lodo, y una vez más se volvió apto para el crecimiento vegetal. Así, ciclo tras ciclo, vemos cómo la tierra seca y el agua intercambian sus lugares. Esto será evidente para todo aquel que contemple con atención una sección de uno de los campos de carbón de Gran Bretaña. Encontramos una capa de carbón situada sobre un lecho de arcilla, y por encima de ella, una extensa capa de esquisto o arenisca, probablemente formada por la denudación de las colinas vecinas. De esta manera, tenemos muchas capas de carbón, esquisto, arcilla, hierro y arenisca alternándose entre sí; las formaciones de carbón del campo de carbón de Gales del Sur tienen un espesor extraordinario de 1500 pies. El lecho más bajo de esta extensa serie debió haber estado expuesto en algún momento como superficie del terreno. Ascendiendo en la serie, encontramos ahora formaciones de carácter más reciente, en las cuales se hallan peces de orden superior, saurios reptantes y voladores, cocodrilos y lagartos, tortugas, serpientes y ranas. Las formaciones del Lias (un término derivado de “capas”), compuestas por estratos en los que predomina el carácter arcilloso, vienen a continuación. En ellas encontramos animales conservados en estado fósil, de carácter claramente distinto al de los estratos inferiores. Nos encontramos con extensos lechos de pentacrinites, de algunos centímetros de espesor; y sus restos suelen estar tan completos que se puede distinguir cada parte del esqueleto, aunque este sea tan complejo que está formado por no menos de 150.000 partes. En estas formaciones encontramos a menudo los curiosamente hermosos restos de los amonites, de los cuales se ha descubierto una gran variedad. De los belemnites —animales dotados de concha y saco de tinta similar al del calamar, con el cual oscurecían el agua para ocultarse de sus enemigos— también se han desenterrado numerosas variedades, cuyo saco de tinta está tan bien conservado que la historia de este notable fósil se ha escrito con su propia tinta. Además de estos, encontramos nautilios; y Agassiz describió sesenta especies de peces extintos solo de los yacimientos del Lias de Lyme Regis. Mientras estas rocas estaban en proceso de formación, existía el ictiosaurio, o lagarto-pez, que, en muchos aspectos, parece haberse parecido al cocodrilo del Nilo. Era una criatura depredadora de enorme poder, y debió haber sido el tirano y terror de los mares que habitaba.
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habitado. Sus mandíbulas parecidas a las de un caimán, su ojo poderoso, sus aletas similares a las de un pez y sus patas parecidas a las de una tortuga, estaban todos formados para facilitar su avance como un agente destructivo. El plesiosaurio era, si es posible, una creación aún más extraordinaria. A la cabeza de un lagarto se unía un cuello enormemente largo, un cuerpo pequeño y similar al de un pez, y la cola de un cocodrilo: parecía estar adaptado para vivir en aguas poco profundas, de modo que, al moverse en el fondo, podía levantar su cabeza por encima de la superficie en busca de aire o de alimento. La flora de este período debió ser extensa; y se parecía a la vegetación que existe actualmente en las regiones tropicales.
Pasamos ahora a una nueva época, que se distingue claramente por sus animales de todo lo que la precedió. Las razas de reptiles todavía ocupan la Tierra, y ahora tenemos los restos de los megalosaurios; estos animales poseían una fuerza y una ferocidad que los convertirían en objetos de terror y asombro si pudieran ser devueltos al mundo que alguna vez devastaron. También existía en esa época una criatura enorme parecida a un murciélago: el pterodáctilo, que, en los términos de Cuvier, era “sin duda el más extraordinario de todos los seres cuya existencia anterior nos es conocida, y aquel que, si se viera vivo, parecería muy diferente a cualquier cosa que existe en el mundo actual”. “Tienen ante ustedes”, dice el mismo autor, “un animal que, en todos los aspectos de su estructura ósea, desde los dientes hasta las puntas de las uñas, presenta las características bien conocidas de los saurios, y de cuyos tejidos blandos, su armadura escamosa y sus órganos de circulación y reproducción también se puede afirmar que son análogos. Pero al mismo tiempo era un animal dotado de medios para volar; y, cuando estaba inmóvil, sus alas probablemente estaban plegadas hacia atrás como las de un pájaro, aunque quizás, gracias a las garras en sus dedos, podía colgarse de las ramas de los árboles”.[235]
De la desintegración de las rocas más antiguas surgieron, sin duda, aquellas formaciones conocidas como la serie oolítica. En estos estratos se conservan los restos de plantas y animales que se asemejan más a los que existen hoy en día en la Tierra; y, por primera vez —a menos que se acepte la evidencia de huellas de aves en la nueva arenisca roja de América—, encontramos los restos de las tribus emplumadas.
En estas formaciones descubrimos animales pertenecientes a la clase Mammalia: el anfiterio y el fascoloterio, que parecen haberse parecido, en muchos aspectos, a los animales marsupiales de Nueva Holanda.[236]
Pasamos ahora a una nueva época, que se distingue claramente por sus animales de todo lo que la precedió. Las razas de reptiles todavía ocupan la Tierra, y ahora tenemos los restos de los megalosaurios; estos animales poseían una fuerza y una ferocidad que los convertirían en objetos de terror y asombro si pudieran ser devueltos al mundo que alguna vez devastaron. También existía en esa época una criatura enorme parecida a un murciélago: el pterodáctilo, que, en los términos de Cuvier, era “sin duda el más extraordinario de todos los seres cuya existencia anterior nos es conocida, y aquel que, si se viera vivo, parecería muy diferente a cualquier cosa que existe en el mundo actual”. “Tienen ante ustedes”, dice el mismo autor, “un animal que, en todos los aspectos de su estructura ósea, desde los dientes hasta las puntas de las uñas, presenta las características bien conocidas de los saurios, y de cuyos tejidos blandos, su armadura escamosa y sus órganos de circulación y reproducción también se puede afirmar que son análogos. Pero al mismo tiempo era un animal dotado de medios para volar; y, cuando estaba inmóvil, sus alas probablemente estaban plegadas hacia atrás como las de un pájaro, aunque quizás, gracias a las garras en sus dedos, podía colgarse de las ramas de los árboles”.[235]
De la desintegración de las rocas más antiguas surgieron, sin duda, aquellas formaciones conocidas como la serie oolítica. En estos estratos se conservan los restos de plantas y animales que se asemejan más a los que existen hoy en día en la Tierra; y, por primera vez —a menos que se acepte la evidencia de huellas de aves en la nueva arenisca roja de América—, encontramos los restos de las tribus emplumadas.
En estas formaciones descubrimos animales pertenecientes a la clase Mammalia: el anfiterio y el fascoloterio, que parecen haberse parecido, en muchos aspectos, a los animales marsupiales de Nueva Holanda.[236]
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Las formaciones de Wealden, que son las siguientes en orden de posición, son una serie de arcillas y arenas, con capas subordinadas de caliza, grava y esquisto. En algunos casos, estas se formaron en el mar; pero por lo general se consideran depósitos de agua dulce. Todas las rocas más antiguas presentan evidentes signos de origen marino, a menos que algunos de los estratos carboníferos puedan considerarse de otro modo; pero casi todas las formaciones de Wealden contienen restos de animales terrestres, de agua dulce y de estuarios, así como de plantas terrestres. Las criaturas que encontramos, conservadas y que nos permiten conocer la historia de este período, son numerosas, y presentan características distintivas que las diferencian de aquellas ya descritas o de cualquier otra que exista actualmente en la Tierra. Encontramos saurios terrestres de gran tamaño, y animales de todos los tamaños; incluso insectos, de los cuales se encuentra una gran variedad en las zonas de Wealden. El notable iguanodón era un animal que, incluso según las medidas cautelosas del profesor Owen, debía tener al menos veintiocho pies de largo; y esta enorme criatura fue considerada por Cuvier, y confirmado por Owen, como un “sauro herbívoro de vida terrestre”.[237] El doctor Mantell calcula que no menos de setenta individuos de iguanodón de todas las edades han llegado a su conocimiento; y los huesos de un gran número de otros deben haber sido destruidos por los trabajadores en las pocas canteras de grava de Tilgate; por lo que estas criaturas no eran en absoluto raras en el período de su existencia.[238]
La formación más superior de estas formaciones secundarias es el grupo cretácico o de yeso, que se extiende por una gran parte del sureste de Inglaterra y se encuentra en todas las regiones de Europa. Este yeso, que es un carbonato de calcio, parece haberse precipitado lentamente en aguas tranquilas, ya que, según sir Henry De la Beche, los restos orgánicos se conservan perfectamente en él. Sustancias no más sólidas que las esponjas comunes mantienen su forma, las conchas delicadas permanecen intactas, e incluso los peces a menudo no quedan aplastados; en conjunto, todo esto nos permite concluir que, dado que estos restos orgánicos fueron enterrados, quedaron protegidos de la presión gracias a la consolidación de la roca que los rodeaba.[239]
Debajo del yeso existe lo que se ha llamado, debido a su color —proveniente de un silicato del protoóxido de hierro—, arena verde. Sin duda, se formó por deposición en las mismas aguas en las que estaba suspendido el carbonato de calcio; la arena verde caía al fondo más fácilmente debido a su mayor densidad específica. “La tranquilidad”, observa sir Henry De la Beche, “que parece haber reinado durante esta gran acumulación de silicatos…”
La formación más superior de estas formaciones secundarias es el grupo cretácico o de yeso, que se extiende por una gran parte del sureste de Inglaterra y se encuentra en todas las regiones de Europa. Este yeso, que es un carbonato de calcio, parece haberse precipitado lentamente en aguas tranquilas, ya que, según sir Henry De la Beche, los restos orgánicos se conservan perfectamente en él. Sustancias no más sólidas que las esponjas comunes mantienen su forma, las conchas delicadas permanecen intactas, e incluso los peces a menudo no quedan aplastados; en conjunto, todo esto nos permite concluir que, dado que estos restos orgánicos fueron enterrados, quedaron protegidos de la presión gracias a la consolidación de la roca que los rodeaba.[239]
Debajo del yeso existe lo que se ha llamado, debido a su color —proveniente de un silicato del protoóxido de hierro—, arena verde. Sin duda, se formó por deposición en las mismas aguas en las que estaba suspendido el carbonato de calcio; la arena verde caía al fondo más fácilmente debido a su mayor densidad específica. “La tranquilidad”, observa sir Henry De la Beche, “que parece haber reinado durante esta gran acumulación de silicatos…”
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La materia calcárea, ya sea que haya sido un depósito proveniente del agua en la cual estuvo mecánicamente suspendida, producto en parte de la acción de seres vivos o, en gran medida, de procesos químicos, es algo realmente notable.[240] En la caliza se encuentran con mayor abundancia los restos de hojas de plantas dicotiledóneas y fragmentos de madera que en los estratos anteriores; muchos de estos últimos presentan perforaciones causadas por gusanos marinos, lo que indica que flotaron durante algún tiempo en el océano. Sin embargo, hay que recordar que estas no son las primeras indicaciones de vida vegetal: ya se han encontrado hojas en la nueva arenisca roja; además, no se debe olvidar la flora de las formaciones carboníferas. La forma en que la sílice se deposita sobre los cuerpos orgánicos, como las esponjas, es curiosa: todo el tejido organizado suele ser eliminado y su lugar lo ocupa la piedra pómez. Las piedras pómez formadas por este proceso son abundantes en la caliza superior. La combinación de carbono y silicio, junto con oxígeno, tal como se encuentra en las formaciones cretácicas, es muy interesante y naturalmente da lugar a ciertas especulaciones sobre la relación entre estos dos elementos. Tanto el carbono como el silicio, como ya se ha demostrado, existen en varias condiciones alotrópicas; y, aunque las afirmaciones hechas por el Dr. Brown respecto a la conversión del carbono en silicio resultan basarse en errores experimentales, no es improbable que exista una relación muy estrecha entre estos elementos.[241] Es probable que los animales esponjosos tengan la capacidad de secretar sílice para darle resistencia a su estructura. “Muchas especies”, dice Rymer Jones al hablar de las esponjas actuales, “que presentan la misma estructura porosa, carecen de la elasticidad de la esponja medicinal; esto se debe a las diferencias observables en la composición de sus esqueletos o estructuras ramificadas. En tales casos, la cubierta corporal viva forma dentro de su sustancia no solo bandas tenaces de materia animal, sino también grandes cantidades de espiculas cristalizadas, a veces de naturaleza calcárea y otras de naturaleza silícea”. Así, mientras el animal vivo forma una estructura de materia silícea, continúa depositándose esa misma sustancia después de su muerte. En estos estratos se encuentran erizos de mar, estrellas de mar y numerosos caparazones fósiles; sin embargo, estos difieren significativamente de los restos de los mismos animales encontrados en las formaciones anteriores. También se descubren un gran número de nuevas especies y géneros de peces en la caliza. Casi todos los animales y plantas que existían hasta este período ahora están extintos, aunque todavía tienen algunos representantes imperfectos en la actualidad.
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El grupo más superior, al que se le ha dado el nombre de formación supercretácica o terciaria, parece haberse formado en nuestra isla durante cuatro grandes épocas, ya que encontramos depósitos de agua dulce alternándose con depósitos marinos. Los términos eoceno, que corresponde al primer o más antiguo depósito; mioceno, que es el segundo; plioceno, que es el tercero; y el plioceno más reciente, que es el cuarto y último, se han aplicado a estas formaciones; los nombres se refieren a las proporciones respectivas de las especies existentes que se encuentran entre sus conchas fósiles.[242]
Todas estas formaciones presentan evidencias claras de que se depositaron en aguas profundas, estancadas o de corriente lenta. Así, el eoceno aparece en la cuenca de París —formado claramente en un estuario, donde se mezclan algunos interesantes depósitos de agua dulce—, en las formaciones lacustres de Auvernia, también en Aix y en el norte de Italia. Parece probable que, en las formaciones generalmente denominadas eocenas, se hayan confundido tanto depósitos de agua dulce como marinos, y que varias formaciones de épocas muy diferentes hayan sido consideradas como resultado de una sola. Todavía no disponemos de ninguna evidencia clara y distinta que demuestre que los depósitos de la cuenca de París y los de Auvernia son de la misma edad. En todo caso, para nuestros fines actuales basta saber que son el resultado de procesos que son tan comunes hoy en día como lo eran cuando la arcilla plástica de París y su sulfato de calcio, o la arcilla de Londres, se depositaban lentamente.
Como conclusión general, podemos afirmar que, en el período eoceno, los continentes existentes albergaban vastos lagos, ríos y estuarios, y estaban habitados por cuadrúpedos que vivían en sus orillas densamente arboladas. Se han encontrado muchos restos similares a los del hipopótamo en los sedimentos de este período.
Ejemplos del período mioceno o terciario medio se encuentran en el oeste de Francia, en toda la gran cuenca de Suiza y en el valle del Danubio. En estos depósitos hallamos los huesos del rinoceronte, el elefante, el hipopótamo y el dinoterio, un animal extinto que poseía muchas características muy distintivas.[243]
El período plioceno ha sido denominado la edad de los elefantes, y destaca por los grandes mastodontes y alces gigantescos, además de otros animales no muy diferentes de aquellos que coexistieron con el hombre.
Todas estas formaciones presentan evidencias claras de que se depositaron en aguas profundas, estancadas o de corriente lenta. Así, el eoceno aparece en la cuenca de París —formado claramente en un estuario, donde se mezclan algunos interesantes depósitos de agua dulce—, en las formaciones lacustres de Auvernia, también en Aix y en el norte de Italia. Parece probable que, en las formaciones generalmente denominadas eocenas, se hayan confundido tanto depósitos de agua dulce como marinos, y que varias formaciones de épocas muy diferentes hayan sido consideradas como resultado de una sola. Todavía no disponemos de ninguna evidencia clara y distinta que demuestre que los depósitos de la cuenca de París y los de Auvernia son de la misma edad. En todo caso, para nuestros fines actuales basta saber que son el resultado de procesos que son tan comunes hoy en día como lo eran cuando la arcilla plástica de París y su sulfato de calcio, o la arcilla de Londres, se depositaban lentamente.
Como conclusión general, podemos afirmar que, en el período eoceno, los continentes existentes albergaban vastos lagos, ríos y estuarios, y estaban habitados por cuadrúpedos que vivían en sus orillas densamente arboladas. Se han encontrado muchos restos similares a los del hipopótamo en los sedimentos de este período.
Ejemplos del período mioceno o terciario medio se encuentran en el oeste de Francia, en toda la gran cuenca de Suiza y en el valle del Danubio. En estos depósitos hallamos los huesos del rinoceronte, el elefante, el hipopótamo y el dinoterio, un animal extinto que poseía muchas características muy distintivas.[243]
El período plioceno ha sido denominado la edad de los elefantes, y destaca por los grandes mastodontes y alces gigantescos, además de otros animales no muy diferentes de aquellos que coexistieron con el hombre.
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En las capas superficiales de la Tierra, el diluvio, el aluvión, el turba y el suelo vegetal, tenemos una continuación de la historia de las mutaciones de nuestro planeta y de sus habitantes, que aquí se ha esbozado brevemente. Nos llevan hasta el período en que apareció el hombre en el mundo; desde su creación, es evidente que no se han producido cambios muy extensos en la superficie. Hemos examinado los fenómenos de cada gran época, marcados por nuevas creaciones de seres organizados, y parece que, a lo largo de toda esta serie, desde las rocas primarias hasta los depósitos aluviales modernos, se ha producido una mejora progresiva de la superficie terrestre, para adaptarla finalmente como morada para la raza humana.
Así, hemos conservado para nosotros, de manera natural, pruebas que, si las interpretamos correctamente, deben convencernos de que las leyes que siempre han regido la creación son tan constantes e inmutables como la Mente Eterna por la cual se decretan. Nuestra Tierra, según los registros conservados en las piedras fundamentales de sus montañas, ha existido a través de incontables eras, y durante todas ellas ha mostrado las mismas energías activas que prevalecen en el momento actual. Por influencias precisamente similares a las que actúan ahora, se han formado rocas, las cuales, bajo agentes análogos, se han cubierto de vegetación y han albergado, para nosotros, extrañas variedades de vida animal. Cada planta que creció sobre las primeras rocas que expusieron su superficie al sol generador de vida, ha tenido su influencia en los cambios posteriores de nuestro planeta. Cada trilobito, cada saurio y cada uno de los mamíferos que existen en estado fósil han sido pequeños laboratorios en los cuales se ha llevado a cabo la gran obra del cambio eterno, y, bajo la compulsión de las fuertes leyes de la creación, han sido instrumentos para lograr el gran objetivo de formar un mundo adecuado para la presencia de una criatura dotada de una chispa tomada de la llama celestial de la vida intelectual.
Por unos momentos volveremos a considerar las operaciones que actualmente manifiestan sus fenómenos, y examinaremos qué relación tienen con nuestro conocimiento de las formaciones geológicas.
Durante períodos de duración inmensa, pero desconocida, se observa que el océano y la tierra firme cambiaron de lugar. Enormes depósitos, formados en el fondo del mar, son elevados por alguna fuerza mecánica, probablemente volcánica, por encima de las aguas, y la tierra, al igual que el océano que la rodea, rebosa de vida. Este estado de cosas dura durante eras; pero llega el momento en que el océano nuevamente…
Así, hemos conservado para nosotros, de manera natural, pruebas que, si las interpretamos correctamente, deben convencernos de que las leyes que siempre han regido la creación son tan constantes e inmutables como la Mente Eterna por la cual se decretan. Nuestra Tierra, según los registros conservados en las piedras fundamentales de sus montañas, ha existido a través de incontables eras, y durante todas ellas ha mostrado las mismas energías activas que prevalecen en el momento actual. Por influencias precisamente similares a las que actúan ahora, se han formado rocas, las cuales, bajo agentes análogos, se han cubierto de vegetación y han albergado, para nosotros, extrañas variedades de vida animal. Cada planta que creció sobre las primeras rocas que expusieron su superficie al sol generador de vida, ha tenido su influencia en los cambios posteriores de nuestro planeta. Cada trilobito, cada saurio y cada uno de los mamíferos que existen en estado fósil han sido pequeños laboratorios en los cuales se ha llevado a cabo la gran obra del cambio eterno, y, bajo la compulsión de las fuertes leyes de la creación, han sido instrumentos para lograr el gran objetivo de formar un mundo adecuado para la presencia de una criatura dotada de una chispa tomada de la llama celestial de la vida intelectual.
Por unos momentos volveremos a considerar las operaciones que actualmente manifiestan sus fenómenos, y examinaremos qué relación tienen con nuestro conocimiento de las formaciones geológicas.
Durante períodos de duración inmensa, pero desconocida, se observa que el océano y la tierra firme cambiaron de lugar. Enormes depósitos, formados en el fondo del mar, son elevados por alguna fuerza mecánica, probablemente volcánica, por encima de las aguas, y la tierra, al igual que el océano que la rodea, rebosa de vida. Este estado de cosas dura durante eras; pero llega el momento en que el océano nuevamente…
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Inunda la tierra, y comienza un nuevo estado de cosas en una región determinada. No se debe pensar que los cambios de los que hemos hablado, como si fueran el resultado de una decadencia lenta y de depósitos graduales, se produjeron sin convulsiones violentas ocasionales. Muchos de los estratos que evidentemente se depositaron en el fondo del mar, y, por supuesto, como capas horizontales, ahora se encuentran casi verticales. Tenemos pruebas de que estratos de inmensa espesor han sido sometidos a fuerzas que los han retorcido y deformado de manera muy notable. Masas de roca sólida, de miles de pies de profundidad, se doblan y fracturan con frecuencia en toda su extensión. Las montañas han sido elevadas por fuerzas internas, y vastas regiones han hundido repentinamente mucho por debajo de su nivel habitual. Debido a la fuerza expansiva generada por la temperatura necesaria para derretir las rocas basálticas y trápicas, toda la corteza superficial de un país ha sido elevada a gran altura; se han formado enormes fisuras por la ruptura de dichas masas, y la materia derretida ha sido expulsada a través de esas aberturas, inundando amplias zonas, o bien se han formado volcanes, y grandes áreas han quedado enterradas bajo las cenizas que estos expulsan. En la actualidad no conocemos la causa de estas convulsiones. Tenemos pruebas del alcance que pueden tener estas fuerzas en las catástrofes que han ocurrido en tiempos históricos, e incluso en nuestros días. Herculano y Pompeya, enterradas bajo la lava y las cenizas del Vesubio, en un momento en que los habitantes de estas ciudades no estaban preparados para tal visita terrible; los terremotos espantosos que han ocurrido de vez en cuando en Sudamérica, son pruebas de la existencia de fuerzas ocultas que sacuden la tierra firme. Pueden haber ocurrido con frecuencia catástrofes similares, que, acompañadas de cataclismos, arrasaron la superficie y provocaron los cambios que observamos en todas partes del planeta; en comparación con ellos, los terremotos y las inundaciones de la historia no son más que cosas insignificantes. Se han presentado pruebas que demuestran que las montañas del Viejo Mundo podrían haber alcanzado en altura a las más altas de los Andes o el Himalaya, y estas no fueron destruidas por ningún efecto repentino, sino por la lenta acción de desintegración de los elementos.[244] Todos estos fenómenos están teniendo lugar en la actualidad: los vientos y las lluvias desgastan las superficies de las rocas expuestas; sus escombros, mezclados con materia vegetal y animal en descomposición, son arrastrados de la superficie por los ríos y depositados en los mares. Así es como se forma el gran delta del Ganges, y así…
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Se produce un aumento continuo de materia en las desembocaduras de los ríos. El Amazonas, el Misisipi y otros grandes ríos llevan, a diario, miles de toneladas de materia desde la superficie de la Tierra hacia el océano.[245] Esta materia se deposita, por supuesto, en el fondo del mar, y con el paso del tiempo debe modificar los niveles relativos del océano y de la tierra. Las islas han sido elevadas desde el fondo del mar por la fuerza volcánica, y muchas regiones de Sudamérica han sido hundidas por las mismas causas.
Cambios tan extensos han sido, con toda probabilidad, provocados por fuerzas “igualmente o más poderosas, pero que actúan con menos irregularidad, y distribuidas a lo largo del tiempo de tal manera que no producen ninguno de esos períodos de anarquía caótica que tendemos a considerar (quizás erróneamente) como grandes deformaciones de un orden tan hermoso y armonioso como el de la naturaleza”.[246] Estas fuerzas, sin duda, siguen actuando incluso ahora. De no ser por estas perturbaciones convulsivas de la superficie, la Tierra habría presentado una llanura casi uniforme, y habría sido poco adecuada para el habitado humano. Las colinas levantadas por las perturbaciones naturales y los valles erosionados por las tormentas a lo largo de los siglos satisfacen especialmente sus necesidades y le brindan los medios de disfrute que no podría tener si la superficie tuviera otra forma. Las cimas nevadas, al condensar las nubes que pasan sobre ellas, envían corrientes saludables a los valles y alimentan las fuentes terrestres, asegurando así la fertilidad y salubridad de las llanuras distantes. Las severidades climáticas se atenúan gracias a estas condiciones, y tanto la gente de los trópicos como aquellos que viven cerca de los polos se benefician por igual de ellas.
La gravedad, la cohesión, el movimiento, la fuerza química, el calor y la electricidad deben haber estado ejerciendo sus efectos, desde ese hipotético momento en que la Tierra flotaba como una nube de vapor nebuloso, en un estado de condensación gradual, hasta el presente, regulando las mutaciones de la materia. Cuando la tierra firme estaba bajo las aguas y la oscuridad cubría las profundidades, las mismas grandes operaciones que tienen lugar actualmente en las profundidades del Atlántico o en las aguas tranquilas de nuestros lagos interiores estaban en plena actividad. Finalmente aparece la tierra firme; y —misterio de misterios— pronto se llena de vida en todas las formas de belleza vegetal y animal, bajo los rayos de un sol espléndido.
Cambios tan extensos han sido, con toda probabilidad, provocados por fuerzas “igualmente o más poderosas, pero que actúan con menos irregularidad, y distribuidas a lo largo del tiempo de tal manera que no producen ninguno de esos períodos de anarquía caótica que tendemos a considerar (quizás erróneamente) como grandes deformaciones de un orden tan hermoso y armonioso como el de la naturaleza”.[246] Estas fuerzas, sin duda, siguen actuando incluso ahora. De no ser por estas perturbaciones convulsivas de la superficie, la Tierra habría presentado una llanura casi uniforme, y habría sido poco adecuada para el habitado humano. Las colinas levantadas por las perturbaciones naturales y los valles erosionados por las tormentas a lo largo de los siglos satisfacen especialmente sus necesidades y le brindan los medios de disfrute que no podría tener si la superficie tuviera otra forma. Las cimas nevadas, al condensar las nubes que pasan sobre ellas, envían corrientes saludables a los valles y alimentan las fuentes terrestres, asegurando así la fertilidad y salubridad de las llanuras distantes. Las severidades climáticas se atenúan gracias a estas condiciones, y tanto la gente de los trópicos como aquellos que viven cerca de los polos se benefician por igual de ellas.
La gravedad, la cohesión, el movimiento, la fuerza química, el calor y la electricidad deben haber estado ejerciendo sus efectos, desde ese hipotético momento en que la Tierra flotaba como una nube de vapor nebuloso, en un estado de condensación gradual, hasta el presente, regulando las mutaciones de la materia. Cuando la tierra firme estaba bajo las aguas y la oscuridad cubría las profundidades, las mismas grandes operaciones que tienen lugar actualmente en las profundidades del Atlántico o en las aguas tranquilas de nuestros lagos interiores estaban en plena actividad. Finalmente aparece la tierra firme; y —misterio de misterios— pronto se llena de vida en todas las formas de belleza vegetal y animal, bajo los rayos de un sol espléndido.
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La geología nos enseña a considerar nuestra posición en la Tierra como una muy avanzada con respecto a todas las creaciones anteriores. Nos invita a mirar hacia atrás, a través de la inmensa extensión del tiempo, y a ver, brillando aún en la distancia más remota, la luz que pone al alcance de nuestra vista muchas de las sagradas maravillas de la naturaleza. Los elementos que ahora componen esta extrañamente hermosa estructura de músculos, nervios y huesos han pasado por numerosas pruebas antes de que se formara para albergar el alma humana. Ningún grano de materia ha sido añadido al planeta desde que fue pesado en una balanza y comparado con otros mundos; tampoco puede serle retirado ningún grano de materia. Pero en virtud de esas fuerzas que parecen originarse en el sol, “el alma de la gran Tierra”, se ha producido una sucesión de nuevas formas, a medida que las cosas antiguas desaparecían.
Bajo las fuerzas que hemos estado considerando, que actúan como numerosos ejércitos en conflicto, la materia pasa de un estado a otro. Lo que hoy es una criatura viva y respirante, o una flor delicada y de dulce aroma, fue en su momento parte de esa masa amorfa que se encontraba en la oscuridad de los océanos profundos, y volverá, con el paso del tiempo, a ese estado en el que ya no se pueden encontrar signos de organización; quizás, nuevamente, surgirá dotada de poderes aún más elevados que los que incluso posee el hombre.
Cuando el hombre se coloca en contraste con las inteligencias que existen más allá de él, siente su propia debilidad; y el alcance del poder que puede observar en acción, guiado por una ley misteriosa, es tal que se siente insignificante ante su inmensidad. Pero al contemplar el pasado, al observar el progreso de la materia a través de las formas inorgánicas hasta llegar a las organizaciones más complejas, hasta que finalmente el hombre aparece como la figura principal en primer plano, como el monarca de un mundo al que se le ha dedicado tanto cuidado, y como el gobernante absoluto de todo lo que lo rodea, él se eleva como un gigante, gracias a la fuerza consciente de su mente perspicaz. Que un ser tan grande y noble se deje degradar por las pasiones de la vida hasta quedar al nivel de las criaturas que puede aplastar con facilidad, es un espectáculo lamentable que debe hacer llorar a los ángeles.
La curiosa conexión entre las supersticiones de las razas, las historias tradicionales de las tribus remotas y el desarrollo de las verdades científicas suele ser muy marcada, y no puede dejar de considerarse instructiva. La ficción siempre se ha deleitado con las maravillas de la “antigüedad”; se han creado miles de descripciones de una época en la que vivían y respiraban en la Tierra seres que hoy ya no existen.
Bajo las fuerzas que hemos estado considerando, que actúan como numerosos ejércitos en conflicto, la materia pasa de un estado a otro. Lo que hoy es una criatura viva y respirante, o una flor delicada y de dulce aroma, fue en su momento parte de esa masa amorfa que se encontraba en la oscuridad de los océanos profundos, y volverá, con el paso del tiempo, a ese estado en el que ya no se pueden encontrar signos de organización; quizás, nuevamente, surgirá dotada de poderes aún más elevados que los que incluso posee el hombre.
Cuando el hombre se coloca en contraste con las inteligencias que existen más allá de él, siente su propia debilidad; y el alcance del poder que puede observar en acción, guiado por una ley misteriosa, es tal que se siente insignificante ante su inmensidad. Pero al contemplar el pasado, al observar el progreso de la materia a través de las formas inorgánicas hasta llegar a las organizaciones más complejas, hasta que finalmente el hombre aparece como la figura principal en primer plano, como el monarca de un mundo al que se le ha dedicado tanto cuidado, y como el gobernante absoluto de todo lo que lo rodea, él se eleva como un gigante, gracias a la fuerza consciente de su mente perspicaz. Que un ser tan grande y noble se deje degradar por las pasiones de la vida hasta quedar al nivel de las criaturas que puede aplastar con facilidad, es un espectáculo lamentable que debe hacer llorar a los ángeles.
La curiosa conexión entre las supersticiones de las razas, las historias tradicionales de las tribus remotas y el desarrollo de las verdades científicas suele ser muy marcada, y no puede dejar de considerarse instructiva. La ficción siempre se ha deleitado con las maravillas de la “antigüedad”; se han creado miles de descripciones de una época en la que vivían y respiraban en la Tierra seres que hoy ya no existen.
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Hidras, harpías y monstruos marinos aparecen en los mitos de la antigüedad. En la mitología de las razas del norte de Europa existen dragones voladores de fuego, y la poesía los ha presentado como guardianes del “espíritu acumulado” y protectores del oro encantado. A lo largo de todo el período romántico de la literatura europea, solo aparecen serpientes, “blancas y rojas”, que trabajan y luchan bajo tierra, provocando terremotos, como en la historia de Merlín y la construcción de Stonehenge. Los monstruos voladores, los grifos y otros, que hoy solo existen en adornos sin sentido en la heráldica, parecen haber sido concebidos por las razas antiguas como representantes del poder. También es curioso encontrar que la misma clase de ideas prevalece en Oriente: los dragones monstruosos de los chinos, representados en sus estandartes y que adornan sus templos; la superstición budista según la cual el mundo se sostiene sobre un enorme elefante, que a su vez está sobre el lomo de una tortuga, la cual descansa sobre una serpiente, cuyos movimientos provocan terremotos y convulsiones violentas; las decoraciones rudimentarias de los templos aztecas, que recientemente han sido puestas al conocimiento de nosotros por los viajeros aventureros de Centroamérica: todo esto expresa la misma idea mitológica. ¿No indican acaso esto un conocimiento vago y sombrío de un estado anterior de existencia orgánica? El proceso de comunicación entre el hombre actual y las creaciones de un mundo pasado es algo que no conocemos; es misterioso y para siempre perdido para nosotros. Pero incluso las razas más ignorantes e incultas han imaginado para sí mismas imágenes de criaturas que, aunque realmente guardan cierta semejanza con cosas que ya han desaparecido para siempre, no comparten en absoluto ninguna de las características de las criaturas existentes. El ictiosaurio, el plesiosaurio y el pterodáctilo se encuentran reflejados en las imágenes rudimentarias de harpías, dragones y grifos. Y, aunque la idea de un elefante sobre el lomo de una tortuga solía ser considerada absurda, el capitán Cautley y el doctor Falconer finalmente descubrieron en las colinas de Asia los restos de una tortuga en estado fósil de tal tamaño que un elefante podría haber realizado fácilmente ese acto.[247] En cuanto a los amonites, tenemos pruebas más precisas: fueron observados por nuestros antepasados, quienes los llamaron “piedras-serpiente”. Según las leyendas de los santos católicos, se consideraba que tenían un carácter sagrado.
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“De estos y de las serpientes, cada uno
Fue transformado en una espiral de piedra
Cuando la santa Hilda oró.”
Y además de este proceso de petrificación, se dice que también se llevó a cabo uno de decapitación; de ahí la razón por la cual estas piedras-serpiente no tienen cabeza. También encontramos, en las regiones del norte de nuestra isla, que el nombre de “perlas de San Cuthbert” se aplica a los restos fósiles de encrinitas. Así aprendemos que, en gran medida, la ficción depende de la verdad para sus creaciones; y vemos que cuando investigamos cualquier superstición popular extendida, aunque esté mucho distorsionada por el medio de error por el cual ha pasado, con frecuencia se basa en alguna verdad fragmentaria. Hay ciertas ideas que flotan en la mente de los hombres y que no son resultado de ninguna asociación extraída de las cosas que nos rodean; las consideramos entre los misterios de nuestro ser. ¿Acaso no podrían ser las verdades de un mundo anterior, de las cuales recibimos una tenue sombra en el presente, como las luces débiles de un faro lejano, vistas a través de las brumas del vasto océano? El hombre pisa sobre los restos de la antigüedad. En tiempos tan remotos que los años que los separan no pueden ser contados con la ayuda de nuestra ciencia, la geología nos enseña que existían formas de vida perfectamente adaptadas a las condiciones de esa época. Estas desempeñaron su función en la gran obra; desaparecieron, y otras tomaron su lugar para continuar el proceso de construir un mundo para el hombre. El pasado predica al presente, y de sus maravillosos discursos nos atrevemos a inferir algo sobre el futuro aún por revelarse. Las fuerzas que actuaron siguen obrando: los fenómenos que produjeron se repetirán.
Fue transformado en una espiral de piedra
Cuando la santa Hilda oró.”
Y además de este proceso de petrificación, se dice que también se llevó a cabo uno de decapitación; de ahí la razón por la cual estas piedras-serpiente no tienen cabeza. También encontramos, en las regiones del norte de nuestra isla, que el nombre de “perlas de San Cuthbert” se aplica a los restos fósiles de encrinitas. Así aprendemos que, en gran medida, la ficción depende de la verdad para sus creaciones; y vemos que cuando investigamos cualquier superstición popular extendida, aunque esté mucho distorsionada por el medio de error por el cual ha pasado, con frecuencia se basa en alguna verdad fragmentaria. Hay ciertas ideas que flotan en la mente de los hombres y que no son resultado de ninguna asociación extraída de las cosas que nos rodean; las consideramos entre los misterios de nuestro ser. ¿Acaso no podrían ser las verdades de un mundo anterior, de las cuales recibimos una tenue sombra en el presente, como las luces débiles de un faro lejano, vistas a través de las brumas del vasto océano? El hombre pisa sobre los restos de la antigüedad. En tiempos tan remotos que los años que los separan no pueden ser contados con la ayuda de nuestra ciencia, la geología nos enseña que existían formas de vida perfectamente adaptadas a las condiciones de esa época. Estas desempeñaron su función en la gran obra; desaparecieron, y otras tomaron su lugar para continuar el proceso de construir un mundo para el hombre. El pasado predica al presente, y de sus maravillosos discursos nos atrevemos a inferir algo sobre el futuro aún por revelarse. Las fuerzas que actuaron siguen obrando: los fenómenos que produjeron se repetirán.
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Edades y edades pasan lentamente,
Y la naturaleza marca su avance mediante la decadencia.
La planta que cubre la montaña con sus flores,
Encontrará en la tierra, pronto, una tumba húmeda y oscura:
Y el hombre, monarca de la tierra, por más grande y valiente que sea—
Sigue trabajando—hasta encontrar al fin una tumba silenciosa.
Los esfuerzos fruto de su mente activa
Se desvanecen bajo la luz y se desmoronan con el viento;
Incluso las colinas, cimas que parecen ocultar
Sus picos de granito en nubes vaporosas,
Desgastadas por las tormentas, agotadas por las lluvias,
Bajan lentamente para llenar las vastas planicies oceánicas.
El océano revela nuevamente nuevas tierras,
Y la vida y la belleza beben la luz del día:
Las fuerzas que actúan en la gran rueda de la creación,
Seguirán revelando, de entre los restos de la materia,
Nuevas formas de maravillosa belleza—que surgirán
Puras como la llama del joven sacrificio del amor,
Brillando con todos los colores prístinos de la juventud,
Vestidas por el día y coronadas por la verdad sagrada.
NOTAS AL PIE:
[231] Discurso preliminar; Sir J. F. W. Herschel. Lardner’s Cabinet Cyclopædia.
[232] Investigaciones geológicas; de Sir Henry De la Beche, C.B. (Degradación de las montañas, p. 167). Manual geológico, p. 184. Principios de geología; de Sir Charles Lyell, 7ª edición, p. 150, 686. Sobre la denudación de Gales del Sur y los países adyacentes de Inglaterra; del profesor Andrew Ramsay; Memorias del Servicio Geológico y Museo de Geología Práctica, vol. I, p. 297.
[233] Fownes, Sobre la existencia de ácido fosfórico en rocas de origen ígneo; Phil. Trans. 1844, p. 53. Nesbitt, Quarterly Journal of the Chemical Society.
[234] Sobre la vegetación del período carbonífero en comparación con la actual; Sobre algunas peculiaridades en la estructura de Stigmaria; Observaciones sobre la estructura y afinidades de algunos Lepidostrobi: del Dr. Hooker; Memorias del Servicio Geológico, etc., vol. II, pp. 387, 431, 440.
Y la naturaleza marca su avance mediante la decadencia.
La planta que cubre la montaña con sus flores,
Encontrará en la tierra, pronto, una tumba húmeda y oscura:
Y el hombre, monarca de la tierra, por más grande y valiente que sea—
Sigue trabajando—hasta encontrar al fin una tumba silenciosa.
Los esfuerzos fruto de su mente activa
Se desvanecen bajo la luz y se desmoronan con el viento;
Incluso las colinas, cimas que parecen ocultar
Sus picos de granito en nubes vaporosas,
Desgastadas por las tormentas, agotadas por las lluvias,
Bajan lentamente para llenar las vastas planicies oceánicas.
El océano revela nuevamente nuevas tierras,
Y la vida y la belleza beben la luz del día:
Las fuerzas que actúan en la gran rueda de la creación,
Seguirán revelando, de entre los restos de la materia,
Nuevas formas de maravillosa belleza—que surgirán
Puras como la llama del joven sacrificio del amor,
Brillando con todos los colores prístinos de la juventud,
Vestidas por el día y coronadas por la verdad sagrada.
NOTAS AL PIE:
[231] Discurso preliminar; Sir J. F. W. Herschel. Lardner’s Cabinet Cyclopædia.
[232] Investigaciones geológicas; de Sir Henry De la Beche, C.B. (Degradación de las montañas, p. 167). Manual geológico, p. 184. Principios de geología; de Sir Charles Lyell, 7ª edición, p. 150, 686. Sobre la denudación de Gales del Sur y los países adyacentes de Inglaterra; del profesor Andrew Ramsay; Memorias del Servicio Geológico y Museo de Geología Práctica, vol. I, p. 297.
[233] Fownes, Sobre la existencia de ácido fosfórico en rocas de origen ígneo; Phil. Trans. 1844, p. 53. Nesbitt, Quarterly Journal of the Chemical Society.
[234] Sobre la vegetación del período carbonífero en comparación con la actual; Sobre algunas peculiaridades en la estructura de Stigmaria; Observaciones sobre la estructura y afinidades de algunos Lepidostrobi: del Dr. Hooker; Memorias del Servicio Geológico, etc., vol. II, pp. 387, 431, 440.
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[235] Véase Owen, Quarterly Journal of the Geological Society, n.º 6, p. 96. Dr. Buckland, Geological Transactions, vol. iii, p. 220. The Wonders of Geology: por el Dr. Mantell, vol. ii, p. 493.
[236] Informe sobre los mamíferos fósiles británicos: por Richard Owen, Esq., F.R.S.; British Association Reports, volúmenes xi y xii.
[237] Nota sobre el Iguanodon, un réptil fósil recién descubierto en las areniscas del bosque de Tilgate, en Sussex: por Gideon Mantell, Esq., F.R.S., etc.; Philosophical Transactions, vol. cxv, p. 179. Sobre la estructura de los dientes, etc.: por el profesor Owen.
[238] Dr. Mantell, Wonders of Geology. Geología del sureste de Inglaterra.
[239] Investigaciones geológicas; Manual geológico: por Sir Henry Thos. De la Beche, C.B., etc.
[240] Ibíd.
[241] Investigaciones experimentales sobre la producción de silicio a partir del paracianogén: por Samuel Brown, M.D.; Transactions of the Royal Society of Edinburgh, vol. xv, p. 229. Experimentos sobre la supuesta conversión del carbono en silicio: por R. H. Brett, Ph.D., y J. Denham Smith, Esq.; Philosophical Magazine, vol. xix, p. 295, Nueva Serie. Véase también la respuesta del Dr. Brown a lo anterior, ibíd., p. 388.
[242] Geología, introductoria, descriptiva y práctica: por el profesor Ansted, vol. ii, p. 22.
[243] The Wonders of Geology: por el Dr. Mantell, vol. i, p. 162. Bridgewater Treatise: por el Dr. Buckland. El Dr. J. J. Kemp y el Dr. A. V. Klipstein, sobre el Dinotherium; Darmstadt, 1836. Cuvier y De Blainville también describieron con detalle los restos fósiles de este animal.
[244] Véase el memorando del profesor Ramsay sobre la denudación: Memoirs of the Geological Survey of Great Britain.
[245] “Las distancias hasta las que el agua de los ríos, más o menos cargada de detritos, fluye sobre el agua marina dependerán de una variedad de circunstancias obvias. El capitán Sabine encontró agua de color diferente, supuestamente proveniente del Amazonas, a trescientas millas de distancia en el océano desde la desembocadura de ese río. Tenía una profundidad de unos 126 pies. Su gravedad específica era de 1,0204, mientras que la del agua marina era de 1,0262. Esta parece ser la mayor distancia desde tierra en la que se ha detectado agua de río en la superficie del océano. Si los ríos, que contienen detritos suspendidos mecánicamente, fluyeran sobre el agua marina en líneas que, en términos generales, podrían considerarse rectas, los depósitos de materia transportada también estarían en líneas rectas. Sin embargo, si son desviados por una corriente oceánica, como ocurrió en el caso observado por el capitán Sabine, los detritos serían arrojados y cubrirían una zona que correspondería en gran medida al recorrido que el río se vio obligado a hacer para que su impulso, al salir de su desembocadura, lo llevara en esa dirección: suponiendo que la velocidad con la que se movía esta agua de río fue estimada correctamente en unas tres millas por hora, resulta bastante curioso pensar que la agitación y la resistencia de sus partículas sean suficientes para mantener suspendida mecánicamente la materia sólida finamente triturada, de modo que no esté dispuesta a separarse de ella, salvo en su unión con el agua marina sobre la cual fluye, donde, debido a la fricción, se retarda lo suficiente. Así, un río, si…”
[236] Informe sobre los mamíferos fósiles británicos: por Richard Owen, Esq., F.R.S.; British Association Reports, volúmenes xi y xii.
[237] Nota sobre el Iguanodon, un réptil fósil recién descubierto en las areniscas del bosque de Tilgate, en Sussex: por Gideon Mantell, Esq., F.R.S., etc.; Philosophical Transactions, vol. cxv, p. 179. Sobre la estructura de los dientes, etc.: por el profesor Owen.
[238] Dr. Mantell, Wonders of Geology. Geología del sureste de Inglaterra.
[239] Investigaciones geológicas; Manual geológico: por Sir Henry Thos. De la Beche, C.B., etc.
[240] Ibíd.
[241] Investigaciones experimentales sobre la producción de silicio a partir del paracianogén: por Samuel Brown, M.D.; Transactions of the Royal Society of Edinburgh, vol. xv, p. 229. Experimentos sobre la supuesta conversión del carbono en silicio: por R. H. Brett, Ph.D., y J. Denham Smith, Esq.; Philosophical Magazine, vol. xix, p. 295, Nueva Serie. Véase también la respuesta del Dr. Brown a lo anterior, ibíd., p. 388.
[242] Geología, introductoria, descriptiva y práctica: por el profesor Ansted, vol. ii, p. 22.
[243] The Wonders of Geology: por el Dr. Mantell, vol. i, p. 162. Bridgewater Treatise: por el Dr. Buckland. El Dr. J. J. Kemp y el Dr. A. V. Klipstein, sobre el Dinotherium; Darmstadt, 1836. Cuvier y De Blainville también describieron con detalle los restos fósiles de este animal.
[244] Véase el memorando del profesor Ramsay sobre la denudación: Memoirs of the Geological Survey of Great Britain.
[245] “Las distancias hasta las que el agua de los ríos, más o menos cargada de detritos, fluye sobre el agua marina dependerán de una variedad de circunstancias obvias. El capitán Sabine encontró agua de color diferente, supuestamente proveniente del Amazonas, a trescientas millas de distancia en el océano desde la desembocadura de ese río. Tenía una profundidad de unos 126 pies. Su gravedad específica era de 1,0204, mientras que la del agua marina era de 1,0262. Esta parece ser la mayor distancia desde tierra en la que se ha detectado agua de río en la superficie del océano. Si los ríos, que contienen detritos suspendidos mecánicamente, fluyeran sobre el agua marina en líneas que, en términos generales, podrían considerarse rectas, los depósitos de materia transportada también estarían en líneas rectas. Sin embargo, si son desviados por una corriente oceánica, como ocurrió en el caso observado por el capitán Sabine, los detritos serían arrojados y cubrirían una zona que correspondería en gran medida al recorrido que el río se vio obligado a hacer para que su impulso, al salir de su desembocadura, lo llevara en esa dirección: suponiendo que la velocidad con la que se movía esta agua de río fue estimada correctamente en unas tres millas por hora, resulta bastante curioso pensar que la agitación y la resistencia de sus partículas sean suficientes para mantener suspendida mecánicamente la materia sólida finamente triturada, de modo que no esté dispuesta a separarse de ella, salvo en su unión con el agua marina sobre la cual fluye, donde, debido a la fricción, se retarda lo suficiente. Así, un río, si…”
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Puede conservar una cierta cantidad de velocidad en su flujo sobre el mar; no puede depositar una cantidad muy grande de detritos mecánicamente suspendidos a lo largo de su recorrido desde la desembocadura, donde finalmente se detiene. Sin embargo, aunque los depósitos puedan no ser tan abundantes como parecería probable a primera vista, la acumulación constante de materia, por insignificante que sea en un momento dado, debe producir un efecto apreciable con el paso de los siglos.” —Investigaciones geológicas de Sir Henry De la Beche, p. 72.
[246] Sir J. F. W. Herschel: Tratado preliminar.
[247] Fauna Antiqua Sivalensis. Zoología fósil de las colinas de Sewalik en el norte de la India: de Hugh Falconer y Proby T. Cautley. 1844.
[246] Sir J. F. W. Herschel: Tratado preliminar.
[247] Fauna Antiqua Sivalensis. Zoología fósil de las colinas de Sewalik en el norte de la India: de Hugh Falconer y Proby T. Cautley. 1844.
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CAPÍTULO XIV.
FENÓMENOS DE LA VIDA VEGETAL.
Psicología de las flores—Progreso de la materia hacia la organización—Fuerza vital—Generación espontánea—La célula vegetal—Desarrollo más simple de la organización—El cristal y la célula—Germen primitivo—Progreso de la vegetación—influencia de la luz—Morfología—Germinación—Producción de fibra leñosa—Hojas—Clorofila—Descomposición del ácido carbónico—influencia de la luz, el calor y el actinismo en los fenómenos de la vida vegetal—Flores y frutos—Etiolación—Cambios en los rayos del sol con las estaciones—Distribución de las plantas—Poderes eléctricos y físicos combinados
La variedad de hermosas formas que cubren la superficie de este planeta sirve, además de los propósitos físicos a los que ya hemos aludido, para influir en la mente y dar carácter a los habitantes de cada lugar. Hay personas que parecen insensibles a las suaves influencias de las flores; pero estas dulces flores —las estrellas de nuestra tierra— ejercen un poder tan difuso como sus aromas penetrantes. El poeta nos habla de un hombre para quien
La primavera en la orilla del río
Una primavera amarilla era para él,
Y no era más que eso.
Pero era algo más. Quizás no prestó atención a la elocuente enseñanza de sus hojas puras y pálidas; tal vez no fue consciente del misterioso canto de esa humilde flor; quizás la aplastó bajo su pie grosero en lugar de beber el néctar de sabiduría que ella secretaba en su célula; pero la flor seguía sirviendo a ese mero sensualista.
FENÓMENOS DE LA VIDA VEGETAL.
Psicología de las flores—Progreso de la materia hacia la organización—Fuerza vital—Generación espontánea—La célula vegetal—Desarrollo más simple de la organización—El cristal y la célula—Germen primitivo—Progreso de la vegetación—influencia de la luz—Morfología—Germinación—Producción de fibra leñosa—Hojas—Clorofila—Descomposición del ácido carbónico—influencia de la luz, el calor y el actinismo en los fenómenos de la vida vegetal—Flores y frutos—Etiolación—Cambios en los rayos del sol con las estaciones—Distribución de las plantas—Poderes eléctricos y físicos combinados
La variedad de hermosas formas que cubren la superficie de este planeta sirve, además de los propósitos físicos a los que ya hemos aludido, para influir en la mente y dar carácter a los habitantes de cada lugar. Hay personas que parecen insensibles a las suaves influencias de las flores; pero estas dulces flores —las estrellas de nuestra tierra— ejercen un poder tan difuso como sus aromas penetrantes. El poeta nos habla de un hombre para quien
La primavera en la orilla del río
Una primavera amarilla era para él,
Y no era más que eso.
Pero era algo más. Quizás no prestó atención a la elocuente enseñanza de sus hojas puras y pálidas; tal vez no fue consciente del misterioso canto de esa humilde flor; quizás la aplastó bajo su pie grosero en lugar de beber el néctar de sabiduría que ella secretaba en su célula; pero la flor seguía sirviendo a ese mero sensualista.
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Y a su manera extraña y silenciosa, reprendía sus pasiones y lo mantenía “un hombre más sabio y mejor”, que si a Dios le hubiera placido dejar el mundo sin la encantadora primavera. La psicología de las flores ha encontrado muchos estudiosos; pero ninguno los comprendió más profundamente que aquel espíritu delicado que cantó sobre la Planta Sensible y, mediante una música maravillosa, presagió su propio destino melancólico.[248] Ese mártir de la sensibilidad, Keats, que anhelaba sentir cómo crecían las flores sobre él, extrajo la fuerte inspiración para su musa de esas delicadas criaturas que muestran el paso de la materia inorgánica a la vida; y otros poetas verán despertada su sensibilidad por la estética de las flores, y encontrarán un espejo de la verdad en la gota de rocío cristalina que se adhiere con tanto cariño al violeta púrpura, y extrae nuevas bellezas de sus pétalos coloreados. Si examinamos cuidadosamente todas las condiciones de la materia que hemos hecho objeto de nuestros estudios, no podemos dejar de percibir cuán gradual es el progreso de la acción de las fuerzas físicas, a medida que avanzamos desde la molécula —la mera partícula de materia— hasta la combinación orgánica. Al principio solo detectamos la acción de la cohesión al formarse la masa bruta; luego está la influencia de las fuerzas cristalógicas que otorgan una regularidad notable a los cuerpos; después descubrimos las influencias del calor y de la fuerza eléctrica en la determinación de las condiciones, y de la acción química controlada por ellas. Sin embargo, todavía tenemos un cuerpo sin organización. La luz ejerce sus poderes misteriosos, y los mismos elementos adoptan una forma organizada; y, además de los agentes reconocidos, percibimos vagamente otros de los cuales evidentemente depende la vitalidad. Estas influencias etéreas se vuelven cada vez más complejas para nosotros: al ascender en la escala, trascienden nuestra ciencia; y, finalmente, las encontramos guiando el poder de la inteligencia, mientras que el instinto y la razón se muestran en dependencia directa de ellas. No se debe pensar que esta visión tenga alguna tendencia al materialismo. La energía vital se considera como una espiritualización, y la razón como una emanación divina; pero están conectadas con las materias sobre las cuales actúan y por medio de las cuales ellas mismas son controladas. Las combinaciones orgánicas y las fuerzas físicas mediante las cuales se producen y se mantienen estas uniones de la materia tienen una acción directa sobre esa etereidad que es la vida, y los poderes de la vida, a su vez, controlan estas fuerzas más materiales. El espíritu, sea cual sea su estado, cuando está conectado con la materia, es, como Prometeo encadenado a su roca, en una constante
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Luchan por liberarse de sus cadenas y hacer valer todo el poder de su fuerza divina.
Hemos visto suficiente variedad en las sustancias que componen la parte inorgánica de la creación; pero infinitamente más variadas son las formas de organización. En el mundo vegetal que nos rodea, desde el limo verde de nuestros pantanos hasta las flores brillantes de nuestros jardines y los majestuosos árboles de nuestros bosques, ¡qué extraordinaria diversidad de formas se aprecia! Desde la infusoria de una hora de vida, hasta el gigantesco elefante que deambula por los bosques de Siam, el noble león de las cuevas de Senegal, el poderoso cóndor de los Andes… y hasta el hombre, el monarca de todos ellos, ¡cuán grandes son las diferencias, y sin embargo cuán completas son en sus respectivas condiciones! En la creación que hemos examinado, hemos tenido pruebas concluyentes de que, a partir de la combinación de átomos, se ha producido toda forma particular. En la creación que vamos a examinar, descubriremos que toda la inmensa diversidad de formas, colores y condiciones que se extiende por el mundo en los reinos vegetal y animal proviene de la combinación de células. El átomo de naturaleza inorgánica se convierte en una célula en la creación orgánica. Esta célula debe considerarse como el radical compuesto del químico; al descomponerla, destruimos el elemento esencial de la organización.
No conocemos el misterioso proceso mediante el cual el átomo se convierte en una célula o en un radical compuesto; pero debemos considerar la célula como el átomo orgánico. Es en vano que el químico o el fisiólogo intenten examinar este cambio de los elementos inorgánicos a un estado organizado; es uno de los misterios de la creación, que probablemente permanecerá oculto a nuestros ojos hasta que nos libremos de este “vuelo mortal” y podamos disfrutar de todo el poder de esa inteligencia de la cual se nos promete que disfrutaremos en un estado inmortal.
Una y otra vez, la atención de los hombres se ha visto atraída por la generatio æquivoca; a veces pensaron haber descubierto una generatio primitiva o spontanea; pero un examen más detallado de estos organismos demostró que existía un embrión: realmente había tenido lugar una germinación. El conde Rumford[249] afirmó que los hilos de seda y lana tenían la capacidad de descomponer el ácido carbónico en agua bajo la luz solar; por eso algunos han atribuido la organización a un simple cambio químico producido por la luz.
Hemos visto suficiente variedad en las sustancias que componen la parte inorgánica de la creación; pero infinitamente más variadas son las formas de organización. En el mundo vegetal que nos rodea, desde el limo verde de nuestros pantanos hasta las flores brillantes de nuestros jardines y los majestuosos árboles de nuestros bosques, ¡qué extraordinaria diversidad de formas se aprecia! Desde la infusoria de una hora de vida, hasta el gigantesco elefante que deambula por los bosques de Siam, el noble león de las cuevas de Senegal, el poderoso cóndor de los Andes… y hasta el hombre, el monarca de todos ellos, ¡cuán grandes son las diferencias, y sin embargo cuán completas son en sus respectivas condiciones! En la creación que hemos examinado, hemos tenido pruebas concluyentes de que, a partir de la combinación de átomos, se ha producido toda forma particular. En la creación que vamos a examinar, descubriremos que toda la inmensa diversidad de formas, colores y condiciones que se extiende por el mundo en los reinos vegetal y animal proviene de la combinación de células. El átomo de naturaleza inorgánica se convierte en una célula en la creación orgánica. Esta célula debe considerarse como el radical compuesto del químico; al descomponerla, destruimos el elemento esencial de la organización.
No conocemos el misterioso proceso mediante el cual el átomo se convierte en una célula o en un radical compuesto; pero debemos considerar la célula como el átomo orgánico. Es en vano que el químico o el fisiólogo intenten examinar este cambio de los elementos inorgánicos a un estado organizado; es uno de los misterios de la creación, que probablemente permanecerá oculto a nuestros ojos hasta que nos libremos de este “vuelo mortal” y podamos disfrutar de todo el poder de esa inteligencia de la cual se nos promete que disfrutaremos en un estado inmortal.
Una y otra vez, la atención de los hombres se ha visto atraída por la generatio æquivoca; a veces pensaron haber descubierto una generatio primitiva o spontanea; pero un examen más detallado de estos organismos demostró que existía un embrión: realmente había tenido lugar una germinación. El conde Rumford[249] afirmó que los hilos de seda y lana tenían la capacidad de descomponer el ácido carbónico en agua bajo la luz solar; por eso algunos han atribuido la organización a un simple cambio químico producido por la luz.
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Excitación; y hemos oído hablar de vida animal que surge de materia silícea triturada. Todas estas afirmaciones deben considerarse como evidencias de una investigación imperfecta.
El Dr. Carus, aludiendo a los experimentos de Gruithuisen, Priestley e Ingenhousz,[250] dice: “Estos demuestran, más que cualquier otro experimento, que en el agua más pura, bajo la influencia del aire, la luz y el calor, se forman seres que, oscilando por así decirlo entre lo animal y lo vegetal, exhiben los gérmenes primitivos de ambos reinos.”[251] Treviranus[252] repitió y pareció confirmar estos resultados; pero en estos experimentos no tenemos evidencia de que el germen no existiera previamente en el agua mineral utilizada.
Algunos han considerado la célula como un cristal; ven cómo el cristal se forma, mediante la acumulación de átomos, en una forma fija, bajo la influencia de una “vida interior”; y, dando un paso más, consideran la célula como resultado de un aumento en la acción de las fuerzas físicas.[253] Hemos relacionado la forma cristalina con ciertas condiciones magnéticas; y es evidente que la célula atómica está influenciada por fuerzas similares; pero si colocamos un cristal en su líquido natural, aunque aumente de tamaño, nunca cambia de forma: mientras que, si examinamos una célula en su posición natural, esta muestra signos de movimiento, produce otras células, y se produce un desarrollo de órganos que en ningún aspecto son idénticos en forma al original. A partir de una vesícula flotante, invisible para el sentido humano sin ayuda, en su medio líquido, se produce una planta dotada de poderes extraños, o un animal dotado de voluntad. La idea de que dos tipos de polaridad —la luz por un lado y la gravedad por el otro— producen los dos desarrollos peculiares de raíces y ramas, solo puede considerarse como una de esas analogías fantasiosas que demuestran más imaginación que filosofía.[254]
Las condiciones son, sin embargo, muy curiosas; merecen un estudio muy atento; pero al examinar los fenómenos, el procedimiento más seguro es dejar que los efectos, a medida que surgen, nos interpreten, y no permitir que el afán por las hipótesis nos lleve a analogías confusas, ni que fenómenos inciertos nos induzcan a conclusiones precipitadas. De este mal habla Bacon en su “Advancement of Learning”. Dice: “La raíz de este error, como de todos los demás, es esta: que los hombres, en su contemplación de la naturaleza, están acostumbrados a hacer una partida demasiado prematura”.
El Dr. Carus, aludiendo a los experimentos de Gruithuisen, Priestley e Ingenhousz,[250] dice: “Estos demuestran, más que cualquier otro experimento, que en el agua más pura, bajo la influencia del aire, la luz y el calor, se forman seres que, oscilando por así decirlo entre lo animal y lo vegetal, exhiben los gérmenes primitivos de ambos reinos.”[251] Treviranus[252] repitió y pareció confirmar estos resultados; pero en estos experimentos no tenemos evidencia de que el germen no existiera previamente en el agua mineral utilizada.
Algunos han considerado la célula como un cristal; ven cómo el cristal se forma, mediante la acumulación de átomos, en una forma fija, bajo la influencia de una “vida interior”; y, dando un paso más, consideran la célula como resultado de un aumento en la acción de las fuerzas físicas.[253] Hemos relacionado la forma cristalina con ciertas condiciones magnéticas; y es evidente que la célula atómica está influenciada por fuerzas similares; pero si colocamos un cristal en su líquido natural, aunque aumente de tamaño, nunca cambia de forma: mientras que, si examinamos una célula en su posición natural, esta muestra signos de movimiento, produce otras células, y se produce un desarrollo de órganos que en ningún aspecto son idénticos en forma al original. A partir de una vesícula flotante, invisible para el sentido humano sin ayuda, en su medio líquido, se produce una planta dotada de poderes extraños, o un animal dotado de voluntad. La idea de que dos tipos de polaridad —la luz por un lado y la gravedad por el otro— producen los dos desarrollos peculiares de raíces y ramas, solo puede considerarse como una de esas analogías fantasiosas que demuestran más imaginación que filosofía.[254]
Las condiciones son, sin embargo, muy curiosas; merecen un estudio muy atento; pero al examinar los fenómenos, el procedimiento más seguro es dejar que los efectos, a medida que surgen, nos interpreten, y no permitir que el afán por las hipótesis nos lleve a analogías confusas, ni que fenómenos inciertos nos induzcan a conclusiones precipitadas. De este mal habla Bacon en su “Advancement of Learning”. Dice: “La raíz de este error, como de todos los demás, es esta: que los hombres, en su contemplación de la naturaleza, están acostumbrados a hacer una partida demasiado prematura”.
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y demasiado alejados de la experiencia y de los detalles concretos, y se han entregado
y resignado a los vapores de sus propias fantasías y argumentaciones populares”.
Por lo tanto, sin atrevernos a especular sobre el origen de la célula primitiva,
o unidad de la vida orgánica, lo cual implica el problema de la metamorfosis
de una masa rudimentaria —la transformación primitiva de los átomos rudimentarios
en forma orgánica—, debemos admitir que la planta o el animal altamente organizado
no es más que una agregación de células; su disposición depende de ciertas
propiedades propias de ellas, y del ejercicio de fuerzas como las que hemos estado estudiando,
todas las cuales parecen actuar externamente al propio planta o animal.
Se han realizado experimentos en los que pareció que, después de que toda
organización que pudiera haber existido hubiera sido destruida por la acción del fuego,
soluciones de sílex y sales metálicas, bajo la influencia de corrientes eléctricas,
habían mostrado signos de formaciones orgánicas, y que, de hecho, insectos —una especie de ácaros—
se habían desarrollado en ellas. Se dijo que los experimentos se realizaron con cuidado,
y se tomaron muchas precauciones para evitar cualquier posibilidad de error, pero no todas
las precauciones necesarias en un asunto de tanta delicadeza; y estamos obligados a no considerar
las pruebas presentadas como la verdadera expresión de un hecho sin una investigación más a fondo. Toda la experiencia —dejando de lado el experimento mencionado— está en contra de la suposición de que el sílex machacado o disuelto pudiera ser despertado a la vida por cualquier medio artificial. Pudieron haberse introducido óvulos en los recipientes que contenían las soluciones sometidas a experimento; y, con el tiempo, aunque posiblemente estimulados por excitación eléctrica, los animales —los insectos más comunes— surgieron a la existencia.
[255]
El rápido crecimiento de las algas sobre el agua ha sido a menudo presentado como evidencia de una generación espontánea, o de la conversión de elementos inorgánicos en formas orgánicas; pero se ha demostrado de manera muy satisfactoria que debe estar presente el germen, de lo contrario no se desarrollará ninguna señal de organización similar. Todas las condiciones requeridas para la producción de vida vegetal parecen indicar que es completamente imposible que cualquier tipo de planta, incluso la más simple de la escala, se forme de cualquier otra manera que no sea a partir de un embrión que contenga los elementos necesarios para ella, así como las disposiciones requeridas para los diversos procesos relacionados con su vitalidad.
y resignado a los vapores de sus propias fantasías y argumentaciones populares”.
Por lo tanto, sin atrevernos a especular sobre el origen de la célula primitiva,
o unidad de la vida orgánica, lo cual implica el problema de la metamorfosis
de una masa rudimentaria —la transformación primitiva de los átomos rudimentarios
en forma orgánica—, debemos admitir que la planta o el animal altamente organizado
no es más que una agregación de células; su disposición depende de ciertas
propiedades propias de ellas, y del ejercicio de fuerzas como las que hemos estado estudiando,
todas las cuales parecen actuar externamente al propio planta o animal.
Se han realizado experimentos en los que pareció que, después de que toda
organización que pudiera haber existido hubiera sido destruida por la acción del fuego,
soluciones de sílex y sales metálicas, bajo la influencia de corrientes eléctricas,
habían mostrado signos de formaciones orgánicas, y que, de hecho, insectos —una especie de ácaros—
se habían desarrollado en ellas. Se dijo que los experimentos se realizaron con cuidado,
y se tomaron muchas precauciones para evitar cualquier posibilidad de error, pero no todas
las precauciones necesarias en un asunto de tanta delicadeza; y estamos obligados a no considerar
las pruebas presentadas como la verdadera expresión de un hecho sin una investigación más a fondo. Toda la experiencia —dejando de lado el experimento mencionado— está en contra de la suposición de que el sílex machacado o disuelto pudiera ser despertado a la vida por cualquier medio artificial. Pudieron haberse introducido óvulos en los recipientes que contenían las soluciones sometidas a experimento; y, con el tiempo, aunque posiblemente estimulados por excitación eléctrica, los animales —los insectos más comunes— surgieron a la existencia.
[255]
El rápido crecimiento de las algas sobre el agua ha sido a menudo presentado como evidencia de una generación espontánea, o de la conversión de elementos inorgánicos en formas orgánicas; pero se ha demostrado de manera muy satisfactoria que debe estar presente el germen, de lo contrario no se desarrollará ninguna señal de organización similar. Todas las condiciones requeridas para la producción de vida vegetal parecen indicar que es completamente imposible que cualquier tipo de planta, incluso la más simple de la escala, se forme de cualquier otra manera que no sea a partir de un embrión que contenga los elementos necesarios para ella, así como las disposiciones requeridas para los diversos procesos relacionados con su vitalidad.
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La Tierra está ahora cubierta de vida vegetal, pero debe haber existido un tiempo en el que “la oscuridad reinaba sobre la superficie de las profundidades”, y la organización aún no había comenzado a trazar su hermosa red de células sobre la superficie desnuda de las rocas sumergidas en el océano. Finalmente, comenzó el misterio de la creación orgánica: esta ciencia no se atreve a penetrar en él, pero tiene el privilegio de iniciar su búsqueda un poco más allá de este punto, y podemos seguir el progreso del desarrollo orgánico a través de una cadena de resultados interesantes que se repiten constantemente.
Si tomamos algo de agua que surge de una fuente subterránea y la exponemos a la luz solar, veremos, después de unos días, una curiosa formación de burbujas y la acumulación gradual de materia verde. Al principio no podemos detectar ningún signo de organización: parece una nube viscosa de forma irregular e indeterminada. Poco a poco se agrega y forma una especie de tapete sobre la superficie, el cual al mismo tiempo adquiere un color verde más oscuro. Un examen cuidadoso revelará ahora los corpúsculos originales involucrados en una red formada por hilos delgados, que son tubos de circulación, y que pueden rastrearse desde pequeños puntos que debemos considerar como el átomo compuesto, la unidad vegetal. No debemos olvidar aquí que tenemos que lidiar con cuatro elementos químicos: oxígeno, hidrógeno, carbono y nitrógeno, que componen el mundo de las formas organizadas; el agua nos proporciona los dos primeros como sus componentes, nos da carbono en forma de ácido carbónico disuelto en ella, y el nitrógeno se encuentra en el aire que la rodea, mezclándose frecuentemente también con ella.
Bajo la influencia de la luz solar, hemos visto cómo estos elementos se unen mediante un vínculo misterioso, y el resultado es la formación de un tejido celular, que posee muchas de las funciones de los ejemplares más nobles del crecimiento vegetal. Pero examinemos el progreso. La superficie desnuda de una roca se eleva por encima de las aguas cubiertas con esta baba verde, una simple capa de delicada red que, al secarse, no deja rastro perceptible; pero allí está la base de un crecimiento poderoso, y bajo la influencia solar, con el paso del tiempo, ocurren otros cambios.
Después de un período, si examinamos la roca, encontraremos en su superficie pequeñas copas o líneas con pequeños discos duros. A primera vista, no se les tomaría por plantas, pero al examinarlos de cerca se descubrirá que son líquenes. Estas diminutas plantas liberan sus semillas y mueren, y de sus propios restos surge una cosecha más numerosa. Después de algunos de estos…
Si tomamos algo de agua que surge de una fuente subterránea y la exponemos a la luz solar, veremos, después de unos días, una curiosa formación de burbujas y la acumulación gradual de materia verde. Al principio no podemos detectar ningún signo de organización: parece una nube viscosa de forma irregular e indeterminada. Poco a poco se agrega y forma una especie de tapete sobre la superficie, el cual al mismo tiempo adquiere un color verde más oscuro. Un examen cuidadoso revelará ahora los corpúsculos originales involucrados en una red formada por hilos delgados, que son tubos de circulación, y que pueden rastrearse desde pequeños puntos que debemos considerar como el átomo compuesto, la unidad vegetal. No debemos olvidar aquí que tenemos que lidiar con cuatro elementos químicos: oxígeno, hidrógeno, carbono y nitrógeno, que componen el mundo de las formas organizadas; el agua nos proporciona los dos primeros como sus componentes, nos da carbono en forma de ácido carbónico disuelto en ella, y el nitrógeno se encuentra en el aire que la rodea, mezclándose frecuentemente también con ella.
Bajo la influencia de la luz solar, hemos visto cómo estos elementos se unen mediante un vínculo misterioso, y el resultado es la formación de un tejido celular, que posee muchas de las funciones de los ejemplares más nobles del crecimiento vegetal. Pero examinemos el progreso. La superficie desnuda de una roca se eleva por encima de las aguas cubiertas con esta baba verde, una simple capa de delicada red que, al secarse, no deja rastro perceptible; pero allí está la base de un crecimiento poderoso, y bajo la influencia solar, con el paso del tiempo, ocurren otros cambios.
Después de un período, si examinamos la roca, encontraremos en su superficie pequeñas copas o líneas con pequeños discos duros. A primera vista, no se les tomaría por plantas, pero al examinarlos de cerca se descubrirá que son líquenes. Estas diminutas plantas liberan sus semillas y mueren, y de sus propios restos surge una cosecha más numerosa. Después de algunos de estos…
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Con el paso del tiempo, se forma una profundidad suficiente de suelo, sobre el cual los musgos comienzan a desarrollarse y le dan al piedra una segunda vez un tenue tono verde, aún solo una fina capa, pero que indica la presencia de una hermosa clase de plantas que, bajo el microscopio, muestran en sus hojas y flores muchos detalles de singular elegancia. Estos musgos, al igual que los líquenes, al descomponerse, aumentan esa capa de suelo; otros de mayor tamaño ocupan su lugar y también siguen el mismo ciclo de crecimiento y descomposición. Poco a poco, hongos de diversos tipos mezclan sus pequeñas formas globulares y en forma de paraguas. Temporada tras temporada, las plantas mueren y se añaden al suelo, el cual, al mismo tiempo, adquiere mayor profundidad debido a la desintegración de las rocas sobre las cuales se encuentra; la cohesión de las partículas se rompe por las actividades de la vida vegetal. Las diminutas semillas de las helechos, que flotan con la brisa, ahora encuentran una profundidad suficiente de tierra para germinar, y sus hermosas hojas, con el tiempo, se mecen graciosamente con el viento. Las formas vegetales de orden cada vez más elevado se suceden gradualmente unas a otras; cada serie muere en su debido momento, aportando al suelo elementos adicionales para el crecimiento de plantas de su propia especie o de otras. Las hierbas floridas encuentran un hogar propicio en las rocas que antes estaban desnudas; la prímula pálida, la digitalina morada o la llamativa amapola abren sus flores ante la luz. El arbusto, con sus raíces resistentes entrelazadas en el suelo y uniendo incluso las piedras, crece rico en su verde esplendor. Finalmente, el árbol brota del suelo; donde antes la tormenta azotaba las rocas frías y desnudas, ahora se encuentra el majestuoso árbol rey del bosque, con sus miles de hojas que ofrecen refugio contra la tormenta a aves y animales. Tales son las condiciones que prevalecen en toda la naturaleza durante el desarrollo de la vida vegetal: la materia verde que se acumula en un estanque, el moho que se forma en una pared sombreada, son el inicio de un proceso que terminará con el desarrollo de los enormes árboles del bosque y de las flores de hermoso color en los lugares más selectos de la naturaleza. Ahora debemos examinar detenidamente los fenómenos relacionados con el crecimiento de una planta individual, lo cual ilustrará el funcionamiento de las influencias físicas en todo el mundo vegetal. El proceso mediante el cual se desarrolla el embrión, contenido en la semilla, es nuestro primer tema de estudio. Una semilla es un cuerpo altamente carbonizado, compuesto por envolturas y embrión; entre estas, en la mayoría de las semillas, se encuentra una sustancia llamada albúmen.
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Perispermo. El embrión contiene los elementos de la futura planta: los cotiledones, la plumula y la radícula; los primeros se desarrollan en tallo y hojas, mientras que la radícula se convierte en raíces. Este embrión alberga el principio vital, para cuyo desarrollo es necesario que el almidón y el gluten sufran un cambio químico, además de que se produzca un aumento de temperatura. La fuerza vital permanece latente, “dormida”, en la semilla hasta que se crean las condiciones adecuadas. Se ha demostrado que las capacidades de mantener la vida en la semilla son muy grandes; el frío excesivo, lo suficientemente intenso como para congelar el mercurio, no mata a las semillas, y estas resisten temperaturas relativamente altas. Es probable que el calor solo destruya las semillas al secarlas demasiado completamente. La temperatura a la que germinan las semillas es sumamente variable: aquellas propias de nuestro clima germinarán cuando el termómetro supera los 40° F., pero las semillas de plantas tropicales requieren que se les aplique constantemente una temperatura de entre 70° y 84°, o incluso hasta 90°. En algunos casos se ha comprobado que incluso hervir las semillas resulta beneficioso para el posterior proceso de germinación en el suelo. Pero tomemos la semilla de alguna planta común y sigamos su desarrollo.
Un grano aparentemente muerto se coloca en el suelo. Si la temperatura está unos grados por encima del punto de congelación y el suelo contiene la cantidad adecuada de agua, la cubierta de la semilla absorbe la humedad y se hincha; el tejido se ablanda y comienza el primer esfuerzo de la fuerza vital. La semilla ahora tiene la capacidad de descomponer el agua; el oxígeno se combina con parte del carbono de la semilla y se expulsa como ácido carbónico. Los experimentos de Saussure lo demuestran. El aire sobre el suelo donde se colocó una judía para que germinara contenía, antes del experimento, 210,26 de nitrógeno y 56,29 de oxígeno; después de la germinación, 209,41 de nitrógeno, 44,38 de oxígeno y 11,27 de ácido carbónico. Esta fase del proceso no difiere mucho de los cambios químicos que ya hemos analizado. Observamos cómo el almidón de la semilla se transforma en goma y azúcar, los cuales proporcionan alimento nutritivo para el embrión en desarrollo. La semilla ahora se alarga hacia abajo mediante la radícula y hacia arriba mediante los cotiledones, los cuales, a medida que ascienden por encima de la tierra, adquieren un color verde. Aquí termina la primera etapa de la vida vegetal; el proceso químico ha finalizado y se necesita un nuevo estímulo para que las fuerzas vitales continúen activas. Ya no se emite ácido carbónico.
Los cotiledones, que son dos hojas redondeadas opuestas, funcionan como pulmones: a través de ellos se absorbe el ácido carbónico proveniente de la atmósfera y se transporta…
Un grano aparentemente muerto se coloca en el suelo. Si la temperatura está unos grados por encima del punto de congelación y el suelo contiene la cantidad adecuada de agua, la cubierta de la semilla absorbe la humedad y se hincha; el tejido se ablanda y comienza el primer esfuerzo de la fuerza vital. La semilla ahora tiene la capacidad de descomponer el agua; el oxígeno se combina con parte del carbono de la semilla y se expulsa como ácido carbónico. Los experimentos de Saussure lo demuestran. El aire sobre el suelo donde se colocó una judía para que germinara contenía, antes del experimento, 210,26 de nitrógeno y 56,29 de oxígeno; después de la germinación, 209,41 de nitrógeno, 44,38 de oxígeno y 11,27 de ácido carbónico. Esta fase del proceso no difiere mucho de los cambios químicos que ya hemos analizado. Observamos cómo el almidón de la semilla se transforma en goma y azúcar, los cuales proporcionan alimento nutritivo para el embrión en desarrollo. La semilla ahora se alarga hacia abajo mediante la radícula y hacia arriba mediante los cotiledones, los cuales, a medida que ascienden por encima de la tierra, adquieren un color verde. Aquí termina la primera etapa de la vida vegetal; el proceso químico ha finalizado y se necesita un nuevo estímulo para que las fuerzas vitales continúen activas. Ya no se emite ácido carbónico.
Los cotiledones, que son dos hojas redondeadas opuestas, funcionan como pulmones: a través de ellos se absorbe el ácido carbónico proveniente de la atmósfera y se transporta…
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mediante un proceso circulante, ahora en plena actividad, a través de la planta joven. El ácido carbónico, un compuesto de carbono y oxígeno, se descompone; se le quita el carbono, que es retenido por la planta, y el oxígeno se exhala. La planta en esta etapa no es más que un conjunto de tejidos celulares, con un desarrollo muy leve de tejidos vasculares y fibrosos que aparecen como un cilindro situado en el centro de la vaina. Sin embargo, en este punto comenzamos a seguir con mayor claridad las operaciones de esta nueva fuerza; los impulsos de la vida son claramente evidentes.
La raíz joven ahora se alarga y absorbe de la humedad del suelo, que siempre contiene algunas sales solubles, una parte de sus nutrientes, los cuales son empujados hacia arriba por una fuerza —probablemente la atracción capilar y la acción de la endosmosis combinadas— hasta el punto desde donde surge la plumula. La fuerza capilar eleva los fluidos a través de los tubos del tallo y los transporta a las venas de las hojas, mientras que la fuerza de la endosmosis los difunde a través de los tejidos vegetales. La plumula asciende primero como una pequeña ramita y, al mismo tiempo, al ejercer una acción más enérgica sobre el ácido carbónico que lo han hecho los cotiledones —ya que el carbono retenido por estos últimos es solo el necesario para formar la clorofila, o la sustancia que da el color verde a las hojas—, se deposita algo de madera en el centro de la radícula. A partir de este momento, el proceso de lignificación continúa a través de todo el tejido; el crecimiento, e incluso la vida, de la planta dependen del desarrollo de una verdadera hoja a partir de la plumula.
No hay que pensar que el proceso consiste, en primer lugar, en una mera oxidación del carbono presente en la semilla —una combustión lenta mediante la cual se enciende la chispa de la vida—; el hidrógeno del agua también desempeña un papel importante, ya que, al combinarse también con el carbono, forma compuestos necesarios y, mediante un proceso secundario, vuelve a generar agua al combinarse con el oxígeno en las células del grano en germinación. Tampoco debemos considerar la segunda clase de fenómenos como meros procesos mecánicos para descomponer el ácido carbónico, sino como el resultado de la influencia combinada de todas las fuerzas físicas y de la vida que se añade.
Esta pequeña ramita en expansión, la plumula, finalmente se despliega y la ramita se transforma en una hoja. La hoja airea la savia que recibe, provoca la descomposición del ácido carbónico, del agua y, muy probablemente, del amoníaco que obtiene del aire, y así regresa a los poros que comunican con los sistemas pneumáticos de la
La raíz joven ahora se alarga y absorbe de la humedad del suelo, que siempre contiene algunas sales solubles, una parte de sus nutrientes, los cuales son empujados hacia arriba por una fuerza —probablemente la atracción capilar y la acción de la endosmosis combinadas— hasta el punto desde donde surge la plumula. La fuerza capilar eleva los fluidos a través de los tubos del tallo y los transporta a las venas de las hojas, mientras que la fuerza de la endosmosis los difunde a través de los tejidos vegetales. La plumula asciende primero como una pequeña ramita y, al mismo tiempo, al ejercer una acción más enérgica sobre el ácido carbónico que lo han hecho los cotiledones —ya que el carbono retenido por estos últimos es solo el necesario para formar la clorofila, o la sustancia que da el color verde a las hojas—, se deposita algo de madera en el centro de la radícula. A partir de este momento, el proceso de lignificación continúa a través de todo el tejido; el crecimiento, e incluso la vida, de la planta dependen del desarrollo de una verdadera hoja a partir de la plumula.
No hay que pensar que el proceso consiste, en primer lugar, en una mera oxidación del carbono presente en la semilla —una combustión lenta mediante la cual se enciende la chispa de la vida—; el hidrógeno del agua también desempeña un papel importante, ya que, al combinarse también con el carbono, forma compuestos necesarios y, mediante un proceso secundario, vuelve a generar agua al combinarse con el oxígeno en las células del grano en germinación. Tampoco debemos considerar la segunda clase de fenómenos como meros procesos mecánicos para descomponer el ácido carbónico, sino como el resultado de la influencia combinada de todas las fuerzas físicas y de la vida que se añade.
Esta pequeña ramita en expansión, la plumula, finalmente se despliega y la ramita se transforma en una hoja. La hoja airea la savia que recibe, provoca la descomposición del ácido carbónico, del agua y, muy probablemente, del amoníaco que obtiene del aire, y así regresa a los poros que comunican con los sistemas pneumáticos de la
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La planta produce las secreciones necesarias para la formación de la corteza, la madera y los diversos principios químicos que contiene. Después de la primera formación de una hoja, aparecen otras sucesivamente, todas construidas de manera similar y que desempeñan funciones análogas. La hoja es el órgano principal del árbol; de hecho, Linneo intuyó, y Goethe demostró, ese hermoso hecho de que el árbol se desarrolla a partir de este órgano de forma tan curiosa.
“Teniendo en cuenta”, dice el poeta-filósofo, “las observaciones que se han realizado, no habrá dificultad en descubrir la hoja en el receptáculo de la semilla, a pesar de la estructura variable de esa parte y de sus combinaciones peculiares. Así, la vaina es una hoja plegada y unida en sus bordes; las cápsulas están formadas por varias hojas unidas entre sí, y el fruto compuesto está compuesto por varias hojas unidas alrededor de un centro común, cuyos lados están abiertos de modo que permiten una comunicación entre ellas, y cuyos bordes se adhieren entre sí. Esto es evidente en las cápsulas que, al madurar, se separan, y en ese momento cada parte se convierte en una vaina separada. También se observa en diferentes especies de un mismo género, en las cuales existen modificaciones en el principio según el cual se forma su fruto; por ejemplo, la cápsula de la nigella orientalis está formada por vainas reunidas alrededor de un centro y parcialmente unidas; en la nigella damascena, su unión es completa”.[256]
El profesor Lindley explica así la misma idea: “Cada flor, con su pedúnculo y brácteolas, es el desarrollo de un brote floral, y los brotes florales son completamente análogos a los brotes foliares; por lo tanto, como corolario, cada flor, con su pedúnculo y brácteolas, es un brote metamorfoseado.
“Además, dado que las flores son brotes abortivos, cualesquiera que sean las leyes que rigen la disposición de los brotes entre sí, las mismas leyes regirán la disposición de las flores entre sí.
“Como la flor y su pedúnculo constituyen un brote en un estado particular, las hojas rudimentarias o metamorfoseadas que forman las brácteolas, los envoltorios florales y los sexos, están sujetas exactamente a las mismas leyes de disposición que las hojas formadas de manera regular”.[257]
“Teniendo en cuenta”, dice el poeta-filósofo, “las observaciones que se han realizado, no habrá dificultad en descubrir la hoja en el receptáculo de la semilla, a pesar de la estructura variable de esa parte y de sus combinaciones peculiares. Así, la vaina es una hoja plegada y unida en sus bordes; las cápsulas están formadas por varias hojas unidas entre sí, y el fruto compuesto está compuesto por varias hojas unidas alrededor de un centro común, cuyos lados están abiertos de modo que permiten una comunicación entre ellas, y cuyos bordes se adhieren entre sí. Esto es evidente en las cápsulas que, al madurar, se separan, y en ese momento cada parte se convierte en una vaina separada. También se observa en diferentes especies de un mismo género, en las cuales existen modificaciones en el principio según el cual se forma su fruto; por ejemplo, la cápsula de la nigella orientalis está formada por vainas reunidas alrededor de un centro y parcialmente unidas; en la nigella damascena, su unión es completa”.[256]
El profesor Lindley explica así la misma idea: “Cada flor, con su pedúnculo y brácteolas, es el desarrollo de un brote floral, y los brotes florales son completamente análogos a los brotes foliares; por lo tanto, como corolario, cada flor, con su pedúnculo y brácteolas, es un brote metamorfoseado.
“Además, dado que las flores son brotes abortivos, cualesquiera que sean las leyes que rigen la disposición de los brotes entre sí, las mismas leyes regirán la disposición de las flores entre sí.
“Como la flor y su pedúnculo constituyen un brote en un estado particular, las hojas rudimentarias o metamorfoseadas que forman las brácteolas, los envoltorios florales y los sexos, están sujetas exactamente a las mismas leyes de disposición que las hojas formadas de manera regular”.[257]
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La idea de que la hoja es el órgano principal de la planta, y de que de ella probablemente se desarrollan todos los demás órganos, es digna del genio del gran poeta alemán. Cada hoja, un misterio en sí misma, es un ser individual dotado de poderes peculiares; se agrupan en familias, y cada una contribuye a la formación del ramo en el que cuelga, así como al tronco principal del árbol del cual forma parte. El árbol representa un mundo, donde cada parte muestra una dependencia mutua.
“Esa única hoja roja, la última de su clan,
que baila tanto como puede;
colgando tan ligera y tan alta,
en la ramita más alta que mira hacia el cielo”,
está influenciada por, e influye en, la raíz más profunda que penetra en el suelo húmedo. Como voces susurrantes, las hojas temblorosas cantan alegremente con la brisa y la luz del sol de verano; también tiemblan de agonía cuando el viento equinoccial las arranca del tallo madre. Las influencias que recorren todo el organismo, constituyendo la fuerza vital, se ven perturbadas por cualquier movimiento en el sistema; se sabe que una herida en una hoja afecta al conjunto del organismo, y una lesión en el tronco interfiere con los procesos que son función de cada hoja individual.[258]
Al analizar las condiciones físicas necesarias para la germinación y el crecimiento vegetal, nos familiarizamos con muchos hechos sorprendentes. A una temperatura por debajo del punto de congelación, las semillas no germinan; en el punto de ebullición del agua, se produce un cambio químico en el grano, y su capacidad para germinar se destruye. Por lo tanto, el calor es necesario para el desarrollo del embrión, pero su acción debe ejercerse dentro de ciertos límites establecidos; estos límites solo son constantes para la misma clase de semillas, ya que varían en casi todas las plantas. Esto es evidente para todos, en los diferentes períodos que requieren las semillas de plantas distintas para germinar.
La semilla se coloca en el suelo; siempre es necesario sombra, y a veces oscuridad total, para que el proceso de germinación tenga éxito. Hemos visto que la primera operación de la naturaleza es puramente química, pero esto…
“Esa única hoja roja, la última de su clan,
que baila tanto como puede;
colgando tan ligera y tan alta,
en la ramita más alta que mira hacia el cielo”,
está influenciada por, e influye en, la raíz más profunda que penetra en el suelo húmedo. Como voces susurrantes, las hojas temblorosas cantan alegremente con la brisa y la luz del sol de verano; también tiemblan de agonía cuando el viento equinoccial las arranca del tallo madre. Las influencias que recorren todo el organismo, constituyendo la fuerza vital, se ven perturbadas por cualquier movimiento en el sistema; se sabe que una herida en una hoja afecta al conjunto del organismo, y una lesión en el tronco interfiere con los procesos que son función de cada hoja individual.[258]
Al analizar las condiciones físicas necesarias para la germinación y el crecimiento vegetal, nos familiarizamos con muchos hechos sorprendentes. A una temperatura por debajo del punto de congelación, las semillas no germinan; en el punto de ebullición del agua, se produce un cambio químico en el grano, y su capacidad para germinar se destruye. Por lo tanto, el calor es necesario para el desarrollo del embrión, pero su acción debe ejercerse dentro de ciertos límites establecidos; estos límites solo son constantes para la misma clase de semillas, ya que varían en casi todas las plantas. Esto es evidente para todos, en los diferentes períodos que requieren las semillas de plantas distintas para germinar.
La semilla se coloca en el suelo; siempre es necesario sombra, y a veces oscuridad total, para que el proceso de germinación tenga éxito. Hemos visto que la primera operación de la naturaleza es puramente química, pero esto…
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La manifestación de la afinidad se debe a un esfuerzo de fuerza que depende directamente de la energía solar. La semilla se entierra en el suelo; cuando las lluvias primaverales y el aumento de la temperatura del suelo proporcionan las condiciones necesarias para esta química de la vida, la planta finalmente brota bajo la luz del sol. Así obtenemos evidencia de que, incluso a cierta profundidad en el suelo, la energía solar, sea cual sea, es eficaz, y que bajo su acción tiene lugar el primer brote de vida en el germen. Al formarse los cotiledones y la plumula, la planta experimenta un cambio notable. La semilla, al igual que un animal, absorbe oxígeno y exhala ácido carbónico; las primeras hojas secretan carbono a partir del ácido carbónico absorbido, y liberan, como algo inútil para la planta, un exceso de gas oxígeno. Esta capacidad de descomponer el ácido carbónico es una función vital que corresponde a las hojas y a la corteza. Según Liebig, durante la noche la planta actúa únicamente como un simple conjunto de fibras; permite la circulación del ácido carbónico y su evaporación sin cambios. En su afán por respaldar su hipótesis química sobre la respiración, el competente químico omitió investigar si esto era absolutamente correcto. La planta sana nunca deja de descomponer el ácido carbónico ni por un instante durante su existencia; pero durante la noche, cuando desaparece la estimulación de la luz y la planta descansa, sus fuerzas vitales están en su mínimo nivel de actividad, y se descompone una cantidad mucho menor que cuando el sol, mediante la acción de sus rayos, impulsa el funcionamiento de todas las funciones vitales. Durante este proceso tenemos otro ejemplo de química orgánica natural. Los cuatro elementos inorgánicos que componen el reino vegetal —oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbono— son absorbidos por las hojas y a través de las raíces, ya sea como aire o como humedad; el gran fenómeno de la vida vegetal es la conversión de estos elementos en una condición orgánica. Constantemente se producen azúcares y resinas, y a partir de ellos, mediante la combinación con el nitrógeno atmosférico, se forma un compuesto proteico, que es un elemento esencial en el desarrollo de la planta.[259] Las plantas que crecen a la luz son de un verde hermoso, y la intensidad del color aumenta con la brillantez de la luz. Aquellas que crecen en la oscuridad presentan etiología: sus tejidos son débiles y jugosos, y sus hojas son de un amarillo pálido. Por lo tanto, es evidente que la formación de esta clorofila…
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La sustancia que da el color verde a las hojas se llama clorofila; su formación es el resultado de alguna acción determinada por los rayos del sol. La clorofila es un compuesto carbonado que se forma en las hojas y parece cumplir muchas funciones en el proceso de asimilación. En la oscuridad, la planta sigue necesitando carbono para su desarrollo; creciendo lentamente, lo extrae de las hojas, descomponiendo la clorofila, y mantiene su débil existencia alimentándose de partes de su propia estructura, hasta que, al agotarse este recurso, muere de inanición. Las plantas siempre se orientan hacia la luz: no conocemos la fuerza que las guía, pero existe una evidencia contundente de alguna fuerza impulsiva o atrayente; y el propósito para el cual están destinadas a obedecerla es la dependencia de la existencia vegetal de la energía lumínica. Sin embargo, la luz por sí sola no es suficiente para que la planta se desarrolle plenamente: se necesita otro agente que ayude en la producción de flores y frutos, y este agente resulta ser el calor, quizás en alguna condición especial. Cuando la planta alcanza ese punto de desarrollo en el que las funciones reproductivas, gracias a otro cambio en las operaciones químicas que tienen lugar dentro de su estructura, se activan, se ha observado que los rayos de calor son sumamente eficaces. También se ha notado que las plantas se inclinan ante los rayos rojos, o caloríficos, en lugar de dirigirse hacia ellos, como lo hacen con todos los demás rayos del espectro. De esto podemos deducir que la influencia de estos rayos es frenar el crecimiento vegetal, asegurando así la perfección de los procesos reproductivos. Ya se ha mencionado que contamos con medios para separar, en cierta medida, los tres principios que encontramos en los rayos solares, unos de otros, mediante el uso de medios absorbentes. Con un vidrio amarillo especial, bloqueamos el principio químico de los rayos solares y permitimos solo el paso de los rayos luminosos, es decir, de la luz. Con un vidrio azul cobalto, obstruimos la luz, pero permitimos que el agente químico pase libremente, sin ninguna pérdida; esto corresponde al actinismo. Con un vidrio de color rojo sangre, obtenido a partir del óxido de oro, bloqueamos tanto el principio químico como gran parte de la luz, pero este medio es perfectamente transparente al calor.
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Por lo tanto, esto nos proporciona los medios para experimentar con cualquiera de estos principios, y para examinar el papel que desempeñan respectivamente en el proceso de organización. Al colocar algunas semillas en el suelo, en todas las condiciones naturales posibles, suministrándoles adecuadamente humedad y manteniendo una temperatura uniforme y adecuada, colocamos sobre el suelo los tres medios mencionados anteriormente, y dejamos que una parte quede expuesta a todas las influencias habituales de los rayos solares. El resultado será que las semillas bajo el vidrio azul germinarán mucho antes que aquellas que están expuestas a las influencias combinadas de la luz solar: unas pocas semillas lograrán germinar bajo el vidrio rojo, pero el proceso de germinación se detiene por completo bajo el vidrio amarillo. Aquí vemos que las radiaciones químicas han acelerado los cambios químicos, y han acelerado el proceso bajo el vidrio rojo, ya que esos rayos tienen una acción química especial; el proceso de germinación, aunque se ve obstaculizado, no se detiene por completo. En cambio, parece que bajo las influencias de la luz privada de poder químico, esta conversión del almidón en goma y azúcar, que parece ser necesaria, se impide por completo. Si se continúa el experimento, se descubrirá que bajo el vidrio azul las plantas crecen rápidamente, pero de forma débil; y en lugar de producir hojas y madera, constan principalmente de tallos, sobre los cuales se pueden observar aquí y allá algunos intentos fallidos de formar hojas. Cuando el proceso de germinación ha terminado, si la planta joven se coloca bajo el vidrio amarillo, crece de manera muy saludable y forma una gran cantidad de madera; las hojas tienen un color verde oscuro, debido a la formación de una gran cantidad de clorofila. Sin embargo, las plantas no producen flores con facilidad en este medio; pero si, en el momento adecuado, se las coloca bajo el vidrio rojo, los procesos de floración y fructificación se completan de manera muy eficaz. [260] Estos experimentos, por simples que sean, demuestran su importancia: el principio lumínico de los rayos solares estimula las fuerzas vitales de la planta para descomponer el ácido carbónico y formar madera; y el agente calorífico, posiblemente bajo esas modificaciones que ya se han mencionado…
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Pertenecientes a los rayos paratermicos, son esenciales para la producción de flores y frutos. Las observaciones, realizadas a lo largo de muchos años, demuestran que, con el paso de las estaciones, estas fuerzas solares experimentan, en relación entre sí, un cambio interesante. En primavera predomina la fuerza actínica o química, y durante este período se necesita su acción para la vitalización del germen. A medida que llega el verano, los rayos actínicos disminuyen y aumentan los de luz. Quizás sería más exacto decir que, al aumentar la intensidad lumínica, la fuerza química disminuye; la primera expresión implica una variación en cantidad, lo cual puede no ser correcto. Vemos la necesidad de esto, ya que la fuerza lumínica es necesaria para la secreción del carbono, con el cual se forma la fibra leñosa, y también para la elaboración de los principios constitutivos de la planta. El otoño, estación de los frutos, se caracteriza por un aumento de los rayos térmicos y una disminución de los demás: este cambio es necesario, según nos enseña ahora la ciencia, para la adecuada producción de flores y frutos. Los rayos caloríficos del haz solar, a los cuales parecen pertenecer especialmente los fenómenos vegetativos otoñales, tienen un carácter peculiar. Se les ha llamado rayos paratermicos y presentan una naturaleza compuesta curiosa. A estos rayos podemos atribuir la maduración de frutos y granos, así como el ennegrecimiento de las hojas antes de caer. ¿No podría atribuirse el ascenso de la savia en primavera a la estimulación de la luz o del actinismo, y su retroceso en otoño a esa fuerza que hace que la planta se doble, y que parece ser su forma modificada de calor? No cabe duda de que las variedades climáticas y las particularidades de los países, en lo que respecta a sus producciones animales y vegetales, dependen de las mismas causas. La distribución de las especies ha sido atribuida por algunos a centros específicos de creación alrededor de los cuales se han extendido las plantas y los animales, sin tener en cuenta las condiciones físicas. Aunque se puedan admitir centros de creación, estos mismos han sido determinados por la idoneidad física de cada centro para las condiciones de la creación, y de igual manera la migración de las tribus se debe únicamente a estas fuerzas físicas que hemos estado considerando. En cada zona encontramos que la organización vegetal está especialmente adaptada a las condiciones que la rodean. Bajo el ecuador tenemos los árboles productores de especias: la nuez moscada, el clavo, la canela y el árbol del pimienta; allí también tenemos…
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La sandalia aromática, el ébano, el banyán y la teca: tenemos incienso, mirra y otras plantas que producen incienso; el árbol del café, la planta del té y el tamarindo. Un poco más al norte tenemos el albaricoque, el cítrico, el melocotón y la nuez. En España, Sicilia e Italia, tenemos los naranjos y los limoneros en flor, ricos en perfume, así como la granada y el mirto que crecen silvestres sobre las rocas. Más allá de los Alpes, la vegetación vuelve a cambiar; en lugar del ciprés, la castaña y el alcornoque, que prevalecen al sur de ellos, tenemos el roble más resistente, la haya y el olmo. Aún más al norte, tenemos el abeto escocés y el alerce. En las costas septentrionales del Báltico, y en esa línea de latitud, solo aparece la avellana; y más allá de esta, el aliso plateado, el sicomoro y el fresno de montaña. Dentro del círculo ártico encontramos el mezereum, los nenúfares y las flores globulares; y, cuando la debilidad de las radiaciones solares se vuelve demasiado grande incluso para estos, el musgo de reno sigue aportando un aire de alegría a la tierra de lo contrario estéril.
El cultivo de hortalizas depende de la temperatura del clima. La vid prospera donde la temperatura media anual oscila entre 50° y 73°, y solo se cultiva de forma rentable entre 30° al sur y 50° al norte del ecuador. A los mismos límites está confinado el cultivo del maíz y de las aceitunas. El algodón se cultiva de forma rentable hasta la latitud 46° en el Viejo Mundo, pero solo hasta 40° en el Nuevo. Tenemos pruebas derivadas de fenómenos fotográficos de que la composición de los rayos solares varía con la latitud. Los efectos de los rayos solares en Francia e Inglaterra para provocar cambios químicos son infinitamente más marcados que, con un brillo de luz mucho mayor, en las tierras bajo o cerca del ecuador. De hecho, las observaciones hechas sobre las variaciones en el carácter de los rayos solares con el cambio de estaciones pueden aplicarse igualmente a las variaciones según la latitud.
Los hongos se encuentran entre las formas más inferiores de vegetación, pero en ellos existen peculiaridades que parecen vincularlos con el reino animal. Marcet descubrió que los hongos absorben oxígeno y liberan ácido carbónico. Con toda probabilidad, esto es solo un fenómeno químico de carácter precisamente similar al que conocemos en la madera en descomposición. En la conversión de la madera en humus, se absorbe oxígeno, y al combinarse con el carbono, se libera como ácido carbónico. Por supuesto, tenemos la condición peculiar de la vitalidad para modificar este efecto, y también en esta clase de
El cultivo de hortalizas depende de la temperatura del clima. La vid prospera donde la temperatura media anual oscila entre 50° y 73°, y solo se cultiva de forma rentable entre 30° al sur y 50° al norte del ecuador. A los mismos límites está confinado el cultivo del maíz y de las aceitunas. El algodón se cultiva de forma rentable hasta la latitud 46° en el Viejo Mundo, pero solo hasta 40° en el Nuevo. Tenemos pruebas derivadas de fenómenos fotográficos de que la composición de los rayos solares varía con la latitud. Los efectos de los rayos solares en Francia e Inglaterra para provocar cambios químicos son infinitamente más marcados que, con un brillo de luz mucho mayor, en las tierras bajo o cerca del ecuador. De hecho, las observaciones hechas sobre las variaciones en el carácter de los rayos solares con el cambio de estaciones pueden aplicarse igualmente a las variaciones según la latitud.
Los hongos se encuentran entre las formas más inferiores de vegetación, pero en ellos existen peculiaridades que parecen vincularlos con el reino animal. Marcet descubrió que los hongos absorben oxígeno y liberan ácido carbónico. Con toda probabilidad, esto es solo un fenómeno químico de carácter precisamente similar al que conocemos en la madera en descomposición. En la conversión de la madera en humus, se absorbe oxígeno, y al combinarse con el carbono, se libera como ácido carbónico. Por supuesto, tenemos la condición peculiar de la vitalidad para modificar este efecto, y también en esta clase de
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En las plantas existe una cantidad mayor de nitrógeno que en cualquier otra sustancia vegetal. Estos breves resúmenes de fenómenos notables relacionados con la vegetación tienen como objetivo mostrar únicamente las acciones de las fuerzas físicas del universo, en la medida en que las conocemos, sobre estas formas particulares de organización. Según Pouillet, durante el proceso de germinación se genera electricidad; además, en los frutos en maduración parece haber indicios de corrientes eléctricas. Sin embargo, las plantas, en su estado de crecimiento, son tan buenos conductores de electricidad que, según las leyes de esta fuerza, no es posible que acumulen electricidad; por lo tanto, los fenómenos luminosos que se dice han sido observados no pueden deberse a este agente. Sabemos, no obstante, que bajo cualquier condición de cambio, ya sea inducida por acción química o calorífica, la electricidad se pone en movimiento; y tenemos motivos para creer que la excitación lumínica también dará lugar a una circulación eléctrica.
La cuestión de si las plantas poseen sensación, si tienen alguna disposición de sus partes similar al sistema nervioso de los animales, ha sido planteada con frecuencia, pero hasta ahora las respuestas han sido insatisfactorias. Este es un tema que merece toda la atención del fisiólogo vegetal; pero al considerar a las plantas como el vínculo entre el reino animal y el mineral, al ver la fitoquímica, tal como se manifiesta en ellas, como el medio empleado para producir aquellas organizaciones más complejas que existen en los animales, necesariamente consideramos a las plantas como meras máquinas naturales para lograr arreglos orgánicos, y, como tales, no pueden poseer ninguna sensibilidad nerviosa. La contracción muscular puede representarse en muchos de sus maravillosos mecanismos; y cualquier perturbación causada por medios naturales o artificiales provocará, por consiguiente, un cambio en el funcionamiento de esas fuerzas que se combinan para generar la vida vegetal. De hecho, los experimentos de Carlo Matteucci, ya mencionados, demuestran que una incisión en una hoja, la fractura de una rama o simplemente el daño en cualquier parte de la planta interfiere con el ejercicio de esa fuerza que, bajo la acción de la luz, descompone el ácido carbónico y permite la asimilación de los demás elementos.
En resumen: una planta es una creación organizada; lo es gracias a ciertas operaciones fitoquímicas extrañas, que se vuelven activas por las influencias solares involucradas en los grandes fenómenos de la luz, y por la excitación…
La cuestión de si las plantas poseen sensación, si tienen alguna disposición de sus partes similar al sistema nervioso de los animales, ha sido planteada con frecuencia, pero hasta ahora las respuestas han sido insatisfactorias. Este es un tema que merece toda la atención del fisiólogo vegetal; pero al considerar a las plantas como el vínculo entre el reino animal y el mineral, al ver la fitoquímica, tal como se manifiesta en ellas, como el medio empleado para producir aquellas organizaciones más complejas que existen en los animales, necesariamente consideramos a las plantas como meras máquinas naturales para lograr arreglos orgánicos, y, como tales, no pueden poseer ninguna sensibilidad nerviosa. La contracción muscular puede representarse en muchos de sus maravillosos mecanismos; y cualquier perturbación causada por medios naturales o artificiales provocará, por consiguiente, un cambio en el funcionamiento de esas fuerzas que se combinan para generar la vida vegetal. De hecho, los experimentos de Carlo Matteucci, ya mencionados, demuestran que una incisión en una hoja, la fractura de una rama o simplemente el daño en cualquier parte de la planta interfiere con el ejercicio de esa fuerza que, bajo la acción de la luz, descompone el ácido carbónico y permite la asimilación de los demás elementos.
En resumen: una planta es una creación organizada; lo es gracias a ciertas operaciones fitoquímicas extrañas, que se vuelven activas por las influencias solares involucradas en los grandes fenómenos de la luz, y por la excitación…
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de fuerza calórica en medio de la circulación eléctrica. Es una ejemplificación sorprendente de la acción conjunta de ciertas potencias celestiales, que dan lugar a la combinación de principios inorgánicos en tales formas que se vuelven capaces de obedecer los misteriosos impulsos de la vida.
El poeta ha plasmado la acción de poderes externos en diversas formas de belleza espiritualizada. Desde la diosa Flora y sus ninfas acompañantes, hasta la hechicera romántica que hacía brotar flores con el simple roce de su varita, en todas estas creaciones encontramos presagios del descubrimiento de aquellos poderes que la ciencia ha demostrado son esenciales para la vida vegetal. Un poder proveniente del exterior influye en la planta; pero el animal depende de una fuerza superior que actúa dentro de él.
El sueño del poeta complace la mente imaginativa; y, al asociar en nuestras ideas todo lo que es grácil y encantador en la forma femenina, con ese sentimiento divino que impregna el alma con la sensación de alguna espiritualidad invisible, percibimos en la diosa, la hechicera o el sílfide puras idealizaciones de las fuerzas físicas. El espíritu que flota sobre estas formas de belleza y las adorna con toda la riqueza de los colores —pintando la rosa y dotando de perfume a la violeta— es, en la mente del poeta, uno que asciende casi hasta el punto más alto de la eterealización, y que, de hecho, se convierte para él en un espíritu de luz; ellos viajan sobre los zéfiros y flotan, con toda la opulencia de un disfrute celestial, hasta la tierra en un rayo de sol. Tal es el trabajo de la imaginación. ¿Cuál es el resultado de la búsqueda, lenta y laboriosa, de la ciencia en pos de la verdad? El rayo de sol se ha desglosado en haces, y cada haz tiene la tarea de relatar su función.
La naturaleza ha respondido a algunas de las preguntas; y, recorriendo toda la tierra y resonando de planta en planta, tenemos un grito universal que proclama que toda función de la vida vegetal se debe a los espíritus del sol.
La poderosa Adansonia de Senegal, cubierta de musgos de cinco mil años; el árbol upas en sus valles mortales; las lianas trepadoras de los bosques de Guayana; el retorcido cactus-serpiente en las colinas ardientes; los robles que extienden sus ramas en nuestros climas templados; las gloriosas flores de las regiones intertropicales y aquellas que embellecen nuestras llanuras verdes; el líquen de los renos de las tierras del norte y las algas de los estanques silenciosos; las creaciones más grandiosas y humildes del mundo vegetal: todas proclaman…
El poeta ha plasmado la acción de poderes externos en diversas formas de belleza espiritualizada. Desde la diosa Flora y sus ninfas acompañantes, hasta la hechicera romántica que hacía brotar flores con el simple roce de su varita, en todas estas creaciones encontramos presagios del descubrimiento de aquellos poderes que la ciencia ha demostrado son esenciales para la vida vegetal. Un poder proveniente del exterior influye en la planta; pero el animal depende de una fuerza superior que actúa dentro de él.
El sueño del poeta complace la mente imaginativa; y, al asociar en nuestras ideas todo lo que es grácil y encantador en la forma femenina, con ese sentimiento divino que impregna el alma con la sensación de alguna espiritualidad invisible, percibimos en la diosa, la hechicera o el sílfide puras idealizaciones de las fuerzas físicas. El espíritu que flota sobre estas formas de belleza y las adorna con toda la riqueza de los colores —pintando la rosa y dotando de perfume a la violeta— es, en la mente del poeta, uno que asciende casi hasta el punto más alto de la eterealización, y que, de hecho, se convierte para él en un espíritu de luz; ellos viajan sobre los zéfiros y flotan, con toda la opulencia de un disfrute celestial, hasta la tierra en un rayo de sol. Tal es el trabajo de la imaginación. ¿Cuál es el resultado de la búsqueda, lenta y laboriosa, de la ciencia en pos de la verdad? El rayo de sol se ha desglosado en haces, y cada haz tiene la tarea de relatar su función.
La naturaleza ha respondido a algunas de las preguntas; y, recorriendo toda la tierra y resonando de planta en planta, tenemos un grito universal que proclama que toda función de la vida vegetal se debe a los espíritus del sol.
La poderosa Adansonia de Senegal, cubierta de musgos de cinco mil años; el árbol upas en sus valles mortales; las lianas trepadoras de los bosques de Guayana; el retorcido cactus-serpiente en las colinas ardientes; los robles que extienden sus ramas en nuestros climas templados; las gloriosas flores de las regiones intertropicales y aquellas que embellecen nuestras llanuras verdes; el líquen de los renos de las tierras del norte y las algas de los estanques silenciosos; las creaciones más grandiosas y humildes del mundo vegetal: todas proclaman…
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su dependencia directa de las fuerzas misteriosas que están unidas en el hilo plateado de la Luz. Estas ondulaciones, pulsaciones demasiado sutiles para los oídos mortales, que aceleran y guían a estos maravillosos organismos, pueden considerarse verdaderamente como música esférica que repite eternamente el mandato divino: “Que haya Luz”, mediante cuya creación un caos oscuro y sombrío se transformó en una estrella de belleza, capaz de irradiar luminosidad hacia otros mundos errantes en el espacio.
NOTAS AL PIE:
[248] Percy Bysshe Shelley.
[249] Experimentos sobre la producción de aire desflogistizado a partir del agua con diversas sustancias: por el teniente general Sir Benjamin, conde de Rumford; Phil. Trans., vol. lxxvii, p. 84.
[250] Experimentos sobre las plantas, que revelan su gran capacidad para purificar el aire común bajo la luz solar, y para dañarlo en la sombra y por la noche; a lo cual se añade un nuevo método para examinar los grados exactos de salubridad de la atmósfera, por John Ingenhousz, consejero de la corte y médico personal de Sus Majestades Imperiales y Reales, F.R.S., etc. Londres: impreso para P. Elmsley, en el Strand, y H. Payne, en Pall Mall, 1779.
[251] Los reinos de la naturaleza, su vida y afinidades: por el Dr. C. G. Carus; Scientific Memoirs, vol. I, p. 223.
[252] En Biologie, de G. R. Treviranus, vol. II, p. 302, aparece el siguiente pasaje: “Si exponemos agua de manantial al sol en recipientes abiertos o incluso cerrados y transparentes, después de unos días surgen burbujas desde el fondo o desde los lados del recipiente, y al mismo tiempo se forma una costra verde. Al observar esta costra bajo un microscopio, descubrimos una masa de partículas verdes, generalmente de forma redonda u ovalada, muy pequeñas, recubiertas por una capa mucosa transparente; algunas de ellas se mueven libremente, mientras que otras, perfectamente similares a estas, permanecen inmóviles y adheridas a los lados del recipiente. Este movimiento a veces es mayor que en otras ocasiones. Los microorganismos a menudo parecen estar paralizados, pero pronto recuperan su actividad habitual”.
[253] Sobre la estructura de la célula vegetal: por Mohl; Scientific Memoirs, vol. IV, p. 113. Esquemas de botánica estructural y física: por Henfrey.
[254] El Dr. Carus, en el memorando ya citado, dice: “Pero dado que, en la organización de la tierra, la luz y el aire, como segunda parte integrante, se oponen a la gravedad, y dado que la planta mantiene una relación no solo con la gravedad, sino también con la luz, una vez completada su formación necesariamente presentará un segundo sistema anatómico, a saber, el de los vasos espirales, que”
NOTAS AL PIE:
[248] Percy Bysshe Shelley.
[249] Experimentos sobre la producción de aire desflogistizado a partir del agua con diversas sustancias: por el teniente general Sir Benjamin, conde de Rumford; Phil. Trans., vol. lxxvii, p. 84.
[250] Experimentos sobre las plantas, que revelan su gran capacidad para purificar el aire común bajo la luz solar, y para dañarlo en la sombra y por la noche; a lo cual se añade un nuevo método para examinar los grados exactos de salubridad de la atmósfera, por John Ingenhousz, consejero de la corte y médico personal de Sus Majestades Imperiales y Reales, F.R.S., etc. Londres: impreso para P. Elmsley, en el Strand, y H. Payne, en Pall Mall, 1779.
[251] Los reinos de la naturaleza, su vida y afinidades: por el Dr. C. G. Carus; Scientific Memoirs, vol. I, p. 223.
[252] En Biologie, de G. R. Treviranus, vol. II, p. 302, aparece el siguiente pasaje: “Si exponemos agua de manantial al sol en recipientes abiertos o incluso cerrados y transparentes, después de unos días surgen burbujas desde el fondo o desde los lados del recipiente, y al mismo tiempo se forma una costra verde. Al observar esta costra bajo un microscopio, descubrimos una masa de partículas verdes, generalmente de forma redonda u ovalada, muy pequeñas, recubiertas por una capa mucosa transparente; algunas de ellas se mueven libremente, mientras que otras, perfectamente similares a estas, permanecen inmóviles y adheridas a los lados del recipiente. Este movimiento a veces es mayor que en otras ocasiones. Los microorganismos a menudo parecen estar paralizados, pero pronto recuperan su actividad habitual”.
[253] Sobre la estructura de la célula vegetal: por Mohl; Scientific Memoirs, vol. IV, p. 113. Esquemas de botánica estructural y física: por Henfrey.
[254] El Dr. Carus, en el memorando ya citado, dice: “Pero dado que, en la organización de la tierra, la luz y el aire, como segunda parte integrante, se oponen a la gravedad, y dado que la planta mantiene una relación no solo con la gravedad, sino también con la luz, una vez completada su formación necesariamente presentará un segundo sistema anatómico, a saber, el de los vasos espirales, que”
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Han sido considerados, con toda justicia, en los últimos tiempos como los órganos que en las plantas desempeñan las funciones de los nervios.
[255] Los experimentos del Sr. Crosse en el Journal of the London Electrical Society, y los del Sr. Weekes en el Electrical Magazine, además de un comunicado adjunto a Explanations: a Sequel to the Vestiges of the Natural History of Creation.
[256] Die Metamorphose der Pflanzen: Goethe, sección 78.
[257] Elementos de botánica de Lindley.
[258] Véanse los experimentos muy curiosos de C. Matteucci. Traducido y extraído del “Cimento”. —Archives des Sciences Physiques et Naturelles; Algunos experimentos sobre la respiración de las plantas. Noviembre de 1846.
[259] Consulte Rural Economy, de J. B. Boussingault; El equilibrio químico y fisiológico de la naturaleza orgánica, de Dumas y Boussingault; y Química agrícola, de Liebig.
[260] El valor práctico del descubrimiento aquí descrito se comprenderá mejor a partir de la siguiente carta del Sr. Lawson, de Edimburgo:
Edimburgo, 1, Puente de Jorge IV,
8 de septiembre de 1853.
Estimado señor: He recibido su carta del 5 de este mes, relativa a mi experiencia práctica respecto al efecto de los agentes químicos presentes en medios de color sobre la germinación de las semillas y el crecimiento de las plantas.
Debo explicar primero que es nuestra costumbre probar la capacidad germinativa de todas las semillas que llegan a nuestros almacenes antes de enviarlas a la venta; y, por supuesto, uno de nuestros objetivos es descubrir, lo antes posible, hasta qué punto está activo el principio vital, ya que su valor disminuye en proporción a su estado de inactividad. Por ejemplo, si sembramos 100 semillas de cualquier tipo y todas germinan, su valor será el más alto; pero si solo germinan 90, su valor disminuye en un 10 por ciento; si son 80, entonces su valor baja en un 20 por ciento.
Solo proporciono estos detalles para mostrar el valor práctico de esta prueba y la influencia que ejerce en las fluctuaciones de precios.
Nuestro método habitual era sembrar las semillas a probar en un invernadero o caja especial, y luego observar su desarrollo e anotar los resultados. Por lo general, pasaban de ocho a catorce días antes de poder determinar el valor comercial de la semilla en cuestión.
Sin embargo, hace unos cinco años llamó mi atención su excelente obra “Sobre los fenómenos físicos de la naturaleza”, y decidí someter su teoría a una prueba práctica. Para ello, fabricé una caja cuyas paredes estaban hechas de vidrio de color azul o índigo; esta caja la conecté a una pequeña estufa de gas para generar calor. Dentro de la caja había estantes, en los cuales se colocaban pequeños macetas donde se sembraban las semillas a probar.
Los resultados fueron exactamente los esperados: las semillas germinaban en tan solo dos a cinco días, en lugar de ocho a catorce días como antes.
[255] Los experimentos del Sr. Crosse en el Journal of the London Electrical Society, y los del Sr. Weekes en el Electrical Magazine, además de un comunicado adjunto a Explanations: a Sequel to the Vestiges of the Natural History of Creation.
[256] Die Metamorphose der Pflanzen: Goethe, sección 78.
[257] Elementos de botánica de Lindley.
[258] Véanse los experimentos muy curiosos de C. Matteucci. Traducido y extraído del “Cimento”. —Archives des Sciences Physiques et Naturelles; Algunos experimentos sobre la respiración de las plantas. Noviembre de 1846.
[259] Consulte Rural Economy, de J. B. Boussingault; El equilibrio químico y fisiológico de la naturaleza orgánica, de Dumas y Boussingault; y Química agrícola, de Liebig.
[260] El valor práctico del descubrimiento aquí descrito se comprenderá mejor a partir de la siguiente carta del Sr. Lawson, de Edimburgo:
Edimburgo, 1, Puente de Jorge IV,
8 de septiembre de 1853.
Estimado señor: He recibido su carta del 5 de este mes, relativa a mi experiencia práctica respecto al efecto de los agentes químicos presentes en medios de color sobre la germinación de las semillas y el crecimiento de las plantas.
Debo explicar primero que es nuestra costumbre probar la capacidad germinativa de todas las semillas que llegan a nuestros almacenes antes de enviarlas a la venta; y, por supuesto, uno de nuestros objetivos es descubrir, lo antes posible, hasta qué punto está activo el principio vital, ya que su valor disminuye en proporción a su estado de inactividad. Por ejemplo, si sembramos 100 semillas de cualquier tipo y todas germinan, su valor será el más alto; pero si solo germinan 90, su valor disminuye en un 10 por ciento; si son 80, entonces su valor baja en un 20 por ciento.
Solo proporciono estos detalles para mostrar el valor práctico de esta prueba y la influencia que ejerce en las fluctuaciones de precios.
Nuestro método habitual era sembrar las semillas a probar en un invernadero o caja especial, y luego observar su desarrollo e anotar los resultados. Por lo general, pasaban de ocho a catorce días antes de poder determinar el valor comercial de la semilla en cuestión.
Sin embargo, hace unos cinco años llamó mi atención su excelente obra “Sobre los fenómenos físicos de la naturaleza”, y decidí someter su teoría a una prueba práctica. Para ello, fabricé una caja cuyas paredes estaban hechas de vidrio de color azul o índigo; esta caja la conecté a una pequeña estufa de gas para generar calor. Dentro de la caja había estantes, en los cuales se colocaban pequeños macetas donde se sembraban las semillas a probar.
Los resultados fueron exactamente los esperados: las semillas germinaban en tan solo dos a cinco días, en lugar de ocho a catorce días como antes.
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No he llevado a cabo nuestros experimentos más allá de la germinación de las semillas, por lo que no dispongo de información práctica sobre el efecto de otros rayos en el cultivo posterior de las plantas. Sin embargo, he realizado algunos ensayos con el rayo amarillo para impedir la germinación de las semillas, y estos han tenido éxito; además, siempre he encontrado que el rayo violeta es perjudicial para el crecimiento de la planta después de la germinación. Quedo, querido señor, su muy fiel servidor, Charles Lawson.
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CAPÍTULO XV.
FENÓMENOS DE LA VIDA ANIMAL.
Diferencia entre los Reinos de la Naturaleza—Progreso de la vida animal—Esponjas—Pólipos—Infusorios—Animalculas—Animales fosforescentes—Anélidos—Miriápodos—Metamorfosis animales—Peces—Aves—Mamíferos—Sistema nervioso—Electricidad animal—Influencias químicas—Influencia de la luz en la vida animal—Calor animal—Acción mecánica—Excitación nerviosa—El hombre y las razas animales, etc.
“Una piedra crece; las plantas crecen y viven; los animales crecen, viven y sienten”. Tales eran las distinciones que hizo Linneo entre las condiciones de los tres reinos de la naturaleza. Sin embargo, no podemos dejar de considerarlas ilógicas en todos los aspectos. La piedra, una masa sólida de partículas desorganizadas, aumenta de tamaño, si se coloca en condiciones adecuadas, por la acumulación de otras partículas similares a su alrededor; pero no crece, según ningún sentido en el que utilicemos la palabra. Las plantas y los animales sí crecen; y probablemente solo difieren en los fenómenos de la sensación. Sin embargo, la mimosa temblona y varias otras plantas parecen poseer tanto sentimiento como las esponjas y algunas de las clases inferiores de animales. Con esta definición, sin embargo, del célebre naturalista sueco, tenemos una expresión popular y sencilla de un hecho importante. Dado que solo tenemos que examinar la cuestión de la acción de las fuerzas físicas sobre la vida animal, debemos necesariamente limitar nuestra atención a los fenómenos más llamativos con los que la ciencia nos ha familiarizado; y, después de haber trazado brevemente el orden aparente en el que avanzó la organización, debemos dirigir nuestras pocas observaciones finales a las influencias fisiopatológicas, de las cuales debemos confesar que las conocemos de manera demasiado imperfecta. Aprendemos que, durante los estados de progreso con los que la geología, al investigar los misterios del tiempo, nos ha familiarizado, existió una gran variedad de animales.
FENÓMENOS DE LA VIDA ANIMAL.
Diferencia entre los Reinos de la Naturaleza—Progreso de la vida animal—Esponjas—Pólipos—Infusorios—Animalculas—Animales fosforescentes—Anélidos—Miriápodos—Metamorfosis animales—Peces—Aves—Mamíferos—Sistema nervioso—Electricidad animal—Influencias químicas—Influencia de la luz en la vida animal—Calor animal—Acción mecánica—Excitación nerviosa—El hombre y las razas animales, etc.
“Una piedra crece; las plantas crecen y viven; los animales crecen, viven y sienten”. Tales eran las distinciones que hizo Linneo entre las condiciones de los tres reinos de la naturaleza. Sin embargo, no podemos dejar de considerarlas ilógicas en todos los aspectos. La piedra, una masa sólida de partículas desorganizadas, aumenta de tamaño, si se coloca en condiciones adecuadas, por la acumulación de otras partículas similares a su alrededor; pero no crece, según ningún sentido en el que utilicemos la palabra. Las plantas y los animales sí crecen; y probablemente solo difieren en los fenómenos de la sensación. Sin embargo, la mimosa temblona y varias otras plantas parecen poseer tanto sentimiento como las esponjas y algunas de las clases inferiores de animales. Con esta definición, sin embargo, del célebre naturalista sueco, tenemos una expresión popular y sencilla de un hecho importante. Dado que solo tenemos que examinar la cuestión de la acción de las fuerzas físicas sobre la vida animal, debemos necesariamente limitar nuestra atención a los fenómenos más llamativos con los que la ciencia nos ha familiarizado; y, después de haber trazado brevemente el orden aparente en el que avanzó la organización, debemos dirigir nuestras pocas observaciones finales a las influencias fisiopatológicas, de las cuales debemos confesar que las conocemos de manera demasiado imperfecta. Aprendemos que, durante los estados de progreso con los que la geología, al investigar los misterios del tiempo, nos ha familiarizado, existió una gran variedad de animales.
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Se dieron origen a diversas formas de vida. Ellas vivieron sus respectivos períodos. Las condiciones de la superficie terrestre, del mar o de la atmósfera se modificaron; y, ya no aptas para el disfrute de una nueva vida, esas razas desaparecieron, y otras ocuparon su lugar, las cuales, a su vez, pasaron por todas las etapas de crecimiento, madurez y decadencia; hasta que, finalmente, la Tierra se constituyó como morada del orden más elevado de animales, y estos fueron llamados a la existencia; y el hombre, monarca intelectual del mundo, fue colocado en lo más alto entre todos ellos. Tipos de casi todas aquellas formas de vida que se encuentran en estado fósil existen ahora; y si examinamos la distribución geográfica de los animales —las zonas de altitud sobre la superficie terrestre y las zonas de profundidad en el océano— encontraremos criaturas animales que existen actualmente y que son sorprendentemente análogas a las formas y condiciones primitivas de los habitantes de la Tierra. Desde las profundidades del océano podemos estudiar incluso ahora —tal como lo hizo ese naturalista incansable, el profesor Edward Forbes— los diferentes estados de organización bajo circunstancias de luz deficiente y temperaturas variables.[261]
El avance gradual de la vida animal en los estratos superiores ha dado lugar a muchas especulaciones, ingeniosas y refinadas, sobre el desarrollo progresivo de los animales. Hay que admitir que los cambios del mundo inorgánico impusieron nuevas condiciones a las estructuras orgánicas de los animales, a fin de satisfacer las necesidades de su existencia. La anatomía comparativa ha demostrado que tales diferencias supuestas realmente existían entre las criaturas de las formaciones secundarias —aquellas de los períodos terciario y actual—. Se ha imaginado, pero sobre bases discutibles, que la atmósfera, durante los períodos secundarios, estaba altamente cargada de ácido carbónico; y, en consecuencia, aunque era beneficioso para el crecimiento de las plantas y especialmente adecuado para las condiciones requeridas por aquellas cuya flora fósil nos hace conocer, no estaba adaptado para sostener a ningún animal distinto de los peces y reptiles de respiración lenta y de sangre fría. Bajo la acción de la vegetación sumamente exuberante de esos períodos, se supone que este ácido carbónico fue eliminado y se añadió oxígeno; y así, gradualmente, la Tierra se adaptó para ser morada de criaturas de sangre caliente y de respiración rápida. De hecho, encontramos una línea muy marcada entre los restos fósiles de las formaciones del Lias, que contienen a los saurios, y los de Wealden, en los cuales las aves aparecen en mayor número que en ninguna formación anterior.
El avance gradual de la vida animal en los estratos superiores ha dado lugar a muchas especulaciones, ingeniosas y refinadas, sobre el desarrollo progresivo de los animales. Hay que admitir que los cambios del mundo inorgánico impusieron nuevas condiciones a las estructuras orgánicas de los animales, a fin de satisfacer las necesidades de su existencia. La anatomía comparativa ha demostrado que tales diferencias supuestas realmente existían entre las criaturas de las formaciones secundarias —aquellas de los períodos terciario y actual—. Se ha imaginado, pero sobre bases discutibles, que la atmósfera, durante los períodos secundarios, estaba altamente cargada de ácido carbónico; y, en consecuencia, aunque era beneficioso para el crecimiento de las plantas y especialmente adecuado para las condiciones requeridas por aquellas cuya flora fósil nos hace conocer, no estaba adaptado para sostener a ningún animal distinto de los peces y reptiles de respiración lenta y de sangre fría. Bajo la acción de la vegetación sumamente exuberante de esos períodos, se supone que este ácido carbónico fue eliminado y se añadió oxígeno; y así, gradualmente, la Tierra se adaptó para ser morada de criaturas de sangre caliente y de respiración rápida. De hecho, encontramos una línea muy marcada entre los restos fósiles de las formaciones del Lias, que contienen a los saurios, y los de Wealden, en los cuales las aves aparecen en mayor número que en ninguna formación anterior.
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Basándose en estos hechos, se han planteado especulaciones sobre el desarrollo gradual de los animales, desde los órdenes más simples hasta los más complejos. Se ha imaginado una serie continua entre el pólipo y el hombre, siendo cada eslabón de esta cadena relacionado con el siguiente; y, según esta hipótesis, a través de todas las divisiones, los zoófitos, los peces, los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos derivan por un progreso gradual de los órdenes anteriores. El primero da origen a los anfibios; el anfibio da a luz al reptil; el reptil evoluciona hacia la ave; y de esta clase se desarrolla el mamífero. Una simple investigación nos convencerá de que esta visión no tiene fundamento. Aunque puede encontrarse cierta relación entre algunos miembros de una clase y los de la clase inmediatamente siguiente, también se observa esa relación entre clases más alejadas entre sí; y en ningún caso podemos detectar algo similar a un paso de un animal de una clase a otro animal de otra clase. Hasta que esto no ocurra, no podemos sino considerar las formas de vida animal como creaciones distintas, cada una adaptada a su estado de existencia, surgidas por la voluntad de la Gran Causa Primera.[262] Pero ya es hora de dejar estas cuestiones especulativas y pasar a examinar las condiciones generales de la vida animal en la actualidad. En el escalón más bajo de los animales, y apenas distinguibles de las plantas, encontramos a la esponja, adherida a una roca y dedicando allí su vida; de hecho, muestra menos signos de sensibilidad que muchas de las tribus vegetales. Sin embargo, las diferencias químicas entre las plantas y las esponjas son muy marcadas; y encontramos en los tejidos de la esponja una gran cantidad de nitrógeno, un verdadero elemento animal, que existe, pero en cantidades menores, en las plantas. Estas criaturas, situadas entre la vida vegetal y la animal, poseen la singular capacidad de descomponer el ácido carbónico, al igual que las plantas; además, el agua en la que viven siempre contiene un exceso de oxígeno libre. Los pólipos constituyen una clase sumamente curiosa. “Fijados en grandes masas arbóreas en las rocas de los mares tropicales, o en nuestro clima adheridos a conchas u otras sustancias submarinas, extienden sus ramificaciones en mil formas hermosas y parecidas a las de las plantas; o bien, recubriendo las rocas del fondo del océano con tierra calcárea, separada del agua que las baña, construyen silenciosamente arrecifes y bancos de arena, temidos justamente por…”
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navegante; y a veces dando origen, a medida que emergen a la superficie del mar, a islas que el paso de los siglos viste con exuberante verdor y puebla con habitantes adecuados”.[263]
La mayoría de los pólipos son fijos e inmóviles; pero la hidra y algunos otros tienen la capacidad de cambiar de posición, lo cual hacen en busca de la luz del sol. No parecen tener órganos de la vista que requieran luz; pero aun así disfrutan de las influencias solares. El hecho más extraordinario relacionado con la hidra es que se reproduce por división. Si se hace una incisión en el costado de una hidra, pronto se desarrolla un pólipo joven; y si se divide a una de estas criaturas, rápidamente reconstituye la parte perdida de su estructura. Las variedades de pólipos son extremadamente numerosas, y muchos de ellos son de lo más curioso y, a menudo, muy hermosos. Las actinias, como flores, parecen crecer de las rocas, extendiendo sus tentáculos hacia la luz; y, debido a su afán por capturar presas, exhiben un hermoso juego de colores y formas muy interesantes.
Se encuentran zoófitos microscópicos de las formas más curiosas; todos ellos, al ser examinados, atestiguan la perfección de todas las cosas creadas.
Las infusorias y los animalculas —animales, muchos de ellos, que bajo el microscopio parecen poco más que una gelatina transparente— deben reconocerse como las formas de vida más simples. Existían en todas las aguas en incontables miríadas; y, aunque son criaturas diminutas, se ha demostrado que muchas de las grandes colinas de piedra caliza están compuestas íntegramente por sus restos.
Los acalefas, o animales fosforescentes del océano, no son menos curiosos. Desde criaturas de tamaño muy reducido, llegan hasta una magnitud considerable, sin embargo parecen ser poco más que masas animadas de agua de mar. Si alguna de estas medusas, o peces de gelatina como a menudo se les llama (incluso las variedades más grandes), es arrojada a la orilla, pronto, bajo la influencia del sol, se convierte en una mera fibra no más gruesa que una telaraña: un animal que pesa siete u ocho libras se reduce muy pronto a tantos granos. Existen numerosas especies de estas singulares criaturas, la mayoría de las cuales son notables por la potente luz fosforescente que emiten. Los beroes y los pulmonigrades brillan con una luz blanca intensa a muchas yardas bajo la superficie, mientras que el Cestum Veneris, o cinturón de Venus, deslizándose rápidamente, presenta, en el borde de la ola, una banda ondulante de llama de considerable longitud. No puede haber duda
La mayoría de los pólipos son fijos e inmóviles; pero la hidra y algunos otros tienen la capacidad de cambiar de posición, lo cual hacen en busca de la luz del sol. No parecen tener órganos de la vista que requieran luz; pero aun así disfrutan de las influencias solares. El hecho más extraordinario relacionado con la hidra es que se reproduce por división. Si se hace una incisión en el costado de una hidra, pronto se desarrolla un pólipo joven; y si se divide a una de estas criaturas, rápidamente reconstituye la parte perdida de su estructura. Las variedades de pólipos son extremadamente numerosas, y muchos de ellos son de lo más curioso y, a menudo, muy hermosos. Las actinias, como flores, parecen crecer de las rocas, extendiendo sus tentáculos hacia la luz; y, debido a su afán por capturar presas, exhiben un hermoso juego de colores y formas muy interesantes.
Se encuentran zoófitos microscópicos de las formas más curiosas; todos ellos, al ser examinados, atestiguan la perfección de todas las cosas creadas.
Las infusorias y los animalculas —animales, muchos de ellos, que bajo el microscopio parecen poco más que una gelatina transparente— deben reconocerse como las formas de vida más simples. Existían en todas las aguas en incontables miríadas; y, aunque son criaturas diminutas, se ha demostrado que muchas de las grandes colinas de piedra caliza están compuestas íntegramente por sus restos.
Los acalefas, o animales fosforescentes del océano, no son menos curiosos. Desde criaturas de tamaño muy reducido, llegan hasta una magnitud considerable, sin embargo parecen ser poco más que masas animadas de agua de mar. Si alguna de estas medusas, o peces de gelatina como a menudo se les llama (incluso las variedades más grandes), es arrojada a la orilla, pronto, bajo la influencia del sol, se convierte en una mera fibra no más gruesa que una telaraña: un animal que pesa siete u ocho libras se reduce muy pronto a tantos granos. Existen numerosas especies de estas singulares criaturas, la mayoría de las cuales son notables por la potente luz fosforescente que emiten. Los beroes y los pulmonigrades brillan con una luz blanca intensa a muchas yardas bajo la superficie, mientras que el Cestum Veneris, o cinturón de Venus, deslizándose rápidamente, presenta, en el borde de la ola, una banda ondulante de llama de considerable longitud. No puede haber duda
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Que esto se debe a la emisión de una sustancia fosforescente de tipo desconocido desde los cuerpos de estos animales. El microscopio nos ha permitido conocer los misterios de criaturas diminutas que de otra manera no habríamos podido comprender. Estas criaturas habitan en las aguas y en la tierra, y también existen en la estructura intestinal de plantas y animales, alimentándose de los jugos nutritivos que pasan por sus sistemas. Aunque estas criaturas son tan extremadamente pequeñas que incluso el observador más experimentado no puede detectarlas a simple vista, un examen cuidadoso bajo el microscopio demuestra que, en muchos casos, están perfectamente organizadas. Ehrenberg descubrió en ellas nervios filamentosos y masas nerviosas, e incluso vasos destinados a la circulación de líquidos, lo que demuestra que realmente pertenecen a un alto nivel de desarrollo. Pasando por muchos eslabones de esa curiosa cadena que parece unir al reino animal en un todo completo, llegamos a los Articulados de Cuvier, los Homogangliatos de Owen. Todas aquellas criaturas que hasta ahora hemos considerado son demasiado imperfectas en la estructura de sus organizaciones simples como para mantener una existencia terrestre; por lo tanto, están confinadas a un medio acuático. En los Articulados encontramos evidencias de atributos superiores, así como indicios de instintos desarrollados en proporción a la mayor perfección de su organización. Comenzando con los Anélidos, todos ellos, excepto las lombrices de tierra, son habitantes de las aguas; luego venimos a los Miriápodos, que presentan un sistema intermedio en todos los aspectos entre el de los gusanos y el de los insectos. Después encontramos, dentro de la misma clase, a los Insectos, que incluyen moscas y escarabajos de todo tipo; y, como cuarta división de los seres articulados, a los Arácnidos o arañas; y, finalmente, a la tribu marina de los Crustáceos. Los fenómenos más notables relacionados con estos animales son las metamorfosis que experimentan. Por ejemplo, la mariposa hembra pone huevos, los cuales, al eclosionar, dan lugar a orugas: estas viven en este estado durante algún tiempo, alimentándose de vegetales, y, después de despojarse de su piel a medida que crecen, finalmente adoptan un estado completamente diferente; permaneciendo en su capullo alargado, parecen materia muerta. Este capullo, o pupa, generalmente se protege de los daños al quedar incrustado en la tierra.
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Después de una temporada, escapa un insecto hermosamente perfecto, que, flotando en la brisa del verano, disfruta de la luz solar y se deleita entre las flores. No menos notable es la metamorfosis de los anfibios caducibráquidos, que pasan por la verdadera condición de pez que corresponde al renacuajo para convertirse en el animal perfecto que respira aire y tiene cuatro patas: la rana. La metamorfosis de los crustáceos, algo similar a la que ocurre en los insectos, ha generado mucho debate entre los naturalistas en los últimos años; pero parece que ahora la cuestión está resuelta gracias a las observaciones cuidadosas y prolongadas del señor Thompson y del señor R. C. Couch. Una clara línea de demarcación marca la separación de los invertebrados de las cuatro grandes clases de animales vertebrados: peces, répteiles, aves y mamíferos. Cada rincón del globo —el océano y los lagos continentales, los ríos anchos y sinuosos y los arroyos murmurantes, las montañas y los valles, los bosques con su densa sombra y el desierto con su intensa luz, las regiones frías del norte cubierto de escarcha y los climas cálidos de los trópicos— ofrece para nuestro estudio innumerables animales, cada uno adaptado a las condiciones a las que está destinado; y en todo ello encontramos un aumento gradual en el nivel de inteligencia, hasta que, finalmente, separado de todos por poderes especiales, llegamos al propio hombre. En cada una de estas cuatro clases, los animales cuentan con un esqueleto óseo, que en los jóvenes es poco más que cartílago; pero, a medida que crecen, se deposita cal, lo que permite alcanzar un grado suficiente de dureza para sostener la forma adulta. Algunos anatomistas han intentado demostrar que incluso en la estructura mecánica de los tejidos óseos de los animales podemos observar un aumento gradual en la perfección de su organización, desde los peces hasta llegar al ser más perfecto, el hombre. Sin embargo, muchos mamíferos poseen esqueletos que realmente superan al del hombre. Estos pertenecen a animales que dependen de sus fuerzas musculares para sobrevivir, y en este aspecto el hombre no está a su nivel. ¿Qué es el señor de la creación, comparado con la antílope en cuanto a rapidez, o con el elefante y muchos otros animales en cuanto a fuerza? A medida que ascendemos en la escala de la vida animal, encontramos un sistema nervioso más perfectamente desarrollado; y el tamaño relativo del cerebro, en comparación con el de los animales inferiores, aumenta progresivamente, hasta alcanzar su máximo.
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la perfección en el hombre. Del sistema nervioso depende la sensación, y no puede haber duda de que cuanto más elevado sea el grado de inteligencia que se manifiesta, tanto más exquisitamente delicado es el sistema nervioso. Así, en este mundo, el genio refinado debe ir necesariamente acompañado de una condición de sensibilidad que, con demasiada frecuencia, para su poseedor constituye un estado de verdadera enfermedad. Debe quedar evidente para todo lector que solo se han mencionado muy pocas de las características más destacadas de la vida animal en el rápido examen que se ha hecho del progreso de la organización animal. El tema es tan extenso que sería completamente imposible abarcarlo dentro de límites razonables; además, proporciona material tan curioso e instructivo que, una vez iniciado el estudio, habría sido difícil hacer alguna selección, y habríamos tenido que dedicar un volumen a la estética de las ciencias naturales. Por lo tanto, pasando por alto este tema con el simple esquema que se ha dado, debemos proceder a considerar algunas de las condiciones de la vitalidad. Bell ha demostrado que un conjunto de nervios se emplea para transmitir la sensación al cerebro, y otro conjunto para trasladar los deseos de la voluntad a los músculos. Al separar una rama principal de uno de los nervios sensoriales, aunque todas las funciones vitales seguirán desarrollándose, el órgano al que va ese nervio queda insensible a ese sentido en particular. De igual manera, si se divide uno de los nervios de la voluntad, el miembro no obedecerá las instrucciones del cerebro. Es evidente, por lo tanto, que, aunque muchos de los grandes fenómenos de la fuerza vital dependen del sistema nervioso, y la parálisis de un miembro se produce debido a la separación o enfermedad de un nervio, los nervios no son más que canales a través de los cuales se transmiten ciertas influencias. La vis vitæ o principio vital —pues, debido a la imperfección de nuestros conocimientos, nos vemos obligados a asociar bajo este único término las causas últimas de muchos de los fenómenos de la vida— es una fuerza que, aunque está en constante uso, tiene la capacidad de renovarse continuamente gracias a alguna conexión inexplicable que existe entre ella y muchas influencias externas. Sabemos que ciertas condiciones son necesarias para la salud de los animales. Una digestión defectuosa o cualquier interrupción en la circulación sanguínea destruye la fuerza vital, y entonces sobreviene la muerte. Los procesos de digestión y circulación están perfectamente comprendidos, sin embargo, no estamos más cerca del gran secreto del principio vital. Los animales dependen de varios agentes externos para mantenerse vivos. El oxígeno del aire es necesario para la respiración. El calor animal, como
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Lo que se mostrará en breve depende en gran medida de ello. El calor externo está tan regulado que permite que la vida animal se mantenga de manera cómoda. La electricidad es, sin duda, un elemento esencial en los procesos vitales; de hecho, muchos fisiólogos han tendido a atribuir la fuerza vital al desarrollo de la electricidad mediante acciones químicas en el cerebro. Sin embargo, esta visión no tiene fundamento experimental más allá de lo que ofrece la aparición de corrientes eléctricas cuando el cerebro está estimulado. Esto no demuestra más que las operaciones mentales generan energía física en la materia con la que están misteriosamente conectadas.
Los fenómenos relacionados con el torpedo y el gimnoto ya los hemos mencionado[264], y existen otras criaturas que ciertamente poseen la capacidad de secretar y liberar electricidad. Los experimentos de Galvani y los de Aldini parecen demostrar —y las investigaciones más detalladas de Matteucci lo han confirmado satisfactoriamente— que siempre hay corrientes eléctricas circulando en el cuerpo animal; que la electricidad positiva pasa constantemente del interior hacia el exterior de un músculo. Matteucci, al organizar una serie de músculos, logró crear una pila eléctrica con cierta potencia[265]. Estas corrientes han sido detectadas en el ser humano, en palomas, aves de corral, anguilas y ranas.
En el cuerpo humano es evidente que existe una gran cantidad de electricidad en estado de equilibrio. Du Bois Raymond demostró que podemos generar corrientes eléctricas mediante simples movimientos musculares, las cuales pueden medirse con un galvanómetro. Sin embargo, esto puede decirse de cualquier sustancia. Quizás sea más fácil que se perturbe en el sistema humano; de hecho, no es raro que surjan chispas en el cabello y en otras partes del cuerpo debido a la fricción. Como ya se ha demostrado, toda acción química genera manifestaciones eléctricas; y el cuerpo animal es un laboratorio perfectamente equipado, en el cual ocurre casi todo tipo de proceso químico. Se ha comprobado que los principios ácidos y alcalinos actúan constantemente uno sobre el otro a través de los tejidos del cuerpo animal; además, existen los curiosos fenómenos de endosmosis y exosmosis, así como la catálisis o fuerza superficial, que actúan de manera misteriosa[266].
No podemos abordar las cuestiones fisiológicas más complejas relacionadas con los fenómenos sensoriales, ni se presentarán argumentos a favor o en contra de la hipótesis que atribuiría estos fenómenos a algún tipo de desarrollo extraordinario de la fuerza eléctrica en el cerebro. Todo este tema parece…
Los fenómenos relacionados con el torpedo y el gimnoto ya los hemos mencionado[264], y existen otras criaturas que ciertamente poseen la capacidad de secretar y liberar electricidad. Los experimentos de Galvani y los de Aldini parecen demostrar —y las investigaciones más detalladas de Matteucci lo han confirmado satisfactoriamente— que siempre hay corrientes eléctricas circulando en el cuerpo animal; que la electricidad positiva pasa constantemente del interior hacia el exterior de un músculo. Matteucci, al organizar una serie de músculos, logró crear una pila eléctrica con cierta potencia[265]. Estas corrientes han sido detectadas en el ser humano, en palomas, aves de corral, anguilas y ranas.
En el cuerpo humano es evidente que existe una gran cantidad de electricidad en estado de equilibrio. Du Bois Raymond demostró que podemos generar corrientes eléctricas mediante simples movimientos musculares, las cuales pueden medirse con un galvanómetro. Sin embargo, esto puede decirse de cualquier sustancia. Quizás sea más fácil que se perturbe en el sistema humano; de hecho, no es raro que surjan chispas en el cabello y en otras partes del cuerpo debido a la fricción. Como ya se ha demostrado, toda acción química genera manifestaciones eléctricas; y el cuerpo animal es un laboratorio perfectamente equipado, en el cual ocurre casi todo tipo de proceso químico. Se ha comprobado que los principios ácidos y alcalinos actúan constantemente uno sobre el otro a través de los tejidos del cuerpo animal; además, existen los curiosos fenómenos de endosmosis y exosmosis, así como la catálisis o fuerza superficial, que actúan de manera misteriosa[266].
No podemos abordar las cuestiones fisiológicas más complejas relacionadas con los fenómenos sensoriales, ni se presentarán argumentos a favor o en contra de la hipótesis que atribuiría estos fenómenos a algún tipo de desarrollo extraordinario de la fuerza eléctrica en el cerebro. Todo este tema parece…
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Trasciende los verdaderos límites de la ciencia, y todo intento por superarlos conduce invariablemente a un misticismo confuso, en el cual lo real y lo ideal se mezclan de manera extraña. La ciencia se detiene ante los fenómenos de la acción vital.
No podemos, sin embargo, dejar de hacer referencia a la idea sostenida por muchos de que el cerebro es una batería eléctrica y los nervios un sistema de conductores. Sobre este punto, Sir John Herschel comenta: “Si el cerebro es una pila eléctrica en constante actividad, se puede pensar que se descarga a intervalos regulares, cuando la tensión eléctrica alcanza un cierto nivel, a través de los nervios que se comunican con el corazón, estimulando así las pulsaciones de ese órgano”.
Sin embargo, parece que Priestley fue el primero en difundir esta idea.
La luz es un elemento esencial para producir el gran fenómeno de la vida, aunque su acción no se comprende bien. Donde hay luz, hay vida; cualquier privación de este principio se ve rápidamente seguida por enfermedades del cuerpo y la destrucción de las facultades mentales. Tenemos pruebas de esto en la miseria de aquellos cuyas necesidades los obligan a trabajar en lugares a los que nunca llega la luz del sol, como en nuestras minas de carbón, donde las personas, que tienen todo lo necesario para mantenerse sanas excepto la luz, presentan un aspecto extremadamente enfermizo. El estado de estupidez y miseria al que han sido reducidos aquellos que han estado encerrados durante años en mazmorras oscuras también se debe a esa misma privación. Asimismo, en el aspecto peculiar de aquellas personas que habitan en diferentes regiones de la Tierra bajo influencias lumínicas variables, vemos evidencias de los poderosos efectos de la acción solar. Otras fuerzas, aún por descubrir, muy probablemente ejercen influencias decisivas sobre la economía animal; pero, aunque reconocemos muchos efectos a los que no podemos atribuir ninguna causa conocida, somos completamente incapaces de imaginar sus fuentes.
Ahora será interesante examinar los fenómenos del calor animal; el estudio de estos fenómenos nos lleva naturalmente a considerar el sistema digestivo, los procesos circulatorios y los efectos de la excitación nerviosa.
La teoría que atribuye el calor animal a la combinación del carbono de los alimentos ingeridos en el estómago con el oxígeno del aire inspirado a través de los pulmones se ha convertido en una de las más populares. No obstante, hay que recordar que no es en absoluto nueva. Las doctrinas de Brown, conocidas como
No podemos, sin embargo, dejar de hacer referencia a la idea sostenida por muchos de que el cerebro es una batería eléctrica y los nervios un sistema de conductores. Sobre este punto, Sir John Herschel comenta: “Si el cerebro es una pila eléctrica en constante actividad, se puede pensar que se descarga a intervalos regulares, cuando la tensión eléctrica alcanza un cierto nivel, a través de los nervios que se comunican con el corazón, estimulando así las pulsaciones de ese órgano”.
Sin embargo, parece que Priestley fue el primero en difundir esta idea.
La luz es un elemento esencial para producir el gran fenómeno de la vida, aunque su acción no se comprende bien. Donde hay luz, hay vida; cualquier privación de este principio se ve rápidamente seguida por enfermedades del cuerpo y la destrucción de las facultades mentales. Tenemos pruebas de esto en la miseria de aquellos cuyas necesidades los obligan a trabajar en lugares a los que nunca llega la luz del sol, como en nuestras minas de carbón, donde las personas, que tienen todo lo necesario para mantenerse sanas excepto la luz, presentan un aspecto extremadamente enfermizo. El estado de estupidez y miseria al que han sido reducidos aquellos que han estado encerrados durante años en mazmorras oscuras también se debe a esa misma privación. Asimismo, en el aspecto peculiar de aquellas personas que habitan en diferentes regiones de la Tierra bajo influencias lumínicas variables, vemos evidencias de los poderosos efectos de la acción solar. Otras fuerzas, aún por descubrir, muy probablemente ejercen influencias decisivas sobre la economía animal; pero, aunque reconocemos muchos efectos a los que no podemos atribuir ninguna causa conocida, somos completamente incapaces de imaginar sus fuentes.
Ahora será interesante examinar los fenómenos del calor animal; el estudio de estos fenómenos nos lleva naturalmente a considerar el sistema digestivo, los procesos circulatorios y los efectos de la excitación nerviosa.
La teoría que atribuye el calor animal a la combinación del carbono de los alimentos ingeridos en el estómago con el oxígeno del aire inspirado a través de los pulmones se ha convertido en una de las más populares. No obstante, hay que recordar que no es en absoluto nueva. Las doctrinas de Brown, conocidas como
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El sistema de Brunón, descrito en sus Elementa Medicinæ, se basa en generalizaciones apresuradas similares. Aunque, sin duda, es cierto hasta cierto punto, no lo es en la medida en que sus defensores querrían hacernos creer. Que la materia carbonosa que llega al estómago, después de haber pasado por el proceso de digestión, se combina con el oxígeno respirado a través de los pulmones o absorbido por la piel, y se elimina del cuerpo en forma de ácido carbónico, y que, durante esa combinación, se genera calor mediante un proceso similar al de la combustión ordinaria, es un hecho establecido; pero la idea de atribuir todo el calor animal a esta fuente química, cuando existen otras causas bien conocidas que producen efectos caloríficos, es un ejemplo de los errores en los que puede caer una mente ingeniosa al buscar ansiosamente establecer una hipótesis favorita.
La dieta animal y vegetal, que está compuesta en gran parte de carbono e hidrógeno, pasa al sistema digestivo y se convierte en las diversas sustancias necesarias para el mantenimiento de la estructura animal. La sangre es el líquido principal utilizado para distribuir por todo el organismo los elementos necesarios para la salud y la vitalidad, así como para reponer los desechos del cuerpo. Este líquido, al pasar por los pulmones, experimenta un cambio muy notable: no solo adquiere un color diferente, sino que realmente obtiene nuevas propiedades debido a su exposición al aire que llena las células de estos órganos. Mediante un verdadero proceso químico, el oxígeno se separa del aire; ese oxígeno se combina con el carbono y el hidrógeno, formándose ácido carbónico y agua. Estos se liberan y se eliminan del cuerpo ya sea a través de los pulmones o por la piel. En los procesos de la vida, en la medida en que podemos seguirlos, observamos acciones que se atribuyen a ciertas causas que parecemos poder explicar. Así, la combinación del oxígeno del aire con el carbono de la sangre se denomina realmente un caso de afinidad química; y descubrimos que, al intentar imitar los procesos de la naturaleza en el laboratorio, tenemos éxito hasta cierto punto. Podemos combinar carbono y oxígeno para producir ácido carbónico; y sabemos que el resultado de esa combinación es la generación de ciertas cantidades definidas de calor. Examinemos las condiciones de este fenómeno químico, y encontraremos que tanto en los procesos naturales como en los artificiales —pues debemos permitirnos hacer esa distinción— existen circunstancias análogas. Si colocamos un trozo de carbono puro, un trozo de carbón o un diamante en un recipiente con aire, o incluso con gas oxígeno puro, nada
La dieta animal y vegetal, que está compuesta en gran parte de carbono e hidrógeno, pasa al sistema digestivo y se convierte en las diversas sustancias necesarias para el mantenimiento de la estructura animal. La sangre es el líquido principal utilizado para distribuir por todo el organismo los elementos necesarios para la salud y la vitalidad, así como para reponer los desechos del cuerpo. Este líquido, al pasar por los pulmones, experimenta un cambio muy notable: no solo adquiere un color diferente, sino que realmente obtiene nuevas propiedades debido a su exposición al aire que llena las células de estos órganos. Mediante un verdadero proceso químico, el oxígeno se separa del aire; ese oxígeno se combina con el carbono y el hidrógeno, formándose ácido carbónico y agua. Estos se liberan y se eliminan del cuerpo ya sea a través de los pulmones o por la piel. En los procesos de la vida, en la medida en que podemos seguirlos, observamos acciones que se atribuyen a ciertas causas que parecemos poder explicar. Así, la combinación del oxígeno del aire con el carbono de la sangre se denomina realmente un caso de afinidad química; y descubrimos que, al intentar imitar los procesos de la naturaleza en el laboratorio, tenemos éxito hasta cierto punto. Podemos combinar carbono y oxígeno para producir ácido carbónico; y sabemos que el resultado de esa combinación es la generación de ciertas cantidades definidas de calor. Examinemos las condiciones de este fenómeno químico, y encontraremos que tanto en los procesos naturales como en los artificiales —pues debemos permitirnos hacer esa distinción— existen circunstancias análogas. Si colocamos un trozo de carbono puro, un trozo de carbón o un diamante en un recipiente con aire, o incluso con gas oxígeno puro, nada
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Ocurrirá un cambio en uno de estos elementos, y, por más tiempo que se mantengan juntos, seguirán siendo carbono o diamante, y gas oxígeno. Si aplicamos calor al carbono hasta que se vuelva incandescente, inmediatamente comienza a combinarse con el gas oxígeno; arde. Después de poco tiempo, todo el carbono ha desaparecido, y encontraremos, si el experimento se realizó correctamente, que queda un gas cuyas propiedades son, en todos los aspectos, opuestas a las del oxígeno: no favorece ni la vida ni la combustión, mientras que el oxígeno da mayor vigor a ambas. Ahora, de hecho, tenemos formado un gas de ácido carbónico por la unión de estos dos principios.
Una masa inerte de materia animal puede colocarse en gas oxígeno, y, a menos que se creen ciertas condiciones especiales, no ocurrirá ningún cambio; pero, si fuera posible aplicarle la chispa de la vida, como hacemos en el otro caso, o, si eso está más allá de las capacidades humanas, sustituimos por un ser vivo, comenzará inmediatamente una combinación entre el carbono del animal y el gas, y se formará ácido carbónico a partir de los desechos de la materia animal, tal como ocurre en el otro caso por la destrucción del carbono. Y, si no hay un suministro constante, el animal debe morir debido al agotamiento de sus componentes. Ahora, en ambos casos, es evidente que, aunque esta unión química es una causa inmediata del calor, debe existir alguna fuerza superior a ella como causa última.
La combustión lenta (eremacausis) de la materia vegetal, que se descompone bajo la influencia de la humedad y el aire, no presenta condiciones similares a las del cuerpo humano, aunque se ha insistido en que son análogas en todos los aspectos. Es cierto que los resultados son parecidos, pero debemos distinguir cuidadosamente entre efectos y causas; y los resultados de la descomposición química en la materia inerte difieren de los que ocurren en el organismo vivo. La materia vegetal ha perdido el principio de la vida orgánica, y, una vez que esto ocurre, dada la tendencia de todas las cosas a transformarse en sus formas más simples, comienza una separación de los elementos: el oxígeno, el hidrógeno y el carbono se transforman ya sea en estado gaseoso o en agua, mientras que parte del carbono se libera en estado muy finamente dividido y entra lentamente en combinación con el oxígeno proveniente del agua o del aire. Al mismo tiempo se forman compuestos de hidrógeno, y, en todas estas circunstancias, como en todos los demás fenómenos químicos, ocurre una alteración de
Una masa inerte de materia animal puede colocarse en gas oxígeno, y, a menos que se creen ciertas condiciones especiales, no ocurrirá ningún cambio; pero, si fuera posible aplicarle la chispa de la vida, como hacemos en el otro caso, o, si eso está más allá de las capacidades humanas, sustituimos por un ser vivo, comenzará inmediatamente una combinación entre el carbono del animal y el gas, y se formará ácido carbónico a partir de los desechos de la materia animal, tal como ocurre en el otro caso por la destrucción del carbono. Y, si no hay un suministro constante, el animal debe morir debido al agotamiento de sus componentes. Ahora, en ambos casos, es evidente que, aunque esta unión química es una causa inmediata del calor, debe existir alguna fuerza superior a ella como causa última.
La combustión lenta (eremacausis) de la materia vegetal, que se descompone bajo la influencia de la humedad y el aire, no presenta condiciones similares a las del cuerpo humano, aunque se ha insistido en que son análogas en todos los aspectos. Es cierto que los resultados son parecidos, pero debemos distinguir cuidadosamente entre efectos y causas; y los resultados de la descomposición química en la materia inerte difieren de los que ocurren en el organismo vivo. La materia vegetal ha perdido el principio de la vida orgánica, y, una vez que esto ocurre, dada la tendencia de todas las cosas a transformarse en sus formas más simples, comienza una separación de los elementos: el oxígeno, el hidrógeno y el carbono se transforman ya sea en estado gaseoso o en agua, mientras que parte del carbono se libera en estado muy finamente dividido y entra lentamente en combinación con el oxígeno proveniente del agua o del aire. Al mismo tiempo se forman compuestos de hidrógeno, y, en todas estas circunstancias, como en todos los demás fenómenos químicos, ocurre una alteración de
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Los resultados de la temperatura. El calor proviene de los cambios químicos, y eventualmente comienza la verdadera combustión.
El tejido animal puede actuar de la misma manera que la platina, ya que se ha demostrado que esta última produce la combinación entre gases; pero no tenemos pruebas de ello. Sabemos que la electricidad es capaz de generar las condiciones necesarias, y también sabemos, gracias a las maravillosas investigaciones de Faraday, que la cantidad de electricidad producida durante la descomposición es exactamente igual a la necesaria para lograr la combinación de los mismos elementos. Por lo tanto, está claro que, durante la combinación del carbono de la sangre con el oxígeno del aire, una gran cantidad de electricidad debe quedar latente en el compuesto. No conocemos su origen: podría provenir de alguna fuente secreta dentro de la estructura viva, o bien podría obtenerse de la materia que la rodea. Hay muchos fenómenos relacionados con la excitación nerviosa que parecen ser fenómenos eléctricos, y se han hecho frecuentes intentos por atribuir las sensaciones a la acción de la electricidad. Pero estos son solo sueños de los ingeniosos, para los cuales hay muy poca realidad.
Cada movimiento mecánico del cuerpo genera calor; cada esfuerzo muscular produce calor perceptible; de hecho, se puede demostrar experimentalmente que cada expansión de la fibra muscular va acompañada de la emisión de calorías, mientras que su contracción implica su absorción. Hay pocas actividades mentales que no estimulen el calor latente del cuerpo, y con frecuencia este se manifiesta de manera muy notable mediante una sensación que surge de repente. El poeta, en el placer de la creación, brilla con el ardor de su mente, y el rubor del inocente no es más que la manifestación de este fenómeno bajo alguna excitación nerviosa, causada por un pensamiento perturbador. Así, vemos que los procesos de digestión y respiración no son las únicas fuentes de calor en los animales, sino que existen muchas otras a las que debe atribuirse gran parte de la temperatura natural del cuerpo.
Tanto misterio existe en los fenómenos de la vida que la superstición ha tenido amplio margen para ejercer su influencia; a través de todas las épocas, un grupo poderoso de la humanidad ha imaginado que el espíritu de la curiosidad humana debe ser controlado antes de que pueda levantar el velo de cualquier causa fisiológica. Por eso, incluso en la actualidad, mucho de lo que, en nuestra ignorancia, llamamos real y sobrenatural, permanece sin investigar. Incluso aquellos cuyas mentes…
El tejido animal puede actuar de la misma manera que la platina, ya que se ha demostrado que esta última produce la combinación entre gases; pero no tenemos pruebas de ello. Sabemos que la electricidad es capaz de generar las condiciones necesarias, y también sabemos, gracias a las maravillosas investigaciones de Faraday, que la cantidad de electricidad producida durante la descomposición es exactamente igual a la necesaria para lograr la combinación de los mismos elementos. Por lo tanto, está claro que, durante la combinación del carbono de la sangre con el oxígeno del aire, una gran cantidad de electricidad debe quedar latente en el compuesto. No conocemos su origen: podría provenir de alguna fuente secreta dentro de la estructura viva, o bien podría obtenerse de la materia que la rodea. Hay muchos fenómenos relacionados con la excitación nerviosa que parecen ser fenómenos eléctricos, y se han hecho frecuentes intentos por atribuir las sensaciones a la acción de la electricidad. Pero estos son solo sueños de los ingeniosos, para los cuales hay muy poca realidad.
Cada movimiento mecánico del cuerpo genera calor; cada esfuerzo muscular produce calor perceptible; de hecho, se puede demostrar experimentalmente que cada expansión de la fibra muscular va acompañada de la emisión de calorías, mientras que su contracción implica su absorción. Hay pocas actividades mentales que no estimulen el calor latente del cuerpo, y con frecuencia este se manifiesta de manera muy notable mediante una sensación que surge de repente. El poeta, en el placer de la creación, brilla con el ardor de su mente, y el rubor del inocente no es más que la manifestación de este fenómeno bajo alguna excitación nerviosa, causada por un pensamiento perturbador. Así, vemos que los procesos de digestión y respiración no son las únicas fuentes de calor en los animales, sino que existen muchas otras a las que debe atribuirse gran parte de la temperatura natural del cuerpo.
Tanto misterio existe en los fenómenos de la vida que la superstición ha tenido amplio margen para ejercer su influencia; a través de todas las épocas, un grupo poderoso de la humanidad ha imaginado que el espíritu de la curiosidad humana debe ser controlado antes de que pueda levantar el velo de cualquier causa fisiológica. Por eso, incluso en la actualidad, mucho de lo que, en nuestra ignorancia, llamamos real y sobrenatural, permanece sin investigar. Incluso aquellos cuyas mentes…
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Escépticos ante cualquier revelación sobre las verdades de los grandes fenómenos naturales, aquellos que, en todo caso, exigen pruebas antes de aceptar cualquier evidencia, están dispuestos a creer en los absurdos más groseros que puedan serles presentados por astutos charlatanes, cuando el tema se refiere al hombre y sus relaciones con el mundo espiritual.
El hombre y las razas de animales que lo rodean constituyen un grupo muy llamativo, sea cual sea la perspectiva desde la que se les considere. La mejora gradual de la forma orgánica, el aumento correspondiente de la sensibilidad y, finalmente, el desarrollo de la razón, son las características más destacadas de la creación animada.
Las condiciones relativas al número incluso de las diversas clases también constituyen fenómenos muy notables de la vida. En los rangos más bajos de los animales, criaturas de organización imperfecta —y, por lo tanto, aquellas para las cuales las condiciones del dolor deben ser casi desconocidas— se multiplican en innumerables cantidades. De las infusorias y otros seres, se han formado montañas enteras, aunque se necesitan microscopios de alta potencia para detectar un individuo. A un nivel superior, incluso entre los insectos, se observan las mismas condiciones notables de aumento. Algunas orugas ponen de 1,000 a 2,000 huevos; la avispa deposita 3,000; la hormiga, de 4,000 a 5,000. Según Burmeister, la reina de abejas pone entre 5,000 y 6,000 huevos; pero Kirby y Spence afirman que en una sola temporada esa cifra puede llegar a 40,000 o 50,000. Pero, sobre todo, la hormiga blanca (Termes fatalis) produce 86,400 huevos al día, lo que, si continúa durante un mes lunar, da la asombrosa cifra de 2,419,200, una cantidad que supera con creces la producida por cualquier animal conocido.
Estas pueden parecer afirmaciones propias de un escritor de ficción, pero son verdades sólidas descubiertas por los observadores más meticulosos y cautelosos. Y es necesario que tales condiciones prevalezcan. Estos insectos, y todas las tribus inferiores del reino animal, proporcionan alimento para las razas más elevadas. Miles nacen en una hora, y millones y millones mueren en un día. Para el sustento de la vida orgánica se necesita materia; y observamos que las criaturas destinadas a convertirse en presa de otras están constituidas de tal manera que abandonan la vida sin tener la menor conciencia del sufrimiento. A medida que la creación animal avanza en tamaño y fuerza, su aumento se vuelve limitado; y así se les impide mantener, mediante su número, ese dominio sobre el mundo que podrían tener.
El hombre y las razas de animales que lo rodean constituyen un grupo muy llamativo, sea cual sea la perspectiva desde la que se les considere. La mejora gradual de la forma orgánica, el aumento correspondiente de la sensibilidad y, finalmente, el desarrollo de la razón, son las características más destacadas de la creación animada.
Las condiciones relativas al número incluso de las diversas clases también constituyen fenómenos muy notables de la vida. En los rangos más bajos de los animales, criaturas de organización imperfecta —y, por lo tanto, aquellas para las cuales las condiciones del dolor deben ser casi desconocidas— se multiplican en innumerables cantidades. De las infusorias y otros seres, se han formado montañas enteras, aunque se necesitan microscopios de alta potencia para detectar un individuo. A un nivel superior, incluso entre los insectos, se observan las mismas condiciones notables de aumento. Algunas orugas ponen de 1,000 a 2,000 huevos; la avispa deposita 3,000; la hormiga, de 4,000 a 5,000. Según Burmeister, la reina de abejas pone entre 5,000 y 6,000 huevos; pero Kirby y Spence afirman que en una sola temporada esa cifra puede llegar a 40,000 o 50,000. Pero, sobre todo, la hormiga blanca (Termes fatalis) produce 86,400 huevos al día, lo que, si continúa durante un mes lunar, da la asombrosa cifra de 2,419,200, una cantidad que supera con creces la producida por cualquier animal conocido.
Estas pueden parecer afirmaciones propias de un escritor de ficción, pero son verdades sólidas descubiertas por los observadores más meticulosos y cautelosos. Y es necesario que tales condiciones prevalezcan. Estos insectos, y todas las tribus inferiores del reino animal, proporcionan alimento para las razas más elevadas. Miles nacen en una hora, y millones y millones mueren en un día. Para el sustento de la vida orgánica se necesita materia; y observamos que las criaturas destinadas a convertirse en presa de otras están constituidas de tal manera que abandonan la vida sin tener la menor conciencia del sufrimiento. A medida que la creación animal avanza en tamaño y fuerza, su aumento se vuelve limitado; y así se les impide mantener, mediante su número, ese dominio sobre el mundo que podrían tener.
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Si hubieran podido hacer todo lo que estaban en su poder, sus bandas habrían sido más numerosas de las que encontramos ahora.
La fuerza relativa de las tribus de insectos también ha sido siempre objeto de asombro y admiración para el naturalista. La fuerza de estas criaturas diminutas es enorme; su poder muscular, en relación con su tamaño, supera con creces al de cualquier otro animal. La langosta puede saltar una distancia doscientas veces mayor que la longitud de su propio cuerpo. La libélula, gracias a la fuerza de sus alas, puede mantenerse en el aire durante todo un largo día de verano a una velocidad constante. La mosca doméstica realiza seiscientas pulsaciones con sus alas, lo que le permite avanzar cinco pies cada segundo. El escarabajo caballero, si tuviera el tamaño de un elefante, podría arrancar las montañas más grandes.
Tales son las maravillas del mundo natural; desde el zoófito, que crece como una planta con flores sobre un eje lleno de médula viva —a poca distancia de las condiciones de la vida vegetal—, pasando por las innumerables criaturas vivientes, hasta el hombre, vemos cómo todos dependen de estas facultades físicas que hemos estado considerando.
Rastrear los efectos de esas causas fundamentales a través de todas sus fases misteriosas es tarea de la ciencia inductiva; y las verdades descubiertas nos preparan para disfrutar del estado eterno de alta inteligencia al que aspira todo alma humana.
Lo que el ignorante llama sobrenatural, el filósofo lo clasifica entre los fenómenos naturales. Lo que para el crédulo es ideal, se convierte en realidad para aquel que se dedica a la investigación. Por lo tanto, intentar ampliar nuestros conocimientos sobre lo desconocido, añadiendo así a los depósitos de verdad, es una labor digna del alto destino de la raza humana.
Recordando que las revelaciones de la ciencia natural no pueden perjudicar en modo alguno la revelación de la verdad eterna, sino que, por el contrario, ayudan a establecer en la mente de los escépticos una firme convicción de su origen divino y de la elevada posición del hombre, nunca debemos temer ir demasiado lejos en ninguna investigación, siempre y cuando seamos cautelosos al examinar las condiciones de nuestra propia mente, para que no caigan víctimas de los sentidos.
En las hadas de las colinas y valles, en los gnomos de las cuevas, en los espíritus de los elementos, tenemos los intentos de la mente, cuando el mundo era joven, de dar forma a las vagas sombras de algo que entonces se percibía como oculto detrás de la naturaleza externa.
La fuerza relativa de las tribus de insectos también ha sido siempre objeto de asombro y admiración para el naturalista. La fuerza de estas criaturas diminutas es enorme; su poder muscular, en relación con su tamaño, supera con creces al de cualquier otro animal. La langosta puede saltar una distancia doscientas veces mayor que la longitud de su propio cuerpo. La libélula, gracias a la fuerza de sus alas, puede mantenerse en el aire durante todo un largo día de verano a una velocidad constante. La mosca doméstica realiza seiscientas pulsaciones con sus alas, lo que le permite avanzar cinco pies cada segundo. El escarabajo caballero, si tuviera el tamaño de un elefante, podría arrancar las montañas más grandes.
Tales son las maravillas del mundo natural; desde el zoófito, que crece como una planta con flores sobre un eje lleno de médula viva —a poca distancia de las condiciones de la vida vegetal—, pasando por las innumerables criaturas vivientes, hasta el hombre, vemos cómo todos dependen de estas facultades físicas que hemos estado considerando.
Rastrear los efectos de esas causas fundamentales a través de todas sus fases misteriosas es tarea de la ciencia inductiva; y las verdades descubiertas nos preparan para disfrutar del estado eterno de alta inteligencia al que aspira todo alma humana.
Lo que el ignorante llama sobrenatural, el filósofo lo clasifica entre los fenómenos naturales. Lo que para el crédulo es ideal, se convierte en realidad para aquel que se dedica a la investigación. Por lo tanto, intentar ampliar nuestros conocimientos sobre lo desconocido, añadiendo así a los depósitos de verdad, es una labor digna del alto destino de la raza humana.
Recordando que las revelaciones de la ciencia natural no pueden perjudicar en modo alguno la revelación de la verdad eterna, sino que, por el contrario, ayudan a establecer en la mente de los escépticos una firme convicción de su origen divino y de la elevada posición del hombre, nunca debemos temer ir demasiado lejos en ninguna investigación, siempre y cuando seamos cautelosos al examinar las condiciones de nuestra propia mente, para que no caigan víctimas de los sentidos.
En las hadas de las colinas y valles, en los gnomos de las cuevas, en los espíritus de los elementos, tenemos los intentos de la mente, cuando el mundo era joven, de dar forma a las vagas sombras de algo que entonces se percibía como oculto detrás de la naturaleza externa.
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En la Oreada, la Driada y la Nereida tenemos, de manera similar, una encarnación de poderes que el poeta-filósofo vio en sus visiones, presidiendo la montaña, el bosque y el océano. Satisfecho con ellos, ya que estaban investidos de belleza poética, el hombre los consideró durante siglos como algo sumamente sagrado; pero el progreso de las ciencias naturales ha destruido esta clase de creaciones. “El gran Pan está muerto”, pero las montañas no permanecen mudas; hablan en un tono más convincente; y, en lugar de que el oído capte el eco moribundo de una verdad oscura, se deleita con la nota plena y clara de la naturaleza, que proclama en la voz más dulce secretos desconocidos para los sueños de la superstición.
NOTAS AL PIE:
[261] Informes sobre la fauna del Egeo: por el profesor Forbes. —Informes de la Asociación Británica. Sobre las condiciones físicas que afectan la distribución de la vida en el mar y en la atmósfera, etc.: por el dr. Williams. Swansea.
[262] Los vestigios de la historia natural de la creación.
[263] Esquema general del reino animal: por el profesor Thomas Rymer Jones, F.Z.S.
[264] Además de las memorias ya mencionadas, véase Carlisle, Sobre la batería del torpedo, accionada por un músculo voluntario. —Phil. Trans., vol. xcv, p. 11. Todd, Experimentos sobre el torpedo del Cabo de Buena Esperanza. —Ibíd., vol. cvi, p. 120. Todd, Experimentos sobre el torpedo eléctrico en La Rochelle. —Ibíd., vol. cvii, p. 32.
[265] Para un resumen conciso de estos experimentos, véase Elementos de filosofía natural: por Golding Bird, A.M., M.D., etc., 3ª edición, cap. xx, p. 336. En esta obra se presentan todas las investigaciones más recientes y se citan las fuentes correspondientes; véanse también los interesantes artículos de Matteucci ya citados.
[266] Sobre las leyes según las cuales tiene lugar la mezcla de los fluidos y su penetración en sustancias permeables, con especial referencia a los procesos en el organismo humano y animal, por Julius Vogel, de Giessen: traducido para la Sociedad Cavendish. Liebig, Sobre el movimiento de los jugos en el cuerpo animal.
[267] Esquema general del reino animal: por Thomas Rymer Jones, p. 54 y ss.
NOTAS AL PIE:
[261] Informes sobre la fauna del Egeo: por el profesor Forbes. —Informes de la Asociación Británica. Sobre las condiciones físicas que afectan la distribución de la vida en el mar y en la atmósfera, etc.: por el dr. Williams. Swansea.
[262] Los vestigios de la historia natural de la creación.
[263] Esquema general del reino animal: por el profesor Thomas Rymer Jones, F.Z.S.
[264] Además de las memorias ya mencionadas, véase Carlisle, Sobre la batería del torpedo, accionada por un músculo voluntario. —Phil. Trans., vol. xcv, p. 11. Todd, Experimentos sobre el torpedo del Cabo de Buena Esperanza. —Ibíd., vol. cvi, p. 120. Todd, Experimentos sobre el torpedo eléctrico en La Rochelle. —Ibíd., vol. cvii, p. 32.
[265] Para un resumen conciso de estos experimentos, véase Elementos de filosofía natural: por Golding Bird, A.M., M.D., etc., 3ª edición, cap. xx, p. 336. En esta obra se presentan todas las investigaciones más recientes y se citan las fuentes correspondientes; véanse también los interesantes artículos de Matteucci ya citados.
[266] Sobre las leyes según las cuales tiene lugar la mezcla de los fluidos y su penetración en sustancias permeables, con especial referencia a los procesos en el organismo humano y animal, por Julius Vogel, de Giessen: traducido para la Sociedad Cavendish. Liebig, Sobre el movimiento de los jugos en el cuerpo animal.
[267] Esquema general del reino animal: por Thomas Rymer Jones, p. 54 y ss.
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CAPÍTULO XVI.
CONCLUSIONES GENERALES.
Los cambios producidos en los fenómenos físicos por el movimiento del sistema solar—La acción de las fuerzas físicas a través de los espacios celestes—El equilibrio de las fuerzas—Las variedades de la materia—La extensión de la materia—La teoría de la no existencia—Una creación material es un hecho indiscutible—Las ventajas del estudio de la ciencia—Conclusión.
Hemos examinado los fenómenos terrestres bajo muchas de las condiciones armoniosas que, con nuestra limitada inteligencia, podemos alcanzar con la ayuda de la ciencia. Desde la primera manifestación de la fuerza, en la cohesión de dos átomos, hasta el pleno desarrollo de la forma orgánica en los animales de más alto rango, hemos observado influencias extrañas. Hemos visto cómo la molécula aislada posee propiedades peculiares y está regida por fuerzas poderosas; hemos aprendido que los modos de movimiento de esta hermosa esfera producen cambios curiosos en el funcionamiento de estas fuerzas; y podemos inferir con seguridad que cada átomo que constituye este globo se mantiene en una maravillosa suspensión frente a cada átomo de cada estrella, en los espacios celestes, incluso frente a ese brillante orbe en el centro de las Pléyades, alrededor del cual se supone que gira todo el sistema de mundos creados.
A medida que nos movemos alrededor de nuestro propio sol, en el período limitado de 365 días, y alrededor de nuestro propio eje en 24 horas, experimentamos transiciones del calor al frío, dependientes de nuestra posición con respecto a ese cuerpo luminoso y de las leyes que regulan la recepción y retención de ciertas fuerzas físicas. ¿No podemos, por lo tanto, concluir, sin ser acusados de hacer deducciones arbitrarias, que en la gran revolución de nuestro sistema alrededor del centro del espacio, estamos experimentando cambios graduales que son esenciales para el gran plan de la creación, aunque por ahora sean incomprensibles para nosotros?
Al analizar la influencia del tiempo en la estructura de la Tierra tal como la encontramos, descubrimos que, en épocas muy antiguas, la vegetación de la
CONCLUSIONES GENERALES.
Los cambios producidos en los fenómenos físicos por el movimiento del sistema solar—La acción de las fuerzas físicas a través de los espacios celestes—El equilibrio de las fuerzas—Las variedades de la materia—La extensión de la materia—La teoría de la no existencia—Una creación material es un hecho indiscutible—Las ventajas del estudio de la ciencia—Conclusión.
Hemos examinado los fenómenos terrestres bajo muchas de las condiciones armoniosas que, con nuestra limitada inteligencia, podemos alcanzar con la ayuda de la ciencia. Desde la primera manifestación de la fuerza, en la cohesión de dos átomos, hasta el pleno desarrollo de la forma orgánica en los animales de más alto rango, hemos observado influencias extrañas. Hemos visto cómo la molécula aislada posee propiedades peculiares y está regida por fuerzas poderosas; hemos aprendido que los modos de movimiento de esta hermosa esfera producen cambios curiosos en el funcionamiento de estas fuerzas; y podemos inferir con seguridad que cada átomo que constituye este globo se mantiene en una maravillosa suspensión frente a cada átomo de cada estrella, en los espacios celestes, incluso frente a ese brillante orbe en el centro de las Pléyades, alrededor del cual se supone que gira todo el sistema de mundos creados.
A medida que nos movemos alrededor de nuestro propio sol, en el período limitado de 365 días, y alrededor de nuestro propio eje en 24 horas, experimentamos transiciones del calor al frío, dependientes de nuestra posición con respecto a ese cuerpo luminoso y de las leyes que regulan la recepción y retención de ciertas fuerzas físicas. ¿No podemos, por lo tanto, concluir, sin ser acusados de hacer deducciones arbitrarias, que en la gran revolución de nuestro sistema alrededor del centro del espacio, estamos experimentando cambios graduales que son esenciales para el gran plan de la creación, aunque por ahora sean incomprensibles para nosotros?
Al analizar la influencia del tiempo en la estructura de la Tierra tal como la encontramos, descubrimos que, en épocas muy antiguas, la vegetación de la
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Existían trópicos en estas partes septentrionales del globo; y la investigación geológica también ha demostrado que sobre esas mismas tierras debió prevalecer durante mucho tiempo el frío de un invierno ártico: los inmensos glaciares de esa época dejaron las huellas de sus movimientos en la superficie de las rocas existentes.[268] Sabemos que, durante 3.000 años, no hubo cambio alguno en la temperatura del clima europeo. Los hijos de Israel encontraron dátiles y viñas floreciendo en Canaán; y aún hoy siguen allí. Arago demostró que un ligero cambio de temperatura habría destruido una u otra de estas plantas frutales, ya que la vid no madura donde la temperatura media anual supera los 84°, ni los dátiles florecen donde esa temperatura es inferior.
¡Cuán inmensa, entonces, debe haber sido la duración del tiempo transcurrido desde que se produjeron estos cambios! Los 432.000 años de la mitología oriental son un período apenas comparable a estos efectos; sin embargo, para un ser de sesenta años, ese período parece una eternidad. Los treinta y tres millones de millas geográficas que nuestro sistema solar recorre anualmente, si se multiplican por tres mil años, durante los cuales sabemos que no ha habido ningún cambio, nos dan como distancia recorrida en ese período 99.000.000.000 de millas. ¡Cuán vasto, pues, debió ser el viaje del sistema en el espacio para producir la alteración en las fuerzas físicas mediante las cuales se produjeron estos cambios!
Tenemos un ejemplo, y un ejemplo llamativo, de las variaciones que pueden producirse en todas las condiciones físicas de un mundo: aquellas perturbaciones de Urano que condujeron al descubrimiento de Neptuno. Durante treinta años o más se observaron ciertas perturbaciones en este planeta distante, descubierto por Sir William Herschel; los cálculos indicaban que la causa era alguna masa de materia aún más remota, lo cual fue confirmado por su descubrimiento real. Pero ahora Urano está en reposo; esa estrella avanza tranquilamente en su órbita designada; Neptuno ya no puede, por el momento, hacer que se mueva con mayor o menor rapidez: están demasiado lejos como para ejercer cualquier influencia perceptible el uno sobre el otro. En consecuencia, durante treinta años, es evidente que deben haber ocurrido fenómenos en la superficie de Urano, fenómenos que no podrán repetirse hasta que estos dos planetas vuelvan a ocupar las mismas posiciones en sus respectivos caminos que tenían desde 1812. Estas consideraciones nos ayudan en nuestros intentos por comprender el tiempo y el espacio infinitos; pero la mente humana no logra avanzar mucho en esta gran sublimidad.
¡Cuán inmensa, entonces, debe haber sido la duración del tiempo transcurrido desde que se produjeron estos cambios! Los 432.000 años de la mitología oriental son un período apenas comparable a estos efectos; sin embargo, para un ser de sesenta años, ese período parece una eternidad. Los treinta y tres millones de millas geográficas que nuestro sistema solar recorre anualmente, si se multiplican por tres mil años, durante los cuales sabemos que no ha habido ningún cambio, nos dan como distancia recorrida en ese período 99.000.000.000 de millas. ¡Cuán vasto, pues, debió ser el viaje del sistema en el espacio para producir la alteración en las fuerzas físicas mediante las cuales se produjeron estos cambios!
Tenemos un ejemplo, y un ejemplo llamativo, de las variaciones que pueden producirse en todas las condiciones físicas de un mundo: aquellas perturbaciones de Urano que condujeron al descubrimiento de Neptuno. Durante treinta años o más se observaron ciertas perturbaciones en este planeta distante, descubierto por Sir William Herschel; los cálculos indicaban que la causa era alguna masa de materia aún más remota, lo cual fue confirmado por su descubrimiento real. Pero ahora Urano está en reposo; esa estrella avanza tranquilamente en su órbita designada; Neptuno ya no puede, por el momento, hacer que se mueva con mayor o menor rapidez: están demasiado lejos como para ejercer cualquier influencia perceptible el uno sobre el otro. En consecuencia, durante treinta años, es evidente que deben haber ocurrido fenómenos en la superficie de Urano, fenómenos que no podrán repetirse hasta que estos dos planetas vuelvan a ocupar las mismas posiciones en sus respectivos caminos que tenían desde 1812. Estas consideraciones nos ayudan en nuestros intentos por comprender el tiempo y el espacio infinitos; pero la mente humana no logra avanzar mucho en esta gran sublimidad.
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En cada rincón del espacio encontramos evidencias del ejercicio de tales fuerzas que hemos estado considerando. La gravedad une mundo con mundo y mantiene a todos suspendidos en ese centro místico. La cohesión une toda masa de materia en una esfera, mientras que el movimiento ejerce una fuerza constante que tiende a modificar la forma de esa masa. La forma de la Tierra, un esferoide aplanado, los anillos de Saturno y Neptuno son consecuencias del movimiento en oposición a la cohesión. El calor, que se transmite de un planeta a otro, actúa en todos ellos, dando variedad a la materia. La luz busca llegar a todo mundo; cada estrella que brilla cuenta el misterio de su presencia. Donde hay luz y calor, debe estar presente también la acción química, como fuerza asociada; y la electricidad debe cumplir sus funciones maravillosas entre todas ellas. Modificadas por las propiedades particulares de la materia, estas fuerzas pueden no manifestarse en fenómenos similares a los de nuestra naturaleza terrestre; pero la evidencia de la luz es prueba suficiente de la presencia de sus elementos afines. Es difícil imaginar que todas estas fuerzas actúen sin producir alguna forma de organización. En la piedra redonda que recogemos de la orilla del mar, en la medusa que flota brillando con toda la belleza de los colores prismáticos en el mar iluminado por el sol, en el animal, poderoso en su fuerza, que recorre los bosques laberínticos, o en aquel que, dotado de gran inteligencia, contempla los misterios de otros mundos, en todas las criaturas que nos rodean vemos evidencia directa de un hermoso equilibrio entre las fuerzas y de una armoniosa disposición de las propiedades. Si se elimina un átomo de una masa, su carácter cambia; si una fuerza se vuelve más activa que otra, el cuerpo, bajo su influencia, deja de ser el mismo. La regulación que determina la disposición de la materia en esta Tierra debe existir también en los espacios celestiales; cada planeta mantiene la misma relación con cada otra masa brillante en el firmamento, tal como un átomo lo hace con otro en la piedra, en la medusa, en el león o en el hombre. Un vínculo indisoluble los une a todos, y el grano de arena enterrado en lo profundo de nuestras formaciones geológicas mantiene, unido a él por estas fuerzas omnipresentes, los innumerables mundos que, como arena luminosa, han sido esparcidos por la mano del Creador por todo el universo. Así avanzamos hacia una concepción de la unidad de la creación. La mente vigorosa de aquel bardo inmortal que cantó “sobre la primera desobediencia del hombre”, nunca, ni en el éxtasis más sublime, ni en el trance poético más sagrado…
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La concepción humana siempre ha soñado con verdades naturales tan sublimes como aquellas que la ciencia nos ha revelado. La dependencia de todos los sistemas de mundos entre sí, el hecho de que cada partícula que compone cada planeta sea “pesada en una balanza”, el ajuste de las fuerzas que regulan cada condición física, la disposición de la materia en la masa terrestre y la estrecha relación entre los reinos de la naturaleza: todo ello constituye revelaciones de verdades naturales que elevan la mente hacia la concepción divina del universo.
Existe un antagonismo notable en el funcionamiento de muchas de estas fuerzas. La gravedad y la cohesión actúan en oposición a las influencias repulsivas del calor. La luz y el calor a menudo se relacionan de manera muy notable; pero, en sus estados de radiación, están en oposición a la acción química, ya sea producida por la fuerza actínica directamente o mediante la excitación intermedia de la corriente eléctrica.[269] En cuanto a la fuerza química, tal como se manifiesta en las combinaciones orgánicas, tenemos la acción omnipotente de la vida, que impide que se ejerza su poder desintegrador.[270] Así como en el universo los mundos están equilibrados entre sí, también en la estructura humana, en la estructura vegetal, en las gemas cristalizadas o en las rocas brutas, la fuerza se enfrenta a la fuerza, y el equilibrio permanece estable. Basta con que se produzca una ligera perturbación para que se genere una vibración, y la electricidad hace temblar incluso al corazón más firme ante la fuerza devastadora que posee.[271] El calor derrite las rocas más duras, y la tierra tiembla debido a las erupciones volcánicas; además, la fuerza actínica, al liberarse de sus restricciones, propaga rápidamente la decadencia sobre lo bello, convirtiendo lo encantador en algo repulsivo.
Conocemos la materia en una infinidad de formas, desde los metales más pesados hasta los gases más ligeros; además, tenemos la capacidad de hacer que los cuerpos más sólidos se vuelvan invisibles en estado de vapor. ¿No es, entonces, fácil comprender que la materia puede existir en un estado igualmente diluido en relación con el hidrógeno, tal como ese gas lo está en comparación con el metal platino? Se ha planteado una duda respecto a esta idea, debido a la dificultad para explicar cómo los elementos físicos pueden pasar a través de masas sólidas de materia. Sin embargo, si recordamos que los gases conocidos tienen la capacidad de penetrar a través de la materia en un grado notable,[272] y que el paso del agua a través de un tamiz puede ser impedido por el calor, resultará evidente de inmediato…
Existe un antagonismo notable en el funcionamiento de muchas de estas fuerzas. La gravedad y la cohesión actúan en oposición a las influencias repulsivas del calor. La luz y el calor a menudo se relacionan de manera muy notable; pero, en sus estados de radiación, están en oposición a la acción química, ya sea producida por la fuerza actínica directamente o mediante la excitación intermedia de la corriente eléctrica.[269] En cuanto a la fuerza química, tal como se manifiesta en las combinaciones orgánicas, tenemos la acción omnipotente de la vida, que impide que se ejerza su poder desintegrador.[270] Así como en el universo los mundos están equilibrados entre sí, también en la estructura humana, en la estructura vegetal, en las gemas cristalizadas o en las rocas brutas, la fuerza se enfrenta a la fuerza, y el equilibrio permanece estable. Basta con que se produzca una ligera perturbación para que se genere una vibración, y la electricidad hace temblar incluso al corazón más firme ante la fuerza devastadora que posee.[271] El calor derrite las rocas más duras, y la tierra tiembla debido a las erupciones volcánicas; además, la fuerza actínica, al liberarse de sus restricciones, propaga rápidamente la decadencia sobre lo bello, convirtiendo lo encantador en algo repulsivo.
Conocemos la materia en una infinidad de formas, desde los metales más pesados hasta los gases más ligeros; además, tenemos la capacidad de hacer que los cuerpos más sólidos se vuelvan invisibles en estado de vapor. ¿No es, entonces, fácil comprender que la materia puede existir en un estado igualmente diluido en relación con el hidrógeno, tal como ese gas lo está en comparación con el metal platino? Se ha planteado una duda respecto a esta idea, debido a la dificultad para explicar cómo los elementos físicos pueden pasar a través de masas sólidas de materia. Sin embargo, si recordamos que los gases conocidos tienen la capacidad de penetrar a través de la materia en un grado notable,[272] y que el paso del agua a través de un tamiz puede ser impedido por el calor, resultará evidente de inmediato…
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La permeación de cualquier cuerpo radiante a través de la materia sólida fija es, en su totalidad, una cuestión de condiciones. No podemos hacernos una idea del tamaño del átomo último; no podemos comprender el grado de etéreización hasta el cual puede extenderse la materia. Nuestra atmósfera, como hemos visto, no es más que otra condición de los mismos elementos que componen todas las formas organizadas de materia en la Tierra, y, a la altura alcanzada por el hombre, se encuentra en un estado de extrema atenuación. ¿Cuál será su estado a una distancia de cuarenta millas de la Tierra? Según las leyes conocidas, ciertos fenómenos de refracción nos han llevado a establecer estos límites para la materia que constituye nuestro globo; pero puede existir en un estado de tal tenueza que ningún instrumento filosófico construido por manos humanas podría medir su poder de refracción; y, ¿quién podrá afirmar con certeza que la materia misma no pueda extenderse tanto como suponemos que se extienden sus influencias?
“¿Has percibido la amplitud de la Tierra? Declara si la conoces por completo.
“¿Conoces las leyes del cielo? ¿Puedes establecer su dominio en la Tierra?”
Una filosofía desalentadora, derivada del trascendentalismo de las escuelas alemanas, mediante una infeliz sutileza metafísica, y injertada sobre lo que pretende ser una filosofía positiva, pero que no lo es, se está extendiendo entre nosotros, y querría enseñarnos a considerar todas las cosas como mera manifestación de propiedades, como expresión de poderes; no cree en una creación material. La grandeza de la Tierra y las hermosas formas que la adornan no son entidades reales. Ese exquisito ejemplo de la habilidad humana, en el cual la mente parece brillar a través del mármol; esa montaña lejana que divide las nubes mientras son arrastradas por los vientos; esos árboles, entre cuyas ramas los pájaros producen música muy melodiosa; esta flor, tan perfumada, tan brillante en color y tan simétrica en forma; y ese ser encantador que, modelo de belleza y gracia, camina por la Tierra como encarnación del amor y la caridad mezclados, siendo, en verdad, “un rayo de sol en un lugar sombrío”, no son realidades. Ciertas fuerzas se combinan para producir efectos, y todos ellos juntos engañan al pobre hombre haciéndole creer que es un ser material y habitante de un mundo material. Puede haber ingenio en la filosofía de esta escuela; su metafísica puede ser de alto nivel; pero evidentemente avanza del real al ideal con tal rapidez, que cada…
“¿Has percibido la amplitud de la Tierra? Declara si la conoces por completo.
“¿Conoces las leyes del cielo? ¿Puedes establecer su dominio en la Tierra?”
Una filosofía desalentadora, derivada del trascendentalismo de las escuelas alemanas, mediante una infeliz sutileza metafísica, y injertada sobre lo que pretende ser una filosofía positiva, pero que no lo es, se está extendiendo entre nosotros, y querría enseñarnos a considerar todas las cosas como mera manifestación de propiedades, como expresión de poderes; no cree en una creación material. La grandeza de la Tierra y las hermosas formas que la adornan no son entidades reales. Ese exquisito ejemplo de la habilidad humana, en el cual la mente parece brillar a través del mármol; esa montaña lejana que divide las nubes mientras son arrastradas por los vientos; esos árboles, entre cuyas ramas los pájaros producen música muy melodiosa; esta flor, tan perfumada, tan brillante en color y tan simétrica en forma; y ese ser encantador que, modelo de belleza y gracia, camina por la Tierra como encarnación del amor y la caridad mezclados, siendo, en verdad, “un rayo de sol en un lugar sombrío”, no son realidades. Ciertas fuerzas se combinan para producir efectos, y todos ellos juntos engañan al pobre hombre haciéndole creer que es un ser material y habitante de un mundo material. Puede haber ingenio en la filosofía de esta escuela; su metafísica puede ser de alto nivel; pero evidentemente avanza del real al ideal con tal rapidez, que cada…
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El argumento se basa en una suposición sin prueba alguna; toda suposición es, en realidad, un tipo de la propia filosofía: una construcción sin fundamento, una visión trascendental. Una creación material nos rodea. Esta tierra, todo lo que contiene, y las innumerables masas de mundos estelares, son entidades absolutas, rodeadas e interpenetradas por ciertas manifestaciones de la inteligencia creativa, las cuales, según leyes fijas, realizan las poderosas tareas de las cuales dependen las mutaciones infinitas y eternas de la materia. El origen de un grano de polvo está oculto a nuestra comprensión finita; pero su existencia debería ser fuente de esperanza, ya que aquellas mentes a las que se les permite el privilegio de explorar sus propiedades maravillosas, de examinar los principios fundamentales de los cuales depende su condición como grano de polvo, e incluso de someter a estos elementos gigantescos a nuestras órdenes, podrán, tras un período de prueba, acceder al disfrute de ese poder infinito del cual se revelarán los grandes secretos de la creación. Cada movimiento que ha sido descubierto mediante la investigación rigurosa del experimentador, cada principio o fuerza que ha sido hallada por el físico, cada combinación que ha sido detectada por el químico, cada forma que ha sido registrada por el naturalista, implica reflexiones de carácter elevado, las cuales constituyen los elementos de la más alta poesía. La filosofía de la ciencia física es un gran épico; el registro de la ciencia natural es un gran poema didáctico. Estudiar la ciencia únicamente por sus aplicaciones prácticas significa limitar sus beneficios a fines puramente sensuales. Buscar la ciencia en aras de las verdades que puede revelar es un esfuerzo por avanzar en los elementos de la felicidad humana a través de la inteligencia de la raza. Aprovechar los hechos para mejorar el arte y la industria es el deber de toda nación que avanza en la civilización. Pero extraer de las grandes verdades de la ciencia conclusiones inteligibles y deducciones magistrales, y a partir de ellas llegar a nuevas y hermosas abstracciones, es un ejercicio mental que contribuye al perfeccionamiento y elevación de todos los sentimientos humanos. La mente así ejercitada durante la plenitud de la vida encontrará, en el crepúsculo de la edad, una serenidad divina; y, encantado por la música de la naturaleza, que, como un himno vespertino surgido de almas piadosas, proclama con la expresión más pura de la devoción la partida del día, se sumirá en el descanso de esa noche misteriosa que nos espera a todos, tranquilo, con la feliz conciencia de que el sol…
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La verdad surgirá con un brillo despejado, permitiéndole disfrutar de esa luz intelectual que siempre ha sido una de las aspiraciones más sagradas de la raza humana.
La tarea de manejar el bastón de la ciencia, de convertirse en un “evocador científico” dentro del círculo mágico de sus poderes, es algo que conduce la mente a través de la naturaleza hasta el Dios de la naturaleza.
El experimento y la observación nos enseñan a descubrir hechos; esos hechos se relacionan con los fenómenos naturales, cuya causa última aprendemos por revelación divina y aceptamos con plena fe; pero las causas inmediatas quedan como pruebas para la inteligencia humana. Cada verdad natural, descubierta por inducción, permite a la mente contemplativa deducir aquellas leyes perfectas que son ejemplos de la poesía eterna y siempre vigente de la ciencia.
**NOTAS AL PIE:**
[268] “En cuanto al pulido y al grabado de las rocas duras, recientemente se ha determinado que los glaciares causan estos efectos al llevar consigo arena, guijarros y fragmentos rocosos, haciendo que rozen el fondo. Tampoco cabe duda de que los icebergs, cuando chocan contra el fondo del océano, dejan marcas similares”. —*Principios de geología*, o los cambios modernos de la Tierra y sus habitantes considerados como ilustraciones de la geología: de Charles Lyell, M.A., F.R.S. *Viajes por los Alpes de Saboya y otras partes de la cadena peninsular, con observaciones sobre los fenómenos glaciares*: de James D. Forbes, F.R.S.
[269] Esto puede demostrarse fácilmente mediante el siguiente experimento sencillo pero instructivo: tome dos pares de lentes de relojero; en uno de los pares coloque una solución de nitrato de plata, y en el otro, una solución débil de yoduro de potasio. Conecte la solución de plata de cada par con la de potasio mediante una capa de algodón, y lleve un alambre de platino de un cristal al otro. Coloque una serie bajo la luz solar y la otra en un lugar oscuro. Después de unas horas, se observará que el pequeño dispositivo galvánico en el lugar oscuro presentará, alrededor del alambre de platino, una hermosa cristalización de plata metálica; pero no se observará ningún cambio similar en el otro dispositivo expuesto a la luz. Si se interpone un cristal amarillo entre el cristal y la luz solar, la reacción ocurre igual que en la oscuridad. Este experimento sugiere naturalmente muchos otros, y involucra consideraciones muy importantes.
[270] En casos de muerte violenta, a menudo se descubre que el jugo gástrico ha disuelto, en pocas horas, partes del estómago. —Conferencia del Dr. Budd ante el Colegio de Médicos.
La tarea de manejar el bastón de la ciencia, de convertirse en un “evocador científico” dentro del círculo mágico de sus poderes, es algo que conduce la mente a través de la naturaleza hasta el Dios de la naturaleza.
El experimento y la observación nos enseñan a descubrir hechos; esos hechos se relacionan con los fenómenos naturales, cuya causa última aprendemos por revelación divina y aceptamos con plena fe; pero las causas inmediatas quedan como pruebas para la inteligencia humana. Cada verdad natural, descubierta por inducción, permite a la mente contemplativa deducir aquellas leyes perfectas que son ejemplos de la poesía eterna y siempre vigente de la ciencia.
**NOTAS AL PIE:**
[268] “En cuanto al pulido y al grabado de las rocas duras, recientemente se ha determinado que los glaciares causan estos efectos al llevar consigo arena, guijarros y fragmentos rocosos, haciendo que rozen el fondo. Tampoco cabe duda de que los icebergs, cuando chocan contra el fondo del océano, dejan marcas similares”. —*Principios de geología*, o los cambios modernos de la Tierra y sus habitantes considerados como ilustraciones de la geología: de Charles Lyell, M.A., F.R.S. *Viajes por los Alpes de Saboya y otras partes de la cadena peninsular, con observaciones sobre los fenómenos glaciares*: de James D. Forbes, F.R.S.
[269] Esto puede demostrarse fácilmente mediante el siguiente experimento sencillo pero instructivo: tome dos pares de lentes de relojero; en uno de los pares coloque una solución de nitrato de plata, y en el otro, una solución débil de yoduro de potasio. Conecte la solución de plata de cada par con la de potasio mediante una capa de algodón, y lleve un alambre de platino de un cristal al otro. Coloque una serie bajo la luz solar y la otra en un lugar oscuro. Después de unas horas, se observará que el pequeño dispositivo galvánico en el lugar oscuro presentará, alrededor del alambre de platino, una hermosa cristalización de plata metálica; pero no se observará ningún cambio similar en el otro dispositivo expuesto a la luz. Si se interpone un cristal amarillo entre el cristal y la luz solar, la reacción ocurre igual que en la oscuridad. Este experimento sugiere naturalmente muchos otros, y involucra consideraciones muy importantes.
[270] En casos de muerte violenta, a menudo se descubre que el jugo gástrico ha disuelto, en pocas horas, partes del estómago. —Conferencia del Dr. Budd ante el Colegio de Médicos.
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[271] Investigaciones experimentales de Faraday, vol. I; de las cuales ya se ha hecho una cita que muestra la enorme cantidad de electricidad que está latente en la materia.
[272] Sobre el movimiento de los gases: por el profesor Graham, F.R.S.—Phil. Trans., vol. cxxxvi, p. 573.
[272] Sobre el movimiento de los gases: por el profesor Graham, F.R.S.—Phil. Trans., vol. cxxxvi, p. 573.
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ÍNDICE.
Absorción de calor por el aire, el agua y la tierra, 74.
—— de la luz, 125.
Acalefæ, o animales fosforescentes, 387.
Actinismo, 166.
—— que produce cambio químico, 174.
—— y la luz, antagónicos, 177.
——, influencia del, en las plantas, 372.
Acción de la presencia: Catalisis, 280.
“Principios activos” de Newton, 11.
Adams sobre el planeta Neptuno, 32.
Cuerpos adiátermicos, 95.
Corrientes aéreas dependientes del calor, 80.
—— químicas, 274.
Afinitad, 292.
Edad del mundo, 404.
Agregación, atracción en ella, 48.
——, cristalina, 58.
Líneas agónicas, 244.
Aire, absorción de calor por él, 74.
—— densidad del, 319.
Alquimia, de la Naturaleza, 293.
Aldini sobre la electricidad animal, 393.
Condiciones alotrópicas de los átomos, 43.
Allotropismo, 330.
Allotropía, 291.
Alumbre, opacidad a los rayos caloríficos, 65.
Teoría de la materia de Alpinus, 47.
Amonites del Liás, 341.
Absorción de calor por el aire, el agua y la tierra, 74.
—— de la luz, 125.
Acalefæ, o animales fosforescentes, 387.
Actinismo, 166.
—— que produce cambio químico, 174.
—— y la luz, antagónicos, 177.
——, influencia del, en las plantas, 372.
Acción de la presencia: Catalisis, 280.
“Principios activos” de Newton, 11.
Adams sobre el planeta Neptuno, 32.
Cuerpos adiátermicos, 95.
Corrientes aéreas dependientes del calor, 80.
—— químicas, 274.
Afinitad, 292.
Edad del mundo, 404.
Agregación, atracción en ella, 48.
——, cristalina, 58.
Líneas agónicas, 244.
Aire, absorción de calor por él, 74.
—— densidad del, 319.
Alquimia, de la Naturaleza, 293.
Aldini sobre la electricidad animal, 393.
Condiciones alotrópicas de los átomos, 43.
Allotropismo, 330.
Allotropía, 291.
Alumbre, opacidad a los rayos caloríficos, 65.
Teoría de la materia de Alpinus, 47.
Amonites del Liás, 341.
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Amalgama amoniacal, 325.
Teoría del magnetismo de Ampère, 239.
Analogía, peligros del razonamiento por ella, 152.
Conocimientos de los antiguos sobre el magnetismo, 235.
Animales, fosforescencia de los mismos, 154.
—— Respiración de los animales, 310.
—— Animales articulados, 388.
Magnetismo animal, 267.
—— Electricidad y magnetismo animal, 211, 392.
—— Evolución de la vida, 338.
—— Fenómenos relacionados con el magnetismo animal, 383.
Arago sobre la superficie del sol, 123.
—— Sobre la copia de los templos egipcios, 177.
—— Sobre la variación magnética, 246.
Arbor Dianæ: el árbol plateado, 261.
Aristóteles sobre el movimiento, 10.
Atmósfera, usos de la misma, 319.
Refracción atmosférica, 322.
Teoría atómica, 278.
—— Volumen de los átomos, 287.
Átomos, estado alótropo de los mismos, 43.
Átomo orgánico, 360.
—— Tamaño máximo del átomo, 408.
—— El átomo y sus propiedades, 3.
Atracción química, 275.
Aurora solar, 186.
Descripción de la aurora por Back, 249.
Equilibrio de fuerzas, 14.
Bartholin sobre el espato de Islandia, 140.
Beccaria, padre, sobre la fosforescencia, 160.
Experimentos de Becquerel sobre la electricidad, 227.
Teoría del magnetismo de Ampère, 239.
Analogía, peligros del razonamiento por ella, 152.
Conocimientos de los antiguos sobre el magnetismo, 235.
Animales, fosforescencia de los mismos, 154.
—— Respiración de los animales, 310.
—— Animales articulados, 388.
Magnetismo animal, 267.
—— Electricidad y magnetismo animal, 211, 392.
—— Evolución de la vida, 338.
—— Fenómenos relacionados con el magnetismo animal, 383.
Arago sobre la superficie del sol, 123.
—— Sobre la copia de los templos egipcios, 177.
—— Sobre la variación magnética, 246.
Arbor Dianæ: el árbol plateado, 261.
Aristóteles sobre el movimiento, 10.
Atmósfera, usos de la misma, 319.
Refracción atmosférica, 322.
Teoría atómica, 278.
—— Volumen de los átomos, 287.
Átomos, estado alótropo de los mismos, 43.
Átomo orgánico, 360.
—— Tamaño máximo del átomo, 408.
—— El átomo y sus propiedades, 3.
Atracción química, 275.
Aurora solar, 186.
Descripción de la aurora por Back, 249.
Equilibrio de fuerzas, 14.
Bartholin sobre el espato de Islandia, 140.
Beccaria, padre, sobre la fosforescencia, 160.
Experimentos de Becquerel sobre la electricidad, 227.
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—— sobre el ozono, 300.
Bell sobre los nervios, 391.
Belénitas, 341.
Berkeley, obispo, sobre el movimiento, 10.
Berzelius sobre la alotropía, 44.
—— sobre la catálisis, 281.
El cometa de Biela, 26.
Biot sobre la polarización, 145.
Piedra de Bolonia, 161.
Bouguer sobre la absorción de la luz por la atmósfera, 126.
Boutigny sobre el calor, 107.
Boletus igniarius, 102.
Boyle sobre el movimiento, 9.
Cerebro y nervios, 391.
Filosofía brahmánica, 245.
Brewster, sir D., atribuye el magnetismo al sol, 263.
—— sobre el magnetismo, 247.
Las doctrinas de Brown sobre la vida, 395.
La metamorfosis de la mariposa, 389.
Estado de Cagniard de la Tour, 106.
Transparencia calorífica, 65.
—— Influencia en las plantas, 376.
El calotipo, 174.
Fósforo de Canton, 161.
Estado alotrópico del carbono, 43.
Plantas carboníferas fósiles, 339.
Ácido carbónico sólido, 111.
—— Cantidad en la atmósfera, 311.
Cassini sobre la variación magnética, 246.
Catálisis, 280.
Célula orgánica, 361.
Bell sobre los nervios, 391.
Belénitas, 341.
Berkeley, obispo, sobre el movimiento, 10.
Berzelius sobre la alotropía, 44.
—— sobre la catálisis, 281.
El cometa de Biela, 26.
Biot sobre la polarización, 145.
Piedra de Bolonia, 161.
Bouguer sobre la absorción de la luz por la atmósfera, 126.
Boutigny sobre el calor, 107.
Boletus igniarius, 102.
Boyle sobre el movimiento, 9.
Cerebro y nervios, 391.
Filosofía brahmánica, 245.
Brewster, sir D., atribuye el magnetismo al sol, 263.
—— sobre el magnetismo, 247.
Las doctrinas de Brown sobre la vida, 395.
La metamorfosis de la mariposa, 389.
Estado de Cagniard de la Tour, 106.
Transparencia calorífica, 65.
—— Influencia en las plantas, 376.
El calotipo, 174.
Fósforo de Canton, 161.
Estado alotrópico del carbono, 43.
Plantas carboníferas fósiles, 339.
Ácido carbónico sólido, 111.
—— Cantidad en la atmósfera, 311.
Cassini sobre la variación magnética, 246.
Catálisis, 280.
Célula orgánica, 361.
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Cellini, Benvenuto, sobre el carbúnculo, 159.
Sol central, doctrina del, 27.
Cambios, físicos, 290.
Fenómenos químicos que generan calor, 42.
—— Descomposición que produce calor, 97.
—— Combinación por calor, 98.
—— Afinitad suspendida por calor, 109.
—— Radiaciones, 166.
—— Poder de los rayos solares en los trópicos, 177.
—— Acción de los rayos luminosos, 178.
—— Acción influenciada por el magnetismo, 252.
—— Fuerzas, 270.
—— Elementos, 272.
—— Proporciones, 285.
—— Metamorfosis, 289.
—— Fenómenos, 295.
—— Composición de la atmósfera, 322.
—— Rayos, acción de los mismos en la germinación, 375.
Química eléctrica, 206.
—— De la Naturaleza, 270.
—— Animal, 396.
Conocimiento chino sobre el imán, 236.
Formación de clorofila, 373.
Transparencia del cloruro de azufre al calor, 65.
Cloro e hidrógeno se combinan por luz, 171.
Cloro en el océano, 303.
Cólera y electricidad, 215.
Túnica coroidea, 149.
Líneas cromáticas en la Tierra, 133.
Arcilla convertida en pizarra por electricidad, 227.
Clima de la Tierra, 350.
Reloj eléctrico, 233.
Sol central, doctrina del, 27.
Cambios, físicos, 290.
Fenómenos químicos que generan calor, 42.
—— Descomposición que produce calor, 97.
—— Combinación por calor, 98.
—— Afinitad suspendida por calor, 109.
—— Radiaciones, 166.
—— Poder de los rayos solares en los trópicos, 177.
—— Acción de los rayos luminosos, 178.
—— Acción influenciada por el magnetismo, 252.
—— Fuerzas, 270.
—— Elementos, 272.
—— Proporciones, 285.
—— Metamorfosis, 289.
—— Fenómenos, 295.
—— Composición de la atmósfera, 322.
—— Rayos, acción de los mismos en la germinación, 375.
Química eléctrica, 206.
—— De la Naturaleza, 270.
—— Animal, 396.
Conocimiento chino sobre el imán, 236.
Formación de clorofila, 373.
Transparencia del cloruro de azufre al calor, 65.
Cloro e hidrógeno se combinan por luz, 171.
Cloro en el océano, 303.
Cólera y electricidad, 215.
Túnica coroidea, 149.
Líneas cromáticas en la Tierra, 133.
Arcilla convertida en pizarra por electricidad, 227.
Clima de la Tierra, 350.
Reloj eléctrico, 233.
Page 390
Formación del carbón, teoría de la, 314.
Fuerza cohesiva opuesta a la gravedad, 33.
Cohesión y gravedad, 49.
—— Diferencia con la cristalización, 51.
Frío extremo, 110.
Color de los cuerpos, 132.
—— Cambios en su color en las combinaciones químicas, 290.
—— Azul del cielo, 320.
—— Color del vapor, 321.
Teoría de Newton sobre los colores, 135.
Rayos de calor de color, 85.
Equivalentes de combinación, 273.
—— Fuerzas, 292.
Leyes de combinación, 286.
—— Combinación de fuerzas, 330.
Combustión, 305.
Cometas, 26.
Condensación de gases, 290.
Conducción del calor, 69.
Capacidad de conducción térmica de los cuerpos, 89.
Cambios químicos, 271.
Conversión del movimiento, 16.
Convección del calor, 69.
Uso de los cotiledones, 368.
Ley de Coulomb sobre la repulsión entre átomos, 47.
Unicidad de la creación, 406.
Formaciones del Cretácico, 344.
Efectos de la electricidad, 227.
Metamorfosis de los crustáceos, 389.
Corteza terrestre, 333.
Cristales pseudomórficos, 54.
—— Tamaño de los cristales, 56.
Fuerza cohesiva opuesta a la gravedad, 33.
Cohesión y gravedad, 49.
—— Diferencia con la cristalización, 51.
Frío extremo, 110.
Color de los cuerpos, 132.
—— Cambios en su color en las combinaciones químicas, 290.
—— Azul del cielo, 320.
—— Color del vapor, 321.
Teoría de Newton sobre los colores, 135.
Rayos de calor de color, 85.
Equivalentes de combinación, 273.
—— Fuerzas, 292.
Leyes de combinación, 286.
—— Combinación de fuerzas, 330.
Combustión, 305.
Cometas, 26.
Condensación de gases, 290.
Conducción del calor, 69.
Capacidad de conducción térmica de los cuerpos, 89.
Cambios químicos, 271.
Conversión del movimiento, 16.
Convección del calor, 69.
Uso de los cotiledones, 368.
Ley de Coulomb sobre la repulsión entre átomos, 47.
Unicidad de la creación, 406.
Formaciones del Cretácico, 344.
Efectos de la electricidad, 227.
Metamorfosis de los crustáceos, 389.
Corteza terrestre, 333.
Cristales pseudomórficos, 54.
—— Tamaño de los cristales, 56.
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Fuerzas cristalogenéticas, 50.
Cuerpos cristalinos, influencia magnética de los mismos, 260.
“La naturaleza plástica” de Cudworth, 10.
Corriente eléctrica, velocidad de la misma, 231.
——, electricidad magnética, 239.
Cristalización, 50.
Límites del cultivo, 379.
Corrientes eléctricas alrededor de la Tierra, 224.
Cianita, un verdadero imán, 48.
El descubrimiento de Daguerre, 170.
El daguerrotipo, 172.
Dalton sobre la Aurora Boreal, 248.
—— sobre la licuefacción, 287.
La teoría atómica de Dalton, 278.
Daniel sobre la incandescencia, 100.
Líneas oscuras en el espectro, 125.
Darwin sobre las algas del Océano Austral, 316.
Davy, Sir H., sobre los elementos, 328.
—— sobre la llama, 307.
—— descubre los metales alcalinos, 325.
Descomposición electroquímica, 208.
Los experimentos de De la Tour y Cagniard, 105.
Delaroche sobre el calor, 93.
Densidad de la Tierra, 31.
Desarrollo animal, 384.
Formación del rocío, 81.
Diamante, carbono alotrópico, 43.
——, fosforescencia del diamante, 160.
Diamagnetismo, 253.
Naturaleza diamagnética de los gases, 259.
Cuerpos diátermicos, 94.
Cuerpos cristalinos, influencia magnética de los mismos, 260.
“La naturaleza plástica” de Cudworth, 10.
Corriente eléctrica, velocidad de la misma, 231.
——, electricidad magnética, 239.
Cristalización, 50.
Límites del cultivo, 379.
Corrientes eléctricas alrededor de la Tierra, 224.
Cianita, un verdadero imán, 48.
El descubrimiento de Daguerre, 170.
El daguerrotipo, 172.
Dalton sobre la Aurora Boreal, 248.
—— sobre la licuefacción, 287.
La teoría atómica de Dalton, 278.
Daniel sobre la incandescencia, 100.
Líneas oscuras en el espectro, 125.
Darwin sobre las algas del Océano Austral, 316.
Davy, Sir H., sobre los elementos, 328.
—— sobre la llama, 307.
—— descubre los metales alcalinos, 325.
Descomposición electroquímica, 208.
Los experimentos de De la Tour y Cagniard, 105.
Delaroche sobre el calor, 93.
Densidad de la Tierra, 31.
Desarrollo animal, 384.
Formación del rocío, 81.
Diamante, carbono alotrópico, 43.
——, fosforescencia del diamante, 160.
Diamagnetismo, 253.
Naturaleza diamagnética de los gases, 259.
Cuerpos diátermicos, 94.
Page 392
Difusión de gases, 323.
Digestión como causa de calor, 105.
Inclinación de la aguja magnética, 247.
Dimorfismo en cristales, 55.
Poder directivo de un imán sobre los cristales, 261.
Distribución de elementos, 328.
Divisibilidad de la materia, 38.
Lámpara de Döbereiner, 281.
Dispersión de la luz, 129.
Draper sobre la incandescencia, 100.
Dumas sobre los átomos, 39.
Polvo, un grano de, 2.
Tierra, física, la, 1.
—— densidad de, 31.
—— revolución de la, 77.
—— formación geológica de la, 333.
Movimiento de la Tierra, 11.
—— temperatura dependiente del sol, 63.
Efectos producidos por la pérdida de calor, 69.
Huevos, número de, puestos por insectos, 399.
Afinitad electiva, 292.
Electricidad, 193.
Electricidad y luz que influyen en la cristalización, 57.
—— tipos de, 195.
—— contenida en el agua, 203.
—— generada por acción química, 204.
—— velocidad de, 231.
—— en las plantas, 380.
Condición eléctrica de la materia, 5.
—— telégrafo, el, 231.
—— afinitad, 275.
Digestión como causa de calor, 105.
Inclinación de la aguja magnética, 247.
Dimorfismo en cristales, 55.
Poder directivo de un imán sobre los cristales, 261.
Distribución de elementos, 328.
Divisibilidad de la materia, 38.
Lámpara de Döbereiner, 281.
Dispersión de la luz, 129.
Draper sobre la incandescencia, 100.
Dumas sobre los átomos, 39.
Polvo, un grano de, 2.
Tierra, física, la, 1.
—— densidad de, 31.
—— revolución de la, 77.
—— formación geológica de la, 333.
Movimiento de la Tierra, 11.
—— temperatura dependiente del sol, 63.
Efectos producidos por la pérdida de calor, 69.
Huevos, número de, puestos por insectos, 399.
Afinitad electiva, 292.
Electricidad, 193.
Electricidad y luz que influyen en la cristalización, 57.
—— tipos de, 195.
—— contenida en el agua, 203.
—— generada por acción química, 204.
—— velocidad de, 231.
—— en las plantas, 380.
Condición eléctrica de la materia, 5.
—— telégrafo, el, 231.
—— afinitad, 275.
Page 393
Fosforescencia eléctrica, 160.
—— Acción influenciada por el actinismo, 183.
—— Radiaciones, 190.
—— Reloj, 233.
Electroquímica, 206.
Cultivo eléctrico, 223.
Electrotipo, 229.
Descomposición electroquímica, 208.
Electromagnetismo, 240.
Electrum, 193.
Elementos químicos, 37, 272.
—— Elementos atmosféricos, 325.
—— Intercambios de elementos, 319.
Englefield sobre los rayos térmicos, 67.
Formaciones eocénicas, 346.
Equinoccios, precesión de los mismos, 244.
—— Equinoccio de primavera y otoño, 77.
Átomos en forma de gancho según Epicuro, 48.
Fenómenos epípolicos, 129.
Eremacausis, 105.
Hipótesis del éter, 120.
Ejemplos de cristalización, 59.
Expansión de los cuerpos por calor, 96.
Mecanismo del ojo, 149.
Faraday sobre el magnetismo de los cristales, 59.
—— Sobre la solidificación de los gases, 112.
—— Sobre la magnetización de la luz, 147.
—— Sobre el gimnótido, 211.
—— Sobre el diamagnetismo, 254.
Cuerpos ferromagnéticos, 255.
Pez lagarto, 341.
—— Acción influenciada por el actinismo, 183.
—— Radiaciones, 190.
—— Reloj, 233.
Electroquímica, 206.
Cultivo eléctrico, 223.
Electrotipo, 229.
Descomposición electroquímica, 208.
Electromagnetismo, 240.
Electrum, 193.
Elementos químicos, 37, 272.
—— Elementos atmosféricos, 325.
—— Intercambios de elementos, 319.
Englefield sobre los rayos térmicos, 67.
Formaciones eocénicas, 346.
Equinoccios, precesión de los mismos, 244.
—— Equinoccio de primavera y otoño, 77.
Átomos en forma de gancho según Epicuro, 48.
Fenómenos epípolicos, 129.
Eremacausis, 105.
Hipótesis del éter, 120.
Ejemplos de cristalización, 59.
Expansión de los cuerpos por calor, 96.
Mecanismo del ojo, 149.
Faraday sobre el magnetismo de los cristales, 59.
—— Sobre la solidificación de los gases, 112.
—— Sobre la magnetización de la luz, 147.
—— Sobre el gimnótido, 211.
—— Sobre el diamagnetismo, 254.
Cuerpos ferromagnéticos, 255.
Pez lagarto, 341.
Page 394
Estrellas fijas, luz de las, 122.
Vidrio de sílex, permeabilidad al calor, 65.
Flora fósil, 345.
Flores, influencias de las, 317.
Líquidos, teoría magnética de los, 252.
Fluorescencia de la luz, 130.
Forbes, Prof. Jas., sobre vibraciones de los metales calentados, 97.
Forbes, Prof. Edward, sobre zonas de vida en el océano, 127.
Forbes sobre el color del vapor, 321.
Fuerza que produce movimiento, 9.
—— Causa del movimiento, 17.
—— Molecular, 40.
—— De cristalización, 61.
Fuerzas activas en la materia, 3.
—— Equilibrio de fuerzas, 14.
—— En antagonismo, 407.
Forma, cambio de la, 2.
—— De la superficie, influencia en el clima, 351.
—— Variedades de plantas, 359.
Foster describe las auroras boreales, 249.
Fox, R. W., sobre la temperatura de las minas de Cornualles, 91.
Franklin sobre los átomos, 47.
El experimento con cometa de Franklin, 214.
Mezclas que se congelan, 110.
Fenómenos notables del congelamiento, 112.
—— Congelación del agua, 302.
Fricción, 17.
Electricidad por fricción, 199.
Líneas oscuras de Fraunhofer, 125.
El experimento de Franklin sobre el calor, 75.
Fusión influenciada por la presión, 107.
Vidrio de sílex, permeabilidad al calor, 65.
Flora fósil, 345.
Flores, influencias de las, 317.
Líquidos, teoría magnética de los, 252.
Fluorescencia de la luz, 130.
Forbes, Prof. Jas., sobre vibraciones de los metales calentados, 97.
Forbes, Prof. Edward, sobre zonas de vida en el océano, 127.
Forbes sobre el color del vapor, 321.
Fuerza que produce movimiento, 9.
—— Causa del movimiento, 17.
—— Molecular, 40.
—— De cristalización, 61.
Fuerzas activas en la materia, 3.
—— Equilibrio de fuerzas, 14.
—— En antagonismo, 407.
Forma, cambio de la, 2.
—— De la superficie, influencia en el clima, 351.
—— Variedades de plantas, 359.
Foster describe las auroras boreales, 249.
Fox, R. W., sobre la temperatura de las minas de Cornualles, 91.
Franklin sobre los átomos, 47.
El experimento con cometa de Franklin, 214.
Mezclas que se congelan, 110.
Fenómenos notables del congelamiento, 112.
—— Congelación del agua, 302.
Fricción, 17.
Electricidad por fricción, 199.
Líneas oscuras de Fraunhofer, 125.
El experimento de Franklin sobre el calor, 75.
Fusión influenciada por la presión, 107.
Page 395
Galvanismo, 201.
Experimento de Galvani, 201.
Gases, condensación de, 111, 290.
——, magnetismo de, 259.
Constitución gaseosa, 317.
Teoría del magnetismo de Gauss, 243.
Generación espontánea, 363.
Fenómenos geológicos, 332.
El germen, según Treviranus, 361.
Germinación de semillas, 367.
Vidrio coloreado, transparencia al calor, 65.
Teoría del color de Goethe, 139.
Goethe sobre la fosforescencia, 157.
—— sobre la hoja, 369.
Ley de difusión de Graham, 323.
Gravitación, 21.
Crecimiento explicado, 52.
——, progreso del, 364.
—— definido, 383.
Grove descompone el agua por calor, 98.
Corriente del Golfo, 81.
Gulielmini sobre la cristalización, 50.
Papel de pólvora, 103.
Gymnotus electricus, 211.
Giroscopio, 14.
Hansteen y Arago sobre las auroras boreales, 248.
Hansteen sobre el magnetismo, 244.
Calor, solar y terrestre, 62.
——, conductores del, 90.
——, rayos absorbidos por la atmósfera, 63, 73.
—— y luz, sus relaciones, 64.
Experimento de Galvani, 201.
Gases, condensación de, 111, 290.
——, magnetismo de, 259.
Constitución gaseosa, 317.
Teoría del magnetismo de Gauss, 243.
Generación espontánea, 363.
Fenómenos geológicos, 332.
El germen, según Treviranus, 361.
Germinación de semillas, 367.
Vidrio coloreado, transparencia al calor, 65.
Teoría del color de Goethe, 139.
Goethe sobre la fosforescencia, 157.
—— sobre la hoja, 369.
Ley de difusión de Graham, 323.
Gravitación, 21.
Crecimiento explicado, 52.
——, progreso del, 364.
—— definido, 383.
Grove descompone el agua por calor, 98.
Corriente del Golfo, 81.
Gulielmini sobre la cristalización, 50.
Papel de pólvora, 103.
Gymnotus electricus, 211.
Giroscopio, 14.
Hansteen y Arago sobre las auroras boreales, 248.
Hansteen sobre el magnetismo, 244.
Calor, solar y terrestre, 62.
——, conductores del, 90.
——, rayos absorbidos por la atmósfera, 63, 73.
—— y luz, sus relaciones, 64.
Page 396
——, radiación de, 82.
—— rayos, de color, 85.
—— disminuye la afinidad química, 88.
——, latente, 101.
——, descomposición por, 109, 276.
——, conocimiento científico sobre, 114.
—— se genera por la combustión de madera equivalente al calor absorbido en el crecimiento, 116.
——, influencia sobre el magnetismo, 241.
——, acción sobre el agua, 302.
——, influencia sobre las plantas, 371.
—— esencial para la vida, 395.
Heliografía de M. Niepce, 170.
Animales herbívoros, 315.
Herschel sobre las nebulosas, 24.
Herschel, Sir W., sobre los rayos de calor, 67.
Hobbes sobre las propiedades de la materia, 8.
Hopkins sobre la temperatura de fusión, 107.
Huyghens sobre la doble refracción, 140.
Hidra, la, 387.
Peróxido de hidrógeno, 298.
—— y oxígeno, 289, 297.
Hidrocarburos, 297.
Compuestos de hidrocarburos, 308.
Hipnotismo, sobre él, Sr. Braid, 269.
Hielo, 301.
Ictiosaurio, el, 341.
Rocas ígneas, 335.
Encendido por acción química, 102.
Iguanodón, el, 343.
Incandescencia, temperatura de, 69–100.
—— rayos, de color, 85.
—— disminuye la afinidad química, 88.
——, latente, 101.
——, descomposición por, 109, 276.
——, conocimiento científico sobre, 114.
—— se genera por la combustión de madera equivalente al calor absorbido en el crecimiento, 116.
——, influencia sobre el magnetismo, 241.
——, acción sobre el agua, 302.
——, influencia sobre las plantas, 371.
—— esencial para la vida, 395.
Heliografía de M. Niepce, 170.
Animales herbívoros, 315.
Herschel sobre las nebulosas, 24.
Herschel, Sir W., sobre los rayos de calor, 67.
Hobbes sobre las propiedades de la materia, 8.
Hopkins sobre la temperatura de fusión, 107.
Huyghens sobre la doble refracción, 140.
Hidra, la, 387.
Peróxido de hidrógeno, 298.
—— y oxígeno, 289, 297.
Hidrocarburos, 297.
Compuestos de hidrocarburos, 308.
Hipnotismo, sobre él, Sr. Braid, 269.
Hielo, 301.
Ictiosaurio, el, 341.
Rocas ígneas, 335.
Encendido por acción química, 102.
Iguanodón, el, 343.
Incandescencia, temperatura de, 69–100.
Page 397
Influencias de la materia en el calor, 79.
Infusorios y animalcules, 387.
Interferencia de la luz, 138.
Intensidad magnética, 247.
Luz invisible, sobre ella Moser, 188.
Yoduro de plata encontrado de forma natural, 304.
Yodo, 304.
Papel iridiscente, 137.
Hierro, magnético, 235.
——, blando, convertido en magnético, 241.
——, oxidación, 306.
Compuestos isoméricos, 291.
Isomorfismo, 290.
Líneas isotérmicas, 92.
Líneas isodinámicas, 247.
Jones, Rymer, sobre las esponjas, 345.
Joule sobre las sales anhidras, 287.
—— sobre el calor y el movimiento, 18.
El magnetismo según Kircher, 264.
Kupffar sobre las tormentas magnéticas, 249.
Laminación de la arcilla mediante electricidad, 226.
Alternancia entre tierra y mar, 340.
Teoría del universo de Laplace, 23.
Calor latente, 101.
Teoría de la combustión de Lavoisier, 305.
Ley de la gravedad, 30.
Lawson, carta del señor, sobre la germinación de las semillas, 375.
Funciones de la hoja, 369.
Efecto de las hojas de las plantas en el aire, 311.
Le Verrier sobre el planeta Neptuno, 32.
Infusorios y animalcules, 387.
Interferencia de la luz, 138.
Intensidad magnética, 247.
Luz invisible, sobre ella Moser, 188.
Yoduro de plata encontrado de forma natural, 304.
Yodo, 304.
Papel iridiscente, 137.
Hierro, magnético, 235.
——, blando, convertido en magnético, 241.
——, oxidación, 306.
Compuestos isoméricos, 291.
Isomorfismo, 290.
Líneas isotérmicas, 92.
Líneas isodinámicas, 247.
Jones, Rymer, sobre las esponjas, 345.
Joule sobre las sales anhidras, 287.
—— sobre el calor y el movimiento, 18.
El magnetismo según Kircher, 264.
Kupffar sobre las tormentas magnéticas, 249.
Laminación de la arcilla mediante electricidad, 226.
Alternancia entre tierra y mar, 340.
Teoría del universo de Laplace, 23.
Calor latente, 101.
Teoría de la combustión de Lavoisier, 305.
Ley de la gravedad, 30.
Lawson, carta del señor, sobre la germinación de las semillas, 375.
Funciones de la hoja, 369.
Efecto de las hojas de las plantas en el aire, 311.
Le Verrier sobre el planeta Neptuno, 32.
Page 398
Frasco de Leyden, 198.
Formaciones de lias, 341.
Liebig y la química orgánica, 284.
La vida y la luz, 52.
——, influencia de la luz en ella, 153.
—— dependiente de la luz, 164.
——, vegetal, 362.
——, misterios de la vida, 398.
La luz, 118.
—— esencial para la vida, 39.
—— de las estrellas fijas, 122.
——, transparencia a la luz, 124.
——, transmisión de la luz a través de diferentes medios, 128.
——, absorción de la luz, 125.
——, interferencia de la luz, 138.
——, condición polarizada de la luz, 141.
——, magnetización de la luz, 146.
——, luz artificial, 162.
——, influencia de la luz en las plantas, 373.
—— y el calor, correlación entre ellos, 64.
Conductores de rayos, 215.
Lindley sobre la hoja, 370.
Lubbock, Sir J., sobre las estrellas fugaces, 22.
Minerales de lodo y electricidad de los mismos, 225.
Diferenciación entre rayos luminosos y actínicos, 176.
Electricidad de las máquinas, 209.
Nubes de Magallanes, 25.
Curvas magnéticas, 236.
—— mineral de hierro, 237.
—— polaridad, 237.
—— puntos de convergencia, 244.
Formaciones de lias, 341.
Liebig y la química orgánica, 284.
La vida y la luz, 52.
——, influencia de la luz en ella, 153.
—— dependiente de la luz, 164.
——, vegetal, 362.
——, misterios de la vida, 398.
La luz, 118.
—— esencial para la vida, 39.
—— de las estrellas fijas, 122.
——, transparencia a la luz, 124.
——, transmisión de la luz a través de diferentes medios, 128.
——, absorción de la luz, 125.
——, interferencia de la luz, 138.
——, condición polarizada de la luz, 141.
——, magnetización de la luz, 146.
——, luz artificial, 162.
——, influencia de la luz en las plantas, 373.
—— y el calor, correlación entre ellos, 64.
Conductores de rayos, 215.
Lindley sobre la hoja, 370.
Lubbock, Sir J., sobre las estrellas fugaces, 22.
Minerales de lodo y electricidad de los mismos, 225.
Diferenciación entre rayos luminosos y actínicos, 176.
Electricidad de las máquinas, 209.
Nubes de Magallanes, 25.
Curvas magnéticas, 236.
—— mineral de hierro, 237.
—— polaridad, 237.
—— puntos de convergencia, 244.
Page 399
—— polos de la Tierra, 245.
—— intensidad, 247.
—— tormentas, 249.
—— líneas de sin variación, 243.
Magnetismo, 235.
—— inducido, 238.
—— influenciado por el calor, 242.
——, universalidad del, 253.
—— de los gases, 259.
—— inducido por los rayos solares, 263.
—— y electricidad, correlación entre ambos, 239.
—— y cristalización, 57.
Descomposición magnetoelectrónica, 230.
Magnetización de la luz, 146.
Malus sobre la polarización, 139.
Mamíferos fósiles, 343.
Temperatura del hombre, 105.
Manganesiato de potasio, 171.
Mantell, Dr., sobre el iguanodón, 343.
Mariotte sobre el lugar de la visión, 149.
Materia, sus condiciones generales, 1.
——, formas de la materia, 21.
——, transmutación de la materia, 37.
——, divisibilidad de la materia, 38.
——, sólidos: absorción de calor por ellos, 75.
——, influencia de la materia en la luz, 162.
——, polaridad de la materia, 265.
—— y sus propiedades, 409.
——, entidad de la materia, 410.
——, condiciones variables de la materia, 36.
Hipótesis de Mayer sobre los tres colores, 138.
Fuerza mecánica y calor, 103.
—— intensidad, 247.
—— tormentas, 249.
—— líneas de sin variación, 243.
Magnetismo, 235.
—— inducido, 238.
—— influenciado por el calor, 242.
——, universalidad del, 253.
—— de los gases, 259.
—— inducido por los rayos solares, 263.
—— y electricidad, correlación entre ambos, 239.
—— y cristalización, 57.
Descomposición magnetoelectrónica, 230.
Magnetización de la luz, 146.
Malus sobre la polarización, 139.
Mamíferos fósiles, 343.
Temperatura del hombre, 105.
Manganesiato de potasio, 171.
Mantell, Dr., sobre el iguanodón, 343.
Mariotte sobre el lugar de la visión, 149.
Materia, sus condiciones generales, 1.
——, formas de la materia, 21.
——, transmutación de la materia, 37.
——, divisibilidad de la materia, 38.
——, sólidos: absorción de calor por ellos, 75.
——, influencia de la materia en la luz, 162.
——, polaridad de la materia, 265.
—— y sus propiedades, 409.
——, entidad de la materia, 410.
——, condiciones variables de la materia, 36.
Hipótesis de Mayer sobre los tres colores, 138.
Fuerza mecánica y calor, 103.
Page 400
Mecanismo del ojo, 149.
Medios, influencia de los mismos sobre la luz, 128.
Medusas, fosforescencia de las mismas, 159.
Melloni sobre los rayos de calor de color, 85.
—— Sobre la nueva nomenclatura para el calor, 95.
Mesmer y la electricidad, 222.
Rocas metamórficas, 336.
Metamorfosis de los animales, 389.
Golfo de México, calor del mismo, 81.
Mica negra, transparencia al calor, 66.
Dr. Miller, sobre las líneas oscuras del espectro, 126.
Vetas minerales, electricidad en ellas, 225.
Minas de Cornualles, temperatura de las mismas, 91.
Formaciones miocénicas, 346.
Espejos, magia relacionada con ellos, 191.
Mitscherlich sobre la expansión de los cristales por el calor, 257.
Fuerzas moleculares, 35, 40.
—— Acción compuesta de estas fuerzas, 279.
Moléculas, Dumas sobre ellas, 39.
—— Combinación de moléculas, 277.
Morichini y Carpi sobre el magnetismo de los rayos violeta de la luz, 263.
Moser sobre la luz invisible, 189.
Movimiento, 7.
—— Propiedad de la materia, 8.
—— Principios del movimiento, 10.
—— Movimiento de la Tierra, 12.
—— El movimiento alrededor de un eje muestra el movimiento de la Tierra, 18.
—— Influencia del movimiento en la forma, 32.
Cordilleras probablemente determinadas por la fuerza magnética, 262.
Multiplicación de la vida, 399.
Notas musicales producidas por el calor, 97.
Contracción muscular por electricidad, 202.
Medios, influencia de los mismos sobre la luz, 128.
Medusas, fosforescencia de las mismas, 159.
Melloni sobre los rayos de calor de color, 85.
—— Sobre la nueva nomenclatura para el calor, 95.
Mesmer y la electricidad, 222.
Rocas metamórficas, 336.
Metamorfosis de los animales, 389.
Golfo de México, calor del mismo, 81.
Mica negra, transparencia al calor, 66.
Dr. Miller, sobre las líneas oscuras del espectro, 126.
Vetas minerales, electricidad en ellas, 225.
Minas de Cornualles, temperatura de las mismas, 91.
Formaciones miocénicas, 346.
Espejos, magia relacionada con ellos, 191.
Mitscherlich sobre la expansión de los cristales por el calor, 257.
Fuerzas moleculares, 35, 40.
—— Acción compuesta de estas fuerzas, 279.
Moléculas, Dumas sobre ellas, 39.
—— Combinación de moléculas, 277.
Morichini y Carpi sobre el magnetismo de los rayos violeta de la luz, 263.
Moser sobre la luz invisible, 189.
Movimiento, 7.
—— Propiedad de la materia, 8.
—— Principios del movimiento, 10.
—— Movimiento de la Tierra, 12.
—— El movimiento alrededor de un eje muestra el movimiento de la Tierra, 18.
—— Influencia del movimiento en la forma, 32.
Cordilleras probablemente determinadas por la fuerza magnética, 262.
Multiplicación de la vida, 399.
Notas musicales producidas por el calor, 97.
Contracción muscular por electricidad, 202.
Page 401
Musschenbroek o Leiden, 198.
Mitología, origen probable de la misma, 353.
Polarización natural, 145.
Estado nebuloso de la materia, 23.
Neptuno, descubrimiento de, 32.
Newton sobre la fuerza gravitatoria, 49.
Newton sobre el movimiento, 9.
Hipótesis de Newton sobre la materia, 4.
—— Teoría del calor, 115.
—— Teoría de la luz, 120.
—— Teoría de los colores, 135.
Niepce sobre las radiaciones químicas, 168.
Nitrógeno, neutralidad magnética del mismo, 259.
—— Combinaciones del nitrógeno, 324.
—— Presunta naturaleza metálica del nitrógeno, 325.
Radiación nocturna, 83.
Luzes del norte, 268.
Transparencia de la obsidiana al calor, 66.
Océano, aguas del mismo, 303.
Oersted descubre el electromagnetismo, 238.
Órdenes de animales, 386.
Creación orgánica, influencia de esta, 185.
—— Compuestos orgánicos, 283.
—— Influencia de la luz en los compuestos orgánicos, 181.
—— Química orgánica, 331.
—— Célula orgánica, 360.
—— Restos orgánicos, 337.
Formas organizadas, variedades de ellas, 35.
—— Cuerpos organizados, calor de estos, 104.
Progreso de la organización, 385.
Mitología, origen probable de la misma, 353.
Polarización natural, 145.
Estado nebuloso de la materia, 23.
Neptuno, descubrimiento de, 32.
Newton sobre la fuerza gravitatoria, 49.
Newton sobre el movimiento, 9.
Hipótesis de Newton sobre la materia, 4.
—— Teoría del calor, 115.
—— Teoría de la luz, 120.
—— Teoría de los colores, 135.
Niepce sobre las radiaciones químicas, 168.
Nitrógeno, neutralidad magnética del mismo, 259.
—— Combinaciones del nitrógeno, 324.
—— Presunta naturaleza metálica del nitrógeno, 325.
Radiación nocturna, 83.
Luzes del norte, 268.
Transparencia de la obsidiana al calor, 66.
Océano, aguas del mismo, 303.
Oersted descubre el electromagnetismo, 238.
Órdenes de animales, 386.
Creación orgánica, influencia de esta, 185.
—— Compuestos orgánicos, 283.
—— Influencia de la luz en los compuestos orgánicos, 181.
—— Química orgánica, 331.
—— Célula orgánica, 360.
—— Restos orgánicos, 337.
Formas organizadas, variedades de ellas, 35.
—— Cuerpos organizados, calor de estos, 104.
Progreso de la organización, 385.
Page 402
Óxidos metálicos, 326.
Metales oxidables, 305.
Gas oxígeno magnético, 259.
—— y nitrógeno, usos del, 321.
—— y carbono en los animales, 396.
Ozono, 299.
—— y electricidad, 217.
El paladio que mantiene una combustión lenta, 309.
Rayos paratermicos, 74.
—— rayos, influencia en la naturaleza, 377.
Partículas, sobre ellas Dumas, 39.
Peach sobre la fosforescencia del mar, 159.
Pearsall sobre la fosforescencia, 160.
Péndulo, su oscilación indica el movimiento de la Tierra, 13.
Perkins sobre la repulsión del calor, 108.
Permeación del calor, 96.
Perturbaciones de Urano, 31.
Enfermedades pestilentes, 216.
Fenómenos de la visión, 148.
——, naturales, de la electricidad, 194.
——, geológicos recientes, 349.
Fosforescencia de los animales, 154.
—— de las plantas, 156.
Espectro fosforescente, 184.
Ácido fosfórico detectado en las rocas más antiguas, 337.
Fotosfera del sol, 123.
Fotografía, 170.
——, su importancia, 180.
Influencias fisiológicas de la electricidad, 219.
Fuerzas físicas, acción de las, 4, 45.
—— fuerzas, modos de movimiento, 7.
Metales oxidables, 305.
Gas oxígeno magnético, 259.
—— y nitrógeno, usos del, 321.
—— y carbono en los animales, 396.
Ozono, 299.
—— y electricidad, 217.
El paladio que mantiene una combustión lenta, 309.
Rayos paratermicos, 74.
—— rayos, influencia en la naturaleza, 377.
Partículas, sobre ellas Dumas, 39.
Peach sobre la fosforescencia del mar, 159.
Pearsall sobre la fosforescencia, 160.
Péndulo, su oscilación indica el movimiento de la Tierra, 13.
Perkins sobre la repulsión del calor, 108.
Permeación del calor, 96.
Perturbaciones de Urano, 31.
Enfermedades pestilentes, 216.
Fenómenos de la visión, 148.
——, naturales, de la electricidad, 194.
——, geológicos recientes, 349.
Fosforescencia de los animales, 154.
—— de las plantas, 156.
Espectro fosforescente, 184.
Ácido fosfórico detectado en las rocas más antiguas, 337.
Fotosfera del sol, 123.
Fotografía, 170.
——, su importancia, 180.
Influencias fisiológicas de la electricidad, 219.
Fuerzas físicas, acción de las, 4, 45.
—— fuerzas, modos de movimiento, 7.
Page 403
—— Propiedades de la luz polarizada, 142.
Influencias fisiológicas del magnetismo, 268.
El arenque, según Couch, 315.
Las plantas: su distribución depende de la luz, 133.
—— Fosforescencia de las plantas, 156.
—— Respiración de las plantas, 312.
—— Las plantas y los animales: relación entre ellos, 313.
—— Crecimiento de las plantas, 368.
—— Inclinación de las plantas hacia la luz, 373.
—— Distribución de las plantas, 378.
—— Plantas en las regiones tropicales, 381.
Polarización planar, 141.
La “naturaleza plástica”, según Cudworth, 10.
El experimento de Plateau sobre cuerpos liberados de la gravedad, 33.
El platino como agente que mantiene una combustión lenta, 309.
Platón sobre el movimiento, 10.
—— Platón sobre la luz, 119.
El plesiosaurio, 341.
Formaciones del Plioceno, 346.
Plücker sobre la fuerza cristalomagnética, 57.
—— Plücker sobre los cuerpos diamagnéticos, 256.
Uso de las plumulillas, 369.
Rocas plutónicas, 334.
Polarización circular y elíptica, 143.
Polarización de la luz, 139.
Condición polar de la materia, 265.
Pólipos e infusorios, 387.
Porosidad de la materia, 41.
Porta, Baptista: la cámara oscura, 149.
Fuerzas activas en la naturaleza, 405.
La teoría de Prevost sobre el calor, 96.
Origen primario de nuestro planeta, 334.
Influencias fisiológicas del magnetismo, 268.
El arenque, según Couch, 315.
Las plantas: su distribución depende de la luz, 133.
—— Fosforescencia de las plantas, 156.
—— Respiración de las plantas, 312.
—— Las plantas y los animales: relación entre ellos, 313.
—— Crecimiento de las plantas, 368.
—— Inclinación de las plantas hacia la luz, 373.
—— Distribución de las plantas, 378.
—— Plantas en las regiones tropicales, 381.
Polarización planar, 141.
La “naturaleza plástica”, según Cudworth, 10.
El experimento de Plateau sobre cuerpos liberados de la gravedad, 33.
El platino como agente que mantiene una combustión lenta, 309.
Platón sobre el movimiento, 10.
—— Platón sobre la luz, 119.
El plesiosaurio, 341.
Formaciones del Plioceno, 346.
Plücker sobre la fuerza cristalomagnética, 57.
—— Plücker sobre los cuerpos diamagnéticos, 256.
Uso de las plumulillas, 369.
Rocas plutónicas, 334.
Polarización circular y elíptica, 143.
Polarización de la luz, 139.
Condición polar de la materia, 265.
Pólipos e infusorios, 387.
Porosidad de la materia, 41.
Porta, Baptista: la cámara oscura, 149.
Fuerzas activas en la naturaleza, 405.
La teoría de Prevost sobre el calor, 96.
Origen primario de nuestro planeta, 334.
Page 404
Principios del movimiento, 10.
Refracción prismática, 121.
—— Rayos, calor de los, 67.
—— Análisis de los rayos solares, 134.
Principio de la gravedad, 29.
——, elemental, 38.
Propiedades esenciales de la materia, 5.
Pseudomorfismo, 54.
Psicología de las flores, 357.
Pterodáctilo, el, 342.
Doctrina pitagórica del movimiento, 10.
Quinina, solución, influencia de la misma sobre la luz, 129.
Calor radiante, 69.
Radiación y absorción de calor, 77.
——, nocturno, 83.
Raia torpedo, 211.
Raymond, Du Bois, sobre la electricidad animal, 221.
Refrangibilidad de los rayos de alta energía, 130.
—— De las fuerzas solares, 168.
Refracción prismática, 121.
Razas, dependencia de las mismas, 315.
Repulsión del calor, 108.
Respiración de los animales, 310.
—— De las plantas, 312.
Descanso, absoluto y relativo, 15.
La respiración como causa del calor, 105.
Retina, la, 149.
Revelaciones de la naturaleza, 401.
Revolución de los polos magnéticos, 246.
Robinson sobre la descomposición por calor, 98.
Refracción prismática, 121.
—— Rayos, calor de los, 67.
—— Análisis de los rayos solares, 134.
Principio de la gravedad, 29.
——, elemental, 38.
Propiedades esenciales de la materia, 5.
Pseudomorfismo, 54.
Psicología de las flores, 357.
Pterodáctilo, el, 342.
Doctrina pitagórica del movimiento, 10.
Quinina, solución, influencia de la misma sobre la luz, 129.
Calor radiante, 69.
Radiación y absorción de calor, 77.
——, nocturno, 83.
Raia torpedo, 211.
Raymond, Du Bois, sobre la electricidad animal, 221.
Refrangibilidad de los rayos de alta energía, 130.
—— De las fuerzas solares, 168.
Refracción prismática, 121.
Razas, dependencia de las mismas, 315.
Repulsión del calor, 108.
Respiración de los animales, 310.
—— De las plantas, 312.
Descanso, absoluto y relativo, 15.
La respiración como causa del calor, 105.
Retina, la, 149.
Revelaciones de la naturaleza, 401.
Revolución de los polos magnéticos, 246.
Robinson sobre la descomposición por calor, 98.
Page 405
Formaciones rocosas, 335.
Rocas y su capacidad de conducción eléctrica, 224.
Los telescopios de Lord Rosse, 25.
Experimentos de Rumford sobre el calor, 18.
—— Sobre las propiedades químicas de la luz, 99.
Los anillos de Newton, 137.
Lámpara de seguridad de Davy, 309.
Roca salina y su transparencia al calor, 65.
Explicación de los anillos de Saturno, 34.
Savart sobre las placas vibrantes, 257.
Influencia del calor en las estaciones, 70.
Fosforescencia del mar, 158.
Schönbein sobre el ozono, 299.
Schwabe sobre las manchas solares, 243.
Seebeck sobre la termoelectricidad, 211, 248.
Selenita y alabastro, 60.
Sénarmont sobre la capacidad de conducción térmica de los cristales, 257.
Estrellas fugaces, 21.
Silicio y sus estados alotrópicos, 43.
Sílice y su sustitución, 345.
Cuerpos simples desde el punto de vista químico, 329.
Cielo en las regiones tropicales, 319.
Combustión lenta en los animales, 397.
Smee sobre la electricidad y la vitalidad, 219.
Movimiento del sistema solar, 11.
—— La luz proveniente del disco solar, 185.
—— Influencia del sistema solar en el magnetismo, 263.
Solidificación de los gases según Faraday, 112.
Solsticios de verano e invierno, 77.
Manchas solares y su relación con el magnetismo, 243.
Fosforo solar, 161.
Rocas y su capacidad de conducción eléctrica, 224.
Los telescopios de Lord Rosse, 25.
Experimentos de Rumford sobre el calor, 18.
—— Sobre las propiedades químicas de la luz, 99.
Los anillos de Newton, 137.
Lámpara de seguridad de Davy, 309.
Roca salina y su transparencia al calor, 65.
Explicación de los anillos de Saturno, 34.
Savart sobre las placas vibrantes, 257.
Influencia del calor en las estaciones, 70.
Fosforescencia del mar, 158.
Schönbein sobre el ozono, 299.
Schwabe sobre las manchas solares, 243.
Seebeck sobre la termoelectricidad, 211, 248.
Selenita y alabastro, 60.
Sénarmont sobre la capacidad de conducción térmica de los cristales, 257.
Estrellas fugaces, 21.
Silicio y sus estados alotrópicos, 43.
Sílice y su sustitución, 345.
Cuerpos simples desde el punto de vista químico, 329.
Cielo en las regiones tropicales, 319.
Combustión lenta en los animales, 397.
Smee sobre la electricidad y la vitalidad, 219.
Movimiento del sistema solar, 11.
—— La luz proveniente del disco solar, 185.
—— Influencia del sistema solar en el magnetismo, 263.
Solidificación de los gases según Faraday, 112.
Solsticios de verano e invierno, 77.
Manchas solares y su relación con el magnetismo, 243.
Fosforo solar, 161.
Page 406
Somerville, señora, magnetiza agujas con luz, 263.
Sonido y luz, analogía entre ellos, 151.
Espectros producidos por la polarización de la luz, 144.
Espectro, líneas oscuras en él, 125.
Condición esferoidal de los fluidos, 107.
Ignición espontánea, 307.
Stahl sobre el flogisto, 305.
Estrellas fugaces, teorías sobre ellas, 21.
Ornamentos de acero incandescentes, 137.
Estereoscopio, 151.
Stokes, profesor, sobre la fluorescencia, 130.
Formaciones estratificadas, 334.
Fuerza de los animales, 400.
Estructura, influencia de ella en el magnetismo, 256.
——, relación de ella con los fenómenos físicos, 257.
Struvé sobre el movimiento del sistema solar, 12.
Sustitución química, 279.
——, ley de la sustitución, 288.
Todas las sustancias, eléctricas, 197.
Temperatura subterránea, 91.
Ácido sulfúrico, permeabilidad al calor, 65.
Superficies, acción de ellas, 282.
Sulzar sobre el galvanismo, 201.
Hidrógeno sulfuroso, sólido, 111.
Sol, el central, 28.
——, fuente de luz, 121.
——, estado físico del sol, 123.
——, un centro magnético, 265.
Gusano gusano, metamorfosis del mismo, 389.
Proceso fotográfico sensible de Talbot, 178.
Telégrafo eléctrico, 231.
Sonido y luz, analogía entre ellos, 151.
Espectros producidos por la polarización de la luz, 144.
Espectro, líneas oscuras en él, 125.
Condición esferoidal de los fluidos, 107.
Ignición espontánea, 307.
Stahl sobre el flogisto, 305.
Estrellas fugaces, teorías sobre ellas, 21.
Ornamentos de acero incandescentes, 137.
Estereoscopio, 151.
Stokes, profesor, sobre la fluorescencia, 130.
Formaciones estratificadas, 334.
Fuerza de los animales, 400.
Estructura, influencia de ella en el magnetismo, 256.
——, relación de ella con los fenómenos físicos, 257.
Struvé sobre el movimiento del sistema solar, 12.
Sustitución química, 279.
——, ley de la sustitución, 288.
Todas las sustancias, eléctricas, 197.
Temperatura subterránea, 91.
Ácido sulfúrico, permeabilidad al calor, 65.
Superficies, acción de ellas, 282.
Sulzar sobre el galvanismo, 201.
Hidrógeno sulfuroso, sólido, 111.
Sol, el central, 28.
——, fuente de luz, 121.
——, estado físico del sol, 123.
——, un centro magnético, 265.
Gusano gusano, metamorfosis del mismo, 389.
Proceso fotográfico sensible de Talbot, 178.
Telégrafo eléctrico, 231.
Page 407
Temperatura de incandescencia, 68.
Temperatura subterránea, 91.
Corrientes eléctricas terrestres, 224.
—— Magnetismo, 255.
Tales de Mileto descubre la electricidad, 193.
Teorías de la luz, 86, 118.
Termografía, 188.
Examen termométrico de la temperatura de las flores, 76.
Termoelectricidad, 209.
Teoría del movimiento que produce fuerza, 15.
Thilorier sobre el ácido carbónico sólido, 111.
Tiempo, influencia del, 332.
Tejidos, poder catalítico de los, 310.
Turmalina, acción de la, sobre la luz, 142.
Vientos alisios, 81.
Serie de transición de rocas, 336.
Transparencia calórica, 67.
——, luminosa, 124.
Transmutación de la materia, 37.
Transmisión de la luz, 128.
Cuerpos transcálcicos, 94.
Trevelyan, Sr., sobre la vibración de los metales calentados, 97.
Tyndale demuestra la influencia de la estructura en el magnetismo, 258.
Tipos, elementos de los orgánicos, 289.
Ondulaciones que producen color, 131.
Teoría ondulatoria del calor, 115.
—— Teoría de la luz, 121.
Urano, descubrimiento de, 31.
Vidrio de uranio, influencia del, sobre la luz, 129.
Vapor, fuerza elástica del, 318.
Temperatura subterránea, 91.
Corrientes eléctricas terrestres, 224.
—— Magnetismo, 255.
Tales de Mileto descubre la electricidad, 193.
Teorías de la luz, 86, 118.
Termografía, 188.
Examen termométrico de la temperatura de las flores, 76.
Termoelectricidad, 209.
Teoría del movimiento que produce fuerza, 15.
Thilorier sobre el ácido carbónico sólido, 111.
Tiempo, influencia del, 332.
Tejidos, poder catalítico de los, 310.
Turmalina, acción de la, sobre la luz, 142.
Vientos alisios, 81.
Serie de transición de rocas, 336.
Transparencia calórica, 67.
——, luminosa, 124.
Transmutación de la materia, 37.
Transmisión de la luz, 128.
Cuerpos transcálcicos, 94.
Trevelyan, Sr., sobre la vibración de los metales calentados, 97.
Tyndale demuestra la influencia de la estructura en el magnetismo, 258.
Tipos, elementos de los orgánicos, 289.
Ondulaciones que producen color, 131.
Teoría ondulatoria del calor, 115.
—— Teoría de la luz, 121.
Urano, descubrimiento de, 31.
Vidrio de uranio, influencia del, sobre la luz, 129.
Vapor, fuerza elástica del, 318.
Page 408
Variación magnética, 244.
Verduras conductoras de electricidad, 379.
Vida vegetal, fenómenos de la, 357.
Vegetación de la época carbonífera, 339.
Velocidad de la electricidad, 231.
Animales vertebrados, 390.
Visión, fenómenos de la, 148.
Vis vitæ, principio vital, 391.
Visión con un par de ojos, 150.
Vitalidad superior a la fuerza física, 53.
Asiento de la visión, 149.
Doctrina del volumen, 287.
Acción volcánica relacionada con la acción química, 271.
Volatilización de la materia, 27.
Electricidad voltaica, 201.
Agua, absorción de calor por ella, 74.
—— congelada sin aire, 112.
—— sin aire, estado peculiar del, 113.
——, electricidad en una gota de, 204.
——, composición de, 296.
Observaciones de Wargentin sobre el aurora, 248.
Movimiento ondulatorio del calor y la luz, 68.
Formaciones de Wealden, 343.
Wedgwood sobre la incandescencia, 100.
Dr. Wells, sobre el rocío, 84.
Wiedemann sobre las vibraciones eléctricas, 257.
Números proporcionales de Wenzel, 277.
Vientos dependientes del calor, 80.
Wollaston observa líneas oscuras en el espectro, 125.
El mundo, su edad, 404.
Verduras conductoras de electricidad, 379.
Vida vegetal, fenómenos de la, 357.
Vegetación de la época carbonífera, 339.
Velocidad de la electricidad, 231.
Animales vertebrados, 390.
Visión, fenómenos de la, 148.
Vis vitæ, principio vital, 391.
Visión con un par de ojos, 150.
Vitalidad superior a la fuerza física, 53.
Asiento de la visión, 149.
Doctrina del volumen, 287.
Acción volcánica relacionada con la acción química, 271.
Volatilización de la materia, 27.
Electricidad voltaica, 201.
Agua, absorción de calor por ella, 74.
—— congelada sin aire, 112.
—— sin aire, estado peculiar del, 113.
——, electricidad en una gota de, 204.
——, composición de, 296.
Observaciones de Wargentin sobre el aurora, 248.
Movimiento ondulatorio del calor y la luz, 68.
Formaciones de Wealden, 343.
Wedgwood sobre la incandescencia, 100.
Dr. Wells, sobre el rocío, 84.
Wiedemann sobre las vibraciones eléctricas, 257.
Números proporcionales de Wenzel, 277.
Vientos dependientes del calor, 80.
Wollaston observa líneas oscuras en el espectro, 125.
El mundo, su edad, 404.
Page 409
Jóvenes sobre las fuerzas moleculares, 49.
Luz zodiacal, 25.
Zoofitos microscópicos, 387.
FIN.
Wilson and Ogilvy, 57, Skinner Street, Snowhill, Londres.
Luz zodiacal, 25.
Zoofitos microscópicos, 387.
FIN.
Wilson and Ogilvy, 57, Skinner Street, Snowhill, Londres.
Page 410
LIBROS DE Bohn.
LA BIBLIOTECA ESTÁNDAR DE Bohn.
Formato 8vo, impreso con elegancia y encuadernado en tela, a 3 chelines y 6 peniques por volumen.
1. OBRAS VARIAS Y RESTOS DEL REV. ROBERT HALL, con memorias del Dr. Gregory y un ensayo de John Foster. Retrato.
2 y 3. LA VIDA Y PONTIFICADO DE LEÓN X DE ROSCOE. Editado por su hijo, con notas sobre derechos de autor, documentos, etc. En 2 volúmenes. Retratos.
4. LAS CONFERENCIAS DE SCHLEGEL SOBRE LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA. Traducidas del alemán, con una memoria de J. B. Robertson, Esq. Retrato.
5 y 6. LA HISTORIA DE LA LITERATURA DEL SUR DE EUROPA DE SISMONDI. Traducida por Roscoe. En 2 volúmenes. Retratos.
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13. MEMORIAS DE LA VIDA DEL CORONEL HUTCHINSON. Escritas por su viuda: con un “Relato del asedio de Lathom House”. Retrato.
14. MEMORIAS DE BENVENUTO CELLINI, escritas por él mismo. Por Roscoe. Retrato.
15, 18 y 22. LA HISTORIA DE LA CASA DE AUSTRIA DE COXE, desde la fundación de la monarquía, 1218–1792. Completa en 3 volúmenes. Retratos.
16, 19 y 23. LA HISTORIA DE LA PINTURA DE LANZI. Por Roscoe. En 3 volúmenes. Retratos.
17. LA HISTORIA DE LOS SARRACENOS DE OCKLEY. Revisada y completada. Retrato.
20. OBRAS DE SCHILLER. Volumen III. ["Don Carlos", "María Estuardo", "La doncella de Orleans" y "La novia de Mesina"]. Frontispicio.
21, 26 y 33. LA HISTORIA DE LOS GIRONDINOS DE LAMARTINE; o, Memorias de la Revolución Francesa, a partir de fuentes inéditas. En 3 volúmenes. Retratos.
24. LA HISTORIA DE FLORENCIA, EL PRÍNCIPE, etc., de MAQUIAVELLI. Retrato.
25. LAS CONFERENCIAS DE SCHLEGEL SOBRE LA FILOSOFÍA DE LA VIDA Y LA FILOSOFÍA DEL LINGUAJE. Traducidas por A. J. W. Morrison.
27, 32 y 36. LA HISTORIA DE LOS PAPAS DE RANKE. Traducida por E. Foster. En 3 volúmenes. Retratos. (La única traducción completa al inglés.)
28, 30 y 34. MEMORIAS DEL DUQUE DE MARLBOROUGH DE COXE. En 3 volúmenes. Retratos.
* * Atlas, con 26 mapas y planos grandes y detallados de las campañas de Marlborough, (todos aquellos publicados en la edición original a 12 libras y 12 chelines.) Formato 4to. 10 chelines y 6 peniques.
29. OBRAS DRAMÁTICAS Y VIDA DE SHERIDAN. Retrato.
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Formato 8vo, impreso con elegancia y encuadernado en tela, a 3 chelines y 6 peniques por volumen.
1. OBRAS VARIAS Y RESTOS DEL REV. ROBERT HALL, con memorias del Dr. Gregory y un ensayo de John Foster. Retrato.
2 y 3. LA VIDA Y PONTIFICADO DE LEÓN X DE ROSCOE. Editado por su hijo, con notas sobre derechos de autor, documentos, etc. En 2 volúmenes. Retratos.
4. LAS CONFERENCIAS DE SCHLEGEL SOBRE LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA. Traducidas del alemán, con una memoria de J. B. Robertson, Esq. Retrato.
5 y 6. LA HISTORIA DE LA LITERATURA DEL SUR DE EUROPA DE SISMONDI. Traducida por Roscoe. En 2 volúmenes. Retratos.
7. LA VIDA DE LORENZO DE MEDICI DE ROSCOE, con notas sobre derechos de autor, etc.
8. LAS CONFERENCIAS DE SCHLEGEL SOBRE LA LITERATURA DRAMÁTICA. Retrato.
9 y 11. LA HISTORIA DE LAS INVENCIONES, DESCUBRIMIENTOS Y ORÍGENES DE BECKMANN. Cuarta edición, revisada y ampliada. En 2 volúmenes. Retratos.
10. LA HISTORIA DE LA GUERRA DE TRES AÑOS Y LA REBELIÓN DE LOS PAÍSES BAJOS DE SCHILLER. Traducida por A. J. W. Morrison. Retrato.
12. OBRAS DE SCHILLER. Volumen II. [Conclusión de “La Rebelión de los Países Bajos”; “El campamento de Wallenstein”; “Los Piccolomini”; “La muerte de Wallenstein”; y “Wilhelm Tell”.] Con retrato de Wallenstein.
13. MEMORIAS DE LA VIDA DEL CORONEL HUTCHINSON. Escritas por su viuda: con un “Relato del asedio de Lathom House”. Retrato.
14. MEMORIAS DE BENVENUTO CELLINI, escritas por él mismo. Por Roscoe. Retrato.
15, 18 y 22. LA HISTORIA DE LA CASA DE AUSTRIA DE COXE, desde la fundación de la monarquía, 1218–1792. Completa en 3 volúmenes. Retratos.
16, 19 y 23. LA HISTORIA DE LA PINTURA DE LANZI. Por Roscoe. En 3 volúmenes. Retratos.
17. LA HISTORIA DE LOS SARRACENOS DE OCKLEY. Revisada y completada. Retrato.
20. OBRAS DE SCHILLER. Volumen III. ["Don Carlos", "María Estuardo", "La doncella de Orleans" y "La novia de Mesina"]. Frontispicio.
21, 26 y 33. LA HISTORIA DE LOS GIRONDINOS DE LAMARTINE; o, Memorias de la Revolución Francesa, a partir de fuentes inéditas. En 3 volúmenes. Retratos.
24. LA HISTORIA DE FLORENCIA, EL PRÍNCIPE, etc., de MAQUIAVELLI. Retrato.
25. LAS CONFERENCIAS DE SCHLEGEL SOBRE LA FILOSOFÍA DE LA VIDA Y LA FILOSOFÍA DEL LINGUAJE. Traducidas por A. J. W. Morrison.
27, 32 y 36. LA HISTORIA DE LOS PAPAS DE RANKE. Traducida por E. Foster. En 3 volúmenes. Retratos. (La única traducción completa al inglés.)
28, 30 y 34. MEMORIAS DEL DUQUE DE MARLBOROUGH DE COXE. En 3 volúmenes. Retratos.
* * Atlas, con 26 mapas y planos grandes y detallados de las campañas de Marlborough, (todos aquellos publicados en la edición original a 12 libras y 12 chelines.) Formato 4to. 10 chelines y 6 peniques.
29. OBRAS DRAMÁTICAS Y VIDA DE SHERIDAN. Retrato.
Page 411
31. OBRAS DE GOETHE. Vol. I. [Su autobiografía. 13 libros.] Retrato.
35. WHEATLEY SOBRE LA ORACIÓN COMÚN. Frontispicio.
37. OBRAS EN PROSA DE MILTON. Vol. I. Retrato.
38, 41 y 45. HISTORIA DE ALEMANIA DE MENZEL. Completa en 3 volúmenes. Retrato.
39. OBRAS EN PROSA DE MILTON. Vol. II. Frontispicio.
40. OBRAS EN PROSA DE MILTON. Vol. III. Retrato de Laud.
42. OBRAS ESTÉTICAS Y VARIAS DE SCHLEGEL.
43. OBRAS DE GOETHE. Vol. II. [El resto de su autobiografía y sus viajes.]
44. OBRAS DE SCHILLER. Vol. IV. ["Los bandidos", "Fiesco", "Amor e intriga" y "El vidente de fantasmas"]. Traducido por Henry G. Bohn.
46. CONFERENCIAS DE SCHLEGEL SOBRE HISTORIA MODERNA.
47. HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA DE 1848 DE LAMARTINE.
48 y 50. CARTAS DE JUNIUS, con notas, adiciones, ensayo, índice, etc. 2 volúmenes.
49, 55, 60, 65, 71. Vidas de los pintores, escultores y arquitectos más célebres de VASARI. Traducido por la señora Foster, con notas. Completo en 5 volúmenes, con índice.
51. VIDA Y MUERTE SACRADA DE TAYLOR (JEREMY). Retrato.
52. OBRAS DE GOETHE. Vol. III. ["Fausto", "Ifigenia", "Torcuato Tasso" y "Egmont"]. Traducido por la señorita Swanwick. Con "Goetz von Berlichingen", traducido por sir Walter Scott.
53, 56, 58, 61, 66, 67 y 75. HISTORIA DE LA IGLESIA DE NEANDER. Revisada cuidadosamente por el reverendo A. J. W. Morrison.
54. VIDA DE CRISTO DE NEANDER.
57, 64. DIFUSIÓN DEL CRISTIANISMO DE NEANDER y ANTIGNOSTIKUS, 2 volúmenes.
59. CARTAS SOBRE LA RELIGIÓN CRISTIANA DEL DR. GREGORY.
62 y 63. LUIS XIV DE JAMES (G. P. R.). Completo en 2 volúmenes. Retratos.
68 y 70. OBRAS LITERARIAS DE SIR JOSHUA REYNOLDS, con memorias, 2 volúmenes. Retratos.
69. OBRAS PRINCIPALES DE ANDREW FULLER. Retrato.
72. ANÁLOGÍA DE LA RELIGIÓN Y PREDICACIONES DE BUTLER, con notas, etc. Retrato.
73. OBRAS DE LA SEÑORITA BREMER. Traducido por Mary Howitt. Nueva edición, revisada. Vol. I. ["Los vecinos" y otros relatos]. Formato post 8vo. Retrato. 3 chelines y 6 peniques.
74. MEMORIAS DE LA VIDA CRISTIANA EN LA EDAD MEDIA TEMPRANA Y MEDIA DE NEANDER (incluyendo su "Luz en lugares oscuros"). Formato post 8vo. 3 chelines y 6 peniques.
Idéntico a la Biblioteca Estándar, precio 3 chelines y 6 peniques.
VOLUMENES ADICIONALES DE BONH.
1. MEMORIAS DE LA CORTESA DE CARLOS II DE GRAMMONT. Retrato.
2 y 3. OBRAS DE RABELAIS. Completo en 2 volúmenes. Retrato.
4. CUENTOS DE HADA DEL CONDE HAMILTON. Retrato.
Idéntico a la Biblioteca Estándar, precio 5 chelines (con excepción de "Cosmos", que cuesta solo 3 chelines y 6 peniques, y de "Petrificaciones" de Mantell, que cuesta 6 chelines).
BIBLIOTECA CIENTÍFICA DE BONH.
35. WHEATLEY SOBRE LA ORACIÓN COMÚN. Frontispicio.
37. OBRAS EN PROSA DE MILTON. Vol. I. Retrato.
38, 41 y 45. HISTORIA DE ALEMANIA DE MENZEL. Completa en 3 volúmenes. Retrato.
39. OBRAS EN PROSA DE MILTON. Vol. II. Frontispicio.
40. OBRAS EN PROSA DE MILTON. Vol. III. Retrato de Laud.
42. OBRAS ESTÉTICAS Y VARIAS DE SCHLEGEL.
43. OBRAS DE GOETHE. Vol. II. [El resto de su autobiografía y sus viajes.]
44. OBRAS DE SCHILLER. Vol. IV. ["Los bandidos", "Fiesco", "Amor e intriga" y "El vidente de fantasmas"]. Traducido por Henry G. Bohn.
46. CONFERENCIAS DE SCHLEGEL SOBRE HISTORIA MODERNA.
47. HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA DE 1848 DE LAMARTINE.
48 y 50. CARTAS DE JUNIUS, con notas, adiciones, ensayo, índice, etc. 2 volúmenes.
49, 55, 60, 65, 71. Vidas de los pintores, escultores y arquitectos más célebres de VASARI. Traducido por la señora Foster, con notas. Completo en 5 volúmenes, con índice.
51. VIDA Y MUERTE SACRADA DE TAYLOR (JEREMY). Retrato.
52. OBRAS DE GOETHE. Vol. III. ["Fausto", "Ifigenia", "Torcuato Tasso" y "Egmont"]. Traducido por la señorita Swanwick. Con "Goetz von Berlichingen", traducido por sir Walter Scott.
53, 56, 58, 61, 66, 67 y 75. HISTORIA DE LA IGLESIA DE NEANDER. Revisada cuidadosamente por el reverendo A. J. W. Morrison.
54. VIDA DE CRISTO DE NEANDER.
57, 64. DIFUSIÓN DEL CRISTIANISMO DE NEANDER y ANTIGNOSTIKUS, 2 volúmenes.
59. CARTAS SOBRE LA RELIGIÓN CRISTIANA DEL DR. GREGORY.
62 y 63. LUIS XIV DE JAMES (G. P. R.). Completo en 2 volúmenes. Retratos.
68 y 70. OBRAS LITERARIAS DE SIR JOSHUA REYNOLDS, con memorias, 2 volúmenes. Retratos.
69. OBRAS PRINCIPALES DE ANDREW FULLER. Retrato.
72. ANÁLOGÍA DE LA RELIGIÓN Y PREDICACIONES DE BUTLER, con notas, etc. Retrato.
73. OBRAS DE LA SEÑORITA BREMER. Traducido por Mary Howitt. Nueva edición, revisada. Vol. I. ["Los vecinos" y otros relatos]. Formato post 8vo. Retrato. 3 chelines y 6 peniques.
74. MEMORIAS DE LA VIDA CRISTIANA EN LA EDAD MEDIA TEMPRANA Y MEDIA DE NEANDER (incluyendo su "Luz en lugares oscuros"). Formato post 8vo. 3 chelines y 6 peniques.
Idéntico a la Biblioteca Estándar, precio 3 chelines y 6 peniques.
VOLUMENES ADICIONALES DE BONH.
1. MEMORIAS DE LA CORTESA DE CARLOS II DE GRAMMONT. Retrato.
2 y 3. OBRAS DE RABELAIS. Completo en 2 volúmenes. Retrato.
4. CUENTOS DE HADA DEL CONDE HAMILTON. Retrato.
Idéntico a la Biblioteca Estándar, precio 5 chelines (con excepción de "Cosmos", que cuesta solo 3 chelines y 6 peniques, y de "Petrificaciones" de Mantell, que cuesta 6 chelines).
BIBLIOTECA CIENTÍFICA DE BONH.
Page 412
1. EL LIBRO DE GUÍA DEL JUGADOR DE AJEDREZ DE STAUNTON, con diagramas.
2. CONFERENCIAS SOBRE PINTURA, de los ACADÉMICOS REALES.
3, 4, 8 y 15. EL COSMOS DE HUMBOLDT; o, Esbozo de una descripción física del universo. Traducido, con notas, por E. C. Otte. En 4 volúmenes, con un hermoso retrato. Esta traducción (aunque publicada a un precio tan bajo) es más completa que cualquier otra. Las notas se colocan debajo del texto. Se incluyen los resúmenes analíticos de Humboldt y los pasajes hasta entonces suprimidos; además, hay índices exhaustivos. 3 chelines y 6 peniques por volumen.
5. EL COMPANERO DEL JUGADOR DE AJEDREZ DE STAUNTON, que comprende un nuevo tratado sobre cuotas, una colección de partidas, problemas originales, etc.
6. LIBRO DE GUÍA DE JUEGOS, de varios aficionados y profesores.
7. LAS VISTAS DE LA NATURALEZA DE HUMBOLDT, con vista en color del Chimborazo, etc.
9. GEOLOGÍA Y PALEONTOLOGÍA DE RICHARDSON, revisada por el Dr. Wright, con más de 400 ilustraciones en madera.
10. LOS PRINCIPIOS DE QUÍMICA DE STOCKHARDT. Ilustrados con experimentos sencillos, con más de 270 ilustraciones.
11. PETRIFICACIONES Y SUS ENSEÑANZAS DEL DR. G. A. MANTELL; un libro de guía para los fósiles del Museo Británico. Hermosas grabaciones en madera. 6 chelines.
12. FISIOLOGÍA COMPARADA DE AGASSIZ Y GOULD. Edición nueva y ampliada, con casi 400 ilustraciones de calidad.
13 y 19. LA NARRATIVA PERSONAL DE HUMBOLDT SOBRE SUS VIAJES POR AMÉRICA. Volumen I y II. (Se completará en 3 volúmenes.)
14. GEOLOGÍA Y LA ESCRITURA SAGRADA DE PYE SMITH. Quinta edición, con memorias.
16. EL ALMA EN LA NATURALEZA DE OERSTED, etc. Retrato.
17. TORNEOS DE AJEDREZ DE STAUNTON, con diagramas.
18 y 19. TRATADOS DE BRIDGEWATER. Kirby sobre la historia, hábitos e instintos de los animales; editado por T. Rymer Jones. En 2 volúmenes. Muchas ilustraciones.
Uniforme con la biblioteca estándar: Selecciones de Barbauld (señora) de The Spectator, Tatler, Guardian y Freeholder. En 2 volúmenes. 3 chelines y 6 peniques por volumen.
Poetas británicos, desde Milton hasta Kirke White. Edición de formato reducido, pero con tipografía muy clara; contiene tanta información como los sesenta volúmenes de los Poetas de Johnson. Completo en 4 volúmenes, con frontispicios. 14 chelines.
Traducción de Dante por Cary. Encuadernación especial. 7 chelines y 6 peniques.
Noches en Haddon Hall, de Cattermole. 24 grabados en acero, basados en diseños suyos propios; impresión realizada por la baronesa de Calabrella. Formato octavo. 7 chelines y 6 peniques.
Cuentos clásicos: El vicario de Wakefield, Isabel, Pablo y Virginia, Los viajes de Gulliver, El viaje sentimental de Sterne, Las penas de Werter, Teodósio y Constancia, El castillo de Otranto y Rasselas. Formato 12mo. 7 retratos. 3 chelines y 6 peniques.
Demóstenes. Traducido por Leland. Con retrato. 3 chelines.
La religión de los protestantes, de Chillingworth. 3 chelines y 6 peniques.
Odas y épopas de Horacio, traducidas literal y rítmicamente por el reverendo W. Sewell. 3 chelines y 6 peniques.
Obras de Irving (Washington). Completo en 10 volúmenes. Precio: 1 libra y 15 chelines, o 3 chelines y 6 peniques por volumen.
Diálogos científicos de Joyce. Edición mejorada, con preguntas, etc., realizada por Pinnock. (Más de 600 páginas). Grabados en madera. 5 chelines.
2. CONFERENCIAS SOBRE PINTURA, de los ACADÉMICOS REALES.
3, 4, 8 y 15. EL COSMOS DE HUMBOLDT; o, Esbozo de una descripción física del universo. Traducido, con notas, por E. C. Otte. En 4 volúmenes, con un hermoso retrato. Esta traducción (aunque publicada a un precio tan bajo) es más completa que cualquier otra. Las notas se colocan debajo del texto. Se incluyen los resúmenes analíticos de Humboldt y los pasajes hasta entonces suprimidos; además, hay índices exhaustivos. 3 chelines y 6 peniques por volumen.
5. EL COMPANERO DEL JUGADOR DE AJEDREZ DE STAUNTON, que comprende un nuevo tratado sobre cuotas, una colección de partidas, problemas originales, etc.
6. LIBRO DE GUÍA DE JUEGOS, de varios aficionados y profesores.
7. LAS VISTAS DE LA NATURALEZA DE HUMBOLDT, con vista en color del Chimborazo, etc.
9. GEOLOGÍA Y PALEONTOLOGÍA DE RICHARDSON, revisada por el Dr. Wright, con más de 400 ilustraciones en madera.
10. LOS PRINCIPIOS DE QUÍMICA DE STOCKHARDT. Ilustrados con experimentos sencillos, con más de 270 ilustraciones.
11. PETRIFICACIONES Y SUS ENSEÑANZAS DEL DR. G. A. MANTELL; un libro de guía para los fósiles del Museo Británico. Hermosas grabaciones en madera. 6 chelines.
12. FISIOLOGÍA COMPARADA DE AGASSIZ Y GOULD. Edición nueva y ampliada, con casi 400 ilustraciones de calidad.
13 y 19. LA NARRATIVA PERSONAL DE HUMBOLDT SOBRE SUS VIAJES POR AMÉRICA. Volumen I y II. (Se completará en 3 volúmenes.)
14. GEOLOGÍA Y LA ESCRITURA SAGRADA DE PYE SMITH. Quinta edición, con memorias.
16. EL ALMA EN LA NATURALEZA DE OERSTED, etc. Retrato.
17. TORNEOS DE AJEDREZ DE STAUNTON, con diagramas.
18 y 19. TRATADOS DE BRIDGEWATER. Kirby sobre la historia, hábitos e instintos de los animales; editado por T. Rymer Jones. En 2 volúmenes. Muchas ilustraciones.
Uniforme con la biblioteca estándar: Selecciones de Barbauld (señora) de The Spectator, Tatler, Guardian y Freeholder. En 2 volúmenes. 3 chelines y 6 peniques por volumen.
Poetas británicos, desde Milton hasta Kirke White. Edición de formato reducido, pero con tipografía muy clara; contiene tanta información como los sesenta volúmenes de los Poetas de Johnson. Completo en 4 volúmenes, con frontispicios. 14 chelines.
Traducción de Dante por Cary. Encuadernación especial. 7 chelines y 6 peniques.
Noches en Haddon Hall, de Cattermole. 24 grabados en acero, basados en diseños suyos propios; impresión realizada por la baronesa de Calabrella. Formato octavo. 7 chelines y 6 peniques.
Cuentos clásicos: El vicario de Wakefield, Isabel, Pablo y Virginia, Los viajes de Gulliver, El viaje sentimental de Sterne, Las penas de Werter, Teodósio y Constancia, El castillo de Otranto y Rasselas. Formato 12mo. 7 retratos. 3 chelines y 6 peniques.
Demóstenes. Traducido por Leland. Con retrato. 3 chelines.
La religión de los protestantes, de Chillingworth. 3 chelines y 6 peniques.
Odas y épopas de Horacio, traducidas literal y rítmicamente por el reverendo W. Sewell. 3 chelines y 6 peniques.
Obras de Irving (Washington). Completo en 10 volúmenes. Precio: 1 libra y 15 chelines, o 3 chelines y 6 peniques por volumen.
Diálogos científicos de Joyce. Edición mejorada, con preguntas, etc., realizada por Pinnock. (Más de 600 páginas). Grabados en madera. 5 chelines.
Page 413
INTRODUCCIÓN DE JOYCE A LAS ARTES Y CIENCIAS. 5 chelines.
TRES MESES DE LAMARTINE EN EL PODER. Encuadernado, 2 chelines.
MEDITACIONES POÉTICAS Y ARMONÍAS RELIGIOSAS DE LAMARTINE, con esbozo biográfico y retrato. Encuadernación en tela, 3 chelines y 6 peniques.
CONFERENCIAS DE LAWRENCE SOBRE ANATOMÍA COMPARADA, FISIOLOGÍA, ZOLOGÍA Y HISTORIA NATURAL DEL HOMBRE. Ilustraciones frontales y planchas. 5 chelines.
INTRODUCCIÓN A LA ASTROLOGÍA DE LILLY. Edición nueva y mejorada, de Zadkiel, con su gramática de la astrología y tablas de natalidades. 5 chelines.
EL NATURALISTA DIVERTIDO DE LAUDON (SEÑORA), descripción popular, cuentos y anécdotas sobre más de quinientas especies animales, con índices de nombres científicos y populares. Incluye más de 500 hermosas xilografías de Bewick, Harvey, Whimper, etc. Revisada y ampliada. 7 chelines y 6 peniques.
CONFERENCIAS DE LOWTH SOBRE LA POESÍA SAGRADA DE LOS HEbreos. 3 chelines y 6 peniques.
VICTORIAS DE LOS EJÉRCITOS BRITÁNICOS DE MAXWELL. Edición nueva, con retratos en acero altamente elaborados y encuadernación en tela dorada. 7 chelines y 6 peniques.
HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA DE MICHELET. 4 chelines.
FILOSOFÍA DE LA HISTORIA DE MILLER. Tercera edición revisada y mejorada, 4 volúmenes, a 3 chelines y 6 peniques por volumen.
HISTORIA DE LA IGLESIA DE CRISTO DE MILNER. 4 volúmenes. 14 chelines.
NUESTRO PUEBLO DE MITFORD (SEÑORITA). 2 volúmenes, edición nueva, con xilografías y hermosos frontispicios en acero; encuadernación en tela dorada. Cada volumen, 5 chelines.
QUÍMICA ELEMENTAL DE PARKES. Edición nueva, revisada. 5 chelines.
ROBINSON CRUSOE, incluyendo sus aventuras posteriores y la vida de Defoe, etc. Más de 60 hermosas xilografías basadas en diseños de Harvey y Whimper. 4 chelines y 6 peniques.
LETRAS Y ENSEÑANZAS FILOSÓFICAS Y ESTÉTICAS DE SCHILLER. 3 chelines y 6 peniques.
OBRES TEATRALES Y POEMAS DE SHAKESPEARE, con su biografía, de Chalmers. En 1 volumen. 3 chelines y 6 peniques.
CICLOPÉDIA DE LA BIBLIOTECA ESTÁNDAR DE CONOCIMIENTOS POLÍTICOS, CONSTITUCIONALES, ESTADÍSTICOS Y FORENSES. 4 volúmenes, 3 chelines y 6 peniques cada uno.
Esta obra equivale a hasta ocho octavos ordinarios. Fue publicada por primera vez en otra forma por el señor Charles Knight, bajo el título de Diccionario Político, a 1 libra y 16 chelines. El compilador, el señor George Long, es uno de los eruditos más competentes de su tiempo.
También, al igual que la Biblioteca Estándar, precio de 5 chelines:
BIBLIOTECA ECLESIASTÍCANA DE BOHN.
1. HISTORIA ECLESIASTÍCANA DE EUSEBIO, traducida del griego, con notas.
SERIE DE UN CHILEN DE BOHN.
Los títulos marcados con * son volúmenes dobles y cuestan 1 chelín y 6 peniques.
1. HOMBRES REPRESENTATIVOS DE EMERSON.
2. LA VIDA DE MAHOMET DE IRVING*.
3. LA AUTOBIOGRAFÍA VERDADERA DE BENJAMIN FRANKLIN.
4. LAS PERSONAS QUE HE CONOCIDO DE WILLIS*.
5. LOS SUCESORES DE MAHOMET DE IRVING*.
TRES MESES DE LAMARTINE EN EL PODER. Encuadernado, 2 chelines.
MEDITACIONES POÉTICAS Y ARMONÍAS RELIGIOSAS DE LAMARTINE, con esbozo biográfico y retrato. Encuadernación en tela, 3 chelines y 6 peniques.
CONFERENCIAS DE LAWRENCE SOBRE ANATOMÍA COMPARADA, FISIOLOGÍA, ZOLOGÍA Y HISTORIA NATURAL DEL HOMBRE. Ilustraciones frontales y planchas. 5 chelines.
INTRODUCCIÓN A LA ASTROLOGÍA DE LILLY. Edición nueva y mejorada, de Zadkiel, con su gramática de la astrología y tablas de natalidades. 5 chelines.
EL NATURALISTA DIVERTIDO DE LAUDON (SEÑORA), descripción popular, cuentos y anécdotas sobre más de quinientas especies animales, con índices de nombres científicos y populares. Incluye más de 500 hermosas xilografías de Bewick, Harvey, Whimper, etc. Revisada y ampliada. 7 chelines y 6 peniques.
CONFERENCIAS DE LOWTH SOBRE LA POESÍA SAGRADA DE LOS HEbreos. 3 chelines y 6 peniques.
VICTORIAS DE LOS EJÉRCITOS BRITÁNICOS DE MAXWELL. Edición nueva, con retratos en acero altamente elaborados y encuadernación en tela dorada. 7 chelines y 6 peniques.
HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA DE MICHELET. 4 chelines.
FILOSOFÍA DE LA HISTORIA DE MILLER. Tercera edición revisada y mejorada, 4 volúmenes, a 3 chelines y 6 peniques por volumen.
HISTORIA DE LA IGLESIA DE CRISTO DE MILNER. 4 volúmenes. 14 chelines.
NUESTRO PUEBLO DE MITFORD (SEÑORITA). 2 volúmenes, edición nueva, con xilografías y hermosos frontispicios en acero; encuadernación en tela dorada. Cada volumen, 5 chelines.
QUÍMICA ELEMENTAL DE PARKES. Edición nueva, revisada. 5 chelines.
ROBINSON CRUSOE, incluyendo sus aventuras posteriores y la vida de Defoe, etc. Más de 60 hermosas xilografías basadas en diseños de Harvey y Whimper. 4 chelines y 6 peniques.
LETRAS Y ENSEÑANZAS FILOSÓFICAS Y ESTÉTICAS DE SCHILLER. 3 chelines y 6 peniques.
OBRES TEATRALES Y POEMAS DE SHAKESPEARE, con su biografía, de Chalmers. En 1 volumen. 3 chelines y 6 peniques.
CICLOPÉDIA DE LA BIBLIOTECA ESTÁNDAR DE CONOCIMIENTOS POLÍTICOS, CONSTITUCIONALES, ESTADÍSTICOS Y FORENSES. 4 volúmenes, 3 chelines y 6 peniques cada uno.
Esta obra equivale a hasta ocho octavos ordinarios. Fue publicada por primera vez en otra forma por el señor Charles Knight, bajo el título de Diccionario Político, a 1 libra y 16 chelines. El compilador, el señor George Long, es uno de los eruditos más competentes de su tiempo.
También, al igual que la Biblioteca Estándar, precio de 5 chelines:
BIBLIOTECA ECLESIASTÍCANA DE BOHN.
1. HISTORIA ECLESIASTÍCANA DE EUSEBIO, traducida del griego, con notas.
SERIE DE UN CHILEN DE BOHN.
Los títulos marcados con * son volúmenes dobles y cuestan 1 chelín y 6 peniques.
1. HOMBRES REPRESENTATIVOS DE EMERSON.
2. LA VIDA DE MAHOMET DE IRVING*.
3. LA AUTOBIOGRAFÍA VERDADERA DE BENJAMIN FRANKLIN.
4. LAS PERSONAS QUE HE CONOCIDO DE WILLIS*.
5. LOS SUCESORES DE MAHOMET DE IRVING*.
Page 414
6.—— VIDA DE GOLDSMITH.*
7.—— CUADERNO DE BOCETOS.*
8.—— RELATOS DE UN VIAJERO.*
9.—— VIAJE POR LAS PRADERAS.
10 y 11.—— CONQUISTAS DE GRANADA Y ESPAÑA. 2 volúmenes.*
12 y 13.—— VIDA DE COLÓN. 2 volúmenes.*
14.—— COMPANEROS DE COLÓN.*
15 y 16. EL DORADO DE TAYLOR; o, Imágenes de la Región del Oro. 2 volúmenes.*
17. AVENTURAS DEL CAPITÁN BONNEVILLE DE IRVING.*
18.—— KNICKERBOCKER.*
19.—— RELATOS DE LA ALHAMBRA.*
20.—— CONQUISTA DE FLORIDA.*
21.—— ABBOTSFORD Y NEWSTEAD.
22.—— SALMAGUNDI.*
23.—— BRACEBRIDGE HALL.*
24.—— ASTORIA (con hermoso retrato del autor). 2 volúmenes en 1. 2 chelines.
25. GENOVEVA DE LAMARTINE; o, La historia de una criada. Traducido por A. R. Scoble.*
26. EL BERBERO DE MAYO; o, El montañés del Atlas. Una historia de Marruecos.
27. VIDA AQUÍ Y ALLÁ DE WILLIS; o, Esbozos de sociedad y aventura.*
28. VIDA DE MONK DE GUIZOT, con apéndice y retrato.*
29. EL CABO Y LOS KAFFIRS: Un diario de cinco años de residencia, con consejos para emigrantes. De H. WARD. Placa y mapa del lugar de la guerra. 2 chelines.
30. DIBUJOS RÁPIDOS DE WILLIS; o, Esbozos de paisajes, personalidades y sociedad, tomados de la vida real.*
31. LA CASA DE LOS SIETE AGUJAS DE HAWTHORNE. Una novela.
32. LONDRES Y SUS ALREDEDORES; con esbozos históricos y descriptivos de la Gran Exposición. De CYRUS REDDING. Numerosas ilustraciones. 2 chelines.
33. EL CANTERO DE SAN POINT DE LAMARTINE.*
34. CONTEMPORÁNEOS DEL MONJE DE GUIZOT. Una serie de estudios biográficos sobre la Revolución Inglesa. Retrato de Edward Lord Clarendon.
35. RELATOS RECUERDADOS DOS VECES DE HAWTHORNE.
36.—————— Segunda serie.
37.—— IMAGEN DE NIEVE, y otros relatos.
38.—— LA CARTA ROJA.
39. DISCURSOS Y CONFERENCIAS DE EMERSON.
También, al precio de la Biblioteca Estándar, 5 chelines (excepto Tucídides, Esquilo, Virgilio, Horacio y Las obras de Cicerón, que cuestan 3 chelines y 6 peniques cada una).
BIBLIOTECA CLÁSICA DE BOHN.
Una serie de traducciones al estilo literal de los clásicos griegos y latinos, con notas.
1. HERÓDOTO. Por el reverendo Henry Cary, M.A. Índice y frontispicio.
2 y 3. TUCÍDIDES. Por el reverendo H. Dale. En 2 volúmenes (3 chelines y 6 peniques cada uno).
4. PLATÓN. Volumen I. Por Cary. [La Apología de Sócrates, Crito, Fedón, Gorgias, Protágoras, Fedro, Teeteto, Eutifrón, Lisias.]
7.—— CUADERNO DE BOCETOS.*
8.—— RELATOS DE UN VIAJERO.*
9.—— VIAJE POR LAS PRADERAS.
10 y 11.—— CONQUISTAS DE GRANADA Y ESPAÑA. 2 volúmenes.*
12 y 13.—— VIDA DE COLÓN. 2 volúmenes.*
14.—— COMPANEROS DE COLÓN.*
15 y 16. EL DORADO DE TAYLOR; o, Imágenes de la Región del Oro. 2 volúmenes.*
17. AVENTURAS DEL CAPITÁN BONNEVILLE DE IRVING.*
18.—— KNICKERBOCKER.*
19.—— RELATOS DE LA ALHAMBRA.*
20.—— CONQUISTA DE FLORIDA.*
21.—— ABBOTSFORD Y NEWSTEAD.
22.—— SALMAGUNDI.*
23.—— BRACEBRIDGE HALL.*
24.—— ASTORIA (con hermoso retrato del autor). 2 volúmenes en 1. 2 chelines.
25. GENOVEVA DE LAMARTINE; o, La historia de una criada. Traducido por A. R. Scoble.*
26. EL BERBERO DE MAYO; o, El montañés del Atlas. Una historia de Marruecos.
27. VIDA AQUÍ Y ALLÁ DE WILLIS; o, Esbozos de sociedad y aventura.*
28. VIDA DE MONK DE GUIZOT, con apéndice y retrato.*
29. EL CABO Y LOS KAFFIRS: Un diario de cinco años de residencia, con consejos para emigrantes. De H. WARD. Placa y mapa del lugar de la guerra. 2 chelines.
30. DIBUJOS RÁPIDOS DE WILLIS; o, Esbozos de paisajes, personalidades y sociedad, tomados de la vida real.*
31. LA CASA DE LOS SIETE AGUJAS DE HAWTHORNE. Una novela.
32. LONDRES Y SUS ALREDEDORES; con esbozos históricos y descriptivos de la Gran Exposición. De CYRUS REDDING. Numerosas ilustraciones. 2 chelines.
33. EL CANTERO DE SAN POINT DE LAMARTINE.*
34. CONTEMPORÁNEOS DEL MONJE DE GUIZOT. Una serie de estudios biográficos sobre la Revolución Inglesa. Retrato de Edward Lord Clarendon.
35. RELATOS RECUERDADOS DOS VECES DE HAWTHORNE.
36.—————— Segunda serie.
37.—— IMAGEN DE NIEVE, y otros relatos.
38.—— LA CARTA ROJA.
39. DISCURSOS Y CONFERENCIAS DE EMERSON.
También, al precio de la Biblioteca Estándar, 5 chelines (excepto Tucídides, Esquilo, Virgilio, Horacio y Las obras de Cicerón, que cuestan 3 chelines y 6 peniques cada una).
BIBLIOTECA CLÁSICA DE BOHN.
Una serie de traducciones al estilo literal de los clásicos griegos y latinos, con notas.
1. HERÓDOTO. Por el reverendo Henry Cary, M.A. Índice y frontispicio.
2 y 3. TUCÍDIDES. Por el reverendo H. Dale. En 2 volúmenes (3 chelines y 6 peniques cada uno).
4. PLATÓN. Volumen I. Por Cary. [La Apología de Sócrates, Crito, Fedón, Gorgias, Protágoras, Fedro, Teeteto, Eutifrón, Lisias.]
Page 415
5. LA HISTORIA DE ROMA DE TITO LIVIO. Volumen I, libros 1 a 8.
6. PLATÓN. Volumen II. De Davis. [La República, Timeo y Crítias.]
7. LA HISTORIA DE ROMA DE TITO LIVIO. Volumen II, libros 9 a 26.
8. SÓFOCLES. Traducción de Oxford, revisada.
9. ESQUILO. De un autor de Oxford. (Precio: 3 chelines y 6 peniques.)
10. LA RETÓRICA Y LA POÉTICA DE ARISTÓTELES. Con preguntas de examen.
11. LA HISTORIA DE ROMA DE TITO LIVIO. Volumen III, libros 27 a 36.
12 y 14. EURÍPIDES. Según el texto de Dindorf. En 2 volúmenes.
13. VIRGILIO. De Davidson. Nueva edición, revisada. (Precio: 3 chelines y 6 peniques.)
15. HORACIO. De Smart. Nueva edición, revisada. (Precio: 3 chelines y 6 peniques.)
16. LA ÉTICA DE ARISTÓTELES. Del profesor R. W. Browne, del King’s College.
17. LOS TRATADOS DE CICERÓN. [Vejez, Amistad, El sueño de Escipión, Paradojas, etc.]
18. PLATÓN. Volumen III. De G. Burges, M.A. [Eutidemo, Simposio, Sofistas, Político, Láques, Parménides, Crátilo y Menón.]
19. LA HISTORIA DE ROMA DE TITO LIVIO. Volumen IV (que completa la obra).
20. CESAR E HIRTIUS. Con índice.
21. LA ILÍADA DE HOMERO. Frontispicio.
22. LA ODISEA DE HOMERO, Himnos, Epigramas y La batalla de las ranas y los ratones.
23. PLATÓN. Volumen IV. De G. Burges, M.A. [Filebo, Carmides, Láques, Los dos Alcibíades y diez otros diálogos.]
24, 25 y 32. OVIDIO. De H. T. Riley, B.A. Completo en 3 volúmenes. Con frontispicios.
26. LUCRÉCIO. Del reverendo J. S. Watson. Con la versión métrica de J. M. Good.
27, 30, 31 y 34. LOS DISCURSOS DE CICERÓN. De C. D. Yonge. Completo en 4 volúmenes (el volumen 4 también contiene los escritos retóricos).
28. PÍNDARO. De Dawson W. Turner. Con la versión métrica de Moore. Con frontispicio.
29. PLATÓN. Volumen V. De G. Burges, M.A. [Las Leyes.]
33. LAS COMEDIAS DE PLAUTO. De H. T. Riley, B.A. En 2 volúmenes. Volumen I.
35. JUVENAL, PERSIO, etc. Del reverendo L. Evans, M.A. Con la versión métrica de Gifford. Con frontispicio.
También, al mismo precio que la Biblioteca Estándar, 5 chelines por volumen:
LA BIBLIOTECA ILUSTRADA DE BOHN.
1 a 8. RETRATOS DE PERSONAJES ILUSTRES DE GRAN BRETAÑA, de Lodge. 8 volúmenes, formato 8vo. 240 retratos.
9. TRES PLATOS PRINCIPALES Y POSTRE, de Cruikshank, con 50 ilustraciones.
10. LAS RAÇAS HUMANAS, de Pickering, con numerosos retratos (o en color, 7 chelines y 6 peniques).
11. TIERRAS BÍBLICAS Y ATLÁS BÍBLICO, de Kitto, con 24 mapas (o en color, 7 chelines y 6 peniques).
12. LA HISTORIA NATURAL DE SELBORNE, de White, con notas de Sir Wm. Jardine y otros; editada y ampliada por Ed. Jesse, Esq.; con 40 grabados en madera de gran calidad (en color, 7 chelines y 6 peniques).
13. ICONOGRAFÍA CRISTIANA, de Didron, con 150 hermosos grabados. En 2 volúmenes. Volumen I.
14. SOBRE LOS VINOS, de Redding. Edición nueva y revisada, con 20 hermosos grabados en madera.
15 y 16. BATALLAS DE LA MARINA BRITÁNICA, de Allen. Nueva edición; ampliada por el autor. Numerosos retratos en acero de gran calidad. 2 volúmenes.
6. PLATÓN. Volumen II. De Davis. [La República, Timeo y Crítias.]
7. LA HISTORIA DE ROMA DE TITO LIVIO. Volumen II, libros 9 a 26.
8. SÓFOCLES. Traducción de Oxford, revisada.
9. ESQUILO. De un autor de Oxford. (Precio: 3 chelines y 6 peniques.)
10. LA RETÓRICA Y LA POÉTICA DE ARISTÓTELES. Con preguntas de examen.
11. LA HISTORIA DE ROMA DE TITO LIVIO. Volumen III, libros 27 a 36.
12 y 14. EURÍPIDES. Según el texto de Dindorf. En 2 volúmenes.
13. VIRGILIO. De Davidson. Nueva edición, revisada. (Precio: 3 chelines y 6 peniques.)
15. HORACIO. De Smart. Nueva edición, revisada. (Precio: 3 chelines y 6 peniques.)
16. LA ÉTICA DE ARISTÓTELES. Del profesor R. W. Browne, del King’s College.
17. LOS TRATADOS DE CICERÓN. [Vejez, Amistad, El sueño de Escipión, Paradojas, etc.]
18. PLATÓN. Volumen III. De G. Burges, M.A. [Eutidemo, Simposio, Sofistas, Político, Láques, Parménides, Crátilo y Menón.]
19. LA HISTORIA DE ROMA DE TITO LIVIO. Volumen IV (que completa la obra).
20. CESAR E HIRTIUS. Con índice.
21. LA ILÍADA DE HOMERO. Frontispicio.
22. LA ODISEA DE HOMERO, Himnos, Epigramas y La batalla de las ranas y los ratones.
23. PLATÓN. Volumen IV. De G. Burges, M.A. [Filebo, Carmides, Láques, Los dos Alcibíades y diez otros diálogos.]
24, 25 y 32. OVIDIO. De H. T. Riley, B.A. Completo en 3 volúmenes. Con frontispicios.
26. LUCRÉCIO. Del reverendo J. S. Watson. Con la versión métrica de J. M. Good.
27, 30, 31 y 34. LOS DISCURSOS DE CICERÓN. De C. D. Yonge. Completo en 4 volúmenes (el volumen 4 también contiene los escritos retóricos).
28. PÍNDARO. De Dawson W. Turner. Con la versión métrica de Moore. Con frontispicio.
29. PLATÓN. Volumen V. De G. Burges, M.A. [Las Leyes.]
33. LAS COMEDIAS DE PLAUTO. De H. T. Riley, B.A. En 2 volúmenes. Volumen I.
35. JUVENAL, PERSIO, etc. Del reverendo L. Evans, M.A. Con la versión métrica de Gifford. Con frontispicio.
También, al mismo precio que la Biblioteca Estándar, 5 chelines por volumen:
LA BIBLIOTECA ILUSTRADA DE BOHN.
1 a 8. RETRATOS DE PERSONAJES ILUSTRES DE GRAN BRETAÑA, de Lodge. 8 volúmenes, formato 8vo. 240 retratos.
9. TRES PLATOS PRINCIPALES Y POSTRE, de Cruikshank, con 50 ilustraciones.
10. LAS RAÇAS HUMANAS, de Pickering, con numerosos retratos (o en color, 7 chelines y 6 peniques).
11. TIERRAS BÍBLICAS Y ATLÁS BÍBLICO, de Kitto, con 24 mapas (o en color, 7 chelines y 6 peniques).
12. LA HISTORIA NATURAL DE SELBORNE, de White, con notas de Sir Wm. Jardine y otros; editada y ampliada por Ed. Jesse, Esq.; con 40 grabados en madera de gran calidad (en color, 7 chelines y 6 peniques).
13. ICONOGRAFÍA CRISTIANA, de Didron, con 150 hermosos grabados. En 2 volúmenes. Volumen I.
14. SOBRE LOS VINOS, de Redding. Edición nueva y revisada, con 20 hermosos grabados en madera.
15 y 16. BATALLAS DE LA MARINA BRITÁNICA, de Allen. Nueva edición; ampliada por el autor. Numerosos retratos en acero de gran calidad. 2 volúmenes.
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17 y 18. ROMA EN EL SIGLO XIX. Quinta edición, en 2 volúmenes, con 34
hermosas grabaciones en acero y índice.
También al precio de la Biblioteca Estándar, 5 chelines.
BIBLIOTECA ANTIGUARIA DE BOHN.
1. LA HISTORIA ECLESIASTÍCA DE BEDE Y LA CRÓNICA ANGLOSAXONA.
2. LAS ANTIGÜEDADES DEL NORTE DE MALLET. Por el obispo Percy. Con resumen
de la Saga de Eyrbiggia, de Sir Walter Scott. Editado por J. A. Blackwell.
3. LA CRÓNICA DE LOS REYES DE INGLATERRA DE WILLIAM DE MALMESBURY.
4. SEIS CRÓNICAS ANTIGUAS EN INGLÉS: a saber, la Vida de Alfredo de Asser;
las crónicas de Ethelwerd, Gildas, Nennius, Geoffry de Monmouth y Richard de Cirencester.
5. LOS ROMANCES METRÍCOS ANTEGUOSOS EN INGLÉS DE ELLIS. Revisado por J. Orchard
Halliwell. Completo en un volumen, con frontispicio ilustrado.
6. CRÓNICAS DE LOS CROSIADOS: Richard de Devizes, Geoffrey de Vinsauf,
Lord de Joinville. Completo en 1 volumen, con frontispicio.
7. VIAJES PRIMEROS POR PALESTINA. Willibald, Sæwulf, Benjamín de Tudela,
Mandeville, La Brocquiere y Maundrell. En un volumen. Con mapa.
8, 10 y 12. LAS ANTIGÜEDADES POPULARES DE GRAN BRETAÑA DE BRAND. Por Sir
Henry Ellis. En 3 volúmenes.
9 y 11. LAS FLORES DE LA HISTORIA DE ROGER DE WENDOVER (anteriormente atribuidas
a Matthew Paris). En 2 volúmenes.
13. LA MITOLOGÍA DE LOS HADALES DE KEIGHTLEY. Ampliada. Frontispicio de Cruikshank.
14, 15 y 16. OBRAS DE SIR THOMAS BROWNE. Editadas por Simon Wilkin. Retrato.
En 3 volúmenes. Con índice.
BIBLIOTECA DE MINIATURAS DE BOHN.
Formato folio 12mo., elegantemente encuadernado en tela de morocco.
NOCHES EN CASA DE BARBAULD Y AIKIN. Frontispicios. 3 chelines.
MEMORIAS DE NAPOLEÓN DE BOURRIENNE, hermoso retrato y frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
EL PROGRESO DEL PELIGRINO DE BUNYAN. Con vida y notas de Scott, que incluyen todo
lo de la edición de Southey. 25 hermosas xilografías de Harvey, frontispicio, etc. 3 chelines y 6 peniques.
—— CONFERENCIAS SOBRE… DE CHEEVER, frontispicio. 2 chelines y 6 peniques.
OBRAS POÉTICAS DE BYRON, en 1 volumen grueso, que incluye varios poemas
suprimidos no incluidos en otras ediciones. Hermoso frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
—— DON JUAN, completo. Frontispicios. 2 chelines y 6 peniques.
OBRAS POÉTICAS SELECCIONADAS DE COLERIDGE. 2 chelines.
OBRAS POÉTICAS DE COWPER, con vida de Southey, que incluye todos los poemas
protegidos por derechos de autor (700 páginas). Hermosos frontispicios de Harvey, por Goodall. 3 chelines y 6 peniques.
ENCICLOPEDIA DE MODALIDADES Y ETIQUETA, que comprende una edición mejorada
de los Consejos de Chesterfield a su hijo sobre hombres y modales. 2 chelines.
OBRAS POÉTICAS DE HEBER (BP.) Y LA SRA. HEMANS. 3 volúmenes en 1. Frontispicio. 3 chelines.
OBRAS POÉTICAS COMPLETAS DE HERRICK. Frontispicio. 3 chelines.
LIBRO DE BROMAS DE JOE MILLER. Frontispicio. 3 chelines.
hermosas grabaciones en acero y índice.
También al precio de la Biblioteca Estándar, 5 chelines.
BIBLIOTECA ANTIGUARIA DE BOHN.
1. LA HISTORIA ECLESIASTÍCA DE BEDE Y LA CRÓNICA ANGLOSAXONA.
2. LAS ANTIGÜEDADES DEL NORTE DE MALLET. Por el obispo Percy. Con resumen
de la Saga de Eyrbiggia, de Sir Walter Scott. Editado por J. A. Blackwell.
3. LA CRÓNICA DE LOS REYES DE INGLATERRA DE WILLIAM DE MALMESBURY.
4. SEIS CRÓNICAS ANTIGUAS EN INGLÉS: a saber, la Vida de Alfredo de Asser;
las crónicas de Ethelwerd, Gildas, Nennius, Geoffry de Monmouth y Richard de Cirencester.
5. LOS ROMANCES METRÍCOS ANTEGUOSOS EN INGLÉS DE ELLIS. Revisado por J. Orchard
Halliwell. Completo en un volumen, con frontispicio ilustrado.
6. CRÓNICAS DE LOS CROSIADOS: Richard de Devizes, Geoffrey de Vinsauf,
Lord de Joinville. Completo en 1 volumen, con frontispicio.
7. VIAJES PRIMEROS POR PALESTINA. Willibald, Sæwulf, Benjamín de Tudela,
Mandeville, La Brocquiere y Maundrell. En un volumen. Con mapa.
8, 10 y 12. LAS ANTIGÜEDADES POPULARES DE GRAN BRETAÑA DE BRAND. Por Sir
Henry Ellis. En 3 volúmenes.
9 y 11. LAS FLORES DE LA HISTORIA DE ROGER DE WENDOVER (anteriormente atribuidas
a Matthew Paris). En 2 volúmenes.
13. LA MITOLOGÍA DE LOS HADALES DE KEIGHTLEY. Ampliada. Frontispicio de Cruikshank.
14, 15 y 16. OBRAS DE SIR THOMAS BROWNE. Editadas por Simon Wilkin. Retrato.
En 3 volúmenes. Con índice.
BIBLIOTECA DE MINIATURAS DE BOHN.
Formato folio 12mo., elegantemente encuadernado en tela de morocco.
NOCHES EN CASA DE BARBAULD Y AIKIN. Frontispicios. 3 chelines.
MEMORIAS DE NAPOLEÓN DE BOURRIENNE, hermoso retrato y frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
EL PROGRESO DEL PELIGRINO DE BUNYAN. Con vida y notas de Scott, que incluyen todo
lo de la edición de Southey. 25 hermosas xilografías de Harvey, frontispicio, etc. 3 chelines y 6 peniques.
—— CONFERENCIAS SOBRE… DE CHEEVER, frontispicio. 2 chelines y 6 peniques.
OBRAS POÉTICAS DE BYRON, en 1 volumen grueso, que incluye varios poemas
suprimidos no incluidos en otras ediciones. Hermoso frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
—— DON JUAN, completo. Frontispicios. 2 chelines y 6 peniques.
OBRAS POÉTICAS SELECCIONADAS DE COLERIDGE. 2 chelines.
OBRAS POÉTICAS DE COWPER, con vida de Southey, que incluye todos los poemas
protegidos por derechos de autor (700 páginas). Hermosos frontispicios de Harvey, por Goodall. 3 chelines y 6 peniques.
ENCICLOPEDIA DE MODALIDADES Y ETIQUETA, que comprende una edición mejorada
de los Consejos de Chesterfield a su hijo sobre hombres y modales. 2 chelines.
OBRAS POÉTICAS DE HEBER (BP.) Y LA SRA. HEMANS. 3 volúmenes en 1. Frontispicio. 3 chelines.
OBRAS POÉTICAS COMPLETAS DE HERRICK. Frontispicio. 3 chelines.
LIBRO DE BROMAS DE JOE MILLER. Frontispicio. 3 chelines.
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OBRAS POÉTICAS DE LONGFELLOW: Voces de la Noche, Evangeline, En la orilla del mar y junto al fuego, Estudiantes españoles, Traducciones. Retrato y frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
—— OBRAS EN PROSA: Outre-Mer, Hyperion, Kavanagh. 3 chelines y 6 peniques.
OBRAS POÉTICAS DE MILTON, con biografía y notas del Dr. Stebbing, y el ensayo sobre Milton del Dr. Channing. Frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
POEMAS DE OSSIAN, con disertaciones de Macpherson y el Dr. Blair. Frontispicio. 3 chelines.
LA ILÍADA DE HOMERO, de POPE. Ensayo sobre Homero. Notas y ensayos. Frontispicio. 3 chelines.
—— LA ODISEA, (formato uniforme). Frontispicio. 3 chelines.
OBRAS POÉTICAS DE SCOTT, junto con su biografía, en un solo volumen. Retrato y frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
REFLEXIONES DE STURM SOBRE LAS OBRAS DE DIOS. Frontispicio. 2 chelines.
ESTACIONES DE THOMPSON. Incluye su “Castillo de la indolencia”, con 4 hermosas xilografías. 2 chelines.
VATEK Y LA BRUJA DE ÁMBAR. 2 volúmenes en 1. 3 chelines.
—— OBRAS EN PROSA: Outre-Mer, Hyperion, Kavanagh. 3 chelines y 6 peniques.
OBRAS POÉTICAS DE MILTON, con biografía y notas del Dr. Stebbing, y el ensayo sobre Milton del Dr. Channing. Frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
POEMAS DE OSSIAN, con disertaciones de Macpherson y el Dr. Blair. Frontispicio. 3 chelines.
LA ILÍADA DE HOMERO, de POPE. Ensayo sobre Homero. Notas y ensayos. Frontispicio. 3 chelines.
—— LA ODISEA, (formato uniforme). Frontispicio. 3 chelines.
OBRAS POÉTICAS DE SCOTT, junto con su biografía, en un solo volumen. Retrato y frontispicio. 3 chelines y 6 peniques.
REFLEXIONES DE STURM SOBRE LAS OBRAS DE DIOS. Frontispicio. 2 chelines.
ESTACIONES DE THOMPSON. Incluye su “Castillo de la indolencia”, con 4 hermosas xilografías. 2 chelines.
VATEK Y LA BRUJA DE ÁMBAR. 2 volúmenes en 1. 3 chelines.
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NOTA DEL TRANSCRIPIENTE.
Se han mantenido las ortografías arcaicas, obsoletas, inusuales e inconsistentes tal como estaban en el libro original. Los errores evidentes se han corregido, como se detalla a continuación. Los cambios se indican a continuación y en el texto al pasar el ratón sobre ellos. Algunas entradas del índice estaban fuera de orden alfabético en el libro original; se han movido sin indicarlo en los detalles a continuación. Las sumas de las diversas tablas no coinciden con la suma de las columnas que las preceden. Supongo que esto se debe a un error de redondeo o a detalles en los datos originales que no se representan aquí. No se ha intentado corregir estas sumas. En el libro original, la mitad del catálogo del editor (Bohn’s Books) se encontraba al principio del libro; se ha trasladado para situarse justo antes de la otra mitad del catálogo, al final del libro. Se han añadido Prólogo, Índice, Introducción, Bohn’s Books y Nota del Transcriptor al índice. En el libro original solo figuraban los capítulos del libro en el índice. El título “Bohn’s Books” se ha insertado al principio del catálogo de libros del editor. En la tabla a continuación, la primera línea muestra el texto de este ebook y la segunda línea, el texto del libro original.
Página vii.: Condiciones de la materia: diamagnetismo, etc. 235
Originalmente: Condiciones de la materia—Dia-Magnetismo, etc. 235
Página viii.: El tiempo, un elemento en las operaciones de la naturaleza: geología
Originalmente: El tiempo, un elemento en las operaciones de la naturaleza==Geología
Página viii.: Progreso de la materia hacia la organización
Originalmente: Progreso de la materia rowards Organization
Página xii.: De naturaleza externa, evoca hermosas espiritualizaciones
Se han mantenido las ortografías arcaicas, obsoletas, inusuales e inconsistentes tal como estaban en el libro original. Los errores evidentes se han corregido, como se detalla a continuación. Los cambios se indican a continuación y en el texto al pasar el ratón sobre ellos. Algunas entradas del índice estaban fuera de orden alfabético en el libro original; se han movido sin indicarlo en los detalles a continuación. Las sumas de las diversas tablas no coinciden con la suma de las columnas que las preceden. Supongo que esto se debe a un error de redondeo o a detalles en los datos originales que no se representan aquí. No se ha intentado corregir estas sumas. En el libro original, la mitad del catálogo del editor (Bohn’s Books) se encontraba al principio del libro; se ha trasladado para situarse justo antes de la otra mitad del catálogo, al final del libro. Se han añadido Prólogo, Índice, Introducción, Bohn’s Books y Nota del Transcriptor al índice. En el libro original solo figuraban los capítulos del libro en el índice. El título “Bohn’s Books” se ha insertado al principio del catálogo de libros del editor. En la tabla a continuación, la primera línea muestra el texto de este ebook y la segunda línea, el texto del libro original.
Página vii.: Condiciones de la materia: diamagnetismo, etc. 235
Originalmente: Condiciones de la materia—Dia-Magnetismo, etc. 235
Página viii.: El tiempo, un elemento en las operaciones de la naturaleza: geología
Originalmente: El tiempo, un elemento en las operaciones de la naturaleza==Geología
Página viii.: Progreso de la materia hacia la organización
Originalmente: Progreso de la materia rowards Organization
Página xii.: De naturaleza externa, evoca hermosas espiritualizaciones
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Originalmente: de naturaleza externa, evocaba hermosas espiritualizaciones.
Nota al pie 1: Boscovich consideraba la constitución de la materia de manera diferente.
Originalmente: Boscovitch consideraba la constitución de la materia de manera diferente.
Nota al pie 1: explicación completa de la teoría de Boscovich.
Originalmente: explicación completa de la teoría de Boscovitch.
Página 8: Las opiniones de los metafísicos respecto al movimiento implican…
Originalmente: Las opiniones de los metafísicos respecto al movimiento implican…
Página 14: Un movimiento tembloroso sobre la cubierta de una enorme nave aérea.
Originalmente: Un movimiento tembloroso sobre la cubierta de una enorme nave aérea.
Página 27: ¿Agente de organización y de todas las manifestaciones de la belleza?
Originalmente: ¿Agente de organización y de todas las manifestaciones de la belleza?
Nota al pie 18: Es fijo, está determinado por lo que precede entre ciertos elementos.
Originalmente: Es fijo, está determinado por lo que precede entre ciertas cosas.
Nota al pie 18: Es el grupo central del conjunto del sistema.
Originalmente: Es el grupo central del conjunto del sistema.
Nota al pie 24: Se convierte en una sola masa en el fondo del frasco, bajo…
Originalmente: Se convierte en una sola masa en el fondo del frasco, debajo de…
Página 42: Con el cual se combinan las partículas, desde los intersticios…
Originalmente: Con el cual se combinan las partículas, desde los espacios intersticiales…
Página 45: El bromo, etc., son resultados de diferentes formas alotrópicas.
Originalmente: El bromo, etc., son resultados de diferentes formas alotrópicas.
Página 46: Que, debido a las imperfecciones de la ciencia, resisten…
Originalmente: Que, debido a las imperfecciones de la ciencia, resisten…
Nota al pie 1: Boscovich consideraba la constitución de la materia de manera diferente.
Originalmente: Boscovitch consideraba la constitución de la materia de manera diferente.
Nota al pie 1: explicación completa de la teoría de Boscovich.
Originalmente: explicación completa de la teoría de Boscovitch.
Página 8: Las opiniones de los metafísicos respecto al movimiento implican…
Originalmente: Las opiniones de los metafísicos respecto al movimiento implican…
Página 14: Un movimiento tembloroso sobre la cubierta de una enorme nave aérea.
Originalmente: Un movimiento tembloroso sobre la cubierta de una enorme nave aérea.
Página 27: ¿Agente de organización y de todas las manifestaciones de la belleza?
Originalmente: ¿Agente de organización y de todas las manifestaciones de la belleza?
Nota al pie 18: Es fijo, está determinado por lo que precede entre ciertos elementos.
Originalmente: Es fijo, está determinado por lo que precede entre ciertas cosas.
Nota al pie 18: Es el grupo central del conjunto del sistema.
Originalmente: Es el grupo central del conjunto del sistema.
Nota al pie 24: Se convierte en una sola masa en el fondo del frasco, bajo…
Originalmente: Se convierte en una sola masa en el fondo del frasco, debajo de…
Página 42: Con el cual se combinan las partículas, desde los intersticios…
Originalmente: Con el cual se combinan las partículas, desde los espacios intersticiales…
Página 45: El bromo, etc., son resultados de diferentes formas alotrópicas.
Originalmente: El bromo, etc., son resultados de diferentes formas alotrópicas.
Página 46: Que, debido a las imperfecciones de la ciencia, resisten…
Originalmente: Que, debido a las imperfecciones de la ciencia, resisten…
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Página 46: Los experimentos de Faraday y de Plücker demuestran
Originalmente: Los experimentos de Faraday y de Plucker demuestran
Nota al pie 25: La Filosofía natural de Young; editada por el reverendo P. Kelland.
Originalmente: La Filosofía natural de Young; editada por el reverendo P. Lelland.
Nota al pie 35: De ahí el origen de los cuerpos compuestos y visibles; de ahí
Originalmente: De ahí el origen de los cuerpos compuestos y visibles; de ahí
Página 50: sus operaciones, sino los propios procesos.
Originalmente: sus operaciones, pero los propios procesos mismos.
Página 59: la combinación parece a la vista en ningún aspecto diferente
Originalmente: La combinación parece a la vista en ningún aspecto diferente
Página 61: Esas fisuras formadas por el primer sistema cristalino
Originalmente: Esas fisuras formadas por el primer sistema cristalino
Página 68: El poder luminoso es lo suficientemente sorprendente como para convencernos
Originalmente: El poder luminoso es lo suficientemente sorprendente como para convencernos
Página 109: de la temperatura se experimenta.[79] El profesor Plücker, de
Originalmente: de la temperatura se experimenta.[79] El profesor Plücker, de
Nota al pie 55: este movimiento. Le siguieron Musschenbroek y luego
Originalmente: este movimiento. Le siguieron Muschenbroek y luego
Nota al pie 61: respecto a la temperatura interna de la Tierra: por
Originalmente: respecto a la temperatura interna de la Tierra: por
Nota al pie 78: en virtud del estado esférico en un crisol
Originalmente: en virtud del estado esférico en un crisol
Página 121: Fraunhofer, Herschel, Brewster y otros, pero proceden
Originalmente: Los experimentos de Faraday y de Plucker demuestran
Nota al pie 25: La Filosofía natural de Young; editada por el reverendo P. Kelland.
Originalmente: La Filosofía natural de Young; editada por el reverendo P. Lelland.
Nota al pie 35: De ahí el origen de los cuerpos compuestos y visibles; de ahí
Originalmente: De ahí el origen de los cuerpos compuestos y visibles; de ahí
Página 50: sus operaciones, sino los propios procesos.
Originalmente: sus operaciones, pero los propios procesos mismos.
Página 59: la combinación parece a la vista en ningún aspecto diferente
Originalmente: La combinación parece a la vista en ningún aspecto diferente
Página 61: Esas fisuras formadas por el primer sistema cristalino
Originalmente: Esas fisuras formadas por el primer sistema cristalino
Página 68: El poder luminoso es lo suficientemente sorprendente como para convencernos
Originalmente: El poder luminoso es lo suficientemente sorprendente como para convencernos
Página 109: de la temperatura se experimenta.[79] El profesor Plücker, de
Originalmente: de la temperatura se experimenta.[79] El profesor Plücker, de
Nota al pie 55: este movimiento. Le siguieron Musschenbroek y luego
Originalmente: este movimiento. Le siguieron Muschenbroek y luego
Nota al pie 61: respecto a la temperatura interna de la Tierra: por
Originalmente: respecto a la temperatura interna de la Tierra: por
Nota al pie 78: en virtud del estado esférico en un crisol
Originalmente: en virtud del estado esférico en un crisol
Página 121: Fraunhofer, Herschel, Brewster y otros, pero proceden
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Originalmente: Frauenhofer, Herschel, Brewster y otros, pero continúe.
Página 123: entre los puntos de carbón en los polos de una potente pila voltaica.
Originalmente: entre los puntos de carbón en los polos de una potente pila voltaica.
Página 129: del quinino y del fluor spar, obtenemos los mismos resultados.
Originalmente: del quinino y del fluor spar, obtenemos los mismos resultados.
Página 140: el primer caso, por Erasmus Bartholin, en el Iceland-spar.
Originalmente: el primer caso, por Erasmus Bartolin, en el Iceland-spar.
Página 145: de lo que ya se ha dicho, que algunos…
Originalmente: de lo que ya se ha dicho, que algunos…
Página 153: para demostrar que la luz es absolutamente necesaria para…
Originalmente: para demostrar que la luz es absolutamente necesaria para…
Página 159: de la luz detrás de ellos.[113] Mediante examen microscópico…
Originalmente: de la luz detrás de ellos.[113] Mediante examen microscópico.
Página 159: Benvenuto Cellini dio un relato curioso sobre un carbunclo.
Originalmente: Benvenuto Cellini dio un relato curioso sobre un carbunclo.
Página 160: cerca de un fuego. De esto se puede inferir que…
Originalmente: cerca de un fuego. De esto se puede inferir que…
Nota al pie 88: El Manual de Química de Brande; o, de hecho, cualquier obra…
Originalmente: El Mannal de Química de Brande; o, de hecho, cualquier obra.
Nota al pie 94: Schouw, Grundzüge der Pflanzengeographie. También su…
Originalmente: Schouw, Grundüzge der Pflanzengeographie. También su…
Nota al pie 95: La medida del poder iluminante de Fraunhofer es como…
Originalmente: La medida del poder iluminante de Frauenhofer es como…
Página 123: entre los puntos de carbón en los polos de una potente pila voltaica.
Originalmente: entre los puntos de carbón en los polos de una potente pila voltaica.
Página 129: del quinino y del fluor spar, obtenemos los mismos resultados.
Originalmente: del quinino y del fluor spar, obtenemos los mismos resultados.
Página 140: el primer caso, por Erasmus Bartholin, en el Iceland-spar.
Originalmente: el primer caso, por Erasmus Bartolin, en el Iceland-spar.
Página 145: de lo que ya se ha dicho, que algunos…
Originalmente: de lo que ya se ha dicho, que algunos…
Página 153: para demostrar que la luz es absolutamente necesaria para…
Originalmente: para demostrar que la luz es absolutamente necesaria para…
Página 159: de la luz detrás de ellos.[113] Mediante examen microscópico…
Originalmente: de la luz detrás de ellos.[113] Mediante examen microscópico.
Página 159: Benvenuto Cellini dio un relato curioso sobre un carbunclo.
Originalmente: Benvenuto Cellini dio un relato curioso sobre un carbunclo.
Página 160: cerca de un fuego. De esto se puede inferir que…
Originalmente: cerca de un fuego. De esto se puede inferir que…
Nota al pie 88: El Manual de Química de Brande; o, de hecho, cualquier obra…
Originalmente: El Mannal de Química de Brande; o, de hecho, cualquier obra.
Nota al pie 94: Schouw, Grundzüge der Pflanzengeographie. También su…
Originalmente: Schouw, Grundüzge der Pflanzengeographie. También su…
Nota al pie 95: La medida del poder iluminante de Fraunhofer es como…
Originalmente: La medida del poder iluminante de Frauenhofer es como…
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Nota al pie 99: Sobre una propiedad de la luz reflejada: Memorias
Originalmente: Sobre una propiedad de la luz reflejada: Memoires
Página 176: la luz solar más intensa que ha pasado a través
Originalmente: la luz solar más intensa que ha pasado a través
Página 179: producciones del fotógrafo como las del
Originalmente: producciones del fotograper como las de los
Página 180: preservar los rasgos de aquellos que se han beneficiado
Originalmente: preservar los rasgos de aquellos que se han beneficiado
Página 185: línea, sobre la cual no tiene lugar ninguna acción, se conserva en
Originalmente: línea, sobre la cual no tiene lugar ninguna acción placas, se conserva en
Página 185: presentado a nosotros por un cuerpo circular: la acción calorífica parece
Originalmente: presentado a nosotros por un cuerpo circular: la acción calorífica parece
Página 188: se utiliza un trozo de madera en lugar de un metal; entonces, por
Originalmente: se utiliza un trozo de madera en lugar de una medalla; entonces, por
Nota al pie 126: en la vegetación: por Senebier; Ginebra y París, 1788
Originalmente: en la vegetación: por Senebier; Ginebra y París, 1788
Página 198: frasco de Leyden, —llamado así por su inventor, Musschenbroek,
Originalmente: frasco de Leyden, —llamado así por su inventor, Muschenbrock,
Página 219: puede convertirse en un medidor de la irritabilidad nerviosa.[154] Allí
Originalmente: puede convertirse en un medidor de la irritabilidad nerviosa.[154] Allí
Nota al pie 141: Tratado experimental de la electricidad y el magnetismo:
Originalmente: Tratado experimental de la Electricité et du Magnétisme:
Nota al pie 146: Tratado experimental de la electricidad y el magnetismo.
Originalmente: Sobre una propiedad de la luz reflejada: Memoires
Página 176: la luz solar más intensa que ha pasado a través
Originalmente: la luz solar más intensa que ha pasado a través
Página 179: producciones del fotógrafo como las del
Originalmente: producciones del fotograper como las de los
Página 180: preservar los rasgos de aquellos que se han beneficiado
Originalmente: preservar los rasgos de aquellos que se han beneficiado
Página 185: línea, sobre la cual no tiene lugar ninguna acción, se conserva en
Originalmente: línea, sobre la cual no tiene lugar ninguna acción placas, se conserva en
Página 185: presentado a nosotros por un cuerpo circular: la acción calorífica parece
Originalmente: presentado a nosotros por un cuerpo circular: la acción calorífica parece
Página 188: se utiliza un trozo de madera en lugar de un metal; entonces, por
Originalmente: se utiliza un trozo de madera en lugar de una medalla; entonces, por
Nota al pie 126: en la vegetación: por Senebier; Ginebra y París, 1788
Originalmente: en la vegetación: por Senebier; Ginebra y París, 1788
Página 198: frasco de Leyden, —llamado así por su inventor, Musschenbroek,
Originalmente: frasco de Leyden, —llamado así por su inventor, Muschenbrock,
Página 219: puede convertirse en un medidor de la irritabilidad nerviosa.[154] Allí
Originalmente: puede convertirse en un medidor de la irritabilidad nerviosa.[154] Allí
Nota al pie 141: Tratado experimental de la electricidad y el magnetismo:
Originalmente: Tratado experimental de la Electricité et du Magnétisme:
Nota al pie 146: Tratado experimental de la electricidad y el magnetismo.
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Originalmente: Traité Expérimental de l’Electricité et du Magnétisme
Nota al pie 160: donde se descubrió el cobalto entre dos porciones de
Originalmente: donde se descubrió el cobalto betweed dos porciones de
Página 235: Tormentas—Condiciones magnéticas de la materia—Diamagnetismo,
Originalmente: Tormentas—Condiciones magnéticas de la materia—Dia-Magnetism,
Página 236: Magnêtum, quia sit patriis in finibus ortus.
Originalmente: Magnêtum, buia sit patriis in finibus ortus.
Página 251: condiciones de cambio en esta nuestra tierra: un elemento a
Originalmente: condiciones de cambio en esta nuestra tierra: un elemeut a
Página 257: Wiedemann, al emplear un punto fino a través del cual
Originalmente: Wiedmann, al emplear un punto fino a través del cual
Página 258: que en cualquier otro. El Sr. Wiedmann llega a la conclusión
Originalmente: que en cualquier otro. El Sr. Wiedmann llega a la conclusión
Página 260: la sal, el protosulfato, ordinariamente cristaliza de tal manera que
Originalmente: la sal, el proto-sulfato, ordinariamente cristaliza de tal manera que
Nota al pie 176: Humboldt: Exposé des Variations Magnétiques.
Originalmente: Humboldt: Exposé des Variations Magnetiques.
Nota al pie 188: Influencia electro-magnética, del profesor Zantedeschi.
Originalmente: Influencia electro-magnética, del profesor Zandeteschi.
Nota al pie 190: relato detallado de los experimentos de Faraday, Plücker,
Originalmente: relato detallado de los experimentos de Faraday, Plucker,
Página 276: ¿la luz determina estos cambios? Es evidente, aunque
Originalmente: ¿la luz determina estos cambio? Es evidente, aunque
Nota al pie 160: donde se descubrió el cobalto entre dos porciones de
Originalmente: donde se descubrió el cobalto betweed dos porciones de
Página 235: Tormentas—Condiciones magnéticas de la materia—Diamagnetismo,
Originalmente: Tormentas—Condiciones magnéticas de la materia—Dia-Magnetism,
Página 236: Magnêtum, quia sit patriis in finibus ortus.
Originalmente: Magnêtum, buia sit patriis in finibus ortus.
Página 251: condiciones de cambio en esta nuestra tierra: un elemento a
Originalmente: condiciones de cambio en esta nuestra tierra: un elemeut a
Página 257: Wiedemann, al emplear un punto fino a través del cual
Originalmente: Wiedmann, al emplear un punto fino a través del cual
Página 258: que en cualquier otro. El Sr. Wiedmann llega a la conclusión
Originalmente: que en cualquier otro. El Sr. Wiedmann llega a la conclusión
Página 260: la sal, el protosulfato, ordinariamente cristaliza de tal manera que
Originalmente: la sal, el proto-sulfato, ordinariamente cristaliza de tal manera que
Nota al pie 176: Humboldt: Exposé des Variations Magnétiques.
Originalmente: Humboldt: Exposé des Variations Magnetiques.
Nota al pie 188: Influencia electro-magnética, del profesor Zantedeschi.
Originalmente: Influencia electro-magnética, del profesor Zandeteschi.
Nota al pie 190: relato detallado de los experimentos de Faraday, Plücker,
Originalmente: relato detallado de los experimentos de Faraday, Plucker,
Página 276: ¿la luz determina estos cambios? Es evidente, aunque
Originalmente: ¿la luz determina estos cambio? Es evidente, aunque
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Página 281: cambio químico. Döbereiner descubrió posteriormente que
Originalmente: cambio químico. Dœbereiner descubrió posteriormente que
Página 282: un ejemplo tétrico en el progreso de Asia
Originalmente: un ejemplo tétrico en el progreso de Asatic
Página 300: ya sea como peróxido de hidrógeno, o como un alotrópico
Originalmente: ya sea como per-óxido de hidrógeno, o como un alotrópico
el gas que empleamos de forma tan ventajosa para
Página 304:
iluminación
Originalmente: el gas que emplyamos de forma tan ventajosa para iluminación
Página 306: aumentando, tiene lugar la combustión verdadera. De esta manera
Originalmente: aumentando, tiene lugar la combustión plaee. De esta manera
Página 306: serrín, etc., se encienden con frecuencia; y hasta tal punto
Originalmente: serr-dust, etc., se encienden con frecuencia; y hasta tal punto
Página 316: El señor Darwin comenta que, si las inmensas algas marinas de
Originalmente: El señor Darwin comenta que, si las inmensas algas marinas de
Página 317: Cuando Shakespeare hizo cantar a su encantador Ariel—
Originalmente: Cuando Shakspeare hizo cantar a su encantador Ariel—
Nota al pie 212: (Línea redundante eliminada antes del ítem 2 en la tabla.)
Originalmente: Según una opinión, | Según otra opinión,
Página 334: especulación, que puede presentar ocasionalmente signos de ingenio,
Originalmente: especulación, whieh puede presentar ocasionalmente signos de ingenio,
Página 337: origen, la inferencia racional va en contra de la especulación;
Originalmente: orgin, la inferencia racional va en contra de la especulación;
Originalmente: cambio químico. Dœbereiner descubrió posteriormente que
Página 282: un ejemplo tétrico en el progreso de Asia
Originalmente: un ejemplo tétrico en el progreso de Asatic
Página 300: ya sea como peróxido de hidrógeno, o como un alotrópico
Originalmente: ya sea como per-óxido de hidrógeno, o como un alotrópico
el gas que empleamos de forma tan ventajosa para
Página 304:
iluminación
Originalmente: el gas que emplyamos de forma tan ventajosa para iluminación
Página 306: aumentando, tiene lugar la combustión verdadera. De esta manera
Originalmente: aumentando, tiene lugar la combustión plaee. De esta manera
Página 306: serrín, etc., se encienden con frecuencia; y hasta tal punto
Originalmente: serr-dust, etc., se encienden con frecuencia; y hasta tal punto
Página 316: El señor Darwin comenta que, si las inmensas algas marinas de
Originalmente: El señor Darwin comenta que, si las inmensas algas marinas de
Página 317: Cuando Shakespeare hizo cantar a su encantador Ariel—
Originalmente: Cuando Shakspeare hizo cantar a su encantador Ariel—
Nota al pie 212: (Línea redundante eliminada antes del ítem 2 en la tabla.)
Originalmente: Según una opinión, | Según otra opinión,
Página 334: especulación, que puede presentar ocasionalmente signos de ingenio,
Originalmente: especulación, whieh puede presentar ocasionalmente signos de ingenio,
Página 337: origen, la inferencia racional va en contra de la especulación;
Originalmente: orgin, la inferencia racional va en contra de la especulación;
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Página 370: La cápsula de Nigella orientalis está formada por vainas unidas.
Originalmente: La cápsula de Nigella orientalis consiste en vainas ensambladas.
Página 370: Un centro, y parcialmente unidos; en Nigella damascena.
Originalmente: Un centro, y parcialmente unidos; en Nigella damascena.
Página 399: Cuyas mentes son escépticas ante cualquier tipo de desarrollo.
Originalmente: Cuya mente son escépticas sobre cualquier desarrollo de la.
Página 406: Evidencia de un hermoso equilibrio.
Originalmente: Evidencia de un beautifnl ajuste del balance de.
Página 408: Que basta con una ligera perturbación para provocar una vibración.
Originalmente: Que basta con una slight disturbance occcasion a vibration.
Página 409: Una filosofía sin alegría, derivada del trascendentalismo.
Originalmente: A cheerless philosophy, derived from the transendentalism.
Página 410: Aquellas a las que se les permite el privilegio de trazarlo.
Originalmente: Which are alowed the privilege of tracing out its.
Página 413: Corrientes aéreas dependientes del calor, 80.
Originalmente: Æreal currents dependent on heat, 80.
Página 413: Electricidad animal, 211, 392.
Originalmente: Magnetic electricity, 211, 392.
Página 413: Bartolin sobre el espárrago islandés, 140.
Originalmente: Bartolin on Iceland spar, 140.
Página 414: Estado de Cagniard de la Tour, 106.
Originalmente: Caignard de la Tour state, 106.
Página 415: La lámpara de Döbereiner, 281.
Originalmente: La cápsula de Nigella orientalis consiste en vainas ensambladas.
Página 370: Un centro, y parcialmente unidos; en Nigella damascena.
Originalmente: Un centro, y parcialmente unidos; en Nigella damascena.
Página 399: Cuyas mentes son escépticas ante cualquier tipo de desarrollo.
Originalmente: Cuya mente son escépticas sobre cualquier desarrollo de la.
Página 406: Evidencia de un hermoso equilibrio.
Originalmente: Evidencia de un beautifnl ajuste del balance de.
Página 408: Que basta con una ligera perturbación para provocar una vibración.
Originalmente: Que basta con una slight disturbance occcasion a vibration.
Página 409: Una filosofía sin alegría, derivada del trascendentalismo.
Originalmente: A cheerless philosophy, derived from the transendentalism.
Página 410: Aquellas a las que se les permite el privilegio de trazarlo.
Originalmente: Which are alowed the privilege of tracing out its.
Página 413: Corrientes aéreas dependientes del calor, 80.
Originalmente: Æreal currents dependent on heat, 80.
Página 413: Electricidad animal, 211, 392.
Originalmente: Magnetic electricity, 211, 392.
Página 413: Bartolin sobre el espárrago islandés, 140.
Originalmente: Bartolin on Iceland spar, 140.
Página 414: Estado de Cagniard de la Tour, 106.
Originalmente: Caignard de la Tour state, 106.
Página 415: La lámpara de Döbereiner, 281.
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Originalmente: Lámpara de Doebereiner, 281.
Página 415: Ojo, mecanismo del, 149.
Originalmente: Ojo, mecanismo del, 491.
Página 416: —— sobre diamagnetismo, 254.
Originalmente: —— sobre dia-magnetismo, 254.
Página 418: Musschenbroek de Leiden, 198.
Originalmente: Muschenbrock de Leiden, 198.
Página 421: Wiedemann sobre vibraciones eléctricas, 257.
Originalmente: Wiedman sobre vibraciones eléctricas, 257.
De Bohn’s
LOUDON (SEÑORA), EL NATURALISTA DIVERTIDO,
Libros:
Originalmente: LOUDON (SEÑORA), EL NATURALISTA DIVERTIDO,
De Bohn’s
Índices de nombres científicos y populares. _Con_
Libros:
Originalmente: Índices de nombres científicos y populares. _Con_
De Bohn’s
18. PLATÓN. Vol. III. Por G. Burges, M.A. [Eutidemo],
Libros:
Originalmente: 8. PLATÓN. Vol. III. Por G. Burges, M.A. [Eutidemo],
De Bohn’s
24, 25 y 32. OVIDIO. Por H. T. Riley, B.A. Completo en 3
Libros:
Originalmente: 24, 25 y 32. OVIDIO. Por H. T. RILEY, B.A. Completo en 3
De Bohn’s 35. JUVENAL, PERSIO, etc. Por el Rev. L. Evans,
Libros: M.A.
34. JUVENAL, PERSIO, etc. Por el Rev. L. Evans,
Originalmente:
M.A.
Página 415: Ojo, mecanismo del, 149.
Originalmente: Ojo, mecanismo del, 491.
Página 416: —— sobre diamagnetismo, 254.
Originalmente: —— sobre dia-magnetismo, 254.
Página 418: Musschenbroek de Leiden, 198.
Originalmente: Muschenbrock de Leiden, 198.
Página 421: Wiedemann sobre vibraciones eléctricas, 257.
Originalmente: Wiedman sobre vibraciones eléctricas, 257.
De Bohn’s
LOUDON (SEÑORA), EL NATURALISTA DIVERTIDO,
Libros:
Originalmente: LOUDON (SEÑORA), EL NATURALISTA DIVERTIDO,
De Bohn’s
Índices de nombres científicos y populares. _Con_
Libros:
Originalmente: Índices de nombres científicos y populares. _Con_
De Bohn’s
18. PLATÓN. Vol. III. Por G. Burges, M.A. [Eutidemo],
Libros:
Originalmente: 8. PLATÓN. Vol. III. Por G. Burges, M.A. [Eutidemo],
De Bohn’s
24, 25 y 32. OVIDIO. Por H. T. Riley, B.A. Completo en 3
Libros:
Originalmente: 24, 25 y 32. OVIDIO. Por H. T. RILEY, B.A. Completo en 3
De Bohn’s 35. JUVENAL, PERSIO, etc. Por el Rev. L. Evans,
Libros: M.A.
34. JUVENAL, PERSIO, etc. Por el Rev. L. Evans,
Originalmente:
M.A.
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Page 428
Page 429
*** FIN DEL LIBRO ELECTRÓNICO DE PROJECT GUTENBERG: LA POESÍA DE LA CIENCIA; O, ESTUDIOS DE LOS FENÓMENOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA ***
Las ediciones actualizadas reemplazarán a las anteriores; las ediciones antiguas serán renombradas.
Al crear estas obras a partir de ediciones impresas que no están protegidas por la ley de derechos de autor de los Estados Unidos, nadie posee derechos de autor en estos trabajos. Por lo tanto, la Fundación (¡y usted!) puede copiarlos y distribuirlos en los Estados Unidos sin permiso y sin pagar regalías por derechos de autor. Se aplican reglas especiales, establecidas en la sección de Términos Generales de Uso de esta licencia, para la copia y distribución de las obras electrónicas de Project Gutenberg™, con el fin de proteger el concepto y la marca registrada PROJECT GUTENBERG™. Project Gutenberg es una marca registrada y no puede utilizarse si se cobra por un libro electrónico, salvo siguiendo los términos de la licencia de la marca registrada, incluyendo el pago de regalías por su uso. Si no se cobra nada por las copias de este libro electrónico, cumplir con la licencia de la marca registrada es muy sencillo. Puede utilizar este libro electrónico para casi cualquier propósito, como la creación de obras derivadas, informes, presentaciones e investigaciones. Los libros electrónicos de Project Gutenberg pueden modificarse, imprimirse y regalarse; prácticamente se puede hacer CUALQUIER COSA en los Estados Unidos con libros electrónicos que no estén protegidos por la ley de derechos de autor de ese país. La redistribución está sujeta a la licencia de la marca registrada, especialmente la redistribución comercial.
INICIO: LICENCIA COMPLETA
Las ediciones actualizadas reemplazarán a las anteriores; las ediciones antiguas serán renombradas.
Al crear estas obras a partir de ediciones impresas que no están protegidas por la ley de derechos de autor de los Estados Unidos, nadie posee derechos de autor en estos trabajos. Por lo tanto, la Fundación (¡y usted!) puede copiarlos y distribuirlos en los Estados Unidos sin permiso y sin pagar regalías por derechos de autor. Se aplican reglas especiales, establecidas en la sección de Términos Generales de Uso de esta licencia, para la copia y distribución de las obras electrónicas de Project Gutenberg™, con el fin de proteger el concepto y la marca registrada PROJECT GUTENBERG™. Project Gutenberg es una marca registrada y no puede utilizarse si se cobra por un libro electrónico, salvo siguiendo los términos de la licencia de la marca registrada, incluyendo el pago de regalías por su uso. Si no se cobra nada por las copias de este libro electrónico, cumplir con la licencia de la marca registrada es muy sencillo. Puede utilizar este libro electrónico para casi cualquier propósito, como la creación de obras derivadas, informes, presentaciones e investigaciones. Los libros electrónicos de Project Gutenberg pueden modificarse, imprimirse y regalarse; prácticamente se puede hacer CUALQUIER COSA en los Estados Unidos con libros electrónicos que no estén protegidos por la ley de derechos de autor de ese país. La redistribución está sujeta a la licencia de la marca registrada, especialmente la redistribución comercial.
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LA LICENCIA COMPLETA DE PROJECT GUTENBERG™
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Sección 1. Términos generales de uso y redistribución de las obras electrónicas de Project Gutenberg
1.A. Al leer o utilizar cualquier parte de esta obra electrónica de Project Gutenberg, usted indica que ha leído, comprendido, aceptado y acordado cumplir con todos los términos de esta licencia y del acuerdo de propiedad intelectual (marca comercial/derechos de autor). Si no está de acuerdo en cumplir con todos los términos de este acuerdo, debe dejar de usar y devolver o destruir todas las copias de las obras electrónicas de Project Gutenberg que estén en su poder. Si pagó una tarifa por obtener una copia o acceso a una obra electrónica de Project Gutenberg y no está de acuerdo en quedar sujeto a los términos de este acuerdo, puede obtener un reembolso de la persona o entidad a quien pagó la tarifa, según lo establecido en el párrafo 1.E.8.
1.B. “Project Gutenberg” es una marca registrada. Solo puede ser utilizada en o asociada de alguna manera con una obra electrónica por personas que acepten quedar sujetas a los términos de este acuerdo. Hay algunas cosas que puede hacer con la mayoría de las obras electrónicas de Project Gutenberg incluso sin cumplir con todos los términos de este acuerdo. Véase el párrafo 1.C a continuación. Hay muchas cosas que puede hacer con las obras electrónicas de Project Gutenberg si sigue los términos de este acuerdo y ayuda a preservar el acceso gratuito a ellas en el futuro. Véase el párrafo 1.E a continuación.
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1.C. La Fundación del Archivo Literario Project Gutenberg (“la Fundación” o PGLAF) posee los derechos de autor sobre la compilación de estas obras.
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Colección de obras electrónicas de Project Gutenberg. Casi todas las obras individuales de la colección se encuentran en dominio público en los Estados Unidos. Si una obra individual no está protegida por la ley de derechos de autor en los Estados Unidos y usted se encuentra en ese país, no reclamamos ningún derecho para impedirle copiarla, distribuirla, interpretarla, exhibirla o crear obras derivadas a partir de ella, siempre y cuando se eliminen todas las referencias a Project Gutenberg. Por supuesto, esperamos que apoye la misión de Project Gutenberg de promover el acceso gratuito a las obras electrónicas, compartiendo libremente dichas obras de conformidad con los términos de este acuerdo, a fin de mantener el nombre de Project Gutenberg asociado a ellas. Puede cumplir fácilmente con los términos de este acuerdo manteniendo esta obra en el mismo formato, junto con su licencia completa de Project Gutenberg, al compartirla sin costo con otros.
1.D. Las leyes de derechos de autor del lugar donde se encuentra también rigen lo que puede hacer con esta obra. Las leyes de derechos de autor en la mayoría de los países están en constante cambio. Si se encuentra fuera de los Estados Unidos, consulte las leyes de su país, además de los términos de este acuerdo, antes de descargarla, copiarla, exhibirla, interpretarla, distribuirla o crear obras derivadas a partir de ella o de cualquier otra obra de Project Gutenberg. La Fundación no hace ninguna declaración respecto al estatus de derechos de autor de ninguna obra en ningún país distinto de los Estados Unidos.
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1.E. A menos que haya eliminado todas las referencias a Project Gutenberg:
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1.E.2. Si una obra electrónica de Project Gutenberg proviene de textos que no están protegidos por la ley de derechos de autor de los Estados Unidos (no contiene una indicación de que fue publicada con el permiso del titular de los derechos de autor), dicha obra puede ser copiada y distribuida a cualquier persona en los Estados Unidos sin tener que pagar ninguna tarifa o costo. Si vuelve a distribuir o proporciona acceso a una obra con la frase “Project Gutenberg” asociada a ella o apareciendo en ella, debe cumplir con los requisitos establecidos en los párrafos 1.E.1 a 1.E.7, o bien obtener permiso para utilizar la obra y la marca registrada Project Gutenberg, según lo dispuesto en los párrafos 1.E.8 o 1.E.9.
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1.E.4. No elimine ni quite los términos completos de la Licencia de Project Gutenberg de esta obra, ni de ningún archivo que contenga una parte de esta obra o de cualquier otra obra relacionada con Project Gutenberg.
1.E.5. No copie, muestre, ejecute, distribuya ni vuelva a distribuir esta obra electrónica, ni ninguna parte de ella, sin mostrar de manera prominente la frase establecida en el párrafo 1.E.1, junto con enlaces activos o acceso inmediato a los términos completos de la Licencia de Project Gutenberg.
1.E.6. Puede convertir y distribuir esta obra en cualquier formato binario, comprimido, marcado, no propietario o propietario, incluyendo cualquier formato de procesamiento de texto o hipertexto. Sin embargo, si proporciona acceso a copias de una obra de Project Gutenberg en un formato distinto a “Plain Vanilla ASCII” u otro formato utilizado en la versión oficial…
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Versión publicada en el sitio web oficial de Project Gutenberg (www.gutenberg.org). Debe proporcionarse, sin ningún costo adicional, tarifa o gasto para el usuario, una copia del trabajo en su formato original “Plain Vanilla ASCII” u otro formato similar, así como medios para exportar dicha copia o para obtenerla a petición del usuario. Cualquier formato alternativo debe incluir la licencia completa de Project Gutenberg, tal como se especifica en el párrafo 1.E.1.
1.E.7. No se debe cobrar ninguna tarifa por el acceso, visualización, exhibición, ejecución, copiado o distribución de las obras de Project Gutenberg, a menos que se cumplan los requisitos establecidos en los párrafos 1.E.8 o 1.E.9.
1.E.8. Se puede cobrar una tarifa razonable por las copias de las obras electrónicas de Project Gutenberg, o por el acceso a ellas o su distribución, siempre y cuando:
• Se pague una tasa de regalía del 20% de las ganancias brutas obtenidas por el uso de las obras de Project Gutenberg, calculada utilizando el método que ya se utiliza para calcular los impuestos correspondientes. Dicha tasa debe pagarse al propietario de la marca registrada Project Gutenberg, pero él ha acordado donar dichas regalías a la Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg. Los pagos de regalías deben realizarse dentro de los 60 días siguientes a cada fecha en que se preparen (o se esté legalmente obligado a preparar) las declaraciones fiscales periódicas. Dichos pagos deben estar claramente identificados como tales y enviarse a la Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg, a la dirección indicada en la Sección 4, “Información sobre las donaciones a la Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg”.
• Se debe reembolsar íntegramente cualquier dinero pagado por un usuario que lo notifique por escrito (o por correo electrónico) dentro de los 30 días posteriores a la recepción del producto, indicando que no está de acuerdo con los términos de la licencia completa de Project Gutenberg™. Se debe exigir a dicho usuario que devuelva o destruya todas las copias de las obras que posee en soporte físico, y que cese todo uso y acceso a otras copias de las obras de Project Gutenberg™.
• Se debe reembolsar íntegramente cualquier dinero pagado por una obra o por una copia de reemplazo, si se detecta algún defecto en la obra electrónica y se lo comunica al proveedor dentro de los 90 días posteriores a la recepción de la obra, de acuerdo con lo establecido en el párrafo 1.F.3.
1.E.7. No se debe cobrar ninguna tarifa por el acceso, visualización, exhibición, ejecución, copiado o distribución de las obras de Project Gutenberg, a menos que se cumplan los requisitos establecidos en los párrafos 1.E.8 o 1.E.9.
1.E.8. Se puede cobrar una tarifa razonable por las copias de las obras electrónicas de Project Gutenberg, o por el acceso a ellas o su distribución, siempre y cuando:
• Se pague una tasa de regalía del 20% de las ganancias brutas obtenidas por el uso de las obras de Project Gutenberg, calculada utilizando el método que ya se utiliza para calcular los impuestos correspondientes. Dicha tasa debe pagarse al propietario de la marca registrada Project Gutenberg, pero él ha acordado donar dichas regalías a la Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg. Los pagos de regalías deben realizarse dentro de los 60 días siguientes a cada fecha en que se preparen (o se esté legalmente obligado a preparar) las declaraciones fiscales periódicas. Dichos pagos deben estar claramente identificados como tales y enviarse a la Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg, a la dirección indicada en la Sección 4, “Información sobre las donaciones a la Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg”.
• Se debe reembolsar íntegramente cualquier dinero pagado por un usuario que lo notifique por escrito (o por correo electrónico) dentro de los 30 días posteriores a la recepción del producto, indicando que no está de acuerdo con los términos de la licencia completa de Project Gutenberg™. Se debe exigir a dicho usuario que devuelva o destruya todas las copias de las obras que posee en soporte físico, y que cese todo uso y acceso a otras copias de las obras de Project Gutenberg™.
• Se debe reembolsar íntegramente cualquier dinero pagado por una obra o por una copia de reemplazo, si se detecta algún defecto en la obra electrónica y se lo comunica al proveedor dentro de los 90 días posteriores a la recepción de la obra, de acuerdo con lo establecido en el párrafo 1.F.3.
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• Usted cumple con todos los demás términos de este acuerdo para la distribución gratuita de las obras de Project Gutenberg™.
1.E.9. Si desea cobrar una tarifa o distribuir una obra electrónica de Project Gutenberg™ o un grupo de obras en condiciones diferentes a las establecidas en este acuerdo, debe obtener permiso por escrito de la Fundación del Archivo Literario Project Gutenberg, la entidad encargada de administrar la marca registrada Project Gutenberg™. Póngase en contacto con la Fundación según se indica en la Sección 3 a continuación.
1.F.
1.F.1. Los voluntarios y empleados de Project Gutenberg invierten un esfuerzo considerable para identificar, realizar investigaciones sobre derechos de autor, transcribir y revisar las obras que no están protegidas por la ley de derechos de autor de los Estados Unidos, con el fin de crear la colección Project Gutenberg™. A pesar de estos esfuerzos, las obras electrónicas de Project Gutenberg™, así como el soporte en el que pueden almacenarse, pueden contener “defectos”, como, entre otros, datos incompletos, inexactos o dañados, errores de transcripción, infracciones de derechos de autor u otra propiedad intelectual, discos u otros soportes defectuosos o dañados, virus informáticos, o códigos informáticos que dañen o impidan su lectura por su equipo.
1.F.2. GARANTÍA LIMITADA, EXCLUSIÓN DE RESPONSABILIDAD POR DAÑOS –
Con excepción del “Derecho a Reemplazo o Reembolso” descrito en el párrafo 1.F.3, la Fundación del Archivo Literario Project Gutenberg, la propietaria de la marca registrada Project Gutenberg™, y cualquier otra parte que distribuya una obra electrónica de Project Gutenberg™ bajo este acuerdo, excluyen toda responsabilidad ante usted por daños, costos y gastos, incluidos los honorarios legales. USTED ACEPTA QUE NO TIENE NINGÚN RECURSO LEGAL POR NEGLIGENCIA, RESPONSABILIDAD ESTRITA, INCUMPLIMIENTO DE LA GARANTÍA O INCUMPLIMIENTO DEL CONTRATO, EXCEPTO LOS ESTABLECIDOS EN EL PÁRRAFO 1.F.3. USTED ACEPTA QUE LA FUNDACIÓN, EL PROPIETARIO DE LA MARCA REGISTRADA Y CUALQUIER DISTRIBUIDOR BAJO ESTE ACUERDO NO SERÁN RESPONSABLES ANTE USTED POR DAÑOS REALES, DIRECTOS, INDIRECTOS, CONSECUENTES, PUNITIVOS O ACCIDENTALES.
1.E.9. Si desea cobrar una tarifa o distribuir una obra electrónica de Project Gutenberg™ o un grupo de obras en condiciones diferentes a las establecidas en este acuerdo, debe obtener permiso por escrito de la Fundación del Archivo Literario Project Gutenberg, la entidad encargada de administrar la marca registrada Project Gutenberg™. Póngase en contacto con la Fundación según se indica en la Sección 3 a continuación.
1.F.
1.F.1. Los voluntarios y empleados de Project Gutenberg invierten un esfuerzo considerable para identificar, realizar investigaciones sobre derechos de autor, transcribir y revisar las obras que no están protegidas por la ley de derechos de autor de los Estados Unidos, con el fin de crear la colección Project Gutenberg™. A pesar de estos esfuerzos, las obras electrónicas de Project Gutenberg™, así como el soporte en el que pueden almacenarse, pueden contener “defectos”, como, entre otros, datos incompletos, inexactos o dañados, errores de transcripción, infracciones de derechos de autor u otra propiedad intelectual, discos u otros soportes defectuosos o dañados, virus informáticos, o códigos informáticos que dañen o impidan su lectura por su equipo.
1.F.2. GARANTÍA LIMITADA, EXCLUSIÓN DE RESPONSABILIDAD POR DAÑOS –
Con excepción del “Derecho a Reemplazo o Reembolso” descrito en el párrafo 1.F.3, la Fundación del Archivo Literario Project Gutenberg, la propietaria de la marca registrada Project Gutenberg™, y cualquier otra parte que distribuya una obra electrónica de Project Gutenberg™ bajo este acuerdo, excluyen toda responsabilidad ante usted por daños, costos y gastos, incluidos los honorarios legales. USTED ACEPTA QUE NO TIENE NINGÚN RECURSO LEGAL POR NEGLIGENCIA, RESPONSABILIDAD ESTRITA, INCUMPLIMIENTO DE LA GARANTÍA O INCUMPLIMIENTO DEL CONTRATO, EXCEPTO LOS ESTABLECIDOS EN EL PÁRRAFO 1.F.3. USTED ACEPTA QUE LA FUNDACIÓN, EL PROPIETARIO DE LA MARCA REGISTRADA Y CUALQUIER DISTRIBUIDOR BAJO ESTE ACUERDO NO SERÁN RESPONSABLES ANTE USTED POR DAÑOS REALES, DIRECTOS, INDIRECTOS, CONSECUENTES, PUNITIVOS O ACCIDENTALES.
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INCLUSO SI NOTIFICA LA POSIBILIDAD DE DICHOS DAÑOS.
1.F.3. DERECHO LIMITADO DE SUSTITUCIÓN O REEMBOLSO – Si descubre un defecto en esta obra electrónica dentro de los 90 días posteriores a su recepción, puede recibir el reembolso del dinero (si lo hubiere) que pagó por ella enviando una explicación por escrito a la persona de quien recibió la obra. Si recibió la obra en un soporte físico, debe devolver dicho soporte junto con su explicación por escrito. La persona o entidad que le proporcionó la obra defectuosa puede optar por entregarle una copia de sustitución en lugar de un reembolso. Si recibió la obra de forma electrónica, la persona o entidad que se la proporciona puede decidir darle una segunda oportunidad para recibirla electrónicamente en lugar de un reembolso. Si la segunda copia también está defectuosa, puede solicitar un reembolso por escrito sin más oportunidades para solucionar el problema.
1.F.4. Salvo el derecho limitado de sustitución o reembolso establecido en el párrafo 1.F.3, esta obra se le proporciona “TAL CUAL”, SIN NINGUNA OTRA GARANTÍA DE NINGÚN TIPO, YA SEA EXPRESA O IMPLÍCITA, INCLUYENDO PERO NO LIMITADO A LAS GARANTÍAS DE COMERCIABILIDAD O ADECUACIÓN PARA CUALQUIER FIN.
1.F.5. Algunos estados no permiten la exención de ciertas garantías implícitas ni la exclusión o limitación de ciertos tipos de daños. Si alguna exención o limitación establecida en este acuerdo viola la ley del estado aplicable a este acuerdo, el acuerdo deberá interpretarse de tal manera que se aplique la máxima exención o limitación permitida por la ley estatal aplicable. La invalidez o imposibilidad de hacer valer alguna disposición de este acuerdo no anulará las disposiciones restantes.
1.F.6. INDEMNIZACIÓN – Usted acepta indemnizar y mantener indemne a la Fundación, al propietario de la marca registrada, a cualquier agente o empleado de la Fundación, a toda persona que proporcione copias de las obras electrónicas de Project Gutenberg™ de conformidad con este acuerdo, y a todos los voluntarios asociados a la producción, promoción y distribución de las obras electrónicas de Project Gutenberg™, de toda responsabilidad, costo y gasto, incluidos los honorarios legales, que surjan directa o indirectamente de cualquiera de los siguientes hechos que usted realice o cause que ocurran: (a)
1.F.3. DERECHO LIMITADO DE SUSTITUCIÓN O REEMBOLSO – Si descubre un defecto en esta obra electrónica dentro de los 90 días posteriores a su recepción, puede recibir el reembolso del dinero (si lo hubiere) que pagó por ella enviando una explicación por escrito a la persona de quien recibió la obra. Si recibió la obra en un soporte físico, debe devolver dicho soporte junto con su explicación por escrito. La persona o entidad que le proporcionó la obra defectuosa puede optar por entregarle una copia de sustitución en lugar de un reembolso. Si recibió la obra de forma electrónica, la persona o entidad que se la proporciona puede decidir darle una segunda oportunidad para recibirla electrónicamente en lugar de un reembolso. Si la segunda copia también está defectuosa, puede solicitar un reembolso por escrito sin más oportunidades para solucionar el problema.
1.F.4. Salvo el derecho limitado de sustitución o reembolso establecido en el párrafo 1.F.3, esta obra se le proporciona “TAL CUAL”, SIN NINGUNA OTRA GARANTÍA DE NINGÚN TIPO, YA SEA EXPRESA O IMPLÍCITA, INCLUYENDO PERO NO LIMITADO A LAS GARANTÍAS DE COMERCIABILIDAD O ADECUACIÓN PARA CUALQUIER FIN.
1.F.5. Algunos estados no permiten la exención de ciertas garantías implícitas ni la exclusión o limitación de ciertos tipos de daños. Si alguna exención o limitación establecida en este acuerdo viola la ley del estado aplicable a este acuerdo, el acuerdo deberá interpretarse de tal manera que se aplique la máxima exención o limitación permitida por la ley estatal aplicable. La invalidez o imposibilidad de hacer valer alguna disposición de este acuerdo no anulará las disposiciones restantes.
1.F.6. INDEMNIZACIÓN – Usted acepta indemnizar y mantener indemne a la Fundación, al propietario de la marca registrada, a cualquier agente o empleado de la Fundación, a toda persona que proporcione copias de las obras electrónicas de Project Gutenberg™ de conformidad con este acuerdo, y a todos los voluntarios asociados a la producción, promoción y distribución de las obras electrónicas de Project Gutenberg™, de toda responsabilidad, costo y gasto, incluidos los honorarios legales, que surjan directa o indirectamente de cualquiera de los siguientes hechos que usted realice o cause que ocurran: (a)
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(distribución de esta o cualquier obra de Project Gutenberg, (b) alteración,
modificación, o adiciones o eliminaciones en cualquier obra de Project Gutenberg,
y (c) cualquier defecto que usted cause).
Sección 2. Información sobre la misión de Project
Gutenberg
Project Gutenberg es sinónimo de la distribución gratuita
de obras electrónicas en formatos legibles por la más amplia variedad
de computadoras, incluidas las obsoletas, antiguas, de mediana edad y nuevas.
Existe gracias a los esfuerzos de cientos de voluntarios y a las donaciones
de personas de todos los ámbitos de la vida.
Los voluntarios y el apoyo financiero para brindarles a los
voluntarios la asistencia que necesitan son cruciales para alcanzar los
objetivos de Project Gutenberg y asegurar que la colección de Project
Gutenberg siga estando disponible gratuitamente para las generaciones futuras.
En 2001, se creó la Fundación del Archivo Literario de Project
Gutenberg para proporcionar un futuro seguro y permanente a Project
Gutenberg y a las generaciones venideras. Para saber más sobre la
Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg y cómo sus esfuerzos
y donaciones pueden ayudar, consulte las Secciones 3 y 4 y la página
de información de la Fundación en www.gutenberg.org.
Sección 3. Información sobre la Fundación del Archivo
Literario de Project Gutenberg
La Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg es una corporación
educativa sin fines de lucro 501(c)(3) organizada bajo las leyes del estado
de Misisipi y a la que el Servicio de Impuestos Internos le ha otorgado
estatus de exención fiscal. El número de identificación fiscal federal
de la Fundación es 64-6221541. Las contribuciones a la Fundación del
Archivo Literario de Project Gutenberg son deducibles de impuestos en la
medida permitida por las leyes federales de los EE. UU. y las leyes de su
estado.
La oficina administrativa de la Fundación se encuentra en 41 Watchung
Plaza #516, Montclair NJ 07042, EE. UU., +1 (862) 621-9288. Contacto por correo electrónico
modificación, o adiciones o eliminaciones en cualquier obra de Project Gutenberg,
y (c) cualquier defecto que usted cause).
Sección 2. Información sobre la misión de Project
Gutenberg
Project Gutenberg es sinónimo de la distribución gratuita
de obras electrónicas en formatos legibles por la más amplia variedad
de computadoras, incluidas las obsoletas, antiguas, de mediana edad y nuevas.
Existe gracias a los esfuerzos de cientos de voluntarios y a las donaciones
de personas de todos los ámbitos de la vida.
Los voluntarios y el apoyo financiero para brindarles a los
voluntarios la asistencia que necesitan son cruciales para alcanzar los
objetivos de Project Gutenberg y asegurar que la colección de Project
Gutenberg siga estando disponible gratuitamente para las generaciones futuras.
En 2001, se creó la Fundación del Archivo Literario de Project
Gutenberg para proporcionar un futuro seguro y permanente a Project
Gutenberg y a las generaciones venideras. Para saber más sobre la
Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg y cómo sus esfuerzos
y donaciones pueden ayudar, consulte las Secciones 3 y 4 y la página
de información de la Fundación en www.gutenberg.org.
Sección 3. Información sobre la Fundación del Archivo
Literario de Project Gutenberg
La Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg es una corporación
educativa sin fines de lucro 501(c)(3) organizada bajo las leyes del estado
de Misisipi y a la que el Servicio de Impuestos Internos le ha otorgado
estatus de exención fiscal. El número de identificación fiscal federal
de la Fundación es 64-6221541. Las contribuciones a la Fundación del
Archivo Literario de Project Gutenberg son deducibles de impuestos en la
medida permitida por las leyes federales de los EE. UU. y las leyes de su
estado.
La oficina administrativa de la Fundación se encuentra en 41 Watchung
Plaza #516, Montclair NJ 07042, EE. UU., +1 (862) 621-9288. Contacto por correo electrónico
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Los enlaces y la información de contacto actualizada se pueden encontrar en el sitio web de la Fundación y en su página oficial en www.gutenberg.org/contact.
Sección 4. Información sobre las donaciones al Proyecto
Fundación del Archivo Literario Gutenberg
El Proyecto Gutenberg™ depende, y no puede sobrevivir sin, un amplio apoyo público y donaciones para llevar a cabo su misión de aumentar el número de obras de dominio público y con licencia que puedan distribuirse libremente en formato legible por máquinas, accesible desde la mayor variedad de equipos, incluidos los obsoletos. Muchas donaciones pequeñas (de 1 a 5.000 dólares) son especialmente importantes para mantener el estatus de exención fiscal ante el IRS.
La Fundación se compromete a cumplir con las leyes que regulan las organizaciones benéficas y las donaciones caritativas en los 50 estados de los Estados Unidos. Los requisitos de cumplimiento no son uniformes y se necesita un esfuerzo considerable, mucha documentación y numerosas tasas para satisfacerlos y mantenerse al día con ellos. No solicitamos donaciones en lugares donde no hayamos recibido confirmación por escrito de cumplimiento. PARA ENVIAR DONACIONES o determinar el estado de cumplimiento en cualquier estado en particular, visite www.gutenberg.org/donate.
Aunque no podemos ni solicitamos contribuciones de estados donde aún no hemos cumplido con los requisitos de solicitud, no conocemos ninguna prohibición contra aceptar donaciones no solicitadas de donantes de dichos estados que se pongan en contacto con nosotros ofreciendo donar.
Agradecemos las donaciones internacionales, pero no podemos hacer declaraciones sobre el tratamiento fiscal de las donaciones recibidas desde fuera de los Estados Unidos. Solo las leyes estadounidenses ya suponen una carga enorme para nuestro reducido personal.
Consulte las páginas web del Proyecto Gutenberg para conocer los métodos y direcciones actuales de donación. Las donaciones también se aceptan de otras maneras, como cheques, pagos en línea y donaciones con tarjeta de crédito. Para donar, visite: www.gutenberg.org/donate.
Sección 4. Información sobre las donaciones al Proyecto
Fundación del Archivo Literario Gutenberg
El Proyecto Gutenberg™ depende, y no puede sobrevivir sin, un amplio apoyo público y donaciones para llevar a cabo su misión de aumentar el número de obras de dominio público y con licencia que puedan distribuirse libremente en formato legible por máquinas, accesible desde la mayor variedad de equipos, incluidos los obsoletos. Muchas donaciones pequeñas (de 1 a 5.000 dólares) son especialmente importantes para mantener el estatus de exención fiscal ante el IRS.
La Fundación se compromete a cumplir con las leyes que regulan las organizaciones benéficas y las donaciones caritativas en los 50 estados de los Estados Unidos. Los requisitos de cumplimiento no son uniformes y se necesita un esfuerzo considerable, mucha documentación y numerosas tasas para satisfacerlos y mantenerse al día con ellos. No solicitamos donaciones en lugares donde no hayamos recibido confirmación por escrito de cumplimiento. PARA ENVIAR DONACIONES o determinar el estado de cumplimiento en cualquier estado en particular, visite www.gutenberg.org/donate.
Aunque no podemos ni solicitamos contribuciones de estados donde aún no hemos cumplido con los requisitos de solicitud, no conocemos ninguna prohibición contra aceptar donaciones no solicitadas de donantes de dichos estados que se pongan en contacto con nosotros ofreciendo donar.
Agradecemos las donaciones internacionales, pero no podemos hacer declaraciones sobre el tratamiento fiscal de las donaciones recibidas desde fuera de los Estados Unidos. Solo las leyes estadounidenses ya suponen una carga enorme para nuestro reducido personal.
Consulte las páginas web del Proyecto Gutenberg para conocer los métodos y direcciones actuales de donación. Las donaciones también se aceptan de otras maneras, como cheques, pagos en línea y donaciones con tarjeta de crédito. Para donar, visite: www.gutenberg.org/donate.
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Sección 5. Información general sobre Project Gutenberg
Obras electrónicas
El profesor Michael S. Hart fue el creador del concepto de Project Gutenberg: una biblioteca de obras electrónicas que podían compartirse libremente con cualquiera. Durante cuarenta años, produjo y distribuyó libros electrónicos de Project Gutenberg con el apoyo de una red reducida de voluntarios.
Los libros electrónicos de Project Gutenberg suelen crearse a partir de varias ediciones impresas, todas ellas confirmadas como no protegidas por derechos de autor en los Estados Unidos, a menos que se incluya una nota de derechos de autor. Por lo tanto, no es necesario que los libros electrónicos cumplan con las características de alguna edición impresa en particular.
La mayoría de las personas comienzan en nuestro sitio web, que cuenta con la principal herramienta de búsqueda de Project Gutenberg: www.gutenberg.org.
Este sitio web incluye información sobre Project Gutenberg, como cómo hacer donaciones a la Fundación del Archivo Literario de Project Gutenberg, cómo ayudar a crear nuestros nuevos libros electrónicos y cómo suscribirse a nuestro boletín electrónico para estar al tanto de las nuevas publicaciones.
Obras electrónicas
El profesor Michael S. Hart fue el creador del concepto de Project Gutenberg: una biblioteca de obras electrónicas que podían compartirse libremente con cualquiera. Durante cuarenta años, produjo y distribuyó libros electrónicos de Project Gutenberg con el apoyo de una red reducida de voluntarios.
Los libros electrónicos de Project Gutenberg suelen crearse a partir de varias ediciones impresas, todas ellas confirmadas como no protegidas por derechos de autor en los Estados Unidos, a menos que se incluya una nota de derechos de autor. Por lo tanto, no es necesario que los libros electrónicos cumplan con las características de alguna edición impresa en particular.
La mayoría de las personas comienzan en nuestro sitio web, que cuenta con la principal herramienta de búsqueda de Project Gutenberg: www.gutenberg.org.
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